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Full text of "Selecta [microform]"

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Doña Rosalía ñrtigas óe Ferreira 



DE estirpe óe héroes; ¡lustre por su cuna, 
ilustre por ella misma, que fué orgu- 
llo óe salones y orgullo óe su hogar; matro- 
na que conseruó y aumentó los timbres óe 
su abolengo; uiuió Intensamente para su 
casa, moóelonóo en sus hijos ejemplos óe 
cluóaóonos. El apellióo - blasón sin mácula, 
que es como una aurora resplanóeciente en 
la Historia óe Hmérica — tuuo en ella una 
guoróaóora altiua y seuera. 




Güñc! r^;:í-cilic! H.'íí.k:': :)v- 



n ;, 



6asa Gorralejo 



PLaza eoNSTiTueioN 







Rico Mantcaux de Terciopelo de Lana, 

adornado con Piel 

Modelo Bernard, de París 



Capita y Manchón de Armiño Ruso 

Elegantísimo Modelo 

de la Casa Revillon de París 



Modelos exclusivos de nuestra casa 



ANO I NUMERO I 

MONTEVIDEO, MAYO DE J9I7 

OFICINAS: CIUD ADELA. 1387 

Suscripción tnenKual $ 1. 00 

» semestral ■ 6.00 

- anual » ÍI.OO 



SELECTA 

DIRECTOR: JUAN CARLOS GARZÓN 




— ~,<A ^ 




t -XN- .^ ^- V 




5\^ r 



í. >7 




Xü vamos a una aventura d^atcntida. llcnius mc- 
.'üilo nuestras fuerzas, nos heniot tratado un camino, 
tenemos un ruml)o marcado y caís>j)i seguridad del 
viajero que tiene su itinerario prefijado y conoce la 
semla. iniciamos la marcha con paso firme \' la convic- 
cii')n de que haremos olira <le cultura, de arte y de pa- 
triotismo. 

No prometemos nada para mañana. Del esfuerzcj 
inicial queda en este primer nimiero prueba evidente. 
\ si en las acciones humanas rig-e el mismo princi])io 
que en el desarrollo de las fuerzas físicas, es lógico es- 
jierar que con tan valiente impulso inicial las actividades 
reclamadas para este comienzo, han de multiplicarse 
afirmantlo su prolongaci<')n. 

Queda dicho que nos proponemos realizar una obra 
de cultura, de distinción, de arte v de i)atriotismo. Y 
tal pro])ósito podría ser en sintesis nuestro programa. 
Sin embargo am])Iiarenios : debemos ampliar estos cón- 
ce))tüs fundamentales. 

Nos anima un noble deseo de ofrecer a nuestra so- 
ciedad una revista que sea un exponente de todo lo 
que en ella palpita con caracteres ])ropios, de todo lo 
<|ue prueba su distincicni, su elevacii'm moral, su or- 
gullo de origen y su firmeza de cultura. 

En todas las manifestaciones de nuestra vida mun- 
dana hay rasgos propios que nos proi)onemtAS realzar 
con un espíritu de justo elogio, pues comjjrendenios 
que al dar extcriorizaciini gráfica a esas actividades, 
realizamos obra de scMida i)ropaganda i)atri('itica, pues 
cpic la cultura de los pueblos surge esencializada en 
las manifestaciones de sus clases (lirigentes. 

Nos proponemo.s, asimismo sacar de la celosa inti- 
midad en <pie se guardan, una serie de magníficas co- 
lecciones artísticas : conjuntos valiosos de cuadros, de 
reli<|uias históricas, de maravillas de escultura, de 
pintura, de orfebrería : de soberbias antigüedades, que 
el tes(')n y el l)uen gusto han atesorado. 

El (¡asado ha de tener en nosotros unos fervientes, 
unos respetiiosos evocadores. Los que civilizaron estas 
tierras priimisoras y los que fundaron nuestra nacin- 
nalidad. conu)artieron sus intensas actividades poli- 
ticas con las más elevadas v más ejemulares activi- 
dades sociales. Los salones d? los gentilhombres qiu- 
nos mandó España y los salones de niiestrcjs patricios, 
fueron centros de suma distinción, iniciadores de la 
sociabilidad ríoplatense, C[ue hov puede enorgullecerse 
de ser la más distinguida de Sud - .Xmérica. 

Nuestro Director, en una- ])ublicaci('in (|uc ha hecho 
dando cuenta de la aparición de Si:i,kct.\, ha tenido este 
párrafo: 

i'ara joya tan preciada como es nuestra sociabi- 
lidad, se debe exigir un estuche (iiie no le reste es- 
¡ilendor y amengüe su valimiento. " 

^' bien : los elementos (pie componen la Redaccii'm, el 
]iersonal artístico, los talleres gráficos de liarreiro v 
Ramos, (pie son los más importantes del pais, han de 
lormar el conjimto de actividades que han de continuar 
la obra cjue hoy presentamos y que ponemos bajo la 
égida amable de nuestros lectores. 

Ski,iX'T.\ saluda a la prensa nacional, y pide a todos 




amable acogidí 



L.\ Kkd.vcciúx. 



— SELECTA — 





PARA cngafanar y honrar una de las páfjinas de SELECTA debimos 
buscar el retrato de una de las matronas más representativas que, per- 
tenecientes a la f^eneración anterior a la de hoy, llegan a nuestros días 
como un ilustre ejemplo de virtud y de cultura. — Doña Manuela Qucvedo 
de Herrera aparece en nuestra fotografía con el porte ftentil de su juventud, 
cuando brillaba y triunfaba en los salones por su eíegancisi y su scñoriíi! dis- 
tinción. — Hija del docto caballero don Juan Quevedo y de la distnguida 
señora dona Pilar Antuña, heredó de sus mayores su aristocrática sencillez 
su belleza de sentimientos y dos apellidos ilustres y respetados en ambas 
orillas del Plata. — La selecta soci.-.bilidaii del patriciado contó en su seno 
con ííffuras de tan singular releve, como fueron los padres de la dama que 
hoy prestigia esta página. — Doña Mjnuela Qucvedo contrajo matrimonio, 
siendo nnuy jcven, con el eminente político y jurisconsulto doctor don Juan 
José de Herrera, y de este hogar fundamentado sobre una base de tan ilustre 
ascendencia, surgió una generación que hoy brilla con luz propia en nuestros 
círculos sociales más elevados. Una dama como doña Manuela Quevedo 
de Herrera, honra a toda una sociedad, por más noble y máií selecta que 
esa sociedad sea. 




I,;i más sublimo de las virtiick-s: la ca- 
ridad, ha tenido y tiene en nuestras da- 
mas, cultoras apasionadas, ejem¡)los de 
verdadera abnegacic'm. l'or el bien del 
l)r(')jimu desvalido, sin recursos, que las 
adversas circimstancias han puesto al 
marg-en de todas las satisfacciones, han 
luchado y luchan constantemente las ma- 
tronas más disting-uidas : de ellas ha de- 
])endidü la fundacii'm de todas nuestras 
instituciones benéficas, de todos los asi- 
los donde el desdichado ha podido hallar 
en todo momento un lenitivo a su mise- 
ria y un consuelo a su desventura. 

Desde los tiempos de la colonización la 
caridad ha tenido en nuestro pais efica- 
ces manifestaciones a cargo siempre de 
señoras. El espíritu democrático, la rai- 
fjambre cristiana, han impulsado a las 
damas más distinguidas a conceder gran 
parte de sus actividades al ejercicio de la 
filantropía y de ahí cjuc a todos nues- 



tros estaldecimientos benéficos se hallen 
vinculados los nombres de. ilustres seño- 
ras, lo más representativo y lo más se- 
lecto de nuestra sociedad. 

En los anales de la caridad se registran 
con letras indelebles los nombres de : <loña 
Clara Zabala, doña üernardina Fragoso 
de Rivera, doña Francisca \ iana de (.)ril)e, 
doña -Magdalena Furriol de («onzález. 
doña -Margarita Oribe de Lasala, doña 
Josefa \ ázijuez de llordeñana, doña l'au- 
lina \ illademoros de .\lgorta. doña .Ma- 
tilde .^teward de l'acheco y Obes. doña 
Clara Errasqnin de Jackson. doña Pas- 
cuala -Mvarez de Ramírez, doña María 
One vedo de Eafc'm, doña .María -\ntonia 
-Vgell de Ocar, doña Carolina -Mvarez de 
Zumarán, doña Jiernabela -Martínez de 
Herrera \' Obes. (lí)ña l-ios.-día -Artigas de 
Ferreira, doña X'alentina Illa de Caste- 
llanos, doña Clara Jackson de Heber, 
doña Sofía Jackson de L!u-xareo, doña Ca- 



talina O'Xeill (le Fernández, doña E<i 
nishttla Márquez de Lesa, doña Matil 
-\rtagaveytia de -\rocena, y de otras 
otras que hoy mantienen la noble, la j 
nerosa tradición con sin ]i:ir entu>iasi 
\' abnegación. 

Todas las matronas quo hemos noi 
bradíj fueron las (¡ue de generucii'm 
generación mantuvieron en alto los pri 
tigios fdantrópicus de nuestra sockhI: 
Las obras por ellas iniciadas y sostei 
das despertaron sucesivamente la eimil 
Clon, y a través de los anos lueron uce 
luaiuiose las lonnas de la caridad iia> 
jjegiir ai giiuiu uc tiiti^MiLiui en qiio m 
>c eiicueiiiran esas iiouiea iiisiiiii,:ioiu 
vana puesta generosaineiiie ai avance 
¡a nijsena y uel dolor. 

i'ara un espíritu superlicial o eguisi 
pura quienes no saoeii ue la iiueii>a suti 
laccion de conciencia que Mgiiiiica iiac 
DKii al prójimo, estas nianilesiaciono ■ 
la caridad o son desconocidas o m i 
conocen no les coiiceckn inavor iiii¡mi 
taiicia. \ (lesgraciadanK-nte >on niiicin 
los (|ue proee<leu asi. 

.Sin embargo, nada más nobilisim 
nada que ponga más al descubierto a l< 
espíritus selectos, a las almas buenas, qi 
el ejercicio de esa virtud que eiiriobleí 
al genero humano. 

El poner de manifit-sto todas esas a 
tividades, toda esa suma grande <le e 
fuerzos en pro de los desdichados, i 
misión de propaganda y de justa recoii 
pensa a quienes con tanto tesini ponen t 
práctica el axioma evangélico de ayud: 
al desvalido. 

-\o conoce la ma\"oria de las gent( 
cuánta es la labor <|ue muchas distingu 
das señoras llevan a cabo con tesón si 
igual para sostener y dar vida ]>nispei 
a las sociedades e institucfones de bení 
ficencia que funcionan en la ca])ital. 

Es una labor que exige hasta sacrif 
cios, labor dura y sin atractivos, labí 
que pone a esas señoras ante la realida 
de la miseria, la que, aún despertando 1« 
más hondos sentimientos de piedad, n 
por eso deja d-e ser desagradable. 

V por eso, el revelar a la consideracic^ 
y admiraciéin de todos estas actividade 
tan intensas como modestas, estamos con 
vencidos de que realizamos un acto d 
bien justificado reconocimiento. 

De ahí que Si:lKCT.\ ha de rendir grand 
y justiciero homenaje a las damas qu 
mantienen hoy en alto el ¡iabelli>ii d 
amor, de piedad y de fraternidad qu 
enarbolaran en el pasado ilustres ma 

tronas. 

En números subsiguientes publicare 
mos en estas páginas, honránilonos alta 
mente con ello, los retratos y semblanza 
de las señoras <|ue en la actualidad ooni 
ponen y dan vida a las instituciones bené 
ficas que liov t.anto m;il redimen, eiial 
teciendo al pais. 



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StUtCI A 







<S>.¥:'vV^ r=f<=fC'===c=>>=:s:3:^r^;:^; 




EL sólo nombre de la noble dama que da prez a esta página» bas- 
taría para sintetizar el homenaje que deseamos rendirle, porque 
ese nombre es un galardón para nuestra sociedad. Sin embargo 
agregaremos algunas líneas que pálidamente digan cuan altas 
y cuan puras son las virtudes que la adornan, cuánta y cuan exqui- 
sita es su distinción, y que encanto supremí se desprendé de su es- 
píritu cultísimo que subyuga al que la oye conversar. 

Hija de la distinguida señora doña Dolores Traibel y del ilustrado 
jurista doctor Avelino Lerena, de extensa y selecta vinculación en los 
círculos sociales de otros días, brilla en los salones con las radiaciones 
de su elegancia y de su inteligencia. Esposa del doctor don Carlos A. 
Fcin, de larga y principal actuación en la magistratura nacional, do- 
ña Adelina Lerena es una afirmación de prestigio social, por su cul- 
tura de excepción y su gentileza. 



— SELECTA — 



Lfí^ jQy/a3= 



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D 
M/ÜE5TD95 



No eran quizá ostc-ntosas. no dcsluni- 
tr£iban con brillos de similor, pero de su 
riqueza, ejenii)los bien elocuentes tene- 
mos en todas las colecciones donde esas 
joyas se guardan como verdaderas reli- 
quias. 

En las joyas, como en las conciencias, 
no se concebía antaño lo falso. Lo que 
aparecía como oro, era oro de muchos y 
muy saneados quilates. Y las perlas y los 
diamantes, ¡¡erlas y diamantes eran sin 
(|ue la química hubiera tenido nada que 
ver con ellas. 

-Vuestros abuelos no llevaban joyas si 
no podían llevarlas. Pero cuando las Ile- 
valjan, eran jovas de gran precio, mu- 
chas de verdadero valor artístico. 

Como decimos antes, en algimas vitri- 
nas. ])ro])iedad de personas de buen gusto, 
hallamos hov magníficos recuenlos de 
estos lujos de ayer. 

En esta página ofrecemos las fotogr.a- 
fias de dos soberbios ejemplares. I'nos 
peinetones afiligranados de uso en 1>í3l) 
y un abanico que es una admirable, im;i 
estupenda labor, digna de Chelini. 

Pertenece este abanico a la distingui- 
dísima señora doña Dolores Folie de 
("íi'inicz. 

Obra admirable de orfebrería, donde el 
metal ha sido trabajado con Un arte ex- 
quisito, con una meticulosidad llevada al 
extremo. ■* 

Todo el envarillado es de orf) macizo. 
v los padrones son dos soberbias piezas 
donde el cincel ha hecho verdaderas ma- 




Pcínetones usados por las damas^cn 1830 



ravillas. audacias de calado y bajos re- 
lieves. 

La unic'm de las varillas la constuuye 
una lámina de finísimo cuero, donde el 
pincel de un hábil decorador ha pintado 
una escena griega, de gran carácter y 
mérito de colorido, formando el todo un 
severo conjunto y constituyendo una joya 
de (¡recio elevadísimo. ipie puede ser or- 
gullo de una colección aún cuando se 
trate de la más rica y la más famosa. 

Los ])einetones rememoran, con la elo- 
cuencia de sus ligerísimos cuerjios 'de ca- 
rev, una época nunca lo suficientemente 
bien evocada para ejempUi y para admi- 
racii'in. 

f^as damas de LSofl, en estos ])aises que 
constituían el antiguo dominio cisplatíno. 
llevaban -tsos peinetones realzando con 
ellos la majestad de sus portes, la ele- 
gancia de sus tocados y sus hermosuras 
soberanas, donde el afeite no intervenga 
para nada v donde la frescura de la piel 
era tma afirmación de belleza. 

Moda que hoy discutirían cpiizá los 
smart, pero que busca su fundamento -n 




un sentimiento de realeza: esos jieineti 
nes tienen algo de corona real y nunc 
mejor esos signos de majestad ipie e 
cabezas de mujeres, las únicas reinas iii 
discutidas e indiscutibles en medio il 
la arrobadora ola de democracia que tras 
torna al mundo. 

La distincii'in y l;i gracia que realzaro 
estos ])einetones, tuvieron elocuente ejeui 
pío en damas tan dignísimas conu> est;i 
(lUc acuden a nuestra memoria: <loñ 
María .Antonia -\gell <le Ocar. doña D( 
lores Obreg(')n de Pozzolo, doña l^auHn 
N'illademoros de Algorta, doña Talaría Ra 
mírez de Oribe, doña Josefa Rondeau d 
Maines v doña líernabela Martínez d 
Herrera y Obes. 

Las jovas de nuestros abuelos nu'rece 
toda nuestra veneraciém. ])orque ellas evi 
dencian. con su sólida riqueza, fiue e 
aquellas é])ocas todo era firme, verdader 
V selecto. 

Fué esta moda de los peinetones un 
de las más características de las éi)oca 
jiretéritns en estos nuevos paisc-s d 
.Xmérica. 

Fl uso <le ello 
se circunscribía ta 
s.Mo a las ilama 
lirínciiiales v nunc 
des<rendió a las mu 
jeres del pueblo. D 
modf) eme los fanm 
sos peinetones d:i 
ban timbre de dis 
tincii'>n V de elevad 
alcurnia a quiene 
los usaban. 

F.l tamaño di- es 
tos com])lement(i 
del tocado femeni 
nf). llegi'i a ser de-^ 
proporcionado. .M 
gunos de los ejcni 
I llares que hf)y s 
c(jnservan llegan 
medir más de se 
tema centímetro 
de ancho y forma 
\ ban verdaderas au 
reolas afiligranada 
alrededor <le las ca 
bezas de todas la 
elegantes de lS:il 



Valioso abanico de la colección de la Señora Doña Dolores Folie de Gómez 



-- Sui.HC I \ — 




vá¡^*- 




y 



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y Cuan 
sita es 
piritii t 

Hiia 

jurista 

wirciilo! 
de su \ 
Ffiñ. d 
na Adí 
tMr.i de 



solo nohíbre HíT la noble dama que da prc^ a esta pagina., bas 
tana para si tetiiar el hinnenaie que deseamos rendirle, p»)rque 
ese nombre es un galardón para r.ueslra sociedad. Sin embargo 
agregaremos algunas lineas que pálidamente digan cuan altas 

pura», son las virtudes que la adornan, cuanta y cua:i esqui 

su distinción, y que eiicant'i suprem i se desprende de sij es- 
:ultisÍMio que subyuga al que la oye conversar. \ 

de la distinguida señora doña Dolores I'raibel y del ilustrado 
doctor Avelino Lerena. de extensa >■ selecta vinculación en los 
s sociales de otros días, brilla en los salones con las i-adiacjones 
:legancia y de su inteligencia. Hsposa del doctor don C.irUís A. 



larga y princip.tl actuación 
lina Lcrena es una afirmación de prestigi 
excepci^)!! y su gentileza. 



la iiiagist-aíura nacional 
-...I. F. 



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— SELECTA — 



de cucxdro> 
deí Di? 

OMMoíiioRrffiri 



l'".s creencia tic que en nuestro 
l>:iís no existen cultores, verda- 
deros cultores del arle, vale de- 
cir, personas de espíritu selecto 
<|uc se dediquen a coleccionar 
.)hras de arte, llevadas por un 
alio anhelo <le belleza. 

i-ls un error tal crei'ncia. Cierto 
es (lue el ambiente no es propicio. 
(|ue el mercado artístico no ofre- 
ce variedad y que se hace im- 
])rescindible recurrir a la pro- 
ducción extranjera cuando se 
desea dar satisfacción a un no- 
l)le anhelo de arte. 

\ estí). (|ue a primera vista parece im incon- 
veniente insalvable, en la práctica resulta abso- 
lutamente ventajosa. 

Debiendo recurrir el amateur a la i)roducción 
extranjera (en lo que a los cuadros y a las es- 
culturas se refiere especialmente), las coleccio- 
nes (y no hablamos sino de aquéllas formadas 
con obras de contemporáneos), alcanzan por 
fuerza un valor grande, valor de meticulosa se- 
lección y de juicio. 

Una de las galerías que en Montevideo existen 
y que ofrece mayores méritos y más firme cri- 
terio artístico en lo que a los pintores del día 




Magnifico cuadro del pintor español Masrriera 



.^e relaciona, es la del ilustrado caballero doctor 
José Antonio Ferreira. 

lín el piso alto de la suntuosa mansión que 
este distinguido compatriota posee en la calle 
Sarandí. se halla instalada la magnífica galería 
de cuadros, que si ella es valiosísima en sí. va- 
lioso y severo y hermoso es el salón donde las 
joyas pictóricas se guardan 

Una maravillosa puerta de caoba con sober- 
bios herrajes de bronce batido da entrada al 
salón octagonal en cuya parte superior una artís- 
tica vidriera deja penetrar una luz cenital (pie 
da a las pinturas su ver<ladeio valor. 



Muelles riquísimos, amplias butacas ofrecen 
al visitante sitios deliciosi>s para detenerse y 
contemplar detenidamente determinadas telas. 

Los oclio lienzos de i)ared están cubiertos <le 
cuadros. Hay allí concepciones notables de los 
pintores más famosos de hoy día Hay también 
telas de autores uruguayos, figurando entre ellas 
los nombres de Blanes. Herrera y Puig. Kl cuadro 
de Herrera es el que se titula '* Un viejo hi- 
dalgo ". notable trabajo, uno de los más bellos 
ílel malogrado artista. 

En esta valiosísima galería se hallan genial- 
mente representados pintores de fama universal 




Una parte de la magnifica galería de cuadros, perteneciente al Dr. Jos¿ Antonio Ferreira 



— M-Li;ci A 




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l'ii.i pjrK" di' 1.1 iiiaiMiilK'.x í^al'Tia H." cuadro-^, pvrtt'íuvicntt' .il I)r. ^)^.■ Antonio h,Tr»'ira 



— SELECTA 




Ifl través de un apellido Ilustre^ 




Don (".crvasio A. Posadas es el funda- 
dor de una casa patricia, ilustre porque 
supo aquel variMi preclaro rodearla de to- 
dos los prestig-ios y de todos los honores, 
!>loriüsa i)ürque la actuación del jefe del 
apellido en la Kevolucii')!! de Mayo fué 
disting-uida y fué eficiente para la causa 
de la democracia. 

Posadas tuvo enemigos. 'I'odos los hom- 
lires de mayor valimiento los tienen, y 
cuanto más valen más encarnizados son 
los que los cond)aten. Pero don Gervasio 
A. Posadas surgió del caos de la época 
írestatoria de nuestra inde]KMi<lencia con 
la aureola que le dio su juicio ecuániuie, 
su valer indiscutible, su nobleza- invaria- 
ble de propósitos y sus sacrificios dolo- 
rosos ))or la causa de la libertad de los 
pueblos. 

Xo hemos de hacer a(|ui un juicio histó- 
rico del hombre que desde 1810 a 1H22 
actuó en primera fila en todos los aconte- 
cimientos más notables de la organización 
¡lolitica argentina. 

Es nuestro propósito tan sólo recordar 
en breves párrafos al que fundara la casa 
que hoy tiene en nuestra sociedad sitio 
preeminente, hogar altamente respetable, 
(iue guarda con justa veneración todos los 
preceptos que les legaran sus ilustres an- 
tecesores y en el que se encuentra un 
eiemplo nunca obscurecido d? grandeza, 
de merecimientos, de sólidos |)restigios. 

El apellido Posadas brilla a través de 
más de una centuria con luces siempre 
renovadas y llega a nuestros dias con la 
nobleza de tan larsra figuración en los 
más respetables )niestos de la política. 

Hov nuestra sociedad se honra al ten'-r 
en su seno a la señora Carmen P)elgrano 
lie Posadas, cuyos dos apellidos se her- 
manan en fama y en gloria en las páginas 
de la epopeya de .■\mérica. 

Y el actual heredero de tan ilustre es- 
tirpe es el joven Gervasio A. Posadas, 
hijo de la distinguida señora antes nom- 
brada y del que fué en vida intachable 
caballero don Luis Posadas. 

■Es altamente grato poder comprobar 
(|ue a través de los años y de las tin-bu- 
Icncias de niiestra vida política, llega un 
apellido ilustre liasta nuestros dias, guar- 
dado dignamente en un hogar respetabi- 
lísimo. 



liemos de completar est<a jiáífina <:on 
.■i.lgunas curiosas biografías, en forma de 
juicio, escritas por el ihistre ¡¡atricio don 
Gervasio .\. Posadas y referentes a al- 
gunos de sus contem|)oráneos, figuras 
notables de la Revolución. Es una nota 
interesante y <le valor hist('>rico: 

Nicolás Herrera, — Sabe más de lo (|ue 
manifiesta, genio amable : sumamente tí- 
mido. Conoce hasta -dónde alcanza la 
fuerza de un compromiso y no se des- 
viará de él. Proscri¡)to, lleno de necesi- 
dades : permanece en la corte del Brasil. 

Valentín Gómez, — Se hará lugar en 
cualesquiera corporación donde se en- 
cuentre. Su fuerza es la oratoria. Su de- 




Don Gervasio A. Posadas 

cir y accionar le dan realce. Los cargos y 
comisiones a- que fué destinado los des- 
empeñó con dignidad. No es posible que 
falte a la amistad. Está proscripto : se 
halla en el Janeiro. ~^ 

Juan Larrea. — Viva imaginacic'm. co- 
nocimientos nada vulgares: fácil coni- 
])rensión, fiel amigo. Prestó grandes ser- 
vicios ; fué uno de los primeros com])ro- 
metidos por la justa Causa. .Arruinó su 
fortuna. Yace hoy día proscripto en el 
viejo mundo, y pereciendo en una de las 
capitales de la Francia. La envidia lo 
calumnia; la historia será justa! 

Francisco J, Viana. — En su clase so- 
bresaliente : en el trabajo incansable : a 
la amistad deferente y hombre de guardar 
fe. Es proscripto ; reside en el Janeiro. 

Carlos A. Alvear. — Vivo y afluente : 
conocimientos generales, y penetra lo 
que es dado a muy pocos. La patria le 
debe mucho y por más que se pretenda re- 
legar sus servicios al olvido, Montevideo 
existe. La emulación y sus pocos años lo 
han proscripto. 




El actual heredero del apellido 



Nicolás Rodríguez Peña, — Memoria 
feliz ; delicadeza suma, maneras muy 
agradables. Fué uno de los principales 
autores de nuestra gloriosa revolucii'm.. 
emi)leando ¡)ara ella la mayor ])arte de su 
fortuna. Desemiieñó los primeros cargos 
y empleos de la Ke])iiblica, con la honra- 
<lez f(ue le es característica y con la apro- 
I)acii'in general. Existe ])roscri])to en Chile 
al lado de San Martín que siem))re lo con- 
sideró. Es mi grande amigo. Volveré a la 
nada sin verlo ! ! 

Hipólito Vieytes. — Es])artan() rígido, 
candoroso y consecuente amigo. ])oseía 
conocimientos: despuntaba ])or la econo- 
mía i)olitica. Es uno de los autores de 
nuestra grande obra. Obtuvo comisiones 
V empleos de importancia y cateeoría. v 
'Mitre ellos el de Intendente de alta Po- 
licía. Le dio un incremento v la puso en 
mi punto de vista que le hizo mucho ho- 
nor, V qtte no se ha vuelto a ver con el 

sacudimiento volcánico del 1; de .\bril d" 
ií^í=^. fué nr^ío e invadida 'íu ca^^a. 'em- 
bargadas todas sus propiedades. Entr" 
ellos fué violado el más saarrado de tfxlo-; 
sus depósitos, es decir, sus i)apeles en 
fUie estaban consisrnados sus escritos y el 
fruto de sus estudios y trabajos : atacada 

esta propiedad, la más intim.a. la má< 
identificada con la vida y existencia del 
hombre. Terminó la' suya en una casa de 
campo antes de salir a reinos extranje- 
ros, proscripto a virtiid de un proceso nulo 
y- (le una sentencia más nula ])ronunciada 
por otra Comisión civil de justicia, la má> 
injusta V nula que han visto los siglos. 
La muerte misma quedará pasmada. 
Maravillada la naturaleza. 
Cuando la criatura se levante, 
.\ ¡¡reséñela del Juez a dar res]iuesta. 

Antonio Q, Balcarce. — Estricto mili- 
tar, moderado y consecuente amigo. Fué 
uno de los primeros comprometidos por 
la justa Causa. Prestó grandes servicios. 
Ocupó los primeros destinos no desmin- 
tiendo el juicio que de él se había for- 
mado. Con 50 hombres semejantes el pain 
se encontraría constituido. Deji'i de exis- 
tir rodeado de la familia, y con senti- 
miento general. 

Santiago Vázquez. — Confieso ipie no 
lo conocía, en el último ])eriodo de mi 
vida lo he tratado, jjosee coiiocimieulos. 
facilidad para exjjlicarse con juicio y pro- 
l>iedad. Es mozo de consejo. Será un d<j- 
lor llegue a desgraciarse. 

Feliciano A. Chiciana. — .Vhogado con 

algunas extravagancias, buen amigo, sin 

mayor mundo. Fué uno de los primeros 
autores de. nuestra gloriosa revolucii'm. 
Tuvo la principal [¡arte en el gobierno ])a- 
trio. Obtuvo los primeros cargos tanto en 
ésta como en las provincias. descm])cñán- 
dolos con la mayor honradez. En el Triun- 
virato lo traicionó I^ueyrredón. de que re- 
sultó la pueblada del S de Octubre, her- 
mana de la del 5 de .\bril de iSii. Muriéi 
en el seno de su amable familia con me- 
nos bienes de fortuna que los cpie tenía 
antes del Erran Día. 



si;i.i;ci A — 








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'■'•ra-. lirl al;- mi.t';., .¡r I,», ".|iir .-.'nif 
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■I' !■■ M^"^- ^:i''' l.t v::i:r:;-a ^-Irf .Ii.i v .1, \>^ iifirri;'..- 

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i:a:. na y ■ v' Ií.-m..;- ■!;■ >■-.!: w^'-ar i-..!i rl .li-: t:f.i^;;i :, ! . 
'i-Tl..?- |-\ria;r:i. .1 .-n.i ' >■ !n\ ..U-a-i.i rv.|:;i::., :, 



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"i.a I rra^a", ^uadi'í .-iv-l pintor osp.iñnl Garios \\i:quc: 



-■-■■.- í'r-;:r; S:ru-;v> -.í;.i"- :>;•■' , M.i-ra-ra.- Jn-.|!"'-." n.ní.a/a;:. 
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'..i^::''':;."-'!!: .1 > ni' _ *"■ '■í.Jiíi"' ■ , a '.1 j •!'< v .-nrn >■ : •]•••• uii.i.rl-a-" 
.' ,>:' í!"i;,'-' ■■■'",■.-!' .<-]-iiM jia.-ai.'.i ■ I ,'a ,rs.¡ii".i--íi.',',- .li! ' im-'i... <\í- la 
■.,:■;>■-■■:-■■: ^I ■')i;:?M\ v!.i t\. ■-■ T-. . TI:- í-\)tri-a ¡ .'./a v ■ i la. 'K-jir' .■: ■. 
■;■;•-,. ^,..;;-^rí,. V a' ••■■■,' \\::- .'i. -.■:r!:!.. Mi-a-al. i'".- nna t't.r «li \i. i.. 
'■'1 V!; ■-.-;:■!..■■';, !■ nü 'aiiii.ii"^:. " i'-i,n'.-!;('. \. 11. . .la .-■n-v -rrpari <-; ir 

■ -a--, :- .3r.,.a'l,i '¡.i-.K-'-sM ■' •!■ V.-;.,:.. \ .jr- ri-»-ÍTiii-l 

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■■■'-''■a]: a.-:f--uM:.!..; ,-:,'\r-S;.'.'^a _.Iv'l'.iri- 
■' ' • -.- ■. ■■'>■;■. i- : ai. ^L:.a■.iá■.,r- ..liij- ¡.luaiTra ".i -al. ría ihO* <l'*,-l-i 
\'-:'-.:r;-' í- .: ri.rr.l. v-.ili.i. - a'a 'a-:n. ■-;! ,1. !■ .11 lp,a (■Im-iuailc 
'■■■"■.■■ il'ar:... ■!<: -';rM:u ñ-'^ U.; .il;.! - n";.;' '< .■;;!aailaii -i.ia ra i" 
i ■ ■ >;'<f;-a:!'i'. :ria " ata.i'''. "aNVirr-a *a t^\u- -!■ ; rau-l - 'raía 
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^- - -■ ■*"-,'.■..■:'■. i-I \--t-:..r ]'-'¡v !.i . .■; ariuaa.i'ta ■\^ i^- :ii.;i|I>rr- 

'a iiKUn.iia 



]^:,.vna::! 



rií- íjv ,.--.!-. i \aí;.'-;,i L;aNaaa. -i>a 

'I'.. ■:;.!■. [■ < rrr.iva , .Ii-nuif-ira una ¡ti-.üI. na.'.n 
■;)'ila. 'i'i • '■ ■ iF'p-'lr i-M|'ar- a iiiaL-UM \yy . 
: ';■■■•. ' ■ ■ ':u^;■la - - -jiau. >]i- !..- .|iu 

■ a'ia'; .■..■,:-■■' ^■■. .|i;. ... ,1! -rx iTciii. . 'f-tir -u- ; 




Pais.-,jc del ilustre pirilor M.ir..ino B.\rba;an. . 



v;>i. 



-^SELECTA — 



Mes de Mayo, mes de 
gloria, mes de América! 

Julio es el mes de la 
Democracia y de ese Ju- 
lio surgió nuestro mes 
de Mayo, mes de la Li- 
bertad. 

Y decimos nuestro mes. 
de Mayo, porque la' glo- 
ria argentina.de la pri- 
mera . y definitiva afir- 
mación de independencia 
en el continente, es mes 
de todas las Repúblicas 
hernianas que en comu- 
nidad de ideales, de rutas 
y de .aspiraciones, for- 
man, la confederación de 
la América Latina des- 
de el Golfo dfe Méjico al 
Estrecho de Magallanes. 

¡ Cuan lejanos y al pro- 
pio tiempo ciián cercanos 
los días de la gran Re- 
volución ! Por la forma 
de producirse, por los 
hombres que en ella ac- 
tuaron, por la nobleza de 
los principios que se de- 
fendieron Con verdaderos 
y suprerrios sacrificios, 
¡qué lejanos aquellos 
diás! Por lo qué aque- 
llas ansias de libertad y 
de "derecho ' tfenen con 
nuestras ansias de hoy, 
¡ qué cercanas las jorna- 
das" de Mayo frente al 
Cabildo de B_y^nos Aires ! 

La imposición heroica 
y definitiva de los patrio- 
tas argentinos én Buenos 
Aires, levantó un clamor 
de inmensa alegría en to- 
da- .América. En todos los 
pueblos s?.exj>erimenta- 
ban los mismos anhelos 
de independencia y aquí, 
en esta patria líuestra, 
(|U€ ya alentaba con im- 
pulsos de constitución 
náciíinal, el eco del trascendental, acto 
<\- Mavo en las calles de la ciudad her- 
mana, fué aún mayor que én ningún otro 
punto del continente. 

Y filé mayor porque los patriotas orien- 
ta'ps ya habían sentido en sus frentes 
nobles el ,so])lo embriagador de la li- 
bertad. 

Dice un historiador, con justicia y acier- 
to: " .\un antes de que se produjera la 
Revolución de Mayo, ya había en el Uru- 
guay un ¡loderoso núcleo de patriotas, 
que consi)iraba contra el régimen, del 
coloniaje. Desde 1.S09 y a raíz de la diso- 
lución (le la Junta de Montevideo, había 
empezado a formarse esa agrupación. Sus 
¡¡rimeros constituyentes fueron don Joa- 
quín Suárez, don Pedro Celestino Bauza, 
don Santiago Figueredo. cura de Florida, 
y don Francisco Meló, quienes acordaron 
desde entonces trabajar por la indepen- 
dencia. 

" Mientras formaban opiniones en la 
campaña, nombraron agente en Buenos 
.\ires a don Francisco Javier de Viana. 
encargándole de comunicar a los criollos 
de la vecina orilla las esperanzas y los 
entusiasmos de todos. 

" No trabajaron aislados esos patrio- 
tas, sino que tenían sus agentes y par- 
tidarios en toda la extensión del territorio 




¡O^ J3trón pueób 
^ útoenít 



oriental. Todos ellos eran personas de 
■distinción y acaudalados estancieros, 
entre los cuales figuraban: Miguel 
Barreiro, Dámaso Antonio Larrañaga, 
Francisco Araucho, Tomás García de 
Zúñiga, los Bustamante, Pérez Pi- 
mienta, .\guilar, Escalada. Haedo, Gadea, 
.Mmin'in y otros más, 

" Entre estos patriotas decididos des- 



L-üllaba don José Gerva 



.N.rtig 



igas, c|ue 

va gozaba de mucho prestigio, y c|ue 
desde entonces se designaba como el fu- 
turo jefe de. las huestes orientales. " 

.¿Cómo, pues, no iban a palpitar al uní- 
sono de los corazones argentinos, los 
corazones uruguayos en aquella alborada 
de la libertad americana? 

Tan estrechos eran los vínculos, tan se- 
mejantes las aspiraciones y los propósi- 
tos, que el grito argentino de independen- 
cia tuvo en la provincia oriental un eco 
retumbante. 

Era de los patriotas uruguayos un 
ideal que se tornaba tangible, perfecta- 
mente practicable, ideal en el que con- 
vergían todas las actividades de aquellos 
hombres de férreos caracteres y de no- 
bles y firmes aspiraciones. 

Y aquella comunidad de ideales, at|uel 
paralelismo de intereses y de deberes han 
continuado subsistiendo entre argentinos 



y uruguayos a través del 
tiempo. Lazos de afecto, 
de unión política, alian- 
zas de paz y de guerra. 
Si los argentinos una vez 
ayudaron a los urugua- 
yos a libertar Montevi- 
deo de la dominación ex- 
tranjera, los uruguayos 
fueron arrojados actores 
en la victoria luminosa 
de Monte Caseros. 

Hermandad honda v 
grande ; hospitalidad nui- 
tua que trajo a Montevi- 
deo en las épocas le- 
janas del rosismo a los 
argentinos más ilustres, 
y eme hov ha llevado a 
millares de uruguayos a 
tierra argentina en busca 
■ de un ambiente más am- 
|)lio y más factible para 
el desarrollo de sus ac- 
tividades. 

Por eso la efeméride 
argentina, la efeméride 
(lue es como una clari- 
nada de triunfo, tiene en 
nuestro espíritu doble 
repercusión. 

El 25 de ^[ayo se cris- 
talizaron las ansias- de 
los patriotas uruaruavos 
surg-idas el año iSoS en 
el primer Cabiklo .Abier- 
to, ansias que. estaban 
contenidas en los cora- 
zones ck todos kw hom- 
bres libres de .Xmérica 
y (|ue al manifestarse 
enérgicamente durante 
todo el cick) de la inde- 
pendencia, formaron la 
admirable epopeya que 
llena de re.splandores las 
■páginas de la histoi ia 
contemporánea. 

A consecuencia de ella 
nuestros patriotas pudie- 
ron robustecer sus ansias 
y sus entusiasmos, tuvieron una norma de 
conducta a seguir en los días de lucha 
que se subsiguieron y apoyándose en los 
prestigios indiscutibies- de la Junta de 
Mayo, laboraron desde entonces con más 
eficacia por la independencia de nuestra 
l)atria. 

Mas aún : los colores que los patrio- 
tas ])orteños French y Berrutti usaron 
para distinguirse de los c|ue no alentaban 
como ellos anhelos de libertad, fueron 
también los colores que se ado])taron en 
la antigua Provincia Oriental ])ara usarlo 
como símboJo de redención política. 

De modo que desde entonces ambos 
])ueblos marchan al consuno de as])ira- 
cíones v de luchas : la fraternidad no es 
sólo de carácter di])lomático. es frater- 
nidad de sangre, pues uruguayos y argen- 
tinos mezclan sus sentires y sus amores 
en millares de hogares y afirman de esta 
suerte los vínculos que se establecieron 
desde antes de las luchas por la indepen- 
dencia. 






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Alguien, que tiene motivos gratos como 
para recordar aquellas épocas felices en 
que distinguidas aficionadas al canto, pro- 
])orcionaban a la sociedad montevideana, 
momentos de intenso esparcimiento, al 
hacerse oir en fiestas de caridad y en 
celebraciones de efemérides, nos decía, 
tembloroso de emoción al recordar tan 
gratas sensaciones: 

"Es indudable, mis amigos, que el canto 
es uno de los más bellos adornos para la 
mujer. Nada más propio a su sensibili- 
dad, a su exquisito sentimentalismo, a' 
su delicadeza de expresión, que el canto; 
la forma más expresiva de exteriorizar 
manifestaciones de espíritu, de llegar hon- 
damente al alma de los que oyen y de 
producir intimas emociones de arte. 

Y noten ustedes que al hablar del canto 
corao excepcional adorno en la mujer, no 
hablo del canto adoptado o practicado 
como profesión ; hablo de ese don divino 
utilizado por quienss lo cultivan en di- 
letantismo y al así hacerlo, lo utilizan, lo 
llevan a las más altas expresiones artís- 
ticas, lo valorizan con refinamientos ma- 
gistrales y lo hacen deseable, como joya 
que se guarda y deslurñbra cuando se 
muestra. 

En otra época fué el canto utilizado 
como atractivo social, manifestación que, 
sino más intensa que ahora, por lo menos 
lie mayor lucimiento, pues las damas qu ■ 
con ese adorno lucieron gentileza y ta- 
lento', no desdeñaban mostrarse en las 
tiestas realizadas en los centros aristo- 
cráticos. 

Hoy estos gratos instantes Cque nos 
¡)roporcionaran aficionadas tan notables 
cotno las de 'ntonces), no salen del marco 
intimo y redu.-ido de una soirée y sin que 
con ello pierdan en brillo, en cambio no 
pueden gustarlos más que un núcleo se- 
lecto o familiar. 

En época anterior a esta en que vivi- 
mos, y en la que yo me deslizo ya casi 
como una sombra que se va diluyendo 
(I)erdón por esta salida de caja), las fies- 
tas más suntuosas v más prestigiadas 
realizábanse en el Club Católico. 

Fiestas magnificas en las que la socia- 
bilidad de entonces concentraba todo su 
afán y todo su noble desinterés. Porque 
he de advertir a ustedes, que el fin de 
aquellas tertulias era en la mayoría de 
los casos de carácter filantrópico. Pena- 
lidades, miserias, toda esa triste etern'- 
(lad de dolor que hace siempre necesaria 
( y cada vez más necesaria ) la caridad, 
encontraron en fiestas tales una solu- 
cii'in, un compás de espera, un lenitivo. 

Y en estas fiestas oímos, los que a 
ellas tuvimos cl placer de asistir, a las 



más distinguidas aficionadas al " bel can- 
to " que se impusieron entonces a la ad- 
miración de propios y extraños. 

Pero antes, aún antes de esta época 
( y no se horroricen ustedes a! considerar 
que hablando de cosas tan viejas, puedo 
yo subsistir por milagro), antes de este 
ciclo de arte lírico social (llamémosle 
así), hubo otro que es el' que debe figurar 
i>rimero en los anales del canto en los sa- 
lones. 

Voy a remontarme con la imaginaci<'in 
a otros años má-s lejanos, a otro mo- 
mento de txplendor social. 

En aquel entonces (unos cincuenta 
años), la sociab'lidad montevideana pudo 
contar con damas de estirpe que a su 
distinción y a su belleza, tuvieron la for- 
tuna de unir la realidad de sus voces 
deliciosas utilizadas con gusto supremo. 

Voy a hacer memoria y a recordar nom- 
1)res. . . Aguarden ustedes. . . En aquellos 
(lias las diletantes más celebradas fueron : 
Ercilia Reyes, .Mangacha Lasala, Ven- 
tura Estrázulas, Jesús Oereda y Julia 
Castellanos. .\1 sólo pronunciar estos 
nombres rindo un homenaje de admira- 
ción y de respeto a damas que brillaron 
con la verdad de su talento y fueron es- 
trellas en las reuniones de entonces, donde 
la armonía de sus voces era atracción 
poderosa para que fiestas donde ellas in- 
tervinieron alcanzaran éxito grande. 

Después que se apagó aquella conste- 
lación de triunfadoras en el arte del canto, 
hubo un así como paréntesis. Causas 
f|ue no tengo por qué enumerar hicieron 
que se marcara un prolongado compás de 
espera en estas manifestaciones gratísi- 
mas del arte en Jos salones. 

Y llegamos lu^o a otro resurgir de 
voces bellas y de espíritus cultivados cui- 
dadosamente para dar a esas voces expre- 
sión artística, la más acabada v la más 
selecta. 

En este segundo periodo hubo ima que 
fué culminación de aptitudes, de medios 
vocales v de alta expresión estética. Me 
refiero (y no sin profunda admiración re- 
cuerdo ese nombre), a Quina Arraga. 

; Verdad que mi entusiasmo es justi- 
ficado? ¿No la recuerdan acaso, como ima 
de sus más intensas emociones artísti- 
cas experimentadas por ustedes en los 
que fueron sus primeros pa,sos en socíe- 
niomentüs tan gratos, tan intensos que 
una como niebla de melancolía llega en 
este instante hasta mi espiritu'al recordar 
cuanto era de extraordinaria la exj)r'sión 
dad? Quina .Arraga ha dejado 'n el re- 
cuerdo de los que la conocimos y la ad- 
miramos, un hondo sentimiento de gra- 
titud porque a su voz excepcional debimos 



armónica de acpiella voz, que la muerte 
enmudeció en forma tan inesperada como 
cruel. 

Perdonen ustedes este achaque de sen- 
timentalismo y anoten en sus carnets 
otros nombres de distinguidísimas afi- 
cionadas que conjuntamente con Quina 
.\rraga fueron objeto de admiración en 
nuestros salones. Anoten ustedes : Rosa 
Carril, Josefina Reventós, María Luisa 
Caimari, Clara Braga de Harley y Ra- 
faela .\rrien. De todas ellas conservamos 
gratísimo recuerdo y grande admiración. 
Fueron notables cantantes, poseyeron vo- 
ces dulcísimas y con ellas deleitaron a 
quienes tuvieron la dicha de escucharlas. 

Hoy... ¡No. no teman, no voy a caer 
en el vicio de los viejos que encuentran 
todo lo pasado mejor que lo presente! 
No iba a decir eso. Quería señalar el he- 
cho de que hoy las damas diletantes ya 
casi no i)articípan en fiestas públicas. Esto 
creo que lo dije antes, pero lo repito 
ahora. Y lo repito, para completar este 
florilegio de artistas tan distinguidas, 
con otros nombres que son tan admirados, 
tan reverenciados, tan plenos de los ho- 
menajes de nuestra sociedad. Me refiero 
a Luisa Valdez, Carolina García Acevedo, 
Justa Wilson y l'ernabela Herrera de 
Herrera y ,Reissíg. 

Y voy a terminar, mis amigos, voy a 
terminar en esta forma cronológica de 
evocar tanto espíritu superior y tantas 
cultoras del arte lirico, refiriéndome a 
un grupo escogido y celebrado, gentil 
conjiuito que triunfalmente marcha en 
procura de los laureles que lucen las que 
calificaré de maestras, los mismos laure- 
les (|ue dejaron las que fueron astros en 
otrora y que ya, para ventura nuestra, 
han reverdecido una y otra vez. 

-\noten ustedes todavía estos nombres : 
María Luisa Sáenz, Esther Vidal Arteaga 
de Etcheverry, Maria Elena Figari Cas- 
tro, Blanca Viaña de Martí, Alicia Mello 
Otero de Marexiano y Esther .Mvarez 
Mouliá. 

\' " finix ", mis anngos. El canto es un 
don que da Natura y (|ue el arte magni- 
fica, pero cultivado por personitas de 
tanta espiritualidad y de tanto senti- 
miento como las que yo me h€ permitido 
recordar, créanme ustedes, el canto es 
don del cielo y premio altísimo para quien 
puede escucharlo. " 

.\sí habló el respetable cabalkro, que 
se ociilta en el más riguroso incógnito, 
prometiéndonos para el futuro otras "cau- 
sseries '" tan amenas y tan interesantes 
como esta, que es nota grata en las pági- 
nas de nuestra revista. 



— S»tUtC I A — 




niooó 




María Cmilia Mu^<3iS Casterás 




María Hortes&sia S«rratosa Carvallio 



IPanchito Lasala Bofíil 



He aquí una obra hermosa, una obra 
de alta, de noble filantropía que se lleva. 
a cabo en forma admirable. 

Se trata de prestar socorro,, de corregir 
la mala, la deficiente alimentación de los 
niños pobres que pululan en Villa Muñoz, 
facilitándoles todos los días el pan que en 
sus casas falta o es escaso. 

No es sólo simpática esta obra por la 
obra en sí, de reparación y de fraternidad, 
sino porque llevada a cabo por niños, es 
también medio de educación moral para 
aquellos que la practican y para los que 
recogen sus beneficios. 

La obra caritativa, ejemplar y educa- 
dora se lleva a cabo en esta forma origi- 
nal y conmovedora. 

Consiste en distribuir una pequeña me- 
rienda, todas las tardes, a mas de cin- 
cuenta niños pobres, porque ese es el 
número que, por ahora sólo se puede so- 
correr. 

¿Quién es el espíritu superior que ha 
inspirado esta práctica caritativa y la 
mantiene en actividad y progreso ? 

Pues un sacerdote nobilísimo, cuya bon- 
dad se derrama pródiga en los hogares 
menesterosos de la barriada obrera. El 
Padre Juan Diz es el iniciador de la obra, 
el que ha fundado y mantiene en Villa 
Muñoz una escuela para niños humildes 
y el que da alientos y renovación cons- 
tante de iniciativas a la institución deno- 
minada " Pan del pobre ". 

Forman esa Comisión las niñas : Elena 
ürioste Carve, Sofía Berta Pastori Gó- 
mez, Violeta Garese, Lucía Wilson Caste- 
llanos, María Josefina Pastori Gómez, 
alaría A. Pastori Brusaferri, Sara Hughes 
García, Cora Urioste Piñeyro, Berta Mar- 
tina Pastori, Laura Arrosa Balparda, Pola 
Suárez Füller, Rosarito Prevé Pastori, 
Isolina Ramírez Eastman, María Merce- 
des García Mollano y H. .\siain Márquez. 
* 

Nunca inspración más feliz pudo te- 
nerse al idear una tan brillante fiesta 
como fué la Fiesta de la Elegancia, mag- 
nífica realización de un pensamiento cari- 
tativo que debe elogiarse calurosamente. 

Una fiesta donde se expuso todo lo que 
de más rico, más artístico, más bello pudo 
imaginar la moda femenina y crear la 
actividad de modistos y modistas, para 
que en compensación de todo lo que esos 
trajes y esas telas reclaman para sí, de 
ello se restara una contribución, destinada 
noblemente a socorrer ajenas necesidades, 
a mitigar miserias, a dar alimentación a 
quienes casi carecen de ella. 

De ahí la hermosa Fiesta de la Ele- 
gancia, llevada a cabo por una Comisión 
de distinguidísimas damas, que preside la 
señora Josefina Gómez de Pastori, selecto 
espíritu femenino, mentalidad elevada 
dispuesta a realizar el bien con acierto, 
y cuyas actividades están dedicadas a 
esta obra de reparación social, tan prác- 
tica y de tanta eficacia. 

La Fiesta de la Elegancia se realizó en 
el gran salón de la Casa Caviglia, cedido, 
con un desinterés que mucho le honra, por 
el señor Luis Caviglia, que esta vez como 
otras veces se ha mostrado gentil. 




LA COMISIÓN QUE ORGANIZÓ Y PRE 

Sentadas de izquierda a dereclia: Elía del Cerro, Amelia Belfort Carril, Ciriaca M. de del Cerro, María Josefina Gómez Cib 
Paradas de izquierda a derecha: Margarita Benzano, Lolíta Iglesias, Plácida Serratosa Cibi 



Y fué una fiesta de elegancia suprema; 
fiesta como nunca se había hecho en nues- 
tro país ; materialización de un pensa- 
miento exquisito, artístico, refinado. 

¿Cómo no serlo así cuando ella fué pre- 
sidida por la señora Gómez de Pastori, 



que la imprimió el sello de su propia ele- 
gancia? 

De tan culta dama y de las dignísimas 
y distinguidas señoras )• señoritas que 
componen esa Comisión se honra hoy Se- 
lecta publicando una fotografía, cuyo 





""'^^ 




PRESTIGIÓ LA FIESTA DE LA ELEGANCIA 

lez Cibils de Pastoril Sofía Blixen de SuareZt Aurelia Brusaferri de Pastorít Elvira Serraiosa de Vidíella, Azema Martínez Correa, 
sa Cibils, Emilia Lemos, Margarita Belfort Carril, Maruja Martínez Correa, Sofía Suarez Blixen. 




clisé fué obtenido especialmente para 
nuestra Revista, galantería esta que de- 
bemos agradecer en lo mucho que vale. 
Visitamos la Exposición de Trajes. Y 
maravillados quedamos ante tanta magni- 
ficencia, ante tan grande esfuerzo culmi- 



nado en la presentación de magníficos 
modelos, todo lo más exquisito y lo más 
fino y lo más lujoso que puede idear la 
mente para adorno de cuerpos femeninos. 
Todas las casas más importantes de 
Montevideo contribuveron al suntuoso 



éxito de esta exposición. ¡ Qué esfuerzos 
de imaginación y qué perfeccionamientos 
en la presentación de los traj.es ! Todos, en 
una plausible rivalidad, buscaron de exhi- 
bir lo mejor, la más alta conquista del buen 
gusto, del chic, y aquellas saütas donde las 
figuras de cera vestían magnificas toi)et- 
tes, eran como un deslumbramiento de 
riqueza, "bonheur" del espíritu femenino, 
atracción irresistible de miradas, acicate 
de posesión y firmeza de buen gusto. 

Todas las creaciones de la moda, desde 
las más severas, a las más extravagantes, 
tenían allí su representación. Trajes, abri- 
gos, sombreros, diversos accesorios, todo 
lo que la mujer más exigente pudiera 
desear, estaba allí representado con un 
derroche deslumbrador de riqueza. 

Y para que no quedara un resto de 
duda sobre la verdad de tanta selecta va- 
riedad de trajes, los nombres de las casas 
más reputadas de Montevideo, ponían un 
como sello de gran valor en aquellas re- 
finadas combinaciones de telas, de pieles 
y de plumas. 

.\sí pudimos admirar, uniendo nuestro 
aplauso al aplauso de todos, los modelos 
presentados por la " Nueva Sirena " y los 
de Corralejo ; también los de Caubarrere, 
los de la casa Demateis y los que expuso 
la señorita María Teresa Fiora. 

Expresión altísima de suprema elegan- 
cia, grata fiesta para los ojos que podían 
recrearse en la contemplación de tantas 
magnificencias, extraordinaria manifesta- 
ción de buen gusto, afirmación de ele- 
gancia que habla muy en favor de nuestra 
sociedad. 

No hemos de terminar esta crí'mica sin 
dar a publicidad los nombres de las da- 
mas que componen la Comisión Pro Ni- 
iios Pobres de Villa Muñoz. 

He aquí esos nombres : 

María J. Gómez Cibils de Pastori, Ci- 
riaca Martínez de del Cerro. María R. 
Algorta de Scremini, Leonor Cachón de 
Correa, Sofía Blixen de Suárez, Consuelo 
Alvarez de Lasala, Valentina Díaz J; Por- 
tillo, Elvira Serratosa de N'idiella. Sofía 
Gómez C. de Martinelli, Carmen Lasala 
(le Peixoto, Blanca Usher de Heber Uriar- 
te, Enriqueta Williams de .Arteaga, María 
A. Brusaferri de Pastori, María Etche- 
verry de Pons, Rosaura L. de Gómez Ci- 
bils, Emilia Lemos, Pascuala y Dominga 
Carvalho .•\lvarez. .\nita Mané -\lgorta, 
Margarita Benzano, María T. Braga Sal- 
vañach, Emma Piera Muñoz, Elia del Ce- 
rro, Manuela Suárez, Cata Pérez Gomar, 
María L. Díaz Fournier, Lola Iglesias, 
Plácida Serratosa Cibils, Olga Portillo 
Díaz. -Azema y Maruja Martínez Correa, 
María Carmen Nicolich, Clara Orueta 
Correa, Corina Morales, Amelia y Marga- 
rita Belfort, María M. Nebel Panclo. 

A ellas las más calurosas enhorabuenas 
por el éxito alcanzado y en estas palabras 
nuestras vaya también como un eco de la 
gratitud que surge de los labios de los 
menesterosos que socorre esa Comisión, 
y que en la humildad de sus hogares ten- 
drán con el socorro una intensa satisfac- 
ción: resplandor de alegría, tan intenso 
como el d? las maravillas que a ese ple- 
cer dieron origen. 



SELECTA — 



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Como somos los hombres 



)^^^^ 



Cal!e 42. descendamos, si os parece bien. Una 
muhitud de viajeros abandona el vagón y otra 
multitud se encarama en él. — Din, Din y el 
' ' Manhattan Elevated ' ' emprende de nuevo la 
marcha, mientras Juan Perkins baja por las es- 
caleras, mezclado con ia muchedumbre de los 
viajeios. 

Juan Perkins entra tranquilamente en su casa. 
Entra sin apresurarse, como hombre que tiene 
su tiempo bien distribuido y que hace todos los 
días !a misma cosa, sin que el horario <le sus 
ocupaciones sea jamás cambiado. 

N'o tiene Juan Perkins nada de imprevisto 
en su vida. ; Cómo podria introducirse lo im- 
previsto en la vida de un hombre cuyo matri- 
monio data de dos años y cuya existencia se 
desenvuelve en la monotonía de un interior aco- 
modado ? 

En el instante que Juan Perkins entra en su 
casa piensa no sin cierta melancolía en el fin 
siempre igual de sus diarias jornadas. Katy (su 
esposa) lo esperará en el umbral de la puerta: le 
dará un beso; envo'viéndolo en una atmósfera 
de perfume: él se quitará su abrigo, se tenderá 
sobre el sofá para leer el diarlo de la noche, en- 
terándose de cómo las escuadras rusa y japo- 
nesa evolucionan, y preguntándose antes de co- 
menzar la lectura: ;ya se habrán exterminado? 

En la cena tendrá el rosbif de siempre, la in- 
evitable compota no menos higiénica y el postre 
de fresas en conserva, en cuyo envase luce la 
etiqueta de garantía, dándola como exenta de 
tofla mixtura química. 

Antes de la cena, Katy le mostrará !os pro- 
gresos realizados en la- labor de bordado por 
ella realizada, orgullosa de tal obra. A las siete 
y media el matrimonio se verá obligado a tender 
sobre los muebles algunos diarios, para preser- 
varlos de la cal que se desprende del techo a los 
golpes del vecino de arriba que hace ejercicios ■ 
fi.<icos todas las noches. 

En el departamento de enfrente el barullo co- 
tidiano se iniciará a esa hora : los vecinos lla- 
mados Sbick y Moori. actores sin contrata, son 
presa de un crisis delirante, crisis de todas las 
noches a la misma hora. Su locura consiste en 
imaginar que la contrata tan anhelada (contrata 
de 500 dóiares por semana) ha llegado al fin, 
y en su alegría forman con los muebles verda- 
deras ti'rámides y en ellos realizan ejercicios de 
acrobacia. 

Otro vecino sonará su f'auta y luego Mme. 
Zanoniísky y sus cinco hijos bajarán a la ]>or- 
tiTÍa |)ara lacer tertulia con el conserje... 

Juan Perkins sabe que to<lo esto ha de ocu- 
rrir invariablemente. Sabe también que a las 
8 y cuarto en punto se levantará de su asiento. 
tomará su sombrero y su abrigo, y que su mujer 
en un tono de ligero reproche le dirá : 

— ; Dónde vas ahora, Juan? ; Me darías tamo 
gusto diciúidomelo ! . . . 

— Pienso ir un momento al club donde ju- 
garé una o dos partidas de naipes con mis amigos. 

A ias diez o las once volverá Juan. Si Katy 
no duerme, ya sabe él que se producirá la tra- 
dicional escena de los reproches por sus noches 
solitarias y luego a dormir. 

Tal es la norma de vida que Juan Perkins 
lleva todas ¡as tardes y todars las noches. 



Pero hoy, por prirnera vez. nada de eso le 
espera a Juan Perkins. 

Xo está Katy en la puerta, no hay beso con 



-::í^- 



ola <le perfume. En la casa todo está revuelto ; 
ropas de Katy tiradas por el suelo, sobre los 
muebles : las botinas de casa abandonadas en 
mitad de la alcoba, y más ropas aún en el toi- 
lette y en las sillas. Como no es hábito en Katy 
dejar nada revuelto cuando sale, se pregunta 
Juan Perkins : ¿ Qué ha pasado aquí ? \' mien- 
tras murmura esto, con el corazón acongojado, 
contempla Juan el peine donde se enredan algu- 
nos cabellos de su mujer. Por este detalle, piensa 
Juan : ¡ Qué apurada por salir ha estado Katy ! 
Y piensa esto porque elia siempre guarda los 
cab.l Os cuando se peina y los deposita en una 
caja, imaginando un futuro postizo. 

De uno de los brazos <Ie luz. bien en evidencia, 
cue'ga un papel. Juan lo toma. Es una carta de 
Katv : 

Querido Juan : .'Kcabo de recibir un tele- 
grama anunciándome que mamá está muy grave. 
Tomaré el tren de las cuatro. Mi hermano Sam 
me aguarda en !a estación. Encontrarás algunos 
fiambres en la heladera. Espero que lo de mamá 
no será un nuevo ataque de angina. Paga la leche, 
60 céntimos. Mamá tuvo un ataque ei año pa- 
sado. Xo te olvides de escribir a la compañía 
del gas para que manden arreglar el contador. 
Tus calcetines nuevos están en e! cajón alto de 
la cómoda. Te escribiré mañana. — Katy. ' ' 

Después de dos años de vida matrimonia! no se 
habían separado Juan y Katy una >ola vez más 
de veinticuatro horas. Consternado Juan Per- 
kins lee y relee la carta de su mujer. He aquí un 
can:bio en 'a rutina que no había previsto. 




Todo le habla a Juan de la ausente : sobre uno 
de los brazt)s del sillón pen<le su batón rojo a 
puntos negros que ella se pone siempre para las 
lareas <le la cocii.a. Un paquetito de sus bombo- 
nes preferidos, vace por ahí con el cordon- 
cito sin anudar. Vu diario se halla extendido en 
el suelo : de é! ha sido cortado el horario de los 
ferrocarriles. 

Juan Perkins contempla todo esto con el alma 
desolada. Después se dedica a poner un poco de 
orden en las habitaciones. Cuando recoge los ves- 
tidos de Katy un escalofrío le recorre, el cuerpo. 
Xunca había pensado él en la posibilidad de 
vivir sin Katy. ¡ Esiaba ella tan metitia aeiitro 
de su vida 1 iítra para él tan necesaria como el 
aire. ¡V he aquí que ella se ha marchado! Evi- 
dentemente la ausencia *no podrá durar más que 
unos días, ima semana o dos a lo más. Percr Juan 
Perkins imagina que el Índice de la muerte ha 
señalado su hogar. . . 

Luego, Juan saca de la heladera los fiambres 
y algún otro manjar, pone el agua en el fuego 
para el café y se instala para su comida solita- 
ria, delante del bote de postre de fresas donde 
la etiqueta destaca sus colores brillantes. 




Después de la cena, Juan se asoma a la ven- 
tana: no tiene ganas de fumar. La ciudad ilumi- 
nada le habla de placeres y de locuras. Se en- 
cuentra libre. Podrá salir sin ser observado, ir 
donde la plazca como cualquier sofero puede 
hacerlo. Podrá beber, divertirse, emprender aven- 
turas, sin el temor de recibir, al volver a casa los 
reproches, de Katy. Podrá además realizar con 
sus amigos todas las partidas de naipes que desee 
y quedarse en el Club hasta la madrugada. El 
yugo conyugal no lo sentiría sobre sus hombros 
en ausencia de Katy... 

Entonces, una serie interminabie de pensamien- 
tus. s. agü iiaro.. i.j su mente: cosas en las que 
no habia pensado jamás. V en ese instante, y en 
medio a su so edad tuvo la confusa sensación de 
que Katy le era imprescindible para su dicha. El 
amor que la tenía se había adormecido en la 
uniformidad de la vida conyugal, y ante aquella 
inesperada partida una como nueva vida alen- 
taba su pasión. Todos somos así : no sabemos 
gustar de los gorgeos de un ave. sino cuandi> 
ésta ha dejado de cantar. 

— ''Soy un triple idiota — pensó Juan Perkins 
— al tratar a Katy como la trato ; saliendo como 
lo hago todas las noches en vez de quedarme 
con ella. Soy un miserable. Es necesario que yo 
cambie radicalmente de vida, de conducta ante 
mi querida Katy. Xo saldré de noche, la lle- 
varé al teatro, a paseos : la comandita, del Club 
no me verá más. " ' 

Precisamente es la hora en que la tal coman- 
dita se reúne. Pero esta noche ninguna tentación 
lo podrá arrastrar : no abandonará la dicha de su 
hogar, que él había perdido semejándose a .\dán 
al ser arrojado del Paraíso. 

Un corsé olvidado junto a él le envía un deli- 
cado perfume de jacintos. Juan recoge la prenda 
y la contempla en silencio. Unas lágrimas, sí lá- 
grimas, verdaderas lágrimas, de amor y de arre- 
pentimiento, caen de sus ojos. Cuando Katy 
vuelva, todo ha de cambiar, él ha de reparar sus 
errores. ,:Qué puede ser la vida sin ella? 



De pronto la puerta se abre. Katy entra, con 
una maleta en la mano. Juan la contempla con 
estupefacción. 

Ella exclama : 

— ; Qué contenta vengo ! Lo de mamá no era 
nada grave. Sam me esperaba en la estación : y 
él me dijo que apenas había enviado el telegrama, 
la crisis habia pasado. Entonces, como yo no 
quería dejarte solo, desde que mamá no estaba 
enferma, aproveché el primer tren de regreso 
a Xueva York y heme aquí. Pronto, una taza de 
café, que me muero de inanición. 

La máquina de la costumbre en aquel hogar 
está de nuevo en movimiento. ¿ Se había dete- 
nido? Xadie lo podría decir. Fué ima detención 
brusca : la correa glisó en el volante, pero de un 
golpe fué llevada de nuevo a su sitio y el en- 
granaje continuó como antes a transmitir el movi- 
miento. 

Juan Perkins mira el reloj. ; Las ocho y cuarto I 
Y va en busca de su sombrero, dirigiéndose a 
la puerta. 

— ,: Dónde vas ahora. Juan ? ; Me darías tanto 
gusto diciéntlomelo !. . . 

V en el tono de ella hay el reproche de siempre. 

— Pienso ir un momento al Club, donde jugaré 
ima o dos partidas de naipes con mis amigos!... 



O. Hexrv 



— SELECTA — 



e a^er 



A fines (leí siglu X\'lll, nuestra capi- 
tal ofrecía un aspecto muy distinto de lo 
que es en la actualidad. 

Sólo ocupaba entonces lo que aJiora Ua.- 
niamos ciudad vieja, terminando en la 
plaza Independencia y la calle Cindadela. 
-Montevideo era a la sazón una plaza 
fuerte; la defendían gruesss muradas co- 
ronadas de numerosos cañones. En la 
actual plaza Independencia levantábase 
una gran fortaleza de espesas y sólidas 
])aredes y guarnecida de cañones. Era la 
Cindadela. 

De este punto corrían de cada lado 
hasta el mar, murallas muy anchas y al- 
tas, que remataban por dos fuertes to- 
rreones llamados cubos. Esas murallas 
iban en forma de zig - zag, y tenían al 
¡lie un pozo profundo i)rovisto de puen- 
tes levadizos. Casi en el extremo de la 
península, se hallaba el fuerte San José, 
de sólida construcción como la Cindadela. 

Fuera de muros, había ima gran ex- 
tensión de terreno despoblado, donde es- 
taba proliibido construir casas para que 
la artillería pudiera maniobrar libre- 
mente. El barrio de! Cordón es así lla- 
mado porque allí pasaba el límite o cor- 
dón que determinaba la zona despoblada. 
Montevideo era. pues, una ciudad muy 
bien defendida: pero su aspecto demos- 
traba la penuria en que vivían sus mo- 
radores. Las casas eran todas de un solo 
piso. I^a mayor parte de ellas estaban 
construidas con piedra sin labrar y barro. 
y no faltaban las de simple adobe. 

Los techos eran de tejas acanaladas y 
a dos aguas ; había, sin embargo, algunas 
azoteas. 

El aliuubrado era escasísimo y se hacía 
coíi velas de sebo colocadas en faroles col- 
gantes. 

Las calles no estaban empedradas, y en 





La CiudadeU q-ie fué luego el mercado, y es hoy la Plaza Independencia. 



tiempo de lluvia se volvían intransitables. 
"... Bajo humildes auspicios, despuntó 
el siglo XIX, poseedor del secreto de la 
inde])endencia de América y de la erección 
del L'rnguav en república libre. ¡Que 




■^^^i 



Hombre del puebío en la época del coloniaje 



Una dama principal de la ¿poca de la 
Independencia 

grande era el continente elegido por la 
Providencia para fijar el porvenir del 
mundo, pero cuan mermados los límites 
del terruño que iba a servir de base a la 
nacionalidad uruguaya ! 

Sobre la margen septentrional del 
Plata, encerrado en un cuadrilátero de 
fortificaciones, erguíase Montevideo, re- 
sistiendo desde la infancia los embates de 
la guerra y las trabas del monopolio. Con 
título de ciudad' vegetaba al este el case- 
río de Maldonado, que preocupaciones e 
ineptitudes de todo género habían sacri- 
ficado al nacer. En el oeste, un montón de 
ruinas daba testimonio de haber existido 
Colonia. Hacia el norte, desde el Dav- 
mán hasta las Misiones, que pronto de- 
bía arrebatarnos el extranjero (en 1801 ), 
un fuerte denominado el Salto, interrum- 
])¡a la soledad. 

Paysandú, .Mercedes y Soriano eran al- 
deas ribereñas; las dos primeras abiertas 
al progreso, la última estacionaria y 
l)obre. 

En el interior, ('.uadalu])e, Santa Lu- 
cía, San José y Minas se esforzaban por 
imi)onerse a los distritos de que eran ca- 
beza de partido. En el resto del país no 
se conocían otros centros d;' .-itracción 



que fortines militares, precaviendo la ac- 
ción del enemigo, o santuarios rurales 
manteniendo unidos los elementos que el 
acaso habia agrupado, o presidiendo el 
desarrollo de aldeas nacientes. 

Calculábase la población fija del país 
en poco más de 40.000 habitantes, de los 
que 15.000 se all)ergaban en Montevideo. 

Era Montevideo el centro desde donde 
irradiaban todas las manifestaciones de 
cultura destinadas a modificar las cos- 
tumbres. Desde la mitad del siglo XN'III 
se manifestaban ya en la futura cajiital 
uruguaya, destellos artísticos que atraían 
la atención de sus visitantes. La pasi<')n 
de la música en el bello sexo, hacía <|ue 
las horas de expansión y recibo transfor- 
masen toda casa acomodada en im centro 
musical. 

El trato con las familias de los altos 
funcionarios jirovenientes de la Península, 
introdujo paulatinamente el esmero en el 
vestir y la ornamentación adecuada de 
las viviendas. Se deseó la ilustración, y 
algunos i)adres pudientes enviaron sus hi- 
jos a los colegios superiores del X'irrei- 
nato. mientras otros los enviaban a Es- 
paña misma. 

Estos progresos de la cultura intelec- 
tual v social trascendían al interior del 
país, influenciando los centros urbanos, 
(jue a su vez actuaban sobre las masas 
campesinas, para formar entre todas un 
núcleo de civilización consistente, desti- 
nada a modelar los contornos de la na- 
cionalidad futura. " 




Mujer del pueblo en la misma época 



— SELECTA — 





EL P. Larrañaga nació ef iO de Marzo de 1771, de una familia principal de MontCTÍdco. Desde 
muy joven notóse en él una verdadera vocación al estado eclesiástico. Despuis de brillan- 
tes estudios en Buenos Aires y Córdoba, pasó a Fio Jar-eiro, donde fué ordenado de sacer- 
dote. — Larrañaga tuvo gran participación en los asuntos politicos. — Admiramos su patriotismo 
como capellán del ejercito reconquistador de Liniers y en el Congreso Nacional de 1813, siendo 
uno de los diputados enviados a Buenos Aires para representar la Provincia en la Asamblea 
Constituyente A ¿1 atribuye Bauza la redacción de las famosas Instrucciones de aquel congreso. — 
Ocupó puestos notables durante la dominación brasileña y después del año 1825. Fué mucho 
tiempo Cura Rector de la Matriz, y en 1832 al separarse Montevideo de la diócesis de Buenos 
Aires, fué elevado por el Sumo Pontífice a la dignidad de Vicario Apostólico de la República. — 
Hombre de tan altas condiciones, y que sabia hermanar la ciencia con la fe en estrecha unión, 
debía encontrar en la astronomía ancho campo para solazar su espíritu y satisfacer el ansia de 
la imaginación, extasiándose en la contemplación de los mundos invisibles. — Esta afición y la 
de otras ciencias, fué causa de que el Dr. Larrañaga perdiera el sentido por el cual más gozaba 
su espíritu: la vista — Hay que contar entre los méritos de otro orden, que adornan al ilustre 
Dr. Larrañaga, la inauguración de la Biblioteca Nacional, dando cin-a al proyecto de su querido 
amigo el Dr. Pérez Castellanos; la iniciativa de la fundación del Asilo de Expósitos en la Casa 
de la Caridad, y la fundación de la «Sociedad LanCdsteriana». Fall ció el 16 de Febrero de 1848. 
Contaba entonces 77 años de edad. 

B'niamfn Fernándrs y Medina. 



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e la realeza 







SPAÑA celebra en este mes dos fechas de alborozo : una de libertad y otra de democracia. 
La primera es la que dio al pueblo español su independencia legitima ; la segunda 
es el natalicio del Rey Alfonso XIII, el joven Rey que ha dado a su país más dere- 
chos y más beneficios, que posiblemente, pudiera habérselos dado un gobierno re- 
publicano. 

Su carácter sencillo todo lo que en las prácticas palaciegas ha eliminado ¿1 de rígido y de ab- 
surdo, lo han colocado más cerca del pueblo, en contacto con él, y por ende en condiciones de <s- 
cuchar de cerca sus quejas, sus anhelos y sus alegrías. 

Es un verdadero Rey demócrata, un- Rey a lá antigua usanza, de los que tenían más de patriar- 
cas que de reyes, de los que oían a sus vasallos en audiencias que. otorgaban al aire libre y reparaban 
necesidades y detenían la consumación de injusticias suprimiendo con su sabiduría ó simplemente con 
su buena inspiración, todo el largo, molesto y a veces inútil ajetreo de los expedientes y de la in- 
tervención de inacabables funcionarios. 

Alfonso Xin puede decir con orgullo que al acercarse democrática e inteligentemente a su pue- 
blo, salvó a la monarquía española. Su acción fué de equilibrio, buscando noble y lealmente el apoyo 
de su pueblo y el pueblo lo sostuvo, dando nuevos prestigios á la corona y ahogando en sí mismo 
todo intento de rebelión contra un sistema político, que podrá ser defectuoso y hasta anacrónico, pero 
que en manos de un monarca como el Rey Alfonso, se hace aceptable y hasta bueno. 

Junto a esta figura tan simpática del soberano español, se halla otra no menos amable y gentil. 
Nos referimos a la Reina Victoria, reina y madre ejemplar, verdadero modelo de madre castellana, 
muy de su casa, dada por entero al cuidado de sus hijos, y cuando las obligaciones del hogar la 
dejan libre, dedicada con entusiasmo a obras de caridad, a obras de reparación y de consuelo junto 
a los menesterosos, a los que la vida deja en el margen de todas las satisfacciones. 

{ Cómo pues de la convivencia de esta real pareja, no iba a surgir esa gloria de belleza que 
son sus hijos, hermosos niños en los que la sangre borbónica crea nuevas grandezas al mezclarse con 
la sangre vigorosa de la princesa sajona ? 

En nuestro grabado reproducimos una fotografía, obtenida recientemente, y donde los infantes 
componen un grupo encantador. 

Los hijos de los Reyes de España son, como decimos antes, una verdadera gloria, una gloria 
bien efectiva, que se une a las glorias de la tierra más gloriosa. 



— SIILI.CTA 




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c-.ijli.i! ^-í.- ^■.•i..i ^ti. quoi.l-. ^11- .i;i' .■;. 

I'.- un r.T.T.l.H.-vu !■; .■\ .i.nlM.-.il.i. ; 
..1- qi.o a.- r,-v^~. i.- ;.'- ;u,- .11,11, ,i ■■: 
lu-v ^'^i.l.t.líS \- di-t,-tli.lll i,l » i,I! •',;::!, 1^ '"r 
■-■.1 biuMl.t i!l^["iv.u i'ii;. l'.-i,' i"l ■ar;; >. ;i; 
t,! '.vtu II iri dr in.u ,ií:.ib;v- V t uu . n ju .1 - m ■ 

Alluil-u XIII |iu-.1>- d^'.i- ..Mi ,■■ .;, 
bu. s.iliM .1 1.1 :u.vi.lr:íiu.i .--l i:-.i;,i. Si 
.-.■ M, puv-blu \ ,! j-u.vl.. lu ,u,iuiu. .1 
1.1, i-i iiit.-!iM n.- TA-b^-Iiuii vi.ii:.-,i MI ; ; 

_;nt' i"!l pi.iiiu. d.- uu ii; .'-..i'^M ^". ■::;,' .■ 
Iiinlu .1 i'vt.i li^.ir.i l,:r, ..,:;ir..l;, ,1 
X.., i,-|,-iniu., .1 1 1 K.ui.i \'ki.í...,. :,• 
Kiuv d-- -u ..1.1. .i.i.i.i J-.-1 .-ntiru .i! , 
J-.-Mll hb'i. d.'dic.l.'i.i .""11 >n! ,:■-:. 1 .;r 
.1 !u^ uicnc su'ri.vi,.. .i !"- qw« i,i ii,-*,! 
,^ (.!uniu pu.^ .H.- !.i .".un 1 v.-;i."i.i d. 

I,; s.lili^r.' i'ii^u os. .1.- 1.1 riiii."i"s.i s,i...ii 

Kn Tvicslr,) ,;...b.id.' . i- J-: .i.iu. lu.o. 
. . .:i , p. >n iMi uu i^rup" i lu ,i ;il.i ."i..^. 

I ..s bii.is A; 1,.. K.-V.-S ,i." I".:- ■! 1 
b, -u ,-l,..ii . 1. -u^ . - i.r,- ,. 1.1, ,.!-.-i,, 



— MnLbCi A 





I 




Aíiucüa noclu' salí 
(le casa pcrfccta- 
nit'iUe decidido a 
averiguar la verdad. 
K! cielo, sin un as- 
tro, encapotado por 
las revueltas nubes 
de tormenta, parecía 
un inmenso lomo de 
grafito. Por instan- 
tes, una culebra de 
fuego boradaba la 
nocbe. y a poco, el sordo redoble del trueno, sal- 
tando de monte en monte, hacia temblar los ár- 
!)(>!es y ponía en fuga las manadas de lobos bam- 
brientos. 

Kl viento y la lluvia dificultaban bastante mi 
marcha. Dos veces ya, en medio de las tinieblas 
(|ue se amontonaban sobre la tierra, a la vera 
de grupos de árboles, había estado a puiUo de 
caer. Pero uada me desanimaba. Tenía (pie ave- 
riguar, aún cuando me costara la vida, qué .mis- 
terio envolvía al viejo Saale. Mis noches sin 
sueño me resultaban intolerables. La imagen 
hirsuta del entliablado viejo, desde el hallazgo de 
los rubís y esmeraldas, me perseguía sin segundo. 
Una fiebre extraña, que me arrebataba hacia el 
misterio, latía en mis venas. Por lo demás, en 
toda la comarca la misma curiosidad envenenaba 
!a existencia de sus pobladores. Todas las noches, 
apenas las sombras se abatían sobrer la tierra, 
cien ojos escrutadores se clavaban en el mismo 
rincón del vaMe: allá abajo, entre el grupo de 
retorciólas y vetustas encinas, el extraño resplan- 
dor lívido filtraba entre las maderas de la ca- 
bana del viejo Saale. Algunos hombres que por 
acaso, alguna vez. habían tenido que abandonar 
el lecho a altas horas de la míchc. contaban ha- 
lier visto siempre aqitel resplantlor. ;Oué podía 
estar haciendo el huraíío vieio en scmeiantcs cir- 
cunstancias? T-a verdad es que las costumbres y 
modos del personaie no eran de las más aparentes 
pnra infundir confianza al . ví^rindario : iamr'i-^ 
diriiría la palabra a perdona al trun a ; si se le 
sa^idaba. quedaba '^in roni-'stación el saludo: sí 
se buscaba su nroxímidad huía como una fiera 
sorprendidn. Mi úbimo encuentro con él. ha- 
Manie decidido al fin a intentar la emnre=a de 
so^-nrcnder su secreto. 

Vagaba una tarde por el claro del bosque que 
se amontona en e^ fondo del valle, soñando, for- 
iaudo mn'merns. pscnchando una estrofa n•^r batía 
su-i rdas en c' fondo de mi ahnn. pronta a re- 
montar el vuelo. De pronto, un cárabo extraor- 
dinario fulguró ante mí como un joyel de pedre- 
ría. Kra uno de e.-^os hermosísimos insectos a 
(inien Fabricius dio precisamente ese nombre — 
eárabus gematus — por el brillo cobrizo, de pie- 
dras preciosas, que refulge en los bordes de sus 
élitros. Kxtasiado contemplaba el cárabo, diva- 
gando ya la forma de asociar sus resplandores 
al verso que germinaba en mi cerebro, cuando 
otro insecto extraño, de un verde esmeralda in- 
tenso, con élitros de oro y abdom;en azul, pasó 
c^mio una flecha de iris, multicolor y relampa- 
gueante, sobre el verde mate del boscaje. ',Qu(^ 
maravillas hace la naturaleza!, pensé para mis 
adentros, exaltado por las opulencias prismáti- 
cas (pie durante un segundo vibraron ante jpi 
vista. E hice el propíVsito de volver a mi cstrota. 
Pero un súbito rumor de ramas tronchadas y 
de hojas sacudidas me dejó clavado en el sitio. 
L'na exclamación extraña, no sé si de ira o de 
sorpresa, había precedido a la mía. Luego, v.n 
enjambre de insectos fulgurantes se desprendió 
lie las matas removÍ<las y ctmio las chispas de 
un hogar hurgado incousideranamente, saltaron 
en todas direcciones. T.a figura de un hombre 
huyó entre el boscaje y se extravió casi en se- 
guida. Ai>euas si tuve ' tiempo de reconocer al 
\iejo Saale. y ya estaba yo ()tra vez solo, ro- 
deado de silencio. 

Mas lo extraordinario del caso fué que. al 
reponerme de mi .sor])resa e inclinarme sobre el 
Mtio donde debió estar oculto el huraño perso- 
naje, hallé sobre el sueh». junto al ])ie de un árbol, 
unas piedrecillas diminutas, verdes y rojas, que 
centelleaban extraordinariamente. Póselas en la 
palma de mi mano para contemplarlas mejor, y 
¡cuál no sería mi estup<jr ! — ^:por qué no decir. 
mi mie<lo? — al constatar <iue eran esmeraldas 
v rubís ! 



Desde aípiel punto y hora, el misterio (jue ro- 
deaba al viejo Saale llenó toda mi vida. Como 
imantailt^s. mis ojos se volvían de continuo hac:a 
la vieja cabana de! fondo del valle. Las rayas de 
fuego (pie por la noche filtraban al través de las 
maderas me obsesionaban durante el -íueño. Una 
extraña fuerza me atraía hacia aUá. Xo ; yo no 
hubiera- podido vivir un sato día más sin des- 
cubrir (|uiéii era Saale y en ([ué ocupaba sus 
horas nocturnas. 

Por eso aípiella noche, a pesar de la lluvia (pie 
emi)apaba mis ropas y del helado cierzo (pie me 
azotalra el rostro, corría desolado al través de 
los campos, hacia la cabana. Vu vivo relámpago 
me advirtió, de pronto, que estaba frente a ella. 
.A.stutamente. con pasos quedos, me fuí apro- 
ximando. AHÍ exj)erimenté la primer sorpresa: 
la puerta estaba abierta. Xo sé que inexplicable 
locura me animó entonces : sin reflexionar, sin 
cuidarme de ser sorprendido, sin miedo a'gmio. 
entré a la cabana. Crucé una habitación ol>scura 
y. guiándome p(tr una línea luminosa (pie se ad- 
vertía en el fondo, di con tma pared de maderas 
toscas. Mi mano febriciente palpó aquí y allá. 
Súbitamente, el frío de un pestillo fijó mis dedos. 
Sni \acilar. auiupie con lírande precaución, abrí 
!a DtuTta. ^' (pu'dé petrificado. 

l".-taba en una mísera habitación, iluminada 
funambulescamente por el fuego de un hornillo. 
\' a aípiella mezquina luz. que Címtribuía a fal- 
s-'íir la imagen de los objetos, dándoles extra- 
ñísima^í formas y contornos endiablados, pude 
;iflvertir. sin enibareo, lo que se hallaba más pró- 
ximo al hogar. Stibre una gran chimenea, retor- 
t'is V matraces. ]>robetas y frascos, rebu'lían en 
horrible desorden. Kn mc(ho de unas brasas, res- 
plandecía un alambique. Por el suelo, sobre una 
tosca mesa de pino y en anaqueles a lo largo de 
);is paredes, veíanse en endiablada confusión bo- 
It'i'as. serpentinas, cubetas, viejos pergaminos, in- 
folios desgastados, cráneos humanos, esferas si- 
derales, compases e instrumentos de magia, signos 
f-nha'isticos v osamentas de anima'es extraños. 
I".n una ])alabra : era aquello la real reproducción 
del agua fuerte de Rembrandt que representa la 
ce'da del doctor Fausto. 

; Kstaba. pues, en casa de un alquimista, de 
lino de esos tenebrosos discípulos de Flamel que 
aún aparecen en medio de nuestra civilización? X'o 
tuve mucho tiempo para reflexionar sobre el caso, 
í'na mano huesosa acababa de apoyarse sobre mí 
hombro. 

— ;Qué quiere usted aquí? — interrogaba con 
voz agria >■ descompuesta el viejo Saale. que 
había entrado sin yo advertirle. 

T,a sorpresa me dejó mudo. Fntonces él. reco- 
nociéndome, cinitinuó más calmado: 

— : .A.h ! Ks usted, el joven poeta de allá abajo, 
^'a lo comprendo todo. Ha querido usted pene- 
trar mi secreto. Ha tenido usted la misma curio- 
sidad que los rústicos. Yo creí que los poetas 
amaban y respetaban un poquillo más el misterio 
y lo desconocido. Y la curiosidad le ha hecho a 
usted más osado que a toda esa grey de imbéciles 
que viven del otro lado del río... 

Mientras esto decía, había encendido luces v 
nrri'írlado sus trastos, sin dejar de observarme de 
reoio. Yo me encontraba tan turbado que ni por 
u'i instante se me ocurrió la idea de escapar. 

De pronto el viejo Saale se puso a sonreír 
tristemente. 

— \'^nva, no esté ahí usted tan azora-do, sién- 
tese. Ya ve une yo, (pie podría mostrarme irri- 
tad.» n ofendido, po lo estoy. ^; Xo ha venido lis- 
tel para snber? Pues bien: satisfaré su curio- 
sidad. .\'gún día habría de haber revelado vo 
mismo, a alguna .academia o Sociedad científica, 
n^i secreto. Se lo revelaré a usted primero que a 
los otros: eso es todo. Xo me desagrada que sea 
un ]>oeta el que coja la primera nueva. Pero, está 
usted temblando, hijo mío. — añadió: — si tiene 
frío. allégue>e aípií. al hogar. Aquí tiene un banco. 
Kncogido todavía por la sorpresa, a pesar de 
sus buenas palabras, fuí a sentarme. Saale me 
detuvo cf)n un gesto, a fin de retirar una caja 
jue yo no había visto colocada sobre la silla. 

—Aguarde usted: he de sacar esa caja. — Y 
con toda naturalidad agregó: — Son las piedras 
preciosas. 

— ; Las piedras preciosas? — interrogué, sa- 
liendo de mi mutismo. 

— Piedras preciosas, sí : — repuso el viejo. — 
Vea usted : aquí hay esmeraldas, rubís, diamantes, 



tunpiesas, amatistas, záfiros, (ópalos, jacintos, to- 
pacios... vea, vea usted. — y diciendií, había 
abierto la caja y hacía centellear entre sus dedos 
descarnados la lluvia multicolor de la fabulosa 
pedrería. 

lista vez el asombro me causó un escalofrío. 
\''A viejo Saale me nv.ró sonriendo y, sin darme 
tiempo de balbucear una palabra, añadió: 

— Xo he robadf) esto, ni lo lie fabricado tam- 
poco. Son los últimos vestigios de mi fortuna. \ti 
he sido inmensamente rico, a'lá en Yeypoore, en 
el Indostán. Pero, a usted ,:qué le importa lo que 
yo he sido? Soy \m pasajero de la vida: be lle- 
gado aquí desde remotas regiones; He sufrido 
mucho y muy hondos han sído mis desengaños: 
he estudiado balitante.: pero no S()y más que un 
hombre, l.o í|ne he sido no importa: lo que hago 
ahora es lo esencial... 

l'jitonces. aproximándose a mi oído, con una 
voz distinta, murmuró brevemente: 
— A estas piedras les infundo vida. 
Miró, regocijado, la sorpresa de mis ojos. y. 
sin vacilar ya. con un entusiasmo febril, (pie au- 
mentaba a medida <|ue hablaba. i)rosiguió : 

— He sorprendido el gran misterio que habían 
descubierto los antiguos derviches de mi país y 
(ni" fué luego perdido cuando a él llegó la raza 
maldita de los con(pnstadores : las i)icdras ])re- 
c'osas tienen un espíritu. ¿Xo ha oído usted con- 
tar que cierta clase de esmeraldas envejecen con 
el tiemmt. tornándose blancas? ; Xo ha leído us- 
ted alguna vez que el topacio llora lágrimas ca- 
lientes? ;Xo conoce usted el aereolito de la 
Kaabab tuie veneran los musulmanes y que ha- 
biendo sido blanco en su origen se ha convertido 
en negro por los pecados de los hombres? ¿ Xo 
ha escuchado usted nunca la leyenda de la roca 
del inca Manco Capac que al ser volcada sacri- 
legamente por éste dio vida de su seno a un 
p'inaga'lo que fué a anidarse en el seno de otra 
roca. ; Ah, amigo mío! La inepcia intelectual del 
hombre, su orgullo vano, le hace reir de muchas 
co.^as que no entiende, que juzga estúpidas o su- 
persticiosas. Y así él mismo se ha cerrado el gran 
libro de la verdad. FJ fetichismo, que se ense- 
ñoreó de todos los hombres primitivos y de los 
grandes pueblos antiíriuis. tiene un fondo de ver- 
dad esencial une la sabiduría del hombre moderno 
no ha entendido. KI alma de lo? antiguos, sencilla, 
ingenua, desprovista de las especulaciones de los 
modernos, era una gran alma adivinatoria, por- 
que estaba en más íntimo contacto con la natu- 
raleza. Kl fetichismo, como religión, fué un ab- 
surdo; pero su verdad fundamental no puede ser 
destruida por nadie. ; Xo le dice a usted nada la 
fuerza de atracción de los imanes? ,;Qué es ese 
fluido extraño de luia i>iedra bruta y tosca para 
atraer el acero? ,;Y qué me dice usted de los 
betylos. de que nos habla el m'ismo Plinio. con- 
sagrados por los griegos. — esos mismos betylos 
(Mic constituyen las siete piedras negras del templo 
Krck, en Caldea, que tienen una leve palpitación 
y un suave calor interior como de corazones vi- 
vos? ; Qué le parece a usted la virtud del amianto 
para resistir la acción del fuego, que nadie resi.ste 
sobre la tierra? ;qué. la virtud de las perlas que 
sufren como mujeres? ;qué. la virtud del ópalí) 
que atrae la desgracia como un ananké? Sí, amigo 
mío: las jiiedras tienen un espíritu que nosotros 
no cí^nprcndemos. que rechazamos porque no lo 
píídcmos concebir... 

Fntonces. irguiéndosc. con una exaltación ma- 
yor, agregó Saale: 

— Pues bien : yo he logrado despertar esas al- 
mas dormidas: y he logrado algo más extraño 
aún... ¡oh. .muy rudimentariamente, es cierto!... 
pero lo he logrado. ;Le agradaría a usted sa- 
berlo? 

Yo empezaba a estar intranquilo oyendo hablar 
así al extraño viejo. Él, sin percatarse de ello, 
continuó entonces: 

— He h^grado convertir las piedras preciosas 
eir insectos vivos, despe-rtando el espíritu que 
duerme en el seno de la roca. Por medio de e.se 
licor que bulle allí, en ese alambinue. despierto 
esas almas, niodífico la composición química de 
esas piedras silíceas, transforino los estractus en 
células, dov vida animal a los óxidos metálicos, 
convierto los colores de las piedras en los es- 
maltes policromos (pie refnÜgcn sobre la capa- 
razón, las alas y los élitros de los insectos. ¡Y 
(pié maravillas obtengo cuando ataco química- 
mente, con mayor o menor intensidad, los óxidos 



— SELECTA — 



(le plomo, las sales de ci>hre. los silicatos de a'ú- 
hiiiia que informan esas ¡¡iedras! ¡ lüitonces yo. 
Saale, o minino cjiu' el Creador, creo los insectos 
que anhe'o ver refuljíir Itajo la hiz del día, entre 
los árho'es del hos(iue y los parterres de los jar- 
dines! Del verde de nna esint-ralda creo nna Cin- 
eiiiela (lue parece mía brizna de hierba fuljín- 
rante iluminada i>or nna luz interior; dtd rojo de 
un rubí huno im Ivstafilino de esos que jmlulan 
en ios bos(|ues con sus alitas timas en sans^re ; del 
aniaril'o do im topacicí obtenjío un Hidroporo, esa 
especie curiosa del lago salino de Mansfeld. Con 
dosis sabias y rebuscadas, he ínfundidii vida a 
líMlas las pietlras ¡ireciosas : al záfiro, azul como 
nn cielo de Xápoles; al rubí, rojo como la en- 
traña de una gacela; al topacio, amarillo como 
una brizna de sol : a la amatista, violácea como nn 
crepi'tsculo ; a la periclasa, gris como una niebla 
aniárlica : al jacinti). amarillo verdoso como una 
playa submarina; a la esmeralda, verde como 
una pradera en flor; a la cimofana, aceituna 
como el cutis de una mujer árabe; al granate. 
C(dor de siena como los (leiirios de -Xerón ; a la 
turquesa, celesle como una noche de Uuksor ; al 



ojos; me exigió luego (|uc lo paljiara. (|ue hiciera 
lucir sus luces, que lo analizara Inen. Después, 
como un demente, cogió de un estante una pe(|ue- 
ñila re<lomá, llena de un liquido inco'oro. y ;e 
aprestó a verter una gola sobre la inanimada pie- 
dra. Vo le miraba en >uspenso, dudando dei mi- 
lagro, pero, malgrado mío. ¡iresiníieiido algo fa- 
bnlosit y desctmcertante. 

— Ahora verá usted, ahora verá, — repetía il 
viejo Saalc, los ojos chis])eantes, revueltas las 
Iiarbas; temb'orosas las manos: — ahora verá 
e-te' topacio transformarse en un extraordinario 
Teleforo, en uno de esos gusanillos amariilos que 
caen en invierno, con las primeras lluvias, en ei 
Rhiii. en Hungría, en Succia... Ahora verá. 

Una gotita minúscula aparwió en el cuello del 
frasco, tembló un instante en su borde, se alargó, 
se estiró, se desprendió al fin, cayendo sobre a 
piedra <iue Saale conservaba enire el índice y el 
pulgar de su mano izípiierda. ^' fué aquel, para 
mí, un instante de espectación angustiosa. ¿Se- 
ria verdad lo que afirmaba el viejo? ,;!ba a con- 
vertirse el topacio en un insecto vivo? ;0 el fra- 
caso del experimentfí me revelaría <pie el pobre 



ágata roja. Adoba: ágata verde. Ornilópicro • 
ágata marnMi. Altacc». . . 

\"o esperaba, petrificado. i*il mundo Iiabía luiido 
para mí. Toda mi vida estaba rectniceiUrada en 
mis ojos. N" de pronto, las pie^Iras preciosas cm- 
pt'zarcm a temblar, a modificar sus form:.s. a 
distribuir sus colores, combinando io> unos con 
los otros. I\ra un hormiguer.i d.- vi'la ; una puru- 
iación de gusanos, im <lesiiertar de larvas, una 
iluminación de chispas policromas. .M fin. brus- 
camente, como en un prodigio, surgiero:! los in- 
sectrts. ¡Si! Allí estaba el Clorion. con su cabeza 
(le un magnificii verde dorado con rebordes azu- 
les, el coselete de un azni inlen-o y las a'.as Si-ini- 
iranspareiites de un tinte rojizo. Allí estaba la 
Mutila europea, con su tórax de contornos cua- 
drangularcs (K- un carmín violento y su abtlomeu 
negro estriado de fajas de un amarillo de orin 
])áli<lü. AVÁ estaba la Cigarra amiga, con su mag- 
nífico color negro, su dorso y collados de! ab- 
doiuen amarillos, los bordes de las alas blancos 
\ los nervios rojos como estri;is «K- sangre. .Mlí 
e-iali;i !a Avispa, negra y amarilla: y al i estaban. 
vn fin. evinió ágatas a'ada-, las vNtraordinarias 



O o 



o o 



í^lkk&sSM 



i; ^t.'''Lí^¡ 







O O 



ó]talo. MUiltieolor ccmio el estallido de un bólido; 
— y de estas piedras centelleantes y mágicas he 
lUgado a obtener el Cárabo tjue babricius deno- 
minaba "carabus geniatus '',. el animalil'lo que 
escintila los fneg(»s de las ])iedras preciosas ; el 
Calost)ma sycophanta, <le un azul metálico in- 
tenso, con esma-Ites rojos y dorados en los éli- 
tros; el magnífico Filonto, de un color de 
bronce : el Anthias. negro con manchas blancas, 
címio una noche estrellada ; el Odacantos luela- 
nuros, verde como las aguas de nn estanque cua- 
jadas de lotos: el Oxíporo. rojo y negro como un 
delirio; el Atagcuo, cristalino como un diamante; 
el Geótrupos, negro como el antro de la Muerte, 
y en fin, la infinita variedad de los Coprólagos, 
multicolores y cambiantes, que usted ve en los 
dias de sol volar entre las flores como un diluvio 
de pedacitos de nácar. ¡ Soy un Creador, un ver- 
dadero Creador, yo, yo, yo, el viejo Saale ! 

Me puse en pie. convencidísinio (lue me las 
había con un loco. Mntonccs él. adivinando mis 
l)ensamíentos. con una gran excitación nerviosa, 
gritó : 

— ¿Usted no me cree? ¿u.stcd duda del equili- 
brio de mi razón? V bien, aguarde usted; ahora 
verá. 

Febrilmente, con gestos descompuestos, había 
abierto ya su caja. Sus dedos huesosos y largos 
revolvieron un instante las piedras y sacaron al 
fin un topacio hermosísimo. T,o puso aiUe mis 

Dibujos de Sani^na. 



hombre tenia alterailas sus facultades nuniaie< y 
todo ello no era otra cosa que alierraeionv^ de >u 
imaginación ? 

Súbitamente el corazón me (lió un vuelco. Mis 
ojos, clavados sobre la piedra creyeron soñar. 
Imi mi garganta hubo nn gemido de admiración. 
Allí, entre los dedos rígidos del viejo, el topacii> 
oscilaba, parecía balancearse con los movimieiUos 
torpes de un aprisionado insecto. Después, len- 
tamente, el topacio, que ya no era un loi)acio. sino 
mío de esos "gusanos de la nieve *'. empezó a tre- 
par por la mano de Saale. Kra como una larva 
de ámbar animada, ondulante. atercio])elada. ¡(pié 
vivía! 

Saale exultaba, radiante. Di j érase tpie estaba 
ebrio de felicidad. Pronunciaba frases incoheren- 
tes ; lanzaba interjecciones guturales extrañísi- 
mas. Pero ya se había vuelto hacia la caja y sa- 
cado de ella varias piedras más: un záfiro, un 
rubí, una obsidiana, un carbunclo y diversas ága- 
tas. ^', con frenesí creciente, como poseído de 
una locura creadora incontenible, cogió en los 
anaqueles cinco o seis frascos y empezó a verter 
sobre aquéllas, diminutas gotas de licor, mez- 
clando y combinando las dosis, gra<luando la in- 
tensidad de los reactivos con la seguridad de! que 
busca tina cosa determinada y quiere obtener es- 
pecies maravillosas y únicas. ^' murmuraba : 

— Záfiro. Clorion; rubí, iMutüa ; obsidiana. Ci- 
garra ; carbunclíi, Avi.spa ; ágata azul. Morfo ; 



i-.t.iurt-i'tíi.^">;t< 



mariposas, de colores nuihiples. de dibujos sor- 
prendentes, de extraordinarios caprichos, recor- 
tarlas en triángulo, en óvalo y en elipsis, confun- 
diendo vn el batir de sus alas sus nianclia> azu- 
les, rojas, verdes, negras, amarillas, como un 
rvvuelo de flores aladas, como una dislocación 
del arco - iris (pie cayera en ])e(íazi)S sobre la 
tierra. 

1-11 viejo Saale dejó entinices sus frascos y vino 
a ponerme una mano sobre el liombro. Tuve un 
brusco soI)resa!to. como ipiien \uelvt.' de un sueño 
maravilloso. 

— ^' asi. para dar vida a estos insectos, he ido 
derrochando mi fortuna. Ahora, cuando concluya 
esta reserva de piedras preciosas, seré un pobre, 
un miserable que tendré (pie mendigar nn jK'dazo 
de pan por los caminos. 

Xo sé que contesté a aquel hombre extraor- 
dinario. Estaba completamente aturdido. Creíame 
sujeto a una fantástica alucinación. Al fin. me 
despedí del viejo, para partir. 

Ibame ya. cuando la última frase de Saale se 
clavó en mí corazón como un dardo de acero: 

— \'aya usted. i)oeta. Xo me desagrada haberle 
revelado mi secreto a nn liombre que, como yo mi 
fortuna, arroja al mundo los tesoros de su es- 
l)íritu y las claridades de su cerebro. \'aya us- 
ted, joven. 

\' a(iuella noche conocí la tristeza más honda 
de mi vida. 

V'ícToK I'kkkz Pi;Tir. 



SELECTA — 



O Garden 

Part: 



Legaciói 

Argentina 



EL anilneiuc no podía ser más amable; la 
ilecoración más hermosa. 
Uos amplios jardines de la I.csación 
Argentina son unos de los más bellos de 
Montevideo. .\llí el trabajo de muchos años ha 
acumulado infinidad de plantas de toda índole, las 
que. prolijamente cuidadas ofrecen todo su en- 
canto de co'or y perfume. 

Xunca mejor escenario que este, pudo ser ele- 
gido para la celebración de un Carden Party ; 
delicioso espacio que la amabilida<l exquisita del 
señor Ministro de la .argentina, doctor Estrada, 
puso a disposición de la Comisión <le Damas or- 
ganizadora de esta fiesta, cuyos nobles fines son 
de todos conocidos. 

Un amli.oite encantador, una amable invitación 
al descanso bajo los árboles frondosos, idelieados 
rincones en medio de hojas y flores. En sitio 
tan encantador habían sido distribuidas las me- 
sitas donde se serviría el te, el detalle más ele.ííante 
de la fiesta. 

La Comisión de señoras y señoritas no se ha- 
bía dado punto <le reiioso en la organización 
de este festival. Eormalian en esa Comisión eje- 
cutiva y de propaganda, las señoras y las seño- 
ritas: :3^ 

María EUna Estrada de Casaravilla, Matilde 
Erias de Xin. .\malia Saavedra de Supervielle. 
Erancisca Eacaze de Ponce de León, Sara Eer- 
nández de Regules, Sara Castellanos de Sosa 
Días. Elisa García de Zúñiga ^le Ortiz de Taranco. 
Leonor Cachón <le Correa, Delia Castellanos de 
Etcheparc. María Zorrilla <le San Martín de 




Señora Orejuela de Montero Bustamante, de Bares, Cata, Sienra y Señoritas ¿e Nin Frías y Garese 



Montero Bustamante. Rosario Estrada de Es- 
trada. Ro.sa Blanca Mas de .4yala de Milans. 
Isolina Eastman <le Vidal Bello. Amelia Alvarez 
de Mezzera, Dolores Piccardi de Caprüe, Blanca 
Hughes de Blanco Wílson, Consuelo Alvarez de 
1, ásala, Erna Castellanos de Sánchez, Amelia 
\'aeza <le Márquez, Maruja Blanco de Mendila- 
harsu, Adela Herrera de Gi^tiérrez, Josefina 
Cibils de Brito del Pino, Berta Acosta y Lara de 
Ponce de León, María Eugenia Reyes Lereua de 
Regules, .'Adelina E.spalter de Falcao, Sofía Mar- 
líarita Crosa <le Peixoto, Isabel Morales íle Gon- 
zález Capurro, Carmen Lasala de Peixoto. 

Julia Isabel Xin Frías. .Ali<:ia y María Elisa 
ülaon<lo Diaz. María Teresa Clara y Adela Es- 
trada. Isabel y María Esther Saavedra, Sara y 
María Celia Regules, Sara B.anco .Acevcdo, Geor- 
giiia y .Adela Sosa Días Castellanos, María Inés 
de Arteaga, María Esther Roosen Regalía, María 
Cristina y María Josefina Ponce de León, Erna 
Piera Muñoz, Malvina Vidiella Horne, Berta 
Ruano Zubillaga, Cerina Morales Berro. Esther 
e Isabel Milburn Aguirre, Paz Steward Vargas. 
Mangacha y Lola Benzano, Ema y Consuelo 
Martínez .\rholeya, lílvira Xin Vidiella, Olga y 




Carmen Portillo Díaz, María .Antonieta y Sara 
Caprüe. María Falcao líspalter, María Ivlena y 
María .Angélica Márquez Maza, .\melia Máríiuez 
Vaeza, María y Matilde Sienra .Xrías, Erna Sán- 
chez Castellanos, Clara Orueta, Esther y Zel- 
inira Casaravilla Estrada, María Teresa Sangui- 
netti García Lagos, Corina Seré Rucker, Celia 
Peixoto, María Eáthcr y Olga de Viana Urtubcy, 
Camila y María Celia Arias Sienra, Elisa c Isabel 
Ortiz de Taranco. Elena y .Amanda Dufort y 
.Alvarez. Laura y Sofía Wílson Castellanos, .Ame- 
lia y Margarita Bel fot Carril, Meréceles González 
Morales, Josefina Brito del Pino Cibils. 

^' cuantío todos los preparativos hacían presu- 
mir el más brillante é.xito, cuando se tenía la 
promesa de asistencia de todo nuestro mundo ' 
más elegante, el tiempo 'desbarató propósitos y 
quitó a la fiesta lucimiento. 

El día se presentó con un cariz amenazador. 
Llovió un poco y ante estos amagos, la gente 
se <lesanimó y hubo de retraerse, priván<lose 
muy a su pesar de una reunión que hul)iera sido 
la nota social más brillante de las realizadas al 
aire libre en este final de temporada. 

Sin embargo, el Carden Party se realizó y 
un grupo selecto hizo acto de presencia en los 
jardines de la Legación .Argentina, desarrollán- 
dose el programa trazado de antemano. 

La nota bulliciosa, alegre, nota de vida in- 
tensa, la dieron los niilos. que en número cré- 
enlo hicieron acto de presencia en la fiesta. 

En competencia deliciosa con los pajaríllos. se 
diseminaron los pequeños en todo el ámbito del. 
jardín y sus cabelleras rubias o negras, su.s ros- 
tros sonrientes, sus juegos, sus risas, dierotí ani- 
luación a la fiesta, y esta inusitada intervencióit 
infantil fué un triunfante contraste al cielo gris, 
tempestuoso, amenazador. 

Los diversos juegos organizados por la Comi- 
sión dol Carden Party tuvieron asiduos concu- 
rrentes durante toda la tarde y nunca ante tales 
preparativos y ante la correcta organización de 
este festival, pudo lamentarse bastante que el 
tiempo no hubiera colaborado también en el éxito 
de esta reunión. 



Señoritas Mangactia y Lola Benzano, Nin Vidiella, Amelia Beliort y Nin Frías 





Kra c-stc salón el más concurrido dc-sdc antes 
(k- llevar ese apellido la señorita Sánchez, que 
fué igualmente señora de Thompson, tres nom-_ 
bres distintos y una sola verdadera. Fué tam- 
bién el más largo, no sólo por sus trece varas de 
longitud y seis de ancho, en el que llegaron a 
bailar sesenta parejas a la vez, sino porque 
reunió lo más selecto de la sociedad argentina. 
Desde antes de 1806 hasta después de 1866, en 
largo me<lio siglo, con breves interrupciones, 
jiasó por él cuanto de notable llegaba al país. 
Tan consecuentes fueron sus comensales, que 
todavía en esta última fecha concurrían, treinta 
años ha. algunos de la juventud elegante de 1837. 

Va el año de la reconquista se reunían en torno 
a la mesa de malilla las bellezas de su tiempo, 
rodeando al virrey de la victoria, general \a- 
niers. y codeándose Pueyrredón. Sáenz Valiente. 
Sarratea, l.ezica. líscalada y Almagro con líe- 
rresford y sus ayudantes, (pie hallaban en tan 
amable sociedad lenitivo a sus breves horas <le 
¡írisión. 

Xt> fueron meras sonrisas de trivialidad, efi- 
niera galanteria o crítica <le modas lo (pie en 
csf ambiente de tolerancia y cultura .se desarro- 
llaba. 

lüitre dos amables cortesías. San Martín com- 
binaba con el mayor Alvear el color del uni- 
íítrme y el ecpiipo del " reiíimieiito de granade- 
ros ". que anil)os organizaban, entrando allí al 
i»asar para el cuartel del Ketiro ( 1812) : como 
IxivadaCia. en otro ángulo del salón, daba los 
últimos t(K|ues al "Reglamento de la Socieda<l 
de beneficencia" (1822). y en 1826. el almi- 
rante P>ro\vn ofrecía al general Ualcarce bautizar 
con su Uimibrc el hnque más velero de la es- 
cuadra, en recuerdo de! (pie firmó el parte de 
nuestra primera victoria. Mientras señoritas y 
cabañeros flirteaban en la danza, la- amalVe 
dueña de casa dábase tiempo para secuestrarse 
breves momentos en el aposento de sus secretos 
y trazar con la velocidad de su pensamiento pá- 
innas (pie han (piedado hasta nuestros días pal- 
pitantes de sentimiento patrio. 
*»* 

Delgada, de baia estatura, no llegó a ser una 
belleza, al par de la de sus hijas y nietas, re- 
marcables tipos de esbeltez, sobresaliendo, sí. por 
.Miuélla otra más durable belleza de la inteligen- 
cia. C(mio lo comprueba su atracción, rodeada 
de todo In más distinguido, y por .su gran cora- 
zón y obra'í de beneficencia, que en pos de si 
ha deiado. Sn fina educación, desde los primi- 
tivos tiempos de la patria vieja, le hacía descollar, 
así en su fácil expresión en diversos idiomas, 
cual por sn habilidad en el clave, el arpa y el 
eanto. De sn i'uslraci(>n como escritora dejan 
muestra numerosos ílocnmentos en el archivo de 
la Sociedad de Beneficencia. Kl general Cuido la 
eoiTii)ara en sus cartas a ^fadamc Récamier. y el 
poeta Kcheverria, oyéndola canrar al arpa sus 
jioesías. en música de F.snaola. la denominaba 
la Corina del Píata. 

Kn una de esas tertulias, desunes de encar- 
gada la sociedad del Colegio de TTuérfanas. tuvo 
ocasión íle escapar a sn saloncito para escribir, 
entre dos rigodones, la siguiente plegaria: "Ora- 
ción que se enseñará a los niños expósitos. — 
Padre nuestro que estás en los cielos, tú eres 
nuestro sólo Padre. ; porque los que nos dieron 
el ser nos han abandonado y arrojado al mundo 
sin guía ni amparo ! Ko los castigues. Señor, por 
esta culpa ; pero dadnos resignación para sopor- 
tar nuestra orfandad. No permitas que cuando 
nuestra razón se desarrolle, sintamos odio y 
rencor contra los autores de nuestra desgracia : 
(Uie ella nos sirva de eiemplo para no imitarlos: 
dadnos. Señor, entendimiento para aprender, a 
fin de que podamos adquirir con nuestro trabajo 
nuestra subsistencia. Haznos humildes, pues ten- 
dremos tantos motivos para que nuestro amor 
propio sea irritado; dadnos un juicio recto para 
sabernos conducir; no nos abandone jamás tu 
misericordia; inspira caridad a los corazones (pie 
nos protejan para que no se cansen de nasotros, 
y ¡ haznos. Señor, dignos de tu gloria ! '*. 

La sociedad elegante de entonces, como al pre- 
sente y en todo tiempo, siempre ha sido dispen- 
diosa. Aunque en los tiempos que tradicionamos, 
al chocolate de la tertulia no seguía la mesa car- 





gada de flores y frutas, ni la muda actual del 
nuevo traje por noche, ya bahía empezadti a 
venderse en solares la gran manzana de esta he- 
redera que limitaban las calles Cangallo, San 
Martín. Cuyo y Florida, por sólo catorce mil. la 
Quinta con lagares y esclavos, y posteriormente 
en diversos lotes, h)s terrenos de San Isidro, 
excepto el contiguo al que habitara (lioy pro- 
piedad de la sucesión Gramajo), que regalo a 
una de sus íntimas p^ra tenerla más vecina. 

La casa que describimos a continuación, de 
tres altas ventanas con rejas (aparecÍen<lo como 
en alto), abría su ancha puerta bajo el núm,eni (>8 
de la calle Florida (hoy -73). y subiendo sus 
cinco escalones de mármol, daba enlrad:i al patio. 
Por la primera puerta de la derecha inlrodncíase 
al gran saUín, tapizados sus muros de ri( piísimo 
damasco de seda- l'.n medio del techo de eS] te- 
jos, enmarcados en espléndido maderaje. iK-ndia 
mía riíiuísima araña de plata. \ l.'i gr.iu ebinuiua 
francesa en el centro había ya sustituirlo las an- 
tiguas copas de bronce con fuego. Muebles de 
brocado amarillo, bajo cortinaje de lo misnic». com- 
pletaban su mobiliario: hacia el testero ojuiotí» 
al alto estrado, el ama y el clavicordio, donde 
ensayó el maestro Parera la música del Himno 
Xacional. h'loreros y zahnmadi>res en las es- 
(piinas. y sobre mesilas o consolas de pie de 
cabra, a'tos espejos venecianos con plateados mar- 
cos de lo iTiismo. 

Suntuoso era el aspecto de aquel salón donde 
baila!>aii la contrarlanza. el minué, la polka de va- 
riadas fiíruras. en que se lucia el i)iececito sobre 
medias finísimas caladas, o bordadas de oro o 
acero, zapatitos de raso negro can atacados, el 
traie .sobre el tobillo, muy tirante la pollera, el 
talle corto lo mismo, de dos mangas anchas, 
peinetones y nei?iado de bucles. 

Kn medio de aquel ondulante jardín de bellezas, 
destacábase en su salón color de oro. elegante y 
coquetona, la señora de la casa con sn es])léndido 
collar de perlas, pero de menos reflejos <pie sus 
pequeños ojos vivísimos; sumamente graciosa y 
atrayente. derramando sprit y gracia su ingenio 
lan movible como su nersonita. teniendo una 
pa'abra amable para cada uno. 
*♦+ 

Hace más de treinta años, una de las últimas 
veces fpie tuvimos el gusto de verla, la encon- 
tramos, limitando por l'Vancia e Inglaterra, es 
decir, entre sus representantes. .\c<nn])añando 
nuestro buen padre a felicitarla en el arribo de 
su hijo, don Juan Thompson, referíamos al ilustre 
poeta cómo un año antes instalamos en la capital 
de Corrientes la Redacción de " F.l Xacionaüsta ". 
en la misma casa de las señores Berón de As- 
trada, donde veinte años atrás había él fundartií 
otro periódico liberal, órgano de la cruzada li- 
bertadora del ejército de LavaÜe. La animación 
que resurgía en el patriota tales recuerdos fué 
interrumpida, al interrogar el contraalmirante 
francés : 

— Madama ,;cómo usted, tan amante de todo 
!o que es francés, y esposa de uno de sus repre- 
sentantes, no ha llegado en sus viajes a l'rancia? 

— Por el canto de esta uña — contestó con 
gracia. 

— N'ü comprendo, señora. Tan distante de ésta 
mi tierra, y tan cortas que usan aquí las uñas... 

— Ahí verá uste<l, señor contraalmirante. Cuando 
en vísperas del ^bloqueo francés empezó a ser mal 
visto mi esposo, cónsul general, tuvo (pie salir 
para Francia, Acreciendo sus dolencias, menos 
por obligación que por cariño, creí deber ir a 
cuidarle. Mis hijas estaban ya casadas, mi Juan 
no podía volver al país, declarado salvaje unitario. 



ITh^Ujíe-i^'Z^á^ 



;OiK- li- iiari'Cf, scfior conlraalmiraincr N<i sii-nclu 
francés idioma |iam]ia ,;lc pronuncia miiy mal 
cstv salvaje de ella? 

— ;()li. -Madama! Salvajes con la ilustraciiin 
de Mr. Thompson, tan merecidamciUe reputado 
hombre de letras, coiliciáriamos nuichos en 
l'rancia. 

— Bien ; en ese más prolongado eclipse de mis 
amibos. aun<pie mi-drosa para el mar. decidj em- 
barcarme.. Hasta Montevideo fui bien, pero al lle- 
,^'ar a Río Janeiro, tan deshecha painperada azoto 
la barca <le ve!a que me conducta. <)ue no olis- 
tante llamarse "La ICsperanza". sin ésta que<lé de 
ver más a mis hijos. Pero al fin la espléiulida 
bahía de Kio Janeiri> tranipiilizó mi espíritu y el 
mar. Allí no iba tan mal. rodeada de la i)rimera 
s.>ciedad. en corte que damas y caballeros son tau 
;\mables y obsequiosos. Jóvenes como Uie^o .\1- 
vear. Posadas. Costa, la familia Kernet. Daniel. 
Carlos y Eduardo Cuido, me hicieron con sus 
aienciou'es y cuidados olvidar los sufrimientos de 
la tormenta. \\ día sitiuiente de uu baile de corte 
( todavía mi nieta hMoreucia guarda el vestido 
Clin el cual, del brazo del ministro arjíentino, jje- 
neral Gniílo. hice vís-avis al joven eni]>erador ), 
me invitarou para una merienda bajo la casca- 
diña en Tijuca. donde el marqués <le Caxías me 
ofreció una manzana, (|ue si no fué ja de l'.va. 
casi, casi fué la de uti perdición. Notando en 
sus rubicundos colores pi^iueña picadurita. rasgué 
un poco la corteza. ; (Juiéu le dice a ustedes i|ue 
amanecí con todo el ¡.ledo hiuchado. hinchazón 
(pie al se.iiuudo día avanzaba a la niano. y al ter- 
cero iior todo el brazo. , con agudos dolores! 
l'.ste secundo susto lue liízo reflexionar, y me 
dije: "¿Dónde vas, Marítpiita? ; \'uélvete ! ". Bien 
pudiera recaer o sor]irenílerme jírave enferme- 
dad, y en viaie tan !arj;o, acompañada sólo de 
tnia sirvienta de confianza, ito nic decidí a cru- 
zar el Océano. Recibí mejores noticias de lui 
marido, y el temor de un hogar que todavía po- 
día reliacer para mis nietas, me retornó a la 
jdaya natal. Xo recuerdo día de mayor satisfac- 
ción cmuo el (pie vídví a entrar en esta mi casita 
de la calle l'lorida. donde naci, he pagado ochenta 
años y espero acabar en ella, .^un para inorir. 
en parte alguna hállase uno mejor i|ue en el 
rinconcito de su propia casa,,. 
*** 

Nació con 'a aurora de este siglo íantiei|)án- 
dose a su siglo), en la casa que el señor Sán- 
chez Wlazco eilificó cieiuo veinticinco años ha. 
Iji el último invierno de la vida, al través de 
los cristales de su aposento, a los que le ajiroxi- 
maha su cariitosa l'lorencita, divisaba melanc<')li- 
cameute caer las hojas del decrépito naranjo, 
jdantaflo en el centro del ancho patio el <lía de 
sn nacimiento. .-\' tra\és de las rejas de esa ven- 
tana interior, era su postrera recreación su ver- 
dor y sus flores. Recordaba cómo le había dad< > 
sombra i>or toda la vida, y también los azahares 
de su velo de <lesposada. l'.Uas blaiupieaban ahora 
al pie del tronco (pie se curvaba ya hacia la 
tierra, semejando pálida mortaja iiróxima a cu- 
brir sus restos. Refería (|ue ni el sabio Bon- 
pland, ni Holemberg, ¡o.graran extirpar el hor- 
miguero criado en su tronco, sin olvidar las 
amenas pláticas que bajo el follaje coronado de 
doradas frutas distrajeron sus horas en distinias 
é]»ocas, con el mariscal Sa'Ua Cruz, el conde Ka- 
lenki. Mackau. el manpiés de Caxias y otras 
muchas celebridades, pues honrada había sido 
con la amistad de lodos !os notables \- hombre^ 
de letras ¡pie concurrieron a centro tan cu!to 
y agradable. 

L'na imaginación viva y abierta a tixlas las 
impresi(nies de lo bueno >■ de lo bidlo, indul.geii- 
cia notable y urbanidad exquisita daban a sn 
trato, a sus confidencias >■ a sus cartas cierto 
encanto que constituía el amable imperio vencido 
sobre su virtud. Por esto, el reloj que desde la 
chimenea de su alcoba marcó la hora de su 
muerte, había señalado muchas veces a Saave- 
dra, Belgrano, Rivadavia y Pueyrredón, a pre- 
sidentes, ministros y diplomáticos, la hora de sus 
tareas, rletenidos por su atrayente conversación. 
.\(piel reloj sigue parado en su i'tltima hora, y 
I doble coincidencia!, decrépito y carcomido, se- 
cándose el árlKjl plantado a su nacimiento, murió 
con sn dueña. 

P. Oblifido. 



' SCLCW I A ' 



tL PÑsmo 




mp/?tjmrt 



El distinguido caballero, don Alberto 
(■■i')niez Ruano, ha tenido la g^entileza de 
facilitarnos unas curiosas fotografías, 
las que forman parte de una historia 
gráfica — digámoslo así — de la edifica- 
ción en nuestro ¡¡ais. 

En esas fotografías han (|uedado fijadas 
las características de las puertas de las 
casas de la época del virreinato y de la 
Independencia. 







Puerta de construcción colonial, pero más decorada 
25 de Hayo, 229 



Puerta primitiva, calle Colón I42I 




En la parte superior: Puerta de la casa Piedras 562. 

Abajo: Puerta en la calle Piedras y Cerrito mostrando los 

primeros ventanillos 



En esa colección, adquirida paciente- 
mente por el señor (ii'miez Ruano, se 
])uede observar jjaso a i)aso la evolucii'm 
que las jiuertas de las casas de Montevi- 
ileo siguieron desde la época ])riinitiva 
liasta el momento actual, de refinamiento, 
de boato y de arte. 

En los interesantes apuntes con ipie el 
ilustrado caballero, don .Alberto (ii'nnez 
Ruano, acompaña esas fotografías, se re- 
cuerda el sistema de ])rinu'ra habitaciim 
utilizada por los que f^indaron la ciudad 
de Montevideo, sistema <|ue después fué 
usado en canii)aña hasta una época re- 
ciente, 

Xos referimos al " rancho '', levantado 
con ])¡edras sin argamasa y recubierto 
de cueros para evitar las filtraciones de la 
lluvia. 

En esas ])rimitivas habitaciones oficiaba 
de puerta, un cuero de vacuno, secado al 
sol y tendido ante la entrada del tugu- 
rio, sujetándolo de uno (le los extremos 
inferiores en ima estaca que se fijaba en 
el suelo. El otro extremo quedaba libre 
para dar paso. 

La;s |)rimeras ])uertas de madera fueron 
construidas toscamente por los españoles 
con talilones (lue se unían por medio de 
grandes remaches. Puertas sin tableros y 
sin más concesiones a la estética que tm 
ventanillo. Estas puertas se cerraban con 
])esadas trancas cruzadas de pared a pa- 
red en la Darte interior. 

Los tableros, los rudimentarios ador- 
nos, el medio punto y otros " lujos " apa- 
recieron después. 

En las fotografías que ])ublicanios, inie- 
den verse algunos ejemplares muy carac- 
terísticos y muy hermosos. 

La " rejilla " que se usó primero apa- 
rece en una de esas puertas, abarcando 
un esi)acio reducido. Era im ventañüio de 
grandes i)ro])ürciones construido en hie- 
rro forjado. 

El buen gusto fué imponiéndose len- 
tamente, a medida que la industria podía' 
desarrollar sus actividades y perfeccionar 
sus obras. 

Los remaches fueron disimulándose. 
Se comenzó a usar el encastre y en la 
época de la Independencia va existían en 
Montevideo casas que ostentaban puer- 
tas muy hermosas. 



J loy la edificacii'm ha progresado en 
nuestra capital de una manera asombrosa. 
Existen mansiones señoriales que mues- 
tran i)uertas calificadas como verdaderas 
obras de arte. La escultura en madera 
tiene en algunos ejemplares verdaderas 
maravillas, como tal [juede verse en la 
])uerta de la casa que pertenecii! al doctor 
Carlos de Castro y cuya fotografía publi- 
camos. 

En esta ))uert;i la ornamentacii'>n apa- 
rece severa, artística, ])rofusa y es una 
de las más bonitas ; modelo representa- 
tivo lie una época en que todavía el mo- 
dernismo no iiabia comenzado a hacer 
estragos. 

En la colección del señor Oinnez Ruano 
figuran también algunos modelos de ven- 
tanas coloniales. 

rublicamos dos que tienen verdadero 
carácter. 

En una de ellas se podrá notar una es- 
jiecie de corte en " chanfle " hecho en la 
pared y a los costados de la abertura. Ese 
corte tenía por objeto el poder tener, una 



íL 



^03:^ 




Puerta de la'casa en que vivió el g:e ne ral, Lav alie Jai^Z abala 1469 



— SELECTA — 




Casa de '^uíz Huidobro 
25 de Mayo y Cámaras 

]iíTS(in.'i qiK' fstal);i en t-l interior de l:i 
erisa, nn mayor eani])ü visual. 

Era útil ese " vicliadero ", pues no eran 
épocas aquéllas muy buenas como para 
facilitar una salida a la ventana en cuanto 
se oyera que llaniaban <tc fuera. 

El corte del canto de la pared servia 
en e;' caso no sólo para ver. sino tam- 
bién para dis])arar un " trabucazo " contra 
un posible enemigo que se apostara junto 
al muro, esperando que el incauto habi- 
tante de la casa asomara la cabeza tras 
los hierros de la ventana 

En los modelos c|ue se pueden ver en 
las fotografías, hay uno que está hecho 
por barras simples y t)tro que es de hie- 
rro forjado, con más preti'iisiones orna- 
mentales. 

i Oué diferencia enorme, qué rápido y 
magnífico avance ha realizado la edifi- 
cacii'in en nuestro ¡lais. desde a(piellos dias 
del coloniaje y ai'm de los comienzos de 
r.uestra era constitucional, hasta el dia 
de h<jy, en que -Montevideo ])uede enva- 
necerse de tener palacios de positivo mé- 
rito arquitectónico! 

Dos ejemjjlares de casas coloniales <la- 
mos también en esta información. Una de 
ellas fué famosa ])ürque a la altura de la 
cornisa tenia una imagen puesta en un 
nicho. .\ esa esquina le llamaban, la " es- 
quina del ánima " y en " Montevideo An- 
tiguo ". de don Isidoro De-.Maria. se habla 




Ventana con reja de hierro forjado, 
uno de los primeros lujos durante el coloniaje. 

ik' este detalle característico d.d -Monte\ i- 
deo de ayer, con alguna extensii'm. 

La otra casa perteneció a familias ¡¡rin- 



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Macícl Í4Í2 - La esquina del ánima, como ía denominaban nue tros abuelos 



Ventana de la casa Cerrito 636 ( Época del coloniaje ) 

cipales. Se hallaba ubicada en la esquina 
de lo que hoy son calles Juan Carlos d')- 
mcz y 25 de Mayo. La habití'i el (k)ber- 
nador Ruiz Huidobro, ba- 
jo cuya gobernaci<')n em- 
])ezi) a construirse el Ca- 
bildo, hoy transformado 
en Palacio Legislativo v 
Jefatura de Policía, otro 
verdadero monumento 
que nos legó la domina- 
ción española. El Cabildo 
tiene muros de un espe- 
sor que sorprende y te- 
chos abovedados ; una 
verdadera audacia de ar- 
quitectura para aquellos 
tiem])os. Está construido 
de piedra sillería, y llama 
aún hoy la atención por 
su estilo y la corrección 
de sus líneas, tan esbel- 
tas como vigorosas. 

La imprcsiiin <|ue deja 
el examen fie todas estas 



construcciones antiguas, es de que en 
aquellos tiempos todo era macizo, fuerte, 
levantado con la intencii'm de que perdu- 
rara a través de los siglos, cosas estas 
de las cuales hoy desgraciadamente no 
nos ocupamos mucho. 

El " ntorniamo all antico " tiene tam- 
bién aplicacicui en la forma de construir 
las puertas. 

Después de agotar todas las inventivas 
y de llegar a lo churrigueresco en la or- 
nanientacii'm de las puertas, hoy se ini- 
cia en lUienos Aires una tendencia a vol- 
ver a la sencillez colonial, al sistema de 
los tableros superpuestos, algunos de cu- 
yos ejem¡)lares damos en estas páginas. 

Xaturalmente que esa imitación uio- 
derna de las puertas antiguas, se ])resen- 
ta con refinamientos en la mano de obra 
y en la distribución arnuniíca de los sen- 
cillos y severos adornos. 

Pero el hecho es evidente: se vuelve .'i 
l(j antiguo y es precisamente en la vecina^ 
unlla en donde hau aparecido esos pri- 
meros ejemplares de ])uertas imitando a 
las usadas en tiem¡)o del coloniaje. 

Por nuestra parte hemos de declarar 
que nos place la vuelta de la moda a los 
modelos antiguos. V nos j)lace porque 
desjiués de llegar a todas las estorsiones 
del Inien gusto, poniendo en los edificios 
creaciones absurdas y antiestéticas, el 
volver a la solidez y severidad de aipiellos 
tableros coloniales, es una demostración 
de que lo no fundamentado en considera- 
ciones de razón y de arte, es efímero. 

De todos modos, en esta nuestra crí- 
tica suavísima, no ])retendemos involu- 
crar a las puertas modernas, construidas 
con un recto e inteligente criterio ar- 
tístico. 

También en las ventanas se inicia en 
Pílenos Aires una tendencia a la sencillez. 
V esta evolución es It'igica si nos detene- 
mos a contemplar hasta dí')nde se ha lle- 
gado en la presentaci<'in de hierros retor- 
cidos y afiligranados en esas ventanas úl- 
timo modelo ipie se exhil)en por ahí. dando 
])atente de suntuosidad. ])ero no de buen 
gusto a los edificios. 

El. Ckonisia. 




Hermosa puerta moderna, de la casa que perteneció 
al doctor Carlos de Castro 



— SELECTA — 





LOS poetas (le este hemisferio no pueden 
hablar de la ya establecida melancolía del 
otoño, (le la tristeza (le los ambientes gri- 
ses, del splin que emana de los paisajes 
indecisos, <le los horizontes nebulosos, de la infi- 
nita tristeza que lo envuelve todo, como si lo dilu- 
yera, lo esfumara, lo preparara a morir. 

No i)ue(len los poetas de este hemisferio y en 
nuestra latitud, suspirar en tono otoñal, porque el 
otoño es aquí una deliciosa estación y aunque 
])arezca una paradoja o un disparate, nucstr;) 
otoño es nuestra ])rim.ivcra. 

Cielos azules, profunda y limpiídamcnte azules : 
crepúsculos en (pie la luz realiza mcreibles mara- 
villas de arrebol ; ambientes amables, con tem])e- 
ratura deliciosa, (|ue diríase artificial y cuidadosa- 
mente graduada para hacerla uniforme... 

V también flores, las últimas flores, las últi- 
mas maravillas de los jardines, las postreras co- 
rolas, cuya frescura y coloraci(')n no marchita el 
sol ardiente. 

En un alarde de vida, hasta las hojas siguen en- 
galanando a lus árl)olcs, y siMo allá por los co- 
mienzos del invierno, se marchitan y caen arran- 
cadas por las primeras ráfagas heladas. 

Nuestro otoño no fuera o no pareciera tal, si 
las mujeres - — fijándose más en el calendario que 
en una necesidad de abrigo — no lucieran las pri- 
meras pieles, los primeros niíjdelos de ta])ados. 
los paños de los trajes que forman pesados plie- 
gues, ocultando esbelteces y dando a las siluetas 
rigidez de figurines. 

De esta suerte, el otoño nos quita un recreo 
])ara nuestros ojos ávidos <le 1)elleza. de belleza 
siempre renovada, que bien |)ue<len nuestras mu- 
jeres i)ro|)orcionar una infinita sucesi(')n de emo- 
ciones estéticas, a cual más intensa, a cual más 
grata. 

Con la llegada de la estaci<')n amable e! mundo 
elegante vuelve a la ciudad, y todos se ])reparan 
a gustar de los delicadas encantos de las reunio- 
nes íntimas, de los saraos y de las grandes fiesta.-. 

Los tfatros acUpiieren nueva vida. Suenan los 
nombres de los artistas más famosos, promisores 
de magnificas veladas de arte y de distinción, y 
hay en todas las actividades sociales un como 
afán (le renovación, y también un sentimiento 
de unidad, de selección, (|uizá como consecuencia 
(le la libre pluralidad que caracteriza la vida bal- 
nearia, la vida al aire libre, en amplios esi)acios 
que exigen mayor cantidad de gente, ante el mar, 
ante los horizontes inmensos, bajo la bóveda del 
cielo (|ue a todo empequeñece. 

Sea l)ien venido el otoño, la estaci(ín que pre- 
viene dulcemente contra las inclemencias del in- 
vierno. 

En los hogares se inician actividades, se forjan 
])royectos, se vuelve a ellos con un anhelo de 
intimidad, de caricia, de amor a lo muy querido 
que en ellos se ha dejado, y (pie nos acoge con 
un afecto que no es i\iás cpie el reflejo del nues- 
tro, muy hondo y muy intenso puesto en ellos. 

Nos aguarda el salón con sus suntuosidades, con 
sus muebles amplios y prí'xligos en incitacione.i 
al reposo, a la meditación o al ocio ; nos aguarda 
el comedor con sus coiTiü(li<lades, más de una vez 
echadas de menos en los comedores de estableci- 
mientos balnearios : nos aguarda la alcoba, rinc(')n 
de íntimo halago, donde todos los objetos cobran 
fuerza de expresión tan viva que los saludamos 
como a seres queridos y fieles ; nos aguarda la es- 
tufa, el piano, el cuadro hermoso, la estatua, el 
hiscuit. y como una matrona severa, de consejo, de 
experiencia y de verdad, también nos aguarda la 
biblioteca. . . 



¡Otoño amable, bien venido seas! 



Es.MO.Ml, 



SELECTA — 



Sí\ 




MANUEL SALVAT 
Director de la compañía que actúa en Solis. 



Teatros 
y 




lin fsla nuestra primera páj^iiia. (icdicada a lus 
especláculos, no podronios decir nuiclio, i)orque 
mucho no hay, poro lo poco que diromos sorá 
para elogiar lo que de bueno actúa en nuestru> 
escenarios. 

La nota más intensa de arle, en lo que va de 
la temporada teatral, la ha dado !a c<>ni])añia dra- 
mática española de Manuel Salvat. 

Con un criterio artístico i;erfectameute <lel i- 
nido, con una sana orientación en lo que a la mi- 
sión del teatro dramático se refiere y contando con 
elementos excelentes. Salvat ha realiza<lü un es- 
fuerzo a que no estábamos Jiabituados en este 
país. 

Vale decir: Salvat ha ctmseguido mantener 
una larga tem])ürada de dramas y comedias, pro- 
'ongación de actividades ésta (lue hasta ahora 
no habían podido alcanzar sino las compañías de 
génerii chico y alguna que otra de las compañia> 
nacionales que de cuando en cuando actúan at|ui. 




ROGELIO JU\REZ 

Que debutó con cxito en el Urquiza 



I 



l-".n la temporada de Sal- 
val hemos ])oc!ido ver cs- 
peclácidos muy buenos, al- 
gunos soiiresalientes y he- 
mos constatado esfuerzos 
tan dignos de elogio como 
liis (|ue significan volver 
al cartel jnyas de la cate- 
goría de '' La \'iila es sue- 
ño '* y '' l'.l castigo sin 
venganza 

Tuvo sin emijargo Sal- 
vat algunas eqn. vocaciones, 
tales 4:omo ' ' \'.] verdugo 
de Sevilla ' \' ' ' La seño- 
rita Tre\"elez , pero estos 
errores nt) pueden ser nuiy 
>ena!ad()s puesto (¡ue en 
.general sus esijcctáculos 
t nerón acertados. 

Juntí) a Salvat. que es 
además de un concienzudo 
director de escena, tni ac- 
tor eorrecnsnno y sevcrt). 

figura en primera línea 
la actriz Concepción Olo- 
na, gran tem])eramenlo de 
inlérprete, inteligencia su- 
perior manifestada en 
obras como "La Malcpie- 
rida ". de Henavente, con 




una pujanza exlraordina- 
ria. La señora Ülona es sin 
<lisputa. una de las actrice-- 
españ<)ías más completas 
(pie actúan hoy y esta afir- 
maíción podemos hacerla 
bien a conciencia dado que 
por los e>ccnanos monte\ i- 
deanos han desfilatlo tí)das 
las artistas que ho\ domi- 
nan en el teatro draTuatien 
es])ai)o!. 

Del elenco (pie pre>en- 
ta SaKat se disíingue tam- 
bién la señorita Joseínia 
Meliá, una actriz <U' una 
(builidad apreciablo. siem- 
pre justa en sus caracteri- 
zaciones, muy estudii'sa. de 
amplio criterit). inleligenle 
y com]>rensiva. 

La señorita Clona tam- 
l)ién es otro de los elemen- 
tos que en 'a compañía 
hri'lan con luz jiropia. ^' en 

e-ta oportunidad tvc< -rt-la- 
remos con \*er(ladera eom- 
])lacLMicia su actuacióp. eu 
■ ' Marianela ' * interjjretan- 
<Io el rol de Celipin. 

\\. actor \'ehil es (piien 




W -^ J^ 



;OSEFINA MELIÁ 

Aplaudida actriz de SoIís 



i 



con más talento secunda a Salvat en su nobilí- 
sinia labor de ofrecernos espectáculos artísticos 
y ya hemos podido leer en la prensa diaria rejie- 

ti<los elogios a sus intL'ri)rclacioues. elogios tpie 
comp'acidísimos hacemos nuestros. 

Terminamos este apunte incitando a Salvat a 
(jue continúe en su empeño, para liien de -a cid- 
Irra general. 

*** 

Se anuncia para el I." de Junio el ílehut en 
Solís de la compañía argentina dirigida ])or An- 
gelina Pagano, la gentil artista cpie en Buenos 
.\ires mantiene Iiien a!to el pabellón del teatrií na- 
cional, sin conceder nada a la chabacanería puesta 
en el escenario y cultivando un género elevado y 
noble. 

Con la Pagan(t viene el j>rimer actor Ducasse y 
el también ]>nmer actor José Gómez, un conocido 
y apreciado del ])úhlico nuestro, pues realizó aquí 
una temporada de gran éxito artístico. 

Esta compañía ha de actuar durante un mes en 
nuestro i)rimor coliseo y nos dará a conocer un 
repertorio escogido, en el que figurarán quizá al- 
gunas obras uruguayas. 

.*"♦.,. 

l^l 2 del)utó en el Urquiza con buen éxito la 
coiTipañía de Juárez, del popular Rogelio Juárez, 
que viene a reanudar los triunfos del año pasado. 

Trac Juárez en su troupe a la tonadillera Pa- 
quita Escribano, a la bailarina Kerrcr y a una 
"cantaora" que entusiasma con sus '*gipios". 

Xada más digno de mención actúa o actuará 
l)or ahora en los escenarios montevideanos, 

VORICK. 



S^ 




JOSÉ GÓMEZ 

De la compañía de 'Angelina Pagano 



^!S 



$ 



SELECTA — 




IJubetiKjs (los palabras — <|U(.- nu por 
scT (los serán menos sinceras y apasiona- 
<las — a todos los que directa o indirecta- 
mente han contribuido con buena volun- 
tad a formar el basamento sólido en que 
se asienta esta obra nuestra. (|ue presen- 
tamos hoy a la elevada consideración de 
nuestra sociedad. 

Son dos palabras de agradecimiento a 
las ])ersonas que forman nuestras exten- 
sas listas de suscriptores, en las que fi- 
gura todo lo más distinguido de nuestra 
sociedad. 

Nuestra gratitud es también para el 
alto comercio montevideano que ha con- 
tribuido a dar solidez a nuestro propósito 
de hacer una gran revista, no escatimando 
sus anuncios, los cuales podrán ver nues- 
tros lectores en estas páginas, presen- 




Fernanda Vallarino, la novelista de moda 

tados en una forma gráfica moderna y 
atrayente. 

Otros elementos han contribuido tam- 
bién a que Ski.Kcta a])arezca en la forma 
(pie aparece, como mío de los esfuerzos 
más serios (y ])erniitasenos esta inmodes- 
tia) que se han llevado a cabo aquí en 
empresas de esta índole. 

.\ todos nuestra gratitud y con todos un 
re])arto de intimas v hondas satisfaccio- 
nes, si el éxito (como lo esperamos) pre- 
mia nuestro esfuerzo. ■ ; 



En mi casa hay una inglesita que, tiene 
(1 ))eIo de cáñamo v sus ojos de esmalte. 
Todas las mañanas entra en mi cuarto: 
— Cood iiioniinfi. sir. Good inoniiiig. iii¡ss. 
V en seguida, comienza a hablar. ¿Qué 
dirá? Las inglesas 'hablan siem])re, aiui- 
ipie sepan cjue no se las entiende una 
palabra. 

Yo ya me he acostumbrado a ver a la 
inglesita de mi casa y no aspiro a enten- 
derle : me conformo con la música. Luego, 



ya solo, me abismo en hondas reflexiones. 
Esta inglesita — me digo — tiene el pelo 
de cáñamo y lc« ojos de esmalte, pero, sin 
embargo, parece de verdad ; por lo me- 
nos está muy bien-imitada. 

— Diga usted, señorita — le pregunté yo 
el otro día — ¿es cierto que ustedes las 
inglesas no son de carne y hueso? 

— ¿Y de qué somos, entonces? 

\ o no lo sé. No tengo bastante espíritu 
poéticíj para suponer a las inglesas hechas 
de nardos, azucenas y rosas, pero tam- 
l)üco descubro en ellas humanidad sufi-' 
cíente. Un amigo que vive hace muohos 
año.s en Londres, me ha dado su palabra 
de honor de que las inglesas tienen co- 
lazón. Puede ser, pero falta averiguar 
si el corazfSn de las inglesas es legítimo 
o falsificado. 

r or mi parte, yo he ensayado en Lon- 
dres con cierto éxito las miradas apa- 
sionadas, pero no me hago ilusiones. Yo 
sé que una inglesa no matará ni morirá 
nunca de amor. 

Uno se enamora a la inglesa y en se- 
guida se desarrolla en él una bondad sen- 
cilla y apacible (pie le hace sonreír a todo 
el mundo y enternecerse ])or cualquier 
cosa de una manera completamente estú- 
l)ida. Le dan a uno ganas de comer dulces, 
de hacer versos y de beber agua azucarada 
y se va uno a pasear por los ])arques a las 
mañanas, temprano. Por las noches se 
acuesta uno a primera hora y se duerme 
con un sueño puro, feliz. 

Y es que la inglesa es mía mujer ino- 
cente. ; Tan inocente que no ve picardía 
en ninguna cosa ! La inocencia, como estas 
muchachas inglesas, debe tener los ca- 
bellos rubios. las mejillas de rosa, la gar- 
ganta blan(|uísima y una mirada muy 
didce en los ojos azules. L'na inglesa suele 
ir más lejos que una francesa, pero esto 
no quiere decir que las inglesas tenjfan 
más coraz(')n. Hay algo de idílico en estas 
mujeres: un no sé qué. gracias a lo cual 
todas las cosas resultan con ellas algo así 
como una candida escena buc(ílica. La 
francesa es tina mujer que sabe darle una 
importancia casi capital a ima simple mi- 
rada o a un ajiretón de manos. La cosa 
más sencilla resulta en ella excitante y 
terrible. En cambio, la inglesa lo ei)iloga 
todo con esa tranquila mirada de sus ojos 
azules que nos desconcierta. 

— Esta mujer — se dice — ¿es muy 
engañadora o muy perversa? 

— Es muy inglesa. 

-.1 * 

** 

Fernanda Vallarino es una novelista 
qiif hov está de moda en Enrona. 

Muv elegante Fernanda Vallarincj, 
siempre en el gran mundo, entre discre- 
teos de sal(Sn, dueña de palacios, de caba- 
llos, de automóviles v de \acht. trae la 
verdad auténtica, elegante y grácil de una 
sociedad distinguida, con sus delicadas li- 
bertades francesas, que quizás den a al- 
guna de sus obras un marcado sabor pi- 
caresco. 

La vida que hay en sus obras y que a 



veces reúne a la literatura sobrepasán- 
dola, se debe evidentemente al sj^orl. Ella 
ilice qué es su maestro poderoso y así 
en sus retratos se la ve vistiendo los 
trajes raros del sport: de amazona con su 
traj« intachalile y varonil, junto a sus 
caballos favoritos, un irlandés soberbio y 
dos argentinos de una figura exquisita ; o 
de marinero, un marinero que ama con 
volu])tuosidad el pequeño yacht que'lia- 
bautizado con el nombre de ".Mfonso 
XIII" y en el que aprende, en el. mar; 
a reposar, a i)oner en orden y a refinár su 
pensamiento. ^ 

Es extraño que una mujer tan moderna, 
tan representativa, escriba dramas v co- 
medias : pero eso es. precisamente, lo 
que hace que sus obras tengan un valor 
de documento, sean como una confiden- 
cia de, la mundanidad que ella ha vivido, 
recogiendo todas las flores para dar ese 
fuerte sabor de naturalidad, de srracia v 
de distinción sin fingimiento a sus obras. 



Una (le las figuras femeninas más in- 
teresantes de Francia es. sin duda, la.de 
madanie Faquín, esa mujer tan bella y 
tan distinguida (|ue es el Xajjoleón de la 
moda. Madanie Paquin es ¡¡arisién y tiene 
toda esa gracia airosa que la mujer 
l)arisiéu sabe comunicar a los chiffoiis: 
parece (pie los anima con su misma vida 
de un modo es|)ecial. ^luy culta, muy ar- 
tista, dotada de una sensibilidad extra- 




Madame Paquin, la lamosa modista 

ordinaria, madanie Paquin ha sabido ele- 
var e! arte de la Ci<stura hasta el nivel 
de un verdadero ai te ; tanto, que el tlo- 
bieruo francés ha premiado la labor pa- 
triótica de hacer conocer en el extran- 
jero el buen gusto y la elegancia de su 
|)aís, condecorándola con la Cruz de la 
Legión de Honor, distinción que no al- 
canzó jamás ninguna modista ni mujer 
de negocios. 




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anguslas serenidades del pensamiento; Conquistador del alma europea, indi- 
ferente y hermética, rendida por el en admiración ante la intelectualidad 
americana, tan pictórica, tan noble, tan sana, tan honda; orgullo nuestro; 
gloría representativa d*^ la Rata; Maestro de la juventud de América, en 
cuyos destinos está el porvenir del Continente y con esos destinos la más 
alta glorificación del que en ''Ariel" nos señaló la ruta luminosa y^ triunfal. 



— SELECTA — 



GRDoy a todof 



Las i'lugiusas manifestaciones de la prensa me- 
Iropolitana y las muchas misivas y parabienes <iue 
lie recibido no bien el primer número de Selkcta 
fué puerto en manos de los suscriptorcs, han 
colmado mi aspiración y mi contento constitu- 
yendo elocuente premio al esfuerzo realizado y 
dándome la exacta medida de 'a aceptación que 
mi revista ha tenido en la sociedad uruguaya. 

Mi gratitud es inmensa. He deseado ofrecer 
una publicación digna de la cultura y de la dis- 
tinción de la sociedad y aun cuando tenía con- 
ciencia de la obra cpie ejecutaba, confieso, sin 
embargo, que las demostraciones de aplauso han 
rebosado mucho el límite de lo que esperaba. 

Esas felicitaciones (entre las cuales figuran 
!as de las personas más encumbradas y más pres- 
tigiosas de nuestro mundo social) son una fuerza 
extraordinaria puesta gentilmente a la vera de 
mi voluntad y de mis propósitos. 

La labor iniciada ha de continuar con más 
l)ujanza y más fe, para hacerme cada vez más 
digno de los elogios que se me han tributado y 
de la alta consideración en (pit- se me ha tenido. 

A todos, mi más viva gratitud. 

y»(iíí Carliis Garzón. 




V'na gran revistn iiftfional. - Kl primer nú- 
mero de "'Selecta"'. — Tenemos ante los ojos, recién 
salido de la prensa, el primer número de "Selecta" y 
(lespnés de recorrer sus pájrinaá. doi exclamaciones acu- 
den, espontáneas á nuestros labios. La primera de ellas 
c.-* "¡Bravo!"; la aeirunda "¡Al ñn!". 

¡Bravo! si, porque se trata de una publicación Mne 
respondo en uu todo h su simpático y elegante titulo: 
'•S lecta"'. 

'•Al fin", porque ya era lit-mpo dt; que el L'ruguay con- 
tara con una revista ijue, como lo es ésta (|ue acaba de 
nácar bajo tan buenos auspicios, fuera diurno exponente 
del grado de proirreso que hemos alcanzado. 

La i>rescntación de "Selecta ' no pu de ser más rica 
ni más cliic. Impresa en papel satinado, finísimo, acusa 
en los talleresdonde se le confecciona > los muy acredi- 
tados de A.Barreiroy Ramos) elementos de " primísimí» 
oartello", que al honrarse así mismos con trabajos tan 
tíámerados. honran á la industria nacional. 

Todo el material que este primer número de "Selecta" 
cuntiene, es escogidísimo, tanto en la parte gráfica como 
LMi el texto. En la carátula, luce, en tricromía un retrato 
(ie doña líosalía Artigas de Ferreira. dama que "vivió 
intensamente para su casa, modelando en .sns hijos ejem- 
plos de ciudadano.s ". 

En el interior del número, figuran fotografías hernio- 
sísimas, de damas que fueron orgullo de nuestra socie- 
dad y de otias que lo son actualmente. Contiene, además, 
notas de actualidad, de arte, de modas, etc. En resumen, 
un número de primer orden, que augura á "Selecta "la 
mejor de l.is acoiridas. — Díakio ih-:l IM.aia. 



Apareció "Selecta" - ¡ t^ué hemosa, la nueva 
revista de Juan Carlos Garzón! Hermosa ¡lor donde 
quiera que se le mire, la presentación, la parte gráfica, 
la literaria... La eaiátula es inia estupenda tricronn'a : 
el retrato de doña liosalía Artigas de Ferreira. Esfuer- 
zos como este, honran la prensa ilustrada de un país, 
(¡arzón encontró dlliujantes notables, cuya existencia 
iiTiiorábamos. Es una revelación. Todo lo más chic y 
soeial está en "Selecta". Por algo se llama como se llama. 
— La Razón. 



'■ Selecta"- ('rgullo del progreso de las artes grá- 
ficas en el país, y elegantísimo exponente de gusto ar- 
tístico que preside esta nueva imblicaci«'in, "Selecta" se 
ha presentado reclamando el puesto de primera fila que 
en su cai'ácter le corresponde, y el arlauso que mo ha de 
serle escatimado ante la exhibición de tan vigoroso es- 
fuerzo. Se trata de una re\¡sta que nada tiene que apren- 
der, en cnanto á belleza de jiresentaeión, á las más 
lujosas del extranjero, y esta manifestación justisí^ima 
sirva de estímulo ñ los iniciadores de esa obra de cul- 
tura, y de ípoyo para cpie la indiferencia no resjionda 
- como se acostumbi'a aquí — á una Iniciativa de taiitn 
tuelo. 

\o extrañaril á nadie el resultado niajrnifico del costoso 
entpeño a! saber (jue la dirección de ''Selecta" está en- 
comendada ;i un espíritu tan distinguido como el de 
■Inan Carlos fiarzón. cuyo nombre ea sólida garantía de 
('■xito en la simpática y abrumadora empresa que nos 
oculta. — La-Tuiiíu.na Poimi.ak. 



Melecta Una nueva rc\isla ilustrada ha venido á 
aumentar el número de las que existen en el país, .'se 
trata sin embargo, de una gian re\ ista, (pie sólo puede 
comparársele con "Plus Ultra" de Buenos Aires. Y así 
quedaría hecho su mejor elogio. ICs menester, á pesar 
de esto ponderar como se merece el criterio verdade- 
rantente artístico <jue domina en toda la revista.- di- 
rigida por el señor Juan Carlos Garzón, de l)uen nombre 
en el periodismo — desde la presentación tipográfica 
á la selección y ordenación de materiale.«, desde el sim- 
ple dibujo de adorno á la exactísima reproducción de 
cuadros, fotografías, objetos, etc. Es. en este sentido, 
una demosti-ación de lo (jue jniede liacerse entre nosotros 
en materia de revistas ilustradas. El material literario 
es tambicn selecto é interesante, de acuerdo con el 
proj»Ó8Íto del señor Garzí'ui de hacer ol)ra de cultura. 
<te distinción, de arte y patriotismo. Al saludar la apa- 
rición de "Selecta"' nos complacemos en auirnrailc la 
larga vida á que tiene dei'eehn por los iiresiigios 
con que viene al invmdo de la ai.-tiviilad y de la Ineha. 
- El. S:(!i.n. 





'* Selecta'*. — Una sraii revista uruguaya. 

— Acaba de aparecer el primer número de la revista 
"Selecta", notable i)ul>lieación que hace honor a su 
nombre y que rerircsenta un valioso expouente del arte 
gráfico nacional. 

La nueva revista, (pie apaiecerá inensualmenle. está 
destinada a obtener el más lisonjero y brillante de los 
triunfos. 

Admiiablemente ini|Mesa y mejor escrita, con inofu- 
sión de notas interesantes (|ne han de causai' \ crdadera 
sensación entre sus lectores. "Selecta" importa la cris- 
talización de un anhelo de tiempo atrás acariciado por 
todos lo.-í cine aman la cultura de lutestro [lueblo y descini 
hacer destacar, con rasgos elocuentes y amables las ea- 
' racterístlcas de nuestra sociabilidad y el ¡trestigio de 
sus figuras más caracterizadas. 

No creemos incurrir en ini pecado de \ulLraridad. al 
afirmar que realmente "Selecta"' viene a llenar un vacio 
en nuestio medio social. La expresión asume, en el caso 
Iiresente, la honda significación de un hecho indiscutible 
y traduce la lealidad del fenómeno que todos perci 
liíamos desde iiace tiempo; la ausencia de una revista 
culta, y elegante en un ambiente como el nuestro donilc 
la cultura y la distinción nos ofrecen a diario, mani- 
festaciones tan palmarias c inetpiívocas. 

La presentación de "Selecta" no puede ser más rica 
ni más chic. Impresa eu papel satinado, finísimo acusa 
e;i los talleres donde se le confecciona (los muy acre- 
ditados de A. Barrtiro y liamos ) elementos de "priiní- 
sstino cartello", que al honrarte a sí mismos con trabajos 
tan esmerados honran a la industria nacional. 

Todo el material que este primer número de " Selecta " 
contiene, es escogidísimo, tanto en la parte gráfica como 
en el texto. En la carátula, luce, en tricromía un retrato 
de doña Rosalía Artigas de Ferreira. dama que "vivió 
intensamente para su casa, modelando en 3U8 hijos ejem- 
plos de ciudadanos". 



Kn el interior del 
númei-o. figuran fo- 
tografías hermosí- 
simas, de díiniHS 
<ine fueron orgullo 
de nuestra socle- 
fiad y de otras (|ne 
lo son actualmente. 

(.ontiene, además. iiota.s' 
de actualidad, de arte, de 
nu)das. etc. Fn resumen, 
un númeio de primer or- 
den, (pie augura a "Selec- 
ta" la mejor de las acogi- 
das.- El. Bien. 




•Selecta".- El pri- 
mer iiriniero. — Hemos 
recibido 

I)rimer número de la re- 
\ista "Selecta"', cuya di- 
rección asume el señor 
Juan Carlos (¡arzón. 

El mejor elogio iiue 
demos decir deellaes que 
sn presentación artística 
y su texto armonizan por- 
f< ctamente con el título 
(iue ostenta. En efecto 
'"Selecta " aparece a din i - 
rablementeimi)resay llena 
de trabajos de po- 
sitivo mérito lite- 
rario, social e ilus- 
tratho, cuyo con- 
junto nada tiene 
(liie envidiar a 1 
'pie presentan 1 
mejores re- 
vistas ex- 
tranjeras. 

Porlo tan- 
to, augu- 
ramos a 
"Selecta" u 

Pl.ATA. 



éxito tan brillante como merecido. 



■• Selecta '"• — l'iia ffran revii-la. ~ Acaba de 
aj)arecer una rc\¡sta nacional ipie honra al país. Se ti- 
tula ".Selecta" y es dirigida por el conocido periodista 
señor Juan C. Garzón. 

Presenta en su primer número, aparecido ayer, un es- 
cogido y \ariado material de lectura, como así mismo 
bellas tricromías y otros grabados, todo lo cual sahriín 
apreciar los que gustan del arte y la belleza. 

Por lo soberldo del trabajo, no dudamos <iue se im- 
pondrá de inmediato, ya que su valer asi lo permite 
asegurar sin timideces. 

W retribuir el saludo que tributa, aiigurámoslc larga 
y próspera vida. - L\ DiiMocitACiA. 



•• Nelecta ". — Hasta noaonos acaba de llegar el nú- 
mero primero de esta [niblIcaciiHi. cuya dirección asume 
el señor .luán Carlos Garzón. 

Su presentación artislica y su texto armonizan perfec- 
tamente con el título que ostenta. 

"Selecta" aparece admirablemente impresa y llena de 
admirables trabajos de positivo nn-rito literaria e infor- 
inati\o, cuyo conjunto tindi tiene «ine envidiar a sus 
similares las extranjeras. 

Augurárnosle vida y obra próspera, agradeciendo su 
en\ ío. - El, PlJEltLc 

Selecta. — Elegantemente ¡m]>resa. con grabados y 
colal)oraciones escogidas, lia llegado a nuestra redacción 
la revista " Selecta ". Es realmente 
una ¡)ublieaclón artística digna 
de los de buen gusto. 

En nuestra sociedad ha sido 
recibida con verdadero Interés la 
mencionada revista, superando su 
])resentac¡ón a todas las publica- 
das hasta la fecha.— Er. Día. 





e^y^g/^,<T<ryjfneyyy^<i!y>^<qK^.^igiay:^t^^^^ 



De.. 



DAMA que ocupa uno de los purstos más brillantes en nuestro 
mundo social. Altamente culta* sus salones atraen a todo lo que 
se impone en el país por su talento, por su posición política, por 
su distinción. Sus magníficas soirées son verdaderas fulguraciones de 
arte y de gentileza. Su espíritu pleno de bondad la ha llevado a ocupar 
puestos principalísimos en las instituciones benéficas de que podemos 
enorgullecemos. Su presidencia al frente de la Liga Uruguaya contra 
la Tubercolosis, fué una triunfal cxteriorización de su exquisita menta- 
lidad y de su actividad fructífera. — La tradición de su apellido 
acrece y se impone al unirse al del caballero Dr. Doa Germán Rooscn* 



Co$ artistas que triunfan 



ESTIML'LAR la obra que en el cam])o 
del arte realicen nuestros coaipatrio- 
tas y dar a conocer el producto de esos 
esfuerzos loables, es uno de los más firmes 
propósitos de nuestra revista y una de las 
cosas que hemos de cuiílar con más dedi- 
cación y celo. 

Combatir el indiferentismo que para las 
manifestaciones de la belleza creada por ce- 
rebros urugtiayos. se suele aplicar con la- 
n^entable frecuencia aquí, es tarea que abra- 
zamos con verdadera devoción, convenci- 
dos, plenamente convencidos, de que en 
nuestro país puede hacerse en ese sentido 
todo lo que se hace en los países más cultos 
del mundo. 

Hemos cometido muchas injusticias, he- 
mos desconocido más de una vez el mérito 
de la labor artística realizada por urugua- 
yos de gran talento, hemos olvidado a los 
compatriotas ilustres que han soñado, f[ue 
se han atrevido a soñar con una aureola 




"Estudio", perteneciente al 
señor Eduardo Castel Castellanos 

mérito, que lucha tesoneramente en la con- 
quista de la belleza y se forma un nombre 
en los centros más cultos de Europa. Ese 
compatriota es el escultor Pablo Mané. 



€1 escultor Pablo IDañé 



de las obras más famosas y en la influencia 
de un ambiente propicio para tod?s las sen- 
.saciones artísticas, una e.nulacion invalo- 
rable. 

Mané ha orientado su i)roduc;ión artística 
en un sentido de gran firmeza perceptiva. 
Xo lo han seducido los modernismos más 
o menos efímeros. La grandeza infinita de 
Buonarotti ha llenado sus pupilas de verdad, 
y en el mármol y en el bronce el cincel ha 
creado figuras llenas de sana energía, de 
robustez valerosa y triunfal, de torsos mus- 
culo.sos y de rostros donde hay un soplo 
(le vida. 

Conocemos varias obras de Mané. 

El grupo titulado: " El Frío ' es de una 
belleza de concepción extraordinaria. En 
la figura femenina, ntábil y tierna, el ar- 
tista ha puesto todas las delicadezas de su 
espíritu traducidas en suavidades exquisi- 
tas de líneas. Diríase una flor humana que 
se marchita en la atmósfera inclemente, 




Magnifico bajorelieve para un friso, existente en la Escuela Nacional de Industrias 

(le gloria, conquistada por el esfuerzo más Joven, dotado de las más envidiables con- 
noble y más respetable t(ue es el de la inte- diciones para dedicarse plenamente a luia 
ligencia. y sólo cuando las glorificaciones actividad artisti:a sin limitaciones, enamo- 
han venido del exterior, só'o cuando los ex- rado del ideal Mané trabaja desde hace diez 
traños saludaron con alborozo el triunfo años en Paris. buscando en la pro.xímidad 
de un artista uruguayo, sólo entonces nos de los grandes artistas, en la contemplación 
hemos detenido con un poco de 



asombro y no menos ouriosidad 
a examinar el " fenómeno " reco- 
nociendo valimento y uniendo al 
coro de alabanzas nuestras voces 
quizá un poco destempladas por 
llegar tarde. 

lín una simple enu'.iieración de 
no:rbres que hoy tenemos en gran 
respeto y cjue ya hemos colocado 
en el pináculo de nuestra admira- 
ción, encontramos una dolorosa 
demostración de esto que decimos, 
pues todos esos nombres los hemos 
desconocido hasta que en el ex- 
tranjero nos los " descubrieron ". 

Felizmente ya se ha iniciado una 
evolución justiciera en el sentido 
de darle a los artistas nacionales 
el lugar que les corresponde en 
nuestra consideración, reconocien- 
do esfuerzos y premiando dedica- 
ciones nobilísimas y encaminadas a 
reflejar gloria sobre el país, que de 
la gloria de los ciudadanos se for- 
ma la gloria de las naciones. 

Con tales propósitos, hoy dedica- 
mos esta página a la ])ersonalidad 
de un artista compatriota de gran 




sacudida por el cierzo y en la nieve mortal. 
En la figura masculina, el vigor de la 
concepción presta realidad impositiva al 
abrazo ])rotector, que tiende a salvar a la 
niña del ¡Jeligro letal del viento cruel. Tie- 
ne esa figura una bellísima exi^resión de 
honda pena, de agobio inmenso y 
al ¡iropio tiempo de infinito ar.or, 
manifestado elocuentemente en el 
gesto que protege, que abriga, que 
da generosamente calor al cuerpe- 
cillo que se e.xtremece. Este grupo 
ha sido altamente celebrado en Pa- 
ris, donde figuró al lado de las 
obras de los maestros. 

En esta [¡agina rej^roducimos 
también las fotografías del bajo 
relieve que existe en la Es.mela 
Xacíonal de Industrias y para el 
cual la crítica montevideana ha 
tenido grandes elogios. 

Completa esta información de 
arte una cabeza, fundida en bronce, 
y donde la modalidad enérgica de 
Mané se manifiesta también. 

Mané afirma cada vez más su 
personalidad artística y el porve- 
nir le reserva todas las satisfaccio- 
nes que son ijatrimonio de los 
grandes triunfadores. 



"El Frío" soberbio grupo exhibido con gran éxito en París 




CSCLCW I /\ 




">-00>0 



Silla del Fundador de Montevideo Don Bruno 
Mauricio de Zabala 

STAS reliíjuias se- hallan en el .Mu- 
sco Histórico. 
M<ás ck* un visUantc habrá pasado 
i|uizá ante ellas con un ¡)oc(j de indiferen- 
cia. " ¡ L'n sillón viejo I. . . ¡ Bah ! " y la ir.i- 
rada. atraída ])or un cuadro o j.or una co- 
lección de armas, se habrá apartado de esos 
muebles venerables, sin pensar que en ellos 
descansaron hombres ilustres, y que fueron 
esas sillas y esos sillones objetos familiares 
¡)ara quienes hov tienen toda nuestra ad r.i- 
ración y todo nuestro respeto. 

Jin esos sillones descansaron o trabajaron 
proceres ilustres. Y a través de los años, 
su inex])rcsión de " cosas ", diriase (|ue des- 
;il)arece para rodearse de una como aureola 
de vida, (¡ue no es más (jue lo que imagina 
nuestro espíritu, al remontarse a aquellas 
é])ocas tan gloriosas v tan aleccionailoras. 
i'arece ([ue estos objetos, que fueroa de 
uso diario para aquellos hombres que la his- 
toria magnifica, tuvieran la virtud de con- 
centrar luego toda la admiración de los (|ue 
veneramos ,-i (¡uienes se llamaron sus ])o- 




seedores. ¿ -\caso este respeto por 
las reliquias históricas no será por- 
que en ellas o en derredor de ellas 
vagan los espíritus buenos de sus 
dueños ; 

lin una mentalidad reflexiva esK- 
sentimiento casi inexplicable de cu- 
riosidad, de te i:or v de res])eto áme- 
los objetos (jue le fueron familia- 
res a los hombres ilustres, es algo 
sui)er;or a toda convic.'ión más o 
iiunos excéptica. ^' es por eso i|ue. 
ami cuando no lo queramos, nues- 
tra mano llega al sombrero y nos 
descubrimos, mezclando respetuo- 
sidad para el recuerdo del palriot.i. 
del sabio, del artista o del héroe 
(pie evoca¡nos \ honda simpatía 
hacia el objeto que ha llegado has- 
¡a no.-otros como la e.xpresión de 
una modalidad del ¡)ersonaje glo- 
:"i(jso (|ue lo pose\ó. 

¡V cuánto más intenso este sen- 
imiento de simpatía, cuando nos 
d.etenemos ante esos nuiebles donde 
|)atríotas v héroes descansaron, 
bien para rejiarar fuerzas, o bien 
¡)ara presidir reuniones trascenden- 
tales en el futuro de nueslia vida 
institucional ! 



^/í^^ss-/^ 




Silla del Constituyente Don Alejandro Chucarro 
3 



hiJtori(A5 



lisos sillones y sillas que llamos 
hov a nuestros lectores como una 
nota de gran interés, pertenecieron 
a lio ubres de alta ím]Kirtancia re- 
presentativa en la historia de nues- 
tro ])aís. 

iMgura en esa valiosísima colec- 
ción, la silla que habitualmente usa- 
ba el fundador de la ciudad de 
.Montevideo don Bruno .Mauricio 
de Zabala, personalidad la más re- 
l)resentatíva en los lejanos tiem]ios 
de la colonización, mariscal de 
cam])o del Rey- de ]vs])aña, gober- 
ruulor de Buenos -\ires v hombre 
de una energía v de una iniciativa 
excepcional. Zabala estuvo por pri- 
mera vez en lo (|ue luego fué Mon- 
tevideo, con el objeto de batir a 
los portugueses, ordenando enton- 
ces la construcción del Fuerte San 
José, primera obra que se hizo 
aquí. 

Uno de los sillones cuya foto- 
grafía ofrecemos perteneció al ilus- 
tre general argentino don José Ron- 
deau, cuya personalidad está tan 
estrecha y tan gloriosamente vin- 
culada a nuestra historia patria. 
Comenzó aqui su carrera militar. 




Sillón del Patricio Don Joaquín Suáre: 

junto con .\rtigas, en el Regimiento de Blan- 
dengues. Su nombre está grabado en el li- 
bro de las grandes victorias americanas -on 
la jornada gloriosa de 1812 tn el Cerrito. 

.V Lavalleja pertenece otro de los >¡ilones 
que reprodu.dmos. l'",l jefe de los Treinta \ 
Tres rejiosó en él sus fatigas inmensas de 
soldado valiente y ejemplar. Y en este punto 
no resistimos a la tentación de transcribir 
unos ])árrafos del historiador Bauza sobre 
esta figura patricia. 

" Lavalleja no fue un estadista ni un tác- 
tico : fué sencillamente un héroe, en la acep- 
ción de la ]>alabra. Como todos los hért)cs. 
tenía el aturdimiento genial (jue excluye la 
reflexión, y que .sólo es grande cuando toma 
consejo de si mismo en el peligro. ( )ficial 
obscuro en las ])ostrímerías de la guerra de 
.\rtigas, llama repentinamente la atención 
(leí país al caer ])risionero de los ]>ortugite- 
ses. luchando el solo contra un escuadrón. 
Su figura varonil se destaca por ese hecho 
entre la multitud guerrera de su tiempo, v 
todos |)resienten ipie a(|iiel brazo formidable 
será capaz ele esgrimir la esjiada de la Ke- 




Sillón del jurisconsulto Dr. Joaquín Requena 




Sillón del General Juan A. Lavalleja 

])i'ibliai ciKiiu'ui suene la hora de las reivin- 
dicaciones. " 

A la l'ii^nra nubleniente patriarcal de |oa- 
(|nin Snarez la conté ii|)la;nos ocupando 
nno (le esos sillones ([ue hov cotistititven 
una de las notas más interesantes de las 
colecciones del Museo llistórico Nacional. 
Joa(|iiin Siiárez es una de las personalida- 
<les más grandes de la época de la Indepen- 
dencia. Fué guerrero, fué estadista, fue 
el alma del gobierno de la Defen- 
-sa, acompañó a Artigas en el fa- 
ngoso Kxodo. secundó con todos sus 
medios la empresa de los Treinta y 
Tres, fué mieiibro de la gloriosa 
-A.samblea de la Florida v presidente 
(le la República. 

.\1 ilustre codificador Joaquín 
Kef|iiena |)erteneció otro de esos 
sillones. [,a rectitud, la probidad, el 
tale.ito V la ilustración de este com- 
¡)atriota fueron elementos inai)re- 
ciables puestos al servicio de la Pa- 
tria en la época difícil de su orga- 
nización institucional. 

Del ilustre ])atriota don .\lejan- 
(1ro Chucarro. fué una de las sillas, 
nunca mejor calificadas (|ue de re- 
liquias. Con justa expresión un 
historiador ha dicho de este ¡irócer : 

" Dificilmente se encontrará ima 
existencia más larga, eiipleada toda 
ella, desde la adolescencia en el 
servicio de la Patria. F.n sus últi- 
U'os tieu-])os. o nqjando una banca 
en el Senado, afm hizo oir su voz 
debilitada por la edad, siendo su 
palabra escuchada con el respeto re- 
ligioso con (|ue se escuchan las no- 
tas solemnes de nuestro ilinmo Xa- 
cioiíal. " 

Tienen e.sos sillones y esas sillas un algo 
(le aquella solemnidad ])atricia, que tanto 
añoramos cuando nos llaman la atención 
esas futilezas que ha creado la niuebleria 
moderna |)ara halago de un sentimiento (|ue 
no sabríamos calificar si de inestable o de 
ligero y (|ue domina en iniestro es])iritu dado 
a tollas las veleidades, a todos los -aprichos. 
a todos los exotismos. 

( )tros hombres, otras épocas, otras pre- 



ocupaciones, y con ello 
otros objetos de uso fa- 
miliar, mas en conso- 
nancia con la manera 
de a:juellas gentes, con 
sus pasiones, con sus 
¿inhelos. con su vivir. 

Como (le 'ia i.os al 
co.nienzo de esta nota, 
nunca como ante mue- 
bles de esta severidad, 
se siente irás honda- 
mente la influencia ve- 
nerable del pasado, de 
ese pasado (|Ue tanto 
desconocemos o hemos 
olvidado v i|ue tan 
profundas enseñanzas 
guarda. 

I",n niu'stra visita al 
-Museo llistórico, don- 
de la gentileza de su 
Director, señor Luis 
Carve. pu.so a nuestra 
dis])osición estas reli- 
i|uias, tuvimos o])ortu- 
nidad de experimentar 
ese profundo senti- 
mientíj de respeto [jor 
esos objetos que per- 
ieiiecieron :i nuestros ilustres abuelos. 

.\d es (|Ue nos lleve a ello una exagerada 
veneración por to.lo lo antiguo. |)or todo 
lo (pie tenga la ])átina del tienqx) eviden- 
ciando su actuación en é])o:as pasadas. Xo 
es un afán de encontrar todo lo viejo me- 
jor ¡pie lo nuevo, todo lo del pa.sado mejor 
i|Ue todo lo del presente. 
.\';id;i de eso. 



r3..,-:,j3^™,¡f-;>_^;23>=<' 




j^~)«í^;5)»íg.__3>«4^;^_3¡^«(5^j^ 




Sillón del General José Rondeau 

Sabemos valorar lo que de meritorio, ar- 
tístico, cómodo V i'itil nos ofrecen estos 
tiempos nuestros : ])ero nadie negará que 
en las é])ocas idas ir.uchas. muchisruas co- 
^as, desde las alhajas v las obras de arte, 
hasta los objetos de uso coiiiin, tenían 
no sólo un aspecto de majestad, de señorío, 
de amijlitud, sino (|ue todo estaba construido 
en forma .sólida, para resistir a los embates 
del tiempo, sin dobleces, sin complicacio- 
nes (|ue le (piitaban resisteu'.-ia y (|ue hoy 



Silla de Don Felipe Alvárez Bengochea 

Secretario de la Asamblea de la Florida. 

tan frecuentemente encontrair.os en los ob- 
jetos de uso corriente. 

I'.n estos sillones v sillas (jue han pasado 
a la veneración de nuestros días por virtud 
(le los (|ue fueron sus dueños (personajes 
altamente representativos en las distintas 
épocas del coloniaje v de la independen- 
cia, ese aspecto de solidez, de fortaleza, 
de aiqi'.itud y de señorío, está periecta- 
nieiile evidenciado. 

.\o hay más (pie conté ni)lar con 
un jioco de detención esos ejempla- 
res. Todas las distintas partes de 
esos .uuebles tienen siempre un 
detalle, un rasgo, al.go, en fin. (pie 
dice bien claramente eso (|ue antes 
hemos afirmado. 

.Muebles propios de aquellos 
hombres ijue conocían la exacta 
medida de todas las pasiones y las 
necesidades de su época. (|ue lleva- 
dos por los dictámenes de su vo- 
luntad iiKpiebrantab'e llevaron a 
cabo sus ensueños v sus ideales, 
creando ciudades, formando i)tie- 
blos. libertando multitudes, guian- 
do sentí;r.ientos colectivos v siem- 
pre con noble inspiración, equivo- 
cados o no. |>ero sin doblez v con 
r.dmirab'e fe. 

\' cn.indo va nos retirábamos, 
en la penumbra ipie invadía el 
gran salón del ^^I1seo. contempla- 
mos de nuevo los majestuosos si- 
llones V jxir un esfuerzo de nues- 
tra i uaginación. los vimos ocupa- 
dos por sus gloriosos dueños, fi- 
guras austeras, de una dignidad 
soberana, altivos, solemnes, radian- 
tes de ))atriotismo. de nobleza, de 
c:'.ergia. caracteres de hierro. ])roj)ios de 
una é])0-"a de lucha, de pasiones violentas 
v (le formación de nuestra nacionalidad. 



0/ Ui>c 



t3-¿a. 



ítiestras 



íC] 



.^ 



LA (lama ■fcmilisiina (|11l- ila l>rillo a csla iiás^ina 
es una (le nufstras co.iipatriolas más distin- 
Líiiidas V más bellas (|ne en el extranjero y 
en las altas esferas de la <li])l() nacia imponen los 
])rcstigios de la mujer unia:na\a, eono verdad dj 
elegancia y de cultura. 

Doña Isabel Rodríjjuez Marcenal es una de nues- 
tras damas jcnenes (|ne han lucido más en el extran- 
jero. Hija de la res))etable dama doña Amelia .Mar- 
cenal V del ^sjeneral don ( )svaIdo Rodríguez, de bri- 
llante figuración en nuestra so':iedail. contrajo enlace 
con el distinguido caballero argentino doctor Kómulo 
Xaón. inu) de los ele'.rentos más representativos de 
la Nación .\rgentina. c|ue cuenta dentro y fuera de 
su ]5ais con una aureola de hidalguía v de alta ilus- 
tración. l.¿i ])ersonalidad del doctor Xa.ón habla 
mucho en favor de la d¡|)lo-n;i da de la República 
hermana. ])or cuya gr.'indeza v ])restigio.^. labora 
con in(|ucl)rantable energía, elevando en el criterio 
del Gobierno de la l'uiíni. el concejjto i)rincí])alísínio 
en (|iie allí se tiene a la Nación de allende el l'iata. 

I".l doctor Naón se inició brillantemente en la 
carrera ] olítica. en la cual dejó en lo:lo momento 
rastros luminosos de su vasto talento, de su ilus- 
tración, de sus sanas ideas. 

Des])ués de ocujiar con todo acierto altos cargos 
en el (^lobíerno de la Kepi'iblic.a hernnma. v dejar 





Excmo. Señor Embajador de la República Argentina 
en Washington, Dr, Rómulo Naón 



Señora Isabel Rodríguez Marcenal de Naón 

profunda huella en el .Ministerio de instrucción l'ii- 
lilica. ingresó en la dii>lciniacía. ocni:andi) desde hace 
\ario^ años la Ivmbajada .\rgentina acreditada ante 
el (íobierno de los l-'.stados L'nidos de X<ine- 
.\'rerica. 

lunto a una i)ersonalidad tan elevada, nuestra co n- 
patrioia ha brillado con todos los fulgores de s;i tde- 
gar.cia \ de su belleza. Dama de tanto relieve ha 
"Si contribuido a que en el gran mtindo de la cai)ita! de 
la l'nión -.-onozcan las gentilezas de iitiestra sociedad. 
la exiunsita modalidad de las damas uruguayas, ile 
todo lo iiue de efectivo tiene nuestra sociabilidad 
en las acti\-idades culturales. 

Por eso. ])uede decirse. (|ue si el d<«.'tor Naon 
li.ice (jue la di|)lo'uacía argentina sea una ftu-rza 
res])etable v (devadamente juzgada en las esfera^ 
oficia'es noiteameri -anas, la gracia excpusita. la se- 
ñori.il distinción de la señora Isabel Rodríguez Mar- 
cenad, hace (|ue uuestnx prestigios sociales alcancen 
en medio de la arístocr;ici-i de la gran na-dón ame- 
ricana, un conceiito verdatleramente envidiable y 
])or el cual b'en ])odemos enorgnllecemo-^. 

b'n Washington es \a oroverbial la h()si)itali<lad 
(iue se dispensa en la sede (|ue ocupa la Embajada 
Argentina v son de gran resonancia social las fiesta< 
\ ban(iuetev i|ue en esos magnili.-os salones se han 
efectuado. 

l'"sa< fiesl.i--. esa-- soberbias recepciones, han dado 
a l.i señora Rodrisruez Marcenal ocasícSn hrillantisiiiia 
liara poner en evidencia su selectisinia siK-iaI)ilida<l. 
■;u claro esoírítn. su elevada distinción, v es oon 
'■sta noble jiareja (|Ue las dos Rein'iblicas del Plata. 
liernian.is en as])-r,i:iones y sentimientos, se <les- 
t.'.can \' trimif.an en los andiientes más ilustnidos 
de Norte - .Xmérica. 



• ^t^I^I^W I /\ 



I EL A\A1E 
' ¿Jrva. coleccbn 



La sencillez ])atriarcal de las casas de 
antaño, admitía el uso del mate como ele- 
mento de ol)se(inio durante las reuniones 
más o menos íntimas. 

Es indudable que .sólo a personas princi- 
l)ales se servia la infusión en esos mates 
tan valiosos. Era un ho:nenaje v una satis- 
facción (le vanidad que se i)ermitían las 
familias patriarcales. 





de 



V.n el mate se hacian combinaciones e.x- 
traordinarias de gustos. Xo era sólo la verba 
la que cedía .sabor a la infusión. Con la 
yerba se mezclaban otros elementos (|ue 
daban sabrosísicno gusto al mate, transfor- 
mándolo en luia bebida agradable y delicada. 

Cuando el cosniopolitisnio comenzó a ba- 
rrer con las tradicionales costumbres, el 
mate fué condenado por la moda y deste- 
rrado primero de las casas principales, fué 
batiéndose en retirada hasta quedar atrin- 
cherado en las casas modestas, en las casas 
del ¡jueblo, que .salvó de un absoluto des- 
tierro esta costu!nbre tan nuestra. 

De esta costumbre patriarcal han (|Uedado 
vestigios dignos de ser admirados. 

Una distinguidísima ci)leccionista. la se- 
ñora .\nialia Muñoz de Bonilla, jiosee una 
admirable colección de mates, de las épocas 
del virreinato y de la independencia. Los 
hay que son verdaderas obras de arte v 
todos ofrecen motivo de elogio. 

Son de plata, trabajos delicadísimos de 
cincel, verdaderas filigranas. Los hay que 
unen a su mérito artístico, su quizá mejor 
mérito histórico, pues los usaron los hom- 



bres de m;iyor significación de a(|uellas épo- 
cas, los que actuaron en los días gloriosos 
de nuestra organización nacional. 

La rif|Ueza de estos ejemplares dice bien 
a las claras de qué casas proceden v cómo 
cifraban las familias de antaño en esos ad- 
minículos buena parte de su orgullo. 

Contem])lando estos her- 
mosos mates comprende uno 
los cuidados, las atenciones, * ;j^^ « 
la an:able hos])italídad de 
nuestros abuelos : ¡¡ues eran 
los artísticos adminículos una 
c.xteriorización obligada de 
tanta fineza, de la fineza pa- 
triarcal, sencilla, sin co!n]il¡- 
.■aciones, pero efectiva. 

El trabajo de cincelado que esas verd.i- 
deras joyas ostentan, es una maravilla. l",n 
los diversos ejemplares se encuentran de- 
talles de alto mérito en el arte de la plate- 
ría. Los gustos más exquisitos y más ex- 
traños dan hermo.sa variedad a esta colec- 
ción, una de las más notables que existen 
en el Rio de la Plata. 

X'iendo estos mates nos e.xpl¡:amos la 




La magnifica colección de mates 
la señora Amalia Muñoz de Bonilla 

trascendencia (|ue ])ara nuestros ascendien- 
tes tenía la ceremonia fairíliar de servir un 
mate a un visitante de categoría. 

.\ü hay más (|ue ver los ejemplares ((Ue 
el buen gusto, la exquisitez de la señora 
Muñoz (le Bonilla ha coleccionado, para 
darse acabada cuenta de que .sólo en manos 
distinguidas i)udieron lu.'ir. durante los días 
tan característicos del virreinato y de la 
Independencia. 

.\nte esa colección se evo:an aquellas 
épocas tan llenas de encantos, tan amables, 
tan de " mía linea " y se imagina lo cu- 
riosos que debieran resultar a(iuellos salo- 
nes, si pudieran ser vistos hoy por nosotros. 
|ior nuestras pupilas acostumbradas a todos 
los refinamientos y a todos los boatos. 

Hidalgos o patricios formando tertulia 
en las severas salas. Familiaridad delicadí- 
sima, gentileza, y como un lazo de mayor 
unión el hermoso mate circulan<lo entre los 
concurrentes. 

llov resultarla tan rara esta costumbre; 
rara \' ¡jeligrosa. máxime cuando contra ella 
tanto predican v anatematizan los higie- 
nistas. 

Es aquéllo algo (|Ue pasó 'para siempre. . . 
La colección de la señora Muñoz de Bo- 
nilla es por todos conce])tos admirable. Por 
la variedad de los ejemplares, por la riqueza 
de todos ellos, por la inqjortancia histórica 
de algunos y por la originalidad de la 
misma : originalidad v r¡(|ueza (|Ue habla 
muy alto de la cultura de su distinguida 
poseedora. 




Los ejemplares mas hermosos y más artísticos de la colección 




'*i^;' -" 



CON verdadera, con íntima, con grande sa- 
tisfacción vamos a llevar al pajíel las in- 
tensas \- agradaltilisimas emociones ex- 
perimentadas en la hermosisima fiesta (|ue la 
distingnida señora doña Sofía Platero de Idiarte 
Horda ofreció a sus relaciones. \' esa intima \ 
grande satisfacción reside no sólo en el placer 
\ el Honor que entraña el liaber asistido a tan 
suntuoso recibo, sino en la constatación de fiue 
en nuestro gran mundo perdura y perdurará el 
noble afán de cultivar el tnás alto espíritu de so- 
ciabilidad, no dejando, asimismo, (¡ue los presíi- 
KÍos sociales montevideanos se debiliten al no 
mantenerlos con manife>taciones tan caracteri- 
zadas y tan magnificas como lo fué la fiesta (|n.' 
nos ocujja. 

Recepciones de esta índole, no solamente ha- 
blan elocuentemente de la distinción y cn'tura 
de nuestra sociedad, sino que a los ecos de su 
éxito y a los fulgores de su aureola, crece y se 
impone siempre más la fama de nuestros salones. 
y la demostración de alta cultura de que nos pn- 
dcmos preciar ante los otros países del comi- 
nenie y aun de Europa. 

Por eso decíamos antes, que a! recordar ío~ 
detalles más salientes de la fiesta ofrecida por la 
scñt)ra Platero de Idiarte Borda, experimentába- 
mos grande e íntima satisfacción, \'a en este sen- 
timiento un fondo de bien entendido amor a lo 
que es miestro. a lo que nos honra, a lo que nos 
enaltece. 

\' por todo ello, declaramos que la pluma se 
desliza rái>idamente sobre las carillas y a la mente 
acuden las gratísimas visiones y halagos que nos 
deleitaron durante la solierhia recepción que tuvo 
coiTio sede la simtuosa residencia de la calle 
Colón. 

K] fino sentido artístico de la dueña de casa, sti 
i'ustración ejemplar, su principesco vivir en i)i- 
náculo de prestigios y de reverenciaciones, han 
acumulado en maiisión tan selectísima riquezas 
de arte y de belleza, que no tienen nada que 
envidiar a los palacios más severamente alhaja- 
dos de las casas señoriales del Viejo Mundo. 

Cuando l'egamos a sitio de tal belleza, brilla- 
ban las salas en totalidad de luz y tle encanto de 
fiesta. 

Penetramos. \- desde ese instante nuestra vo- 
luntad, ntiestro ])ensamiento, todo nuestro sen- 
sorio quedó catuivado en la magnificencia, en el 
esplendor, en la suntitosidad que nos rodeaba. 

I.as maravillas que las épocas idas nos han le- 
gado y que el espíritu selectivo de una ainateur 
tan exquisita como es la sei'iora Platero de Idiar- 
te Borda ha acumulado en sus salones, recla- 
maba nuestra atención con imperio a cada ins- 
tante renovado. lín las vitrinas, en los pedesta- 
les, en los chiffoniers lucían los objetos de gran 
valor que dan intenso relieve de suntuosidad a 
una sala. 

Colgaduras riciuisimas dando majestad a las 
puertas : cuadros valorados por firmas célebres 
cubriendo las paredes: encajes de Inglaterra y 
de Brujas exornando las vitrinas y sobre los 
sutiles dibujos de estos tejidos que parecen la- 
borados por manos de hadas, la esplendidez de 
los <lelicadísiinos camafeos, caprichosos, mos- 
trando el admirable cincelado ; iriiniaturas ma- 
ravillosas, donde el dibi^'o y el colorido rivali- 
zan en perfección; abanicos deliciosos: piezas 
magníficas de Savres, del Sevres de otras épocas 
que extraía de sus hornos porcelanas que eran 



ez Platero 
Idiarte Borda 



casi iinpalpables de tan finas ; adornos de oro, de 
plata, de bronce, y todo ello colocado con so- 
berano gusto, con exacta composición de lugar y 
de armonización, formando como una soberana 
armonía de tonalidades, de brillos, de forma. 

Deteniéndonos en los detalles, acude a nuestra 
memoria una estupenda mesa de época, toda cons- 
truida en bronce repujado, y sobre la cual se 
erguían dos magníficos candelabros también de 
bronce, esmaltados en negro y rematados por dos 
fanales de cristal, los cuales eran como una evo- 
cación de aquellos días luiuinosos de la Inde- 
pendencia. " íin pendant " " coii la riquísima mesa, 
llama la atención un "chiffonier" en el cual 
luce con la majestad de su tiempo y de su ri- 
queza un centro y dos jarrones de ¿evres. 

'\' la mirada continúa en conteinplación de 
magnificencias: mármoles, bronces, telas, anti- 
güedades y delicadísimas manifestaciones del arte 
moderno. 

El piano ocupa sitio princii)al del salón y sobre 
él. cubriéndolo, un estupendo manto de encaje 
de Inglaterra desliza sus armoniosos pliegues re- 
cogidos por suntuosos calabrotes de oro... 

Junto al piano, una .silueta femeni:ia destaca su 
línea elegante : es la señorita Luisa Valdez. \'a a 
cantar. Los concurrentes, diseminados por toda la 
casa han acudido al anuncio de que la distingui- 
dísiina dilettante va a hacer oír su voz y como 
si todos obedecieran a un conjuro se reúnen en 
el gran salón y se hace un silencio, un silencio 
de es|>era en ansia de algo su|)er¡or. V surge de 
ese silencio la voz admirable de la seiiorita \ al- 
clez como una clarinada de triunfo, como una 
imposición heroica, dando toila su esplendidez a 
las notas de un canto guerrero de Wagner. 

Una ovación, una gran ovación, saluda a la 
notable cantante, orgul.o de nuestros salones, y 
los ai)lausos perduran tanto, los homenajes ad- 
quieren tal expresión admirativa, que la admi- 
rable voz de soprano se oye de nuevo, deleitán- 
donos entonces con las delicadezas de una ro- 
inanza de Duparc. Otra ovación despertó todos 
los ecos de la casa y el triunfo de la señorita 
Valdez fué una vez más definitivo, absoluto, 
arrollador. 

Calló el piano >■ los asistentes tuvieron en- 
tonces un nuevo deleite : la señorita Margarita 
Idiarte Borda recitó "L'eternelle chanson " de 
Mme. Rostand. y a los aplausos con que se pre- 
mió a la distinguida señorita, se unieron los 
aplausos que sa.ufiaron a la señora \"ioleta Su- 
pervielle de Lasala y los que obtuvo tan ruidosos 
como los anteriores la señorita Julia Villegas 
Shaw. 

Hl selecto momento de arinoiiía y lirismo ter- 
minó, aún cuando la concurrencia toda hubiera 
deseado que se prolongara, y poco después se 



y. 




pasó al amplio comedor de honor. Allí, como en 
las salas, el buen gusto, la justa orientación ar- 
tística, han distribuido muebles, cuadros, már- 
moles y bronces. Una estatua de Moisés, de ta- 
maño natural, llama })odero>amenic la atencitin 
de todos y tal obra de arte presta al severo re- 
cinto una nota de verdadera realeza. 

Sobre la gran mesa se tendia, deta.lando la sun- 
tuosidad del recinto, un mantel donde se mez- 
claba el encaje filet con el encaje de \'enecia. 
F.n floreros y ceñiros desbordaban las florea, una 
policroma variedad de corolas que perfumaban 
deliciosamente el ambiente. Amortitruadas. lle- 
gaban hasta el comedor las melodias de una 
orquesta ubicada en la planta baja del edificio 

V en esa planta baja se rindió cuto a la danza. 
Las encantadoras parejas se entregaron a las deli- 
cias del baile y al pasar en giros raudos, fueron 
como un triunfo de juventud y de elegancia. 

Nuestra impejiitenle ansia de descubrir mara- 
villas de mueblaje y decorado, pudo extasiarse 
en la contemplación <U' un salón rojo, donde se 
admiraron magnificos muebles de caoba v ja- 
caranda, algunos con valiosísimas incrustaciones 
de bronce. 

V siempre impulsados por nuestra manía, la 
curiosa mirada penetró hasta un .--oberbio salón - 
escritorio, cuyas jiaredes están cubiertas de gran- 
des j>ant)])'.ias íle armas antigua>. de mil formas. 
de distintas épocas, aceros valiosos y de leyenda. 

l{n marco tan admirable, tan majestuoso, en 
medio de tantas riquezas, la concurrencia realzó 
su brillo. ^ nunca las damas concurrentes fueron 
mejor admiradas, nunca mejor puestas ante la 
exultación de nuestra más refinada galantería. 
ijue en esos salones colmados de riquezas. 

Las recuerda nuestra mente en deliciosa evo- 
cación y volvemos a ver a la distmguida dueña de 
casa, doña Sofía Platero de idiarte Borda, avan- 
zando en triunfo de realeza, ataviada con un ele- 
gantísimo traje negro y realzado su porte se- 
ñorial con joya-- tiesiumbranies. de las que se 
destaca un hilo de perlas maravilloso. 

La señora María Angélica Platero de Wiison 
acompaña a su distingiuda hermana en las Imas 
atenciones para todos los invitados, y luce una 
riquísima toilette blanca y negra, magnificada 
por adornos de encajes y joyas rutilantes. 

V en delicioso grupo, con brii.o de constela- 
ción, surgen en nuestra memoria las siluetas de 
las señoras \alentina Butier de Fyn. Juüa X'ílle- 
gas de Shaw, Cami.a Mané de Hughes, Josefina 
Gómez de Pastori. Carmen Lámala de Peixoto y 
Clotilde Lussich de Hughes. 

Rodeando a la gentilísima señorita Margarita 
Idiarte Borda Platero, y formando un grupo deh- 
cioso donde la belleza y la gracia se disputan so- 
beranía, vimos a las señoritas : Adelaifla Cran* 
well. Ernestina Muñoz Oribe. \'alentina Fyn. 
Lsther Alvarez Mouliá. María Luisa Díaz Four- 
nier, Ju-ia Shaw Villegas. Silvia Viciorica, Mar- 
garita Bcnzano. Corina Morales Berro y CU>- 
tilde Santayana. V en este punto de nuestra 
crónica, entornamos los párpados, reconcentra- 
mos el pensamiento, y " ' vientlo " ' de nuevo todo 
lo visto en la suntuosísima recepción, otra vez 
se sumerge nuestro esjjíritu en la delicia de los 
momentos gustados, que fueron muchos y rany 
intensos. 



4 



;aVí 





HOMF.XAJK a la sran 
nación británi -a, que 
cumple sus destinos y 
nfirnia su ¡joderío. es esta 
página, que tledicamos al Mo- 
narca inglés. S. M. Jorge V, 
Rey de Inglaterra y Empera- 
dor de las Indias. 

Para celebrar el natalicio 
de este soberano ninguna nota 
más interesante que esta que 
engalana la página. Kn esa 
fotografía aparece la familia 
real e imperial en los repre- 
sentantes de cuatro genera- 
ciones : la Reina \'ictoria. 
lirimera soberana inglesa que 
ciñó la corona ini])erial de las 
Indias; el Rey Eduardo VII, 
el actual monarca y el prin- 
cipe de Gales. Cuatro genera- 
ciones, en sus personalidades 
más representativas v para 
quienes el pueblo inglés guar- 
da tanto cariño, tanto respeto. 

V rinde tanta pleitesía. 
.'\1 Rey Jorge V le ha to- 
cado goljernar al gran reino 

V al gran imperio en una épo- 
ca terrible, como no la pasara 
nunca ni Inglaterra, ni Eu- 
ro|)a. 

Su ciencia política se ha 
manifestado plenamente, y 
con ella pudo realizar el alto 
ideal de unificar pareceres, 
de reunir actividades y de 
acallar casi por co:npleto las 
divergencias que en el reino, 
como en toda nación moder- 
na, agitan pasiones y dividen a los hombres. 

En este sentido no cabe más que admira- 
ción para este monarca, el cual, por otra 
parte, ha procurado en todo momento man- 
tener incólumes las buenas relaciones que 
unen al gobierno inglés con nuestro pais. 

V en este sentido el soberano no hace más 
t[ue coadyuvar a los deseos de la laboriosa 
y honestísima colonia inglesa en el Uruguay. 
Todos los coni])onentes de esta colonia son 
hombres que nos han traído su energía de 
acción, sus iniciativas altamente ])rogresis- 
tas, su espíritu de empresa, fecundo en re- 
sultados beneficiosos para nuestro país. 

De modo que ])or un elemental deber no 
ya de cortesía, sino de aspiraciones comu- 




nes, puesto que ellos contribuyen al engran- 
decimiento de nuestra |)atría, nosotros coino 
ellos sentimos regocijo al celebrar el nata- 
licio del Soberano de Inglaterra. 

Desde los tiempos lejanos del coloniaje, 
cuando estas tierras estaban en el momento 
álgido de las floraciones nacionales, la san- 
gre inglesa se mezcló a la sangre nativa y 
siem|)re dando resultados indiscutibles <le 
nobleza, de honestidad y de rectitud. 

No im]5orta que en ciertos instantes de 
turbulencia y de error, patriotas e ingleses 
se hayan encontrado frente a frente, -Aque- 
llo no fué más ([ue ima ráfaga, una nube 
tempestuosa en un cielo sereno. 

Después las actividades de los hijos de 



-Mbión han hecho (¡ne en nuestro ])ais se 
llevaran a rabo grandes v beneficiosas em- 
])resas. 

En el mes del natalicio de S. M. Jorge V 
formulamos los más fervientes votos para 
que la ])a2 reine pronto en Europa y ]jara 
que el pueblo inglés pueda desarrollar sus 
enormes actividades, en beneficio del pro- 
greso y del bienestar de la humanidad. 




El Patronato 



Hli.MOS prometido ocu- 
parnos, con la dedica- 
ción (|ue merecen, de las 
instituciones benéficas que, di- 
risjidas inteligentemente ])ür se- 
ñoras, dan a nuestro país, pres- 
tigios envidiables y alta consi- 
deración en el extranjero. 

Consecuentes con e.sa jiromesa 
damos cabida en estas páginas 
a una nota referente al Patro- 
nato (le Da:iias que tiene su])er- 
intendencia en la Cárcel de Mu- 
jeres. 

Llevados de jniestro decidido 
afán en ofrecer a nuestros dis- 
tinguidos lectores una informa- 
ción interesante, realizamos una 
visita al mencionado estableci- 
miento ]ienal. 

^' como consecuencia de esa 
visita no tenemos más que elo- 
gios para su organización, para 
sus métodos de trabajo. ])ara su 
excelente sistema de redención 
aplicado a los espíritus contur- 
bados de las reclusas. jíobres al- 
mas en las (pie el delito ha pues- 
to una sombra. 

La Cárcel de Mujeres se halla 
ubicada en la calle Fe. mirando 
su frente hacia la amplia exten- 
sión del barrio denominado "La 
Comercial". 

El Patronato de Damas des- ^"~' 
arrolla en el austero edificio su 
acción benefactora. misión no- 
ble y desinteresada, que habla elocuente- 
mente de la nobleza de sentimientos de la 
mujer lu-ugnaya. tan dada a las obras bue- 
nas, tan plena de amor para los humildes, 
para los desdichados, para los cjue necesitan 
pan y necesitan de la piedad que todo lo 
perdona, que lodo lo suaviza, que todo lo 
redime. 

Las damas que comiJonen este Patronato 
sólo tienen la recompensa (|ue da el ejer- 
cicio de la abnegación al ser- 
vicio de una obra de amor, 
obra que ."^e practica ;on todo 
desprendimiento, obra de re- 
dención para las desdichadas 
reclusas que caicuentran en 
estas damas junto a una pa- 
labra que invoca al deber y 
al arrepentimiento, una so.i- 
risa que les demuestra todo 
lo que puede y todo lo que 
vale ser bueno, no dejarse 
llevar por arrebatos y malas 
])asiones. amar a nuestro pró- 
jimo y no guardar maléficos 
rencores. 

En la Cárcel de Mujeres 
se alojan sesenta encausadas, 
todas las cuales a las exhor- 
taciones, a la dulzura con- 
vincente de las hermanas que 
tienen a su cargo la vigilan- 
cia y orden interno de la casa 
de corrección, realizan tra- 
bajos útiles, aiJrenden oficios, 
emplean sus energías en la- 




de Damas 



Señora Doña Elvira Abella de Hordeñana 

Presidenta del Patronato de Damas 

bores diversos. Mientras recorremos la 
Cárcel las vimos bordando a unas, cosiendo 
a otras, planchando a aquéllas y lavando a 
las de más allá. 

En nuestra visita \iot el establecimiento 
tuvimos el honor y la satisfacción de ser 
acompañados por la .superiora de la Cár- 
cel, Sor María Filomena de Jesi'is, espíritu 
su|)erior, inteligencia cultivadisima. bondad 
infinita, exacta orientación cristiana en el 




Sor María Filomena de Jesús 

Directora de la Cárcel de Mujeres 



d('semi)eño de su nobilisinia mi- 
sión. S.ibe Sor -María I-üoinciw 
(le Ies^í^ la inmensa resi)on,sai)i- 
lidad que lleva sobre si al re- 
gentar, vigilar V dar exacto 
cum])li:!iieiUo a la tarea (lUc le 
está eiicc^mendada. 

La distinguida beniiana e> 
oriunda de la ciudad de CónliAa 
V descendiente de una de las fa- 
milias más i)rin';i])ales. (iracia- 
a ella conocimos el régimen in- 
terior de l;i Cárcel, la forma en 
(|ue son tratadas las reclusíis. 
cuál es el sistema de correcci«>n 
(|Ue allí se em])lea y los Tiilii- 
bueiios i|ue ese sistema rciKirta. 
( )bra i)aciente v hcr;nosa de le- 
generación. de cura c>i)iritual. 
de repara 'ion ])ara las desdicha- 
das (pie allí envía le ley. inexo- 
rable \' severa. 

De las reclusas no inidinios 
obtener fotografías iMjniiie ello 
está prohibido i^or el Consejo 
Penitenciario. ¡íero en cambio a 
la amabilidad de Sor Maria Fi- 
lomena de lesi'is del>en'os el ha- 
ber conocido en todas sus de- 
liendencias esta casa triste a la 
(|ue conduce el delito y en donde 
la piedad lleva rectamente al 
arrepentimiento. 
F,l sistema todo bondad, de se- 
' rena energía que allí se practi- 
c;i. realiza milagros. Los esjñ- 
ritus conturbados encuentran 
un lenitivo en la dulzura de las hermanas. 
en su ])ersuasión. en su ejem])lo de bondad 
V de sumisión. 

En nuestra visita las vimos, como deci- 
mos antes, ocujiadas en diversos lalH)re-. 
Todo nos dejó asombrados ])or el orden y 
la liiniíieza (pie se observa dociuier. Hn los 
lavaderos, en las cocinas, en los am])lios 
dormitorios, en los comedores, en todos la- 
dos encontramos reclu.sas. cuyos ojos llenos 
de melancolía nos contenpla- 
ban con curiosidad. En una 
de las galerías internas tuvi- 
mos ocasión de admirar un 
magnifico Corazón de Je-ii> 
(|ue ha sido regalado al c>- 
tablecimiento por la señora 
Margarita Uriarte de He- 
rrera. 

.Al frente de la Comisión 
de Damas, que constituyen el 
Patronato de la Cárcel, se ha- 
lla la distinguidísima señora 
doña Elvira Al>clla de Hor- 
deñana. \"incula(la esta dama. 
a esa obra desde que ella fue- 
ra fundada, ejerce hace ya 
algunos años la ])resídencia 
lie esa autoridad fiscaüzadora 
en la organización interna de 
la Cárcel. 

Muchos desvelos y gran- 
des preocupaciones cuesta a 
las (lamas de esta dignísima 
Comisión el cargo (|ue en ella 
desempeñan Pero a la vo- 



luntad, a la bonJadosa influencia, a la inte- 
ligente y oportuna intervención de la dama 
que o;una el i)Uesto más representativo y 
(le más responsabilidad en esa Comisión, se 
debe el perfecto funcionamiento de esa 
Casa Correccional. Y por ello y porque su 
bondad es infinita y su (le<licación a todo 
lo que sea una obra de misericordia llega 
a los limites del sacrificio, el nombre de 
doña Elvira Abella de Hordeñana está 
desde ya escrito en el honrosísimo libro de 
las que cumplen el pre:e])to evangélico de 
socorrer al desvalido. 

Aconi])añan a tan noble dama en la Co- 
misión del Patronato las distinguidas seño- 
ras : Amalia Castellanos de 
CarvíTlho. Elvira Horne de 
Romero. Isabel Harrozo de 
Saavedra. Antonia (larzón, 
Margarita Uriarte de Herre- 
ra. Carmen Martínez de \\ i- 
llinian, Isabel Reyes de Ro- 
dríguez. Ana Vázquez Sa- 
gastume de Fiera. Fanny 
Jaureguiberry de Castro, 
C.regoria Alvarez de Díaz, 
Isolina Eastman de Vidal He- 
lo. Bernardina Illa de Sarda, 



más bello y más completo de los resultados. 

Año tras año. cuando la Alta Corte de 
Justi'.'ia realiza la visita reglamentaria a 
los establecimientos penales, se pueden cons- 
tatar los i)rogresos que dia a día se realizan 
en la Cárcel de Mujeres, los buenos efec- 
tos (jue se obtienen al encaminar a las re- 
clusas en ima via de arrepentimiento y de 
bondad. 

Xo es sólo a base de perseverante con- 
vencimiento y de suave disciplina que las 
buenas religiosas realizan su obra. También 
hay un factor importantisinio complemen- 
tando la labor (|Ue se obtiene con la prédica, 
y ese factor es el trabajo. 





Xuestro país se distingue indudablemente 
en el continente v acaso fuera del conti- 
nente por su avanzado y excelente sistema 
de reclusión penal y también por los edi- 
ficios que se destinan a ese fin. Aun cuando 
en el ultimo ])unto la Cárcel de Mujeres no 
puede ser mencionada, en cambio en lo que 
al sistema y organización se refiere, debe 
ser colocado este establecimiento en primera 
linea. 

Con verdadera satisfacción asi lo hace- 
mos constar, dando en la realización de 
obra tan buena gran parte al Patronato de 
Damas. 

Decimos (|ue como edificio este estableci- 
miento penal no tiene nada 
de moderno. 

.Aprovechado un local (|ue 
ni remotamente fué construí- 
do ])ara ese objeto, se intro- 
dujeron en él reformas (jUe 
lo habilitaron en todo lo po- 
sible para dar alojamiento a 
las detenidas. 

lisas reformas han dado 
ini poco de comodidad para 
todas las dei>enden:ias de la 
Cárcel, pero sin embargo no 



Los amplios comedores de las reclusas 



Solana Reyes de González y 
.\ngela Cuestas de Grunwald. 
La obra (|tie realizan las 
Damas del Patronato en co- 
laboración inteligentísima con 
las Hermanas (|ue tienen a 
su cargo el orden y el siste- 
ma correccional que en el in- 
terior de la Cárcel se pone 
en vigencia, (iroduce resulta- 
dos verdaderamente asom- 
bro.sos. 

Es imludable (|ue el alma 
femenina es siempre más ma- 
leable, más accesible a los dic- 
tados de la bondad y a las 
imposiciones del arrepentimiento. Una mu- 
jer que ha cometido un delito está más 
cerca de la regeneración (|ue im hombre. 
Para ello influyen, el fondo de ternura que 
siem])re existe aún en los espíritus feme- 
ninos más cerrados al sentimiento, y tam- 
bién el factor im])ortantc, esa condición de 
hmiiildad (|ue tanto embellece a la mujer 
y ((Ue obra en primera linea cuando, como 
en el caso de las recluidas en la Cárcel de 
Mujeres, necesitan ser accesibles a la ac- 
ción de un régimen que es más regenera- 
tivo que penal. 

En este terreno, fecumlo a las imposi- 
ciones del deber, del consejo v de la refle- 
xión, la acción de las Hermanas obtiene el 



V^^ 



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Los dormitorios 

Hemos di'-"ho antes que en nuestra visita 
a la Cárcel observamos (|ue todas las pe- 
nadas se dedicaban a una tarea. En esa con- 
tracción obligada al trabajo, las rebeldías se 
acallan, la calma vuelve a las almas presas 
de encontradas pasiones; en la satisfacción 
de la labor realizada hay una intima alegría 
y ima noble emulación (|ue des])ierta ansias 
de mejoramiento, y así. lentamente, con 
lentitud pero con seguridad, como gota de 
agua (jue va horadando la piedra, así la 
regeneración germina en las delincuentes y 
al cabo del tiempo, la prisión devuelve al 
nnmdü una nnijer útil, buena, con todos 
los nobles sentimientos en vibración con- 
tinua; ser útil a la sociedad y a si misma. 



es eso ni con mucho lo (|Ue 
se necesita. 

'reniendo un establecimien- 
to construido de exprofeso, 
los talleres (|ue fimcionan en 
su interior tendrían amplitud, 
y se podrían llevar a cabo en 
ellos tareas complementarias, 
(¡restando no sólo beneficio a 
la casa sino que también de 
aplicación a los estableci- 
mientos de caridad. 

En los talleres de lavado y 
lilanchado se podrían enton- 
ces instalar máquinas perfec- 
cionadas, que simplificarían 
el trabajo, lo harían más intenso y sería 
n iicho más educativo para las reclusas. 

El Consejo Penitenciario realizaría obra 
buena bus;ando el medio de ¡.oder construir 
mía Cárcel de Mujeres dotada de todas las 
comodidades y exigencias (lue se establecen 
en el moderno concepto de la penalidad. 

De esta suerte la obra del Patronato 
l)odría ser más extensa, y en ella se aplica- 
rían ampliamente las nobles iniciativas y 
las desinteresadas actividades de las dis- 
tinguidas señoras (|ue componen esa cor- 
poración. 

Pero si lo de mañana ]X)dria ser meriti- 
tisimo. lo de hoy es digno de los mayores 
elogios. 







Algunas condecoracio- 
nes del ilustre marino^ 
entre las que figura la de 
su campaña en nuestro 
país. 





Basroír^ de Amas^raas 



SKLKCTA tiene en su programa de 
acción. ])erfectamentc definido 
y que cumplirá sin vacilaciones 
ni desmayos, un capítulo destinado a 
rendir culto a los Héroes de América. 

Intensificar el culto de los grandes 
luchadores americanos, demostrar a las 
generaciones de hoy todo lo que aque- 
llos hombres valían y todo lo que signi- 
ficaron para la época en que les tocó 
actuar y aún para ejemplo de las épo- 
cas presentes, es obra de bien enten- 
dido americanismo, la cual no hemos 
de trepidar nunca en llevar a cabo y 
en la medida de nuestras fuerzas. 

Glorificar a los héroes es honrarnos 
y honrar a! continente que los cuenta 
entre sus hijos. Xada, pues, más encua- 
drado en una norma de propaganda 
patriótica y nada que pueda despertar 
más hondamente las simpatías de los 
{[ue tienen para el pasado y sus hom- 
bres el respeto que merecen. 

Xo sólo debemos gloriar a nuestros 
luchadores. También cabe nuestro res- 
peto, nuestra admiración y nuestro re- 
cuerdo para los héroes de las demás na- 
ciones de América. Kn ello va una re- 
tribución de homenajes a que nos lleva 
nuestro igual origen, nuestras aspira- 
ciones y nuestras comunes ideas. 

Per eso en esta página dedicamos 
un recuerdo al Almirante Barrozo. Tía- 
rón de Amazonas, héroe brasileño, ilus- 
tre marino. vaHente guerrero, grande 
entre los grandes de América. 

Xo vamos a recordar todas las pá- 
ginas brillantes que forman la vida del 
gran marino y del abnegado patriota. 




Recordaremos tan sólo y como para 
poner en estas líneas un broche de oro. 
que el Almirante Barrozo es el ven- 
cedor en el combate naval del Ria- 
chuelo, realizado el 1 1 de Junio de 
18Ó5. Bastaría este so'o hecho de armas 
l)ara dar gloria al nombre de un militar. 

Por esa victoria rutilante, por esa 
demostración estupenda de arrojo y de 
bravura, por esa comprobación de una 
I)ericia táctica extraordinaria, el go- 
bierno im])crial del Brasil confirió al 
marino ilustre, el título de Barón de 
Amazonas. 

Fué el .almirante un gran amigo de 
nuestro país. Cuando las incidencias de 
las luchas poliiicas lo trajeron a Mon- 
tevideo, aquí permaneció hasta que lo 
sorprendió la muerte. 

\ en tierra uruguaya descansó el 
liéroe durante algunos años, hasta que 
el recto sentido patriótico de sus con- 
ciudadanos decretó la rei»atriación de 
sus restos. 

lüi aquella oportunidad glorificaron 
al Aimiran.te. uruguayos y brasileños. 

V.n la página que ofrecemos figuran 
la> condecoraciones que ostentara el 
gran marino. También se reproduce la 
espada de honor que le regalara la co- 
lonia brasileña dei Uruguay. 

Todas estas g'oriosas condecoracio- 
nes se hallan en poder de la hija del 
ilustre guerrero, que es la señora Isabel 
Barrozo de Saavedra. dama cuyas vir- 
tudes son un ejemplo, y cuya distinción 
y cultura !e otorgan un sitio principalí- 
simo en nuestra sociedad. 







Otras condccoracíotics 
del héroe brasileño, la fna- 
yoría de ellas obtenidas 
en las acciones del Pa- 
raguay. 



Espada del Almirante 
regalada por la Colonia Brasileña de Montevideo 





JÍ^-. 






S\ 





frL LMÍN 



Eii rl primer rundro : Srñoriínf^: íTlnrqnrirn H 
Señorees: lulio Rrícnqn y '^'^í"^^'' P 

En el sequnóü runóro: Señoritas: n;arín Inc 
Señorerj : HTliquel Hebei y lunn 



fiu;- .¡'.;i* i,;):íi'i-¡;-.[)H ^.irü .\uv ítí-g í-^-I.- '.-.n ;l;"¡j::rl.- ■•;]1:) k (iltiUiuí:: 
¡i ¡M- : . i- :■ ■ ■ ( V ui í ! ;! I ■ • I ¡ ru] l; i cí o '' y í" i ; 1 1 ci B . 

i\' ii'.ii' r:i I;)-. luiriiOo'i ;í',ií'íÍ,mi i-il.T'JiTiir [Vttii.!'- y ^ «liikiIliTii-^, t"i;í-i.i 
.■■■I,! i;;k' !;• ¡íTi,'--!.! ;¡n :■ i.t.--, f> l;-.;í;r;;j:Tnr-¡:;. 



II!-- ; f.'U!', - v)ij¡nlc]-i en (innt!.- -a; (!i;¿-m:- 

í.i;-- [Íi:h nnins 1i;Icu;rtii ic ci-- .1. '' i'íirní^- ;•■ 
'iii'i --i:!!' olMt'nidníi fi in ctinili 1 l-¡ki".c!.i c-: 

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'ñoritnñ: marcjnritn Hcbcr Urinrtc y Bimba Bclicrcnñ 
ulio Rrtrngn y 1o5t'' Peúro Segundo 

Señoritas: n-arin Inrs de Rrtcnqn y Elisa Tnranro 
miqurl Hrbri y Tunn lasó úe Rrtenga 



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Carlos F* Sáez en su estudio de Roma 



HAX pa^a(io ya muchos años desde que 
aquel cerebro privilegiado cesara de per- 
cibir las sensaciones infinitas de la natu- 
raleza, para trasladarlas luego con una brillantez 
admirable de coloritlo a las telas que despertaron 
siempre la admiración y el aplauso. 
Pero ni el tiempo, ni el surgimiento de muchos 

pintores uruguayos de verdadero mérito, ni la 
imjKJsición de nomlires ante la consideración pú- 
blica por méritos verdaderos y condiciones sobre- 
salientes, han amortiguado el recuerdo que para 
Carlos F. Sáez guardan todos los que tenemo? 
para las manifestaciones de la belleza en el arte 
im verdadero cidto. 

Kn plena floración de obra robusta, origina- 
lisima. vivirla. Sáez murió. Capricho desesiic- 
rantc del destino que tren challa una vida ju- 
venil y arrebataba al arte a uno de sus hijos 
privilegiados. 

Pero aún cuando eí tránsito de Sáez fué fugaz 
(pasó como una estreKa errante que rasga con sus 
haces luminosos ia negrura del infinito) , lian 
quedado magnificas exteriorizaciones de su ta- 
lento, de su clara visión del arte, de la brillantez 
meridional de su i)aleta y de la firme:ía asom- 
brosa de su técnica. 

Cuando se conocieron en Montevideo las pri- 
meras obras de Sáez. el distinguido critico de 
arte, señor Etluardo Ferreira. escribió ini juicio 
muy conceptuoso del que no resistimos a trans- 
cribir algunos párrafos, dado que es hoy nuestro 
propósito rendir un homenaje al ta'entoso artista 
muerto. 

"La columna en que se apoya todo el porvenir 
de este pintor de raza se compone de tíos mate- 
riales que son al hombre lo que la cal y la pie<lra 
al edificio: talento original y estudio serio. Hay 
quien cree — y no va descaminado — (|ue es 



uno de los temperamentos más artísticos que ac- 
tualmente existen en el país, y de los que pueden, 
si persiste en su amor al trabajo, llegar tan 
pronto como lo quiera a la perfección. Su curso 
de aprendizaje no está, sin embargo, terminado. 
Hay mucha vida por delante y muchas cosas 
que sólo se aprenden con la experiencia. Por na- 
tural inclinación del espíritu, Sáez es dado a lu- 
char con las mayores dificultades, como olírero 

que vencido un obstáculo, se empeña en buscar 
otro para vigorizar sus músculos y hacerse resis- 
tente a todo esfuerzo. Uno de los rasgos más pro- 
nunciados de su carácter es el afán que le mueve 
a perseguir siempre, para asunto de sus telas. 
aquello (|ue no siendo belleza en un sentido ge- 
neral, lo es. en cambio, para los que saben extraer 
de su fondo el alma que los transforma al inun- 
darlos en sus claridades. ¿Recordáis aquella ca- 
beza de mujer flaca, huesosa, exangüe, con una 
nube densa de melancolía en la mirada, y un ma- 
nojo de flores enredado en la reluciente cabe- 
llera?... Ese es el sujeto general de las mujeres 
que ha estudiado. Pudo, como muchos, caer 
desde el principio en la tentación de los primores 
de un semblante hermoso, aterciopelado, que en- 
tra decididamente por los ojos de los espectado- 
res: pero ha preferido hasta ahora el contraste 
de la belleza surgiendo de luia fuente de ai)a- 
riencia mezquina, la dificultad de una impresión 
agradable provocada con la misma imagen o 
asunto que en el original nos llevaría al disgusto, 
a la seguridad de un efecto inmediato conseguido 
con niodelns <le buen ver. Kn el arte no hay 
Xarcisos ni Quasimodos : todo es materia de 
talento: pero supone mayor dificultad deleitar 
con temas rebeldes a toda siiupatía espontánea. 
(|ue con asuntos que seducen desde luego por la 
iíelleza tiue traen en si mismo>. independiante. 



LQiAm/TA/ 

A¿JtRT9X 



muchas veces, de la belleza que sobre ellos es- 
parce el artista... ¿Defectos?... Los tiene Sáez. 
si, como todo principiante. Se resiste a concluir 
la mayoría de sus trabajos, enamorado más de la 
mancha vigorosa, del golpe de pincel espontáneo, 
que de toda labor paciente y definitiva. El tiempo 
corregirá esta debilidad, que no es contorsión or- 
gánica, sino pasajero vicio adquirido, probable- 
mente, en el roce con los colosos del arte. La di- 
visa ¡Too late! con que Barbey d Wurevilly cerró 
sn vida, no ha sido hecha para espíritus como 
el de Sáez. que en cada aspecto nuevo de la na- 
turaleza encuentran mi motivo de regocijo, y en 
cada irradiación de alegría un estímu'.o constante 
para avanzar confiadamente en la senda que 
conduce a mi por\ellir brillante!..."* 




oc;l^[^v i f\ • 




cu tiempos de Lui.s XV. Lleva la letra A. vale decir 
cjue es de las primeras porcelanas hechas en esos 
reputados estab.ecimientos, entre los años 1753 a 
1755- 

Fué adquirido en Francia por el señor Julio C. 
Pereira el año 1848 v hoy lo posee el caballero don 
Alejo Rosell y Rius. 

El reloj es una pieza de bronce cincelado, de alto 
mérito artistico. antiguo, del más puro estilo gótico, 
y reproduce la entrada principal de la célebre basí- 
lica de Santa Teresa de Jesús, en Alba de Tormes. 

Los detalles de cincel, maravillosamente conser- 
vados en el oro del bronce que ¡jarece flamante a 
pesar de su antigüedad, y la armonía de líneas de la 
pieza, dentro de aquel difícil estilo, lo hacen, una 
muy preciada joya. Aquilata su mérito el haber 
pertenecido a don Jaime Illa, el hidalgo español que 
fundó en el Plata la difundida familia de su ape- 




hdo. y a quien se <lebió, según nuestro historiador 
De - Mana, el encender en el espíritu de las ciuda- 
des coloniales, la reacción libertaria contra las in- 
\asioncs ingle-as. y fué luego, como se sabe, el jefe 
de la artillería realista que en contra de nuestro 
gran Artigas, luchó en la heroica batalla de Las 
Piedras. 

Hoy. después de ciento cincuenta años a través de 
la descendencia de aquel procer, el precioso reloj 
obra entre las reliquias de familia, que guarda el 
señor .Agustín Lia Castro, nieto de don Jaime Il'a. 

El seKo es una magnifica pieza formada por un 
to]>acio recubierto en un extremo por un aro de 
oro, maravillosamente cincelado. Perteneció al Conde 
de Lizan y fué regalado por éste a la señora doi"ia 
Sixta Lenguas de Joanicó. Actualmente se halla en 
¡loder de la distinguida señora d(.tña Celia Joanicó de 
Folie. 



— SELECTA — 



TIERRA privilegiada, tierra 
(le proaiisióii es la nuestra, 
que tanto ha dado, (jue 
tanto da y que tanto guarda en 
SU seno esperando la iniciativa 
(le la industria, el esfuerzo inte- 
ligente del hombre laborioso que 
sepa desentrañar sus riquezas, 
inmensas, incalculables tesoros, 
cuya n"iofnitud ni aun podemos 
imaginar. 

Riqueza efectiva. ri(|ueza (jue 
se oculta en las entrañas de la 
tierra, riqueza que codician mu- 
chos y que ya habrían fru:ti- 
ficado. ya estarían en ]3lena ex- 
plotación si la ini nativa pública 




Muestras de pórfidos y marmoles 
de las canteras de los señores 
Bonilla, Fabini y Cía. 

y privada fuera más efectiva en 
el pais. 

I'.s a eso ])recisamente que 
tienden los propósitos de hom- 
bres de eni[)resa. que miran des- 
de muy alto hacia el porvenir 
y que a despecho de esa fatal 
indiferencia (pie suele ahogar 
entre nosotros tantas obras bue- 
nas, marchan serenamente hacia 
el triunfo, sin cuidarse de los 
que. i)or falta de fe o de inteli- 
gencia, (piedan rezagados en el 
camino. 

Xos referiiros a dos conq)a- 
triotas distinguidísimos, a dos 
hombres de labor <|ue con absoluta concien- 
cia (le lo (|ue imjjorta en nuestro ambiente 
tomar una iniciativa y llevarla tesonera- 
mente a cabo, han revelado al país una 
nueva y extraordinaria riqueza natural. Son 
estos hombres meritisimos. los señores Án- 
gel líonilla y Fabini y Cia., y la obra por 
ellos iniciada, obra de proyecciones enor- 
UK'S, la explotación de las canteras de pór- 
fidos y mármoles (|ue existen en Maldonado. 
Los pórfidos ((ue ])osee en sus canteras 
el señor Bonilla .son de una belleza excep- 
cional. con:o no los han hallado en los me- 
jores yacimientos de líuropa. 

Los hemos examinado en la ex])os!ción 
(|uc se halla abierta al público en la calle 
Rincón y Treinta y Tres y nos hemos encon- 
trado con verdaderas maravillas. 

De la bondad de estas piedras ha dado 
elogiosisima opinión el ingeniero Moretti. 
director de las obras <lel Palacio Legislativo. 




Las famosas ruínas_^de Palestina donde se encuentran enormes columnatas de pórfido, mármol y granito. 



Kste notable técnico se mostró asombrado 
cuando le mostraron los productos obtenidos 
en las canteras del señor Bonilla, v al califi- 
carlos dijo que eran estupiendos. 

Dada la opinión del ingeniero señor Mo- 
retti. los revestimientos del monumental edi- 
ficio serán hechos con esos pórtido?. 

Todos son de una gran belleza de colo- 
ración ; el veteado tiene tonalidades e.xípú- 
sitas ; cuando el pulimentado le ha dado 
todo US valor ornamental, apeare ;en como 
verdaderas joyas. 

En la ex])()sición (|ue antes citamos he- 
mos admirado algunos trozos de ])órfidos. 
de las canteras del señor Bonilla, ya ])uli- 
nientados, y en verdad que nuestro asom- 
bro no fué menor que nuestra satisfacción 
al constatar que nuestro pais encierra tales 
riquezas, tales magnificencias, ya extingui- 
das casi en otras partes del mundo. 

Nada más puesto en razón. 



El granito de las canteras del señor Bo- 
nilla (ubicadas en los mismos terrenos de 
donde se extraen los jjórfidos), es también 
de una belleza exce])cional. Los hay de va- 
rias coloraciones y accesibles a los más 
finos pulimentos. 

Los n^árnioles de las canteras Burgueño. 
jn-opiedad de los señores Fabini y Cia., ya 
son famosos dentro y fuera del país, de 
n'odo (|ue todo lo (pie digéramos sería una 
repetición de las opiniones autorizadísiaias 
(|uc ya se han vertido respecto de ellos. 

Si:i.i:cT.\, consecuente con su programa, 
se complace en señalar estas ricpiezas del 
snelí] ])r¡vilegiado de nuestra jxitria )• elo- 
giarlas con el calor y la justicia (pie ellas 
merecen. ])oniendo de relieve la importancia 
de las iniciativas llevadas a cabo por distin- 
guidos compatriotas, que han sabido hallar 
esas maravillas y utilizarlas en todo su gran 
valor. 




Joan A. Gómez Brown 



César Cardoso Guaní 



' ¿3iz.t-.i::,^> I ¿^ ■ 




Tiple Stefi Scillag dr la compañía que actúa 
en el Urquiza 



LA opereta es como una carcajada de mu- 
jer bonita. Una brillazón de perlinos dien- 
tes, tras un arrebol de aurora en dos la- 
bios que se entreabren, y una delicia de oyuelos 
en las mejillas frescas, magnificas. 

Opereta necesitábamos en medio de la adusta 
actualidad que atravesamos, y opereta tenemos 
desde hace unos dias, jxira delicia de los que 
buscan en el teatro : color, mujeres, música ama- 
ble y luces en derroche polícromo. 

La compañia Sconamig',io - Caramba ha de- 
butado con éxito ruidoso en el teatro Urquiza. 
Llegan en esta compañia figuras de gran re- 
lieve en los escenarios de opereta. 

Tal la soprano Stefi Scillag, graciosísima ar- 
tista, cautivadora, hermosa, que es en la escena 
un triunfo de sonrisas y de gentileza. 

Julia Cesti es otra de las tiples que nos trae 
este conjunto y sus prestigios los fundamenta 
en su v(íz armoniosa, en su delicadísima escuela 
de canto y en su elegancia para presentarse en 
escena. 

Herminia Gómez forma la trilogía de las pri- 
meras figuras femeninas de la compailia y como 
las \-a noml)radas tiene en su haber sonados 
triunfos. 

En los espectáculos ya realizados pudo el pii- 
blico admirar la estupen<la presentación escénica 
y la verdadera perfección de la organización ge- 
neral, incluso todo: artistas, coros, orquesta y 
decorado. 



Debutará en estos dias en Sit'.ís la compañía 
cómica española dirigida por el notable actor 
Simó - Raso. 

Forma parte de esa compañía la primera actriz 
Julia Delgado - Caro, una de las más inteligentes 
actrices de la escena dramática española. 

De Simó - Raso opinan los hermanos Quintero: 

' ' Simó - Raso es el actor de la verdad en sus 
más varios y contrapuestos matices. 

''Tal vez en el arte del comediante puede lo- 
grarse con relativa facilidad la representación de 




eciia y 



un tipo dramático o cómico, de una fieca. En 
cambio, son muy difíciles de expresar esos tan 
humanos y complejos afectos, que participan del 
do'or y la gracia, del llanto y de la risa. Simó - 
Raso es maestro insuperable en este sentido. 
' 'Hasta a la caricatura más exagerada como 




El notable artista español Simó -Raso 





Julia Delgado -Caro, que actuará en Solis 
con Simó -Raso 

se funde en la verdad, le da él ca'or humano y la 
hace verosímil. Únicamente en ese teatro pala- 
brero, sermonario, todo falsa literatura para en- 
gañar al vulgo letrado e iletrado : sólo en ese 
teatro sin sangre y sin vida se ha'la el gran actor 
como fuera de sns dominios. 

"lín buen hora. Es un motivo más para feli- 
citarle cordialmente. " 



(/at^'c/i. 



Sii.cET.v BREVE. — Para hacer un rápido bosquejo 
de la gentil figura de Carolina Beltri, puede en- 
cerrarse todo un poema en este tríptico verbal : 
Arte, Belleza, Elegancia. 

La infatigable, la mimada primera tiple cómica 
de la compañía que actúa en el teatro i8 de Julio, 
constituye un caso único en los anales de la vida 
artística. Ha cumplido recién diez y ocho años, 
edad a que muchas actrices que llegaron a cele- 
bridades, en surgente precoz de condiciones, die- 
ron los primeros pasos de su carrera. Carola 
Beltri, en temprano despliegue de facultades ad- 
mirables, antes de los quince abriles — que tanto 
zarandean los poetas en sus elucubraciones — 
figuraba ya como parte principal en muchos elen- 
cos de notoria importancia, sobresaliendo, por su 
irradiación de simpatías y por la selección de su 
trabajo, en las hermosas temporadas de opereta 
españo'a que nos ofrecieron Esperanza Iris y 
Aída Arce. 

Es lógico manifestar que Carola Beltri no ha 
llegado aún a la plenitud de su arte especial en la 
escena. Pero, si en la actua'idad de sus pocos 
años ha logrado alcanzar el aplauso unánime, mal 
que pese a cierta crítica que desprecia el argu- 
mento de la edad para no perdonarle a la artista 
casi niña sus explosiones de infantilidad en cier- 
tos números de interpretación, justo nos parece 
establecer que la Beltri no tardará en definir su 
personalidad, conquistando todo lo que el estu- 
dio y el tiempo ponen en manos de quien tiene 
sobradas fuerzas para triunfar. 



Carola Beltri, tiple cómica de la compañía Ferrer 



tl/LcKia/c, 



Bl fuego sagrado 

^ Alta comedía en 3 actos o 

ACTO I - ESCENA X 

Don Jaime y Amelia. 

Amki.ia. — ¡ AI fin! ¡Qué tarde; no te figuras! 
Xo sabes, papá, no sabrás nunca, lo quL- 
es estar sola con una preocupación, en- 
tre cuatro ¡¡aredes... Xadie oye. nadie 
escucha. 
Dox Jaimk. — ; X'amos ! No exageres. Todo el 
mundo tiene motivos de impaciencia y 
de fastidio. ¿ Qué te ocurra ? ¿ Has te- 
nido alguna diferencia con Próspero? 
Vmicma. — Xo ; eso no ocurre jamás. Diez y 
siete años juntos, sin que nunca haya ha- 
bido una discusión. ¿Para qué? Él es 
como es y yo... soy como soy. Sería 
inúti! empeñarse en lo contrario. Con- 
formémonos con... !ü de todos los días. 
D( .\ Jaime. — Hah... no seas cruel contigo y... 
conmigo, recordándome lo que no quiero 
recordar. ¡Qué hemos de hacerle! Tú lo 
has dicho : ¡lo de todos los días ! ¿ Xo 
es eso, acaso, la vida? 
Amklia. — Papá, por favor... no me atormen- 
tes. 
D(..\ Jaimk. — ¿ Pero, qué tienes? Me parece 
que hoy los nervios le han jugado una 
ma'a ]>artida. 
A.MKi.iA. — Si : 'o confieso: me tral)aja una idea, 
una preocupación y me domina, me opri- 
me, es más fuerte que yo. 
Don Jaimk. — ¿Te ha pasado a'go? 
A.Mi-xTA. — Xo se traía de mí. no es eso. Mi 
vida, buena o mala, feliz o estúpida 
ya está definida y no hay que pensar en 
modificarla. Sería inútil; no habría s:)- 
lución. Pero es que se trata de mi hija. 
de Catita. Hoy se iuef>a su destino y 
toda la tranquilidad (pie he tenido sobre 
ella, hasta ahora, se ha convertido de 
pronto en una angustia, en una zozobra 
¡qué se yo! algo que presiento, que adi- 
vino y que no puedí) soportar. Tú sah:-s 
(jue a las seis, vendrá... 
Do.\ Jaimk. — Si; me lo lia dicho el propio Al- 
berto: quiere visitarla y después ¡claro 
está! casarse. Me parece que está com- 
l)letamente enamorado. 
Amelia. — ;Tú crees? 

Do\ Jaimk. — ¡Al menos, habla de mi nieta con 
un entusiasmo ! Figúrate que hoy me 
trazó su silueta... ; Qué se yo! Me dijo 
que tenía un perfil griego, una frente 
digna de Leonardo y una mirada será- 
fica como las vírgenes de Boticce'li. 
Amelia. — ;V nada más? 
Oo.\- Jai.mk. — ¿Te ])arece poco? 
Amelia. — (Dcspucs de una pausa). Sí: papá. 
Dox Jaimk. — -' Qné dices? Precisamente, traía 
])ara ti un mensaje, pero jamás creí que 
fuera necesario. 
Amelia. — ¿De quién? 

Dox Jaimi:. — De Alberto. Fué a visitarme esta 
larde, para que yo viniera antes de 'as 
seis a hablar contigo... contigo... si... 
porque ha notado o jiresume que opo- 
nes alguna resistencia a sus pretensiones 
y deseaba que yo le persuadiera de su 
sinceridad antes de hacer la demanda 
formal. Yo traté de convencerlo que es- 
taba en un error. Pero ahora... la ver- 
dad. 




.\.MELL\. — ¿Quér Habla. 

Dox Jai.mE. — Pues... ci>mÍenzo a creer que si 
bien no te ojjones, por lo menos dudas 
y vaci'as... ¿Esa era toda tu preocupa- 
ción, toda tu angustia? 

.A.MKLIA. — Si. francamente, sí. ( Pausa K 

Dox Jaime. — Y... ¿por qué? 

.A.MELIA. — Por que... no sé... es algo raro... 
instintivo quizás... pero... 

Dn.v J.\iME. — Habla, Amelia... tú ocultas algo. 
Xo tengas secreto para mí. Dime toda 
la verdad, sin reservas, sin temores. 

.Amelia. — Yo no se mentir, bien lo sabes. 

Dox Jaime. — ¿Qué piensas, qué jiresumes. qué 
temes? 

Amelia. — Esa es la palabra: temo si. temo i)or 
los dos. ¡ Si no fuesen felices ! Si a'gún 
día se reprodujese el espectáculo de dos 
vidas... como las nuestras. 

Dox Jaimk. — ¡Como las vuestras! 

Amelia. — Sí, papá... es horrible. Estar junto 
a la persona elegida por compañera y 
sentir que hay un abismo entre los dos. 
La \"ida resulta absurda. uK^nótona y 
nada más que por deber se continúa una 
simu'acíón de dicha que... só'.o engaña 
a los demás. 

Dox J.MMK. — ¿De manera que nada han podido 
los años sobre tí? \'uelvc a resurgir la 
Amelia, aquella Mely de los primeros 
tiempos... ¡.Ah... esa cabeciía ! 

A.MELIA. — Xo. es el alma. papá. ínúti'mente 
tratamo'i de (lue se adormezcan las fi- 
bras íntimas, imponiéndonos el sacrificio 
de nuestros gustos, de nuestras preferen- 
cias, de nuestros anhelos, de nuestros 



sueños, en linminaje a la... vida en co- 
mún, a... la iranquilidad. a... lo de 
todos los días. Llega un momento en 
que todo renace, todo vibra, todo se es- 
tremece }■ entonces. . . só'o el sacrificio 
es capaz de evitar el desastre. Y es(» 
temo. 

Dox Jaime. — ¿Dudas de ti? 

.Amelia. — Xo. de ellos, de él, a q-uien veo sur- 
gir como un fantasma, para acusarme, 
para atormentarme. 

Dox Jaime. — Amelia... Alberto... ¿Qué mis- 
terio es este .' 
.Amelia. — ¡Por Dios, papá! ¿Qué piensa^? 

Dox Jaime. — Xo, no; pero hablas de fantas- 
mas. 

.Amell\. — Sí, si. porque es e>o... es una ven- 
ganza, un castigo, he sido cobarde, co- 
barde, cobarde! 

D(>N Jaime. — Pero hija, no com])rendo. Sién- 
tate, hablemos con tranqui'idad, per.í 
claramente, >!n esas reticencias que... 
me confunden y me sorprenden. Ten 
confianza en mi... dimelo todo. 

.Amelia. — Tienes razón. Me exa'to y pierdo la 
calma. ( Sentándose ) . ¡Si tú supieras! 

Dox Jaime. — Bueno, asi. tranquila. Confíale, 
no tengas temor ninguno, dime toda la 
verdad. 

Amelia. — (l^cspucs de mirar con recelo hacia 
el salón). Escucha... (Pausal. Tú no 
sabes, papá, lo que han sido estos largos 
años de matrimonio. Al principio ¿re- 
cuerdas? cuando nació Catíta y tu te 



— SELECTA — 



fuiste de nuevo a viajar, yo misma es- 
taba convencida de que podía ser feliz. 
Próspero no era, ciertamente, el hombre 
que yo hubiera preferido y bien sabes 
que renuncié a un sueño que parecía iir,- 
posib'e porque estábamos los dos solos 
en la vida y era indispensable asegurar 
el porvenir con una boda seria, correcta, 
ventajosa ¿no es eso? que me pusiera 
a cubierto de toda inccrtidumbre. 

Don Jaimk. — ¿Es un reproche? 

Amki.ia. — Xo : no hubo egoísmo de tu i>arte y 
me explico que en tu situación, prefi- 
rieras para mí un matrimonio tranquilo 



gué a convencerme, que hasta me aver- 
gonzaba de haber tenido otras veleida- 
des, llegando hasta pensar que ciertas 
selecciones del alma sólo sirven para 
conspirar contra la verdadera felicidad... 
si la felicidad es esto que nos rodea. 

Do.\ J.MMK. — ¡.\h,.. siempre la misma! 

.\.Miai.\. — Escucha: te lo diré todo. Catita si- 
guió creciendo y constituyó toda mi pre- 
ocupación. ¡Ah... sí; (pie no fuera lo 
que había siílo yo : que no despertaran 
en eKa aspiraciones y ensueños que luego 
no habrían tle rea'izarse! ^' emprendí 
entonces una obra lenta, tenaz, paciente : 
obra... que hoy me asusta y hasta me 



Amei.I-\. — Xo, no es eso. Él ve la vida de otro 
modo. Es un alma de lucha y de com- 
bate. 

Don J-Mmk. — ¡Amelia! 

Amei.i-v. — (ll,valtáíidost') . Es un sincero, es un 
sensitivo, que no se conforma con la 
vulgaridad de esta vida monótona y es- 
ttipida . . , 

Don J.mmk. — ¡Pero Amelia! 

A.MKLi.v. — (Con cutiisiasnifl) . Si, yo lo adivino: 
Alberto será un triunfador. Sus senti- 
mientos son hermosos y elevados, su 
corazón late junto a la vida intensa y 
necesita a su lado un alma como la suya. 




antes (pie una luiion puramente senti- 
mental... ¡Pero es inútil, papá, preten- 
der engañarnos! Somos, lo que somos... 
y tarde o temprano pagamos el error. Al 
día siguiente de casada, me di cuenta de 
lo que había hecho. Próspero es bueno, 
es leal, es generoso... pero es así... es 
Próspero y yo soy .Amelia, la misma 
Melv de los primeros años que tú edu- 
caste con tanto mimo, con tanto amor, 
preparando su alma para la vida afee 
íiva. para comprender, para admirar, 
para (¡uerer. para soñar... l'.il realidad 
yo no tenía derecho a quejarme, jiorque 
todo, todo aquello de que fuera capaz 
Próspero yo no hubiera tenido más que 
jjedirlo : todo, menos lo que yo quería... 
Pasó el tiempo y casi llegué a conven- 
cerme (le que la vida era eso : una a'ianza 
traiKinila, buena mesa, lecho blando, pla- 
yas en verano, teatro en invierno, leer 
los diarios, camliiar de trajes, en una 
lialalira : ; matar el tiemiio ! V tanto lle- 



avergüenza. Lo cierto, [lapá — y te lo 
digo sin rubor — que yo misma he ido 
matando en ella, lentamente, todo ger- 
men de originalidad, de independencia, 
de vida interior, para que fuera la mu- 
ñequita más seductora, la que había de 
enamorar a un hombre fuerte y normal, 
a un buen iiartido, a otro Próspero, ca- 
paz de ser y sobre todo, de hacerla feliz. 
¿Comprendes, ahora, toda la amargura 
<pie habrá en mi alma, cuando la veo 
frente a .\ll>LTto : un artista, un ensi- 
mismado, un sentimental que só'.o ha 
visto en ella ¡os perfiles y la frente de 
que te hablaba con tanto entusiasmo? 
¿Comprendes mis vacilaciones, mis du- 
das, mis temores? 

D(i.\ J.vi.ME. — Sí. pero... no es para preocu- 
])arse tanto. Alberto, a pesar de sus cua- 
dros, es un hombre como cu:il(iuier (Uro. 

.\mi:i.i.\. — Xo. no: yo lo presiento. 

Don .I.mmk. — ICs un caballero correcto, genii! 
V será un correctísimo niarido. 



porque en éi, por encima de todo, hay 
vehemencia, hay temperamento, hay vi- 
sión de gloria. . . 

Don J.m.me. — Amelia... .Amelia. Tú... tú... 

.\meui.\. — ¿Qué? ¿qué? ¿Qué piensas? No. 
mentira. Te engañas. ¿Qué he dicho? 
¡ Oh . . . papá . . . también tú ! . . . 

Don J.mme. — Xo, no es eso. Tal vez he sido 
injusto í mimándola). Pero no te exal- 
tes. Ten cuidado con lo que dices. Mira 
que el mundo es malo y egoísta. .Amelia, 
cálmate y no pierdas la serenidad. ¡ Por 
favor ! 

.\.\nci,i.\. — (Después de una pausa). Si. tienes 
razón. Ya he vuelto a ser la de antes. 
Te aseguro que no tendrás queja de mí. 

(Voz interior). — Mamá, mamá. 

Don J.mme. — ¡Catita! 

.Amki.i.s. — Schsst... Xí una palabra más. 



../tmae/^ (So-vft 



l/KtA-. 



Sierras de Córdoba. 1516. 



— SELECTA — 





(¡yirsif^**'"" 



üf- 



Para. "SELECTA" 



X fSpirilu delicadísimo, un alma que vibra 

a todos los más sutiles impulsos del arte. 

tal es este joven que inicia su labor de bc- 

eza en una forma b¡i.*n auspiciosa y bien 

definida. 

Juan F. de Soria es un enamorado del ideal. 
Su cüm])rensividad exquisita lo coloca en ]*;)>.'- 
sión de esas joyas inapreciables que nos da el 
estudio bien encaminado : sentido recto, energía 
fie convicciones, verdadera orientación para la 
conquista de la be.leza. 

De ahi que hayan sido tan celebrados sus pri- 
meros pasos en e! difícil arte de la composición 
musical, estilización armónica de .sentimientos y 
de sensaciones, alta manifestación de idean:iad. 
I, a moderna tendencia que Soria ha adoptado 
y sigue en sus trabajos musicales, no obsta jiara 
que, llevando esa tendencia a un personalismo 
que se define con lineas bien enérgicas, la haga 
accesible a todas las p.Tcepciones. porque sus 
trabajos tienen a:nplia inspiración y un senti- 
mentalismo que llega al que sabe apreciar y al 
que juzga. 

El vals que Soria ha tenido la gentileza de 
dedicar a Ski.i'.CTa. es una hermo-a prueba de 
esto que <Iecin;os y al engalanar con él una de 
nuestras páginas, lo recomendamos a nuestros 
lectores. 



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— SELECTA — 




Tarde de Mayo, serenamente azul. ¿Quién nos 
llevó aquella tarde a Pocitos? El azar. ¿Quién 
me 1 evo a tu lado aquella tarde? El azar. 

¿ \o buscará, nuestro corazón, sin que nos- 
otros lo sospechemos, al azar como cómplice, 
para rimar un verso, tejer una flor o hilar un 
sueño? ¿No será el azar, quien hilvana glorias 
en nuestra vida y pone músicas a las palabras y 
un encantamiento de poesía a nuestra emocio- 
nada soedad? LazariLo que oye las palabras de 
nuestro corazón y que nos lleva allí, donde nos 
Human. 

Tarde de Mayo, serenamente azul.... Nuestra 
conversación, fué en su comienzo, palabrería de 
madrigal, gota de agua que perturba por un ins- 
tante el pensar de una fuente, y que no l.eva 
ni más diafanidad ni más sonoridad al cristal 
de sus aguas. 

— ¿Qué piensas tú. le decía yo, mintiendo indi- 
ferencia, de la inconstancia femenina? Tus la- 
bios sonrieron y tus ojos sonrieron, y eras toda 
tú, como una vibración de primavera. Porque la 
risa es juego de sol, rosa de Abril, canción de 
amanecer, agua que corre entre peñas, trino de 
surtidor, romance, idilio y verso en labios de 



m FLIRT 

mujer. \ en lugar de contestarme con palabras, 
tu alegría me dio la respuesta. Si... la leí en 
tus lindos ojos castaños. Nuestra inconstancia, 
me decían ellos, durará hasta el día que a'guien 
nos enseñe a creer. 

— Luego, ¿ tú dudas ? 

— Sí. Dudar es prevenirse contra el dolor. Si 
alguna vez hemos de creer, prefiero que ese 
instante me tome de sorpresa. Hay una tristeza 
muy grande en nuestra vida, muy honda. Tris- 
teza silenciosa, sin lágrimas. Cansarse de es- 
1 erar !. . . 

— ¿ Pero cómo es posible que tú, a tu edad, 
cuando toda la vida debiera ser para tí. como 
una oración de fe ; cuando tus íntimas interro- 
gaciones debieran hallar una sola respuesta en 
el recogimiento de tus meditaciones románticas ; 
cómo es posible que tú. a los diez y ocho años. . . 
Si piensas ahora así, cómo pensarás tú cuando. . . 

— i Chist ! . . . No nos avepturemos en saber 
cómo hemos de pensar, ni cómo hemos de sentir 
mañana. Nuestra felicidad consiste en vivir la 
hora que pasa. Vivirla, sentirse en ella. Si la 
mañana es alegre y los pájaros cantan, miremos 
el azul del cielo y oigamos el cantar de los pá- 
jaros. Si el paisaje es gris, y lloran las campanas 
con el crepúsculo, que sientan nuestros ojos el 
rocío de una lágrima secreta por el paisaje gris 
y que nuestra alma se vista de me'ancolía, si 
¡'oran las campanas con el crepúsculo. 

— ¿Quiere decir que tú entiendes por felici- 
dad?... 

— Eso : Armonizar. 

— ¿En todo ? 

— En todo; sí. Pero... ; Qué difícil es armo- 
nizar en el amor ! 

— ¡No!... Creencias de mujer. Por distintas 



-* r«s I i w uw tf im m m í ' 




He triunfado, superado mis esperanzas ; sin 
embargo. . . 

Calló el Maestro : hizo una pau.sa. como in- 
vocando el pasado, y dijo así : 

— Era yo un niño melancólico, con esa me- 
lancolía que se apodera de los corazones dema- 
siado sensibles al destino de las cosas... 

Siendo mi natural dulce y delicado, poco ex- 
pansivo, más bien inclinado a la contemplación 
que a la vida activa, mi familia, honrados labra- 
dores, gente humilde y sencilla, ignoraron siem- 
pre lo que pasaba por mi espíritu. 

No me parecía a mis hermanos, dos mocetones 
robustos, que con el alba íbanse a trabajar la 
tierra, canturreando canciones de la aldea. 

Érame extraña la conducta de mis padres para 
conmigo : no me permitían que labrara la tierra. 

" Tu cuerpo — decíanme, — no es para esa 
labor tan ruda ; se necesitan fuerzas, y tú no las 
tienes ". 

E, invariablemente, acababa en esto : 

— " Entretiénete en tus juegos ". 

Más tarde lo comprendí todo ; los solícitos cui- 
dados maternales, las miradas silenciosas de mis 
padres, y aquel ' ' i pobrecito ! " en los labios de 
los vecinos. 



El médico del pueblo había declarado que con 
el desarrollo no traspasaría los umbrales de la 
adolescencia. 

Todo tendía por aquel entonces a la paz y 
tranquilidad de mi existencia: el ocio favorecía 
la forma de vida a la cual sentíame inclinado, y 
ensanchaba mí espíritu en conjunción deleitosa 
con la naturaleza. 

Fué así como admirando el paisaje de los cam- 
pos y los cielos, mi infancia transcurrió en un 
ensueño de be'leza. y como radiante Apolo en 
una mañana de primavera sale en el horizonte, 
surgió el Ideal. 

Hacía figurillas en madera y dibujaba también, 
tratando siempre de reflejar las impresiones que 
recogía en mis paseos cotidianos. 

Cumplí los diez y siete años. 

En poco tiempo habíame transformado ; mis 
genitores no ocultaban su alegría, ¡ se sentían 
tan felices ! 

Sin embargo, cierto nubarrón ensombrecía sus 
semblantes. 

Por otro motivo había yo sembrado la inquie- 
tud de nuevo en sus ánimos. Una noche, por 
fin, junto al hogar, dolorosamente accedieron a 
un pedido que varias veces les hiciera : como 




que sean nuestras a. mas. una constante y cre- 
yente, la otra íncrédua y diversa; apasionada 
aquella que nos habla, prudente aquella que nos 
escucha, siempre, sí quien dicta las palabras es 
.\mor, la misma música oirá nuestro corazón, 
aunque distintos sean los acordes exteriores. 
¡Rosa blanca, rosa bermeja!... Si aspiramos su 
fragancia y cerramos los ojos, no sabríamos de- 
cir cuál es la rosa blanca, ni cuál es la bermeja. 
Amor es una oración toda diversidad. 

— ¿Crees tú en el amor? 

— Sí. El amor es el único sentimiento que 
compendia en una sola verdad, todas las menti- 
ras de la vida. Y sí tú no dudaras... 

Hubo un largo, un expresivo silencio. Miré 
sus lindos ojos castaños, y lila me pareció la 
tarde de Mayo. Alguien dijo : Un flirt. 

Un flirt... Y como sí nuestras almas hubie- 
ran sido sorprendidas en el instante mismo de 
pecar, sonrieron a la sutil exclamación. Y cuando 
los labios sonríen, sin querer sonreír, es que el 
corazón quiere mentirnos o nosotros queremos 
engañar a nuestro corazón. 



^/¿¿íju^eí^ CJÍe/yel. 



.cy 



Icaro quería yo volar con las alas del Ideal y 
una mañana abandoné la casa paterna. Brazos 
amados y temblorosos besos de mi madre die- 
ron un adiós al niño querido. 

Distinguí, por última vez, en una revuelta del 
camino, a mis padres, mi madre lloraba... 

.■\gite los brazos y con algo de remordimiento 
apresuré mis pasos y ascendí por la montaña. 

Una fuerza poderosa me empujaba más allá 
de aquella frontera gigantesca, límite de mi al- 
dea, principio de lo desconocido. 

Llegué a Milán, consagré al arte mi vida en- 
tera; todo lo sacrifiqué a él con amor, con sa- 
grada unción. Una vez al año descendía por la 
montaña y caía entre los brazos de mí familia. 

En mí corazón revivía entonces el recuerdo, 
caminando junto al arroyuelo que suspendía su 
curso en el confín de la floresta. ¡Breves y di- 
chosos días ! 

Después subía otra vez a la montaña a la 
busca de mis ansias y de mis glorías. 

Mí nombre sonaba ya, según las crónicas era 
un artista de garra, de mucho porvenir. 

Mis obras se imponían al ambiente, reacio al 
principio, y paso a paso fui escalando altas cum- 
bres en el mundo de las artes. 

Un día, día terrible, sentí una enorme sacu- 
dida en las profundidades de mí alma... 

¡ Mi madre había muerto ! 

Sus ojos cerráronse y sus labios invocaron al 
hiji) ausente, al que la fatal montaña separaba 
(k* sus brazos amorosos. 

Llena el alma de amargura regresé a la 
aldea. 

Mi padre me abrazó en silencio, luego pasea- 
mos juntos por la huerta, recordando a la au- 
sente, hablando del pasado. 

De esa época datan mis mejores obras. 

.Mlí, entre aquellas paredes queridas que me 
vieran nacer, surgió !a modalidad artística que 
me reservó la fama. 

En el recuerdo y el presente hallé la veta por 
la que brotan los sentimientos más profundos 
del alma humana. 

En cuanto a mi obra anterior es una cosa 
muerta para mí ; la obra que yo quiero ¿ sabéis 
cual es? la obra del dolor y la desesperación. Es 
en esa donde el alma de la humanidad ha bebido 
más verdad y más belleza. 

¿.\caso vivimos del do^or? 

¿ El destino de los hombres será cruzar eter- 
namente la montaña? 



Cé<;av f.^. CXiníana-, 



©08 

interesantes 

fcfiestas 

ocíales 




Té ofrecido por el 
señor Carlos Garfao 
Márqttez á tin grupo 
de sus relaciones. 




De izquierda a derecha: señora Gladys Cooper de Btick, señorita Esther Pons Martínez, señora Esther Boíííl de Lasala, señorita Elvira Mcnyo» 
señoras Violeta Supervielle de L.asala, Carmen Lasala de Pcizoto y señorita Zulema Giuffra 




Comida que un núcleo de sus relaciones ofreció a la señorita Sara Blanco Acevedo 



La señorita Sara Bianco Acevedo, una de 
nuestras más bellas y distinguidas niñas, ha par- 
tido para Europa, separándose asi de nuestros 
más aristocráticos centros sociales. 

Para exteriorizarle ¡as graiídes simpatías que la 
señorita de Blanco Acevedo tiene en nuestra so- 
ciedad, un núcleo selectísimo de sus relaciones 
le ofreció una comida, la que resultó una de las 



notas mundanas interesantes realzadas en el 
mes de Mayo. 

La señorita Blanco Acevedo por sus bellísi- 
mas prendas de carácter, por su bondad, por su 
distinción y cu'tura se ha hecho bien acreedora a 
esta demostración. 

Después del banquete, se improvisó un baile, el 
que resultó animadísimo y brillante. 



La obsequiada pasará una temporada en París 
en compañía de su hermano el distinguido diplo- 
mático doctor Juan Carlos Blanco .\cevedo. que 
representa a nuestro ¡jais ante el gobierno francés. 

Nuestros votos para que la estadía de la seño- 
rita de Blanco Acevedo en la capital francesa sea 
felicísima. 



TF W W P"'' í-^ F"' 





mmwm.wñ 



MlLtC I A — 




Pasan 
ollas 



o o 



SlLUlvTAS (|iic ])asan. que alegran la calle, que clan 
amable a.s])ecto al desfile, que surgen como una 
nota armoniosa, en el conjunto uniforme, febril, 
unicolor de la nniltitud (jue avanza, impulsatla por mil 
encontrados deseos, por inverosímiles pasiones, por pe- 
rentorias necesidades, por un dolor, ])or una alegría, por 
una duda, por un delito, por una esperanza. . . 

Siluetas femeninas ; lineas gentiles ; estelas perfumadas ; 



jjelo.^ las (jue tienen una honda interrogación en el sem- 
blante aniñado y candido, las que muestran una palidez 
de fatiga o de hastio, las que se envuelven en una como 
indefinible sombra de tristeza, las qu^^ien hasta sin reir 
])orque se dijera que guardan sonoras carcajadas en los 
deliciosos hoyuelos de las mejillas. . . 

l'asan, pasan en interminable y maravilolsa caravana. 

Pasan ctiando esplende el sol y la intensidad de la luz 
pone en los rostros tenuidades de alabastro : pasan cuan<lo 
la lluvia cae monótona y triste, semiocultas en el para- 
guas, cono bellas figulinas que enfunda un ca])ote o un 
abrigo : pa.san orondas tras los cristales de los automó- 





miradas que dicen muchas cusas ; ondular de telas mar- 
cando esbelteces . . . 

Pa.san ellas y llenan l;i calle con el encaiUu siempre re- 
novado de sus andares, con las divinas futilezas de sus 
" toilettes '. con el triunfo de sus caritas que ex])resan 
tan distintos sentimiL-nlos. con la atra 'ción ])icante de 
sus co(|ueterías. 

.\lgunas avanzan con magestuosidades de reinas, otras 
se deslizan con elásticos impulsos de gatitas. i)as;ui las 
(pie son desdeñosas, las que tienen en los ojos penetrantes 
fulgores de desprecio, las (jue acarician con luia mirada 
que produce la sensación física del tacto .sobre el tercio- 




viles : pasan como tm fulgor priniaveral en im triunfo (k- 
telas ligeras y de vivos ct)lores ; ]>asan emergiendo de ima 
boa de plumas o de la caricia tibia de mía ¡jíel. v ¡¡asan 
siempre triunfantes, siempre bellas. siem|)re en ritmo de 
poema de vida, siempre promisoras de encantos: alegría 
y caricia reconfortadora en el dolor. triviali(la<l seductora 
en las horas de trascendencia árida v letal, canción, co- 
rola, rayito de luz. tintineo de cascabeles, aturdimiento, 
ensueño. . . 

Pasan ellas, y las estelas de sus perfumes, parecen lazos 
que ai)risionan nuestros corazones. 

HlíXKV IvSMO.M). 




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DIRECTOR: JUAN CARLOS GARZÓN 



qÍ' 



L'RI"! ct f;K'tu. De 1k-c1i(i \' ilc dc-rc-cho. De he- 
cho, porque el valor- el heroisniu. el sacrifi- 
cio :nil veces re¡)etiilo de los ])atriütas ([iie 
lucharüii por la verdad republicana y por la defini- 
tiva imposición del derecho jjolitico de la nación, 
habían consolidado a go¡])es rudos de lanza la tan- 
i^ibilidad de la Patria. De derecho, porijue no en 
vano se sfuerrea durante más de media centuria en 
la coniiuisla de un solar ])roi)io. reparto glorioso 
y tra.scendental a (|Ue'se dedicaron los pueblos li- 




Edcfo. 



Medalla de Plata 
conmemorativa de la Jura 



pTestigios de heroísmo y de valor al concierto civi- 
lizado. 

l^a Constitución jurada el año iS^o. era la sn- 
l)rema razón dada a los i)rinci])¡os dictados por Ar- 
tigas en el Congreso del año Xlll ; era una conse- 
cuencia triunfal de aquel germinar de rebeliones, 
enunciadas como lui palpitar del corazón jnipular 
en el Cabildo Abierto de 1808; fué una am])lia re- 
])aración a la dura prueba ¡niijuesta a la fanu'lia 
oriental en las jornadas tristisimas del Éxodo; \- 




Boceto de Juan M. Blancs para un cuadro que evoca fielmente el acto de la Jura de la Constitución en 1830 



bres de América des])ués de la jornachi victoriosa 
de Mayo de 1810. 

Fueron jalones sucesivos de victoria. Desde el 
atardecer ])roniisor y augural en Las Piedras cuando 
el general Posadas rendía sus ar;ras a Artigas, hasta 
la jornada grandiosa de Jtuzaingó. los orientales 
fueron laljorando la consolidación defii)itiv:i .le la 
Patria con mi invariable es|)íritu de renunciamiento 
y con ima fe inquebrantable en el triunfo final. 

Dia fué. pues, de alegría inmensa, de regocijo ex- 
traordinario, aquel en que se juró el Có ligo Funda- 
mental. iVili.na conquista del patriotismo y de la 
noble aspiración de los ipie habían anhelado la or- 
ganización del país. ])ostrer eslabón de mía cadena 
de opresiones v de tutelajes (lue se rompía para 
siemiire v (pie la .\mérica y el mundo saludaban 
con honda simpatía, puesto que desde aquel instante 
en la libre América existia otra democracia altiva 
V fuerte, otro pueblo que se incorporaba con sólidos 




Medalla conmemoraliva 

del acto solemne celebrado 

en la Plaza Constitución 



fué el proemio augusto a la constancia, a la fatiga 
heroica, al inmenso batallar <le año tras año en ]io> 
de un ideal de libertad ([ue sumó todos los jieiisa- 
mientos y todos los esfuerzos de un pueblo. 

Ya somos un ])ueb!o que tiene saneada su carta 
de incorporación en el conciL-rto internacional ile las 
naciones más adelantadas. Ya somos una fuerza mo- 
ral, que es nieior (pie SL-r una fuerza mecánica, re- 
conocida ])0r todos y ])uesta sienqire al servicio de 
los principios v de los ideales más caros al es|)iritii 
del honbre moderno. \:\ somos un factor inijiiir- 
lante en el avance de la Humanidad jior los sen- 
deros de la lusticia. del Derecho, del 1-iien. de la 
\"erdad y de la Democracia. 

N' todo ello- todo, por obra tenaz, consciente, viril 
del ¡uieblo. 

("doria a él. (pie heroicanente existe y n^archa de- 
cidido V seguro a la sui)rema culminación de sus 
destinos. 



— SELECTA — 



.olor ntiev 



A si.-nsi1)ili(la(l hiitii;ii>;i para el dolor 
es ilimitada. La infinita complejidad 
de la vida, nos ofrece en las compli- 
caciones (|iie realiza, infinitos motivos de 
sufrir. Y no nos contentamos con el dolor 
en si (|nc nos da la realidad ás])era y fiera, 
como la leclie de una madre sin entrañas: 
sino i|ue lo aj^uzamos. lo afinamos, lo inte- 
lectualizan^os. lo aristocratizamos. Nuestros 
nervios adijuieren mía ex- 
traordinaria riqueza emoti- 
va, como las cuerdas de esos 
viejos stradivarius (|ue han 
vibrado si<flos bajo la ])re- 
sión del arco má<¡;ico. 

; Pero ante esta becatombc 
limuana de la ^nt-Tra (|Ueilará 
aiin cajjacidad i)ara sufrir? 
l''ste sentir doloroso de las 
cosas ¿no llejjará a estallar 
como lui instnunento frágil v 
divino? ¿ I labra si(|uiera ima 
nueva sensibilidad. ca])az de 
])erci!)ir de mi modo especial 
y tínico este dolor nuevo, des- 
jjarrador e inaudito (jue lia 
de atravesar el dolor de los 
si<;los como una voz perenne 
de la humanidad, que ana- 
tematice la barbarie de la 
i;uerra ? 

l'.n ese fondo obscuro de 
la conciencia colectiva han 
quedado iniíiresas de la voz 
ancestral, el clamor lejano 
de catástrofes terribles, las 
jialabras ob.scuras. 

Kl ])rinier dolor del hom- 
bre fué la noche. Los him- 
nos sagrados de los ])ueblos 
lirim'itivos cantan la luz v 
."glorifican al sol. celeste ar- 
(|Uero vencedor. La obscuri- 
dad era también la an<;ustia 
de Caín, en la noche del pri- 
mer crimen inexpiable, en 
(Ule las estrellas vacilantes 
parecian i)ui)ilas asombradas, 
fijas en su conciencia. F,n va- 
no los flecheros del desierto, 
á.sjiles como las cabras salva- 
jes, arrojaban sus flechas a 
los cielos. Rn vano Tubalcain 
construia la ciudad de bron- 
ce y ])iedra. cuyos muros 
enormes impedían el pa.so de 
tin ejército. Kn la noche te- 
mible, un inmenso dolor ob- 
sesionante se concentraba en 
el ojo livido (|ue parecía mirar aiui. 

líse inexplicable temor de los niños a las 
sombras, bien puede ser acaso la revelación 
timida en (|Ue nuestra intuición ])udiera sor- 
])render vafjameute en el umbral de la con- 
ciencia la dormida luz del ])rinier dolor hu- 
mano. 

Cuando e.xpiró Jesús .sobre la colina del 
Calvario a la vista de la ciudad tendida en- 
tre sus huertos de olivos y de higueras, con 
sus bandadas de ¡lalomas y sus torres de 
oro; la muerte injusta del crucificado de- 
bió de ensombrecer el alma torva de sus 
verdugos v sus perseguidores. ^' cuando di- 
fundida su palabra por los valles y aldeas, 
hecho el verbo luz en las almas ¡ (|ué renior- 
(IÍFÍento infinito, (jué angustia de (|uerer 



rehacer el mal imposible, de darse en amor 
v redimir la cul])a iire.xpiable ! Y el alma 
de la humanidad que .se ha vaciado durante 
veinte siglos en el manantial del lívan- 
gelio. ha creado en el misterio de la 
Pasión, un símbolo humano, en (|ue bus- 
ca todavía purificarse, imaginando la umerte 
y la resurrección, a fin de complacerse 
en el sacrificio lustral ])ara purificarse 




la huella liárbara y tenaz del dolor irre- 
l)a rabie. 

¿Oué símbolo creará la humanidad para 
llevar este dolor? ¿Qué nueva Pasión ha 
(le imaginar en (|ue se revele a las genera- 
ciones, tras el artificio de la imagen, la rea- 
lidad ensangrentada v doliente? 

Xo hay fantasía capaz de imaginar la no- 
che angustiosa de tantas almas segadas en 
flor como las gavillas de un trigal maduro : 
ni el amargo de tantas lágrimas vertidas por 
ojos que se han cerrado impiadosos, angus- 
tiados con un desesperado relánqiago de 
muerte, de odio y de venganza : ni el bos- 
(jue espinoso de cruces que ha brotado so- 
bre las tumbas desconocidas. La ciudad 
blanca de la muerte ha de haber tendido 



sus tapias, enormemente bajo la noche 
glacial. 

J^a humanidad ha de sobrevivir al nau- 
fragio, límpujada i)or las voluntades tena- 
ces y heroicas, los elementos sociales se han 
de arraigar indestructiblemente. Las fuerzas 
ciegas que la ciencia y el arte han puesto 
en las manos de los hombres ¡¡ara destruir, 
han de concertarse en la armonía de un 
nuevo amor, en armas de for- 
jar. l'",n una avasalladora \' 
nueva palpitación han de sen- 
tirse nuevas cosas. 

^' la humanidad futura en- 
sangrentada y doliente h.-i de 
buscar v crear en sus entra- 
ñas el dolor nuevo, que se 
forma en sus carnes flagela- 
das por la muerte. l'".l <lolor 
(|ue macera nuestros senti- 
dos para la \'ida y tem])la el 
alma, como el hierro de mía 
espada en la corriente fría. 
El dolor nuevo, señor del 
universo, acicate del progre- 
so, lábaro de ftUuras buta- 
llas. el dolor nuevo (jue está 
en i)otencia en nuestras en- 
trañas, alma de vida, señor 
del porvenir! 

Abramos a esa iní|uielud 
desconocida un nuevo cauce 
en nuestra conciencia, prepa- 
rémonos a recibirle como el 
Mesías anlici|)ado de la nue- 
va edad. Su cuna es miserable 
como nuestro corazón ensan- 
grentado. Pero él templará 
las armas v las má(|uinas nue- 
vas, juntará las manos peni- 
tentes ])ara una nueva ple,ga- 
ria. jiara una ¡lalabra nueva 
de amor v de esiieranza c|Ue 
la I Imiianiílad no ha ])ronun- 
ciado nunca, -\bramos las 
ventanas de la Vida para (|Ue 
entre la luz de los campos. 

Junto al ara desierta de los 
antiguos dioses (|Ue _\ a han 
muerto, arrodillémonos estoi- 
camente. Seamos ca]>aces de 
alcanzar y sentir el nuevo 
doUn- ! 



, /VllCílO. 




si;li:ci A — 



®Sí 



.■'-'=§bs>- 




baAHAALCORTA 
Jt/AAlIt. 



I J or su lio n rosa tradición di lamÜia. por mi elevada distinción 
r^ personal, por su bondad ^in Imiitfs y por su nobilísima e Jníati- 
gablc actividad en ol ejercicio del bien, en el socorro de los me- 
nesterr)sos y de los desvalidos. Doña Ana Algorta á-: Mañc es una de 
nuestras matronas mas respetables y merecedoras de la estimación y la 
gratitud de todos los que saben valorar en toda su grandeva las prác- 
ticas sin ostentaciones de la Caridad. De sus innúmeras obras cari- 
tativas ve destaca con brillo deslumbrante su actuación en la presi- 
dencia de la Sociedad de San Vicente de Paul de la Aguada, tn esc 
puesto y fuera de el, la señora Algorta de Marie, ha sido el ¿íma de 
muchas nobles iniciativas, Y en su aian p<ir la practica de la benefi- 
cencia ha llegado hasta transformar el patio de su palacete en esce- 
nario de actos caritativos, repartiendo a infinidad de menesterosos 
alimentos y ropas. La bíllera de espíritu de la señora Algorta de 
Mane debe servir de emulación para todos los que rinden a la Candad 
acendrado culto. 



SKLEC TA — 





TAXTO habian adelantado los pueblos más anti- 
guos, numerosos y cultos, c|ue habían dado a sus 
espíritus el mayor brillo intelectual y moral que 
haya tenido revelación en todas las formas de 
las ciencias, las artes y las letras. Todos, bajo la más in- 
tensa luz producida por el saber y la experiencia, habían 
llegado a poseer la noción de que por la naturaleza esta- 
ban destinados a la paz i)ara la labor por la felicidad inde- 
finidamente progresiva ; de que para mutuo bienestar les 
incun bia el deber de la justicia; de que el común interés 
necesitaba la lealtad de todos con el derecho. 

Entonces, erigieron un templo para que desde él fuera 
distribuida al universo. ])or sobre los egoísmos nacionales 
y la mala fe de los fuertes, la augusta majestad imper- 
sonal de la Ley : a la vez sabia y moral reguladora de la 
vida sin arbitrariedad entre los ho ubres y las sociedades. 
Tero contra la más misericordiosa verdad que pudiera 
abrigar la conciencia universal, un día amanecieron las 
civilizaciones atrincheradas en torno de sus diferentes 
banderas, y poniendo a servicio de los odios por los cuales 
jirocuraban hacerse mayor daño, su ciencia, su arte, su 
industria y su riqueza, coincidieron en la cooperación de 
todas contra la humanidad. 

Fué la guerra más sangrienta y más ruinosa ; no hubo 
otra con tanta muerte y tanto duelo; no se había pade- 
cido alguna con igual crueldad y mayor destrucción. V 
todavía es así. 



Cuando en el transcurso del tiempo vuelva una vez más 
a su existencia alternativa la paz reconstructora : como 
siempre no podrá ser otra que la que surja de los peores 



efectos de la catástrofe. ¿I'or el agotamiento de los re- 
cursos? ¿Por la cantidad de muertos que disminuya el 
número de .soldados? ¿Por la imposibilidad de que al- 
guno (le los enemigos triunfe? ¿Por cansancio y pobreza? 
¿Por una de esas causas? ¿Por varias? ¿Por todas? 
¿ Por otras? 

Sólo interesaría averiguarlo si el motivo del fin de la 
actual lucha pudiera traer la supresión de las guerras: 
la más poética quimera de la filosofía política hecha 
para con.solar del dolor del desastre. Mas cuando llegue : 
como todas las veces que sucedió una conflagración 
cruenta en la humanidad, apenas habrá sido pactada 
la necesaria ])acificación posible entre pueblos combatien- 
tes, empobrecidos y mutilados, y sólo sobre la solidez 
que pueda ofrecer ese cimiento de rencor y de estrago 
ella perdurará en el tiempo. 



"¿Pero, envejecerá más (|ue otras?". ])arece que se 
oyera preguntar a madres, espo.sas. amantes, hermanas 
y huérfanos, angu.stiados por el dolor de sus muertos. 
Y mientras el espíritu recoge esa interrogación de la an- 
siedad de las almas afligidas, el desengaiio responde en 
cada conciencia ; el destino que la espere será el mismo 
que tantas veces como lo registra la historia tuvo la 
paz entre los gol' ernos <|ue llevaron las naciones a la 
guerra. 

Y. como siempre, sólo será u'ero juguete del egoísmo 
que renueva incesantemente el conflicto de los intereses 
y las pasiones entre los . ídivíduos y entre las sociedades, 
hasta transformarle — transcurridos años o siglos — en 
lucha por una arbitrariedad que un día hace nuevamente 
caer sobre los pueblos, como un castigo, la guerra a que 
]>arecen condenados : cada vez más sangrienta y destruc- 
tiva, más antagónica con la civilización por su mayor 
exterminio de la vida, v de la obra de su labor creadora. 



^líu/i- tjztn^c 






Dibijo de Saniana. 




— SELECTA 



Fiesta del Invierno 

^% ^¿^ (^» 

I'^ELlCJSl.MA la idea que ha tenido la 
"^ Comisión de Damas, organizadora de 
la Fiesta del Invierno. 

Xada más amable, nada más lleno de encan- 
tos y de atractivos que una fiesta al aire li- 
bre en unos días en que el invierno nos dio 
una tregua. 

L'na reunión selectísima bajo los árboles 
(jiie van despojándose de hojas, en medio a 
los jardines que el írio ha dejado sin corolas, 
ante lo gris del cielo — ofrece un contraste (|ue 
es novedoso y bello. 

No importa que las ramas estén desnudas, 
que no haya flores en los parterres y que en 
el cielo no resi)landezca el sol. En el paseo 
tradicional las damas y las niñas, con .sus ros- 
tros encantadores, con su gentileza, con su ele- 
gancia, con sus perfumes ; suplen y hacen que 



Señoras 

Dolores Souge 

de Wllllains 
Plácida Suárcz 

de Villegas 

Isolina Eastman 

de Vial Bello 

Enriqueta Wlllians 

de Arteaga 

Señoritas 

Gómez Larravidc, 
Villegas Suárez y 
Williams Bocage. 





CHÜ 




.se olvide los colores y las fragancias de las 
flores, el brillar del .sol (¿para qué el sol 
si los ojos femeninos fulgen como luceros ?) 
a alegría luminosa y estallante de la pri- 
mavera. 

Hermosa la iniciativa y admirable el re- 
sultado, puesto que la Comisión de señoras 
(lo más granado de nuestra sociedad) y ([ue 
¡reside la señora Dolores Bocage de W'illianis 
Larriera. no escatimó actividad para (|ue fuera 
festival una nota verdaderamente elegante. 
Esta original fiesta en el Prado tuvo por 
objeto arbitrar recur.sos ])ara el sostenimiento 
de los establecimientos ]3rivados de enseñanza. 

todo lo cual contribuyó al éxito magnífico (|tK' 

obtuvo. 

En el amplio paseo y en los alrededores del 
Hotel se hablan instalado kio.skos para la 
venta de flores. ^" en esta tarea ocuparon toíla 
su gentileza, todo su desinterés, gnq)os de ni- 
ñas de alta figuración social, que fueron atrae" 








tivo eficiente ])ara que afluyeran comprado- 
res y el fe.stival diera el resultado apetecido. 
Todo Montevideo distinguido (si hemos de 
emplear una frase hecha), hizo acto de presen- 
cia en la Fiesta del Invierno, v de ese éxito 
brillantísimo puede reclamar todos los lauros 
la Comisión de Damjis que preside la señora 
Bocage de Williams Larriera, Comisión que 
componen las señoras : Plácida Suárez de Vi- 
llegas, ^largarita Uriarte de Herrera, Isabel 
Barrozo de Saavedra, Elena Heber de Galli- 
na!, Valentina Butler de Finn, Sofía Blixen de 
Suárez, Isabel R. de Irureta Ooyena, Maria 
Herminia C.arzón de Mané, Josefina (lómez 
de Pastori, María lísther Echegarav de So.sa 
Díaz, Isolina Eastman de Vial Bello, Delfina 
-Aguiar de .\Ivarez. Coriua Rücker de Seré. 
Elvira Serratosa de Vidiella, María Zorrilla de 
Montero Bustamante. Clotilde Ltissich de 
Hughes, Inah .\ceve(k) de Mané, Blanca Usher 
de Heber Uriarte. 



Señoras 

Josefina Gómez 
de Pastori 

Enriqueta Williams 
de Arteaga 



Señoritas 

Shaw Villegas, 
Acevedo Aivarez y 
Gómez larravide. 




— SELECTA — 




— SELECTA — 




En el gran salón: señoritas Julieta Gallinal. — Margarita Idíarte Borda. — Marieta Morquio. — M. Amelia Márquez Vaeza.— María Carolina Pérez. — M. Elena Serrato. 
Sofía Suárez Blixen. — Teresa Sanguínetti. — María Teresa Vclazco Piñeyrúa. — Blanca Gorlero. -■ Señores: Miguel Petít. — Luis Eduardo Larriera. — Juan Carlos Figari. 



PL'EDE enorgullecerse Montevideo de 
poseer algunas mansiones verdade- 
ramente señoriales. Pero indudable- 
mente una de las que con más esplendor, 
con más severidad y con más aspecto iniede 
reclamar ese título es la que en la calle ¿5 
de Mayo ])Osee el caballero don Félix (^rtiz 
de Taranco. 

Magestiiosü palacio, que es copia e.xacta 
de una histórica y famosa residencia en 
París, se halla ubicado en un sitio por el 
(jue el extranjero (|ue llega a nuestro país 
tiene casi invariablemente que pasar. Xada. 
pues, que honre más a la ciudad que esa 
soberbia mansión, la que, diriase, sale al 
encuentro del forastero i)ara decirle, con 
la armoniosa combinación de sus líneas ar- 
quitectónicas y con la soberanía de su ex- 
terior, que en nuestra urbe hay una cultura 
superior, una distinción mundana que nada 
tiene que envidiar a las más rancias de l\u- 
ropa, y también personas opulentas que 
saben orientar inteligentemente sus vidas 
en una ruta luminosa de alta sociabilidad y 
de exquisito gusto artístico. 

El exterior del palacio Taranco no puede 
.ser más hernioso y de más puro estilo. Y 
en el interior, todo lo más suntuoso que 
puede imaginar la mente más refinada, se 
halla colocado, pero no en aglomeración 
confusa sino con tan exacto sentido artís- 
tico y decorativo, (jue el visitante tiene 
a cada momento un motivo de admiración. 

El hall es de una sencillez acentuadamente 
aristocrática. Primera afirmación de buen 
gusto, que predispone el ánimo a todas las 
más hondas satisfacciones artísticas. 

Sobre las dos fachadas ])rincipales del edi- 
ficio, se hallan los salones más bellos de 



EN LO PE 

ORTIZ PeTÁRANCO 




todo el palacio. El uno está destinado a 
recibos, el otro es la gran sala de baile. 

La luz irradia de las arañas y de los bra- 
zos. V se quiebra y multiplica sus reflejos 
y su brillo en los esi)ejos, en los bronces, 
en los cristales. Es una ola de luz que todo 
lo invade, que todo lo exhibe y a todo da 
su justo y elevadísimo valor. 

Salón de reyes es el principal, magnifico 
complemento del palacio suntuoso. 

En el gran comedor, las paredes están 
recubiertas de gobelinos. Xada que dé la 
más ¡jrofunda sensación de la prodigalidad 
([ue tenían y aun hoy tienen los castillos no- 
biliarios de Europa, que este soberbio co- 
medor. 

L'na fiesta en tan admirable escenario, 
tiene por fuerza que resultar una reunión 
.soberbia, brillante afirmación de la distin- 
ción de nuestro gran mundo y oportunidad 
magnifica para que nuestras damas más 
•principales puedan ostentar su elegancia y 
su belleza. 

Tal fué la fiesta que se realizó días pa- 
sados, fiesta de la que, en estas líneas y en 



la nota gráfica que publicamos, hallarán 
nuestros lectores un débil reflejo. 

A su obsequiosidad imponderable la dueña 
de casa, doña lílisa García de Zúñiga de 
Taranco, unía una irreprochable elegancia. 
Su tránsito por los salones deslumbrantes 
fué un triunfo de gentileza y de distinción, 
y en ese triunfo de majestad y de cultura 
fueron principalísimas partícipes las seño- 
ras: doña Pilar de Herrera de Arteaga, do- 
ña Sofía l'latero de Idíarte Borda, doña Jo- 
sefina Pérez de Serrato, doña Julia X'illegas 
de Shaw y otras aún que dieron carácter 
versallesco a la reunión y (jue magnificaron 
el ramillete primaveral, el alegre triunfo de 
juventud y de belleza de las niñas que asis- 
tieron a la fiesta, y fueron como una flora- 
ción de aristocratismo en la deslumbrante 
majestad de los .salones. 

En ese grujH) gentilísimo brillaron con 
toda la imposición de su hermosura y de su 
amabilidad, las señoritas Elisa, Isabel y 
María Elena Ortiz de Taranco. 

Y junto a estas encantadoras niñas, vi- 
mos las resplandecientes bellezas de Mari- 
cucha Bustos de X'aeza. de ^largot Idiarte 
Borda Platero, de Amelia .Márquez Vaeza, 
de María Elena Serrato, de María Inés de 
Arteaga, de Plácida Villegas, de Clarita 
Müller, de .Margarita Saavedra. de Corina 
Seré Rücker, de Margarita Heber L'riarte 
v de Corina Morales Berro. 

El baile atrajo vivamente a todo el mundo 
joven, y en el raudo girar de la danza em- 
briagadora, las horas se deslizaron tan ve- 
loces que cuando terminó la selecta reunión, 
todos creíamos, en el primer instante, que 
apenas se iniciaba. 



•acucv I A — 



Los Pendones 



L 



( )S escudos de anuas 
de las ciudades donde 
dominaban los españo- 
les les eran concedidos por el 
rey _v en las reales cédulas 
respectivas se describían con 
minuciosidad, acompañándo- 
las, además, en la mayor par- 
te de los casos, los dibujos co- 
loridos ; y les estaba expre- 
samente prohibido a los vi- 
rreyes, gobernadores y ayun- 
tamientos, hacer en ellos mo- 
ilificación. agregación o su- 
presión que no fuera previa- 
mente autorizada por nueva 
provisión real. 

üe estas disposiciones le- 
gales resulta : que los cabil- 
dos, (jue tenían el uso de los 
escudos de armas de las ciu- 
dades de que eran represen- 
tantes, estaban obligados a 

usarlos y a mantenerlos es- 

trictamente ajustados a los 
términos de la concesión real, 
careciendo, en absoluto, de toda facultad 
]iara hacer en ellos ninguna innovación, ni 
aiin en los mínimos detalles. 

En las grandes festividades de las colo- 
nias, que eran las del advenimiento de los 
reyes, los escudos de armas que se colocaban 
en las decoraciones de las 
|)lazas y de los edificios pii- 
blicos solían estar surmonta- 
dos por divisas o inscripcio- 
nes mudables como las cir- 
cunstancias, como el senti- 
miento, como la inspiración 
o el gusto dominante en la 
época o en la ocasión : y esas 
mismas inscripciones se veían 
en los estandartes o guiones, 
que también se consideraban 
(iecorativos, que se lucían en 
el acompañamiento del Pen- 
dón Real o del Pendón del 
Cabildo, no pudicndo tener 
entrada en estos pendones 
oficiales las tales in.scripcio- 
nes, como no la tendrían en 
el Pabellón Nacional ni en el 
Escudo de .\rmas que en la 
moneda representa la sobe- 
ranía que la emite. 

En los escudos de las ciu- 
dades suelen encontrarse, 
aunque raramente, motes o 
divisas, como las tenían las 
armas de la antigua nobleza 
v de los Ordenes de Caballe- 
ría, y como la tienen diversos 
escudos nacionales : el de In- 
glaterra, por ejemplo, en cu- 
vas armas, contorneadas ])or 
la divi.sa de la Orden de la 
larretera : " Honni soit qui 
mal V pense ". está colocada 
debajo del escudo en una cin- 
ta, la divisa real : " Dieu et 
mon droit " : en el de los 
Estados Unidos de América, 
cuya águila sostiene en su 
diestra una banderola en que 




Antíg:uos pendones del Cabildo de Montevideo 

está escrita la conocida divi.sa : " In ¡¡luri- 
bus unum. " 

J'ero estas divi.sas que son la expresión 
concentrada de mi sentimiento, de un de- 
signio, de una cualidad característica o de 
una tradición o suceso histórico, tiene toda 




de Montevideo 



la permanencia del escudo de 
que hacen ¡¡arte integrante, 
del cual no pueden ser se- 
paradas y dentro del cual no 
son alterables sino en la for- 
ma en que puede serlo el es- 
cudo mismo, esto es, por un 
acto de soberanía. 

Nuestro Montevideo colo- 
nial tuvo sus pendones. Y 
fueron hermosos y de gran 
valor. Sobre tisii, los símbo- 
los y las leyendas están bor- 
dados en oro de alto precio. 

Doiiiina en su campo el 
I l'endón Real, que en so- 
1 tuer con la Palma y la Espa- 
da, quedan ceñidos en la par- 
te superior por la Corona de 
C)Iivos que corta o divide la 
puerta del castillo, descan- 
sando en la parte inferior so- 
bre cuatro banderas inglesas 

.-.---.-- 1 abatidas. 

Este iJendón, que usó el 
Cabildo de Montevideo, fué 
otorgado en real cédula el año 1807, docu- 
mento que llegó a Montevideo el 23 de 
Enero de 1809, a bordo del bergantín "Buen 
Jesús ". 

lisa rea! cédula dice textual nente : 
"Por ([uanto: atendiendo a las circuns- 
tancias (|ue concurren en el 
Cavildo V Ayuntamiento de 
la Ciudad tle San Felipe y 
Santiago de Montevideo, y 
a la constancia y amor que 
ha acreditado a mi Real Ser- 
vicio en la reconquista de 
Buenos Aires, he venido por 
mi Real decreto de doce del 
i:)resente mes de .\bril en 
concederle título de muy Fiel 
y Reconquistadora : Facul- 
tad para <|ue u.se de la distin- 
ción de maceros : y que al 
Escudo de sus armas pueda 
añadir las banderas Inglesas 
abatidas (|tu' ajjre.só en dicha 
reconquista con una corona 
de olivo sobre el cerro, atra- 
besada con otra de mis Rea- 
les Armas, Palma v Es- 
leída. " 

Hoy e.sas verdaderas reli- 
quias de la é])oca del colo- 
niaje, nos parecen extrañas 
v tan ajenas a nuestra moda- 
lidad actual, que las consi- 
deramos casi exóticas y nos 
jjarece extraordinario que 
ellas hayan sido paseadas por 
las calles de Montevideo en 
los dias de gran ceremonial. 
Estas reliquias, de alto va- 
lor histórico, signos de la 
tradición nobilísima de nues- 
tra ciudad, han .servido de 
base para el proyecto de es- 
cudo de .Montevideo, usado 
liov por la Corporación Mu- 
nicipal. 



Lytxia. 



El pendón real del Cabildo de nuestra ciudad. 



— SbLttTA — 







/AV. 



Gentilísima, con relevantes prendas de 
bondad, de distinción y de belleza, es 
la señora Guaní de Cardoso una verdad 
representativa de todo lo que vale y de todo 
lo que sigiiifíca la mujer, en la expresión del 
carácter y en la cultura de nuestra sociedad. 




yéMíVáWí 





vrí^yífrí iy 





EL Maestro, el hunibre que domina en 
nuestro ambiente con todos los más 
elevados prestigios del talento, espí- 
ritu superior (lue ha llegado a culminar por 
el esfuerzo propio, fué objeto de un justi- 
ciero homenaje, al que nosotros queremos 
(lar nuestra modesta contribución. 

X'ada que nos halague más que recono- 
cer y elogiar los méritos de los conciuda- 
danos ilustres que se imponen a la consi- 
deración del país por sus obras meritísimas. 

Y comprendemos que debe exaltarse en 
(1 espíritu pi'iblico este sentitniento de res- 
peto hacia los uruguayos que. triunfando 
en cualquier expresión de la actividad, glo- 
rifican a la República y la hacen cada vez 
más respetada ante el concepto de las de- 
más naciones. 

\o hemos de cejar en esta propaganda 
que conceptuamos inspirada en im alto in- 



terés iKitriólicü. CJuizá en nuestro ])ais no 
sentimos todo lo ampliamente que fuera me- 
nester este sano orgullo por los hombres 
(|ue reflejan gloria sobre la nacionalidad. 
Quizá aplicamos mucho indiferentismo en 
el reconocimiento de estas afirmaciones de 
las inteligencias uruguayas que sobresalen, 
ya no del nivel de la mentalidad nacional, 
sino que se imponen a las mentalidades ex- 
tranjeras, aiin a las de los países que más 
alto puesto ocupan en la cultura del mundo. 

La orientación de nuestras buenas inten- 
ciones en ese sentido procurarán, en la me- 
dida de su acción, intensificar el culto ])or 
los ciudadanos eminentes que reclaman toda 
la consideración pública. 

El doctor Francisco Soca es ima de las 
personalidades científicas sudamericanas 
más distinguidas, más eminentes, que ma- 
yores títulos puede ostentar para ocupar el 



sitial preeminente que tiene conquistado. 

-Autoridad indiscutible en la familia ga- 
lénica, su fama ha tras])uesto glorio.samente 
las fronteras de la ¡¡atria y se le resi>eta en 
todos los centros científicos de .América y 
de KuroiKi. 

Kl doctor Soca es un ejemplo achnirable 
de voluntad al servicio de una mente pri- 
vilegiada. 

Hoy puede ostentar el titulo de Maestro 
de .Maestros, porque la distinción que le ha 
hecho la .Academia de Medicina de París 
lo coloca en el pináculo del triunfo. Fué, 
])Ues. oportuno v justiciero el homenaje que 
le rindieron Médicos y Estudiantes, home- 
naje que noticia estas líneas modestísimas, 
expresión de nuestro respeto y de nuestra 
admiración ]ior el compatriota ilustre. 

Ciudadanos como el doctor Soca honran 
la mentalidad de un pueblo. 



SE^UCV 1 J\ ■ 




tn LA HORA 
V^OLEnNE 



DE LA JURA^ 



Coronel Eugenio Garzón 

EX la tarde del 18 de Julio de 1830 el 
pueblo reunido en la (|ue hoy es 
Plaza Constitución aguardaba emo- 
cionado que la .Vsamblea Legislativa ju- 
rara el Código l'undamental. base primera 
de la definitiva organización ])olitica del 
país. 

Cumplido ese solenme requisito, entra- 
ron a la sala de sesiones los miembros del 
("lobierno: el brigadier general don Juan 
Antonio Lavalleja y sus ministros, quienes 
juraron ante el Presidente de la Asamblea 
que lo era don Silvestre Blanco. 

Frente al Cabildo se hallaba formado el 
batallón i." de Cazadores co randado por el 
entonces coronel don Eugenio (larzón. Esta 
unidad, del ejército de la .Vación que sur- 
gía en tan fausta jornada a la vida institu- 
cional de los pueblos, rendía guardia de ho- 
nor ante la Asamblea Legislativa, en cuyo 
local se celebraba el acto más trascendental 
que en el país se contemplara. 

Prestó juramento el coronel (íarzón ante 
el Gobernador Lavalleja y volviendo luego 
al frente del batallón (|ue comandaba, re- 




IH DK JULIO DE 1830 

cibió el juramento del segundo jefe. Mayor 
Andrés Gómez, y de todos los oficiales de 
su batallón, que lo eran: el teniente coro- 
nel don Cipriano Miró ; los capitanes don 
Hermenegildo Lafuente, don José Rodrí- 
guez, don Francisco Lasala, don Miguel 
.Alegre y don Joaquín Idoyaga ; los ayu- 
dantes mayores don Indalecio Larraya. don 
Ramón Visillac ; tenientes primeros don 
[uan Pío Gurgel, don Saturnino Revuelta, 
don José María Ordóñez. don Pedro Caza- 
riego, don Marcos Rincón y don Ildefonso 
Correa ; tenientes segundos don Juan Ma- 
ría González, don Miguel Delahanty, don 
Joaquín Viejobueno, don Joaquín José 
Xascimiento y don Pedro Rivero ; subte- 
nientes don Juan Quincoces. don Remigio 
González, y abanderado don Manuel Ger- 
mán Fleitas. 

Acto seguido el Mayor Gó nez ocupó la 
derecha de la linea y apoyando su esjiada 
sobre un fusil, figurando una cruz, ordenó 
que todos los individuos de tropa pasaran 
frente al sagrado símbolo besándolo como 
señal de acatamiento a la nueva ley (|ue 




Sargento Mayor Andrés A. Gómez 

regiría desde entonces los destinos de la 
nacionalidad uruguaya. 

Después de este acto tan sentido y elo- 
cuente, tal co;no cuadraba a los hombres 
de acero de aquella época, el batallón con 
la bandera nacional flameando orgidlosa a 
los vientos de la ])atria consolidada y glo- 
riosa, ílesfiló en marcha a su cuartel. 

El jíueblo. delirante de entusiasmo, tributó 
a los jefes y soldados que desde aquel mo- 
mento eran depositarios de la inviolabili- 
dad de la ley fundamenta!, vítores y pal- 
mas, acompañándolos en luia verdadera 
procesión cívica, elocuente forma de exte- 
riorizar su ardor i)atriótico y su agrade- 
cimiento a los (|ue habían luchado con he- 
roísmo y sacrificio inmenso ])or la Inde- 
pendencia del país. 

Casi todos aquellos bravos hombres de 
armas habían participado en las campañas 
por la libertad y algunos habían sentido en 
sus rostros el álito quemante y triunfal de 
Ituzaingó. la última etapa de l;i gran jor- 
nada ¡jatricía. 



i 



UJ.J- 




U. 

















¿3«FV«««< í5:«*,l*^ íf<^,&r-a. — -^¿-»i-^ 



^is*4£><¿>^^ 














Reproducción fotográfica del acta del Juramento de la Constitución prestado por la clase militar 



— SttLtCI A — 



L.\ recepción que días pasados se rea- 
lizó en la residencia del doctor Juan 
José de Aniézaga, fué en honor de la 
señorita Josefina ücanipo V'edoya, de la 
más selecta sociedad porteña. que se halla 
de paso por Montevideo. 

La señorita Ocamix) X'edoya, bella, ele- 
gante y de preclaro linaje, tuvo en la fiesta 
a que nos referimos una hermosa demostra- 
ción de la amabilidad patriarcal que es ca- 
racterística en nuestras familias principa- 
les. Fué una fiesta amable, encantadora. 

Un núcleo numerosísimo de nuestras más 
bellas señoritas hicieron acto de presencia 
en tan elegante reunión, formando un deli- 
cadísimo ramillete. Y do- 

minando con su soberana 
belleza la señora dueña de 
casa, elegantísima, ama- 
ble. .\1 verla en sus salo- 
nes pasar como una ver- 
dadera reina de hermosu- 
ra, recordamos el juicio 
c|ue mereció a los cronis- 
tas ])orteños, durante su 
estadía en la vecina orilla 
acompañando a su esposo, 
que desempeñaba el ele- 
vado cargo de Embajador 
de nuestro país ante el 
Oobierno argentino. 

I.a señora Cilia .^Ivarcz 



Recepción en lo 



de 



Amézaga « A 1 var ez 
Mouliá, en Honor 
de la señorita ^ ^ 



Josefina Ocampo 
Vedoya ^ ^ ^ 




Moulíá de .\m¿zaga fué el 
centro de la admiración en 
los salones de la capital 
vecina y todos ios cronis- 
tas sociales al elogiar su 
chic y su belleza, desgra- 
naron i)erlas de dialéctica 
en su loor y uno, con mu- 
cho acierto, dijo que pa- 
recía una imagen arranca- 
da a una tela del inmortal 
Ducet. 

Su tránsito fué, pues, 
triunfal a través de los sa- 
lones i)orteños y con ello 
.se acrecentaron aún más 
los prestigios que de her- 
mosa y elegante ostenta la 
mujer uruguaya. 

En la recepción que se 
realizó en su elegante re- 
sidencia, la señora Alvarez 
de Amézaga fué una vez más la gentilísima 
dama de trato exquisito y de extrema ama- 
bilidad. 




y sí merece ella el más caluroso comen- 
tario por el brillante éxito que alcanzó, debe 
también ser señalada como una nota alta- 
mente simpática por haber sido organi- 
zada en homenaje a una niña porteña. 

De esta suerte .se estrechan cada vez más 
los vínculos con la sociedad argentina, 
vínculos que no deben por ningún concepto 
aminorarse, ni debilitarse, dado que argen- 
tinos y uruguayos han convivido siempre 
tanto en los momentos de grandes satisfac- 
ciones como en las horas de duras pruebas. 
La sociedad argentina, muy distinguida, 
con prestigiosa nobleza patricia, tiene sus 
orígenes en casi las mismas familias que la 
sociedad uruguaya. 

¿Cómo, pues, no aten- 
der con preferencia este 
canje de afectuosidades y 
atenciones sí con ello se 
afirman relaciones y se 
da consistencia a vínculos 
tradicionales? 

Por otra parte es de de- 
sear que fiestas como esta 
se repitan durante el in- 
vierno. 

Con tan magnificas re- 
uniones se despiertan ac- 
tividades sociales que no 
deben en ningún momen- 
to decaer. 



Señoras: Celia Alvarcz Mouliá de Am¿zaga. - Josefina Vedoya de Ocampo. — Celia Mouhá de Alvafez. 

María Angélica P. de Wilson. — Julia Villegas de Shaw.— Sofía Platero de Idiarte Borda. 
Isolina B. de Vial Bello. — Señores: Dr. Juan José Amézaga. — Ministro de España y Manuel Ocampo. 




Señora Luisa C. de Pascual. — Señoritas Zclmira Iglesias Castellanos. — Margarita Saavedra Barroso. 

Emma Picra Muñoz. — Josefina Ocampo Vedoya. — Ester Alvarcz Moulíá. ^ María A. Márquez Baeza. 

Silvia Accvcdo Braga. — Olga Bchcrcns Hoffman y Señor Carlos Gar^ao Márquez. 




Hoffmann. Alartha Iglesias Castellanos, 
Esther y Elena Alvarez Mouliá. María l'',ie- 
na Gómez Larravíde, Silvia .Acevedo Bra- 
Todos sus invitados encontraron en ella ga, Eloísa Gómez Harley, María Teresa 
a sonrisa de grata delicadeza, una pala- Braga, Nene Díaz Fournier. M 



pala 
bra de .suma galantería. 

Con ello hizo digna compañía a su es- 
poso, el doctor Amézaga, caballero cultí- 
simo, de brillante figuración política y di- 
plomática. 

El hall de entrada y el gran salón res- 
plandecían con sus mejores galas, y en el 
ambiente aristocrático imponían su belleza 
y su elegancia las señoritas Olga Beherens 



Marieta Mor- 
quio Márquez, Elisa Blanco Wilson y otras 
aún ; armoniosa guirnalda de juventud, de 
distinción y de belleza que prestaba a la 
reunión toda la deslumbrante imposición de 
su gracia. 

La recepción en lo del doctor .Vmézaga 
fué una de las notas sociales más brillan- 
tes de las realizadas en la última quincena 
social. 



Esas recepciones dan a 
nuestro mundo social el 
brillo que de derecho le 
corresponde y están de 
acuerdo con el pasado de 
nuestros salones, honroso 
pasado que nunca debe 
echarse en olvido 

Y si insistimos, a pro- 
pósito de la bella reunión 
en lo del doctor Améza- 
ga, respecto de lo grande- 
mente beneficiosa (|ue se- 
ria la repetición de esas 
fiestas, es ])orque sabe- 
mos existen en proyecto 
algunas, las que deben rea- 
lizarse sin ninguna vacila- 
ción, para (|ue nuestros sa- 
lones sean todo lo admi- 
rados que merecen. 

En e.sos salones existen 
iimúineras ri(|uczas, pruebas soberbias de 
buen gusto y de exquisito arte. Las hay que 
podrían conijietir con los mejor alhajados 
de Europa. 

La .sociedad porteña evidencia más acti- 
vidad que la nuestra. 

Tome nos ejemi)lo de ella. De esa suerte 
se conservan y aumentan las buenas reso- 
nancias. 

Podemos hacerlo. Debemos hacerlo. 
Terminamos estas líneas mal pergeñadas, 
tributando un nuevo elogio a la fiesta rea- 
lizada en lo de .Amézaga - Alvarez. de la 
que guardamos gratísimos recuerdos. 



- SELECTA — 



uras 
consulares 



®0\ Silvestri.- Blanco, ilustre i)a- 
tricio, nació en Montevideo, se- 
gún lo comprueba la partida de naci- 
miento que dice así : 

"Don Juan Joset Ortiz. Cura y Vi- 
cario de ia ciudad de San Felipe y 
Santiago de Montevideo, certifico en 
cuanto pueda y lia lugar que en el li- 
bro Cuarto de bautismo de la referida 
ciudad que está a mi cargo y empieza 
en siete de Diciembre de mil setecien- 
tos setenta y nueve y acaba en vein- 
ticinco de Junio de mil setecientos 
ochenta y cinco al folio 274, se halla 
la partida siguiente: 

En treinta y uno de Diciembre de 
mil setecientos ochenta y tres, yo don 
Juan Joset Ortiz, Cura y vicario de esta 
ciudad de Montevideo, bautiza a un 
niño que nació ajer a las once y me- 
dia de la noche y se !e puso por nom- 
bre Silvestre Euscbio Ramón, hijo le- 
gitimo de don Juan Blanco y de doña 
María del Pilar Pérez y Valdez, ve- 
cino de esta ciudad. El Padre natural 
de la villa de Pineda en el obispado 
de Perona y la madre de Buenos Ai- 
res: abuelos paternos don Francisco 
Blanco y doña Mariana Flaquer, veci- 
nos y naturales de dicha villa. Ma- 
ternos don Bernardo Pérez y Valdez y 
doña Cayetana Delgado. Fué padrino 
don Eusebio Vidal Teniente de Ma- 
gones de .Mmanza a quien advertí; la 
congnación espiritual que había con- 
traído y sus obligaciones siendo testi- 
go don Francisco Mont y don Nico- 
lás Zamora vecino de esta ciudad y 
por verdad lo firmé Juan José Ortiz." 

Los padres de Blanco tuvieron otro*, 
liiios : 

Doña María Eusebia, doña Concepción, doña 
Xicolasa (ca.sada con un señor Camusso), y don 
Prudencio que, lo mismo que doña María Eu- 
sebia, murió soltero. 

Doña María del Pilar Pérez y \'aldez contrajo 
segundas nupcias con el Coronel de Ingenieros 
don Bernardo Eecoq y de este matrimonio tuvo 
a don Francisco y a don Gregorio Lecoq. casa- 
dos, respectivamente, con doña Pascuala Camus- 
so y doña Margarita Ximénez. 

Don Silvestre Blanco inició su carrera militar 
según los documentos que copiamos a continua- 
ción : 

"Señor Subinspector General: Dun Silvestre 
Blanco natural de esta ciudad, hijo legitimo de! 
Capitán de Milicias don Juan Blaiicn y Flaquer 
y doña María del Pilar Pérez Valdez, ac- 
tual consorte del Coronel de Ingenieros en 
Jefe don Bernardo Lecoq ante V. S. con ei 
mayor respeto dice : que hallándose con 
las circunstancias que se requieren para 
servir a S. Majestatl en la ilustre carrera 
de las armas, según lo acreditan los do- 
cumentos que en debida forma presenta, 
desea emprenderla en la clase de Cadete; 
para cuyo efecto, 

A V. S. rendidamente sup'ica se sirva 
expedir su decreto para que se le admita 
en e! Regimiento de Infantería de esta 
provincia: a cuyo favor quedará recono- 
cido. — Montevideo, 22 de Diciembre fl..* 
1798. — Silvestre Rlattco.'' 




Don Silvestre 

Blanco 

este (lecreto, entendiénilose que su 
pase debe contarse desde esta fecha. — 
Bl Marqués de Sobrcmoulc.'' 



vestre Blanco, Presidente de la Asamblea Constituyente 

vestre Blanco, Cadete del Regimiento de Infan- 
tería de Buenos .\ires ante V. S. con el mayor 
respeto dice: se halla con la determinación de 
continuar su mérito en el Regimiento de Dra- 
.gones de esta provincia y para poderlo verifi- 
car, a \^ S. rendidamente suplica: se sirva ex- 
pedir su providencia para que se le admita en 
el expresado Regimiento de Dragones en la 
clase de Cadete, a cuyo favor quedará recorp- 
rido. — Montevideo. 21 de Julio de 1801. — 
Sili'cstrc Blanco." 



Queriendo ampliar sus esludios, don 
Silvestre Blanco pidió licencia para pa- 
sar a Barcelona y a ese fin se le ex- 
pidió el siguiente : 

''Por cuanto por Decreto de esta 
fecha he concedido Ucencia a don Sil- 
vestre Blanco, Cadete del Regimiento 
de Dragones de esta Provincia para 
que. como ha solicitado pueda pasar a 
España por el término de dos años con 
el fin de continuar >■ concluir el curso 
de Matemáticas en el Colegio de Bar- 
celona: por tanto: ordeno y mando a 
los Comisarios de los Puestos y Bage- 
les sujetos a mi jurisdicción \" a los 
que no lo son ruego y encargo no le 
pongan impedimento alguno en su viaje, 
antes bien se lo auxilien. Para todo lo 
cual le hice expedir este pasaporte, fir- 
mado de mi mano, sellarlo con el selle- 
de mis armas y refrendado del Secre- 
tario por S. M. (le este \'irreynato. — 
Dado en Buenos .\ires. a dos de Julio 
de mil ochocientos y tres. — Joaquín 
(it'I l'ino. — Manuel Gallego." 

Reunida, en San José la .\saniblea 
General Constituyente y Legislativa del 
Estado y habiéndose resuelto la elec- 
ción de un Presidente permanente, re- 
sultó electo por 14 votos don Silvestre 
Blanco. — habiendo obtenido 7 votos 
don Joaquín Suárez >■ otros 7 don Ga- 
briel h. Percira. 

En Canelones, en la .aguada, en Mon- 
tevideo, lo mismo que en San José, don 
Silvestre Blanco desempeñó sus eleva- 
funciones con una contracción verdadera- 



" Montevideo. 24 de Julio de 1801. — Con- 
cédese a ese interesado su pase como .solicita 
en la misma clase al Regimiento de Dragones 
cuyo conforme conveniente al cumplimiento de 



"Señor Subinspector (General: Concu- 
rren en el suplicante las circunstancias que 
S. M. manda tengan los que sirvan en la 
clase de cadetes. — Montevideo, 23 de Di- 
ciembre de irgS. — Mifiuel de Texada." 



'"Montevideo. 4 de Diciembre de I70(;. 

— Habiendo hecho constar el suplicante 
que concurren en su persona todas las 
circunstancias que previene Su Majestad 
I)ara la admisión de Cadetes en esta ca- 
lidad debe tomar su asiento en el Regi- 
miento de Infantería de esta provincia, 
cuyo Coronel dará las órdenes correspon- 
dientes al cumplimiento de este Decreto. 

— /:/ Marqués de Sobreinoutc." 
Después de año y medio pasó a conti- 
nuar sus servicios en el Regimiento de 
Dragones. He aquí su solicitud; 

"Señor Subinspector General: Don Sil- 




das 

mente ejemplar. 

A él le tocó, en 2J de Diciembre del año 1828. 
tomar el juramento al Brigailier don José Ron- 
deau que entraba a ejercer el cargo de Goberna- 
dor y Capitán General Provisorio. 

Fué el primero en suscribir la Constitución de! 
Estado, en 10 de Septiembre de l82(}. lo mismo 
que el "Manifiesto de la Asamblea General 
Constituyente y Legislativa de la República Orien- 
tal del i'ruguay a los Pueblos que re/^resenta", 
de 30 de Junio de 1830. 

Don Silvestre Blanco fué casado con doña 
María del Pilar Ruiz, a la que trató por presen- 
tación que, en un palco del teatro San Felipe, 
le hizo la señorita Juanita Zudañez. De ese ma- 
trimonio tuvieron a María del Pilar Blan- 
co, nacida el 11 de Noviembre de 1835 y 
casada el 12 de Octubre de 1855. con e! 
autor de ' ' La .^rgentiada ' '. don Manuel 
Rogelio Tristany, quienes han dejado una 
larga sucesión, abrazando cuatro de los 
hijos varones la carrera militar en la Re- 
pública .\rgentina. 

El retrato del señor Blanco, cuya co- 
I)¡a publicamos, fué tomado del natura!, 
poco después de jurada la Constitución, y 
se halla en el .-\rchivo y Museo Histórico 
Xacional. inerced a la solicitud de su Di- 
rector, don Luis Carve. y a la generosidad 
de la nieta del procer, la señorita María 
Estela Tristany Blanco. 

Ofrecemos también a nuestros lectores 
los retratos. — que tomamos de un da- 
.gucrrotipo. — de la esposa y de la hija 
de don Silvestre Blanco : doña María de! 
Pilar Ruiz y doña María del Pilar Blanco. 
Don Silvestre Blanco falleció el año 
1841. 

El carácter enérgico, la severidad de 
Iirincipios. la religiosidad del deber, hi- 
cieron que don Silvestre Blanco fuera una 
de las más altas personalidades en los ins- 
tantes decisivos de la unidad del espíritu 
nacional y en los más trascendentales aún 
de la organización legal de la Repi'iblica. 

Un detalle que prueba elocueiuemente 
esta característica ejemplar ile Blanco, es 
el de que no faltó a ninguna de las se- 
siones que celebró la .-\samblea Constitu- 
yente, y en donde quiera que se reunió tan 
soberana autoridad, su digno presidente 
hizo acto de pre^encia. ocupand(. su sitio. 



Doña María del Pilar Ruiz y su hija 



(r 




Josefa Muñoz Quírós de Pérez 



Manuela Maturana de Acevedo 

Ante nuestro 




Joaquina Vá; 




Abanico conmemorativo de la Jura de la Constitución 



He aquí dos páginas que honran en sumo 
grado a "Selecta". 

No son tan sólo la comprobación de una 
delicadeza artística que hoy apenas tiene una 
que otra manifestación^ sino que todas esas 
miniaturas reproducen, — bellamente, un 
grupo de damas de elevadisima alcurnia; — 
brillante afirmación de un distinguidísimo 
pasado social, tan pródigo en ejemplos. 

Las delicadas láminas de marfil, donde el 
artista ha concentrado todos sus afanes, apa- ' 
recen, a través del tiempo con tanta exacti- 
tud de dibujo, con tanta brillantez de colorido 
que se diría ajecutadas ayer. 

Dos fueron los miniaturistas que en las 
épocas del virreinato y de la independencia 



(L 




María Inés Furríol de Lasala 



Inés Pérez de Herrera 



asado social 



quez de Acebedo 




realizaron todas las pequeñas y hermosas obras 
de arte. La tradición ha conservado sus nom- 
bres: Furríol y Odojerti, autores de las mi- 
niaturas que ofrecemos hoy a nuestros lec- 
tores como una verdadera joya. 

Estos medallones, ejecutados con una mi- 
nuciosidad ejemplar, recuerdan la majestad 
de aquellas damas, venerables matronas qt^e 
concentraron en si todas las características dr 
una ¿poca y cuyos apellidos son hoy base 
inconmovible de grandes prestigios sociales. 

En la cariñosa intimidad de muy respeta- 
bles hogores se guardan hoy estas reliquias; 
y hasta ellas hemos llegado para ofrecerlas 
como una magnifica nota de homenaje, de 
evocación y de arte. 




Otro ejemplar de los abanicos repartidos el día de la Jora 



— SELECTA — 



El pintor 

Parpa^noli 

HE aquí un notable cultor 
del arte de Apeles. 
Miradlo. Su figura es 
altamente simpática y 
arrogante. Hay en él un rasgo 
agradable de la bohemia soña- 
dora y briosa que tantos genios 
ha dado al mundo, y un claro 
aristocratismo que eleva su trato 
a la categoría de un verdadero 
placer. 

Tal nos ocurrió a nosotros en 
la visita que le hicimos en su 
lujosa residencia de la ca'.le La- 
rrañaga, donde nos encontramos 
con el más delicioso ' '^ome ' ' 
que hubiéramos podido imagi- 
narnos. 

A nuestro encuentro salió la 
esposa del celebrado pintor, y 
su gracia, la armonía excepcional 
de su trato, su distinción, fué 
un encanto más unido a los en- 
cantos que ya nos habían cauti- 
vado. 

Envuelto en una amplia bata 
de seda y terciopelo, elegante, 
sencillo y cultísimo, se nos pre- 
senta el pintor Parpagnoli. 

.Antes de llegar hasta el ta- 
ller donde el artista labora y 
crea sus hermosas obras, los 
gentiles dueños de ca.^^a nos rin- 
dieron todos los agasajos de la 
hospitalidad. 

El estudio es un rincón admi- 
rable. Ya conocíamos al pintor 
por la excelente impresión que 
nos causaran algunas de sus 
obras: sobre todo el magnifico 
retrato de Samuel Blixen. que 
se halla en el Circulo de la 
Prensa, colocado en el salón 
principal de recepciones. 

Esc retrato, una de las pri- 
meras obras que ejecutó Par- 
pagnoli en nuestro país, mues- 
tra con más vigor y con más 
acierto la modalidad de este 




El pintor G. M. Parpagnoli 



artista, cuya escuela (puesta de 
manifiesto en esa y en otras 
obras de la misma época), tiene 
todas las más bellas condiciones 
(le los maestros italianos del 
Renacimiento. 

Parpagnoli ha evolucionado. 
I. a escuela italiana clásica yia 
no tiene aplicación en sus cua- 
dros de hoy. Su evolución se de- 
fine hacia los métodos moder- 
nos : pintura divisionaria, inter- 
pretativa cu los valores del co- 
lor, que refleja a la naturaleza 
después de tamizarla en la im- 
l>resionabilidad de un tempera- 
mento. Sus retratos actuales y 
sus paisajes tienen la atracción 
del colorido vibrante, quizá a 
veces demasiado violento, pero 
siempre atraycnto, con tonalida- 
des Cjue si no son en todos los 
casos el reflejo de la verdad, en 
cambio tienen el encanto de los 
tonos luminosos, de los contras- 
tes, de las medias tintas extra- 
ñas, casi exóticas, pero siempre 
inspiradas en un refinado sen- 
timiento de belleza. 

Hoy, Parpagnoli nos agrá. la 
tanto como paisajista que como 
retratista, aun cuando su espe- 
cialidad sea el retrato. Los de 
lioy como los de ayer son de una 
gran fuerza de parecido, con 
esa verdad psicológica, rasgo ca- 
racterístico que da el carácter 
intimo de la persona retratada, 
efluvio de alma que sólo con- 
siguen dar a los retratos los que 
conocen a fondo esta difícil ra- 
ma de la pintura. 

Tiene el estimado artista infi- 
nidad de proyectos de obras de 
gran aliento, a todas las cuales 
dará , feliz culminación, porque 
Parpagnoli es un artista que co- 
noce todas las ventajas que en el 
trabajo da el nietodo y el ejerci- 
cio de la voluntad. 

De nuestra visita a la residen- 
cia del artista conservamos una 
agradabilísima impresión, que 
aún perdura en el instante de es- 
cribir estas lineas. 

El Cronista. 




Un ángulo del magnifico estudio del sKñor Parpagnoli 



— StLbClA — 



(^nTemplanpo 

UNAS 




LAS fotografías <le antaño tienen un 
encanto especial Ellas nos atraen 
con la severidad de su presentación, 
tan sencillas, tan simples, que puestas al 
lado de una fotografía de hoy, de esas ver- 
daderamente siuituosas. con doble cubierta, 
papel de seda, rebordes dorados y colora- 
ciones caprichosas, ¡¡arecen humildes copias, 
tan humildes ((Uc ni como prueba las pre- 
sentaría uno de los fotógrafos de la actua- 
lidad. 

Y sin embargo estas fotografías tienen to- 
das, en la casi humildad de su presentación, 
una poderosa fuerza subyugante, atractivo 
poderoso ([ue reside en la majestad que de 
ellas emana, no .sabríamos si ¡¡or la suges- 
tión que todo lo de antaño ejerce sobre 
nuestros espíritus impresionables, o por la 
indiscutible realeza que de los trajes se 
desprende. 

Y así es. 

Posiblemente la moda de 1830 y 1840 no 
estaría encuadrada en los más severos pre- 
ceptos de la estética, (piizá habría mucho 
(jue discutir y mucho (|ue analizar, respecto 
de aquellos talles de " avispa ", formados 
a fuerza de una exagerada opresión, (pie si 
ofrecían contraste más o menos agradable 
con la amplitud y abullonauíiento de las fal- 
das, torturaba las cinturas y provocaba las 
protestas airadas de los médicos. 

Pero de todas maneras la majestad de 
aquellas damas se impone a nuestra frivo- 
lidad de hoy y nos da ejemplo de cómo puede 
.ser la verdadera altivez en la más grande 
simplicidad. 

Tenemos ante nuestros ojos tres fotogra- 
fías de antaño. Reproducen ellas a tres 
damas muy distinguidas de las épocas glo- 
riosas y siempre aleccionantes, y no cabe 
más que examinarlas rápidamente para que 
de inmediato, aun ignorando los nombres, 
comprendamos que son tres damas repre- 
sentativas de aquel pasado social que tanto 
debe siempre enorgullecemos. 

Fueron tres señoras que llamaron la aten- 





Mademoiselle Condesa Matilde de Brayer 




Doña Carlota Sustacha de Cbiriffe 




Doña Corina Oromí de Villegas 



Viejas 

Fotografías 




Clon ])or su l)elleza. por su (hstmcion. por 
su elegancia. 

Las fotografías nos las muestran vis- 
tiendo el clásico traje de cotilla, (¡ue tanto 
se usó entonces y tan esjiirítuales hacía los 
cuerpos femeninos, para encanto de los 
hombres de la época y para envidia nues- 
tra, que hov nos tenemos que conformar 
con verlas a través de esas pequeñas foto- 
.grafías amarillentas v semiborradas. 

Las joyas que completaban la toilette de 
aquellos días, tenían también su originali- 
dad y su belleza. 

Los grandes peinetones. afiligranados, ri- 
([uisímos. que eran verdaderas, magníficas 
obras de arte, daban a las cabezas una ma- 
jestad única. 

Las grandes cadenas de oro o de piedras 
jírecio.sas rodeaban los cuellos esbeltos y 
caían elegantemente hasta el talle. Las ca- 
rabanas. o aros largos, formaban como un 
marco muy bello a las deliciosas caritas. 
Y las " pulseras " exornaban los brazos con 
el brillo de su bruñido oro. oro cincelado, 
macizo y fuerte. 

De verdad que eran interesantes y gen- 
tiles aquellas personitas delicadas que fue- 
ron, la delicia de nuestros abuelos. 

En los saraos, en los paseos a! aire li- 
bre, en todos los sitios donde se presenta- 
ban, reinaban ellas con la soberanía que 
también reúnen hoy las que son sus biz- 
nietas. 

Las amplias polleras, donde los pliegues 
caían en forma armoniosa, daban a las si- 
luetas femeninas un " aplomo ", una rea- 
leza que por cierto era más sugestiva que 
las de las siluetas creadas por la moda de 
la pollera - funda, tan de estilo hasta hace 
poco. 

I^as tres damas que nos han sugerido es- 
tas evocaciones de los tiempos idos, fueron 
altamente reiire.sentativas en la sociedad de 
aquellos días y hoy sus descendientes man- 
tienen aquellos prestigios con toda ejempla- 
ridad. 




— SCUCWI A 



La ¿ran 





MARtA BARRIENTOS 



LA temporada lírica ofi- 
cial (le Agosto se anun- 
cia este aíio con los 
prestigios de nombres archi - 
famosos en el mundo del arte. 
Caruso, la Barrieiitos, la 
Della Riza. Journet. Lafuente. 
la Vallin Pardo. Giraldoni. 
Crabhe. Nombres que la fama 
trae y lleva de uno a otro 
confín del mundo y que son 
una só'.ida garantía de la im- 
portancia artística de la tour- 
iiée máxima. 

No hemos de detenernos en 
un examen detenido de las fi- 
guras más representativas del 
elenco. Sería superfluo. To- 
dos conocen las admirables 
condiciones de los cantantes 
que forman cabeza en la gran 
. compañía lírica. 

En las diez funciones de 
abono se pondrán en escena 
las óperas que más atraen !a 
atención del púb-ico y se es- 
trenarán : "Lodeletta" de 
Mascagni, "L'Etranger" de 
D'Indy, "La Rondine" de 
Puccini. 

En las seis funciones res- 
tantes se han combinado pro- 
gramas excelentes, en uno de 
los cuales figura "Pagliacci" 
cantado por Caruso, detalle 
este más que suficiente pata 
despertar el mayor interés, 
pues aún recordamos con pro- 
funda emoción la estupenda 
noche en que el gran tenor 
cantó esa ópera en el Ur- 
quiza. 

El éxito del abono ha sido 
comp'.eto. No podía esperarse 
otra cosa dado el elenco y e! 
repertorio. Completamos esta 
nota dando una parte de la 
lista de los abonados : 

Presidente de la Repúbli- 
ca, Pablo Mané, Augusto Mo- 
rales, Manuel Lessa, Pedro 
Etchegaray, Baltasar Brum, 
.'\rturo Heber Jackson. Fran- 
cisco A. Lanza, Mora Maga- 
riños. Eduardo Brito del Pi- 
no, Claudio Wílliman, Juan 
Campisteguy, José Shaw, San- 
tiago Bordaberry. Adolfo Ar- 
tagaveytia, César Schiaffino, 
Manuel Quíntela, Alfredo Et- 
chegaray, Pedro Mir. Hora- 
cio González, José Saavedra, 
Manuel Vaeza Ocampo, Gi'- 
berto Lasnier, Flora Wells de 
Shaw, Guillermo Wilson, Ma- 
nuel Acosta y Lara, Juan Lo- 
renzo Etcheverry, Agustín 
Cardozo, Alex Sundberg, Se- 
cundino Balparda, Germán 
Larión, Román Freiré, Emi- 
lio San Juan, Vicente Pablo. 
Joaquín Requena y García, 
Carlos Bellini Carsoglio, José 
M. Rodríguez Sosa, Pedro 
Lena, E. Dellazoppa, Miguel 
Lapeyre, .'Mberto Rodríguez, 
Juan C. Roselló, José Colaso 
Gómez, .'\gustin Sanguinetti. 
Matías Alonso Criado, Juan 
Domingo Lanza, Agustín Es- 
trada Gauland, Federico Vi- 
diella. Ricardo Shaw, Eduar- 
do Hoffmann, José Joaquín 
Cañaba'. Juan Pedro Etche- 
garay, Sayagués Laso, Walter 
Fraling, Juan Pons, Enrique 
Geille, José Deluchi, Berta 
iíubillaga, Elvira Grase, Anto- 
nio Rodríguez, Guillermo Pe- 
rino, Federico Escalada, Ma- 



niiel González Villar, Alejo 
Rosell y Rius, Alberto Puig, 
Lauro Brum, Aníbal Chacón, 
María Dellaca, Juan Canale, 
Carolina Favaro, José Infan- 
tozzi, Juan D. da Silva, José 
Macció. Pedro Díaz, Odicini 
Dante R. Peirano, Luis Olli- 
vier Montero, Serapio del 
Castillo, Pilar Muñoz Silva, 
José B. Etchegaray, Pedro E. 
Casaríno, Arturo Gaye, Joa- 
quín Oribe, Bernardo Riet 
Correa, Juan José Sosa Díaz, 
Luciano Lacerre, señor Gal- 
fctti. Tomás Grilfo, María 
Teresa Pittaluga, J. Carlos 
Vallarino, Juan José Salvag- 
no, Santiago Rivas, José Gó- 
mez Ferreira, Francisco Cos- 
ta, Raymundo Janssen, Blas 
Vidal, .Arturo Wilson, Ma- 
ría R de Chiarino, Antonio 
Marexiano, Ricardo Sánchez, 
Beltrán Hardoy, Juan Gron- 
dona, Fidel CavaMieri, Julio 
Poitevin, Alberto Cappone 
Brusco, Ricardo Serventi. 
Francisco Arena. .íMejandro 
Dematteís, Umberto Pérsico. 
Farriols, Carlos Pernin, Ma- 
nuel F'. Da Silva, José V. 
CarvaUido, Alejandro Shaw, 
José A. Ferreira, ■ Enrique 
Risso, José Tálice. Juan Rani- 
pón, Teresa B. de Basso, Juan 
Ve!troni, Alfredo Giriba'i'i. 
Cuocco, Miguel Deque, Juan 
Zamora. Honorio Federici, se- 
ñoritas de Nin, Tomasa B. 
de Rodríguez, Alberto Mi- 
guel Lecour, Pedro Turcatti, 
Francisco Helguera, Andrés 
de Badet, Silvio Cassarino, 
Francisco Hidalgo, J. M. 
García y García, Juan Buela, 
Horacio Acosta y Lara, J. P. 
Santayana, Juan P. Beisso. 
Fernando Gíribaldo, Francis- 
co Campantico, Edelmira de 
la Bandera, Juan Dighiero. 
Marcelina Montero, Enrique 
Anthelo, Luis Barbagelata, 
Orfilia Solari, Alfonso Seré, 
Alberto Heber Uriarte, Do- 
lores P. de Caprile, Pablo 
De María, Mario Etchegaray. 
Quinto Bonomi, Leonor Hor- 
ticout, Juan Cánepa, señoritas 
de De León, Eduardo Saez, 
Carlos Abal, Alberto Seguez, 
Domingo Cuyaba, Carlos Cas- 
tro, Julio Bazardo, Pedro 
Díaz Lemón, Teresa Saave- 
dra, señoritas de Etcheverri- 
to, Pedro Ceriani, Zipitría 
Montero, B. Introzzi, Juan 
Aschieri, Francisco Campo- 
dónico, José Piaggio, Gonzalo 
Vázquez Barriere, Pedro Mu- 
ñoz, Julio M. Mangino, Igna- 
cio Porta, Federico Battagli- 
no, Juan Puy Natino, Do- 
mingo Cuadra Díaz, Severo 
Rodríguez, Pedro Aramendia, 
Alfredo Fernández, Blas Con- 
de, Pedro A. Staricco, Eduar- 
do Roubaud, González Dan- 
rée, Pedro Marqúese, Anto- 
nio María Rodríguez, Rodol- 
fo Mezzera, Arístides Muñoz 
Ramos, Benigno Dell, José 
Juega, .\ugusto Guerra Ro- 
mero, María E. Fernández 
Samuel Rossi, Luis E. La- 
rriera, Villegas Suárez, Pedro 
Negri, R. Sosa Díaz, Juan 
CarvaUido. Pablo Varzi (hi- 
jo), Perfecto González, Pedro 
Otonello, José Puppo, Ale- 
jandro Mautone, etc., etc. 




LAFUENTE 




VALLIN PARDO 



— SELECTA — 



•&■ <K}' 



Giga uruguaya 



Cu ni r y Preserva r. 

Lo segundo antes que lo primero. 
Más aun que lo primero, porque su 
acción es más eficaz, más amplia, más 
efectiva. 

Estas son las dos orientaciones que 
tiene la acción de la Liga contra la 
Tuberculosis. 

Curar es noblemente piadoso ; es de 
un alto espíritu evangélico, es ir di- 
rectamente contra el dolor, contra la 
desventura, es detenerse amorosamente 
en la marcha p<ira recoger al vencido 
que cae a la vera del camino, quizá 
de otra suerte condenado a morir sin 
socorro, sin que una mano piadosa le 
acercara a los labios una gota de agua. 

Preservar es obra profundamente 
científica, es combatir al morbo antes 
de que desarrolle su acción es vencer 
antes de que se inicie la acción, terrible 
acción, en la que, generalmente, el hom- 
bre sale derrotado. Preservar es velar 
por la fortaleza de la raza, por sus 
energías efectivas, pues evitando que 
el organismo se dañe, se le conserva 
en toda la plenitud de sus energías 
y en toda la fecunda actividad de su 
esfuerzo. 

Por eso es altamente noble, grande- 
mente patriótica, honrosa para el país, 
la obra de la Liga contra la Tuber- 
culosis. 

Los nombres de los que la han ini- 
ciado y de los de aquellas personas que 
hoy continúan tesoneramente y sin des- 
mayos la acción meritísima, deben ser 
tenidos en el concepto de benefactores 
del país, porque es tarea inmensa, ta- 
rea que no admite tregua, tarea sin 

descanso, la que exige ¡a detención del 

avance devastador de esa plaga de la 
Humanidad, cuyos estragos son más 
grandes que los de la más tremenda 
de las guerras. 

Obra buena, obra de reparaciones sociales, 
obra de higiene, de salud y de vida, obra que 
es como la esencia purísima de todas las mejores 
inspiraciones del alma colectiva. 

Por más que se escriba, por más que se hable, 
por más que se glorie, nunca podrá decirse bas- 
tante en homenaje merecido de la Liga Uru- 
guaya contra la Tubercu'osis. la institución que. 




coníra la TuSerculosis 



Doña Bernardina Muñoz de De María 

no vacilamos en afirmarlo, más distingue al 
Uruguay, aun cuando nuestro país, por el es- 
fuerzo de sus buenos hijos, tenga tantas cosas 
de que enorgullecerse. 

V esta obra es, en mucho, en gran parte, re- 
sultado de la actividad de las Comisiones <le 
señoras, obra sagrada en que la piedad fe- 
menina tiene parte principalísima, de la bondad 
sin limitaciones de las que saben ser esposas y 



madres, de toda esa concentración de 
exteriorizaciones scntimentale'; y afec- 
tivas que forma el espíritu de la mu- 
jer, y es como un 1)0110 comraste de 
luz. en las tinieblas horrendas, que 
son los odios, las ambiciones, las lu- 
chas y los egoísmos de los -lombres. 
cuyas explosiones ele rencores y de 
insanias, empajian de sangre las pá- 
ginas de la historia. 

No es posibV' elogiar la acción de la 
institución referida, sin tributar a !h> 
señoras en cuyo florecimiento coadyu- 
van, grande loa; porque la Liga Uru- 
guaya es el fruto hermoso del senli- 
mentalismo femenino puesto ante el 
dolor y la miseria. 

Ln las Comisiones de señoras que se 
han sucedido desde la fundación de \'\ 
Liga hasta el presente, han figurado 
damas de alta representación social, 
espíritus am])'ís¡mtis en !os que la ini- 
ciativa fecunda y la segura dirección 
fueron ccíudiciones sobresalientes y ele- 
mentos priiicipalisimos en el brÜiante 
éxito de toda labor em])rendida. 

Las presidentas de esas Comisiones 
de damas fueron hasta el presente : 
doña Ema Ruano de Capnrro. dttñíi 
Bernardina Muñoz de De María, doña 
Guma del Campo de Muñíz. doña Ma- 
tilde Regalía de Roosen y actualnient 
ha vuelto la señora Muñoz de De 
María a ocui)ar ese elevado cargn, p'tra 
volver de nuevo a imprimir a la ins- 
titución benefaclora el grande impulso 
(|ue le diera en su primera presidencia. 
Doña Hernardina Muñoz de De Ma- 
ría es una de las damas más represen- 

lativas de nuestra sociedad. Kn ella se 

aunan delicadezas invalorables de es- 
píritu, con sólidas riquezas de cultura. 
\'.\\ su característica modestia guarda 
e.\((uisitamente toda la belleza tle su cs])írilu : 
ílándonos. en nuestros días un tanto banales, la 
exacta representación de una dama de otros tiem- 
pos, de aquellas matronas de ayer, que aun las 
obras más extraordinarias, los esfuerzos más 
brillantes y hasta heroicos, los llevaban a cabo 
con una sencillez, con una serenitlad. con una tal 
ausencia de bulla y de envanecimiento, que ello 
prestaba mayor grandeza a la grande realización 




Grupo de señoras concurrentes: Bernardina Muñoz de De María. — Carmen Martínez de Wtlliman. — Margarita Sierra de Sánchez. — Angela P¿rcz Cantera de Mainginou- 
Lucila Narbondo de Guillot. -Celia Alvarez de Am¿zaga. -Josefina V. de Ocampo.- Fortuna Oddo de Giribaldi. —Cata Castro de Quíntela. — Emilia B. G. de (^anotich. 

María P. de Sabat. —Dolores Ramos Suarez de Rodríguez. —Julia G. de Ramos Suarer. — Elina E. de Castellanos. — Carmen I. B. de Muñoz Xímenez. — Eusebia Pebet. 
Carmen M. de Muñoz. — Amelia Navarro de Burmester. — Paulina D. de Llovet. — Julia Calamet de Capurro. — Ema Marexiano de Garabclli. — Elena Marcziano de Ramasso. 
Flora G. de Granotich. — Dolores Estrazulas de Piñeynia. — María Elena R. de Fischer. — Berta De María de Pratt- ' 



— SELECTA 



(le sus actividades, de sus iniciativas, fueran de 
carácter fi'antrópico o patriótico. 

I-a presidencia de doña Bernardina Muñoz de 
i)e Maria. es una fíarantia real, efectiva para 
la liuena marcha de la Liga. A sus iniciativas 
inteligentes, responderá el más halagüeño de los 
resultados. 

Kn la vicepresidencia figura otra dama íle 
grandes vinculaciones sociales. Xos referim()s i 
a señora Carmen M. de Williman. a cuya no- 
bilísima dedicación debe la Kiga verdaderas con- 
cpiislas y muchos prestigios. Con tan distingui- 



ocupa. comprueban por otra parte de una manera 
elocuente infinidad de casos de curación radi- 
cal, vale decir, la reintegración a la vida de mu- 
chos pobres seres que se hallaban conílenados a 
nniertc y con esa reintegración a la vida la 
vuelta a la alegría, al trabajo, a la paz del ho- 
gar, verdadera aurora de bonanza después de 
ima noche cruel de tempestad, de incertidumbre. 
de vagar desatentado en medio de las t'uieblas. 
KI doctor Constancio Castells, al ser enviado 
a Kspaña como delegado de! Uruguay ante el 
Congreso Antituberculoso de San Sebastián, en 




El Dr. Luis Píera, el Dr. Manginon y el leñor Juan L. Pascualini ante un grupo de niños internos 

das colaboradoras, la I,iga Uruguaya tiene for- 
zosamente que imponer su acción benéfica \ 
culminar v\^ la ruta que sigue, para bien de la 
población <le la República. 

Kn la presidencia de la Comisión de caballe- 
ros Sf halla el doctor Luis Piera. personalidad 
de alto relieve en la magistratura nacional, que 
dedica a la humanitaria obra todo el caudal de 
sus conocimientos y todas las ventajas de sus 
prestigios sociales. 

La i»ub!Ícación de esta nota, además de res- 
ponder a Tuiestro propósito de hacer conocer a 
las instituciones Í)enéficas. la motiva además la 
realización de una visita (pie al Sanatorio que 
[losee !a Liga en la calle Larrañaga, realizaron 
dias pasados algunas señoras y caballeros. 

h'se Sanatorio y líscuela al Aire Libre es una 
de las dependencias de ia Liga (pie más her- 
mosos resultados da. Kn el sanatorio se hallan 
ochenta niños en calidad de internos. Y en la 
Escuela .son cien los niños que siendo discípu- 
los de la-' escuelas del Kstado. por su estado de 
debilidad, son enviados a!lí por los facultativos 
del Cuerpo Médico Kscolar. 

La nobilísima institución tiene, por otra parte. 
otras dependencias donde con tanta eficacia como 
vu esta, se atiende a los enfermos y se da ali- 
mento y ropa a los necesitados. 

La casa central, donde se halla el gran con- 
>ul torio médico, las oficinas, el horno de desin- 
fección y los baños para obreros, se halla ubi- 
cada en la calle Magallanes y es un magnifico 
edificio. 

Además, la Ijga tiene disi)ensar¡os diseminados 
t-n todos los radios de la ciudad, especialmente 
donde se hallan aglomeraciones de imblación 
«)brera. 

Kn esos dispensarios se reparten diariamente, 
a los enfermos que se hallan inscriptos en la Liga, 
raciones de pan, leche y carne. De esta suerte 
la instituci(>n no sólo da medicamentos y asis- 
tencia médica, sino que también, el sustento abun- 
dante y de primera calidad, base quizá la princi- 
l>al para combatir a la tremenda dolencia. 

Contribuye además la Liga al sostenimiento 
de la institución denominada "Copa de Leche". 
que funciona en varias escue'as del listado. Con- 
siste en el reparto diario a los discípulos de una 
copa de leche y un panecillo. 

Los cuadros estadísticos, hechos por la Liga y 
los del Consejo Nacional de Higiene, dan la 
comprobación más halagüeña de una disminu- 
ción de atacados por el bacilus de Kock y los 
cuadros particulares de la institución <pie nos 



La más grata impresión recogimos en nuestra 
visita, donde la gentileza de las señora;, de la 
Comisión nos puso en conocimiento de los de- 
talles más interesantes del funcionamientt) de 
ese Sanatorio. 

A la pericia inteligente del Administrador Ge- 
neral, señor Juan L. Pasqualini, debemos tam- 
bién un elogio y a su caballerosidad un agra- 
decimiento. 

Y lo repetimos una vez más: la Liga Uru- 
guaya contra la Tuberculosis honra al país. 



Xo hemos de cerrar esta nota, en la que con- 
tenemos elogios a la presidenta de la Comisión 
de Damas, sin aprovechar la feliz circunstancia 
para dedicar algunas líneas a otra actividad be- 
néfica de la señora Hernardina Muñoz de De - 
María. 

Xos reft'rimos a su puesto principalísimo en 
la Liga Antialcohólica, concurrente en otro es- 
fera de acción, a ia obra antituberculosa. 

En el último Congreso de la Asociación Mun- 
dial de Templanza de Señoras, celebrado en 
Brooklyn (Xueva York), en Diciembre de 1913, 
la señorita Hardynia K. Xorville fué nombrada 
delegada para visitar las Repúblicas de Sud - 
América, a fin de invitar a las damas de esos 
países para unirse a las señoras de las 55 nacio- 
nes que constituyen acjuella organización. 

La delegada se dirigió en primer término al 
Uruguay, en vista de la reputación de cultura 
e inteligencia de las señoras de esta República. 

Preparó con toda dedicación una magnifica 
conferencia en la que demostró las proporcio- 
nes alarmantes que el a'coho'ismo había adqui- 
rido en nuestro país. En esta conferencia titulada 
"El alcoholismo en el Uruguay y medios de 
combatirlo'', el doctor Salterain probó acabada- 
mente i)or medio de las estadísticas, la urgencia 
que había en combatir el mal y la forma en que 
podría lucharse con seguridades de éxito. Termi- 
nada la conferencia se inscribieron más de 300 
nombres en la lista de adherentes a la "Liga 




Los alumnos de la Escuela al Aire Libre en el momento del reposo 



un discurso pronunciado en la sesión inaugural, 
dijo que la obra de la Liga Uruguaya contra la 
Tuberculosis se debía en mucha ¡larte a la con- 
tribución generosa del pueblo. 

Y explicó la forma en que se realizaban las 
colectas y a las sumas respetables que esas co- 
lectas ascendían. 

Ante los médicos españoles estas declaracio- 
nes produjeron hondo efecto. Les llamó podero- 
samente la atención ese medio tan simpático de 
sostener el funcionamiento de una institución be- 
néfica y el Ministro de Kstado al hacer el elogio 
de la iniciativa uruguaya (debida a la inteli- 
gencia, a la ilustración y a la bondad del doctor 
Joaípiín de Salterain), declaró que en Kspaña se 
haría algo semejante para sostener a las institu- 
ciones antituberculosas del reino. 

Desde aquel día quedó instituido en la penín- 
sula el llamado "Día de la flor". 

Terminamos : 



contra el Alcoholismo", resolviéndose constituirla 
de inmediato. AI efecto, la señora Manuela de 
Herrera de Salterain. colaboradora incansable y 
entusiasta de la obra, tomó con todo empeño la 
tarea y consiguió la adhesión de .un grupo de 
distinguidas damas. 

En una reunión, que tuvo lugar ^1 10 de Junio 
íle i<íi5. se designó a la señora Bernardina 
Muñoz ' de De María para ocupar el cargo de 
Presidenta de la Liga Uruguaya contra el Alcoho- 
lismo, aceptando dicha dama el cargo en vista de 
la insistencia con que le fué ofrecido por sus 
amigas. 

Hoy la Liga contra el alcoholismo es una ins- 
titución que tiene ya adquiridos legítimos pres- 
tigios. 

La señora Bernardina Muñoz de De María, 
es también presidenta del Consejo Nacional de 
Mujeres del Uruguay, alta manifestación de la 
intelectualidad femenina en nuestro país. 



— StLhCIA — 



£.1 dia de 



LA Kepúljlica francesa conmemora en 
este mes su más gloriosa efeméride. 
Día de celebraciones triunfales para 
la gran democracia, y de intensificaciones 
republicanas para los pueblos todos del 
mundo y especialmente para los de Amé- 
rica, cuyas instituciones libres surgieron de 
Francia. 

Pasa Europa actualmente por un terrible 
periodo de desorganización y de violencia. 
Francia paga tributo a este momento de 
crisis horrenda. Pero de en medio a ese tor- 
bellino espantoso de pasiones desencadena- 
das, la fecha gloriosa para el mundo surge 
como un relámj)agü de faro, y recuerda 
con intensidad siempre vigorosa que a la 
Revolución de 1773 se debe el surgitiiiento 
de una nueva era. 

Fueron aquellos, momentos de gran so- 
lemnidad para el patriotismo francés. Causa 
asombro, un asombro abrumador, la lec- 
tura de las crónicas de la época, donde con 
más vigor y más descarnada verdad se halla 
el reflejo de aquellos días gestatorios. 

De entre esas crónicas nos parece opor- 
tuno el tomar algunos párrafos de un ser- 
món que en la iglesia de San Jaime y los 
Santos Inocentes pronunciara el sacerdote 
Fauchet. glorificando el recuerdo de los 
caídos en la jornada estupenda del 14 de 
Julio. Habla de ese acto solenme y del fa- 
moso sermón un escritor de la época. 

Y dice: 

" 'J'odo fué notable e imponente en aquella 
.solenniidad, (|ue tuvo lugar en la iglesia 
parroquial de San Jaime y los Santos Ino- 
centes. Pero lo que era nuevo enteramente 
es que el orador también había contribuido 
en cierto modo a la cotiquista que se cele- 
braba ; se había encontrado en medio de 
aquellos cuva memoria se honraba, y ainique 
revestido del carácter de sacerdote, había 
desplegado el mi.smo valor y demostrado 
la misma intrepidez al correr el mismo ])e- 
ligro. 

" El tono de su di.scurso fué nuevo, como 
el asunto y la ocasión : era el grito de ale- 
gría de la triunfante libertad ; era la ])romul- 
gación de sus má.xinias en nombre de la 
religión v en el pulpito de la verdad ; era 
la historia de los crímenes del despotismo 
admirado al verse atacado por un sacerdote, 
más admirado todavía al ver convertirse 
contra la tiranía las armas que hasta en- 
tonces había osado buscar en el cristianismo 




rancia 



E,l s^i^o Capeto 

lhii|o de María Airntos^áeta 

s^ue la 

ola revolucioEi^aria arro 

ei£ su vofi°aginec 



El grabado reproduce 

una preciosa miniatura propiedad de la 

señora Matilde Rincón de Piñeyro 

y los libros sagrados. Ya se sabe el ]);ir- 
tido que .sacaba de las palabras. Dad al Cé- 
sar lo que es del César. " Sí — exclamaba 
el orador ; — pero lo que no es suyo ¿ hav 
que dárselo también? Pues bien: la li- 
bertad no es del César, es de la naturaleza 
humana, líl derecho de opresión tampoco 
es del César, y el derecho de defensa per- 
tenece a todos los hombres. Los tributos 
sólo son del príncipe cuando los pueblos los 
consienten ; los reyes sólo tienen derecho 
en la sociedad a lo cpie les conceden las le- 
yes, y nada tienen si no es por voluntad 
pública, que es la voz de Dios ". El orador 
acusa de impiedad a los falsos doctores que 
han pervertido el sentido de muchos pa- 
.sajes de las Sagradas Escrituras. "¡ Cuánto 
mal han hecho al mundo los falsos intér- 
pretes de los orácidos cuando han querido, 
en nombre del cielo, hacer arrastrar a los 
pueblos bajo la voluntad arljítraria de sus 
jefes! Jlan con.sagrado el despotismo, han 
hecho a Dios cómplice de los tiranos: este 
es el mayor de los crímenes ". Combate a 
estos falsos doctores con otros pasajf-s de 
la escritura más convenientes y victorio- 
.sos. Afirma que la Revolución francesa, 
atribuida a la filosofía, no por eso deja de 
estar relacionada con la religión v los ])la- 
nes (le la Providencia. Se atreve a rendir 
a ia filosofía, tan cahnnniada hasta enton- 
ces, el homenaje que se le debe. ";liav 
(jue decirlo, y muy alio, y hasta en los t'jm- 
])los : la filosofía ha resucitado a la Natu- 



raleza 1 I'",lla ha recreado el csjiiritu humano 
y devuelto e! toraz-óu a ia .sociedad. 1.a ser- 
vidumbre había muerto la humanidad, el 
pensamiento la ha reanimado. Ha buscado 
en sí misma y ha encontrado la libertad. 
\'(jsolros. filósofcjs. habéis pensado: os da- 
mos gracias ¡lor ello. Reiiresentantes de la 
patria, habéis animado nuestro valor; os 
bendecin.ios. Ciudadanos de l'aris. genero- 
sos hermanos míos, vosotros habéis levan- 
tado la bandera de la libertad: ¡gloria a 
vosotros! ¡\ vosotros, victimas intré])i(lus 
que os habéis sacrificad(j por la felicidad 
de la [íatria, recoged en el cielo, con nues- 
tras lágrimas de agradecimiento, la alegría 
de nuestra victoria ! ". 

Xo es este el tínico pasaje del discurso 
en (pie el orador, inflamado de entusiasmo 
de la libertad. ])arece envi<liar a las vícti- 
m:is que en.sulza. Se ve que estalla Untado 
de decir, como Pericles, en ocasión algo 
semejante, a las viudas e hijos de los muer- 
los : " (Jueria consolaros, pero no puedo 
compadeceros ". Sublimes ¡jalabras (pie es- 
taban en el alma del ¡iredicador francés 
sin que las modulara su boca. .K él se le 
l)uede aplicar más i)articularmente el her- 
moso y feliz te.xto de su sermón: " Nosotros 
estáis llamados a la libertad ". 

Figuraos el efecto de tal discurso en un 
auditorio dominado por las mismas pasio- 
nes, el mismo estado de ánimo cjue el ora- 
dor. Una corona cívica. f(jnnada rápida- 
mente por el entusiasmo de sus oventes. cu- 
brió su cabeza en medio de aplausos; un 
heraldo la llevó delante de él hasta el Ho- 
tel \'ille. hacia donde se dirigía, rodeado 
de todos los oficiales del distrito, entre dos 
co.npañías. (pie iban tambor batiente y c(jn 
las banderas desplegadas. Imagen de l:i 
pompa y el cortejo (jue. más de una vez. 
en los antiguos jnieblos libres, exteriori- 
zaban o recompensaban el triunfo o la uti- 
lidad de la elocuencia. 

Cientos de años han pasado desde aquel 
(lía de definiciones radicales para la exis- 
tencia política de los pueblos. 

Hoy Francia ha olvidado por un momento 
el culto de la Gracia, de la Belleza, del 
.\rte y de la Ciencia ¡¡ara entregarse con 
estoicidad a la solución de un problema 
guerrero. 

Hagamos votos para que la Francia cul- 
tural y gentil. rea])arezca ai)enas se disipe 
el humo trágico del iiltimo cañonazo. 



— acucv I A — 




El libro 

y sus 
enemigos 



>irHiMeg Durmt.b '•.-:S^'^^ 





Enfermo grave 

DENTRO (le unos días se publicará un in- 
teresante libro original del señor Arturo 
Scarone. Conservador de la Biblioteca 
Xacional de Montevideo, joven estudioso y lleno 
de méritos, y de cuyas dotes es buen reflejo 
este curioso volumen. 

Se titula ' ' El libro y sus enemigos " y es en 
substancia un estudio sobre los insectos que in- 
vaden las bibliotecas, museos y archivos, des- 
truyendo en muchas ocasiones verdaderas reli- 
quias. 

La obra del señor Scarone consta de cinco 
partes. En la primera presenta en forma sintética 
un estudio histórico sobre los procedimientos usa- 
dos de unos siglos a esta i>arte para combatir 
esas epidemias que azotan bibliotecas, museos y 
archivos, causando perjuicios enormes, en la 
mayoría de las veces irreparables. Hace notar 
que los hombres de ciencia se han preocupado 
siempre en buscar los remedios contra tan terri- 
ble flagelo, habiéndolo conseguido recién hace 
unos pocos años, después de pacientes estudios, 
discusiones en congresos y haberse reaHzado im- 
portantes concursos de obras sobre este parti- 
cular. En la segunda parte hace una descripción 
sintomática de todos los insectos que invaden 
esos templos del saber humano, esos monumen- 
tos que el hombre civilizado erige a las ciencias, 
a las artes y a las letras. 

El autor contiene estas interesantes explica- 
ciones en el preámbulo de su estudio : 

"El libro, el monumento más graníle que ha 
erigido la humanidad para perpetrar su obra 
civilizadora a través de los siglos y de las razas : 
cincel que graba en las generaciones el germen 
de todas las ideas y de todos ios 
sentimientos ; onda magnífica de pro- 
greso que fluye a todas las p'.ayas : 
savia redentora que lleva la vida a 
raudales a todos los ámbitos del 
Universo ; el libro — repito — tiene 
múltiples enemigíjs que lo atacan y 
destruyen. 

Son enemigos pequeños, apenas 
perceptibles, — muchas veces a sim- 
ple vista, en su primera edad, pero 
no por eso menos temibles y des- 
tructores. 

Desde que el libro existe los hom- 
bres de ciencia — naturalistas, bi- 
bliotecarios y químicos — se han 
preocupado constantemente en bus- 
car los medios para combatir con 
éxito a esos enemigos, que, forma- 
dos en legiones, multiplicanse en 
forma alarmante y extraordinaria, 
invaden los anaqueles de las bi- 
bliotecas, de los museos, de los ar- 
chivos y de los propios hogares, 
atacando y pulverizando cuanto en- 
cuentran para saciar su voraz ape- 
tito, causando perjuicios de consi- 
deración, la mayoría de las veces 
pérdidas vcrda<leramente irrepara- 
bles. 



Múltiples son los estudios realizados para lo- 
grar el remedio contra ese mal: verdaderas epi- 
demias que se desarrollan en esos monumentos 
levantados en homenaje a las ciencias, a las ar- 
tes y a las letras, en esos templos en que las so- 
ciedades civilizadas buscan en el estudio, en las 
lecturas y en las investigaciones, los medios para 
dignificarse, para engrandecerse cada vez más. 

La lucha ha sido casi siempre desigual y es- 
téril para el hombre, pero hoy tras pacientes es- 
tudios y experiencias, concursos y congresos, se 
han logrado los medios para vencer en este com- 
bate mil veces plausible, salvando así a los libros, 
cuadros y manuscritos de la destrucción de los 
enemigos que, al menor descuido de sus celosos 
N'igilantes, los invaden, atacan y corroen sin de- 
tenerse sino cuando se les ataca en forma resuelta 
y constante. 

Xo hace aún cuatro lustros, en 1900, a raíz 
del Congreso de Bibliotecarios realizado en Pa- 
rís en .\gosto de ese año, se resolvió convocar 
a los hombres de ciencia para un concurso de 
obras en las que se describiesen las costumbres 
y medios de propagación de los insectos que de- 
N'oran los libros. 

Se instituyeron para ese torneo tres premios : 
uno de mil francos para el mejor trabajo a juicio 
del Jurado ; otro por igual suma — donativo anó- 
nimo — para el que le siguiese en méritos, y 
un tercero de quinientos francos." 

Titula la tercera parte — una de las más 
interesantes de esta obra — la primera en su 
género que se publica en el pais — "La tuber- 
culosis del libro", en la que hace una relación 
sumamente interesante sobre el iparalelo que 




Otro enfermo de cuidado 



existe entre el más grande mal que es azote de 
la humanidad y el que ataca a los libros, a los 
herbarios y a las colecciones de historia natural 
de los museos. En un lenguaje fácil, sin falsas 
ampulosidades, describe tas características de 
la enfermedad de los libros, presentando — a 
igual de lo que hace un médico al comimicar su 
descubrimiento a la sociedad científica de que 
forma parte — los casos que ha observado y 
tratado, representados por interesantes foto- 
grafías. 

En la cuarta parte indica los medios de que 
todos pueden valerse para evitar la invasión del 
mal, constituyendo esos consejos algo así como 
la higiene y la profilaxis de la enfermedad. Es- 
ludia los elementos que deben entrar en la 
confección de los muebles para una biblioteca, 
los cuidados previsores que deben adoptarse en 
las encuademaciones de los libros y demás me- 
didas para hacer de cada volumen un individuo 
capaz de resistir con éxito cualquier ataque de 
los muchos enemigos que a contnuio los asedia. 
Termina esta interesante obra con la que po- 
dríamos llamar la "terapéutica del mal", parte 
en la que su autor presenta todos cuantos me- 
dios se disponen para combatir la epidemia de 
los libros, en la seguridad de que siendo ap.i- 
cados con conciencia pueden salvarse los ricos 
caudales bibliográficos y las colecciones de los 
museos de los desastres a que contiiuiamente los 
exponen los flagelos descriptos anteriormente. 

Ha puesto prólogo a este trabajo el señor Juan 
.■\Mtonio Zubillaga, ex Director de la Biblioteca 
Xacional de Montevideo. 
Un libro como el del señor Scarone, tiene que 
causar en nuestro ambiente una 
impresión de sorpresa y de curio- 
sidad. 

Xo estamos acostumbrados a que 
se nos presenten trabajos de esta 
índole, que se diría reclaman ])ai- 
ses donde las bibliotecas públicas 
y privadas son la expresión de mu- 
chos cientos de años de labor y de 
investigación. 

Para tales circunstancias seria de 
resonancia un estudio como el del 
señor Scarone. Pero eso no obsta 
para que tenga este libro verdade- 
ros méritos y nosotros se los reco- 
nozcamos i)rimero que nadie. 

En nuestra Biblioteca Xacional 
se hace necesario la aplicación de 
los preceptos que el joven autor 
contiene en su libro, puesto que las 
condiciones del local donde se ha- 
lla ubicada y las condiciones de 
las estanterías no son precisamente 
las más recomendables para evi- 
tar el asalto de esos pequeños pero 
terribles enemigos de los libros. 

De modo que el estudio del se- 
ñor Scarone trae una garantía para 
la conservación de las colecciones 
que se guardan en la Biblioteca. 



Caaos perdldoi 



M^UtCI A — 



Tradiciones 
Peruanas 

AMOR DE MADRE 

Juzgamos conveniente alterar los nombres de 
los principales personajes de esta tradición. 

Poco significan los nombres si se cuida de 
no falsear la verdad histórica ; y bien barruntará 
el lector que razón, y muy poderosa, habremos te- 
nido para desbautizar prójimos. 
I 

En Agosto de i6qo hizo su entrada en Lima 
el Excmo- señor don Me'cbor Portocarrero Lazo 
de la Vega, conde de la Monclova, comendador 
de Larza. en !a orden de Alcántara y vigésimo 
terco virrey de! Perú por Su Majestad don Car- 
los IL Además de su hija doña Josefa y de sn 
familia y servidumbre, acompañábanlo desde Mé- 
jico, de cuyo gobierno fué trasladado al de lo.i 
reinos, a'gunos soldados españoles. Distinguíase 
entre ellos, por su bizarro y marcial aspecto, 
don Fernando de V'ergara, hijodalgo extremeño, 
capitán de gentilhombres lanzas; y reputación 
austera de monje benedictino. Pendenciero, juga- 
dor y amante de dar guerra a las mujeres, era 
más que difícil hacera sentar la cabeza, y el 
virrey, que le profesaba paternal afecto, se pro- 
puso en Lima sacarlo de su mano por ver si 
resultaba ser vedad aquello de '* estado muda cos- 
tumbres". Evangelina Zamora, amén de su ju- 
ventud y belleza tenía prendas que la hacian el 
partido más codiciable de la ciudad de los revés. 
Su bisabue'o habia sido después de Jerónimo de 
Aliaga, del Alcalde de Ribera, de Martin de 
-alcántara y de Diego Maldonado el Rico, uno 
de los conquistadores más favorecidos por Pi- 
zarro con repartimiento en el valle del Rimac. 

El Emperador le acordó el uso de Don. y al- 
gunos años después los valiosos presentes que cn- 
\--aba a la corona le alcanzaron la merced de un 
hábito de Santiago- Con un siglo a cuestas, rico 
y ennoblecido pensó nuestro conquistador que 
no tenia ya misión sobre este valle de lágrimas, 
y en 1604 lió el petate, legando al mayorazgo 
en propiedades rústicas y urbanas, un caudal 
que se estimó entonces en im quinto de millón. 

Kl abuelo y e! padre de Evangelina acrecieron 
la herencia y la joven se halló huérfana a la 
edad de veinte años, bajo el amparo de un tu- 
tor y envidiada por su inmensa riqueza. 

Entre !a modesta hija del conde de la Mon- 
clova y la opulenta limeña se estableció en breve 
la más cordial amistad. Evangelina tuvo asi 
motivo para encontrarse frecuentemente en pa- 
lacio en sociedad con el capitán gentilhombre 
que a fuerza de galante no desperdició coyuntura 
para hacer la corte a la doncella, la que al fin, 
sin confesar la inclinación amorosa que el hi- 
dalgo extremeño habia sabido hacer brotar en su 
pecho, escuchó con secreta complacencia la pro- 
puesta de matrimonio con don Fernando- 

El intermediario era el virrey nada menos, 
y una joven bien adoctrinada no podía inferir 
desaire a tan encumbrado padrino. 

Durante los cinco primeros años de matri- 
monio el capitán Vcrgara olvidó su antigua 
vida de disipación. Su esposa y sus hijos cons- 
tituían toda su felicidad : era, digámoslo asi, 
un marido ejemplar. 

Pero un día fatal hizo el diablo que don Fer- 
nado acompañase a su mujer a una fiesta de 
familia y que en ella hubiera una sala donde no 
sólo se jugaba la clásica malilla abarrotada, sino 
que alrededor de una mesa con tapete verde se 




hallaban congregados muchos devotos de los cu- 
bilicos- 

La pasión del juego estaba sólo adormecida 
en el alma del capitán y no es extraño que a la 
vista de los dados se desi)ertase con mayor 
fuerza. Jugó y con tan aviesa fortuna, que per- 
dió en esa noche veinte mil pesos. 

Desde esa hora el esptjso m.odelo cambió por 
completo su manera de ser y volvió a la febri- 
ciente existencia del jugador. Mostrándosele la 
suerte cada día más rebelde, tuvo que mermar 
la hacienda de su mujer y de sus hijos para 
hacer frente a las pérdidas, y lanzarse en ese 
abismo sin fondo que se llama el desquite- 
Entre sus compañeros de vicios habia un jo- 
ven marqués a quien los dados favorecían con 
tenacidad y don Fernando tomó a capricho lu- 
char contra tan loca fortuna. Muchas noches lo 
llevaba a cenar a la casa de Evangeüna. y termi- 
nada la cena los dos amigos se encerraban en una 
habitación a descamisarse. palabra que en el tec- 
nicismo de los jugadores tiene una repugnante 
exactitud. 

Decididamente el jugador y el loco son una 
misma entidad. 

Si algo empequeñece, a mi juicio, la figura 
histórica del Emperador .\ugusto es que. según 
Leutonio, después de cenar jugaba a pares y 
nones. , 

En vano Evangelina se esforzaba para apartar 
del precipicio al desenfrenado jugador. Lágrimas 
y ternezas, enojos y reconciliaciones fueron in- 
útiles. La mujer honrada no tiene otras armas 
que emplear sobre el corazón del hombre amado. 

Una noche la infeliz esposa se encontraba ya 
recogida en su lecho, cuando la despertó don 
Fernando pidiéndole el anillo nupcial- Era éste 
un brillante de crecidísimo valor. Evangelina se 
sobresaltó ; pero su marido calmó su zozobra, 
diciéndole que trataba de satisfacer la curio- 
sidad de unos amigos que duílaban del mérito 
de la preciosa alhaja. 

,:Qué había pasado en la habitación donde 



se encontraban los rivales de tai)ete? Don Fer- 
nando perdía una gran suma. >■ no teniendo \a 
prenda cjue jugar, se acordó tlel espléndido anillo 
de su esposa. 

La desgracia es inexorable- La valiosa alhaja 
lucia pocos minutos más tarde en el dedo anular 
del ganancioso marqués. 

Don Fernando se estremeció de \ergüenza >■ 
remordimiento. Despidióse el marqués y X'ergara 
lo acompañaba a la sala ; pero al llegar a ésta, 
volvió la cabeza hacia la mampara que comu- 
nicaba al dormitorio de Evange'.ina. y al través 
lie los cristales viola sollozando de rodillas ante 
una imagen de María. 

Un vértigo horrible se a]>oderó del espíritu de 
don Fernandcj. y rápido como el tigre, se aba- 
lanzó sobre el niartiués y le dio tre.-- jíuñaladas 

en la espalila. 

El desventuradii iiu\o hacia el dormitorio, y 
cayó exánime delante del lecho de l'^vangelina. 

II 

"^0 conde de la .Monclova. mu_\ jt)ven a la 
sazón, mandaba una compañía en la batalla de 
Arras, dada en 1654. Su denuedo lo arrastró 
a lo luás reñido de la pelea, y fué retirado del 
campo medio moribundo- Restablecióse al fin. 
liero con pérdida del brazo derecho, que hubií 
necesidad de amputarle. El lo sustituyó con otríj 
jilateado. y de aquí vino el a])odo con que en 
Méjico y en Lima lo bautizaron. 

Hl virrey '' Brazo de Plata " ". en cuyo escudo 
de armas se leía esta nota; * ' Ave María gratia 
plena*', sucedió en el gobierno del Perú al ilus- 
tre don Melchor de Navarra y RocafuH. " Co'i 
igual prestigio que su antecesor, aunque con 
menos dotes administrativas — dice Lorente, - 
de costumbres puras, religioso, conciliador y mo- 
derado, el conde de la Monciova edificaba en 
Lima magnificas casas. \\*rdad tpie el test»ro pú- 
blico no anduvo muy floreciente, pero fué por 
causas extrañas a la política. Las procesiones }■ 



— SELECTA 



fiestas religiosas de entonces recordaban por su 
magnicencia y '.ujo. los tiempos del conde Le- 
mos. Los porta'es, con sus ochenta y cinco ar- 
cos, cuya fábrica se hizo con gasto de veinticinco 
mil pesos, el Cabildo y la ga'eria de palacio fue- 
ron obra de esa época. 

En 1694 nació en Lima un monstruo con dos 
cabezas y rostros hermosos, dos corazones, cua- 
tro brazos y dos pechos, unidos por un cartí- 
lago. De la cintura a los pies poco tenía de fe- 
nomenal, y el enciclopédico limeño don Pedro 
de Peralta escribió con el titulo de ' ' Desvíos de 
la naturaleza ' '. un curioso libro, en que. a la 
vez que hace una minuciosa descripción anató- 
mica del monstruo, se empeña en probar que es- 
taba dotado de dos almas. 

Muerto Carlos el Hechizado en 1700. Felipe 
\', que lo sucedió, recompensó al conde de la 
Monclova haciéndolo grande <le España. 

Enfermo, octogenario y cansado del mando, el 
virrey ' ' Brazo de Plata ' ' instaba a la corte para 
que se le reemplazase. Sin ver logrado este de- 
seo, falleció el conde de la Monclova el 22 de 
Septiembre de 1702. siendo sepultado en la Ca- 
tedral y su sucesor, el marqués de Castel —dos - 
Rius. no llegó a Lima sino en Ju'.io de I707- 

Doña Josefa, la hija del conde de la Monclo- 
va. siguió habitando en [.alacio después de la 
muerte del virrey ; mas una noche concertada ya 
con su confesor, el padre .Monso Mesía, se des- 
colgó por una ventana y tomó asilo en las monjas 
de Santa Catalina, profesando con el hábito_ de 
Santa Rosa, cuyo monasterio se hallaba en fá- 
brica. En Mayo de 1710 se trasladó doña Josefa 
Portocarrero Lazo de la Vega al nuevo con- 
vento, del que fué la primera abadesa. 



III 



Cuatro meses después de su prisión, la real 
.Audiencia condenaba a muerte a don Fernando 
de V'ergara. Kste desde el primer momento ha- 



■■■35 ■-"■;. 




bia declarado que mató a! marcpiés con alevosía, 
en un arranque de desesperación de jugador arrui- 
nado. .\nte tan franca confesión no cpiedaba al 
tribunal más que aplicar la pena. 

Evangelina puso en juego todo resorte para 
libertar a su marido de una muerte infamante; 
y en tal desconsuelo, llegó el día designado para 
el suplicio del criminal. Entonces la abnegada y 
valerosa Evangelina resolvió hacer, por amor al 
nombre de sus hijos, un sacrificio sin ejemplo. 



Vestida de duelo se presentó en el salón de pa- 
lacio en momentos de hallarse el virrey, conde 
de la Monclova. en acuerdo con los oidores y 
e.xpuso : que don Fernando había asesinado al 
marqués, amparado por la ley : que ella era adúl- 
tera, y que, sorprendida por el esposo, huyó de 
sus iras, recibiendo su cómplice justa muerte del 
ultrajado marido. La frecuencia de las visitas 
del marqués a la casa de Evangelina, el anillo d? 
ésta como gaje de amor en la mano del cadá- 
ver, las heridas por la espalda, la circunstancia 
de haberse hallado el muerto al pie del lecho de 
la señora y otros pequeños detalles eran motivos 
bastantes para que el virrey, dando crédito a la 
revelación, mandase suspender la sentencia. 

El juez de la causa se constituyó en la cárcel 
para que don Fernando ratificara la declaración 
de su esposa. Mas apenas terminó el escribano la 
lectura, cuando Vergara. presa de mi! encontra- 
dos sentimientos, lanzó una espantosa carcajada. 

; El infeliz se había vuelto loco! 

Pocos años después, la muerte cernía sus alas 
sobre el casto lecho de la noble esposa y un aus- 
tero sacerdote prodigaba a la moribunda lo-^ 
consuelos de la religión. 

Los cuatro hijos de Evangelina esperaban arro- 
dillados la postrera bendición maternal. Enton 
CCS la abnegatla victima, forzada por su confe- 
sor, les reveló el tremendo secreto : " El mundo 
olvidará — les dijo — el nombre de la mujer 
que os dio la vida ; pero habría sido implacable 
con vosotros si vuestro padre hubiese subido los 
escalones del cadalso. Dios que lee en el cristal 
de mi conciencia, sabe que ante la sociedad perdí 
mi honra, porque no os llamasen un día los hijos 
del ajusticiado." 



ILA FIESTA DE SAN SIMÓN GARABATILLO 



Faustino Guerra habíase encontrado en ia ba- 
talla (le Ayacucho en condición de so'dado raso. 
Afianzada la independencia, obtuvo licencia fi- 
nal y retiróse a la provincia de su nacimiento, 
donde consiguió ser nombrado maestro de es- 
encia de la villa de Lampa. 

El buen Faustino no era ciertamente hombre de 
letras ; mas para el desempeño de su cargo y 
tener contentos a los padres de familia, bastá- 
bale con leer medianamente, hacer regulares pa- 
lotes y enseñar de coro a los muchachos la doc- 
trina cristiana. La escuela estaba situada en la 
calle Ancha, en una casa que entonces era pro- 
piedad del Estado y que hoy pertenece a la fa- 
milia Montesinos. Contra la costumbre general 
de !os dómines de aquellos tiempos, don Faus- 
tino hacía poco uso del látigo, al que había él 
bautizado con el nombre de San Simón Gara- 
batillo. Teníalo más bien como signo de auto- 
ridad que como instrumento de castigo, y era pre- 
ciso que fuese muy grave la falta cometida por 
un escolar para que el maestro le aplicase un par 
de azoticos. de esos que ni sacan sangre ni le- 
vantan roncha. 

El 28 de Octubre de 182Ó, día de San Simón 
y Judas por más señas, celebróse con grandes 
festejos en las principales ciudades del Perú. Las 
autoridades habían andado empeñosas y manda- 
ron oficialmente que e! pueblo se alegrase. Bo- 
iívar estaba entonces en todo su apogeo, aunque 
sus planes de vitalicia empezaban ya a eliminarle 
el afecto de los buenos peruanos. 

Sólo en Lampa no se hizo manifestación al- 
guna de regocijo. Fué ese para los lampeños dia 
de trabajo, como otro cualquiera del año, y los 
muchachos asistieron, como de costumbre, a la 
escuela. 

F.ra ya más de mediodia cuando don Faustino 
mandó cerrar la puerta de la calle, dirigióse con 
los aUminos al curral de la casa. los hizo poner 
en línea, y llamando a dos robustos indios que 
para su servicio tenia, les mandó qtie cargasen a 




los niños. Desde el primero hasta el último, tudos 
sufrieron una docena de latigazos, a calzón qui- 
tado, aplicados por mano de maestro. 

La gritería fué como para ensordecer y hubo 
llanto general para una hora. 

Cuando llegó el instante de cerrar la escuela 
y de enviar los chicos a casa de sus padres, les 
dijo don P'austino : 

— ¡ Cuenta, picaros godos, con que vayan a con- 
tar lo que ha pasado ! Al primero que descubra 
yo que ha ido con el chisme lo tundo vivo. 

' * ¿ Si se habrá vuelto loco su merced ? ' '. se 
preguntaban los muchachos; peni no contaron a 
sus familias lo sucedido, si bien e! escozor de 
los ramalazos los traía aliquebrados. 

,:Qué mala mosca había picado al magister. 
(¡ue de suyo era manso de genio, para repartir 
tan furiosa azotaina? \-d lo sabremos. 

Al siguiente dia presentáronse los chicos en 
la escuela, no sin recelar que se repitiese la fun- 
ción. Pt)r fin (ion l'anstino hizo señal de que 
iba a hablar. 

— Hijo.s mios — les dijo. — estoy seguro de 



<{ue todavía se acuerdan del rigor con que los 
traté ayer, contra mi costumbre. Tranquilícense, 
que estas cosas sólo las hago una vez al año. ¿V 
saben ustedes por qué? Con franqueza, hijos, di- 
gan si lo saben. 

— Xo. señor maestro — contestaron en coro lo> 
muchachos. 

— Pues han de saber ustedes que ayer fué el 
santo riel libertador de la patria, y no teniendo 
yo otra manera de festejar'o y de que lo feste- 
jasen ustedes, ya que los lampeños han sido tan 
desagradecidos con el que los hizo gentes, he re- 
currido al chicote. Así. mientras u.stedes vivan, 
tendrán grabado en la memoria el recuerdo del 
día de San Simón, .\hora a estudiar su lección 
y ¡ viva la patria ! 

\' la \ erdad es que los pocos ciue aún existen 
de aquel centenar de muchachos, se reúnen en 
Lampa el 28 de Uctubre y celebran una comilona. 
en la cual se brinda por Bohvar. por tlon Faus- 
tino Guerra y por San Simón Garabatillo. el 
más niilagrosn de los santos en achaques de re- 
frescar la memoria y calentar partes pósteras. 

RicArdo Palma.. 



— ShLbClA — 



Peineta hecha 
en una sola 
pieza de co- 
ral, qoe osó 
D." Eusebia 
de Zabala. 




^^ ©TR®S ©lAS 

1 







Pendientes de diamantes y plata antig-ua qoe perte- 
necieron a Doña Juana Caravaca de Rincón 



LLEVADOS de nuestro afán 
de exhibir las innúmeras 
preciosidades que se guar- 
dan celosamente en la cariñosa in- 
timidad de los hogares, damos hoy 
a nuestros lectores la reproducción 
de tres admirables ejemplares del 
exquisito gusto de nuestros ante- 
pasados. 

Se trata de dos joyas y de una 
soberbia mantilla de encaje de In- 
glaterra, ante cuya fotografía no 
cabe mas que extasiarse e ima- 
ginarse la realeza de un talle de 
mujer cubierta por tan hermoso 
encaje. 

La peineta es una joya de alto 
precio. La constituye una pieza 
sola de coral trabajada con una 
suprema maestría y con verdadero 
espíritu artístico. La usó doña Eu- 
sebia Zabala. perteneció a la mag- 
nifica colección de antigüedades 
que poseyó non .Adolfo i'uieyro 
y hoy se halla en poder de la se- 
ñora Matilde Rincón de Piñeyro. 

Los pendientes de diaiuantes, de 
gran tamaño y de soberbio engar- 
ce de plata, son una hermosa de- 
mostración del arte de la joyería 
en el pasado. Los usó la señora 
doña Juana Caravaca de Rincón y 
figuran hoy en la colección de la 
señora Rincón de Piñeyro. 

La mantilla es de reina. En la 
época de las elegancias sencillas, 
carentes de los refinamientos mu- 
chas veces antiestéticos de hoy, 
fué manto hermosísimo que lleva- 
ron sobre su cabeza y sobre sus 
hombros las damas pertenecientes 
a la familia patricia de los Pérez - 
Salvañach. 

Es una verdadera filigrana de 
seda, de alto valor, de una delica- 
deza tal que dirlase tegída por ma- 
nos de hadas. 

Hoy se halla en poder de la dis- 
tinguida señora doña Josefa Pé- 
rez de Salvañach. 



Mantilla de encaje de Inglaterra, de gran taoiaño, perteneciente 
a la familia Pérez de Salvañach. 



SELECTA — 




Para 125 Niños 















Ji^L 




■'-'^^F 






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1 


Anreliano Rodríguez 


Larreta 




LL BAIIE 







Sf adniitf i|ik- t-l luiiU- es una iiistiuu'ión so- 
cial cuya autijíücílail se rcmuiilo a las primeras 
edades, aun cuando su orijícn escape a la inves- 
lijíación más paciento. l'"l Immbre. — cuanilo se 
alcjíró la ])rimcra vez. seRÚn la ex])resión de un 
iscritor festivo — saltó y brincó sin liem])n ni 
medida. Xo hay mayor inconveniente en atimitir 
este aserto, ponjue habréis observado mis que- 
ridas lectoras, ((ue cuando recibimos una im]ire- 
sióii. (jue nos es jipata, nuestros músculos se pt»- 
nen en movimiento y saltamos. ])almnteamos y 
^esticnlauíos desordenadamente, poniendo asi de 
relieve el contento (|ue sentimos. I'^s má.s : hrista 
el niño (le ]iecbo. cuando es elevado por las ma- 
nos de su madre «pie le iimia por !a cintura, ile- 
mneslra su ale^^ria en el movimiento desordenado 
de sus tiernas piernecitas. Lo que sucede en e' 
hombre y en el niño, se produce en la colecti- 
vidad de iiíual manera, y esto que no podia pas;ir 
de-a;)ercibT(Ío al esi)iritu de observación de se- 
sudos pensa(U)res. sugiri") en ellos la idea de or- 
Lianizar la danza acomi)asada. Conjuntamente con 
la idea del baile debió llejiar la de !a música ])ara 
or,L;anÍ7.ar los gritos. (|ue la música es — sejíún la 
(h f inición de Plutarco — una danza parlante, y el 
baile una música muda- 

.Mas sean cuales fueren los orii;enes del baile 
y >ea cual sea la historia de sus primeros ru- 
dimenios. el hecho positivo es (pie no tenemos 
el menor indicio de sociedades salvaje^ it civi- 
lizatlas <pie no hayan sidti bailadoras. !.(»> et;^p- 
cios han bailado siempre delante del buey .\i)is ; 
.Moisés bailó después del paso del mar Rojo ; 
las jóvenes ríe Silos bailaron en la fiesta de 
los Tabernáculos: los hebreos bailaban alrede- 
dor del Becerro de Oro; David bailó en torno 
del .\rca Santa : en la Iglesia Cristiana han 
bailado desde los Obispos de los i)ri meros sí- 
talos hasta los seis de la Catedral de SeviKa; 
los nu'embros del Areópago griego se acercaban 
bailando a emitir su voto después de las deli- 
beraciones : los padres del Ciricibo di Tren t o 
cerraron sus sesiones cou mi baile como digno 
I i nal de atpiella santa }■ memorable asamblea, 
l-'.l baile, ¡mes. expresión natural primero de 
humanas alegrías y expresión artística desjniés 
de humanas armonías ha sido en sus origei'es 
una cosa seria y sagrada y además un arte. 

I'.n nuestra época todo se baila ; la guerra \- 
1;'. ]>az: la caída y la elevación de los Imperios: 
los aniversarios ])úblÍcos : las dichas ])artictda- 
res : e! nacimienlo, el matrimonio, la fecundi- 
dad; las alianzas; las victorias po]ndares ; las 
constituciones políticas; la erección de lU'.a igle- 
sia: el establecimiento de un asilo; las dotes 
de las doncellas honradas; Kis jiremios a la vír- 
lu<l. 'l' puede decirse (pie todas las manifesta- 
ciones del festín público como ];i< luchas de 
t'ieras, las lides de guerreros, cañas y lauras se 
han refundido en el baile. 

l'.s cierto que no siempre se mantuvo el baile 
en el circulo del arte, ni de lo honesto, ni mucho 
menos de lo santo. I.a moral del baile sufrió 
tremendas intermitencias y terribles desviacio- 
nes. Mesaliua (lió un baile de máscaras en (pie 





lo.-, asistentes no tenían lapada más que la cara; 
. ])ero C'audit) mandó degollar a cuantos concu- 
rrieron a la fiesta, b'stalla en b'rancia el cata- 
clisniít social del (J3 y la revolución de la filo- 
sofía y (le la i)olitica influye inmediatameiile en 
las artes y en la vida privada. Se desnuda la 
diosa Kazíjii y convida a un baile igual en iodo al 
célebre de Mesalina. Después de la decadencia 
del bajo imi)erio y antes de (pie el cataclismo 
social se produjese ya se había confundido en 
el baile lo sagrado con lo profauít, lo culto con 
lo grosero y a.sí llega al último tercio del siglo 
W'III en (pie el baile se convierte en alto y 
bajo : el artístico o de salón y el caracterí-licu 
o de aldea. Entonces nace la caballeresca pa- 
vana que es española: el delirante wals que es 
alemán : la gra\e contradanza (|ue e.s inglesa, y 
el aturdido cotillón que es francés- Bailase en 
este renacimiento con mesura y decoro, }■ el 
baile vuelve a ser arte. l,a malicia estaba au- 
sente y si bien puede decirse (pie siempre exis- 
tió motivo de atrevimiento, nadie ¡)uede asegurar 
(pie hubo motivo de desvergüenza. 

Hay un hermoso puebit) en ]'"spaña — el \ as- 
congado — (|ue conserva en su tradicional Zor- 
cico, su tradicional moralidad. V.n el zorcizo no 
baila la mujer, que es baüada- I. os mancebos 
la colocan a la vista del público en el centríi de 
acción de sus flexiones coreográt icas. Allí de 
pie la hermosa, en actitud de estatua viva, bajo-^ 
los ojos por la modestia y conturbado el ánimo 
|)t)r el hoiKtr de (pie es objeto, se deja bailar 
como la diosa primitiva, adornada ele cintas y de 
f'ores. aplaudida por la multitud, victoreada e 
incensada ])or el alegre re(¡uiebro de los baila- 
(bíres. l".n el zorcico ci^nio en la casi totalidad 
de los bailes de la edad media se reserva sieinjire 
a! lunnbre la parte de iniciativa y de res])eto : 
dejando ])ara la mujer la ])arte de adoraci(^n 
y de condescendencia. Kl wals de los alemanes. 
encantador torbellino de la danza más carnal si 
se quiere y de mayores enlaces entre el cnerin' 



"^S^ 



del honibrí' \ v\ de la nnijer ipjc en .iiro> baile> 
obscenos, es con lodo un iile:il de ia tusiiMí de los 
sexos en la alegría- b'l fandango de .\ndaliicia, I;'. 
jota de Aragón, la manchega de Castilla >on el 
bai'e del hombre hacia la mujer. Si el mancebo 
se acerca demasiado, huye la moza como asus 
tada ; si él insiste y pretende arrinc» Miarla, ella 
da media vuelta y aparece a la espalda del hom- 
bre: si él la mira con ))rocac¡dad, ella baja los 
ojos con ])udor ; si él la re(piiebra y .grita y la 
arroja el sombrer( i, e'.la enmudece, se rul>oriza 
y le baila al sombrero, ])ero no al hombre. 

Dos pueblos ])riniitivo> creían, mirando al 
cielo, (pie las estrellas bailaban alrededor del sol, 

V de ahi que sus ])rimiiivas damas fuesen sa- 
gradas bailando alrededor de los ídolos para 
imitar los bailes del firmamento. Cuando la 
mujer ascendió al rango que le correspondia ocu- 
])ar en sociedad, fué considerada como sol y lo- 
liomlires la ijailarun. como bailaron al ídolo y 
como las estrellas bailaron al sol. Da mujer no 
lomó liarte activa en el baile hasta (]ue éste se 
hizo popular y de regocijo. Kntonces fué cuando 
la mujer bajando de su pedestal de diosa, dejó de 
ser bailada como se bailaba a la divinidad. 

\\\ baile llegó a su ai>ogeo en el siglo de Au- 
gusto: era noble y seductor en las tablas y noble 
y seductor en los palacios. Con la decadencia y 
ruina del Imperio de Roma, decae la danza como 
arte y viene a .ser en los siglos medios inia cx-^ 
])resióii religiosa a veces y otras ])rofana: noble 

V villana a un tiemi)o, ])údica y grosera, ordenada 
y rei>ugnanie: en los templos ayudaba a la ora- 
ción y en las cal'.es producía escándalo. Tiberio 
arrojó de Roma a los bailarines por indecentes, 
y Cicerón deci.. ;ue los que bailaban de cierta 
manera estaban locos- Hoy no tenemos Claudios 
ni Tiberios que degüellen y ])roscnban a los bai- 
larines indecorosos. Da cultura debe acabar con 
ellos, para quedarnos únicamente con la ver- 
dadera danza que por si sola constituye un arte 
noble, generador de humanas alegrías. 



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DIRECTOR: JUAN CARLOS GARZÓN 




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En momentos, quiza lo- ma-. diti:¡.-'- r^ra ¡a n.uif r.aNd.id uru);ud>a. -c reunía cr, ur. iii;scrí 
rancho, en el Departamento de la Fíorida, la A^anib'ca de K cpi e^eniantct de U Prcvini.-ia Orienta 
y declaraba la Independencia de U tierra uruguava en ur. dociitpento memorable por su energía, po' 
su altivez, por su -.crcnidad > por vu videncia. Fn c-a -olcmne npor1ur,idad íiic elegido prcsidcnli 
ic Id Asamble-i el honorable prevbiie-o Juan Frjncí-., o Larrobla. painoia ilustre v ciudadano clcm 
piar. Sobre la Piedra Alta. >-e lev>' e! iocumci.i n, I ..n detinit.v,^ -ara la conM:b da, ,nn de ] r .n . v po 
cll,> bien puede ,ons,d.t-.- e e- . .rtiir., .-.■an.t :.. ,on-.o,; Pede-'..' de 'a P.Hr,a 



SELECTA ~ 




- Á Con tjué coinjioiier la pri^Ina 
destinada al HiinuoV 

— Saco, del Cartapacio de mi obni 
Los Emblemas Nacionales, lan co- 
{>iaB, tomada» u la letra, del Himno 
Xaclonal de Figiieroa y del elogio ((ue 
le hizo Don Andrés Lamas Con ellas 
y con los mejores retratos de Fifrue- 
rua. Lamas y Dan Fernando (¿uljano. 
<ine también le facilitaré, el e.xperto 
Director de Selecta, podrá ofrecer 
u sus lectores la página más Intere- 
sante que se haya publicado sohre el 
tema. 

Al menos, asi lo cree su affnio. 

Pptfni Xiitienfz /•orco/*» 

L.\ pocsia ha sido siemiirt' el lenguaje co- 
lectivo lie! puehlii y es por medio (le él 
<|ue se ha expresado en lo.i monu-nt"-- su- 
premos de su existencia. .Mientras qne la prosa 
solo ha ejercido su influencia sobre circuios ais- 
lados por v'. convencimiento y la razón, la poesia 
levantándose sobre las masas las ha confortado 
en el peligro con ec<ís varoniles, las ha entusias- 
mado en la prosperidad con la rememoración de 
las hazañas <le los héroes, ha ensalzado la gloria 
ile¡ venceilor y derramado flores sobre la tumba 
del mártir. Por <lí>quiera se encuentran en la 
historia los vestig'us de las formas democráti- 
cas. Cuando un pueblo libre se ve reunido en 
el templo, en las plazas o en el campo de bata- 
lla, siente el deseo de levantar su voz en coro, 
y entonces se presenta el poeta a ser c. intér- 
prete del sentimiento intimo de la mu'titud en el 
hermoso idioma de la poesía, que no puede reem- 
plazarse |!or otro en tales circunstancias : porque 
balas;an<lo cimio ninguno los sentidos y hablando 
a la vez a la cabeza y al corazón, se presta ma- 
ravillosamente a informar por el entusiasmo el 
sentimiento de todo un pueblo, transmitiéndolo, 
como una descarga eléctrica, de hombre en hom- 
bre. De acpii el origen, de aqui la necesidad de 
los hinnios nacionales. V el presente siglo, en 
ípie los intereses materiales dominan y ahogan 
tanto los vuelos del espíritu, el himno nacional 
es como mi resto del espleuílor pasado de la 
poesia, como una jjrotesta elocuente contra el 
sentimiento egoísta que preside a las transac- 
ciones de !a vida ordinaria. Cuando él levanta 
-u voz omnipotente -;qué sois vosotros fríos cal- 
culadores, potentados, capíta'ístas. ambiciosos? 
Postrados ante el sop'o del fuego de la masa 
]M)pular, admirandí) el entusiasmo nacional que 
alza sus palmas a los cielos, arrastrados por la 
magia de ideas generosas, os eleváis también 
a las más altas regiones del espíritu dejando en 
el suelo la mezquindad ficticia que os prestó la 
corrupción. 

Mientras un pueblo canta el himno nacional, 
no están muertos los sentimientos de patria 
y libertad. 

Un himno nacional debe delinear con grandes 
rasgos la exposición poética y animada de los 
e'ementos sociales de' pueblo a que pertenece; 
bo.squejar rápida y valientemente los hechos pro- 
minentes de su historia, dar altos consejos de 
virtud y patriotismo, inculcando sohre los prin- 
cipios vitales de la sociedad. Kl himno de que 
vamos a ocuparnos corresponde en buena parte 
a esas exigencias. Ks el mismo antiguo Himno 
Xacional de la Repiiblica reformadf) por su autor, 
el distinguid(^ poeta oriental don Francisco .\cuña 
de Kigxieroa. el cual ha ganado inmensamente 
en la reforma, como puede verse por un simp'e 
cotejo. Ksto i)rneba que el señor l*'igueroa a 
modo de cierti>s árbo'es robustos, mitre más su 
cabeza con la savia de la poesía a medida que 
más avanza en edad. 



KI coro no ha sido retocado y en esto ha pro- 
badii su autor el tino y el buen gusto que ha 
presidido a su reforma. Un coro sancionado por 
la costumbre vale siemjire inás (pie otro mejor, 
pero desconocido. Por otra parte el de la an- 
tigua canción tenia todo el vigor y fluidez (pie 
se necesitaba. I^s un solemne juramento que hace 
el pueblo, de bajar a la tumba antes que perder 
la patria y la libertad, y este es un pensamiento 
muy digno del coro del Himno de la República, 
l'.u la primer estrofa el iiueblo invoca a la 
libertad como el grito (pie inflamó a sus bravos 
en las bata'las, y con la conciencia de que su 
sacrificio lo hace digno de sus goces, la cierra 
con esta imprecación : 

Tiranos temblad! 
Libertad en la lid clamaremos 
V muriendo también libertad. 
I'.l pensamiento primitivo ha sido enteramente 
conservado por el autor, pero con la felicisinia 
variación de algunas ¡lalabras '.o ha rejuvenecido 
y dado nuevo vigor, y parece de propósito una 
estrofa escrita para infundir al corazón los sen- 
timiento.s viriles del republicano y el fuego sa- 
grado de la libertad. 

En la segunda estrofa présenla la iloelie tene- 
brosa de la patria, cuando dominado ])or la ICs- 
l'aña : 

A sus plantas cauti\(j yacía 
K! Oriente sin nombre ni ser. 
Los cuatro últimos versos se consagran a la 
emancipación del pueblo, ins|)irada por el dogma 
de Mayo, y nada le pediríamos sin la imagen 
débilísima con que los termina, la (pie produce 
una impresión de frialdad al ver un hecho tan 
grande cual la división de libres y tiranos ope- 
rada por la revolución de Mayo, representado 
por un abisino sin puente entre unos y otros. 

I'ji la tercera estrofa empieza a desarrorarse 
el cuadro inmenso de la historia, el (pie como 
os natural se abre por la lucha de la indepen- 
dencia, en (pie el Oriente, liberto audaz, desciende 
a la palestra a combatir con 

Su trozada cadena por armas 
Por escudo su pecho en la lid. 
Los cuatro últimos son una muestra de la ar- 
monía musical que distingiic a los versos del se- 
ñor Kigueroa. el cual, como en otros iiuntos, tin 
tiene rival en lo que algunos lian llainado la 
¡jarte mecánica del arte. 

La cuarta estrofa en que su idea es debida 
a! Himno .argentino excede en fuerza a la de 
éste, y la ha presentadí» de un modo completa- 
mente nuevo. Ofrecemos aqui ambas estrotas. 
\ creemos que los coiiíJcedores inifiarciales opi- 
narán del mismo modo. 
F.l Himno .\rgentino dice: 

De los nuevos campeones los rostros 
Marte mismo parece animar : 
-La .grandeza se anida en sus pechos; 
--\ su marcha todo hacen temblar. 
Se conmueven del Inca las tmnbas. 
^ en sus huesos revive el ardor. 
1 o (fue ve. renovando a sus hijos. 
De la patria el antiguo esp'endor. 
Ivi el Himno Oriental la imagen está presen- 
tada de este modo : 

Al estruendo ipie en torno resuena 
De .-\taliiialpa la tumba se abrió, 
\' batiendo sañudo las ijalmas 
Su esqueleto... ¡Venganza! gritó. 
Los patriotas, al eco grandioso. 
Se electrizan en fuego marcial, 
\' en su enseña más vivo relumbra 
De los Incas el Dios inmortal. 
,Si el señor Figueroa reuniese al tale1lt^^ de la 



poesia el de la pintura, podría hacer de los cuatro 
primeros el asunto de un magnífico cuadro. 

\'o!viendo ahora a la fuente de donde el se- 
ñor I'igueroa ha bebido esta imagen, diremos 
de paso, que ella es una imagen patrimonial de 
todos los Himnos del Rio de la Plata, ya in- 
vocando la sombre del Inca o la de los guerreros 
de Mayo. Don Juan Cruz Várela la empleó ccm 
mucho acierto en su marcha del Ejército Republi- 
cano. En el'a, como en la del señor Figueroa se 
nota la diferencia que hay entre el copista que 
roba y se atavía con un pensamiento ajeno y el 
imitador que lo explota, le da nueva forma y lo 
embellece. Después de estos merecidos elogios 
sólo una improbación haremos a esa estrofa. 
N'osotros no podemos invocar con propiedad ni 
las cosas ni los hombres anteriores a la con- 
(liiista. Nuestros píidres los españoles derrama- 
ron en estas regiones a la luz del cristianismo 
las semillas de la civilización ; destruido el anti- 
guo orden de cosas y reeniiilazado por otro, esas 
semillas han ido germinando. Cuando Tupac - 
-Amaro levantó el estandarte de la rebelión, su 
objeto fué reconstruir el gran Imperio de los 
Incas, pero cuando nosotros nos declaramos in- 
dependientes, forzosos herederos de la España, 
abrimos una nueva era de libertad en la his- 
toria moderna, que empieza en los Estados Uni- 
dos y terminará probablemente por dar la vuelta 
al mundo. \o podemos, pues, sin mengua de las 
'uces del siglo, de los dogmas que hemos pro- 
clamado y (le las creencias profundas que nos 
asisten, evocar los recuerdos de la esclavitud y 
del atraso social de aquellos tiempos a propósito 
de la reconstrucción de nuestro edificio social. 

En la estrofa siguiente no se nota el mismo 
calor que en las anteriores, pero e' hermoso con- 
sejo con que se termina debe grabarse en el 
corazón de todo buen ciudadano : el sostén de 
los fueros civiles, la veneración, a las leyes como 
el .\rca sagrada de la Patria. 

La historia de este país presentaba un escollo 
al poeta : — su dominación sucesiva por tres na- 
ciones, — pero él ha sabido salvarlo con rara 
felicidad. He aqui como la presenta en la sexta 
estrofa : 

Por(pie fuese más alta tu gloria. 

^■ brillasen tu precio y poder 

Tres diademas ; (5I1 Patria I se vieron 

Tu dominio gozar y perder. 
Los cuatro versos siguientes son bellisiinos. 
.\llí la fe inmutable del patriota, el santo amor 
de la libertad v la férrea entereza del repub'i- 



Libertad. libertad adorada. 
; Mucho cuestas tesoro sin par! 
Pero valen tus goces divinos 
Esa sancrre qne riega tu altar, 
puede dar mv> contestaciiin 



Xo 



cuente a esos hombres débiles (pie descsneran del 
porvenir de 'a patria i>or la inmensid-nl d.' los 
sacrificios qne cuesta. En la énoca actual esos 
versos son dignos de ser repetidos en coro por 
los defensores de esta heroica ciudad. 

En los días que nos esperan cuando la paz 
derrame sus dones sobre nosotros v «ozfímos 
en el ho.gar doméstico de los bienes de la lib-r- 
tad. que a tanto precio hemos conquistado, de- 
bemos repetir a nuestros hiios los ver.sos de la 
octava estrofa que deben ser como nuestro cate- 
cismo iio'ítico si (lucremos ser felices, merecer 
algún aprecio y fundar algo digno de pasar a 
ly posteridad. 

Si a los imeblos un bárbaro agita 

Removiendo su extinto furor. 

Fratricida discíirdia evitemos 

Di,': mil liimlnis recuerdan su horror. 

Tempestades el cíelo fulmine. 

\raldicio»if's desciendan sobre él 

>' los libres adoren triunfante 

De las lexes el rico joyel. 
La estrofa siguiente es digna en todo sentido 
de la Repúb'ica. representada en ella. T,a maics- 
tad de esta gran fi.gura corresponde perfeela- 
mente al original. 

De laureles ornada brillando 

La .\mazona soberbia del Sud. 

F.n su escudo de bronce reflejan 

Fortaleza, justicia y virtud. 

\i enemigos le humillan la frente 

.\i opresores le imponen el pie; 

Que en angustias selló su constancia, 

^" en bautismo de sangre su fe. 
La décima estrofa es una reminiscencia de 
los antiguos colores del Himno y el autor la 
ha colocado probablemente en él para C(mser- 
varle algo de su sabor primitivo. 

La última estrofa 110 ha sufrido más que una 
Kvisima alteración ; el pueblo hi ha hecho suya 
\ el poeta ha debido respetarla. 

.■\nte esa aprobación en una composiciílm de 

.- - , -■,■■■, ■ . : . , I.-.. , . .; 



— SELECTA — 




Don Francisco Acuña de Figueroa 

este yéiKTo. todo otro criterio e¿ ineonipeteiite 
poríine ella podría resistirlo... 

Sólo ai'iadiretnos a esc juicio, algunas lineas 
que serán como una continuación de las que 
hemos escrito con motivo de la estrofa octava. 
En todo país donde por limitada que sea la 
acción puede ejercitarse legítimamente, en que 
puede combatirse en la tribuna, en la prensa, 
en las elecciones: recurrir a la oposición armada, 
atacar a la autoridad constituida, por la violen- 
cia, herirla con el hierro de la insurrección, es 
el mayor <le los crímenes que i>uede cometer un 
ciudadano. 

''Mientras haya en la Constitución, dice un 

"gran orador de nuestros tiempos, un punto de 

"apoyo en el que pueda colocar mi. pie como 

' ' el punto de apoyo de .Arquímedes, coinbatiré 

por la libertad violada de mi país. — Se habla 

"de guerra civil, pero mientras yo esté vivo no 

'habrá guerra civil... Nosotros no hemos de 

principiar la guerra ; nos hemos de atrincherar 

' ' en la legalidad, y si nos invaden, entonces ya 

"no será inia guerra civil... Xo violaremos 

"ninguna ley divina ni humana; queremos per- 

" manecer en el terreno constitucional mientras 

n(js lo permitan : pero si nos rechazan — I ac 

" victis! — Pero es iiwiie.sler que iws obliguen 

"a ello, esto es que Violentadas todas las leyes. 

'^totltts los dereehos. nos presenten la espada 

"de saojire de Cromwell que barrió el país des- 

" parramando el terror y la muerte." (i) 

lúitonces cuando pesa sobre el pueblo una ti- 
r;inia inflexible y absoluta, cuando es preciso re- 
chazar el hierro con el hierro, cuando la razón es 
impotente y la ley es la fuerza. !a violencia, sólo 
así, en ])resencia de un poder como el de Ro- 
sas... i'ur vielis! — y este nos parece el pensa- 
miento del último verso del himno, que quisié- 
ramos se comprendiese bien. Toda equivocación 
sobre esto sería grave y funestísima. 

\\\ Gobierno, pues, ha ai>robado en nuestra 
o])inión con mucliísiiua razón las reformas (pie 
h:i recibido de su autor el Himno .Nacional. 

Sólo desearíamos (pie el Gobierno mandase 
componer la miisica con (.pie (lel>e cantarse : sin 
una nn'isica digna del objeto, y sobre todo i'iniea 
el Himno Nacional no existirá para el pueblo. 

]■'.! señor Figueroa (pie ocupa dignamente el 
primer lugar entre los poetas nacionales, no 
necesita nuestros pobres auiuiue sinceros home- 
najes. Nos i)crmitirá sin embargo que volvamos 
sobre un mérito suyo (pie hemos indicado en 
otra parte de este escrito. La revídnción litera- 
ria que se ha i')pera(lo en los últimos tiempos lo 
ha encontrado al señor h'igueroa en aquel pe- 
ríodo de la vida en que el hombre se apega, ge- 
neralmente, de tal manera a sus ideas, a las for- 
mas en que las ha vaciado, (lue es inaccesible a 
toda variación y permanece inmóvil como la 
roca en medio del mar cuando todo se agita y 
se mueve en torno suyo. Sólo es dado a inteli- 
gencias privilegiadas quebrar esta regla común. 
El señor Figueroa ha seguido el movimiento de 
nuestros días, adoptando con tino y discreción 
las innovaciones que ha juzgado acertadas y con- 
venientes, y no será éste el menos lozano de los 
laureles de su clarísimo ingenio. 



HIMNO N.\CIO.\AI. 

IiK l.\ 

KEPUlil,IC.\ OKIENT.M, DEL L'KL"Gü.\"i' 



KKFOKM.MKl V Ili;cI.,\R.\llO T.M. KN 12 111 
DE 1845 



CORO 

/Orientales, la Patria o lo tumba! 
; Libertad, o eon (gloria morir! 
lis el voto que el alma pronuneio 
y que heroicos sabremos cumplir. 

I 

; Libertad. Libertad ! Orientales 
Este grito a la Patria salvó 
Que a sus bravos en fieras haialhi 
De entusiasmo sublime inflaniíj. 
De este don sacrosanto la gloria 
.Merecimos... ¡Tiranos, temblad 1 
¡ Libertad en la lid clamaremos. 
^■ muriendo, también libertad ! 

II 

Dominando la Iberia dos mundos 
Ostentaba su altivo poder, 
V a sus plantas cautivo yacía 
1*^1 Oriente sin nombre ni ser. 
Mas repente, sus hierros trozando 
.■\nte el dogma que Mayo inspiró... 
Entre libres y déspotas fieros 
L'n abismo sin puente se vio. 




VI 

; Orientales! mirad la bandera 
De Iu-r.,i>;iio íiil;;eiitc eri>td : 
.Vuestras lanzas defienden su brüln; 
; .Vadie insulte la imagen del Si^l! 
De los fueros civiles el goce 
Sostengamos; y el código fiel 
X'eneremos inmune >■ glorioso 
t'c.nio al .'Vrca Sagrada. Urael, 

\'1I 

Ponjue filete más alta tu gloria. 
\' brillasen ui precio y poder 
Tres diademas ; oh Patria I se vieron 
Tn dominio gozar y perder... i ,? I 
Libertad, libertad adorada. 
; Mucho cuestas tesoro sin jiar! 
Pero valen tus goces divinos 
E.sa sangre que riega tu altar. 

vrri 

Si a los pnel)lo^ nn liárbaro agita 
l<emo\iendo su extinto furor, 
b'ratricida discordia e\itemos; 
l^iez mil tumbas recuerdan su horror. ■ 
Tem])estades el cielo fulmine. 
Makliciones desciendan sobre él 
\' los libres adoren trinnfanle 
De las leyes el rico joyel. 

IX 

De laureles oriuida brillando 
La .amazona soberbia del Snd. 
En su escudo de bronce reflejan 
Fortaleza, justicia y virtud. 
Xi enemigos Iv huniillan la frente 
Xi ojiresores le impongan el pie ; 
Que en angustias selló su constancia. 
^' en bautismo de sangre su fe. 

X 

l'estejaiKlo la ghtria. \ el (lia 
De la nue\a República el Sol. 
Con vislumbres de púrpura > oro 
Engalana su hermoso arrebol. 
Del Olimiio la bó\eda angusia 
Resplandece \ un ser dí\ina] 
Con estrellas escribe en los cieh")S. 
¡Dulce Patria, tu nombre inmortal! 

XI 

De las Le\es el numen juremos 
Igualdad, patriotismo y uniéjii 
Inmolando en sus aras divinas 
Ciegos odios > negra ambicii'm. 
^' hallarán los (pie fieros insulten 
La grandeza del pueblo Oriental. 
Si enemigos, la lanza de .Marte 
Si tiranos, de Hruto el iniñal. 

;> - i 3 I Kápafia. IiiLdaterra y el Mrasil. (jiif doniinaroii 
la primera (iesde el deseiibriiiiieiito (iel país hasta iwi.1. 
la setriiiida se's nitíses íiel año IwtT. y la tercera destte 
1SI7 basta 18:!8. en (pie el país después de una tarara 
íTuerra. sacudió la dominacióíi. y <iued(^ independii-nte 
eonstítüy('ndose en Repúldica. 



í 1 ) Areinras de (i'Connel. 184:! 



Don Fernando Quijano 

■: , líi -^ , 

Su trozada cadena por armas. 
Por escudo su pecho en la lid ; 
De su arrojo soberbio temblaron 
Los feudales campeones del Cid. 
I'Hn los valles, montañas y selvas. 
Se acometen c(m ruda altivez. 
Retumbando con fiero estampido 
Las cavernas y el ciclo a l:i \ez. 

IV 

Al estruendo que en torno resuena 
De .\talnialpa la tumba se abrió. 
\' batiendo sañudo las palmas 
Su es(pieleto. . . ¡Venganza! grit(). 
Los i)atriotas. al eco grandioso. 
Se electrizan en fuego marcial. 
\' en su enseña más \'i\-o relumbra 
De los Incas el Dios inmortal. 

V 

Largo tiempo, con varia fortuna. 
Batallaron Liberto y Señor, 
Disputando la tierra sangrienta 
Palmo a palmo con ciego furor. 
La justicia por último vence 
Domeñando las iras de un Rey : 
^' ante el mundo la Patria indomable 
Inaugura su enseña y su Ley. 



~{i) Alusión al :!íi de Mayo de 1810. en que se diú 
en Buenos Aires el irrito de libertad 




Don Andrés Lamas 



— SELECTA — 




Da.'l/abeJ Ki^^ 



D< una magestad impositiva, con todas las más elevadas 
características de bondad y distinción, ejemplarmente culta, tal 
es la síntesis de este privilegiado espíritu (emenino. Sus más 
grandes actividades las dedica al ejercicio de la filantropía, 
rindiendo tributo al más noble y hermoso sentimiento cristiano. 
Desde la época de su fundación, integra el Consejo Directivo 
del Patronato de Damas y la acción de bondad y de socorro 
de esta institución, encuentra siempre en ella la voluntad más 
decidida. La nobilísima dama, reina en el hogar del caballero 
Doctor Don Gregorio Rodríguez, como ejemplo de virtud y 
verdad afectiva. 



— SELECTA 








Santa Teresa 



Berníní : Santa Teresa de Jesús 

LA entrada <le' Otoño es como el cre])úsculo 
del año con toda la dulce melancolía del 
anoche cer. Ritmo invariable del tiem])o. el 
Otoño, tiene la pálida hermoí^iira del pélalo de 
rosa c|ue al desprenderse semeja una ilusión 
<|ue languidece para renovarse de inmediato en 
el renacimiento incesante de la cs])eranza. Hay 
un sitio en el mundo ; habrá muchos ! para mi 
uno solo, en el que la entrada del Otoño no c:i- 
sondirece los corazones ct)n las nostalgias que 
suspiran por un firmamento claro, sino que es 
lelón que se entreabre sobre el fondo de la ale- 
gría, del placer y de la belleza: París... 

Allí, los primeros fríos otoña'es y las palideces 
del sol que desmaya entre los celajes del tra- 
monto no marchitan la ilusión ni desmedran la 
exuberancia de una sugestiva idealidad, porque el 
refinamiento parisino, a cada nota, le da su justo 
diapasón de optimismo, de gracia y <le armonía. 
Kn la marchitez precoz de las hojas, el estro de 
sus literatos, la paleta de sus pintores. \- la sin- 
gular modalidad de aquel temperamento sorpren- 
den las fuentes de una nueva emoción y asi 
cuando los arbo'ados de Chami)s Klisees. los 
macizos del Bois de Honlogne, o las umbrías de 
\'inceniK*s se arropan con el color mutilado (pie 
torna en ocre y en amarillo el verdor estival, 
ellos descubren allí, todas las tonalidades de un 
decorado pródigo, los secretos de una inspiración 
innovadora y la gama enriípiecida con todos los 
matices del oro. 

Xi aún las primeras tintas del frío atardecer 
obscurecen la ak'gría de París, en el tpie ajtena^ 
se percibe el leve aleteo de las sombras que 
huyen arrolladas por el río de luz del " houle- 
vard ". Rueda fugaz la entrada de la noche en 
la soberbia encrucijada de la rué Roya! que es 
cnmo la arteria que recoje. la primera, la sangre 
generosa ¡ gencro-^a es 'a a'egría ! del cercano co- 
razón de la Concordia. Sobre el tapiz del as- 
falto lujosas "limoussines" cruzan ligeras, cual 
si sonrientes, si ufanas con sn preciosa carga de 
deliciosos rostros feíneninos hasta los cuales sube 
la caricia de las costosas zibelínas y de la chin- 
chillada. 

Asoma con el Otoño !a dorada "rentree"'. la 
cita del "tourbillon '*. el esparcimiento de la> ho- 
ras que se deshilvanarán en el placer, h's el ' " h'au- 
bourg" codiciado íjue entreabre los brazos vo- 
luptuosos a la intriga estimulante y al amor; 
Montmartre, entraña liviana ípie palpita en la 
dichosa despreocupación del porvenir, mohín de 
unos labios rojos c(ue ofrecen ,;(|nién sabe? ;la 
aventura ? ; el sueño de un vals ? . . . 

¡Oh París!, apacible remanso a todas las fatigas 
rudas. Hl prtidiga con el oro, con el arte, con su 
originalidad diabólica, la sangre y el calor <|ue el 
desgaste roban a la vida, como esos carbones acu- 
mulados de mágica energía alimentan la libia 
caricia que atesora el bienestar. París es el in- 
vento ijrodigiosíi y jierverso de la tentación, y 
con todo el rincitn má-i amable de la tierra. 



El Otoño parisino comienza enhebrando las 
fiestas del gran mundo, el pretexto elegante de la 
caridad, las conferencias, los espectácnlns ipie 
seducen como el chisporroteo multicolor de los 
fuegos fatuos, la encantada frivolidaíl de los 
*' reiidez - vons ' ' socia'es. las artistas y los teatros. 

Ante un teatro me detengo. ,; La fecha? Xo 
lo sé : tal vez una docena <le años atrás, que 
se confiesan no .^ín rubor cuando otro otoño, 
el de la existencia, nos va encariñando a la ida- 
dosa teoría de (pie no hay más que una sola 
edad : la del esiíiritu. La ¡¡laza de Chatelet y ini 
nombre familiar, señoras, a vuestros ()idos : Sirab 
Hernhard. I'*s el teatro coquetón y primoroso de 
la comedíanla de los ojits verdes, iluminados por 
la llama testaruda de una inagotable juventud 
interior que no se rinde. La ''reclame'^ y la cn'»- 
nica han hecho por anticipado la apoloeia a^ so- 
nado éxito de Sarah en su ' ' reprise ' " y para 
hacerlo inviolable ha dicho ya su palabra olímpica 
la consagrada representación inicial, esa " pre- 
miére'' <tue se ofrece a los privilegiados, a los 
exquisitos, al terrible tribunal de los críticos, de 
cuyo gesto displicente o de su aprobación mag- 
nánima depende la reputación, el ensueño, el 
amargo escozor de los autores. Ksta noche el 
batir de las palmas ha sido de antemano im- 
nuesto por el rígido tribunal. ;Hab'ar de la jus- 
ticia ciega ?. brava ocurrencia. ¿ Ceguera ?. de 
ningún modo. ¡ Si es Catulle Mendes quien es- 
trena ! Ahora corresponde el turno a los mor- 
tales vulgares para aplaudir. 

I/a " \'ierge D 'Avila", he ahí el romance 
cuidadosamente escrito para Sarah iinr un amieo 
del alma, por aquel rimador inimitable v exi'i- 
lico (jue se llamó Catulle Mendes, ; Quién no 
conoce a través del libro al Mendes enervante y 
soberbio, cuya esjiléndida cabeza como la ríe un 
semi - dios del paganismo aureolar'»]] las visiones 
de un raro numen: el a'ma atormentada y cau- 
tiva en las espirales nacaradas del ' ' absintbe ? 
Tembloroso como las alas de una mariposa, bate 
el rumor picante de un idiüo inlelectual. li- 
gando los nombres del autor y de !a artista. . . 
Pero no penetremos en las almas \- corramos el 
■ ' velarium ' " sobre el secreto recinU) de la iiasión 
que es el acicate del bello vivir. 

La sala toda del teatro repujada de gasas >■ 
de sedas, constelados de piedras preciosas los 
desiíudos hombros de las damas, siguió con (U- 
leile. cristalinas como el agua al deslizarse entre 
las guijas, las tiernas escenas de ''La \'ierge 
I)'.-\vila'". trasunto encantador y magnético de 
la vida de la santa: el misticismo tan puro, la 
ingenuidad sonriente del ensueño en el sublime 
deliquio : ora en el éxtasis en que la dulce j)a- 
labra de Jesús anima el alma de la santa con 
el incienso perfumado de la pasión, ya en Ins 
jíasajes de arrebatadora inspiración en los (pie la 
musa sagrada de la virgen canta la delicio-^a ])oe- 
sía de su evocacii'm cele>lial. 

¡ Cuan generoso y mundano reveíanse en la 
idea, el artista, el literato y el hombre (pie tejie- 
ron para Sarah liernhardt esta regia ofrenda del 
arte en que la voz argentina, el fulgir de unos 
ojos y la toca de la orden de las Carinelitas I 
¡ ellos solos ! animando el pensamiento eximio 
realizan aquí abajo el milagro artístic*) en una 
fresca evocación de alegría, de sencillez y de 
juventud. Kl rencor implacable de los años ha 
ido esfumando en la comediaiita las ondas y las 
líneas im])ecab!es de otrora, la lozanía de su cutis 
de raso; ya se dibujan bajo el " matpnllage " " la< 
imperceptibles arrugas traidoras, pero nó. ípie- 
dan aún el fuego interior y la vibrante intensidad 
de la trágica, (juedan aún los ojos, los insondables 
dios, en los que tiemblan repentinas llamaradas 
encendidas por la aspiración inextinguible del 
arte y del triunfo. La música de la voz. !a toca 
y el abismo de los ojos dan a Sarah el resonante 
ajdauso. 

La jn'eza ha corrido como sobre un lamí/ ile 
seda y las escenas se han desdobhuKi con li 
flexible ligereza c<ni que se desciñe una tren? i 
de aromados cabellos a los (|ue libertan de su 
prisión los broches y la-- joyas. Ls un cuento de 
amor y de fe sentido a la luz y a la cálida 
armonía por la vidente DWvila: es un trozo ele 
iri> más sobre la leyeiula tan bella de Jesús: u\^ 
grito de unción y de ardorosa fe: es toda la exal- 
tación relampagueante de Santa Tert-sa de Je>ns. 

El perlado poema da fin en la alcoba misma de 
la santa, en su muerte angélica, el éxtasis fina! 
i-M (pie la virgen rompe las lomeas vestidura-- dr 
hl carne, arrobaila por los c-^ros del enqiireu. 




Berníní: Hermoso grupo de Apolo y Dafne 

llevada de hipnótica dulzura al corazón di.' jesús 
(]ue brilla como una encendida ro.sa. .Xhi termina 
el literati» su página exquisita. Ahora corres- 
lH)nde a Sarah el to<|ue final. 101a ha combi- 
nado como una hechicera el jin'mor de los de- 
talles y la hermosura del conjunto. Sarah ha 
cuidado j)ara tpie en el supremo momento en que 
]a> frases se rl esgranan con <.-l tintineo de las 
])erlas go'i>eando en el fondo de un cáliz aúreo 
\- cuando ella arl()])ie la plástica actitud en el 
éxtasis, la estancia toda y el modesttt lecho se 
iluminen >■ se transformen como un astro ipie 
difunde sns fulgores en la cambiante i)olicromí:i 
del bronce, de la luz y de las fhires. Mientra-- 
la santa, en el adiós, en sn arrebato de purisimí^ 
amor a Jesús, disponiendo.se i>ara la a>censión 
triunfal alumbra su rostro de una sonrisa inefa- 
!)le. el proscenio se inunda de luminosas azaleas. 
(le lirios diáfanos y perfumada^ lila'- que derra- 
man su lluvia sobre el lecho en tanto que las no- 
tas tenues, seráficas, del órgano lejano, desgranan 
hts ari)egios de Palestrina subiendo hacia lo alto 
como un cántico. Entonces domina aún como una 
gloria en el lecho, que es ya nn ani])o de luz. I:^ 
plástica belleza de una actitud; la cabeza echad. t 
hacia atrás con sonriente gracia, el bu-to ]>udo- 
ro^amente turgente b:ijo las tenues vestidnra> 
y en el rostro, diáfano como un rayo platead.! de 
luna, la caricia suprema de la visión celestial. 

; De qué clásico modelo ha traducido S;^rah 
el ]>rodigio? ; Dónde ha sorprendido la f.>rnvi 
ideal? ¿d('>nde? La idea alborea y se i)erfila en 
los recuerdos, como una estancia oliscara -i 
aerara con la vibración voltaica, que re¡»entina ]>■ -r 
los cristales filtra. 

¡ La Santa Teresa de líernini ! 

Es allá en la ciudad eterna, bajo el capital de 
pórfido y de bronce, bajo la> cúpulas marm''>r(.■a^ 
de Santa María del'a X'ittoria (pie gnania 'o- 
trofeos arrancad' ^s ¡lor Marco .-Xulonio Colonni 
en la célebre jornada de Le])anto. ¡Roma eterna 
en la gloria! De un gru]io impecable ha hecho 
Sarah su divina copia, y ha lomado su divina 
*'pose". De im trofeo más glorioso, del iriuTifo 
del arte inmortal : chispa centellante del Bernini 
(¡ne ])lasmó en la ])iedra inerte, pero animándola 
con el soplo genial de la belleza, el grupo nisu- 
])erable de "Santa Teresa con .Xngelo". 

Musa soñadora del teatro lrancé>. Sarah I'xr- 
nhardt en ''su otoño** coiiíjuisti') el laurel de re- 
novar a través de las edadc" el aletazo genial del 
líernini. Aladino del cincel maravilloso. 

Para <¡ue la creencia ferviente se arrodille anu- 
la perfección que baja de! cielo, envuelta en la-- 
formas sagradas de la estatuaria helénica, il 
líernini reanim(S a la ^anta en la tierra. Bendito 
sea el artista, bendito -ea el Hernini que escri- 
bi(') la delicada poesía del mármol y (pie arrane»'» 
a la muerte devidviéndo'a a la vída imperecedera 
del arte, la seductora v angélica figura de Santa 
Teresa ríe le-ú<. 

J ll/i'lll f llliutlll!:!. 



— SI lie I A 




.ele. 




I).- 1111.1 iii.ií;.-st.id iiii|:,...itiv.i. JOTI ludas l.is ni.is .-Icv.idas 
J.ir.ijl.-ri-li.-.is de fanndad v di vliii ji,,ii. vi^-iiif-l.i i incii; .■ .:ull.i. tal 
c í.i snitcM-; d..- .-vt^- L-iiviii-ijia i.i i-sj-nilii I.- iiu-niíu). iius mas 
..'.and.-s a.-ln idad.-. i is d.'di.a ai .-iorcijín d.- la liLuilrnpia. 
nndu-lidi. iribulc) al :Mas ,,..bl>- y l-..-,ino.., ~.-nlinu.-nl.i cri.liailo. 
Desdo la .-riLM d.- MI Íuiida.-M,i. i,,l,-ora c] Cons.-io Dirc-tivo 
d,-I Halmnat,. dv- l)a;i;a~ \ la ac>:io,i de bondad y d.- socorro 
de ,-sla i.:-l luen.n. i-n,iiei:lra -leinpie en eíla la voluntad mas 
decidida, i .1 iiobrliMui.i d.uii.i. rein.l en el l!os;ar del eaballero 
l'oelor iJo-i üieoorii) kodnoue;. eonio eieiiiflo de virtud y 
eerd.íd .itew'liv.i. 



— SELECTA 



esü la Piedra Alto 




D. Carlos Anaya 



No pudo tener esC£nario mas humilde U reunión solemne de la 
Asamblea de 1í Provincia Oriental, que el 25 de Agosto de 1825 de- 
claró la Independencia de la Patria. — En un rancho-de reducidísi- 
mas proporciones, cubierto de paja se reunieron los representantes por 
los departamentos, denominados entonces de : Guadalupe, de San 
Josc. de Florida, de San Salvador, de Nuesiya Señora de los Reme- 
dios Rocha . de San Pedro Durazno , de Maidonado, de San Juan 
Bautista, de Las Piedras, del Rosario, de las Vacas y de ias Vibo- 



D. Manuel Calleros 



D, Juan Tomás Nuñer 

ras y proclam.iron, en documento vigoroso, que la Provincia era libre 
e independiente de todo poder extraño. Si no hubiéramos í.ido tan 
d^jspreocup.idos con los sitios y las cesas que sirvieron para las luchas 
de nuestra independencia, aquel humilde rancho se conservaría hoy 
conio una reliquia patriótica. En esta pagina damos los retratos de 
algunos de los componentes de aquella asamblea y una reconstrucción 
de la escena tan decisiva para nuestra vida institucional. 




Primera lectura del Acta de la Independencia, en un rancho de la Florida, De un apunte de la época. 




D. Gabriel A. Pcreíra 



D. Felipe A. Bencochea 



D. Luis E. Peres 



D. Santiago Sierra 



SlíLl.Cl .\ — 



=^;"^ 





« / 



m///////i- 



j/íimi á' ///jm 



I jE principesca sociabilid.id, con un elevado espíritu 
comprensivo y una amplia ilustración, tiene la se- 
ñora Garlón de Mane las mas brillantes afirmaciones 
de cultura y distinción. Es una de las damas que presti 
giosamcnte ocupan alto ransjo en nuestra sociedad. Como 
presidenta de "Entre Nous" realizó labor exquisitamente 
inspirada, aplicando a ella las bellcras de su carácter y 
todas las delicadezas y pur.is sensibilidades de su espi 
ritu. 



C; 



— SELECTA — 



ñjm 




B LAXES es la más alta personalidad 
artística de Sud - América. Su gloria 
es gloria nacional y su genio una de- 
mostración co'ncluyente de que no debemos 
envidiar a nadie cuando se trate de con- 
trilniir a la dignificación más indiscutible 
de la raza americana. 

Plétora de hombres de talento ha contado 
y cuenta nuestro país. Nada tiene que dar 
sitio a nadie. Hay que proclamarlo esto 
una y otra vez y nunca en mejor oportuni- 
dad (|ue esta, cuando hemos de hablar de 
im uruguayo ilustre como Juan M. Blanes. 
Xo es nuestra intención hacer un detenido 
estudio critico de la enorme labor realizada 
por e! gran pintor. Xuestro propósito es 
ofrecer una ñola explicativa de esta nota- 
ble figura artística uruguaya, cuya fama 
abarca todo el continente y .se impone a la 
consideración de la posteridad con sus soli- 
disimos prestigios y con una obra ([uc no ha 
sido hasta hoy superada. 

V a e.ste respecto nos llegan a los puntos 
de la ]>luma ciertos amargos re])roches (|ue 
merecen los <|Uc. sin conocer la labor de 
Hlanes. o conociéndola, la niegan impulsados 
por sentimientos subalternos (jue no de- 
bemos calificar. 

Defecto gravísimo nuestro, es este de no 
rendirnos sin reparos a la glorificación de 
los co;r patriotas que han merecido bien de 
la gloria. 

I*or<|ue son nuestros, los negamos y so- 
lemos extasiarnos ante otros (|ue. sin valer 
lo (|ue valen los coterráneos, tienen para mu- 
chos el inapreciable mérito de su extranje- 
rismo V a veces el prestigio arrebatador de 
un ai>ellido raro, difícil de ])ronunciar y aun 
más difícil de escribir. 

Blanes. como otros uruguayos ilustres, 
aun después de ser personalidades indiscu- 
tibles en el nnnido artístico, han encon- 
trado detractores y pseudo - críticos que los 
han negado. Y hoy todavía, después de mu- 
chos años lie consagración, cuando ya la 
fama ha dicho su palabra definitiva, se 
encuentran espíritus cavilosos, en exceso ca- 
vilosos. (|ue en análisis de ])e<|ueñeces. sin 
tener amplitud de mirada como para abar- 
car la grandiosidad del conjunto, encuen- 
tran, con alborozo, defectillos que se pier- 
den en la belleza del todo, del todo armó- 
nico, grandioso, concepción genial (jue sub- 
yuga. 

I'or<(ue esa es la característica sobresa- 
liente de Blanes: la concepción, la fuerza 
sugestiva de sus composiciones originales, 
teatrales quizás. ])ero alta.nente artísticas, 
|>rofundamente e:rotivas. viriles y huma- 
nas a pesar de todo. 

Dejando libertad a su imaginación crea- 
dora : seguro de su técnica y convencido 
de su am])litud en todos los estudios com- 
pleiuentarios de su arte ; Blanes hacía sur- 
gir en sus telas dificultades tras dificul- 
tades. i)ara luego vencerlas triunfal'uente 
y demostrar {|ne su lápiz y sus ])inceles no 
titubeaban un punto cuando delineaban o 
ilejaban el color sobre la tela. 

Todos sus cuailros. prínci])al.neute a([ue- 
llo> (|ue corresixinden a la época del 



apogeo de su genio, 
ofrecen a la miraila 
del estudioso y del 
ecuániíre. dificulta- 
des enormes, salva- 
das con arte y con 
verdadera y cons- 
ciente iraestria. 

Kn la tela (|iie ri'- 
¡)roduce los últimos 
ir.omentos del gene- 
ral Carreras, el co- 
lor ofrece dificnlti- 
des tan extraordina- 
rias que otro pintiir 
hubiera renunciaiio 
ultimar tan grande 
obra. 

Rsa penumbra en 
(|ue están envueltas 
personas y caras 
dentro del higtilire 
calabozo, es un es.ci- 
11o puesto al ])incel 
en cada centínu-lro 
de la tela. Y los esco- 
llos han sido venci- 
dos con gran maes- 
tría y el efecto estu- 
pendo de luz peiie- 




En l.i culminación de su talento artisticOf Blanes, pintó el cuadro titulado: 
Episodio de la fiebre Amarilla. £s ura soberbia tela de composición, que 
obtuvo un éxito extraordinario. 



trando por la l>ortczuela. luz de iradrugada 
triste, es (k- una lielleza indiscutible y no su- 
perada en ninguna tela de pintor arericano. 
listando Rlaiics en Florencia cono pen- 
sionado envió a .Mo:Uevi(ko dds telas. de- 




Obra de arte y de cariño, este retrato de la 
madre del pintor es una verdadera gran obra. 
Admirable por el dibujo y el colorido, ha que- 
dado como una demostración del talento de 
nuestro gran artista. 



■■ ostrativas de sus progresos de estu- 
diante. Son ellas: "La casta Sii.sana" y un 
"San Juan"' ( (|ue se conservan en el .Mu- 
seo Xacional de Bellas Artes). 

¿Habéis e.xaminado detenidamente estos 
cuadros, ejecutados por Blanes en 1S63, 
ciuiiido hacia ajjcnas cinco años (|ue estii- 
di;d)a en la bella ciudad italiana, asediado 
|:or dificultades de todo orden, principal- 
luente económicas? 

Sin (|ue sea desconocer méritos de nadie, 
sin que con ello (jucranios empequeñecer 
la obra de los pintores que han surgido des- 
|niés, ])ero si co.iio una comprobación jus- 
ticiera del genio de Blanes. digamos <jue esos 
envíos de pensionado son obras de alto, de 
Ijositivo mérito, las cuales no desdeñarían 
fir.rar ac|uellos (|ue at'm niegan al gran pin- 
liir en no;rbre de absurdos y a veces ridicu- 
l(js i)riuc¡])ios de modernismo artístico, que 
no convencen, ni han de ])erdiirar. . . 

MI " San Juan " que es toda una obra 
concluida. líl colorido revela una seguri- 
dad admirable, y el dibujo tiene ya toda la 
fuerza, toda la energía ¡(ue nos sorprende 
en las obras definitivas. 

I 'or(|iie eso fué Blanes a des])echo de los 
i|iK- tienen la candida convicción de (|ue se 
))Uide hacer obra iJÍctórica que ])erdure, 
a|ilicando úiodalidades transitorias y gus- 
tos del momento, sin cuidarse del dibujo y 
.-.in rendir ])leitesía a las exigencias del co- 
lor. (|ue en ello manda la naturaleza y manda 
la realidad, no admitiendo rebeldías, exage- 
raciones, o caprichos. 

^" decir que son estos méritos invalora- 
bles, firmes, verdaderos, los que señalan 
algunos como defectos, teniendo ]>ara la es- 
cni])ulosi(lad realista del gran pintor ima 
mirada torpemente des])reciatíva. 

Blanes no necesitó de " cosas raras " para 



— SELECTA — 



triunfar v i|iH'(lar sobrí- su iK-dcstal, incuu- 
movible a todos los cuibates. Llevó a sus 
tilas caudales de realidad y aplicó a su 
labor ei método razonado y sieni])re fnic- 
tifero. 

Xo fué bohemio. Xo aguardó a c|iie la 
5íloria viniera a ofrecérsele con liuniildades 
de U'endiífa. Fué a su encuentro con una 
suma siempre renovada de trabajo, dj ac- 
tividad, de impulso creador. 

Desde cuando el ¡lintor estudiaba en Ita- 
lia, ya señalaba .^u maestro la ejemplar con- 
ducta nioral y asiduidad de Klanes en el 
estudio, medios sin los cuales, además de 
la aptitud natural i)ara el arte, no st' ob- 
tienen en tan corto tiempo los antedichos 
l)rogresos y rcsiíltados. 

¿Son muchos los jóvenes artistas ipie hoy 
|)ueden invocar en defensa propia condicio- 
nes tan altas de laboriosidad y noble anlielo 
de triunfar? 

Desgraciadamente no. 

ICn genera! hoy se desea la fama. ])ersi- 
gniéndola de otra manera. Las mesas del 
café, las rarezas en la intimidad de la vida 
de cada uno. un antii)ático es])íritu de ne- 
sración hacia lo va . 



bresalienle. adnnfal)le. la más alta e.x))re- 
sión del arle ])icté)rico en Snd - .\mérica. 

]\l método, la ordenación del trabajo, la 
labor diaria, ultimada puntualmente, sin 
consultar fatigas físicas, desganos de origen 
uioral. o inclinaciones momentáneas a otras 
actividades, rinilieron a Blanes la suma más 
grande ele (iroducción y (pie stii)era a todo 
lo (pie han realizado los demás ])intores de 
.Vmérica. algunos por no seguir un sistema 
de labor con norma fija y otros por haber 
caído antes de la Víiitad de la jornada. 

]'.u esta caracteristica de Blanes en lo que 
al método de trabajo se refiere, deben to- 
mar ejem])lo los artistas de hoy. los (pie 
entienden u'alamente una bohemia (pie es 
molicie, a veces i;n]iotencia y a veci's aban- 
doiKj. 

.\(piella voluntad férrea del maeslr(] se 
defendió hasta el último momento. 

Batido l)or un doloroso drama de fa- 
milia, con hondas preocu])aciones morales 
absorbiéndole toda la vibración de su ])en- 
s.'imiento. desesperado en la búsípieda in- 
fructuosa de- su hijo Xicanor. lejos de la 
patria, de la tierra donde se le admiraba. 



consagrado y que se 
utiliza con el elás- 
tico nombre de re- 
volucionaris;iio. todo 
esto y algo más. sir- 
ve para interesar a 
la opinión pública. 
]>ara mover la plu- 
ma de algún jiseudo 
critico y de esa 
suerte dar coloca- 
ción a las obras (pie 
. se cansan de aguar- 
dar la terminación 
en el caballete o las 
(pie a])arecen a la 
curiosidad de l;is 
gentes en estrambó- 
ticas estorsiones del 
color, del dibujo, de 
la verdad y del arle. 
Blanes fué un 
triunfador a fuerza 
de constancia, de la- 
bor, de intensa por- 
fía en el i)erfL'ccio- 
namiento de su arte, 
(le nobilisin;a ambi- 
ción de nombre y de 
honores. 

Por esas grandes 
condiciones de trabajador y de metodista, 
obtuvo valio.sas recompensas. .\o fué tan 
sólo el irejor pintor de Snd - .\mérica. fué 
también el artista reposado, serio, con ([uien 
las instituciones ])úbltcas y privadas y los 
])articulares. ¡íodian tratar, en la absoluta 
confianza de (pie el trabajo (pie le enco- 
mendaran seria ejecutado bien y en su 
tiempo oportuno. 

.\lgunos de los (|iie h(jy anhelan ])opiila- 
ridad v ])rovecho ¿pueden decir lo mismo, 
¡)ue(len ])reseiitar las mismas recomenthibles 
cualidades? 

Siendo Blanes ])ensionado en Italia ( jieii- 
sión misérri.ra). cumijlió puntualmente con 
sus envios al listado (pie le facilitab.a la 
l>rosecnción de sus estudios. \',n el .Museo 
de Bellas .\rtes hay demo.straciones hon- 
rosas de esta labor de estudiante, lejos de 
la patria. 

Y con esa misma decisión. C(jn esa misma 
fe en sus propias fuerzas, continuó toda su 
vida y acumulcí una jjroducción enorme, so- 




Este cuadro es de una impresionable verdad trágica. Los últimos momentos del general chileno 
Carrera, ha llevado el pintor a la tela venciendo enormes dificultades de color, por el sitio en 
que están colocadas las figuras y por la iluminación de las mismas* Es otra de sus obras maestras. 



se le resi)etaba y .--e le (pieria. a(piel luchador 
fuerte. e.\i)re.saba en un grito de lo intimo, 
del fondo de su corazón, ¡pie al dedicarse al 
trabajo hacía cnanto ¡lodía por la .separa- 
ción del hombre con el artista. 

lie alii cuatro ])alabras escritas por Bla- 
nes en un desahogo de amistad, c^ne cons- 
tituyen una invalorable' máxima ])ara los 
.pie tienen aspiraciones de triunfo, de glo- 
ria, de imposición al respeto de sus seme- 
jantes. Hay que separar al hombre del ar- 
tista, hay que separarlo en. cuanto se puede, 
si se desea realizar obra definitiva, (;bra (jue 
despierte admiración y sea valorada en alto 
jirecio. 

/ola. des])ués de emi)eñar su único traje, 
continuaba animo.so en sus estudios v en su 
l)roducción. y recibía a sus Íntimos en su 
buhardilla, envuelto en una frazada v sen- 
tado en el suelo, rinlorescamente eí gran 
escritor. llamaba a su estrechez: "hacer el 
turco ". ^ no por eso lo arredró la vida, 
ni .se abatió su voluntad, ni su noble ani- 



bici('>n de triunfo .sufrió troj)iezo alguno. 
Blanes. otra voluntad (pie no conocía los 
desmayos, (pie no sui)o debilitarse en medio 
a las más encontradas y n\iii amargas lu- 
chas intimas, buscó perennemente la se- 
])aración del hombre con el artista, modo 
sabio y eficaz de poder vivir con arreglo a 
las exigencias prosaicas y fastidiosas (pie 
cada (lia nuevo nos proporciona invariable- 
mente, y de ejecutar, como por se]jara<io. 
en una soledad beneficiosa e im])rcscindi- 
ble. la obra de arte destinada a producir ad- 
miración en las multitudes y gloria a su 
autor. 

-No es. l)Ues. Blanes. tan .sólo digno de 
admiración ])or sus trabajos, creador de 
telas (pie nadie ha sujierado. sino también 
un ejenijilo de orden, de regularidad en la 
])roducción y de grande energía i)ara la 
])rosecución de ttxla labor iniciada, a des- 
])echo de toda clase de tro]JÍezos. de todo 
obstáculo, fuera de carácter ¡K'r.sonal o téc- 
nico. 

Kn el ocaso de su vida, cuando va había 
entra'io en la éi)oca de la decadencia, aún 
l)erduraba en él su afán de metodización. 
■ ■■■■■. .......g 'I'anKj se había he- 
cho a la lucha, a la 
pro<lncción sin des- 
canso, que. a pesar 
de ser sacudido por 
mil encontradas v 
dolorosas ])reociipa- 
ciones. piensa en el 
trabajo, desea con- 
tinuar ocupamlo la 
admiración de sus 
conciudadanos v su 
manfi va temblorosa, 
traza el boceto de la 
Batalla de Sarandí 
( de una gran fuerza 
(le co'orido y de au- 
daz composición ). 
¡lara Iilego iniciar el 
gran cuadro defini- 
tivo, (pie no pudo 
terminar, sorprendi- 
do ñor la nincrte. 

En todas las eta- 
])as (le su vida hay 
iin ejemplo. 

Se le tilda de 
egoísta y <le hermé- 
tico, de (pie no (pie- 
ria disciiüilos. <le 
(pie su taller estaba 
cerrado ¡¡ara todo el 
le su. carácter ikj 



mundo. l\sa condición 
])ue<le ser censurada: Blanes era un solita- 
rio. Deseaba la .sole<la<l y el silencio ])ara 
[iroducir. ¿Ks esto aca.so un defecto? Xiin- 
ca. l-"n el peor de los casos es una caracte- 
ristica. 

¿Acaso es necesario siendo un gran ar- 
tista, ser a la vez un maestro, un educador 
un conductor de actividades nuevas ? 

De ninguna manera. 

Xo hay tal obligación, ni para completar 
una ¡¡ersonalidad se necesita ese aditamento. 

Blanes fué grande, fué enorme, tanto que 
aún h(5y su pers(5nalidad escapa a la nó- 
mina de los artistas (pie ha tenido .\merica 
del Sur. 

( )tros se ¡irescmaron a la lid. cierta- 
mente con arrestos inmensos, extraordina- 
rios, y de ellos ¡nido aguardarse grandezas 
])aralelas a las de Blanes, ¡¡ero estas men- 
talidades de privilegio no llegaron a dar 
todo su fruto, segadas ])rematuramente ])or 
la nuierte. 



•2»t;Lt;ci A — 



Por eso, Blanes 
ha (|iie(lado en el pi- 
náculo, a despecho 
del tiempo y sus 
obras son ya el or- 
.<;iillo de una nación. 

^' sin embargo to- 
da via queda una 
sombra (jue desva- 
necer. Un distingui- 
dísimo artista nacio- 
nal, admirador del 
viejo piíltor y (|U¡zá 
uno de los i)ocos i|ue 
no le resta méritos, 
enterado de que en 
estas columnas nos 
ocuparíamos del in- 
signe maestro, nos 
decía que, a su jui- 
cio. Blanes no tenia 
originalidad en lo 
t|Ue a técnica se re- 
fería, agregando que 
iii todos sus cuadros 
do riñan los ])r¡nci- 
])ios creadores de la 
escuela toscana. 

Y bien : no ])uede 
Iialnrr desmérito, aim 
admitiendo la exac- 
titud de la observación. Blanes realizó sus 
¡¡rimeros estudios en una época de confu- 
sión ])ara el arte italiano. Las luchas artís- 
ticas en a(|uel!a é])oca tenían dos tenden- 
cias; la que defendía los ])receptos de la 
pintura al aire libre (lo más avanzado y lo 
más revolucionario para entonces) y los 
(|ue se apegaban a la escuela clásica, acep- 
tando en muy limitada proporción algunas 
innovaciones. 

Blanes actuó en a(|Uel en- 
tonces junto a maestros como 
Ciseri y Ussi los cuales no 
participaban de los entusias- 
mos reformadores de otros 
artistas y se atenían a los 
preceptos de la antigua es- 
cuela toscana. 

; Podía el joven ])intor en 
medio a la desorientación del 
momento adoptar con mejor 
juicio otra escuela que la de- 
fendida y ])racticada por sus 
maestros ' 

Ks indudable que como 
procedió Blanes. procedió 
bien. 

l'asó el tiem|)o. Transfor- 
ma<lo el estudiante en maes- 
tro, siguió las normas artís- 
ticas de su juventud, v no 
pudiendo aceptar como evo- 
lución de su modalidad sus 
estudios res])ecto a la aplica- 
ción de tintas combinadas, de 
ingredientes más o ]iieuos ex- 
]>eriiueutados con el afán de 
hallar coloraciones Uiás exac- 
tas o uiás firmes. Blanes ter- 
niinó:SU gran labor sin cam- 
biar las orientaciones técnicas 
(¡ue le habían señalado sus 
maestros. 

V en esto demostró tam- 
bién sabiduría. 

Un artista no canibia a ca- 
])richo las características de 
sus obras. .\sí como un escri- 
tor no pueile variar a volun- 
tad .su estilo, sin anidar su 




Cuadro de género. En él el maestro pone en brillante evidencia sus conocimientos e investiga- 
ciones en el pasado de nuestro pueblo» evocando tres épocas de la vida de nuestro campesino, 
con una gran riqueza de dibujo y de colorido. 




personalidad y (|ui- 
tar fluidez al ])ensa- 
miento, un pintor no 
debe cambiar su téc- 
nica, porque si lo ha- 
ce ya no será espon- 
táneo, ni el pincel ha 
de correr firme .so- 
bre la tela, y en la 
coloración se han de 
notar lamentables 
indecisiones, errores 
y falsedades. 

De modo que en 
el e.xamen crítico 
quedan estas consi- 
deraciones. ¿ Pudo 
Blanes razonable- 
mente seguir otra 
escuela que la ado])- 
tada i)or él en la ini- 
ciación de su carre- 
ra ? Xo. ; Y una vez 
adüi^tada esa escue- 
la, aca.so no procedió 
con toda cordura al 
continuar ¡practicán- 
dola ? 

Fue. indiscutible- 
mente, mi pintor a 
la manera to.scana. 
pintor. 



••■ 




El viejo y respetado dibujante y calígrafo Besnes Irigoyen aparece en esta 
tela de Blanes como una demostración más de las estupendas condiciones de 
retratista que poseía el gran pintor uruguayo, gloria americana. 



ero fué mi gran 

'Pal debieran ser muchos artistas desor- 
litados (jue. en una loca carrera tras una 
originalidad (|iie no existe, quiebran ener- 
gías y llegan al fin del vértigo, vencidos, 
anulados, improductivos v lamentables. 

Xo es sólo la originalidad lo que da va- 
lor en arte. Más aún : con sólo originalidad 
no se hace arte ])erdurab!e v digna de dos- 
^ [jertar la atención de contem- 
poráneos. (|ue(lan<lo luego co- 
mo ejemplo del mérito de un 
artista. 

I{n literatura no es .sólo el 
innovador el que se destaca. 
el (|iie brilla, el (|ue reclama 
la glorificación, 'rambién de- 
ben ser colocados en jjrimera 
línea los que. utilizando los 
])rincipios de una determi- 
nada escuela, realizan obra 
grande. \ no puede causar 
a.sombro a nadie el (|ue un 
discípulo llegue a valer más 
i|iie el iraestro. 

Blanes utilizó invariable- 
irente los dogmas de la es- 
cuela toscana. v sus cuadros 
tienen srrandes méritos de 
co'iiposición. de colorido, de 
dibujo y de reconstrucción 
histórica. 

; Puede i':ulic- negar estas 
iifibles cualidades, algunas de 
las cuales bastarían para for- 
ipar la reputación de un pin- 
tor? 'S' ¡lor i'ilti-ro: para la 
I)intura que prefirió Blanes. 
dificil'rente hubiesen encua- 
drado otros cánones (|ue los 
por él segiiiiios. Pintura de 
historia, exigía una escuela 
severa, sobria en el color y 
perfecta en el dibujo. 

Xo di.scutan:os nunca a es- 
ta gran figura del arte ame- 
ricano. V enorgullezcámonos 
de (|Ue haya nacido en tierra 
iini!'u;iva. 



Siiiiihi lie Máiilua. 



SELECTA — 




aja 9 8 9^9 »g 9 o W O OOOBg^OyOO 0^0 QQ^ooooo o o o QOo o o 3^' 





— SELECTA — 



DI'".I, núcleo (le institu- 
ciones caritativas que 
desarrollan su acción en 
nuestro país, se destaca con 
caracteres pro])ios y fuertes 
])royecciones benefactoras. de 
lina eficacia indiscutible, la 
Sociedad de San Vicente de 
Panl. 

La base de su fuerza, el 
nervio que la sostiene y la 
ha transformado en ima ins- 
titución altamente filantró- 
¡lica. está, indiscutiblemente, 
en las ])ersonas que han coni- 
jíuesto V componen sus Con- 
sejos Directivos, en la verdad 
meridiana de su acción cari- 
tativa V en la garantía (jue la 
misma distinción de sus au- 
toridades dirigentes ofrece a 
las personas de buenos sen- 
timientos que contri1)uyen 
con donaciones de toda Ín- 
dole al sostenimiento de esa 
institución benéfica. 

La Sociedad de San \"¡- 
cente de Paul es de ramifi- 
cación universal. En todo el 
mundo tiene sus fundaciones 
perfectamente organizadas y 
en todo el mundo su nombre 
es bendecido por los (|ue nun- 
ca en vano llaman a su jiuer- 
ta en demanda de socorro. 

I''n nuestro país, tan bene- 
mérita sociedad tiene estable- 
cidas corresiHmsalias en los 
diez y nueve Departamentos, 
y todas ellas, atendidas por 
distinguidas v virtuosas da- 
mas, contribuyen de una ma- 
nera eficacisinia al socorro 
de los necesitados, de los que 
en la desdicha )• el dolor se 
debaten y los que en la in- 
tervención de la Sociedad de 
San Xicente de Paul, hallan ^^< 

un auxilio de la providencia. ^>I?i 

una demostración de que, en 
el sentimiento de los buenos hay siem- 
pre un refugio ])ara los que en mi ins- 
tante triste pueden creerse abandonados 
de todos en medio de una vía desierta 
v fría. 

lüi los Deparlamentos del interior, la 
■ociedad tiene una delegación en cada 
ca])ital y en Montevideo las tiene en cada 
])arrO(|UÍa. Hn esta forma la institución 
sostiene en toda la República a miles 
de ])ersonas. a las cuales se las socorre 
con alimentos, con habitación, medici- 
nas, médico y ropas. Socorro completo, 
uniforme. (|ue lo abarca todo, que :\ 
todo atiende y que es de una eficacia 
indiscutible v ])or ello hondamente agra- 
decido. 

Fué fundadora de la Sociedad de 
San \"icente de Paul en .Montevideo la 
nol)le matrona que se llamó doña .\n- 
touia \"áz(iuez de Márquez, cuyo sen- 
sible fallecimiento se realizó en i i de 
.\g()Sto de 1900. 

.\1 espíritu luminoso de esta dama, a 
sus arraigados sentimientos de bondad, 
a su amor ])or los humildes y los nece- 
sitados, debe el país la fundación tan in- 
mensamente caritativa, cuyo progreso y 
extensión es hoy un orgullo nacional. 
Doña Antonia Vázquez de .Már(|uez dio 
a la Sociedad todo lo más preciado de 




Doña Antonia Vázquez de Márquez, fundadora de la Conferencia 
de la Metropolitana. 



^ocie 




Doña Antonia Veiga de Lenguas, Presidenta 
del Consejo Superior. 



sus actividades, de sus ini- 
ciativas, de su bondad sin li- 
mites, de su energía de orga- 
nizadora y de su sentimenta- 
lísn^o noblemente hermoso. 
l'",n princii)io la distinguida 
matrona fundó la Sociedad 
de la Metropolitana y de es- 
te niicleo poderoso, manteni- 
do con admirable te.són, e 
im])ulsado siem])re a un ])ro- 
greso n;ultii)licativo. surgie- 
ron las demás fundaciones, 
todas las numerosísimas ra- 
mificaciones de la Sociedad 
(|ue hoy derraman la sombra 
del bien, de la fraternidad, de 
la com])asión en todos los 
ámbitos de la Reiniblica. 

l'"s en la actnalitlad Presi- 
denta del Consejo Superior 
de la Sociedad, la distinguida 
matrona doña .Antonia Vei- 
ga de Lenguas, dama de una 
bondad tan ]irobada. tan ín- 
tegramente puesta al servi- 
cio de la caridad, que desde 
hace treinta años integra ima 
de las Co;nisiones de la So- 
ciedad, alcanzando luego, en 
mérito a sus virtudes, a su 
constancia, a sus invalorables 
n^éritos personales y al amor 
inmenso que siem])re puso a 
dis])osición de la obra de |)ie- 
dad. el elevado cargo (|ue hov 
desem])eña con el más gran- 
de beneplácito y con la más 
eficaz dedicación. 

Doña .\ntonia \'eiga de 
Lenguas se halla hoy abatida 
por ima dolencia (|ue cpie- 
branta un tanto su activiiiad 
incansable en pro de la ins- 
titución y ])or ese motivo se 
verá privada, con todo su in- 
menso pesar, de presidir las 
sesiones e.xíraordinarias del 
Honorable Consejo; pero 
aun así no dejará indudable- 
mente de recordar cariñosamente a los 
menesterosos. 

-Muchas son las damas (|iie han puesto 
al servicio de la Sociedad de San Vi- 
cente de Paul todo el concurso de su 
desinterés. .\Igunas con donaciones en 
iretálico y otras contribuyendo con su 
esfuerzo personal. 

Confiando a nuestra memoria su enu- 
meración, recordaremos a las señoras: 
Doña Sofía Jackson de Buxareo. doña 
Catalina O'Xeil de Fernández, doña Es- 
tanislada .Márc|uez de Lessa. doña Elena 
Cho]jitea. doña .Mercedes de Yéreguy, 
doña .\ntonia Ciarzón, doña Rosa Pé- 
rez de Butler. doña Julia Lavandera, 
doña -Ana Algorta de Mané, doña Caro- 
lina de Soria, doña Isabel de L'rioste. 
doña Zoa Fernández y doña María .\yer- 
za. esposa esta del caballero don Féli.x 
Buxareo. que no hace mucho tiempo, 
tuvo el magnífico desprendimiento de 
donar a la Conferencia de Señoras de la 
L'nión cuatro casas, las cuales sencilla. 
])ero cómodamente alhajadas sirven de 
asilo a los menesterosos de la localidad. 
Las casas ilonadas llevan los nombres 
de San F'élix. San José, Santa Mónica y 
San Juan de la Cruz. 

Señalamos a la admiración v gratitud 
públicas esta institución. 



— SELECTA 



Por los Salones 

...La vida de salón es como una caricia 
para el espíritu y para los ojos. Ks como un 
sedante puesto a la aridez de la normalidad 
de todos los días en el maremágnum de lo que 
a la calle nos atrae y en la calle nos roza. 
Entrar en un salón, sumergirse en la ola de 
luz y de perfume que un salón ofrece, equi- 
vale a una amable excursión por las regio- 
nes de la belleza y de la armonía. 

Así divagando llegué a la residencia del se- 
ñor ingeniero don José Serrato y de su esposa 
doña Josefina Perey. atraído gentilmente por 
una amabilísima invitación. l\\ señor Serrato 
y su esposa gozan en nuestros círculos socia- 
les de merccidísimas simpatías, todas las cua- 
les coadyuvaron para que la fiesta que ofre- 
ciera la señorita María Helena Serrato adqui- 
riera inusitado brillo. 

La señorita de Serrato es una delicadísiiua 
flor que irradia galanura en su torno y para 
quien le están reservadas las más triunfales 
imposiciones en nuestro mundo elegante. 

Con verdadero deleite liube de rendir ante 
niña tan gentil, toda la es]>ontaneidad do mi 
admiración y por ella, por la distinción y 
cultura de los dueños de casa y por lo selecto 
de la concurrencia. la recepción cbez Serrato - 
Perey fué una encantadora realidad a todo lo 
qite divagara j'o mientras a ella me dirigía. 

En la retina conservo y conservaré para 
siempre el cuadro admirable que formaba un 
grupo de niñas, para las cuales nunca he de 
lamentar más profundamente no poder ofron- 
diirles la flor de un madrigal. V,n ese grupo 
delicioso estaban : Estber Alvarez Mouliá. 
María Elisa Wilson, María Helena Serrato 
Perey. Margarita ídiarte Borda Platero. Ma- 
ría Teresa Salvañacli. \'alentina Fyn Butler. 
Sara Torres Calirera. Julia Sliaw Villegas. 
María Amelia ALlrquez \^aeza v Alda Brum. 

De un salón a otro salón, y los ojos se em- 
briagan en luz y en magnificencia. 

Fué en bonor del Almirante Caperton la 
estupenda rece])ción qtie ofreció el caballero 
don Adolfo Pastor i y su distinguida esposa 
doña Josefina Gómez de Pastori. en su pala- 
cio de maravilla. 

Armónico y riquísimo, el mobiliario es como 
una sinfonía en maestoso, donde la unidad 
de los tonos rinden al gusto más exigente, 
donde los estilos se conservan en impecabili- 
dad de líneas y donde por so]»re todo se pro- 
clama y triunfa ol Inicn gusto de los dueños 
de casa. 

Riquísimas telas penden 3* cubren las pare- 
des envolviéndolas en tina caricia de seda y 
envolviéndonos en la aún más delicada cari- 
cia de su color azul -záfiro; las luces estallan 
en multiplicidad de reflejos dando a cada cosa 
todo el valor de su colorido; las vitrinas de- 
tienen tanto al indiferente como al amateur: 
al uno porque su riqueza desborda de sus es- 
tantes en una grandiosidad de oros, de pla- 
tas, de esmaltes, de marfiles y de porcelanas; 
al otro porque en ellas se contienen sobresa- 
lientes maravillas de colección, tan valioso y 
tan elegido todo que parecería tarea imposible 
volverlo a reunir. 

Y si la suntuosidad de la mansión bubo de 
admirarme, más me deleitó aún la suntuosidad 
(b' la concurrencia. Las damas soberbiamente 
ataviadas eran como joyas preciadas en tan 
riquísimo estucbe. Sobre las esculturas palni- 
tantes de sus cuerpos, las toilettes, rornnl.'- 
mentadas con las joyas de valor incalculable, 
t'orriipban como tma brillazón de astros, como 
TU triunfo en anoteosis de la gracia, de la 
ri-'.Tancia y de la belleza. 

"N' de aquel luminar, oue atraía con fuerza 
iiicontrastaljle. surgía, imponiendo una maies- 
'■'d (le orieen iiidalgamente castellano, la s<-- 
rora Tosefina Oómez de Pastori. gentilísinvi 
entre las gentilísimas, amable, culta. lucieuíh^ 
sobre el coral de su hermosísimo traje un co- 
llar de grandes perlas. Tan distinguida dama, 
en compañía de su esposo, recibieron a sus 
invitados con esa fineza sencilla y enaltece- 
dora que diríase fué característica de las 
épocas idas. 

Me coloco en un ángulo del gran salón y 
desde él. subyugado por aquella decoración 
feéri'-a de riqueza y de aristocratismo. con- 
templo. 

La señora ufaría Mercedes Cibils Larravidc 
de Castellanos avanza iriunfalmenie. en me- 
(\'\o de mía aureola de adniiracituí y sobre la 
alfombra florid;! <le inijos los homenajes. 




Josefina Gómez de Pastori, Sofía Gómez Cibils de Martinelli, Dolores Estrázulas de Piñeyrúa, 

Plácida Cibils de Pérez Butlcr, Mana Ana Gómez Cibils d; Pena, Carmen Lasaia de Peixoto, 

Haydéc Busafcrri de Cranwcll, Eloísa Scrratosa de Vidiclla, María Aurelia B. de Pastori, Erna Lerena de Ycrcgu^ 

Clementina Pastori de Martirio, Esthcr Boffil de Lasala. Elena Díaz Fournie. Nene Díaz y Almirante Caperton. 



luí seguida otra dama llena nuestra visual 
con el esplendor de su elegancia. F.s la señora 
Plácida Cibils de Pérez Butler. Llega con 
triunfo de azucenas y de jazmines; en un 
marco purísimo de blanco que lo forman el 
traje y el sombrero y ambas soberbias pren- 
das obscurecidas aún i)or la albura de su ros- 
tro y por la nitidez exquisita de su espíritu. 

Para formar divino contraste avanza la se- 
ñora Matilde Testaseca de Sierra Romero, 
envtielta en una magnífica toilette de tercio- 
jielo negro, no tan negro, ni tan suave, ni tan 
lireciado. que el negro de sus ojos, que la dul- 
zura de su mirada \' "la sedosidad de su cabe- 
llera de ébano. 

\' desde mi ángulo de observación, di \- i so 
av'm el óvalo perfecto del rostro de la señora 
Sofía Gómez Cibils de Martinelli. óvalo en el 
(lue como dos luceros admirables brillan los 
ojos, ojos que cautivan, que suljyugan. tpie 
embelesan. 

Y luego pasan otras y otras damas, todas 
elegantísimas, todas espléndidamente atavia- 
das, como en un halo de suntuosidad y de 
belleza. 

Cierro los ojos, deslumhrado ante el solo 
recuerdo, y. . . 



Me encuentro en la mansión de los esi)OSOs. 
señor Rodolfo de Arteaga y doña Pilar de He- 
rrera, los cuales unen a la nobleza de sus 
abolengos el prestigio de su personal distin- 
ción. 

La fiesta realizada en tan selecta residen- 
cia, fué dada también en bonor del Almirante 
Caperton y de un núcleo de su oficialidad. 

b'ueron invitadas al aristocrático sarao las 
relaciones de la señorita María Inés de Ar- 
teaga' Herrera. 

l-'n un ambiente de alta espiritualidad, se 
desarrolló la fiesta. Se bailó con entusiasmo, 
iniciando la danza el señor Almirante y la 
señorita María Inés de Arteaga. 

Como tma visión de éxtasis pasó ante mí 
la señorita de Arteaga. bella, elegantísima, lu- 
ciendo con encantadora sencillez una regia 
toilette. 

'\' a su alrede'Ior. ct)mo en un triunfo de 
estrellas, rodeando un astro, contemplé arro- 
!>ado a las señoritas Martba Iglesias Caste- 
llanos, Elena Gómez Larravide, Dominga Car- 
valho Alvarez. Ernestina Muñoz Oribe. Mar- 
Erarita Saavedra, Margarita Renzano. Silvia 
\'ictorica y María Carolina Pérez. 

Evoco la fiesta verdaderamente imperial y 
al sonar aún en mis oídos las armonías de la 
fiesta, en mi imaginación pasan randas mu- 
chas encanla<'.oras siluetas. 



Llego (y no sin i>ena. i)orqae en la evoca- 
ción de tan soberbias fiestas vuelvo a expe- 
rimentar las gratas, las hondas, las dulces 
emociones que durante ellas experimentara). 
llego, repito al salón que puede ser calificado 
sin esfuerzo como uno de los más bellos de 
los que existen en nuestra ca]3Ítal, al salón de 
doña Sofía Platero de ídiarte Borda, y en este 
]>unto todas mis admiraciones desbordan y ía 
pluma se detiene a cada instante porque mi 
imaginación vuela, desordenadamente atraída 
por el fantasmagórico recuerdo de un baile 
<le cuento de badas. 

Xada de extraño tiene que las proporciones 
de esa fiesta hayan sido tan maravillosas, si 
consideramos que ella sirvió de presentación, 
en la vida de sociedad, a la bellísima y dis- 
tinguida niña Margot ídiarte Borda Platero. 

Presidía aquel admirable conjunto de da- 
mas y caballeros, la señora dtieña de casa, 
sol que no sabe de ocasos, reina de salones, 
espléndida realidad de cultura que es orgu- 
llo de nuestra sociedad. Majestuosa, triun- 
fante, dominadora, de una amabilidad ex- 
quisita, era una reina legendaria, una sobe- 
rana cuya corona la formaba la aureola de 
su distinción y de su hermosura. 

Junto a doña Sofía Platero de Ídiarte 
Piorda admiramos a su hija Margot. flor que 
entreabre todas sus delicadezas a la \"ida so- 
cial, que triunfa subyugando, que encanta con 
la armonía dulcísima de su mirada y rinde con 
la música de su voz. 

"i' también pasó por los radiantes salones, 
como una tierna, como una conmovedora vi- 
sión del pasado, encantadora en su anciani- 
dad jovial y fuerte, doña Matilde Escardó de 
Platero, abuela de la distinguidísima niña 
que tuvo en noche tan memorable todos los 
homenajes, realidad triunfal de un pasado 
que tanto nos alecciona, siempre... 

El hall — riquísimamente alhajado y los 
salones del piso alto — otras maravillas de 
ornameníación y lujo — se vieron concurri- 
dísimos con t.odo lo que de más elevado y 
más chic tiene nuestra sociedad. 

Para mis pupilas fué una visión de ensueño 
aquel desfile encantador de niñas, deliciosas 
en la elegancia de sus toilettes de coloracio- 
nes tenuísimas, en el brillo alucinador de sus 
ojos, en la fulgurante belleza de sus ros- 

Se detiene la ])luma. obligada por la falta 
(ie espacio. Muy a mi pesar vuelvo a la rea- 
lidad, una realidad ásjiera ])or inás amable 
(;ue sea. si he de compararla con aquellos 
instanics de gloria. 



AUX no hemos traspuesto la 
centuria en la marcha de 
nuestra vida institucional, 
y se justifica un reproche para los 
que, olvidando un deber de grati- 
tud, han dejado que los héroes, 
los que poniendo a prueba valor, 
virtud, ilustración y patriotismo, 
arrancaron a la dominación de tres 
naciones esta patria nuestra, ra- 
diante, altiva, para la cual ha ha- 
bido grandes halagos en todos los 
ámbitos del mundo civilizado y cu- 
yos prestigios son hoy tan sólidos 
como envidiados. 

Tenemos un poco de ingratitud 
en nuestra alma, un poco de incon- 
fesable ingratitud y de ella bien 
pueden irradiar todas esas luchas 
y discordias que de cuando en cuan- 
do suelen convulsionarnos o que 
nos mantienen en una morbosa ner- 
viosidad. 

Intensificar el sentimiento de la 
nacionalidad en el culto de los hé- 
roes, es algo que necesitamos tanto 
como toda iniciativa progresista, 
como todo lo que implique un avan- 
ce en el terreno de todas las con- 
quistas de la industria, del comer- 
cio y del bienestar. 

Los pueblos que viven en forma 
intensiva para su presente, es por- 
que no han dejado de mirar a su 
pasado, estudiándolo, analizándolo 
y sacando de él ])rovechosas ense- 
ñanzas o muy razonables consejos 
de experiencia. 

Pueblos que no miran un poco 
hacia atrás, corren el riesgo de 
perder su personalidad, su caracte- 
rística y esto es como la pérdida 
de un estado civil para un ciuda- 
dano. 

La historia es el orgullo de las 
naciones, es la ascendencia que hon- 
ra, que da carácter. (|ue reclama 
res])etos y consideraciones, es la 
base fundamental de la personali- 
dad nacional. 

Xo analicemos. X'o busquemos 
pequeños defectos, en las persona- 
lidades f|ue decoran nuestro pasado. 
La tradición popular, la glorifica- 
ción que ha perdurado y acrecen- 
tado a través de los años, ha nim- 
bado los nombres de los héroes y 
los ha hecho intangibles. 

Respeto para ellos, re.s])eto sin 
limitaciones, sin sombras, sin du- 
das ; respeto amplio y educador ; 
respeto que nos dignifica, que nos 
ennoblece, que nos eleva. 

Meditemos un punto en todos los 
iruiiensos sacrificios que aquellos 
hombres se impusieron ])ara dar 







Oleo de gran tamaño del pintor Valetizzani y en el que apa 
recen; Artigas, Lavalleíd, Rivera, Oribe, Joaquín Suárez, Garzi' 
Pacheco y Obes, Santiago Vázquez, Flores y Lucas Obes. 



unidad y personalidad política a 
nuestro ])aís. Midamos la fuerza de 
que necesitaron a(juellos caracteres 
para ¡wnerse en lucha desigual con- 
tr;i un estado político que había 





desarrollado todas sus raices en 
casi tres sisólos de existencia. Com- 
prendamos (|ne ¡)ara aquellos dias 
de turbulencia, fué necesario el ini- 
inilso de un verdadero, de un s™"" 
de esiiiritu de sacrit'icio en aipiellos 



hombres, puesto que en la aventura 
¡ugaban la estabilidad de sus vidas 
V de sus intereses. Lleguemos tam- 
bién a establecer un leve jiarangón 
entre diversas épocas : y reconozca- 
mos noblemente que quizá no todos 
nosotros seriamos cajiaces de aque- 
llos renunciamientos v de aquellos 
esfuerzos. 

Muchas veces nuestra irreflexiva 
admiración acoja sin análisis la fa- 
ma de per.sonalidades extrañas a 
nuestro ambiente. Hemos exulta- 
do a héroes de otras patrias sin 
examinar a fondo sus actuaciones, 
sin valorar con ecuanimidrul las 
consecuencias buenas o malas de 
.sus actividades rruerreras o jiolíti- 
cas. Y con una cruel v desalentado- 
ra severidad nos hemos complacido, 
en cambio, en la búsqueda de deta- 
lles ignorados en las rudas y dolo- 
rosas vidas de nuestros héroes, para 
lanzárnoslos como acu.saciones. re- 
bajando asi la .glorificación de e.sos 
ho'Tibrcs de sacrificio v de idea- 
lidad. 

l'"s absurdo suponer que una vo- 
luntad, que una mentalidad. pu;'da 
atravesar la turbulencia de una é]io- 
ca de gestación sin tener nunca, en 
ningtjn inomcnto un desfallecimien- 
to que incline a])enas la rectitud de 
sus procederes. Xonnalizada insti- 
tucionalmente nuestra vida, lejos 
todos los temores sobre la inviolabi- 
lidad del suelo nativo, no escapan 
los hombres de ho\ . los (pie ocupan 
puestos directivos, a las rudezas del 
ataque jirovocado por las vacilacio- 
nes de sus caracteres. 

¿Cómo. ])ues. exigirle a los del 
l)asado. a los que actuaron en mi 
pasado tormentoso, obscuro, impre- 
ciso, cuando los ])ropósitos no te- 
nían fija orientación, una impeca- 
bilidad, absurda aún en momentos 
(le propicia normalidad ? 

Por otra ])arte nuestros proceres 
no han sido todos sometidos a la 
rigurosidad de la critica. Los hay 
que han ])asado radiantes a través 
de todas las más porfiadas inves- 
tigaciones históricas. 

'N' por ellos y por todos, en fin. 
debemos enorgullecemos : debemos 
mantener en ellos nnty alto el sen- 
timiento de la nacionalidad, el or- 
gullo <le lo nniv nuestro, que de 
e.sa suerte aprenderemos a valorar- 
nos por lo mucho que somos, sin 
envidiar a nadie y sin pensar (|ue 
nadie vale más que nosotros. 

Glorifiquemos a los héroes ])ara 
aprender definitivamente a glorifi- 
car a la Patria. 



— SELECTA — 

ENVÍO: 

Pan el álbum de la Sta. María Emilia Bonilla, 



Hacia esta blanca foja me encamino 

Y entro en su niveo campo, todo albura .... 
Mi letra es como un rastro peregrino 

Que traza el pensamiento hecho escritura. 

Prisionero del cálamo, se mueve 
Sujeto a un tierno afán que lo encadena, 

Y aunque se va de mi, no se conmueve .... 
Bien sabe a donde va, y va sin pena. 

i Hogar noble y feliz le dará abrigo, 

Y en el te hallará a ti, como a una hermana. 
Por ser dulce, y piadosa y bendecida ! 

Este huésped que llega es, pues, tu amigo, 

Y le brinda a su amable castellana 
Un perpetuo reir en plena vida ! 



Joaquín Secco Illa, 



Julio 8 de Í9I7. 




£ j€ 







Y sin dueño; 

¡ Qué rara expresión tenéis 
Cuando la vida miráis ! 
¡ De que misterio rodeáis 

Lo que veis! 
Reemplazad esa amargura 
Que se embosca en las ojeras. 
Con fecundas primaveras 

De ventura ! 
De modo que al dar la vida 
A la noche que os rodea 
La Esperanza no se crea 

Vencida ! 
Transformad las horas crueles 
De penas innecesarias. 
En verbenas, pasionarias 

Y claveles ; 

Y tórnense las traidoras 
Sombras de las horas frias 
En luces, en alegrias, 
En auroras ! 

Ricardo Garzón. 

Dibujos d^ Sjníjn^, 



OJOS VERDES 

Para " Selecta" 
Ojos de eterno soñar. 
Mansos, extraños y buenos. 
Ojos verdes y serenos 

Como el mar ! 
Hondos, frígidos y graves 
Como una noche de invierno; 
Ojos que ignoran lo tierno 

De esas aves 
Que cuidan á sus pichones 
En el calor de los nidos; 
Donde acuden los heridos 

Corazones, 
Para aumentar su dolor 
En la noche de los días ; 
Muertos á las alegrias 

Del amor ! 
Mensajeros del ensueño 
Com'o el aromo silvestre 
Que vive en la selva agreste 




SELECTA 






UANLX) se puede hermanar el ejercicio de la caridad 
con una manifestación de arte, el ideal está llenado en 
absoluto. 

Y nunca en más halagadoras condiciones que esas puede ser 
recaudado el dinero (¡ue se destine al socorro del menesteroso. 
al alivio del enfermo, o al alimento del que carece de él. 

Con el acicate de una venta o de un premio, o con el atrac- 
tivo de una fiesta ¡juede también, indudablemente, obtenerse 
e! dinero qtie aguardan los humildes con ansias infinitas. Pero 
ningún socorro ha de llevar más noble sello de procedencia, que 
el que del arte surja, por el arte se consiga y al arte se deba. 

Tal el festival realizado en el teatro Solis con fines carita- 
tivos, y el cual, poniendo a contribución todas las delicadezas 
de su elevada v exquisita mentalidad, organizó y llevó al más 
ileslumbrante tériuino la distinguida señora Cata Castro d? 
Ouintela. 

Fué una felicisiiua idea. Remeniorando a(|uellas representa- 
ciones teatrales que en otro tiempo se organizaron con la in- 
tervención de damas y caballeros de la más alta sociedad, se 
combinó un festival en el c[ue el " clou " lo constituía la inter- 
pretación de la bellísiiua comedia de Gregorio Martínez Sierra, 
titulada ; " Canción de cuna ". 

La empresa no era fácil. De ninguna tuanera. " Canción de 
cuna " es una obra que. por el ambiente en que se desarrolla, 
restringido y necesariamente monótono, y por la ausencia de 
grandes choques pasionales, exige una interpretación absoluta- 
mente esmerada 

Hay en el fondo de aquella placidez conventual, en la tran- 
(itiilidad solenme de los claustros, en la metódica y callada vida 
dedicada a la oración y a la contemplación, un hondo, un des- 
garrante dra.ra ; pero los dolores cruentos de ese drama apenas 
si agitan un jjoco la blanca toca de una monja, apenas si hacen 
resbalar unas lágrin'as temerosas. Xo hav más signos exteriores 




Señora Cata Castro de Quíntela organizadora del herm 




Señorita María Angélica Scoseria, 
inteligentísima intérprete de uno de los roles principales de 



'Canción de Cuna' 



<ie desgarramiento. To(1(j lo denlas <|ueda ence- 
rrado, ahogado por las severas prácticas. 

^' bien, el gru])o de señoritas y jóvenes que i)U- 
sieron en escena " Canción de cuna ", realizaron tma 
labor sencillamente adminible. a l.i altura de ver- 
daderos artistas. 

Fueron intérpretes de la ser.limental comedia, las 
señoritas Anita Piñeyro Chain. Sara ELsa y .\ I aria 
Angélica Scoseria. Maruja yuintela Castro, l'nra 
.\guiar Orliz. Cora Masanez Blanco. Anita ( )rtiz 
rriarle. María Angélica Canale, lívangelina Muñoz 
.Montero y los jóvenes Francisco Zorrilla de San 
.Martín y José María Martínez Correa. 

La interpretación de la comedía causó asombro 
a todos los que la presenciaron. 

Del conjunto se destacó con excepcionales condi- 
ciones la señorita .Maria .angélica Scoseria. V.\ rol a 
su cargo ad(|UÍri(') un relieve tan grande (|ue el 
piiblico le dedicó verdaderas ovaciones. Los versos 
hermosísimos con (jue se inicia el segundo acto. 
fueron dichos por la distinguida niña con tal fuerza 
de expresión, con tan i)erfecta dicción, que a la 
hermosura de su ritmo y a la delicadeza de sus 
imágenes jjrestó mavor encanto aún la forma con 
íiue fueron recitados. Fué la nota sobresaliente de 
la artística velada y por ello unimos nuestros plá- 
cemes a los infinitos que ya la han saludado, cele- 
brando su ad uirable acierto inteq)retativo, 

lüi resumen, una fiesta como la (pie motiva esta 
crónica, puede enorgullecer a quien la organizó 
y a (luienes contribuyeron tan eficazmente a su 
éxito. Fl resultado de ella se destinó a la institución 
" Pro Matre ". 

l-'.stas páginas se honran insertando las fologra- 
tías de la señora Cata Castro de Ouintela v se- 
ñorita María Angélica Scoseria. en sus caracteres 
de organizadora de la fiesta, la primera, y de la 
más culminante intéqirete de " Canción de cuna ''. 
la segunda. 

)'(>rick. 



SELECTA — 



EX la oportunidad de 
su funcionamiento, 
hemos vis'tado la Ex- 
posición de Labores, organi- 
zada i)or el Patronato de la 
Aguja en uno de los salones 
principales de la Mueblería 
Caviglia. salón que fué cedi- 
do con fina gentileza por su 
propietario, en contribución 
n'.uy encomiable. muy digna 
de ser elogiada, a la obra me- 
ritoria de esta magnánima 
institución. 

Xo tenemos más que elo- 
gios, pero elogios muy calu- 
rosos y muy firmemente fun- 
dados para los trabajos e.x- 
puestos, soberbios esfuerzos 
llevados a cabo, generalmen- 
te, en hogares humildes, don- 
de sin embargo existen ma- 
nos femeninas tan hábiles y 
tan delicadas como para lle- 
var a la realidad más per- 
fecta encajes, puntillas y bor- 
dados de elevado valor y 
perfecta belleza. 

La decoración ( digámoslo 
asi) puesta por la Casa Cavi- 
glia a esta exhibición, no pu- 
do ser más elegante y más 
apropiada. En dos salitas y 
en un comedor, amueblados 
con el gusto modernísimo ([uc 
caracteriza todo lo que fa- 
brica o importa la renombra- 
da casa, las piezas delicadí- 
simas que constituían la ex- 
])0sición. obtenían un gran 
realce, se valoraban justa- 
mente y causaban la más 
agradabilísima de las impresiones. 

Xo hemos de detenernos en el elogio de 
las labores expuestas. Allí había de todo, 
de todo lo que puede constituir un atracti- 
vo, una delicia para un ama de casa, deseosa 
de poseer esos tan delicados complementos 
que tanto adornan, que tanto visten a los 
U'uebles. que tan chic resultan, dando una 
sensación de confort, de claridad, de fres- 
cura. 

Muchas veces no nos detenemos a i)ensar 
en el por qué de una agradable impresión 
recibida en una sala, en un comedor o en 
cualquier otra habitación de una casa. Pero 
si analizáramos esa grata sen.sación de bien- 
estar y buscáramos lo que la (¡reduce, in- 
dudablemente (pie nos fijaríamos en esas 
po(|Ueñas cosas que complementan un mue- 
blaje y Ilegariamos hasta los encajes, ¡os 
almohadones y bordados, caquetás y toda 
una infinita variedad de otros detalles de 
este género, donde bien puede tener cabida 
la mantelería de un co'.nedor, elemento ya 
más esencial en el alhajamiento de una casa. 
En la Exposición realizada por el Patro- 
nato de la .Aguja figuraron piezas verdade- 




Señora Delía Castellanos de Etchepare 
Presidenta de la benefactora institución 



ramente valiosas. Cortinados, manteles, car- 
petas, bordados en una variedad de apli- 
caciones inmensas, visillos de alio valor. En 
este sentido no pudo exigirse nada más coni- 
])leto y nada (|Ue despertara más la admi- 
ración de todos los que visitaron las salas 
instaladas en la Casa Caviglia. 

Sin detenernos mayormente en conside- 
rar la riqueza y la perfección de todo lo 
expuesto, vamos a formular algunas justas 
y absolutamente necesarias consi:!eraciones 
respecto de la bondad de la obra (|ue cumple 
el Patronato de la Aguja con una encomia- 
ble dedicación por parte de todas las seño- 
ras que lo com])onen. y que preside la ilus- 
trada señora Dclia Castellanos de lítche- 
pare, mentalidad hondamente cultivada, (jue 
brilla deslumbrante en nuestro mundo so- 
cial. La .señora Castellanos de Etchepare uti- 
liza sus elevadisimas dotes intelectuales en 
la acertadísima dirección de una página fe- 
menina que inserta semanalmente nuestro 
colega " El Bien ". Con el pseudónimo de 
" Madre " la ilustrada dama realiza en el 
diario citado una labor educativa de sana 
orientación, dando a su consejo dulzura y 



* energías. Al frente del Pa- 
tronato de la .\guja la señora 
Castellanos de lítchepare po- 
ne en evidencia su valiosísi- 
ma cooperación. 

De tal suerte la obra del 
Patronato se realiza con una 
eficacia halagadora. 

X'o re(|uiere esa labor ma- 
yores complicaciones, no exi- 
ge ni grandes y cómodas se- 
des, ni personal técnico y 
numeroso. 

L'na idea absolutamente 
práctica preside la obra del 
Patronato. 

Y he aquí en qué forma : 

En la intimidad de algunos 
hogares humildes se trabaja 
durante meses en líi confec- 
ción de delicadísimas labores. 
En esos trabajos se cifran 
muchas esperanzas ; sobre 
bases tan sutiles se labran 
¡iroyectos de ordenación eco- 
nómica, satisfacción de sen- 
cillos gustos. Y todo ello por- 
(|ue saben las obscuras bor- 
dadoras que. terminados sus 
trabajos, el Patronato los 
acogerá, los prestigiará y du- 
rante la exijosición podrán 
ser vendidos a buen precio. 
Es herniosa la contribución 
indirectamente caritativa que 
el Patronato lleva a cientos 
de hogares necesitados, don- 
de laboriosas manos femeni- 
nas realizan verdaderas obras 
de arte con el hilo y la seda. 
Con la imaginación nos 
trasladamos hasta esas casas humildes y 
contemplamos a las n^odestas cultoras del 
arte de la aguja, tan lleno de dificultades, 
tan difícil como cualípiier otro arte, y de 
esa suerte también muy digno de ser te- 
nido en cuenta, de ser elogiado y de ser 
admirado. 

Cf)n la ¡lacieute labor en el empleo de la 
aguja .se realizan todas esas jiequeñas ma- 
ravillas que tan amablemente nos sorpren- 
den ; combinaciones delicadísimas de he- 
bras de algodón o de seda, cuyos dibujos. 
re:redan e.xtrañas, fantásticas formas, di- 
ríase de ensueño. 

Y fueron muchas de esas delicadísimas 
labores las que exhibió el Patronato de la 
-\guja. vendiéndolos todos a muy buenos 
precios. 

La inauguración de la Exposición de La- 
bores dio lugar a una hermosísima fiesta 
social. Todo Montevideo elegante desfiló 
por las salas y las ventas se realizaron rá- 
pidamente, con el más halagüeño de los 
resultados. _ 



— SELECTA — 



I 

V.\ alma iK- Jnlm López su asomaba a los la- 
!)i(>s (le John López, y como era im alma en- 
ferma, los labios í-e contraían en una mueca de 
fastidio. . . 

También fastidian a los laÍ)ios rojtjs de sa- 
tisfacción, las almas enfermas... 

John López era arcliimillünario. Sus monedas 
de oro liuhieran ])udid() competir en número con 
las estrellas. \'aciadas sus talcf^as en el espa- 
cio, se formara fáci'mente con su contenido ima 
via áurea... Además de su oro al)ruma(lor. po- 
seía John Lói)ez otro caudal quizá aun más 
deslumbrante : su juventud. . . Los jóvenes po- 
bres se reirán di- esta j)aradoja. ^' por úhimo, 
era John Ló])ez un hombre sano y hermoso... 
Tenía todo lo (|ue se necesita para ser feliz... 
^ no era feliz. . . 

;Por qué no era feliz John López?... 

Porque su alma había cometido el feo de- 
liro de homicidio en la ]>ersona de una buena 
señora llamada Ilusión, y en castíjío de crimen 
tan h'irrendo arrastraba ])or la erg^ástula de co- 
das las opulencias el pesado ííríUete del hastío... 

Un día en que la desesperante disciplina de 
lo vulpar. más odiosa le presentaba la cárcel 
de su vida, decidió evadirse... 

— Jnpar el todo por el todo — murmuraron 
sus labios rebeldes de jiereza — o encuentro la 
verdadera dicha o... 

L'n secundo de perplejidad y después. ¡Resuel- 
tamente : 

— ; Xo. matarme no!... Kl suiciilio es estú- 
pidamente vultrar... ^'a ni suicidarse es i)OSÍ- 
ble en esta horrible vul}¿arización de todo... 

>' John López — que era descendiente de uu 
fidalgo y nacido en tierra sajona — se lanzó con 
ansias de hand>riento o de enamorado en busca 
de la Absoluta Felicidad... 

ir 

John López empezó por comprar un esi>léndido 
\aclu y so lanzó a los mares. Sobre el ])uente 
de su buque, a la caricia de las brisas marinas, 
su rostro varonil : perennemente hundida en 
el más allá, la mirada de sus ojos nejaros; sur- 
cada la piel de la frente por la huella profunda 
de la meditación infatij^able : ansiosas las fosas 
nasales en una asj)iración peri)etua de ])erfnmes 
desconocidos; avizor el oídt) a los rumores incla- 
sificados. John López ciñó al mundo con el lazo 
anhelante de su investigación extraña. 

La Civilización europea le hizo probar todos 
sus refinamientos. Al brillo encandilante de su 
oro, acudie-ron en París todas las mujeres glorio- 
samente hermosas... Infinitos labios femeninos 
dejaron en sus labios poemas de emociones... 
Pulsaron sus manos las arpas divinas de admi- 
rables cuerpos de mujer... Todas las audacias 
de Tenorio las realizó él y las superó... V al 
fin el vicio de París no tuvo nada nuevo (jue 
ofrendarle y la hoiiestidad de París nada ocultó 
tpie desj>ertara su tentación... 

Dejó Euro])a. 

Llegó a Turquía y puso su planta infiel en 
el serrallo más guardado. Deslumhró con vicios 
de europeo, los vicios bárbaros de las odaliscas. 
Provocó temi)estades de celos en las almas de 
muchos señores turcos. Llevó a su yacht la be- 
lleza admirable de la favorita de! Sultán, y dejó 
la tierra de la media luna con el alma aún más 
cansada. 

Por aquellos días sus pupilas se fijaron en un 
volumen de Dostoyewsky y tuvo el cai)nchu de 
las emociones del juego... ; Xo eran acaso do- 
loro.^aniente felices his jugadores?... I-'né a 
Monte Cario... Ganó, perdió. Sopló vendavales 
de oro sobre todas las mesas... Puso pánico 
en los banqueros. . . Arruinó a potentados. . . 
Provocó, ejerciendo de Destino, el suicidio de 
tres hombres... A uno de ellos le vio morir y 
recordó asqueado como mueren los cerdi>s... 
L'n día el Príncipe temió por la esiabilida<l de 
su Casino, solicitó de John López una entrevista 
y recibiéndolo como a un soberano, le rogó dejara 
de jugar. John López tuvo piedad de aquel, 
¡irincipe - empresario y dejó Monte Cario... 

^'olvió a Occidente, pasó por Italia; entró en 
lodas las pinacotecas: el Papa lo recibió con loíla 
la pompa de sus cardenales, de sus obispos y de 




]-ara 
V le 
í'ro- 
dejó 



sus suizos... Llegó a Kspaña. organizó una sac"i- 
lega orgía en un convento, do'idc estaban reclus:i> 
descendientes de reyes... Puso su planta en 
África: no guardaron las moras secretos 
él: el sultán le besó sus zapatos ingleses 
ofrendó la inviolabilidad de su serrallo-.. 
dújole pena aquel stiberano mendigo; le 
unos montones de monedas y partió... 

l'".ntró su yacht en la inmensidad amenazailo^'i 
del Atlántico y una noche de insomnio. mn> 
Iejt)s de la costa y en i)leno temporal, tuvo un'i 
loca idea; fué a la cámara del timonel y des- 
truyó la !)rújula. . . La temiiestad duró varios 
días \ el hu(jue navegó al azar arrastrado ]>or 
todas las borrascas... Cuando las estrellas ilu- 
dieron ])roporcionar una ruta, John Ló])ez rtnn- 
])¡ó las cadenas del timón... Los tripulantes ate- 
rrados quisieron rebelarse, pero John López 
mató a uno de un balazo y los domint» en se- 
guida. . . .Aquella carrera <le<atenlada en busca 
de la muerte se i)rolongó durante muchos días... 
John López casi no dormía. Sus ojos, acicalcadn^, 
]ior las ansias y por las esperanzas de encontrar 
lo ignoto, miraban constantemente al horizonte, 
l-ll botalón se le antojaba un dedo rígido seña- 
lándole lo desconocido. Un día divisaron tierra. 

— ; Dónde e-^taremos. señor? — se atrevii'i a 
interrogarle temeroso mi marinero. 

V John López le res]>ondió fastidiado: 

— Xo tema-, imbécil, que no hemos salido dul 
mundo. . . 

Kmbicaron en una co>ta ilesierta. árida, in- 
hospitalaria. ]\\ yacht se estrelló contra el acan- 
tilado. Se salvaron nadando... ]*enosamenle a 
pie se internaron en la tierra desconocida... 
Pasaron dos días... Xi un hombre, ni nn animal. 
ni un ave. ni un insecto... ¿Qué tierra maldita 
era aquella?. . . L-1 hambre y el cansancio jni- 
sieron en los ojos de los marinos una sombra 
de Terror y de angustia. . . .\I tercer dia Jobn l.ó 
])ez tuvo iKunbre. . .' La> ]iiernas se negaron a 
r^ustenerlü. . . Se >entó en una ¡leña, Sn> 



bcmibres lo roflearou esiieramlo lo iuvsperadu . . . 
.\1 atardecer, un dolor agudo contrajo el estó- 
mago de John López... bjitonces sac'ó lenta- 
mente su revólver y miró a tt)d(js .sus hombre- 
uno a uno. detenidamente, con pericia de mata- 
rife... Su-- ojos se fijaron en un muchacho 
blanco, rubii i. roliusto . . . Rái)idamenle le señaló 
Con el caño de su re\ólver >' le partí* i el crá- 
neo. . . ]'.] espanto paralizó a los -itros... John 
López dejó desangrar el cadáver, mandó iles¡niés 
(|iie se hiciera una hviena hoguera, 'irdenó al co- 
cinero de a bordo (|ue cortara del muerto la>> 
■' iire-as "" mejores, él ayudó luego a cocerlas 
y cuando Lsiu\"ierou asaiias fué el i>rimero (|ue 
comió... h'.u aquel momenlít tuvo la convicción 
de (jue lo-- canibalo no posern nada de gastró- 
nomos . . . 

Continuó la marcha \ al lin diiron tu nn po- 
blado: estaban en .-Xsia. Joim López decidió en- 
tonces recorrer el connnenie de todos los orí- 
genes. 

\'ivió en las costumbres y en la historia de 
puebhts exóticos. Se desesi)eró en las soledailes 
sil)eriana--. experimentó todas las rarezas de la 
(iran Mogidia. ICstuvo entre los Osetas del valle 
del Cáucaso. Convivió con las grandes fami- 
lias semíticas: en el Líbano, en el Kurdistán. en 
la Siria, en la .Arabía v en las horribles soleda- 
des del Kt-Thy. 

Hurg(') en las tradiciones jajKinesas. en el amor 
de las *' shinzos " y de las " .sambú ' ". en los 
misterios de las costumbres... Kecorrió las cos- 
tas del Mar Rojo, del Mar Xegro. <lel Océano 
Indico... Los Dardanelos le ofrecieron la ra- 
reza de sus fortificaciones. ICl Bosforo lo aga- 
saió con las magnificencias de sus palacio-. 
Pernoctó una noche en el Tsernigan y al fin. con 
un paso más hacia Occidente, se halló (k nuevo 
t-n F.uropa. 

Otra vez en Pari^. niiilii'i la ¡nunlidad de su 
inmenso \ iajt.', \ rebeliU- su alma al tedio, rr- 
quirió de las religiones u\ si.creto de la dicha... 



SELECTA — 



iii 

liii.-có li's lilints sa^nidos; los W-ihis. i-I Tri- 
pitaka. (.1 Aiuijíuii y ul Xiicvo Tcstanu-iilu. Pasó 
vc'atlas febriles de investijíacióii ansiosa. Hojeó 
la historia de la Humanidad en la historia de 
MIS creencia-. . . ilrahnia, el dios de los indüs 
exilia lo imposible de una \ida ejemplar, para 
dar después de la muerte, el premio del **Svar- 
,i¿a " — Budha "reivindicaba i)ara los hom- 
bres el invariable destino de su común mise- 
ria" y daba como recompensa a una lari;a jor- 
nada lie sacrificios la annlacii'm del "Xirvana"'. 
Ka Mitolojíia ofrecía tan so!o a los hombres la 
Meta ultralerrena de! Olimpo. Moisés hablaba 
de un Dios omnipotente, rencoroso, amo y se- 
ñor de las acciones de tos hombres. fj:uardaditr de 
un "Cie'o'" en el (jue moraba la Suprema Di- 
cha, pero al cual no podía ile^arse sino despu<''> 
«le una vida de renunciamientos. V por último, 
el Cristo evocaba en su Sermón de la Montaña 
Iodos los fundamentos de las creencias primi- 
tivas, les d:;ba una forma al jju^to de la época, 
llamaba a los humildes, a los limidos y a lo-, 
riéhdes ; dábale al hombre' una existencia sin 
alejarías, pedíale en cambio el anuíamiento total 
de la personalidad y al fin prometía para los jus- 
tos, para los buenos, para lo-^ miserables, para 
los incapaces \ ]>ara los niñix. el Sumo Esparci- 
miento de! Paraíso. . . 

Las reliiíiones no ofrecen la b'elicidad sino 
para después de la Muerte. 

I*,n consecuencia nc valia la pena ser bueno... 

I\' 

b>Íi;t López abandonó deSe>perado el e->ludi<.' 
lie la-* reliííioTies. en 'as cua'e^ bu>có en vano 
el ansiadii secreto y jioniendo en tensión las 
ultima-i energías de su voluntad investi.iíadora. 
se lanzó i)()r la árida y 'artia pendiente de la 
-ocioloííía. 

; .-\caso los >!steina6 sociales modernos no da- 
'■ian la fórmula de la completa felicidad?... Si- 
,i:uió a través de la historia las evoluciones li- 
Í)ertarias de lo> pueblos... Tuvo la sensación de 
todas las rebeldía-... Contempló imaecina;i\ a- 
mente las extorsiones epilépticas de la humani- 
dad, perennemente condenada a buscar una diclia 
inaccesible... Fué avanzando en todos Itis con- 
ceptos audaces de diversos estados S(.)ciales. . . 
l.o deslumbó un in-lante la visión trágicamente 
>ul>]ime de la " C'>muna "... Meditó solire el 
estupendo sistema de Carlo> Marx... Lleiji') a las 
fantasías deslund>rantes de Hakounine. . . Cayi'i 
su mente cansada .--obre los esludios de Rechis... 
>' en la cúspide altísima de muchos sijílos de 
tliscusión. de reforma y iie anhelo humanos in- 
satisfechos, conteniólo muy abajo e! hormiiíuero 
humano, y >intetizó: 

— ['ara llegar a la t-jecuciim de estos hermosos 
-ueñ" •>. se necesita la realidad de un hombre 
nuevo. Kl actual es nioralnienle deforme: no 
>irve. . . 

; Kntonces: 

^ al ^o pe de e>la deliniti\a interro,i;acÍón. ca>Í 
se muere de angustia... 

Su alma tuvo un s()lilo(iuio supremo: — , .\o es 
digno ni capaz el hombre actual de alcanzar la 
realización del aforismo : ' ' l'.l individuo libre 
en la -ociedad libre"? — ;Xo!... 

;P'Mlrá modelarse de nuevo la conu'ni arcilla 
humana a las presiones evolutivas." — ¡ Xo!. .. 

; Poilrán ser radicalmente eficaces las revo- 
luciones? — ¡Xo!... ¿La vida llegará a no 
.'riginar-^e del dolor y del dolor no sustentarse? 
— ¡Xo!... ; X'ale la vida la pena de vivirla? — 
¡X"!... ; I'uede ser una (Lfinitiva obra de libe- 
!aci<')n suprimir to-Ui vitalidad sobre la tierra?... 
¡Si!... ¡Si!... 

^' Ji'lin López, cegado por el relám])ag!' de 
;n|uel colo>al exlerminio. lanzi') un grito de 
triunfo. 

L'n perrillo ipie >iem]ire estaba a lo- i»ies :1 ! 
millonario. >e azoró a! grito de ^u ame y ladr-'» 
con furia a un in\ isible peligro .. . 



Para externunar de un golpe a la I linnauidail. 
lolm Lóiiez v>tuvo (iiscurriendo más de un 
año... Lstudió indo^ los medios ile destrucción 
más eficaces, y ante la magnitud de la mortifer'i 
obra en i)royecto le resultaron juegos infanti- 
les. . . Pen-ó envenenar las aguas, y calculó (pie 
no había en el mundo suficientes veneno-... Ls- 
tudió iodo> hís explosivos, y las bomba- má- 
tMriiiiclable- le parecieron insignificantes i)etar- 
div-... Keimii'> a 1"S más temibles fabricante- de 
cañones, y le,- pidió uno (|ue pudiera destruir ciu- 
tlade< enteras en ¡meos miinito-... Ij's indu-lria- 
le- de la guerra -e tleclararon \encÍdo.-... 

; I\to es que aca-o e-a iiiíleslruclible la Hu- 



manidad .'.. . ¡ N pensar tpie >«.■ pone tanhi cui- 
dado en prolongar la vida a li>s enfermos, a lo- 
débiles y a 1" •- ancianos ! . . . 

Casi per-nailiílo al fin de que no enconiraria 
el modo de ejecutar su acto de nihilismo defi- 
nitivo. John Lójiez estaba un dia en su biblio- 
teca, tendido en un amplio sillón, la cabeza ave- 
jentada caída hacia atrás, vaga y triste la mi- 
rada... De pronto en un grui>o de libros del es- 
tante más alto, se produjo un extraño movimien- 
to... hlran libros insignificatites. . . Parecía (pie 
una mano invisib'e empujaba un tomo... ^' efec- 
tivamente, un libro elemental de física, resbaló de 
a estantería y ca\-o a los ¡>ies de John I,(')pez... 

Lo recogió John López y lo abrió al azar, ma- 
ipiinalmente . . . Xo se daba cuenta acabada de lo 
(|ue Iiacia... Le\ó después cuabpúer párrafo 
y ) or último una pa'abra técnica despert('> su 
interés ... La pa aiira era : electrólisis. . . lís- 
ludió de una ojeada el sencillo efecto químico 
de !a pila eléctrica, cuyas corrientes de diferentf,s 
polos descomponen el agua volviéndola a -us 
elenietilos di origen, y súbitamente, con viileiicia 
de Dios, cnni]ir.-ndió tpie al fin tenía en sus nn- 
n(.s el ined o suficientemente poderoso ]»ara oca- 
sionar la última catástrofe... La fórmula er.i 
se'ici' a : 

" Disconijioner con íorniÍda!)!es corrientes elec- 
tro! |utmit:as las a;.: ñas de! .-X'.lántico y cuando la 




aimi'isfera terrestre estuviera saturada de hi- 
drógeno, con una núnúseula chi-pa proví tcar el 
incendio de las enormes masas del inflamable 
gas y calcinar en un minuto con la espantable 
llama, lodo lo (¡ue sobre la tierra existía "... 

John López balda nacido en tierra sajona, y 
los sajones no sacrifican una iiúciativa impor- 
tante, al desaliento ele millones de incoineniente-. 

Tres años, des])ués del dia en (pie John López 
concibió su estupendo proyecto nihilista, a lo 
largo de las co-tas de la América del Sur y de 
-■\ frica se ele\'aban enormes usinas, dondj mi- 
llones de poderosas pilas, sistema Buiísen. espe- 
raban descargar en las aguas del océano a lo 
largo de múltiples cables hundidos en las ]iro- 
!' un di dad es insonrlables. una ci'rriente eléctrica 
capaz de fundir una montaña... John López 
habia dispue-to la- comunicaciones, de manera 
<pie desde -ii despacho, en Bahía Blanca, ¡lodia 
]>oner en actividad atpiella ciclópea balería... 

Durante tres años, millares de obreros traba- 
jaron en a(piellas obras (pie todos creían una 
soberbia locura, pues nadie imaginó su espantable 
finalidad; cientos de ingenieros electricistas des- 
entrañaron lo- intrincados problemas de las con- 
miit;iciones : y todos los diarios (\v\ mundo li:i- 
blaron de :i(piel gran demente (pie no (|ueiía 
explicar el objeto (11 t;ui fenomenal laborato- 
rio . . . 

Al fin. mi dia. J(»hn Li'>pez recii)i<') de lodos 
-US ingeiuero- eorres]ionsales. el telegrama úl- 
timo; "To(b) está pronl(t". 

Afpiel dia John Ló]iez tenni') haiier ex|»eri- 
n un I a do la -ensaci'''n de la absoluta íelici(íad , . . 
.Tener bajo su mano la vida de t(.idos los hom- 
bres, de Iodos los anímales y de todas las plan- 
la-!... Su alma rnferma reaccionó ai sentirse 
alma de uu Dios ... ^" John López se rió de 



I' ios y di- sus profetas, portpie a su \oI-nil;ul 
de hombre — miserable criatura atenaceada a to- 
das las debilidades orgánicas y morales — es- 
taba supeditada la vida creada po - Dios. , . L 
igualámlo^;- a Dios, podía a Dios lanzarle su 
postrera burla, convirtiendo en obra 'imnana la 
profetizarla obra divina del .\itocal:p-i^* ' . . . 
John López cre\ó eiilonces morir le orguP.o... 

VH 

l'ijí) un dia domingo para la gran Purifica- 
ción de la Tierra. \' como el calendario marcaba 
ui; martes, arribó a la conclusión de tpic aun 
tenia cinco días jior í'elante... 

Kl martes de noche desahogó un tanto >u or- 
gullo, al meditar ^i existía en el mund i mi ser 
digno de sobrevivir a! destructor ii^cemíio. 

Pensó en un sabio, en un artista, en un filó- 
sofo, en la mujer niá? hermosa, en c! hombre 
más fuerte, en los animales más grandes, en los 
seres más chicos, y al fin sólo consideró digno 
de (piedar con vida a su perrillo fiel... 

Mandó entonces construir a toda prisa i::i 
gran foso, lo hizo revestir de acero, elevó soI)re 
é! a manera de tai)a una enorme cúpula ii;fun- 
dih!e. dispuso en el interior de la camiiar.a ajia- 
ratos de apro\ isionamíento de aire atm(ísféric), 
ideó un mecanismo de relojería <pij cr plazo de 
iliez días abriría automáticamente la blindada 
tumba, y al estar todo listo cogió a su perro. 
bajó con él al foso, le indicó como pudo al 
anima i t() las cajas llenas de abundante comida, 
le ató después al cuello una de sus tarjetas de 
visita, le (lió un beso y !o dejó encerrado... 

J'.so ocurría un sábado, al dia siguiente era 
domingo, el postrer domingo del calendarii» cris- 
tiano. 

\'H 

.\ la salida del sol. John López ¡uiso en ac- 
tividad su máquina de muerte, lanzando a lo- 
misterios del mar su rayo electro'itico. . . 

La aurora era extraordinariamente bella. Ha- 
bia inusitada alegría en lodo lo creado... 

John López, munid'i de un poderoso anteojo. 
ob-ervaba a la distancia. Creyó notar s(d)re la 
su.perficie lran(|uila del c-céano un gran extre- 
nu'cimiento . . . 

Pero fué un instante: la calma volvió a rei- 
nar soberana. . . 

Sin embargo, a la hora comenzaron a no- 
tarse los primeros feninneiujs extraordinarÍ(ts : las 
aguas se reliraban rápidamente y la p"aya avan- 
zaba a medida (pie el mar se alejaba. . . La 
diafanidad de la atmósfera se enturbió... (iran- 
d.es masas de vapores surgieron del horizonte y 
-e arremolinaron amenazarloras. . . Una extraña 
sensación de ligereza, causada por el exceso de 
oxigeno, hacia reír a los hombres y brincar a 
los ainmales... Desiniés. la luz solar perdió -n 
brillo y una sombra gris envolvió a la tierra... 

A medio día. casi todo el fondo del mar es- 
taba descubierto, TCxt ranos y jama- imaginados 
monstruos se deb;ilian en medio a los bos(|ues 
submarinos en horribles y agónicas convulsio- 
nes... Las aves morían de pavor... 

Los luimanos, locos de insana alegría, habían 
]ierdido el instinto de conservación. . 

A las tres de la tarde, en la atmósfera se 
libraban espantosas luchas de gases... L'na es- 
jiecie de humo negro había borrado las leja- 
nías... Todos los seres agonizaban en un ex- 
ceso de vida. . . 

Mnlonces John Ló])ez ( ipie estaba protegido 
lior una escalandra jjara poder gozar ílel aire 
almosférico puro), decidió terminar de una vez... 

.Avanzó en medio de las furias de los e!emeu- 
los enloquecidos, dispuesto a producir, con la 
minúscula llama de un fósforo, el cataclismo 
más inconcebible. . , 

Miró hacia lo a'to ; sus ojos tuvieron una 
mirada de desprecio hacia todas las fuerzas ex- 
trahumanas: plegó sus lahi(ts con una sonrisa 
de sarcasmo i)ropia del Destino, y buscó en sus 
bolsillos la caja de cerillas... 

Primero fué una leve extrañeza. despué- un 
sobresalto, al fin un alarido de rabia... ¡Maldi- 
ción ! ¡John L"')pez no tenia fósforos !. . . 

Quizo correr para buscar una cajilla, pero en 
'upiel instante el vendaval lo arrojó contra el 
suelo. Después retumbó un trueno espant(PSo y 
en seguida cayó en cataratas una lluvia vivifi- 
cante. . . 

MI novelista en agraz. Paco Pérez, despertó... 

Habia -oñado '"su" novela fantástica, dur- 
miendo de bruces so!»re el escritorio... 

.\1 re-balar de la silla se dio un fenomenal po- 
rrazo, al tiempo (pie. volcando una jarra llena de 
agua, se puso heclu) una lástima... 

iinriíjuc Ci'i'Sü. 



SELECTA — 




Tl';i.\'I'..\ (le la vi-ndiniia. 

Alegría ruidosa <|ue da la laliür ciin- 
cliiida, la caricia ardiente del sol sen- 
tida dnraiue toda la jumada en rl rostro, 
en el ciier|:'0 : el jii.i;o de ki vid «generosa ab- 
sorbido de los tiranos sonrosados y crista- 
linos V de la ¡jroxiniidad (L- las vendimiado- 
ras, (jiie parecen bacantes al correr y saltar 
etitre las villas lujuriantes de verdor. 

b'.l an'or premie en los canii)esiiios sus 
cascabeles de locura. 1^1 amor en plena na- 
turaleza, fuera de las lineas (¡ne limitan las 
]>rácticas severas, más allá del bien y del 
mal : amor ijue surge de la naturaleza co;r.o 
una flor más, como mi avecilla, co ro una 
niarijiosa. como un reverdecer de praileras. 

Cantan los mozos v rien las ntozas. 

L II artista rt^istico suena el acordeón, qu,' 
en el atardecer lier;iiciso y en la i>az infi- 
nita de los cam])os v del cielo, tiene modu- 
laciones solenmes de órgano. 

Cuadro de égloga : conjunto amable (|U.- 
liroclania ima irresistible aleg.ia ile vivir: 
rebullir de ])asió:i i|ue atraviesa los cam|;()s 
en eclosión infinita : ola de a.iior (jue ])a- 




euenlran una acoj^iil.i amable. ]iori|ue en 
t(i(',o> lado,- 1;, vid.a i->lalla en flcn-es. ti; fru- 
to>. en gc-uia-. en beso-, en amor: .amor in- 
iinilo. inconmc■n^nrabl(■. (pie llega de lo ig- 
noto del esp.acio con la lla)na .ardiente del 
>(jI. (|ue brilla en las inm'i. lleras estrellas, 
ipie alravie-,i el esjjaniable v;ici(j cabal- 
g;ind(] en un r;i\(( de luz \ ]ior el rayo de 
luz se e-tablece comunión triunfal entre un 
mundo \- (itro mmido. ¡lorípie en todos ello- 
el a idr e- una soberbi.a verdad ejecutiva. 

Carcajad.a- de aiKjr. tan divinas en '..a 
b(jca de un;i niar(pie^a cono en la boca de 
una ca:i'pesina. realidad ab-olutamente i.gua- 
iit.iria. la i'nu'ea (|ue no ad-^ite discusión: 
carc:ii.adas ijue ennoblecen a todas las niu- 
iere-. (|.ie ,l t(((l,as eleva. (|Ue a todas lier- 
nio>ea : nás dulc (|Ue un;, n física divina de 
vidlines. u á- arrnllador.a rpie el susurro de 
la bris.i en el fo'laje. má.- tierna (pie una 
canci('in de niadre. má- seductora (pie un 
triunfo de cel.aj;- e:i lui atardecer d.' ])ri- 
n-avera . . . 

.M.arelia el grupo ]>or la caiujíiña de es;ne- 
raida. i:(^'.ii,' en c.ad.a in-ecto )(alpit:i un an- 




rece surgir de la tierra. por:pte llev.a luia 
iKJuda intenci('i:i de fecundidad en su rui- 
doso .avance. 

Los brazos establecen C()mii:ii(')n pcrfecl;i 
en el gru])o: lazo de unión tpie rematan las 
manos. ])ali)itantes de caricias, ardientes, 
con ini])nls(js de coiKpiista, casi de r(]b(i, con 
ansias de violencia, de asalto. 

Las manos dicen lo ipie gritan los ojos. 
(l(jnde las miradas centellean : dicen lo (pie 
la boca calla. ])or(pie los labios se estreme- 
cen al batir de las carcajadas o se contraen 
nerviosamente ensayando la inmens.i. la 
grandiosa, la triunfal ex])losión de un beso. 

l""n la calma ma.gestuosa del cre])úsculo, 
marcha el .grupo despertando con su est;i- 
llar de risas los ecos dormidos en el fondo 
de los barrancos, en los huecos de las cis- 
ternas, en, las lejanías imprecisas, brumo.sas 
con el vaho que se des])rende de la tierra, 
enardecida por la larga mirada ardiente del 
sol. 

Las lleva el eco de una a otra loni.a. de 
una a (jtr:t llanura. \ en todos lados eii- 




N'armol d,?I cscul'or Garclla 
propiedad del Dr. Caries A. Fcin 

-;:i intinil:i de vid.i. do:ide tnd(j e- .afir.i.a- 
eii]:i. donde t()d(j canta \' ríe. 

Lo- talles cimbreante- de las cam])esinas 
in\ii;in al .abrazo do:iun;idor de los labrie- 
go-. Lo- cu, líos torneados, .anhelantes, se 
oireceti libres v tersos en l,'i inconsciencia, 
en la locura ,i (pie ¡;is lleva la carcajada (pie 
provoca 1.1 tr;i<e |)icaresc;i. 

^ un -enti,i ieiito de \ id.i, de ])asión. do- 
mina ])oderosamente en el grupo, dando ca- 
lideces extrañas al blanco mármol... 

La farándula se aleja, se pierde en lon- 
t.ar.anz.a. se confunde con el lujuriante fo- 
llaje de las cepas. ^' aun de cuando en 
cuando el céfiro trae el nur.or de una car- 
cajada, o el nel;inc(Vico \' solemne sonido 
del ;icorde(')n. 

Se ocult.a el sol. Temeros;! la noche avan- 
za y en el silencio de l;i caiiiiiña restallante 
de \ida llegan de no se sabe dónde su])re- 
iiias y raras armonias. (pie parecen est.allar 
de besos. . . 

. Ili'iirv F.siiuiiid. 



— SELECTA — 




— SELECTA — 




N' O fué por la casualidad, esa hada ma- 
drina de reyezuelos, un tanto ciega 
V asaz veleidosa, que arrastra a sus 
proteííidos hasta las cumbres para dejarlos 
luego, en la mayoría de las veces, desplo- 
marse desde las alturas. Xo fué en el en- 
sueño de felices niccimientos ; ni bajo la 
enfermiza e.\altación de la neurosis; ni en 
el engaño corrector del fiero Segismundo ; 
ni bajo la presión de poética fantasía ; ni 
tam])Oco en la rueda afanosa que se es- 
trecha en torno del tapete, donde, provo- 
cando íntimos martirios, caen los naipes 
de las manos cautas, o donde, persiguiendo 
el jaque - mate, juegan las piezas de marfil. 
Xi fué en el imi)erio de las bambalinas 
donde el autor esgrime el arma de la cri- 
tica para destronar, con la farsa feliz, el 
defecto de arraigo entre tos hombres, o 
el (k-fectillo de circunstancias; ni en la otra 
comedia más ruda, y hasta soez, en la que. 
tras el escudo de la careta, con el acero de 
la risa o la contundencia de la fresca, se 
suelen sanear, atmque más a menudo enve- 
nenar, las vidas. 

l^arecerá utópico, pero a despecho de mi 
repiiblica y de mi credo ciudadano, yo fui 
rey. y mi reinado, real y legitimo, dilatado 
v magnífico, firme y lleno de amor, y ])or 
ende sin intrigas, zozobras ni conplicacio- 
nes. Ks que es el caso de que la vida guarda 
sor])re.sas inauditas de dulzura ])ara entre- 
mezclarlas a la mucha acerbitud que hay 
en su curso. 

Tara legitimar mi reinado no hay que re- 
currir a Za])icán ni a .-Xbayubá. (|ue el do- 
minador hisp'ano los arrolló en su ola, y 
luego, no .se transfusionó jamás su raza en 
la sangre de los míos. Tampoco en el abuelo 
hidalgo que dejara en el solar de su patri- 
u'onio arruinado, el pergamino v los es- 
cudos de su nobiliaria pro.sopopeva, pues 
que. en el nuevo asiento de su conquista 
aventurera, dio primacía, en su afán, al lus- 
tre del proficuo ca<lucco de .Mercurio; v 



menos en la rehabilitación que de aijuéllos 
pudiera haber hecho el hijo nativo, que se 
hizo ])rócer en dcfen.sa de un credo anta- 
gónico a la reyecía. 

Ajeno al traginar de la política que, al 
decir de Hugo, hace de un canto una bala 
como un general de un arenero, estuve siem- 
pre a cubierto de sus sorpresas e improvi- 
.saciones. Despectivo, por temperamento, de 
espectaciones y de honores: cursador d,- 
una vida casi cenobita, fué. sin embargo, 
nii reinado el más suntuo.so de los reinados. 
y desde su origen, fué tan dilatado como el 
■más amplio de los actuales, pues tres re- 
gias coronas orientales se coujuncionaron 
para formar la mía. y tres vastos dominios. 
l)ara formar el de mi ])ertenencia. 

Estábamos en visjieras del 6 de Enero, 
líntre mis brazos, inquieta, se a.gitaba mi 
traviesa muchachita que acababa de cum- 
plir dos primavenis. Rehacia a mis caricias, 
pugnaba por abandonar sus dulces rehenes, 
afanada por un muñeco que yacía en el 
suelo de la estancia. Vo trataba de retenerla, 
pero ella insistía en su abandono, agotando 
todos nu's recur.sos afectuo.sos. hasta que. 
t'avorecido por las circunstancias, tuve la 
feliz ocurrencia de narrarle la levenda ele 
los Reyes ]\lagos : y con ella con.segui de 
inmediato seducir a su almita que recién 
des];ertaba al mundo legendario. La aten- 
ción la dominó por completo : y en la quie- 
tud de sus pupilas se fué leyendo el des- 
lunibranu'ento. como luego, la intermitencia 
tanlía de su par|)adeo dejó adivinar el no- 
vedoso desfile de las visiones C|ue brotaban 
de su fantasía en ciernes. 

;,Y a mi. papito. me pondrán juguetes \- 
caramelos los Reyes en mis zapatos? — me 
interrogó con su media lengua. 

^' a esa consabida i)regunta .secular, con- 
téstele con la no menos consabida respuesta 
de todas las edades: Si. si eres buena. 

Con un afán (|ue acusab.i el (¡uerer reunir 
tdd.i la bondad imaginable, ;ifirmó resuelta- 
mente: \o soy buena. V ])ara más conven- 
cer, soy muy buena, agregó. 

Entonces, la dije, esta noche vendrán los 
Reyes a dejarte nmcb.as de bis cos;is que más 
le gustan. 



Ea noche llegó, v con ella, la hora de 
acostarse mi pe(|ueña soñadora. Obediente, 
co:no nunca, .se sometió a los cariño.sos man- 
datos. ])erü no sin antes colocar, en la puerta 
de la alcoba, sus moninos za])atitos que ])a- 
recian. en su (|uieta esi)ectativa, dos bocas 
lie pichones ])i(liendo juguetes y golosinas. 

¡Oh! (|neridas ilusiones de la infancia, 
ilii'inas inocencias, prodigiosas en fue/za 
perenne e indestructible, que vais flotando 
a través de las edades, como la es¡)uma so- 
bre las aguas encenegadas del torrente : 
o.-isis floridos de la vida, que guardáis el 
secreto más ])rodigioso que la fuente de 
Tuvencio. i>ucs f|u;'. irradiando, no dejáis 
nunca extinguirse al niño sublime en el alma 
il'-' hombre !. . . 

En el fondo de mi ser sonó, por pri- 
niera vez. la hora singular del jwdre rey. 
(|ue suena hace veinte siglos en el reloj de 
lo eterno, pero que yo no había .sentido. 
])orque no había sido posible que la sin- 
tiera hasta entonces. 

Tamas conquistador satisfecho, ni em])e- 
rador poderoso, sintió más honda su satis- 
facción V su ]XKler. ni jamás lo conmovió 
n^ás ternura en sus efemérides que la cpie 
envolvía todo mi ser en aquel momento en 
(Ule los bíblicos revés de Tharsis. de .Ara- 
bia v de Sabá fusionaban sus coronas, .sus 
cetros V sus mantos para investir mi feliz 
paternidad. Ea muñeca de ))orccdana. la 
caja de tacos, el arca de Xoé. los chocolates 
v los caramelos, eran, por el amor que los 
depositaba en los pequeños zanatitos, dones 
del soberano de Ormuz. de Ríznagar o de 
Colquide. 

Pero lo glorioso de mi imiíerio no estaba 
en el acto de mis dádivas, sino que me es- 
peraba en la felicidad de mi muchachita 
rubia, cuando al siguiente día. apenas dcs- 
jíierta. fué a recoger la re?ia ob'ación de los 
generosos Magos. Sus gritos, su júbilo, su 
za])ateo. su general alborozo, fueron him- 
nos de mi coronación, fueron a mi alma 
.sabros. campanas y victores. Es (|ue en 
aquel corazoncito residía el porqué de mi 
soberanía y en af|uella caliecita se reflejaba. 
a(|UÍlatándose. el prodigio de mi poder. 

Ea hora de aquélla um exaltación pasó, 
pero mi investidura ha seguido en su do- 
minio V su ])restigio. ¿Pues (iué. será im- 
perecedero mi reinado, como fué. v es. real 
V legítin-o. dilatado y masrnifico. firme v 
lleno de amor? Xo se divisa en su torncí 
ninguna anienaza. oero. es humano, v allá, 
en la leiam'a de su horizonte. ;iso:iia un;i 
nube informe. . . 

;E1 muñeco que yacía en el suelo de la 
estancia, sobre el riue triunfó mi relato de 
la levenda cristiana, encarnará algún día 
la deslumbrante y humana levenda del prín- 
cipe azul. y. vengador, vendrá a la recon- 
(|uista de lo f|Ue su))0 mi cariño arrebatarle : 
V. con su triunfadora presencia, vendrá a 
burlarse de mis nuevos intentos de seduc- 
toras narraciones?... 

Mi imaginación vaga ávida v peri)leja ¡kii 
lo indescifrable de la vida: y suspiro: si no 
es imperecedera en mí esta solx'ranía. es 
eterna en sí misma, como eterna es la risa 
de la divina Eulalia de que nos hnbia Darío. 

J. J . Ylla Moreno. 




— SELECTA 



(cr 



Sñn 



El abraco de 1 
os 




Es altamente iioiiroso para los puoblu.s del N'ucvo 
Continenle. i)ara nosotros, el contrasto que se 
ofrece a la consideración del reflexivo. 

Mientras en Europa, en el centro, en la fuente de la ci- 
vilización y de cultura, las colectividades se entregan a una 
obra espantable de muerte y destrucción, ahondando in- 
mensos surcos de furia y de venganza, de odio y de di- 
visión, cuanto más grande es el derramamiento de sangre, 
cuanto más se empeñan del otro lado del Atlántico en 
derrumbar todo el costosi» edificio elevado por la Ciencia, 
por la Razón y por la Justicia: aquí, en esta América nueva. 
fecunda y generosa, los pueblos se estrechan cada vez más 
en un abrazo leal de fraternidad, comprendiendo, ante la 
horrible experiencia ajena, que sólo el desvario puede en- 
genílrar el cb()que fratricida, que es la guerra. 

1.a visita (¡ue los marinos de la Unión realizan i)or las 
naciones del continente Sud. es como la materialización de 
un abrazo entre las dos Américas. hasta hoy demasiado 
alejadas, desconocida la una para la otra, sin intercambio 
intelectual y comercial, como si la América del Xorte 
estuviese a una cuádruple distancia de nosotros de lo que 
está Europa. 

Para beneficio de todos {y este es el anhelo ferviente de 
los quv han recibido cariñosa y espontáneamente a los ma- 
rinos), la unión pan - americana ha de ser ima realidad no 
socamente dijílotnática sino que también sellada y mantenida 
por el afecto de los pueblos y por la realidad de una alianza, 
((ue nt> -ea temible para una guerra. <iue jamás debe produ- 





El banquete oficial realizado en el magnifico salón del Parque Hotel 
en honor del Almirante Caperton. 



cirse, sino que fructifera, inmensamente fructífera, en la 
paz, en el orden, en el progreso y en la elevación cada vez 
mayor de la mentalidad general. 

Hemos agasajado a los huéspedes norteamericanos con 
toda la fran(jueza, con toda la espontaneidad, que surge na- 
turalmente de nuestra nobleza de raza. 

A nosotros no nos resta más que hacernos eco de esos 
agasajos publicando alguna- notas gráficas y desear ar- 
dientemente que la unión de los pueblos de América pueda 
ser un estímulo ])oderoso para la pacificación de Europa. 







Señoras: Ernestina Rodríguez de Riet Correa, Carmen 
Caumont Lenzi de Perrería, Regina T. de Rodríguez Sosa, 
Señoritas: María Blia y María Noel Riet Correa, Rosa Pe- 
rrería Correa, Clotilde Santayana y Manuela Sánchez Solari. 



Señoras: de Kadich y Uriarte de Costa Bri 
Señoritas de Kadich. 



— SELECTA — 





^ 



Soprano : Fanny Anítúa 



emporaoa linca 



ESTAMOS a pocos días de la iniciación de 
la breve s^an temporada lírica oficial que 
en el teatro Soüs. nuestro viejo y glo- 
rioso coliseo, realizará la compai-iia que los ein- 
presarios Da Rosa y Mocclii han traído este año 
— año nefasto ¡>ara las tournees — al Rio de 
la P:ata. 

Con una intuición que habla inuy bien del 
público montevideano, el abono para la tempo- 
rada lírica ha tenido el más grande de los éxi- 
tos. \' elogiamos esa intuición porque es nece- 
sario considerar las enormes dificultades que se 
presentan para traer compañías de Kuropa a 
.América, sí se desea apreciar en toda su imi)or- 
tancia el esfuerzo realizado por los em|>resarios 
Da Rosa y Mocchí. 

Xo tenemos por qué hablar de estas jiarticu- 
laridades de organización siguiendo un propósito 
de elogio. I,o hacemos, libres de toda intención 
secundaría, pues es justo, de alta justicia, se- 
ñalar a la consideración del público las circuns- 
tancias difíciles, casi insalvables en que deben 
formarse los elencos y embarcar luego a -os ele- 
mentos que los componen. 

En líem])os normales es enorme el trabajo que 
significa la formación de una compañía <le la 
importancia artística y numérica de la que nos 
ha (le visitar en breve. Juzgúese cuánto han de 
centuiilicarse esos esfuerzos, y se hará justicia a 
los activos y milagrosos empresarios Da Rosa 
y Mocchí sí se les reconoce lo que puede cali- 
ficarse de verdadera hazaña, irrealizable (no 
vacilamos en afirmarlo), si hubiera sido inten- 
tada por otros. 

A veces, con un poco de ligereza y con otro 
poco de incompetencia, no nos detenemos a 
considerar todos los inacabables requisitos y di- 
ficultades que hay que vencerse |iara reunir en 
el cartel unos cuantos nombres, famo.sos en el 
mundo del arte. 

Veamos im poco el elenco y detengámonos ante 
estos nombres : Caruso. Dalla Rízza. Vallin Par- 
do, Anítúa, Lafucnte, Journct, Crabbé. Hackett, 
Giraldoni y .Marínuzzi ; pensemos en lo que sig- 
r.ifica embarcar sesenta coristas, casi otros tan- 
tos ])rüfesores de orquesta, veinticuatro bailarí- 
nas, personal tle escena, y e'ementos complemen- 
tarios del e'enco en su parte principal, y compe- 
netrándonos bien de todo eso, confeseinos que 
la obra realizada es grande y que por ello me- 
recen la más alta consideración los empresarios 
que, en reconocimiento al favor <lel público, se 




lanzan a una aventura que antes de realizarla 
iodt)s creíamos descabellada e imposible. 

; ICs o no justo el elogio en im caso tan ex- 
cepcional, cuando el elogio se imi)ondria, por la 
bondad del elenco, en é]Hicas de i)erfecta nor- 
nialidad ? 

Por otra parte, el repertorio que se cantará 
en Solís y que com|)rende los diez espectáculos 
de abono, evidencia el lino artístico de los que 
lian inter\enído en esa composición y el cono- 
cimiento de los gustos y preferencias de nuestro 
iniblico. 

Tenilremos cuatro estrenos; cuatro obras que 
han ocupado en Europa la atención de la más 
alta crítica. Son ellas "La Rondine ' ' de Pucci- 
in. " LEtranger"' de D'Indy. "Marouff" de 
Rabaud \ " Lodoletta " de Nlascagni. 

liemos leído las im])resit)nes criticas que los 
estrenos de estas obras han sugerido a los prin- 
cipales diarios i>orteños y en verdad que con 
esas novedades tendremos cuatro noches <le e.x- 
ipiisito arte, por la im])ortancia musical de las 
obras, por los artistas que han de intervenir en 
su ejecución y ]>or la magnificencia del decorado 
con que serán llevadas a escena. 

I, as siete óperas que han de completar los pro- 
.¡¿ramas de las diez funciones, reúnen en sí toda 
una completa variedad en las distintas manifesta- 
ciones artísticas más aceptadas por el público: 
"'Tristán e Isolda" de \\'agner. "II cavallíere 
della Rosa" de Strauss, "Siberia" de Giordano. 
l-"lixir d'.Amore" de Donizetti. "Paglíaccí" de 
l.eoncaxallo. " Dinorah " de Me\erbeer. y 
"Werther" de Massenet. 

Xo cabe reparo alguno en este conjunto de 
ó])eras. seleccionadas con exquisita orientación 
moderna de arte musical y confiadas a íntér- 
jiretes tan notables como los que hemos enun- 
ciado. 

Olvidemos por un instante que Europa está 
convulsionada, que navegar es hoy tan peligroso 
como entrar en batalla, pensemos serenamente 
en la importancia indiscutible de los progranras 
cjue se nos ofrecerán en las diez funciones v 
arribemos a la conclusión de que estamos ante un 
verdarlero milagro, que los i)úblicos <lel Río de 
la Plata deben al geTn<j mágico de Da Rosa y 
-Mocchí. 

Colaborador eficaz en lo que al éxito indiscu- 
tible del abono se refiere, ha sido el señor J. 
Tuffanelli. hombre de una actividad extraordi- 
naria y de una reconocida caballerosidad. 



Tenor! Carlos Hackett 



— SELECTA — 



OOO 3 DC OOOOOOC OCVC OOOOOOOO OOOOOOOOODOOOC oooooooooocoooooooo 




oo- jOOoooocxíoooooo oo:;aoQQOcooooGooooooGooooooocoooocccoc cocol 



(BARIAS 

Femeninas 



L-na enseñanza racional de la confección. 
El verdadero feminismo. 
Nuestras jóvenes madres. 



Trajes y sombreros, mantillas y tocados, en- 
cajes y joyas, concurren artísticamente al ata- 
vío de la escultura humana en el cuerpo feme- 
nino, y son en nuestros tiempos preocupación 
continua de la sociedad que se precia de ele- 
gante. Pero de esta general adoración a la dio- 
sa Moda se han aprovechado sus sacerdotes y 
sacerdotisas, o sean los modistos y costureras, 
para encarecer las labores de tal suerte y mul- 
tiplicar los modelos y novedades con tan des- 
mesurada profusión, que en las casas de fami- 
lia resulta el vestir más espinoso problema que 
el comer, no obstante la carestía de las subsis- 
tencias. La cuenta de la modista es acaso la 
partida más cuantiosa del presupuesto domés- 
tico. La costura ha llegado a ser por sucesivos 
refinamientos un arte difícil, cuya profesión mo- 
nopolizan manos adiestradas pacientemente en 
la e'aboración y hechura de esas maravillas de 
indumentaria cuyo coste supera, en los casos de 
mayor riqueza suntuaria, al de dilatadas fincas 
rústicas. Con lo que hoy lleva puesto una actriz 
de renombre al salir a escena en noche de es- 
treno cuando la obra es de circunstancias, ha- 
bría para costear la educación de diez niños 
abandonados, o para meter en redil a otras tantas 
ovejas descarriadas. 

No por esto hemos de arremeter inconsidera- 
damente contra el lujo femenino, que a multitud 
de industrias alimenta y pone pan en muchas 
bocas, pero sí conviene aconsejar a las madres de 
familia que al educar a sus hijas no pospongan 
la enseñanzan de la costura y el manejo de la 
tijera a otros conocimientos más bien superfluos 
que necesarios y no tan útiles en la vida. Se acerca 
el día en que toda mujer bien educada elaborará 
con sus propias manos las prendas de sus tra- 
jes, sin tener a desdoro la costura, como en los 



tiempos heroicos no se avergonzaban las prince- 
sas, las reinas y aun las mismas semidiosas de 
hilar y tejer con sus delicados dedos los finísimos 
lienzos que habían de subrayar los contornos de 
su gallardo cuerpo. A la divulgación del arte 
de la costura han contribuido poderosamente en 
estos últimos tiempos los diversos sistemas de 
corte, que relegaron al olvido el i)atrón de nues- 
tras antepasadas y dieron fundamento científico, 
entre geométrico y anatómico, al manejo de la 
tijera modisteril. Pero no bastaban estos mejo- 
ras para domiciliar. ¡)or decirlo asi. el arte de la 
costura y arrancarlo <le manos de sus actuales 
monopohzadores, sino que era preciso metodizar 
su enseñanza, con el necesario acierto para que 
todas las jóvenes pudieran igualmente recibirla. 
Kn Bel lín. a ejemplo de las escuelas de dibujo 
y pintura, en (jue los modelos de carne viva han 
substituido ventajosamente a las antiguas lámi- 
nas, se ha fmidado una escuela de corte y he- 
chura de vestidos femeninos, con la curiosa nove- 
dad de que las alumnas tienen a la vista un mo- 
delo vivo para practicarse en la disposición y 
caída de los trajes, de suerte que, sin necesidad de 
patn>nes ni figurities pueden inventar por si mis- 
mas nuevas modas, adaptadas con fundamento 
científico a las líneas del cuerpo femenino. Se- 
guramente que con tan racional procedimiento ga- 
nará la verdadera elegancia todo cuanto pierda 
la fantasía extravagante, y las alumnas de la 
nueva escuela no neee>itarán recurrir a la ha- 
bilidad ajena para engalanarse honestamente con 
atavíos cuyo buen gusto en nada desmerezca del 
parisiense. 

Kste es el sano y provechoso femiiii>mo que 
proporciona a la mujer más poderosos medios 
de asegurar y embellecer la vida apacib'e del 
hogar, en donde se asienta su inconmovible 
trono de esposa y madre, aunque no todas las 
mujeres tienen vocación ni oportunidad de entre- 
garse exclu'^ivamente a la vida de familia que, 
por otra parte, no es incompatible con el ejer- 
cicio de las profesiones sociales. Pero cuando 
se exagera el noble propósito de mejorar la con- 
dición femenina y se extravía hasta convertirse 
en lucha, desaparecen el encanto, la simpatía y el 
respeto que en modo alguno puede inspirar la 
mujer adustamente masculinizada a quienes con 
ella conviven. 



Poco a poco va oonquistantbí nia\'or número de 
entendimientos \- voluntatles aí|uel sano femi- 
nismo que, sin confundir las naturales atribu- 
ciones de sexos en que está desdoblada la espe- 
cie humana, anhela para la mujer un más anchu- 
roso campo de actividad en donde pueda des- 
plegar sus hasta ahora latentes energías. 

Porcpie si por una liarte pecan de utopistas 
(;uicnes. con injusto mtnosi)reciü de las leyes 
iiaiurales, abogan por ¡a igualdad abso.uta de 
la mujer y el hombre en los órdenes político, 
social y económico, por otra parte conic-cen 
un verdadero delito de lesa hunianidad los que 
niegan a la nuijer toda aptitud para la vida 
colectiva de pueblos y naciones, y la recluyen 
casi monásticamente eii el hogar uoniéstico. 

Sin duda que la primera y más augusta fun- 
ción de la mujer es la de madre de familia y ama 
y alma de casa, pues sin mujer hacendosa y 
diligente no es posdile familia armónica ni ho- 
gar feliz ; pero antes de ceñirse la corona de la 
maternidad y de empuñar el cetro de la mo- 
narquía doméstica, necesita la mujer soltera nu- 
trirse de cuantos elementos sociales puedan con- 
currir a la formación de su carácter, el desper- 
tamiento de su inteligencia y el afianzado de 
su voluntad, entregándose a tieportes convenien- 
tes al desarrollo físico, a estudios adecuados a 
su educación intelectual y a experiencias prove- 
chosas para su progreso moral. La vida de so- 
ciedad ha de alternarse durante el período edu- 
cativo con la vida doméstica, de suerte que la 
nnsma habilidad y destreza adquiera la mujer en 
el manejo de la aguja y la tijera que en el de 
la pluma y la vilorta. Kl famoso aforismo de 
Juvenal: Mcns sana iu córporc sano, ha de tener 
más cumplica aplicación en la mujer que en el 
hombre, pues, al fin y al cabo, troquel y tur- 
quesa del hombre es la mujer su madre. 

En las clases acomodadas de la sociedad que 
no han de preocuparse ni ocuparse en subvenir 
al mantenimiento de la vida física, ya de suyo 
asegurada ptjr bienes de fortuna, ei mucho más 
fácil dar a la mujer educación de conformidad 
con su naturaleza psíquica y sti destino social, 
siempre que la materia primera, es decir, las 
condiciones éticas, se presten a la pedagógica 
labor que sobre ella se ejerza, pu.s de lo con- 
trarío, cuando la índole psicológica rechaza toda 
modificación constructiva del carácter, tanto 



monta nacer en dorada cuna como en misera- 
ble regazo. 

Admirable ejemplo de esta rara coincidencia 
de la virtud congénita con la fortuna heredada, 
nos ofrece en su vida intima la reina de España, 
doña Victoria Eugenia, por cuyas arterías circula 
la sangre de los sajones mezclada a la de los 
austeros anglos. La augusta esposa de don Al- 
fonso XIII pone todas sus complacencias en la 
educación y crianza de los tres hijos con que el 
cielo ha bendecido su enlace, sin dar a esta 
meritoria obra mayor alcance que el del estricto 
cumplimiento de los deberes de la maternidad, 
más sagrados y difíciles, si no tan ostentosos y 
brillantes como los de la realeza. 

La majestad real ha de aparecer fastuosa y 
niagnificiente a los ojos del ¡nieblo. que cegado 
por el brillo de la corte y el esplendor de las 
fiestas palatinas, imagina que la individual ac- 
tividad de los reyes r.o alcanza más allá del 
salón del trono o del comedor de gala. Pero 
cuando desfilan los cortesanos y se recoge la 
servidumbre y se apaga el último rumor pala- 
ciego, se desciñen los reyes la corítua y se trans- 
mutan en apacibles ciudadanos que también tie- 
nen corazón y nervios, sangre y alma, sentimien- 
tos y afecciones, alegrías y penas domésticas. 
En las horas de serena quietud y recóndita in- 
timidad, la reina Victoria Eugenia es ama de 
casa, alma de su hogar, madre amantísima de 
sus hijos, y en el cumplimiento de tan elevados 
deberes no admite colaboradores ni tolera des- 
mayos. La reina de España es subdita de sus 
obligaciones familiares, y en recompensa de la 
solicitud con que al cuidado de su hogar atiende 
incesantemente, ve gozosa crecer a sus tres hijos 
como venturosas esperanzas, que cada día dan un 
nuevo paso en el camino por donde se dirigen 
a la realización de sus personales destinos. 



Kn la intima reunión, como en el i)aseo o el 
entreacto, se comenta con un criterio anticuado, 
la actividad social de nuestras señoras jóvenes. 
Opiniones equívocas — más que mal inten- 
cionadas — sostienen, que descuidan sus hoga- 
res, las jóvenes madres que se distraen. 

Xo conciben que las noveles dueñas de casa 
cultiven el espíritu sin descuidar las atenciones 
domésticas :. ni ]>erdonan que rindan culto a la 
elegancia sin tacharlas de coquetas... 

Este comentario rutinario e inconscientemente 
ofensivo, es como una telaraña- que va envol- 
viendo dignisimos apellidos y que va toman<lo el 
carácter de lacra social. En nuestro ambiente 
abundan las madrecitas ejemplares, que saben 
tanto de arte como de cuestiones domésticas e 
infantiles. 

Es injustamente afrentoso ensañarse en la 
critica a las señoras activas, que buscan en un 
rato de solaz, nuevos bríos liara afrontar las di- 
versas dificultades que trae consigo el manejo 
de un hogar. 

Nadie gana, con más derecho, un rato de es- 
parcimiento espiritual que las jóvenes madres, 
(pie se pasan la mayor parte del día oyendo llo- 
rar a un hijito o viendo caer a otro! 

Seguramente mientras en rueda de espíritus 
ociosos, las censuran, ellas están con el sentido 
al alimento de uno o a la hora del colegio de 
oiro- 

,:Qué tiene, pues, de criticable, que una labo- 
riosa dueña de casa alterne sus quehaceres do- 
mésticos con el teatro, el cine o la reunión? 

Esa tensión nerviosa de su múltiple tarea dia- 
ria, reclama el sedante de una distracción dis- 
tinta y confortadora. 

No es menos madre la que matiza sus horas 
con diversiones, que la que por temor al "qué 
dirán" descuida su elegancia, suprime sus sali- 
das y pasa — hasta con detrimento de su salud 
— en el ma\or aislamiento, los mejores años de 
su vida. 

Las madres modernas no pierden en celo mater- 
nal lo que ganan en espiritualidad y sociabilidad, 
al distraerse moderadamente en fiestas y paseos, 
-actualmente, cuenta nuestra sociedad con un 
grupo encantador de jóvenes señoras, que sin 
l)erder en lo más mínimo la exquisita espiritua- 
lidad — que fuera encanto de los salones, al 
pre.sentarse en sociedad — son competentísimas 
educadoras de sus pequeñuelos, que ostentan con 
legítimo orgullo por las playas y paseos. 

En su triple tarea de esposas meritísimas, de 
celosísimas madres y de cultoras de la sociabi- 
lidad, merecen que la anticuada censura a sus 
frecuentes diversiones, se torne en panegírico 
ferviente a su compleja y exquisita modalidad de 
mujeres, bien femenina. 



— SELECTA — 



CUMPLIENDO mieslro 
]>ro])ósito de recordar 
las efemérides más 
culminantes y los natalicios 
de los jefes de Kstado con los 
cuales nuestro ]jais se halla 
en buenas relaciones, damos 
en este número una nota del 
I'.mperador Carlos 1 <le Aus- 
tria. 

Tal hctros hecho, en la 
misma oportunidad, con el 
Rey de Inglaterra Jorge \'. 
con el Rey de Kspaña Al- 
fonso Xlll, con la efeniéridc 
del 25 de Mayo. etc.. fechas 
todas estas establecidas en 
las fiestas oficiales de nues- 
tra cancillería. 

l'".n bien abrumadoras cir- 
cmistancias le cu])o a Carlos 
i sentarse en el trono dual. 
IJificilmente se ha de encon- 
trar en la historia, el nom- 
bre de im princii)e elevado a 
la categoría de Kniperador v 
Rey en momentos tan bo- 
rrascosos, ante un problema 
tan intrincado, como el que 
ha tenido ipie afroitar el 
nuevo soberano. 

Sean cuales fueren los ín- 
timos sentires del joven em- 
perador, es leal reconocer que 
ante la horrenda hecatombe 
en (|iie .■-.■ debate su pueblo, su 
ahua ha de .sentirse honda- 
mente afectada. ])orque. aún 
!ioy con una actitud bélica, fué ajena su 
personalidad a la iniciaciéjn <le la guerra. 

FJ pueblo austro - húngaro es laborioso, 
es enii)ren(ledor. suma ima enorm.- can- 
lidpíl de energías bien fructificantes en el 
terreno de la civilización. 

; Cómo no es dable anhelar fervientemente 




solidarizado 



situación tan es])anto.sa cese lo antes |)()si- 
ble. en bien del numdo. en bien del onlcn. 
de las ciencias, de las artes, de los |)rinci- 
jiios democráticos, de la educación de los 
es])iritus. jiuestos en inminente jieligro de 
naufragar, en una desviación de los senti- 
mientos, batidos por todos los vientos de 
las malas jiasiones. habituados a una cruel- 
la terminación de la espanto.sa lucha, si ñor- dad v a una dureza de alma que jiuede .ser 
malizada la vida en 
esas naciones ])uede 
nuevamente la Hu- 
uianidad aguardar 
los magníficos resul- 
tados del esfuerzo v 
del estudio de colec- 
tividades tan acti- 
vas, tan admirable- 
mente aptas ])ara en- 
caminar a las socie- 
dades humanas en 
nn sendero de paz 
armoniosa e ideal ? 
^'a lo hemos dicho 
aiUes v lo repetimos 
ahora : llagamos los 
votos más fervien- 
tes, más sinceros, 
más de lo íntimo de 
nuestra buena vo- 




intad, para que una 



El Parlamento de Viena 



f.ilal i>ara todas las conquis- 
tas hechas jxir la ¡jíedad. 

La fatalidad, la más tre- 
menda fatalidad, ha provoca- 
do este cataclismo horrible, la 
más enornre lucha (pie han 
|)resenciado los siglos. Que 
sean las mismas fuerzas cie- 
gas las (jue se tornen en fa- 
vor <le la ]iaz. del encauce de 
las actividades todas en los 
órdenes del jirogreso y de la 
civilización. 

Es esa una nueva aurora 
ipie aguardan anhelantes los 
pueblos todos de la tierra. Es 
una vuelta al desarrollo nor- 
mal de las relaciones hu-ua- 
iias. l-> la salud desiniés de 
la tremenda locura en que se 
ha debatido y se debate aún 
el espíritu humano, en un mo- 
mento de la historia (pie ha 
de (juedar. a través de los si- 
glos, como una imlxirrable. 
inmensa mancha de sangre. 

Del optiniisnio de la ju- 
ventu.l en los jefes de las 
colectividades hoy eu lucha 
espantosa, cabe esiierar esa 
aurora de bonanza a que an- 
tes nos heñios referido. 

^" entre esos iKjmbres jó- 
venes bien puede estar el 
nuevo ICmiJerador. 

No es ])osible (pie pueblos 
tan viriles, que tanto han 
honrado a la Humanidad con la imposición 
de sus altas mentalidades y con las con(piis- 
tas inmensas en el terreno de las artes, de 
la ciencia v de la industria, no es posible, 
repetimos, (¡ue ])er(lure este vértigo de des- 
trucción (jue horroriza a todos los que. con 
dolor infinito, presenciamos la cruenta 
lucha. 

l'n punto de reflexión ha de volver todo 
a su cauce ; un pun- 
to de ¡liedad ha de 
llevar hasta el fondo 
de todos los corazo- 
nes el repudio ]>or 
I(js actos de violencia 
(jue nos parecen fan- 
tásticas invenciones 
de un espíritu inor- 
bo.so. V entonces, en 
el su])remo momento 
del arrepentimiento, 
en el instante solem- 
ne en que se inicie 
la aur(jra de la ])az. 
(juizá en el alma hu- 
mana l)enetre un ra- 
vo de alta sabídurííi. 
y decrete, en pacto 
de tniívers.'i! amor. 
(|U0 esta guerra será 
la última guerra ! 




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n 



He aquí una de las más altas personificaciones 
femeninas de aquello época mil ueces gloriosa, 
que nuestros patriotas iluminaron con los des- 
tellos de su hidalguia y de su fortaleza de carácter. 
La señora Obes de ñluarez reunió todas las más 
bellas uirtudes, que son aureolo en la mujer. Y 6i 
reinó en bu hogar y en los salones, tuuo también 
la honro de desempeñar una misión ante el go- 
bierno del Emperador Pedro I, misión que le con- 
fiara nuestro gobierno sabiéndola dotada de una 
preclara Inteligencia y una exquisita sociabilidad. 
Del éxito de su gestión ante la corte de Río Janeiro, 
dieron fe las solemnidades brillantes con que fuera 
recibida. Fué esposa del Ilustre ciudadano Don Julián 
ñluarez. 



FONT V STARICCO 

EL BAZARCITO y BAZAR COLÓN 




ANEXOS 

AL. 

BAZAR COLÓN 




SECCIÓN BaZaR 




ANEXOS 

AL. 

BAZAR COLÓN 



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SECCIÓN Baza R < Planta baja 



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DIRECTOR: JUAN CARLOS GARZÓN 



MONTEVIDEO, SETIEMBRE DE 1917. 



ANO I - NÚM. 5 



tosas aulas 




primera Universidad que tuvo el país 




Pino que fué plantado en el local de la calle Sarandí y Maciel 
por los primeros universitarios. 



LCJS rL-cit)s niuriis. vt-rdaduras íorlaitv.as ispañolas. ilc 
cuya resistencia pueden dar fe algunos edificios que 
aún se conservan en pie y entre los cuales delie ci- 
tarse primero el antiguo Cabildo, lioy Cuerpo Legislativo: ios 
recios muros, decimos, que se elevan en la esquina de Sa- 
randí y Maciel. cobijaron en sus orígenes a un convento. 
l''ueron los coloniales " Kjercicios ". 

.\un hoy se pueden observar, cu las casi ruinas, la distri- 
bución de los cuerpos principales del edificio dedicado al 
culto y a residencia de los monjes, 

l.a nave de la que fué iglesia no tiene el techo de bó\eda 
que ostentó en aquellos felices tiempos. ])ero se nota ])erfec- 
tamente el sitio donde se asentó el altar mayor. los lienzos 
de pared donde tuvieron ubicaci<')n los altares sui>lemeuta- 
rios. el coro, sobre la jiuerta de entrada que daba a la calle 
(que hoy se denomina Sarandí), la puerta lateral del baptis- 
terio, etc. Hl piso de la iglesia es de legítimo mosaico, y a 
pesar de las injurias del tiempo y del abandono absoluto 
en que ese local se encontró durante muchos años, los bal- 
dosines, que forman bonitos diinijos, se conser\'an en muy 
buen estado. 

Cuando el edificio dej(') íle pertenecer a la comunidad reli- 
giosa que lo ocui)ai)a. se destinó a Universidad. Kn un salón 
lateral a la iglesia se estableció una especie de anfiteatro, 
donde han obtenido sus títulos de médicos y de abogados 
los compatriotas más ilustres, todos los que han pertenecido 
a la generaciini gloriosa i)osterior a la Independencia, 

ICse salón, que debiera considerarse como tina verdadera 
reliquia histórica, se conser\a ai'm tal com(j en aquellos días 
de trabajo intenso. 

l'',l anfiteatro lo constituye una serie de escaños de madera 
en forma de semicírculo. \\n el centro principal se halla 

la tarima sobre la cual se 
encontraba la mesa y los si- 
llones que se destinaban a 
las autoridades universita- 
rias. VA abandono en que 
se halló todo el edificio du- 
rante mucho tiempo ha car- 
comido las tablas y abierto 
grietas en el piso. Pero aun 
es tiempo de dedicarle a 
esas reliquias un poco de 
atención y ponerlas en con- 
diciones de que se conser- 
ven tal como están ante 
las generaciones venideras, 
que las han de contemplar 
con verdadero amor y res- 
))eto, por lo que ellas sig- 
nifican en la historia inte- 
lectual y científica del país, 
lín el patio, que pertene- 
ció entonces a la i)rimera 
Universidad de la Kepiibli- 
ca. se eleva un enorme ])in(j. 
Fué plantado por aquellos 
universitarios y salvado en 
sus primeros años de cre- 
cimiento, durante un furio- 
so temporal que amenazo 
arrancarlo de raíz, por el in- 
signe periodista, ilustre re- 
presentante de aquellas 
épocas admirables, señor 
Dermidio De María. 

Todas estas venerables 
cosas se hallaban ¡joco menos que sepultadas en una ver- 
dadera montaña de tierra y residuos. Hubiera desaparecido 
todo comido por el tiempo. 

VA qtie se salvaran y hoy se hallen colocadas en su sitio 
bist<')rico ofreciendo a las generaciones ji'tvenes im ejemi)lo 
hermoso, se debe al esfuerzo generoso e inteligente del dis- 
tinguido escultor compatriota, don Luis Cantil. 

Cuando el señor Cantil, por encargo del (iobierno. instab'i 
en ese liistórico edificio su F.scuela de ICscultura. salvó de 
una segura y absoluta destruccii'ui a esos objetos, muy dig- 
nos por cierto de que se les hubiera cuidado con más dedi- 
cación. 

Merece el señor Cantú el reconocimiento de todos y el 
I'.stado haría obra buena dedicando a la conservación de 
todo eso la mayor atención, con el complemento de destinar 
el local que ocupa el Instituto de Higiene a un Museo 
Colonial, nara el cual tanto material sumamente valioso 
existe en Montevideo. 



— SELECTA — 




.MITREyLAMM 

ANECDftTA 



Moiitcvidcu. I'ebrLTíi j8 lic n>i/. 
Scfi-'T <K>ct"r (it>n Ricardo Giiiilo KavuKe. 
HiR-iios Aires. 

Miichisinio ík- aiíradcciilo d cjt.':iii)lar <k- su 
interesante libro sobre el jíeiieral Guido, a pro- 
musito de! Paso de los .\ndes. La obra (U- usted 
es la más ojiortuna contril)ución ([ue un nieto 
de tan ilustre procer podia ofrecer a la solem- 
nización del glorioso centenario de la épica em- 
presa. (|ue. con la liberación de Chile y (hd Peni, 
ase.iiiiró el triunfo de la inde]>cndencia ameri- 
cana. 

\o ni» telt.uo ahora condiciones i)ara escribir; 
— ni tieiniH}. ni salud. 

.•\lgiiiias (le las páginas de su libro lian desper- 
tado niá-s de un pensamiento relacionado con mi 
aiiligna amistad con los Guido, ((ue usted ha 
evocado amablemente al enviármelo. 

Otras cosas son resultado de una edad <juc \a 
va alcanzando lejanias de ver<la:lera .senectud. 

Sus referencias a im]iresiones del genera! Mi- 
tre y de don .Andrés Lamas sobre el general 
(lUÍdo. han tenido la curiosa virtud tle devolverme 
a alguna escena <!e hace más de medio siglo. — 
cuantío, es verdad, casi un niño, cabíame el ho- 
nor de estar incorporado a la misión diplomática 
ipie con carácter de .Agente Confidencial <lesem- 
pei'iaba el sei'ior Lamas en Buenos .Aires. 

l-as relaciones de Lamas y Mitre, casi frater- 
nales en su juventud y en el sitio de Montevideo, 
> algunos de sus accidentes ulteriores, como ex- 
1 uestüs en forma cáustica por -Alberdi ("Bel- 
grano y sus historiadores"), pueden decirse no- 
tonas. — y tal vez siempre estuvieron accidenta- 
das por alternativas de sincero afecto, y do as- 
tutas duplicidades, tan fina como in;|ncbrantable- 
meiite sostenidas de parte a parte. 

Creo |M)der decir que en la ocasión a ipte aludo, 
lanías acababa de ser victima de un singular 
ardid de Mitre. 

Se habia jugado mía partida verdiideramente 
trascendental, en la (|ne las miras de la política 
interna de Mitre. (|uedaroii satisfechas en sus 
proyecciones internacionales con la conquista de 
la deferencia del límperador del Brasil. (|ue jiasó 
integramente de la cordialidad de -Montevideo. 
a la intimidad con Buenos .\ires. — de donde e! 
origen \ la base de las inteligencia^ (|ue habiaii 
de culminar oportunamente en la consiiniación 
de la obra cmiireudida con l-'lores en el listado 
Orienta!, y la triple alianza y la destrucción del 
Paraguay. 

Lamas no había (¡iierido. ni pensado ir al'á, v, 
cimio es natural, su mal humor era profundo. 

Xo obstante su gran talento, a Lamas le habia 
tocado, pues, la desventaja. 

Mitre era dueño de su juego, teniendo en su 
mano ¡os resortes de su autoridad absoluta en lo 
<|ue a él toca!)a al tratar de conquistar, para si, 
o para sus jilanes. las gracias del Emperador. 
Lamas las quería para el Gobierno de Berro, bien 




&^Jkmi((MMm 






({Ut.'. en vt-rdad. esto luibÍLTa si^nilicadn u! so- 
metiiiiÍL'nto di- Ilcrro al l-jiipcradcr (¡cuánto va- 
lor para llamas!), cosa (|iu' lícrro ii;i (|uiso. co¡i 
lo (lUf, cii resumen. i|UL'dó p.-rdido el csfuerz.» del 
que no tenia niás autoridad (|ue la tiue su (mí- 
hierno !e diera. 

Su mal iunnor t ué profundo. 

l'jitre tanto, el representante brasilero ipie en 
aquel lio habia intervenidí». y (pie. jior su parte, 
era el \ erdadero \encedur. el señor l.oureiro, 
Ministro (pie debia regresar a Montevideo, no 
podia dejar de dar el scTo propio de una cam- 
paña diplomática de afpu'l gt-nero. con el inevi- 
table complemento de su bauípiete de despedida 
al partir de Btieiios Aires. 




General Don Tomás Guido 

l'".l señor l.oureiro brinih'». como era ile rigor. 
a la saluil de Su I\xcelencia el señor líeneral don 
llarlolomé Mitre. Presidente de la República 
.Xrnentina. 

\'\ .general Mi'.re brindó en se.n'uiíla por Su 
Maje-'lad el lüuperador del llra>il... extendién- 
dose lue^n) en una be'Ia apología de la influen- 
cia europea sobre la civilización y la.s prosperi- 
dades americanas. 

b'.ra decano <le! cuerpo diplomático el Ministro 
(k l'Vancia. Monsieur J.,efé'vre tic Becour. y locó 
a éste corresponíler a aquella oficiosa galantería 
con el viejo mundo, lo tpie verificó baciendo notar 
que sólo ])(ir circunstancias ineludibles podia ex- 
cepcionabuente sentirse en otra forma que la de 
la benevolencia la acción europea en las rcpú- 
blica> de América (por aqucdlos momentos los 




ejércitos franceses nos atronaban con su es- 
truendo en la tierra mejicana, lín la Catedral de 
Huenos- Aires se bacía el funeral por la caida 
de Puebla), don Andrés Lamas bal)ía enfundado 
el discurso que como un Himno a la paz Tevara 
preparado para el banquete -- cuyo ambiente no 
le pareció propicio para lo (pie habría tpierido (pie 
fuese un desquite de la derrota (|ue en todo 
atpiello había sufrido. 

.Al ilia siguiente se desípiilaba en diálogo con 
su Secretario. 

ICl señor Lamas no habia dejado impune aque- 
lla actitud del Presidente argentino (|ne. en tales 
monieníos de dolor e indignación de los i)ueblos 
de América. prt)])orcionaba a! rei)resentante tle 
N'apoleón III la oportunidad de justificar -la 
lección infligida a Méjico. 

Sabiendo lo que podia mortificar al autor de 
la Historia de Belgrano. y ai)rovecliando la cir- 
cunstancia del parentesco politico (pie unía al 
Ministro francés con el autor de la Meuujria 
-obre e! Paso de los .Xndes. habia ahuecado la 
\()/:. para que, dada la inmediación de los asien- 
tos ((ue los tres personajes oen]>aÍ)an. el general 
Mitre no pudiese dejar de oír. C(ínio oyó, las 
-iguieutes palabras dirigidas a Monsieur Lefé- 
vre de Becour: * ' ,; Qué noticias puede usted darme 
del señor general Guido. t7 hombre más ilisHit- 
(luido de la Kepiiblica Argentina? ' '. 

^' Lamas estaba seguro de haberle amargado 
aíjuel momento del ban(iuele al general Mitre. 

Otra vez gracias intr su interesante obsequio. 
\ i)erdóneme nii imposibilidad de escribir, (i) 

Con la vieja amistad. 

José Siíitru Carrauza. 



' I ) .\l liUrar a la piihlicidad c.itu [láiriiia du itli- 
leiicia epistolar, juhlu t-s ipie f^u ctmni.LiiR' \u ipie >'\\i 
pei'jiKÜear a su olijcto aiiecclúlit-n. puLMir .-^urvir a li»»iiiio- 
el carácter de las altaa pcrsonalidailes de eiiyu iceiieniu 
trata. 

Arii. es de notar la iioblev-a C'Hi (pie el ilusliadu 
anior del libro suhre el general <niido, deHiim-s de se- 
Ñalar la Injusticia con que variod escrilorts, entre l'ts 
(pie figura el (¡eneral Mitre, prelendleroii oseurceer el 
nn;r¡to del ilustre procer colaborador de San Marlin 
y (le líel.iírano, se cvpresa en los términos aiiriiienle.s : 
« El creneral Mitre, no ohstiinte, eon su reconoeidu ecnií- 
niniiíiad en sus úlriniori años, tuvo |)or el ¡loeta (¡uidu 
spanu una sintrular amistad, visitándole o escrihiéndule 
cartas o eaquela.s del nuis vivo afecto. El poeta rusiieiü 
tainlfién al irrande liomijre y a su difína memoria, y e 
día del faDeciniiento de don Bartolo, cuiíieideiUe con 
el (Hiomástieo de aipiél, se cerraron las iniertas de sn 
lio;.'ar para (pie todas las flores de los jardines de Itue- 
nos .-Vires fueran a la tumba del muerto ilustre, a ta.-' 
cuates a^re^ara el bardo, profundaniente eunmovidu. 
una simbólica palma». 

I'ara terminar esta anotación creemos jioder a.irrcírar. 
apoyando el esiiírltii que insiiira las prceedentes pala- 
liras, ((ue. se;i:ijn nuestros recuerdos, cuando se solem- 
nizó en Buenos Aires el centenario del general Alvuar. 
la forma con que < La Nación > se asoció al homenaje 
consistió en la reproducción del clásico discui'so pro- 
nunciado por el fTeneral (ínido en 1854 al transbordaise 
en Montevideo los restos del venced()r de Ituzain^^ó 
venidos de los Estados Tnidos en viaje para Itueims 
Aires.— V fué en realidad un doble bomenaje, siendo i-l 
diario del .ireneral Mitre el (pie enaltecía la memoria 
(iel autor al i)r(>hijar su ol>ra bajo el epígrafe de • l*A- 
OINA UE niioNcp; ». 

Nada de eso disminuye la .L'raeia del alfilerazo diplu- 
niatico de don Andrés Lamas: comprobando sólo qui- 
llay rasgos de cortesía (pie en su hidalga espontaneidad 
valen más (|ue una reparación por la armas. 



Sicnru Carranca. 



SELECTA 





l^on su porte magestuoso, con la noble sencillez de sus actos, 
^** con la elevada cultura de su espíritu, magnificó - doquier 
la llevara la carrera diplomática de su esposo, el eminente com- 
patriota don Daniel Muñoz — los prestigios de nuestras damas 
y la distinción de nuestra sociedad. En las cortes de Europa y 
ante los gobiernos continentales, su figura gentilísima fué siem- 
pre un triunfo de elegancia. Actualmente ocupa en el gran 
mundo argentino un puesto de honor. 



— SELECTA — 



» 



DE: L_A rQAheE- 



^ PACL 



ti 



n./r\icbei AhntbAutL 



MIcliel Ainiebault, es uu pseiuUSnlmo que 
};uard« en sus mantillas a un eximio escritor 
francés, que no quiere que su modestia sea 
tocada por la luz det día. Es un ori^cinal: 
todo ParÍ3 lo sabe y hay que respetar su 
determinación de vivir contento en la bruma. 
El artículo que insertamos sobre la perso- 
nalidad de Eufienlo üarzún. debe aparecer 
en « Les Xouvelles ■. publicación quo se edita 
bajo los auspicios del Ministerio de Relacio- 
nes Exteriores de Franela. Al a;rradecer muy 
íntimamente al señor Micltel Annebault su 
concurso, esperamos que su preciosa colabo- 
ración seiruirá favoreciéndonos. 

Lti Hi'dacción. 



1h y a quatre siécles passés, Christophe Co- 
lomb (iécotivrait l'Amérique — et encoré 
celte (lécouverte lui est-eHe contestée. I! y 
a vingt ans, 1 'Atnérique (lu Siid, en tant que 
nation. socialemeiit. inte'Jectuellenient, écononii- 
quement, nous était á peu pres inconnue, á naus 
latins et peuple propagateur de toutes les initi'a- 
tivc.í et de tous les progrés. Phénoménc inouí 
de paresse et d 'inconsciente indifférence! Nous 
avions laíssé fuir quatre siécles, et niéme un peu 
plus, sans nous inquiéter d 'une terre merveilleuse, 
neuve. á I'aubc de- la vie. qu 'aucun de nos poetes 
n 'avait cliantée. qu "aucun de nos économistes. — 
fait plus grave, — n "avait tenté de rapprocher 
de nous, pour qu "elle réponde á nos besoins. 11 
tallut que. devant 1 'emprise allemande, un homme 
politique de cette Amérique. un littérateur et un 
artiste. un i>olémiste et un gentilhomme, mit sa 
gráce énergique et fiére á faire cesser notre in- 
concevabie ignorance á son égard. Kt celui-lá 
qui est notre hóte, qui compte parmi les p'.us 
I)récieux et les plus dévoués amís de la France, 
c est M. Kugenio Garzón. \'.t \\ y a peut-étrc 
une saveur ¡)lus intense a se que ce soit justc- 
ment hii. citoyen libre de la libre Amérique la- 
tine, qui vienne á nous, nous offrir d 'ainier et de 
servir cette P'rance si attirante. simplement, pour 
le plaisir de l'ainier et de la servir. 

Comment cette idee cbevaleresque et d 'un si 
grand intérOt i>our 1 'avenir, vint-elle au propa- 
gandiste uruguayen ? Les diverses et fécondes nia- 
nifestations de sa tenace action journalistique au 
h'itiaro. nous 1 'apprendront. 

11 y a vingt ans. TAmérique du Su<l se pcrdait 
dans les nuages d un Hldorado fantastiquc, plus 
pres de celui que découvrit Candide. íiue de la 
stricte réalité, lorsque Kugenio Garzón débatqua 
en France. II vint a Paris. avcc un i)agage im- 
niense. qu'on ne voulut d 'abor<l pas recoainaítre. 
Deux années entiéres. il batailla pour luie idee 
qiii lui était chére, mais (pii apparaissait á tous 
si étrange. si dénuée d 'immédiat retentissement... 
Rapprocher d'F.urope. par des liens de commerce, 
de culture, (rintcllectualité, d'art. cette lointainc 
Amérique?... Oui, éviilemment. í^'idée était cha- 
toyante comnie un beau bijou exotique. Mais de 
combicn de difficuliés allait-on s'enconibrer, par 
ipielles déconvenues serait-on arrété. de (luolles 
rmbuches ne sénierait-on pa sa route. avant le 
biit? Kt pour (|ucl résuUat final, en somme?... 
Ka résistance a ees piisillanimités routiniéres exi- 
geait autant de viilonté (pie de tacl. iuigenio Gar- 
zón, seul. (lisposait d "assez d'autonté et de cette 
science morale qu 'on appelle tour á toar ])sycho- 
!ogie et connaissance des honrmes. i>our les vain- 
cre. Un jour, cnfin, il mit sur pied le projet long- 
lenips caressé. elaboré fiévreuscment et avec 
amour : l'Amérique latine, par ses soins. allait 
vivre sa belle vie iiulépendante attachée á la 
vieille civilisation d'KurojKí. niéritant d 'avance 
ce mot de Leroy-Bcaulieu : " Ke futur foyer 
ouvert aux classes déshéritées de l'Kurope". Le 
l-igaro serait 1 organe, la tribune, d 'oñ partirait 
son essor. 

Depuis. jusqu'en 1914 oíi un inci<lent faillit 
casser la tram« de l'teuvre entreprise. Garzón n 'a 
pas cessé une heure de remplir !e mandat qu'il 
s 'était imposé. Au fígaro, il poursuit ses cam- 
pagiies. Ses articles. parus a Paris, consacrés par 
la renommée de la premiére ville du monde, sont 
reproduits en Amérique du Sud, dans l'Argen- 



tine. au Brésil, dans 1 'Uruguay, au Chili. Ses 
correspondances de journaux sud-américains se- 
couent l'apatbie. iiouent des relations économi- 
ques. financiéres. artistiques. intellectue'.les. Ses 
Üvres sur l'Amérique latine, — Argentine, Brésil, 
Chili, l'Uruguay. — ouvrent des borizons insoup- 
goiniés a toutes les branches de l'activité euro- 
péenne. }*rofondément documenté, écrivant avec 
la forcé convaincante de l'apótre. Garzón parvint 
lentement a son but. Kn i(jo8, il a la joie de ré- 
diger une brochure sur le voyage en Amérique 
du Sud de M. Bénard, président de l'Administra- 
tion du Cheniin de fer métropolitain. Minee in- 
cident social, dira-t-il lui-méme mais dont le base 
méme fait présager a plus heureuse et la plus 
utile des manifestations financiéres franco-amé- 
ricaines. Kt ce voyage sera un triomphe. 

Ami de la France, Garzón combat, a Paris. 
dans tous les centres intellectuels et mondains oii 
sa hautc courtoisie lui a fait trouver inmmédia- 
tement la plus enviée fies places, par la parole, 
par sa présence. par ses écrits. Sa vie est míe 
lutte perpétuelle avec toutes les forces adminis- 
tratives attardées en des lenteurs tatillonnes, — 
lutte qu'il sait admirablement voi'er d'élégance 
et d'un sens affiné de l'art. L'Ecouomisíe sud- 
íitnéricain écrira á son proi>os': 

"Garzón eut á lutter, comme on lutte pour 
imposer une idee nouvelle, quelque chose de pas 
encoré fait. II travailla. comme il le dit lui-méme. 
contre vents et marees, et de ce dicton populaire, 
il fit sa fiére devise, qui couronne maintenant les 
dix gros volinnes d'informations, d'études, de 
rapports, (pii fornient son ícuvre sud-américaine ! 
"Gráce a lui, Le Pujara a recueille les suffrages 
et les abonnemcnts de uiiKiers d'Américains du 
Sud, heureux de trouver une feuille parisienne. 
leiir donnant chaqué jour des nouvelles precises, 
politiques. sociales, financiéres, de leur pays. 

"Gráce á lui, a la rubrique créée au Figaro, les 
banquiers, les économistes, les capitalistes ou les 
simples curicux de savoir, savent chaqué jour ce 
qui peut les intéresses, leur étre utile. 

"Gráce au l'igaro. Kugenio Garzón a nu. de son 
cote, établir, en faveur de toute l'Amérique du 
Sud, en particulier du Brésil. de l'Uruguay et 
de 1 'Argentine. une tribune mondiale. d '011 ra- 
yonne la pltis féconde et plus puissante publicité 
qui soit. pour le plus grand bien general et pour 
1 'épanouissiement économicpie du nouveau con- 
tinent. 

"Avocat sans rival de 'a jeune Amériípie au- 
prés <le sa vieille sieur. iTuirope, et de sa non 
moins vieille cousine germaine, la France, Gar- 
zón est devenu m)tre comiíatriole d'adoption, de 
cieur, de vie, de pensée. " 

Action d'avant-guerre, (pie celle-lá. mais dont 
le Gouvernement fran(;ais mesure déjá la portee 
puisípi 'en i(>i3. il recompense radmirable effort 
amical de Garzón par la croix de la Kégion dlion" 
neur. Comment 1 'eut-il recompensé un an plus 
lard et depuis? l.es servicos de pareils hommes 
ne se peuvent payer en honneurs. lis se i)aycnt 
avec le canir. 1/éminent directeur du l'igaro, 
Gastón Calmettc. 1 'avait bien compris, lorsqu 'en 
i(j09. il reincrciait en ees termes Garzón (le sa 
réussite : 

''... Xotre collaborateur méríte tous nos re- 
merciements et tous vos applaudissenients. Son 
íeuvre patriotique est splendide, presque f éeriquc : 
il a rai)proché deux continents! II a uni les Ré- 
publiques sud-américaines á la Réi)ubli(iue fran- 
caise, avec une méme capitale : Paris. dont vous 
avez fait votre ville d'adoption, en méme tenips 
que vous faisiez du l'igaro votre journal de predi" 
lection. . . 

''... Je vous demande de féter ce diplómate 
prodigieux et de lever nos verres á la santé de 
Garzón." 

Des mois se passérent encoré. Cet ami de la 
France. précieux a plus d *un titre et apprécié de 
tous venait de quitter Le Figaro. forcé par des 
incidents pénibles, qu'on eút dü épargner a ce 
gentilhomme et a cet artiste. Rentré dans son 




pays á Ixjrd de /(/ Princif^essa Mafnlda. son vo- 
yage fut un triomphe et 1 'affirmation de la réali- 
sation de ses projets, i^es amis du ¡¡ropagandiste 
se pressaient sur sa route. heureux de le féliciter. 
comparant leur grand compatriote á Don Quijote 
et á Paul-Louis Courier. Alors. Garzón ])ut réelle- 
ment se réclamer de S()n grand a'ieul de la Manclie 
es])agnole : la guerre venait d 'éclater. Garzón, se 
souvenant de son effort et de la fatcon dont la 
l'Vance. sa patrie d'élection, avait compris et salué 
ses campagnes courageuses. dit un seul mot: "Je 
rentre!'. Parole lapidaire digne de son ])ére. le 
general Garzón, un des chefs de l'índépeiul'.ince. 

II rentre. en effet. au mépris du danger mari- 
time. II rentrait pour recommencer de nouvelles 
et i)lus fécondes teuvres ([ui nous íirL-nl niíeiix 
a]>précier encoré l'immense et inconiniensiiraiilf 
précédent qu'il avait creé. 

í.e lendemain méme de sa rentrée a Paris. Gar- 
zón réoccupait sa place au ¡-igarii. 

Cette place, il n 'a pas cessé de la lenir avec 
esprit, science et tact. 11 a comhattu á l.yon, lors 
de la semaine latine de l'Kxposition; combat 
commercial, mais <pii n 'en est ¡)a.s nioin-; pri- 
mordial á gagner. 

Son 'euvre morale est incalculable, .\vanl d 'en- 
trer dans le détail des amitiés sud-américaines. 
j 'ai temí á la sahier ici. pt>ur la solídité (pi "el'e 
a su dninier á un grou])ement social, pour rini- 
IMirtance qu'elle a fait acquérir á un lien d'amitié. 
amitié éeonomique. intellectuelle. financiére, ar- 
tistique. amitié (pii. gráce á lui. le précnr-seur, ne 
se dénouera plus. K'Améri(pie latine, groupemenl 
de penples, est définitivement sondee á l'l''u- 
rope. I/épreuvc de la guerre et la genérense atli- 
tude prise par la jeune Amérique nous en sont la 
plus grande preuve. K'océan Atlantiíjue n 'existe 
plus que comme un trait d'union (pii i)araohéve 
1 'accord in(íral, non comme une mer qui separe 
deux races. 

Garzón, celui que Rubén Dario, !e grand poete, 
appcla le Mousijiietairr de la Fíala, unissant ain-'i. 
dans une formu'e heureusement roniantíque, ses 
qualités de fongue retenue et d'élégancc spiritue- 
lle de bautes et purés races, incarnera désormais 
l'Amérique latine elle-méine. Son (euvre est in- 
separable de 1 'homme tres fin, tres bou et tres 
profondément psychologue que tant de Parisiens 
ont appris á connaitre et á admirer. Une fois 
de plus et publiquement, au seuil <le mes études 
sur les Amitiés sud-américaines, je suis fier et 
joyenx de lui diré au nom de tous: " Merci ! ". 

Miehel .íiiiicltiinll. 



— SELECTA — 





Todos los dones de la belleza cedió Natura^ 
para distribuirlos armónicamente en su rostro 
y en las líneas de su cuerpo» donde los ca- 
prichos de la moda prenden siempre nuevos encan- 
tos. Su carácter complementa los atractivos de su 
físico admirado. — Esposa del distinguido político 
y jurisconsulto doctor Juan José de Amézaga, su 
gracia de diosa y su exquisitez mundana, le valie- 
ron en la sociedad argentina el homenaje de todas 
las simpatías y el agasajo de todas las admiracio- 
nes. Nuestra sociedad valora tan elevadas cualida- 
des, rindiéndole todas sus más altas consideraciones. 



SELECTA — 



GaDifan Ceneml 

en tbrlvoal 



pi 



()X MigiR'l XiméiK'z, (If hi casa del mis- 

nii) apellido (lue hoy tiene cii lURSlrn i)aís 

tan distiníiuida y honorable descendencia. 

fué uno de los Generales inás ilustres del Reino 

de Portugal. 

Una nota sobre esta i)ersona!i(hi(l i|ue en el ex 
reino ostentó el titulo de \'izconde de IMidieiro. 
tiene un gran interés. 

Paia darnos acabada idea de la carrera triun- 
fal que el general Xiniénez cumplió en 78 años 
de su vida, nada mejor (pie estos apuntes hechos 
en 1884 i>or el venerable tr;ulicionalista don Isi- 
doro De María. 

He a(|uí esos apuntes : 

A la edad de 78 añi-s ha íallecid"> en Ijsboa 
ese personaje, oriundo de Montevideo, y ligado 
por vínculos de parenleíco a distinguidas fami- 
lias de nuestra sociedad. 

Kra hijo de don Manuel Xiniénez Gómez, an- 
tiguo vecino de Montevideo, y de tloña Margarita 
Rodríguez, y hermano <le la señora doña Juana 
y del señor don Salvador Xiniénez. por i)arte 
de ])adre y madre. Su fallecimiento tuvo lugar 
el 21 de Mayo último, después de una enferme- 
dad peno-^a, rodeado de su amante hija doña Ma- 
riana, manpiesa de Castellos Meilhor, de sus nie- 
tos y amigos. Murió como creyente, recii)ien lo 
los auxilios de la re'igión (pie ])rofesaha. 

Fué su última voluntad ipie en su entierr:i se 
excusasen las honras militares. 

Tres días antes de entregar su e-piritu a^ 
C-eador. recibió casualmente en su lecho de dolor 
la ben(h'ción del Santo Padre Pió Xono, (pie en 
vida de ese Pontífice le había disiicnsado en oca- 
sión de hallarse gravemente enfermo, y ipie a 
consecuencia de halierse traspapelado, nn \v había 
^ido remitida antes ])or su hermano don Salva- 
dor, en cuyo ikhUt se encontraba. 

Oriental ])or el nacimiento, el general Xíménez 
y miembro honorable de la estimable familia que 
lk>'a su apellido, nos merece xut sentidii recuerdo 
al desaparecer de entre los vivientes, 

l'*l rango ¡lue ocupó en Portugal, su patria adop- 
•Jva desile joven, y donde vivió 60 años, y las dis- 
linciones de que fué (dijeto en su larga y brillante 
carrera, ileben ser un motivo de sincera satisfac- 
ción para nosotros, recordanrlo (pie tuvo su cuna 
en nuestra (pierida Monteviileo. donde reciliió 
-u ¡)rimera educación, pasó sus primeros años, 
se distmguió en la vida social por su cultura y 
heÜ!» carácter, y ciñó por primera vez la espada 
en clase de oficial de los civict^s. 

Trece condecoraciones adornaba:i el pecho del 
bizarro general Xiniénez. I'*ra X'izconde del Pin- 
heiro, del Consejo de S. M. la Reina. Comendador 
de la muy nob'e Onlen de la Torre y l-lspada. 
del \'al<ír. Lealtad y Mérito: Comendador de la 
Orden Militar de Xuestro Señor Jesucristo y de 
.Vuestra Señora de la Concepción de \'illa \'i- 
coza : Comendador por S. M. Católica en las dis- 
tintas Ordenes de Carlos III de primera y segunda 
clase, y de Isabel la Católica, también en las mis- 
mas órdenes de primera y segiuida clase; Caha- 
Kero de primera clase de Orden de Mérito Militar 
de San Kernando de España, condecorado con la 
Cruz de honra por las campai*ias de Montevideo. 
Brigadier de los Reales Ejércitos, ex Gobernador 
de la Provincia de Angola, etc. 



Como tuvo lugar su ida a i'orlugal y su ca- 
rrera en el ejército de atpiel reino, vamos a de- 
cirlo. 

l'ji la época de hi dominación lusitana en Mon- 
tevideo, se liosi)edó el general Saldaña en casa 
de don Manuel Xiniénez Gómez una de las prin- 
cipales enli)nces de esta ciudad. Habitó en ella 
dos años y contrajo con ese niotÍ\ o relaciones 
iiuimas de amistad con la familia Ximénez. 
Gustó mucho de! joven Migue', mancebo de ]ire- 
seiicia arrogante >■ de bello carácter. >■ le i>ro- 
fesó verdadero cariño, (¡ne le conservó en la vida 
con ]iredilección_ Distinguido por Saldaña. el 
año 2^í cuando surgió la lucha entre lusitan,>s c 
imperiales, se formó el cuerjio cívici^ al niand',) cU! 
])alrioIa Murgiondo. y el joven Miguel Ximénez 
fué nombrado su ayudante. En esa clase hizo su 
estreno en la milicia, sosteniendo simpática causa 
de la libertad, iiroclamada por el Cabildo Re- 
presentante de Montevideo, bajo la protección de 
la división de voluntarios Reales, a cuyo frente 
se hallaba el brigadier dcm AIvan> da Costa de 
Souza Macedo, gohernador de la i)!a/a. Sabiilo 
es (lue entonces el dulce nombre de Patria estaba 
en los labios de los orienta'es, (pie creían llegada 
la o]iorlunida(l de recon(|ni-^tarla. cuamlo por la 
voz entusiasta del Cabildo Representante de Mon- 
tevideo se les decía : 

"Orientales! I, a guerra está ]>rineipiaila. l,a 
í^'\ isi<')u de \'ol uní arios Reales (pie tan genero- 
samente nos ha íranipieado armas y niuiiicioius. 
está líTÓxinia a embarcarse de regre-^o para l'.u- 
ropa. después (¡ue haga desaparecer las liues" .- 
del barón de la Laguna (pie asedian esta p'aza. 
Todo nos anuncia (pie este es el tiempo de rcco- 
l>rar nuestra dulce y adorada libertad. 

Con esa esperanza y pariótico propósito sc ttr- 
ganizaron los cívicos en ocho cmupañías. teniemio 
pi^r capitanes a los {¡atriotas don Antonio Clio- 
liitea. don Román Aclia. don Gabriel Pereira. 
don José ^[aría Platero, don Manuel \'idal. (h<n 
Juan Benito Blanco, don José Xeira. y ilon Be- 
nito Pombo. siendo Ayudante Mayor de! cuer])o 
don M ignel Ximénez. 

Se orga:Mzaron también las milicia^ (U- caba- 
llería al mando de! Mayor Comandtinte d;in Ma- 
nuel Oribe, y en las tpte tuvieron su puesto de 
honor los b'igueredo, los Burgueño. los Casavalle. 
los Lapido. los .\!eman, los Irureta. los Aria, 
los \ ida! y otr(íS orientales, cam peones después 

del añr. 23. 

A esa campaña del _'3 se refiere una de h.s 
cruces de honra (pie figuran en la- condecora- 
ciones del X'izeonde del Pinheiro. 

A principios del año J4 la divisii'-u de \'o- 
. untar ios Reales se em!)arcó jiara l.i-bi «a, \ di.u 
Miguel Ximénez i)artió para el mismo destino 
en com])añia del general don .\Karo da Costa, (pu- 
lo distinguía. 

l'.l ol)jeto principal de su viaje fué el de rea 
üzar un cobro de su señor padre. 

Protegido alíi por el geiu-ral Saldaña ipie lu 
Ir^spedó, contrajo las mejores re'acioue-, deci- 
diéndolo a seguir la carrera miliiar en aquel 
reino. Desde entonces formó la resolución de 
cpiedarse en Portugal, díuide con el andar del 
tiempo se creó una buena posición, tomo estado 
y fué jefe de familia distinguida, permaneciendo 




Don Miguel Xímenez 

alli por el espacio ile fio años hasta su falleci- 
nuento. 

Sucedió la guerra contra el reinado absoluto 
de don Miguel, cuando el famoso don Pedro 1, 
duipie lie Bragauza. abdicando el trono del Im- 
perio del Brasil en su noble hijo don Pedr(» 11. 
ünstre emperador de esa naci<'>n amiga. ]»arlÍo 
¡lara (Jpoiti a dar la liberiail a Portugal y cidocar 
>u corona sobre las síene- de su hija la excei-d 
doña Maria II. 

bji esa lucha el general Ximén,z militando oon 
el rluque de Saldaña bajo las han: leras del ii;- 
trépido Ximénez. k' dice : 

- -' ' .Miguel. ju.Liabas tu cabeza t'U este lance. 
extralimiía-ulo nii> órílenes. !■>-■■- un liéroe ! ' '. 

En el siii,, de Lisboa hace ¡irodigios de valor 
loman lio una de sus I<iriinilali'es baterías, p )r 
cuya heroicidad jiersonalniente don i*edro I co- 
loco Si ibi'e su cundió el collar de la Orden d-j 
Torre y i'lsiiada. que osu-nlaba entre sus conde- 
coraciones. 

'lauto ¡o distinguía el duque de B:";igan/a. que 
11:1 dia i-a-a:nIo eon el de Saldaña uor freuie de 
la casa de la dama pretendida ])or Ximénez. en 
que aparecía, le dice a don Pedro I: " .\<piel!a 
es la pretendida <lel general Ximénez'". ' " \' ])or 
ípié no .'-e casar, le coiuesia el dnipie de Bragauza. 
\o nii-nio voy a pedir su mano, y st ré su 'pa- 
drino. ' ' 

Dicho y hecho. La pidió, _\ fué padrino iK- su 
eii'ace con la X'izeondesa de Pi.1'1 .-'ro. 

Cuando emign'i don Carlos de b'.spaña a Por- 
tugal, íuc comisionado a reciliirlo en la t lon- 
tera el general Xiniénez, coiuo c:l. e' ano e.i 
cuya ocasión le ngaló don Carlos, grato a su 
caliarero-idad. un lu-rnioso caba"o bla:;eo y ini 
par de ricas pistolas, coniti recuerdo. 



— SKI.KCI A — 




— SELECTA — 



NVE/TR0~CRAN~MVNDO"DE"ANTAÑO 

/NldiVldad - 



A ¡a amabilidad — íntimamente agrade- 
cida por nosotros — de una distinguida 
dama, debemos hoy la transcripción de la 
interesante nota social que ha de leerse en 
seguida. Data de iS6j v el cronista describe 
una espléndida fiesta realizada en la resi- 
dencia veraniega de doña Pascuala Caniusso 
de Lecocq. 

..." Volviendo. ])ues. a la Noche Buena, 
qite bien jHidiera llamarse de amor y de ado- 
ración ¿habréis, acaso, asistido, lectoras 
mias, a nuestra suntuo.sa iglesia Matriz, en 
la que, con pompa solemne .se celebraba el 
nacimiento del Divino niño Dios? F,l templo 
vestido de gala, los cánticos sagrados, las 
luces de miles de bujías, y todo un pueblo 
prosterna<lo. reverente, adorando al Re- 
dentor es, en verdad, un espectáculo (|ue 
impone, (fue impresiona al corazón . . . 

Fuera de la iglesia, la hermosísima plaza 
iluminada a gas. llena de árboles y misterio- 
sas frondosidades. Los solierbios acordes de 
la música sagrada con que concluye la misa 
de gallo, hacen abrir las puertas del templo 
de par en par, y se derrama por las pinto- 
rescas avenidas de la plaza una multitud 
animada y multicolor, de damas elegantes 
v niñas encantadoras. ¡ Qué mágico .gol])e 
de vista, y ((uién hubiera podido escuchar 
los tiernos coloquios que se confundían co:i 
el murmullo de los árboles agitados (¡or la 
brisa ! A las dos y media empezaron a (|Ue- 
dar .solos los paraísos, las acacias, los o:n- 
búes ; como ellos, abandonado, suspiró, a su 
vez el cronista, constatando la triste soledad 
en que volvió a quedar la plaza, hasta (jue 
volvió a animarla «1 bullicio de e.sas gentes 
sencillas que, hasta el amanecer, festejan al 
son de panderetas y castañuelas el naci- 
miento del Redentor. ¿Y qué decir de vues- 
tros miriñaques, tan habituados a mecerse 
suavemente y con holgura ?, que para ellos 
la Noche Buena fué de apreturas y destruc- 
ción, en la estrechez de las naves del tem- 
plo, primero, y en las avenidas de la plaza, 
desjíués. Quedaron maltrechos hasta los de 
más sólida armazón ! 

— Día 25. — Sale el sol a iluminar un 
magnífico día de Navklad. esperado ansio- 
samente para la realización de las diversio- 
nes proyectadas, casi todas ellas en el 
campo, en las quintas de los alrededores, a 
orillas del Miguelete y del Pantanoso. — 
Desde temprano corren en esta dirección in- 
finidad de carruajes que hacen estremecer 
las calles, quitando el sueño a más de un 
cronista. En tanto que vosotras discurrís 
sobre la brillantez y las alegrías de aquel 
día. yo solo podré describiros la fiesta que 
se celebraba en la chacra del caballero don 
Francisco Lecocq. 

Después de atravesar el | mente del .Mi- 
guelete. en el Paso del Molino, asciéndese la 
elevada cuchilla desde la (|ue se domina el 
])anorama completo de la ciudad, continua- 
mos tras]X)niendo colinas pintorescas, hasta 
que. de re])ente. casi a nuestros pies. a])arece 
ima casa blanca, rodeada de paraísos y oni- 
búes — y se adelanta a recibirnos la ama- 
ble y simpática dueña de casa, señora Pas- 
cuala Camusso de I^ecocq. — Su sonrisa 
y amabilidad no son convencionales, no nos 
reribe por v.inidad ni por ostentación, sino 



(pie goza y es feliz con la alegría nuestra. 
.Vdelántan'se, con ella, tres señoritas que 
son lílisa y \'ictoria Lecoc(| y Juana Ca- 
musso. Las primeras se caracterizan por su 
gracia y espiritualidad, lín la tercera, todo 
es bellez.-i v juventud. ¿Veis ahora ai)arecer 
por entre los arboles a ese respetable señor 
que se apresura a saludaros? l",s don l'Van- 




Doña Pascuala Camusso de Lecocq 

cisco Lecocíj. No estrañéis (|uc os estreche 
demasiado la mano, o (pie os la retenga un 
u'omento en la suya : es muy broniista. y 
hov se siente teliz ])on|ue os brinda hos])!- 
talidad. — Llegan dos elegantes carruajes. 
De uno de ellos baja doña Isabel Torn(|UÍst 
(le koosen, de fina y delicada belleza, con 
el trato sencillo (jue es buen tono. — Lleva 
(le la mano a su i)e(|ueña hija Tuly. Comple- 
tan el grupo la señorita Ro.sa Torntiuist. 
tan lind;i como modesta. Celedonia Salva- 
ñach, la de los negros, chispeantes ojos, la 
espiritual señora de Diehl, Flora Parker, 
elegantísima, v María língracia, su her- 
mana, dulce y simpática a la vez. — Llega 
otro coche en el que viene la amable .señora 
doña Felicia r,arcía Zúñiga de X'illegas. — 
¿Cuál es la más linda de sus tres hijas Fer- 
nanda. Clara v Dolores? V,\ cronista no ])0- 
dría resiionder. y junto a él |)asan las tres, 
como adorable, hechicera visií'in. — Detié- 
nese. luego, un tílburv. conducido ])(ir un 
caballero (pie, joven aún. es padre, sin em- 
bargo, (le la preciosa niña (|iie se apea : es 
ésta .Manuelita Ouevedo. Su semblante re- 
fleja el candor de su abra, y en sus ojos 
brilla la alegría. — Sigue el carruaje ipie 
trae a la resiK'tahle señora María Ouevedo 
de Lafoiie v a sus hijas. -Marta, la de la 
bella, esbelta silueta. .\na v Julia, niñitas 
aún. — ICn a(|Uella volanta de la que bajan 
varios caballeros, viene la señorita Petrona 
Luna. F,l tupido velo que le cae sobre la 



cara me impide verla. — Juzgadla vosotras. 
— Cierra la comitiva femenina el coche de 
la .señora doña Coya C.óniez de Oliveira, a 
la (jue acomi)aña la joven y elegaiitisinia 
señora .Angela Salvañacb de Nery. l'",u el 
gnuí corredor de la casa aparece ahora la 
joven y bella señora Casilda ( ). de Camus- 
so ; a su lado dos niñitas llenas de gracia 'y 
dulzura llamadas Pascuala y Carmen. 

Pero, cronista — diréis vosotras — ¿cuán- 
do i)iensas hablarnos de los caballeros? .\lio- 
ra mismo. Son mnchísimos y llegan, ca- 
balgando en briosos corceles, algunos, en sus 
volantas los demás. — Los nombraré, jia- 
sando ])or alto la individualidad de cada 
cual, a fin de que juzguéis vosotros sobre 
sus res|)ectivos méritos; Francisco de F'.li- 
zalde. Sariiel F. Lafone. Juan José de He- 
rrera, llermann Roosen. Francisco (i(')mez. 
Tiian Ouevedo. .Vdán .Mtgell, Cuilleriun 
Hoh;n. doctor d'Oliveira, .Vnlonio .M. Pé- 
rez, .Ministro de Hacienda; .Mfredo de Hr.i- 
ver. Tose d'Oliveira Nery. l'',uri(|ue .\lsina. 
Thomas y John Best. Francisco Villegas. 
Bernabé Demaría, Rafael Fragiuiro, Ri- 
cardo Roosen. Rafael Ca;nusso. lúigeiiio 
Arana, Manuel Carcía de Zúñiga, 'Pomas 
'l"o;iikinson, Cil Alfaro. 

l'ero volvadnos a la descripción de la lies- 
la. — Concluida la cordial rece]ición inicióse 
un |)ase() por los sitios más amenos de la 
(|iiinta, en cuya calle jjrinciiial, de grandes 
árboles, habíase i)reparado el juego de la 
sortija. Los aíorlunados vencedores reci- 
bieron coronas de manos de las más hermo- 
sas niñas de la reunión. — Llegaba, entre 
tanto, la hora del banf|uete. y cada caballero 
debió ofrecer el brazo a una (kr.iia. — La 
gran mesa, de setenta cubiertos, lujosa- 
mente adornada, y provista de los más deli- 
cados manjares, había sido puesta en una 
magnífica avenida de añosos álamos. f|Ue le 
prestaban la sombra de sus elevadísimas 
co])as. — La [¡residían las señoras de I,ecoc(| 
y de Lafone. .\sí, reunida toda a(|uella ele- 
gante sociedad, con el césped ])or alfombra, 
v el cielo por dosel, festejóse allí <ligiia- 
iiiente el gran día, entre conversación aiii- 
irada. tan ani rada que se hacía difícil oir 
algunos de los brindis que se líronunciaron 
])or las ¡lersonas más cons])icuas de la mesa. 
FU señor Lecoc(| brindó por el Presidente de 
la Rei)úb!¡ca y por el Ministro de Hacien- 
da, allí ])resente. — Llegaba el sol a su 
ocaso, cuando finalizaba el banf|iiete. y s,' 
¡Jasó a to;iiar el café en el corredor de l;i 
casa, iiiqjrovisáiidose en la .sala un baile, 
en el que circularon dulces.. té y un enorme 
bol de refresco ex(|UÍsito pre])arado por el 
señor .\ltgelt. 

.\ las once, previo agradecimiento a los 
dueños (le ca.sa, inició.se el regreso a la ciu- 
dad. — V.n la noche magnifica. ])ero sin 
más luz (pie la de las estrellas, ofrecía cu- 
rioso es])ectácuIo el de aquella fantástica 
comitiva de C(jches con faroles encendidos, 
corriendo iior las cuchillas, con escolta de 
numeroso grupo de jinetes. — l'"l cronista, 
en su volanta. jiensaba en las e nociones del 
(lía. en la suntuosa hos])italida(l de los seño- 
res de Lecocíp en el baile, la sortija, el bol 
monstruo... y. al levantar los ojos para 
cerciorarse de que no soñaba, vio que mar- 
caba las doce v cuarto el transparente reloj 
de la Matriz. 



— SELECTA — 




— SELECTA — 



dpZojizdbnúiiQ 



Para "Selecta". 



...Ocho (lías en Buenos Aires... Muchas emo- 
ciones en esos días. . . mucha gentileza : flo- 
res, muchas flores, flores fragantes, flores de ros- 
tros, flores de espíritu; templos de arte, veladas 
amenísimas, elegancias, sonrisas, todo ' ' tourbi- 
Ilonne dans l'extase ". no de una luna de Verlai- 
ne. pero si de un rayo de sol de mi tierra, que 
es como libar el recuerdo en copa de oro... V 
de entre esos recuerdos, todos gratísimos, el 
taller de Zonza Briano ha sido para mí la nota 
más sonora de la gama de mis impresiones. 

Grande es la emoción de quien, con ojos azo- 
rados, contempla ese mundo blanco, esos már- 
moles que no hay que tocar, pues al contacto de 
ese frío de eternidad la sangre se helaría en nues- 
tras venas... ; Pues, qné.^ ;esas figuras no vi- 
ven?... y esa mujer que sonríe a un niño con 
alegría y ternura exquisita ¿no abriga en su pe- 
cho un corazón materno?... V aquella otra, lán- 
guida y temblorosa, que alarga sus manos en 
ademán de aprisionar el bien querido que en 
violento arranque acaban de robarle ¿no siente 
que la angustia lacera su alma? 

Kl artista esculi>e con mano maestra la expre- 
sión del sentimiento, que es la nota predomi- 
nante de su obra. Todas sus estatuas son fuente 
de emociones,,. Va el surco del dolor que per- 
cibimos en unos ojos secos y desolados nos 
oprime el corazón, como !o serena v endulza el 





£1 escultor Zonza Briano ejecutando en el armonium 



♦ • 



San Francisco de Asis^ 
notable escultura de Zonza Briano 



beso de una madre, la sonrisa candorosa de un 
niño... Xos sentimos subyugados ante una mi- 
rada soñadora: nos embelesan las languideces 
ideales y melancólicas, y nos regocija y encanta 
la gracia picaresca de una sirena... Todas esas 
figuras de esbelta linea y en dichoso consorcio, 
parecen aladas visiones que en busca de paz y 
reposo se han detenido en su vuelo y congregado 
en cenáculo divino. 

Xo sé si el cincel i)rodigiüso del escultor anima 
y da intensa vida al mármol o es que tiene la 
mágica mirada de Medusa para convertir en 
piedra la humana criatura en el fugaz instante 
de supremo sentimiento. P(>r(|ue parece (|ue mer- 
ced a algiin divino aliento fuérale tlado rete- 
ner ese culminante estremecimiento de vida, ha- 
ciéndolo eterno, perdurable, para extasiar a los 
hombres en su contemplación. 

Como en Andrés Chénier. se ha in fundido en 
sus venas la herencia preciosa de dos razas de 
artistas. Grecia y Francia; y es i)or eso que su 
aptitud estética es tan am])lia (pie aún para buscar 
el reposo reclamado por la sobrexcitación de la 
labnr estatuaria, su es])íritu se sumerge, como 
en lecho de plumas, en los acordes graves y me- 
Iodiosí)s de un armonio. 

Su mirada de artista ha liebido con deleite 
en el vasto y bello espect;u:ulo de la naturaleza 
toda, deteniéndose con vivo centelleo en la nota 
que más hondo ha vibrado en su temperamento, 
para elaborar en las profundidades de su espí- 
ritu, obra armoniosa, palpitante de sentimiento 
y de vida. 

Esa intensidarl de su visión amaestrada ]iara 
sorprender y desentrañar los más ricos tesoros 
de las cosas, ha despertado la idea que floreció 
en forma divina y es así como en la urdimbre de 
vibraciones de su alma, su "San Francisco de 
Asís", se hizo obra. Embelesada pf)r su contem- 
plación, me acude el pensamiento de que, en 
Zonza Briano se haya producido, al realizar 
esa obra, un caso de compenetración de almas 
que es don de los temperamentos elegidos. No 
dudo de que su espíritu haya acariciado con 
fruición la sublime figura, y en el fulgor divino 
de su imagen haya vivido el artista la vida del 
santo, llegando a ser como él lleno de amor y 
misticismo, el hermano del lobo y de la alondra 
y de la selva toda. V siento aún que al apare- 
cérsele en ensueño esa ráfaga insólita de arte 



que aleteara en la mente del monje — cuando por 
feliz inspiración cincelaron sus manos aípiella 
copa primorosa, — fundido en común arilor y 
creyendo suya aquella presea del espíritu, la con- 
tem]>la con deleite, con arrobamiento. . . ; pero 
siento también que al llegar el instante atpie] en 
que el religioso, en su cc'o de i>ureza. consideró 
la oÍ)ra signo de vanidad mundana, y la arrojó, 
destruyéndola, como cuerpo del mal. el escultor, 
instintivamente cierra sus manos con desesi)erad;i 
avaricia para retenerla y salvarla ; un estreme- 
cimiento de angustia invade todo su ser y sus 
fibras de artista lanzan un grito <le protesta, 
y ante e-^e acto de inconsciente sacrilegio se in- 
dependiza horrorizado para enseñorearse en sn 
personalidad. Pero.... no hay ya rencor. Va la 
obra está ci>nsumada; ya a esa figura. Íns])Íra- 
dora del arte, vejada en un momento de exalta- 
ción, se le ha entregado su cetro de soberanía 
suprema. 

Como aparición hierática, velados i)or sus do- 
lientes ])árpados los ojos, (jue miran i)ara aden- 
tro en completa abstracción del mundo, lo sen- 
íiniiis deificado, entre los ])liegues armoniosos 
de su vestidura mística. 

FJ éxtasis c|ue me produce esa creación gran- 
diosa, me evoca otras, y otras de lejanas regio- 
nes... y con tal c'aridad las veo, que me siento 
presa de la misma emoción <|ue cuando las con- 
temidaba en los gloriosos tronos que el arte ha 
erigido para las obras consa.iíradas. . . V pienso 
en los mil elementos que concurren a formar 
una obra magna: en la pesadumbre y regocijo 
con que se amasa la imagen ; en el amor y la 
fe (|ue han temblado en un alma!... V <|ue en 
ese retraimiento de la vida interior, en el callar 
de las múltiples sonoridades de fuera que nt> 
adf)rmecc en la sombra a los cerebros activos, 
es cuando más se acrecienta el bullicio de los 
dominios internos. ¡Cuántos debates de ideas no 
se han librado en el análisis de la obra! Unas 
apuntan con frialdad severa la imperfección ; 
menos sinceras las otras, pero más madres, de- 
fienden con amor la hija de su sentimiento; y 
cuando por común acuerdo se aplacan las voces 
de contienda para dar ])aso al grito de victoria, 
la sanción interior no es menos triunfal y cla- 
morosa que las palmas, los lauros y clarines con 
que el mundo honra y enaltece a los elegidos. 

Manila Urca. 



— SELECTA — 




A/ DO/ CATARAT/ 

9o. el 1^ LviyA. de Herrera. 






t'rHiio sorprcmliilas auto la cxislcncia iiu-s- 
pcrada de esc foso gigantesco, las aguas pa- 
recen erguirse para retroceder cual si las 
aguijoneara el instinto de las liunianas deses- 
peraciones, pero el abismo no perdona y en- 
tonces se descuelgan, frenéticas, por aquel 
trampolín, desafiando, con la temeridad del 
ataque, la temeridad de la resistencia. l%sc 
es el momento clásico de la lucha, cuando el 
espíritu, sacudido por borrascas, se rinde para 
admirar, postrado, tanta maravilla. El vellón 
blanquísimo, tegido en las rápidas por los 
dientes incisivos y crueles de un mecanismo 
cuya maestría artística no admite paralelo; 
ese manto de espumas inmaculadas, más puro 
todavía que el armiño, que envidiaría el más 
grande de los reyes, se desmenuza, queda re- 
ducido a polvo, cuando el turl)ión se desploma, 
rehaciéndose de nuevo allá abajo, en la lla- 
nura de las aguas dominadas, mientras sobre 
las neblinas que la caída engendra y que 
sciTiejan un aliento, escribe el sol im arco 
iris perfecto, que también la creación tiene 
su signo hermoso de paz y de misericordia. 
He hablado sólo del blanco cuando en aquella 
paleta del mundo todos los colores fundamen- 
tales tienen espacio y todas las combinacio- 
nes complementarias están representadas, por- 
que, contemplando al Niágara, se asiste a la 
coronación gloriosísima e infinita de la luz. 
.■\llí ha puesto ella con su cetro, el genio de 
la pintura; allí su capricho hilvana juegos de 
efectos prismáticos admirables: allí, sobre los 
encajes con que adorna orgullosa su cresta, 
cada onda llamada por el vértigo, traza, al 
pasar, pinceladas que no pertenecen a es- 
cuela alguna porque son inimitables. Nada en- 
tiendo de arte y, sin embargo, en ciertos mo- 
mentos influencias extrañas enardecían a mi 
pobre imaginación estéril. 

Mirad como se colora de un precioso rojo 
ese haz de aguas al arquearse, con las per- 
fecciones de una ceja, sobre la roca viva : 
ved, a la izquierda, un tono distinto que 
cualquiera jugaría se ha obtenido fundiendo 
millones de esmeraldas ; sorprended, a la de- 
recha, un chorro azul, espléndido, de agua 
marina, que, atado con lazos de espuina a 
otros chorros azules, evoca la memoria de una 
bandera querida; buscad, que la encontraréis, 
en aquel joyel inagotable, satisfacción a la 
codicia de príncipes y de artífices, que no 
hay ensueño de la mente humana que no 
tenga engarce sobrenatural allí, en esos ríos 
de pedrería, que se precipitan abrazados, como 
si quisieran ablandar el corazón del gigante 
atando a su cuello collares infinitos de perlas, 
de diamantes, de topacios y de turquesas 
montadas sobre rubíes. ¿No habrá sido ese 
el asiento elegido por Satanás para tentar, 
con escaparate de argumentos feéricos, la 
virtud de la mujer? Hasta la leyenda má- 
gica de los tesoros del Conde de Monte Cristo 
huye avergonzada ante esta rivalidad. Todos 
los talentos del pincel se encontrarían sin ori- 
ginalidad si interrogaran al Niágara, pues 
desde las bizarrías geniales de Rubens, que 
están reproducidas en proporciones inmensas, 
allá, en aquel caudal de aguas bermejas, que 
posee sombras de rostro humano, hasta las 



tintas vivísimas de l'"ortuny y de \ilU(;a<, 
cuya alegre confusión de claveles rcijos y tiuil- 
licolores mL'.ntos sevillanos, ¡¡arece calcada en 
(Stas irisacictnes magnificas del frente. IcmIos 
los secretos de la más audaz inspiración b.-; 
descubre, los derrocha, la su;íesli\a c.nar.iia. 
^' en lo hondo del precipicio, cnamlo la ccj- 
rricnte. después de iiilerrar:.e in nu.i jini- 
fundidad de doscientos a trescientos pie-.. 
vu.ehe a la su])erficie. todavía rinnorosa. pi-ru 
ya quebrada — porque se creería que también 
al liquidí) una tan enorme caída lo con\icrle 
en paralitico — asistimos a tina serie de nue- 
vas alquimias luminosas. Aquella pulpa, (|ue se 
dijera dolorida una vez estrellada contra el 
suelo, se desliza, sin elastici<lad, casi jadeanlt.-, 
cubierta de manchas obscuras con ribetes e-.- 
pumosos, que parecen imitar cuajarones san- 
guinolentos. ICstrías, ora negras, ora \'ioláceas. 
ora grana<linas, caracterizan variadísimos as- 
pectos que encuentran nutrido ijarentesco en 
la familia de las ágatas, líse espectáculo per- 
tenece a las horas del día. Durante la noche 
el tehni no se corre por coinjíleto y, faví^reci- 
dos por el contraste de las sombras, destacan 
como una corola, los altos penachos que en- 
vuelven cu sus cendales el sitio de la eterna 
querella. Entonces el oído gana en atención 
lo que pierde el sentido de la vista e inclinados 
sobre la ribera se escucha, en el mayor silen- 
cio, la voz silbadora y nunca enronquecida del 
eleinento. Como alaridos de júbilo salvaje, de 
incitación a la pelea, ruedan aquellos relinchos 
de volcán. Extraño concierto, presidido por, 
todas las majestades de la tierra; endemonia- 
das sinfonías, sólo obedientes al compás infi- 
nito de la madre naturaleza. ¿Cómo no sen- 
tirse subj'ugado por tanta exuberancia de no- 
tas, arrancadas a las entrañas del misterio, 
cuando en la vida ordinaria las músicas de una 
mediocre banda militar nos llama y nos se- 
duce? ¿Puede sorprender, entonces, que el 
Niágara haga esclavos de sus visitantes, no- 
che y día. lo mismo cuando dialoga con el sol. 
vistiendo de oro y púrpura sus rayos mensa- 
jeros, que al poner en derrota al espíritu de 
las tienieblas? I, a atracción magnética que 
ejerce alcanza intensidades irresistibles y, tai- 
vez pagando tributo a esa dominación férrea. 
es que uno llega hasta el último escalón de 
la plataforma y, todavía no satisfecho, se 
inclina, casi con peligro, sobre la baranda, 
movido por un anhelo raro, que, como las 
glorias mortales, las glorias inmortales tam- 
bién poseen fascinaciones que invitan al fa- 
natismo. 

Si la oratoria tribunicia rompe voluntades, 
al punto de convertir en aplausos apasio- 
nados los apostrofes iracundos de la víspera ; 
si la palabra irreprochable de Lamartine 
amansa y conquista al populacho revoluciona- 
rio de París, ebrio de cólera y orientado por 
odios de barricada-; si. al influjo arrastrador 
de Castelar, caen instituciones podridas y 
surje, cual una alborada aunque efímera, el 
ideal de una república, ¿cómo suponer que 
esta otra elocuencia, engendrada por el hu- 
racán al desplomarse sobre el abisnui. mucho 
más potente, más trágica, más próxima al 
ensueño, inultiplicada millones de veces en 
la fuerza de sus bajos, de sus agudos }• de 
sus' inflexiones épicas, arrojada al oído de 
una muchedumbre, por la garganta atrona- 
dora de otra muchedumbre. c<)mo suponer, 
digo, que esa elocuencia, digna de titanes, 
no arrebate corazones y no rompa la caja del 
pecho con preces de admiraci(')n? \'encitlos 
por esos atractivos perversos, reproduciendo 
la escena del débil pajarillo y de la víbora, 
muchos neuróticos se han adelantado a la 
cita inevitable, arrojándose al torbellino que. 
htego de macerar sus cuerpos y de arrancar- 
les girones de carne ensangrentada, apenas 
se ha dignado escupirlos, como una resaca, 
informes y deshechos, en las estribaciones in- 
feriores. Días antes de mi llegada, una ]>obre 
muchacha, dominada por esa singular pasión 
romántica, buscó, con éxito, el suicidio en la 
sima fragorosa. Pocas horas después, sus res- 
tos mutilados señalaron el rastro de otro fú- 
nebre naufragio. Leí en los diarios de la lo- 
calidad que su familia manifestó a la policía. 



como j)osible origen ile aquella tragedia, el 
hecho de (|ue la desgraciada, desde tiem]>fi 
atrás, venia diciendo que el Niágara la llamaba 
a sí. Pero no es de ahora tpie la catarata en- 
gulle a infelices qtu' voluntariamente se oíre- 
rvu de ])asto a stis apetitos caníbales. Cuenta 
la tradición fjm- cu:indo los indios eran sr- 
ñf>re-. d<- la comarca, ellos inmcdaban todos 
los años l;i \ írgrn más linda de la tribu arro- 
jándola, como la más \;i]iosa ofrenda, entre 
ios tentáculos del m'''ns;ruo. para aplac.ir 
asi sus Cideras despiadadas. ¡ Horrible des]io- 
sorio cnn la nada ! .-\grega la Ux'enda. cjue 
cierta vez la elección sacrilega recayí en la 
hija única <lel jefe. i)ues su belleza n<í admitía 
debate, l-'.l padre }' el novio bajaron la cabv;a 
ante la inmensidad de su infortunio; ])ero al 
día siguiente, cuando la \íctima, prisionera 
de una canoa, por ella sola guiada, emprendió 
el derrotero de su martirií), impelida C(m la 
velocidad de una fleciía hacia la enorme qui- 
jada, vieron los in<lios, aterrados, que otra 
barca se de.sprenília de la orilla ]le\ando a un 
hombre anciano, en rumbo a la irremisible 
])erdici('m ; era el padre de la infeliz que aca- 
taba y extendía hasta él el fallo inexorable I 
Desde entonces la superstición suprimió ese 
homenaje al "Dios de las aguas". 

No han faltado audaces que han querido 
gustar el placer mitológico de lanzarse al 
peligro, de rebotar luego sobre las rompientes 
y de referir más tarde, ilesos, las impresiones 
recibidas en el seno de la vorágine. Todos han 
citmplido las dos primeras partes del arries- 
gado programa pero, hasta la fecha, ninguno 
pudo llegar a la tercera. L'n célebre nadador 
inglés hizo la prueba, veinte años atrás, y 
s(')lo consiguió atimentar la siniestra esta<lis- 
tica. 

Quienes han visto una y otra cascada alir- 
inan que la del Iguazú posee aun mayores 
encantos que la del Niágara. Todo puede ser. 
Por lo demás, poco nos cuesta aceptar que 
aquélla exceda a ésta, al presente, en sus ata- 
víos, en la inmensidad rustica de los panora- 
mas y boscajes que le sirven de marco. A 
pesar de que el prodigio jamás perderá su 
carácter monumental, porque el timbre de su 
arquitectura imponderable está por encima de 
la crítica de los hombres, pienso que el Niá- 
gara que dejó cxtasiado al explorador La 
Salle en 1678, debió ser aún mas impresio- 
nante que el Niágara que nosotros hemos po- 
dido conocer. Los detalles dan o quitan y así 
cotno las águilas domesticadas no valen tanto 
como las águilas salvajes, predilectas de la 
intemperie y favoritas en los festines carni- 
ceros, casi me atrevo a decir que los puentes 
de hierro que cruza el ferrocarril, y los pue- 
blos vecinos, cada día con más aspecto de 
ciudades, y ios parques improvisados en las 
riberas, y las calzadas, a retaguardia, de ma- 
terial, y el humo de las chimeneas industriales, 
y el pasaje de los trenvias eléctricos: en una 
palabra, que la actitud nerviosa de los en- 
jambres nacidos, como custodios, en la inme- 
diación, ha arrancado al coloso matas enteras 
de su melena leonada. No atino a explicarme 
bien, pero vosotros entendéis mi pensamiento 
¿verdad? La civilización, se dirá; mas no ol- 
vidéis qtte el Niágara, en su cabal y clásico 
concepto, está reñido con la civilización; que 
aquél encarna el señorío bárbaro de las sole- 
dades y qtie ésta tiene su símbolo en la col- 
mena ; que mientras una vive al calor de todos 
los refinamientos el otro ofrece la expresi<'>n 
de todos los desórdenes y de todas las in- 
clemencias, en reino de selvas, de pájaros y de 
fieras. Pues precisamente, ese capital de pres- 
tigios indefinibles, que ya se despide de aquí, 
existe pictórico y todavía intacto en las cos- 
tas, hasta hoy misteriosas, del .^Ito Paraná y 
por eso creo que la catarata del Iguazú 
ofrezca espectáculo de más silvestre poderío, 
abrazada por montes inexplorables de palme- 
ras y presidiendo soberana, desde su lecho de 
Cleopatra. sin sentirse molestada por un s()lo 
lamento de locomotora, las elaboraciones ma- 
ra\'illosas de un mundo siniestro y tropical 
de indios bravos, de tigres y de venenos mor- 
tales. 




HA pasado la clásica temporada lírica 
que año tras año se desarrolla en nues- 
tro viejo y glorioso teatro Solís. Du- 
rante esas noches de intensa sociabilidad he 
ido anotando en mi cartera las impresiones 
rápidas y deslumbrantes que herían mi re- 
tina al girar la vista por la sala, y ahora, 
ante las cuartillas que esperan el desarrollo 
fie la crónica, me resulta abrumadora la tarea. 

¿ Por qué ? 

Porque en ninguna otra oportunidad como 
en esta, he notado torpe mi i)luma y pesada 
mi fantasía, pues es tan hermoso, tan ruti- 
lante, tan soberbio lo que he visto en la sala 
de Solis las noches de ópera, que sólo una 
mente privilegiada pudiera trasladar fielmente 
al papel una tan inmensa sucesión de hondas 
emociones. 

Todas nuestras damas más elegantes, más 
•listinguidas. de más alto rango en nuestro 
ambiente sftcial, hicieron acto de presencia 
en las veladas de la lírica y en verdad que sólo 
con frase rimada, con vocablos forjados en 
oro y piedras preciosas pudiera yo rememorar 
tanta majestad y tanta belleza. 

Un espectáculo fascinador-que se repitió una 
y otra noche, y una y otra noche se renovó en 
intensidad subyugante, al extremo que los 
ojos llegaban fatigados de tanta hermosura 
al final de la jornada. 

Rostros de perfecta linea, de armoniosos 
contornos : idealidad de artista exquisito ma- 
terializada en facciones femeninas. Trajes des- 
Ipmbradores. derroches de buen gusto y de 




EN NOCHE DE GRAN ÓPERA 



riqíteza. Joyas exornando las joyas palpitan- 
tes (le los cuerpos de sus dueñas y llenando 
Ha sala de titilaciones de estrellas, al ser re- 
flejada la intensa luz en las facetas de las pie- 
dras preciosas, . . 

Espectáculo feérico, inolvidable, que no im- 
porta se repita año tras año. De él queda 
siempre un ansia perenne, un ansia que nn 
se apaga nunca y que no bien teriuina una 
temporada, ya desea el espíritu volver a gus- 
tar de tan delicadas sensaciones... 

Dejo un momento de divagar y mis ojos se 
tornan al carnet de apuntes. Los caracteres 
trazados apresuradamente, bajo el dominio 
de una impresión, cobran reflejos de pedre- 
ría. Nombres y detalles son Cf)nio una cua- 
derna. 

^' no sé cómo tocar, c/uno llegar a tanta 
belleza, evocándola, con los rebeldes puntos 
de mi pluma. 

Cierro entonces los ojos y... 

En un alo fulgurante, como una visión de 
oriente, llega María Amelia Márquez Vaeza, 
envuelta en el incendio de un traje rojo-rubí. 
I\s una silueta fantástica. ]'"s como si de una 
admirable amapola surgiera un rostro de sin- 
gular perfección; un copo de nieve escultura!, 
sobre la perfecta ondulación de una llama... 

Margarita Idiarte Horda Platero aparece cu 
la tela de mis recuerdos con la suavidad pu- 
rísima de una perla. Una delicadeza admira- 
ble de lirio, un triiuifo de juventud y de ele- 
gancia. 




Té org^aaUado por la Sociedad Entre Nous a beneficio de los Premios a la Virtud 



Dos Iiermosos záfiros, los mejores, los más 
valiosos del mundo, como no se atreviera a 
soñarlos rey alguno i)ara su corona, se me 
antojaron, envueltas en sus trajes azules, 
lilanca Saavedra y Amelia í^úrmester. 

Cíui un soberbio traje esmeralda se pre- 
sentí» en clásica noche .A.na Mané .-\lgorta, 
brillando en el i)alco de sus mayores con los 
(U-slellos de su belleza y de su distinción. 

Detengo un instante el vuelo de la imagina- 
cii'in para volver luego al magnífico cuadro 
evocado. 

\' se imponen a lui recuerdo: María Helena 
Serrato. Julia Helena Shaw X'Ülcgas y María 
Luisa Díaz Eournier, que lucieron en las no- 
ches líricas sus delicadísimas siluetas, en- 
vueltas en elegantes toilettes y como si fue- 
ran, en su esbeltez, tres flores de Eys. 

Margarita Heber L'riarte pasó ante la ad- 
miraeíón de todos, exhalando el perfume <le 
su bondad, * imponiendo la realeza de su 
distinción. 

Micha Villegas Márquez y Olga Beherens 
Hoffmann, como dos rosas de Francia, or- 
gullo de jardines, dejaron a su paso una es- 
tela de homenajes. 

María .Angélica Requena Cordero, deslum- 
hró con la pureza de líneas de su rostro y el 
brillo de sus ojos negros como dos diaman- 
tes -íantásticos. 

V así ix)dría continuar señalando y can- 
tando a todas las flores de juventud y de ele- 
gancia que hicieron de la sala de Solís un 
sitio de ensueño. 

Pero al volver las páginas de mi libro de 
apuntes encuentro los nombres de las señoras 
que dieron a las noches de ópera todo el pres- 
tigio, todo el iinpositivo relieve <!e su distin- 
ción. 

Más reinas que las reinas verdaderas; rei- 
nas por su belleza, por su cultura, por su 
chic; disputaron las loas de toda la concurren- 
cia y fueron, al igual que las señoritas, las que 
mantuvieron y elevaron quizá aun más el con- 
cepto envidiable en que se halla la sociabilidad 
uruguaya. 

.-M verlas, una y otra noche, en sus palcos o 
en sus plateas, luciendo toda la majestad 
altiva y serena de sus prendas físicas y mo- 
rales, he pensado que en nuestras democracias 
no necesitamos de la depuración de un largo 
abolengo para tener damas que nada tienen 
que envidiar a las duquesas, y si a mucho me 
obligan, diré que nuestras mujeres tienen más 
espíritu nobiliario, más arrogante apostura 
que una infinidad de marquesas y princesas, 
de las que ocupan puesto principal en la clá- 
sica nómina de Gotha... 

V en este estado de ánimo, bien justiciero 
por cierto, contemplé con verdadera admira- 
ción a las señoras Rene Usher de .A.rtagaveytÍa 
y Blanca Usher de Heber Uriarte. 

A la señora Sara Guani de Cardoso, a quien 
evoqué interpretando en el escenario de Solís 



N 



ADA más encantador que tina fiesta 
de niños. En ella el espíritu de los 
" grandes " encuentra un delicioso 
n''otivo de esparcimiento. Diría.se que en el 
a:rbiente propicio, todas las dulces iiii])re- 
siones (le los tie:nj)Os que ya no han de vol- 
ver, resurgen con fuerza impositiva, y vuel- 
ve uno a sentirse niño y jior ende coni])le- 
laniente feliz. 

Ksto en lo que se refi;-re a nuestras im- 
presiones. 

Los niños tienen otros ¡¡ensamientos on 
los instantes de amable reunión. I 'ara ellos 
la vida no ha teñid 



lÍ 



IEr/"TA-r 

NFAMTILE:/^ 



pequeños han de guardar hondo recuerdo. 
De.spués de la notable sección de bic'i- 
graío, los niños — imitando en esto a los 
mayores — se entregaron a las delicias del 
liaile. \' se bailó con entusiasmo, con gran 
entusiasmo, sin desmavos. Tuvo la danza 
tantos atractivos como los habiau teniíhi 
las cintas cinematográficas. 



— SELECTA — 



resultó de la comicidad de las obras in- 
ter])retadas. 

Tan-bién en esta reunión se bailó des- 
])ués de la función v luego .se jia.só a! co- 
medor donde el buffet obtuvo los más cimi- 
])lidos homenajes de la mint'iscula concu- 
rrencia. 

]\ qué triunfo de cabecitas rubias v mo- 
renas en ambas r;-unioiies! 

Diríamos un jardín, mi esplendoroso jar- 
dín. (Ifjuile mar;;villosas flores de inocen- 
cia, de candor, de vida palijilante surgían 
ante nuestros ojcis embelesados. IL-vandn 



aun rudezas v amar- 
guras y esos minutos 
de holgorio los apro- 
vechan con toda la 
vehemencia de sus 
candorosos entusias- 
mos. 

Las fiestas infan- 
tiles son deliciosas y 
son taml)ién educati- 
vas. Son una escuela 
amena de sociabili- 
dad. Si con motivo 
de la celebraci('>n de 
un natalicio o de un 
ononiástico. un niño 
reúne a su alred.'dor 
a sus amiguitos v 
auiiguitas. es un me- 
dio muy hermoso de 
des])ertar en ellos 
])rincipios de cultu- 
ra V de distinción. 

De esta suerte, los 
niños van preparan- Un d«iLíoso grupo d 

(lose jiara la vida d.- salón y cuando lleguen 
a verse obligados a las ])rácticas sociales, 
conslatarán la utilidad de las reuniones in- 
faiuiles, ([ue sirvieron para darles las ])ri- 
nieras nociones de correccii')n mundana... 

Dos fie.stas infan- 
tiles se realizaron en 
los iiltimos días. L'na 
en casa de los es- 
¡iosos ,\mézaga-.\l- 
varez y otra en la 
morada de los espo- 
sos Lasala-.Mvarez. 

Ivi el ])ri;rero de 
los hogares citados 
la reunión fué en 
honor del pequeño 
Juan José de .\mé- 
zaga - .Alvarez. quien 
celebraba su ono- 
•■nástico. — La se- 
gunda fiesta se dio 
en homenaje a los 
niños María Inés 
I'eixoío La.sala y 
Panchito Lasala 
Bof fil, los cuales ce- 
lebraban en un mis- 
mo día la fecha de 
sus nacimientos. 

Fueron — y esto 
se sobreentiende — 

dos herniosísimas reuniones. En la primera 
el número sensacional de la tarde lo cons- 
tituyó una sección de biógrafo que obtuvo 
el más cumplido éxito. Las escenas diver- 
tidas que se reprodujeron nítidamente en 
la tela jjrovocaron en el bullicioso cónclave 
el más grande de los regocijos. Se aplau- 
dió y se ovacionó. Fueron momentos in- 
tensamente sentidos v de los cuales los 



#«xSxíxS>^«><$>^x»<$«8xSh$xSk$>^k$><$k$x5><J>^><$^>,$^ 




; concurrentes a la fiesta realizada en honor del niño Juan José Amézaga Alvarez 

^' al fin un soberbio lunch coiiqilett) el 
progra'.ia del, festival, v en él los ])e(|Ueños 
re])Usieron energias. 

b"n la otra fiesta — c|ue fué ta:iibié:i liri- 
llantisima v reunié) a un gran miiiiero de 



a l(j mas lioiulo de 
mu-tro semiiiiiento 
ima emocit'm dulcisi- 
ma. Con los niños \ 
;-niie los niños, se 
olvidan Jas aspere- 
ziis de los liom))res. 
La ingemiidad <le 
cs.as ;[lm;is en em- 
brión, a las cuales 
aún la \id,i no ha 
miiculado con sus 
trazos (le am;irgn- 
r;is y de e.goismos. 
lleg.i a nuestro co- 
razón como un rocío 
\¡\i ficante, que aca- 
lla luegos ])asion;i- 
les. oditjs. <les.-s])e- 
ranz.'is. iras y lu.alos 
anhelos. 

L;i inocencia (!,■ 

unos ojos de niño 

descorre como por 

encanto todas 1;ls 

niebl.-is (|Uc l;i luLiía 

de todos l<js días ¡loiie en mi.-stras ])upil;is. 

y iliriase (|iu- I:i sonris.a de unos labios 

infantiles es ciuiio una aurora, a la cual 

des¡)ierta más de una vez nuestra obceca- 




Grupo encantador de los que participaron en la reunión con que se festeíó el 
de los niños Inés Peixoto Lasala 7 Panchito Lasala Boftil 



])e([ueños — la sección de biógrafo fué sus- 
tituida ])or una función de teatro de ma- 
rionetas. 

i Con qué profundo interés se siguieron las 
incidencias del e.s]>ectáculo, conducido con 
.suma habilidad por los encargados de co- 
municarles vida escénica a los muñecos 1 

Las escenas guignolescas fueron larga- 
mente aplaudidas y la más grande alegría 



le ción para encontrar bueno lo (|ue creíamos 

n\alo y .soliiciéin a u;\ 
[iroblema que se pre- 
sentaba ante nues- 
tros ojos con ;is])ecto 
.aterrador. 

l'n día. unas ho- 
ras tan .sólo, entre 
los niños ejercen so- 
bre nuestra mentali- 
dad un efecto piiri- 
licador, regenera- 
dor. Xos vincula co;i 
nuestro ])ropio ¡ja- 
sad o. recordamos 
nuestra niñez. ])en- 
samos que entonces 
fuimos I genero.sos. 
altruistas y sencillos, 
y bajo la influencia 
de aquella vida (pie 
para todos es jiia- 
centera, nos senti- 
nos capaces de ser 
irás buenos, menos 
egoístas, más sensi- 
tivos. 

De ahí que nos 
sintamos tan íntimamente gratos a las dos 
fiestas infantiles de tiue da:r.os cuenta en 
esta ])ágina. 

Tanto Juan José Amézaga .Mvarez como 
María Inés l^eixoto La.sala y Panchito La- 
sala Boffil. fueron obsequiados con muchos 
v muv ricos regalos. 



mpleaños 



Toin, 



— SELECTA — 



riTERílAaOflAL 

CAHADERIA 



No pin'dc pcrnianacer Ski.kcta indiferente ante las 
KramUs. las verdaderamente gloriosas manifes- 
taciones de la riqueza nacional, exteriorizada 
en torneos como el que se realizó en el Prado y al cual 
liií'» l>rillo inusitado la concnrrencia de familias mny 
principales. 

Constatar, elogiar deliidamente, Iiacer que todo ello 
se cnnf>zca profusamente en el extranjero, cuando de 
manifestaciones de progreso se refiera, es coadyuvar a 
la gloria del país, porque si nuestros guerreros y nues- 
tros patricios han puesto el nombre de la nacionalidad 
como una afirmación de arrogancia, de virilidad y de 
heroísmo; hoy nuestros hombres de trabajo y de ini- 
ciativa son los encargados de hacer conocer las ca- 
racterísticas actuales de nuestro pueblo, vale decir, 
todo lo que ha podido avanzar en menos de una cen- 
turia eu la senda luminosa del progreso, senda que 
guarda para nuestras actividades nuevas, una riqueza 
en cada palmo, una facilidad de producción en cada 
recodo y en una meta no muy lejana una potencialidad 
económica, que ha de ser en el Continente Sud como 
nn faro radiante que atraerá irresistiblemente a todas 
las voluntades, a todas las iniciativas que, en los ám- 
bitos más remotos del mundo anhelen un ambiente 
propicio para su fecunda aplicación. 

La Exposición Internacional de Ganadería fué un 
admirable triunfo del país y fué una demostración bien 
concluyente de que ya nuestro solar no es más una 
extensión semisalvaje de tierra, donde el contraste de 
un abandono que fué resaltaba aun más lamentable- 
mente con los progresos de la capital. 

Va las " cuchíltas " no están deshabitadas, ni las lla- 
nuras se ofrecen al viajero como una desolación. Ahora 
tenemos inmensas praderas, praderas que remedan las 
famosas norteamericanas, donde los ganados de san- 
gre, de alto refinamiento, desarrollan una riqueza que 
es ya asombrosa en relación al tamaño de nuestro te- 
rritorio. 

Hl afán y la dirección inteligente de los hombres 
progresistas, de los uruguayos que honran al país, ha 
amplificado la producción ganadera en una forma ad- 
mirable. }• de la bondad de los productos que se ad- 
quieren dan fe las magníficas cotizaciones que las car- 
nes del país disfrutan en los mercados del mundo. 

Kn nuestros establecimientos rurales ya no hay ga- 
nado "criollo". Un rodeo de cinco o seis mil cabe- 
zas Durham o Hereford no es cosa asombrosa, y de 
uno a otro confín de la Reptiblica se alienta un espí- 
ritu nobilísimo de emulación que dará al país grandes, 
envidiables satisfacciones. 

I.a antigua "estancia", que no era más que una 
gran extensión de tierra donde los ganados crecían en 
estado salvaje, sin que el hombre le proporcionara nin- 
gún recurso para defenderse de las inclemencias de la 
naturaleza — ya no existe casi en nuestro territorio, 
y si aun queda algún ejemplar, como verdadera curio- 
sidad lo contemplamos. 

V es que el progreso sacude todos las voluntades, 
aun las más reacias, y lo remueve todo sin detenerse 
en sensiblerías inútiles, para obtener un mayor ren- 
dimiento de riqueza y de felicidad. 




El Presidente de la Reptiblica 

acompañado de los miembros de la Asociación Rural, 

entrando al local de la Exposición. 




£1 brillante concurso de familias presenciando el desfile 
de los valiosos productos exhibidos 




El señor Vídiella (hijo) y familia visitando las dependencias de la Exposición 



— SELECTA — 



sQLTLÁmOMJyhÁ tmve/ Je c/o histonm 



Q o Q Q Q QQQQ OQQ 9 9 Q Q Q g 99 QQQ 






MAS (le medio siglo tiene ya nuestro pri- 
mer coliseo. Hs casi un monumento na- 
cional, no sólo ■■ >r los hombres í|ue inter- 
vinieron en las «íestion^'s jiara su construcción, 
•^ino tairii)ié;; ]ior los artistas líloriosos (|ue ma.ü- 
nificaron su e-^cenario. 

l''s ya venerable ese ambiente cíe alta inte- 
lectualidad (|ue forma como una aureola al coliseo 
principal, aureola en la (lue se mezclan los re- 
cnerdos de muchos i^enialcs cantantes, artistas, 
oradores, concertistas y i)oelas. que han dejado 
en la amplitud armónica de la sala como un eco 
de -^u-. voces, de sus concepciones admirables. 

Teatro de tradición, teatro que surj^ió de entre 
los fragores de una lucha terrible, come un iris 
de bonanza, como la materialización de un fér- 
\ido anhelo de orden, de cultura, de civilización. 
\ que bien nos dice, con las lineas severas de su 
:tr(|uitectura. cjue Irs hombres de acjuella época 



\ 




Gíuscppína Medorí, 
ilustre cantante que actuó en 1857 

!i"i--le. en qui.' América toda se estri.'meeia (\v liu- 
rror, no se rendían a las iniíxi-iciones bárbaras 
del inomeTUo. \- mientras condiatian. pensaban 
(|ue !iay ali^o superior a todas los conibates de las 
pasiones y a tuilos los impulsos de la ambición: 
el arte. 

-Nsi stirgió el Teatro Solí.-., asi se cnnsuíidó al 
.ser "apadrinado"* por los más esclarecidos ciu- 
thulantts de entonces, y al atraer mny luego a su 
escenario infinidad de glorias artísticas. ad(]uiriú 
rápidamente w) prestigio (jue no se lo disptua 
ningún otro coliseo sudamericano, 

.Antes decimos (pie es un monumento nacional 
_\ tal repetimos a! examinar ahora todas las ca- 
r:icteri>ticas (pie precedieron a su construcción y 
ai recorrer las ¡inginas de su historia radiante. 



J-'.l J4 de Junio de 1840 surgió la idea de cons- 
truir lUi teatro, que reuniese las condiciones exi- 
gidas por la importancia de nuestra capital y la 
cultura de la población. 

l.a primera Comisión nombrada para estudiar 










Francisco Javier Garmendía, 

Arquitecto, autor de los planos que sirvieron 
para la construcción del Teatro Solís 

un plan jior el t|ue se ¡tudiera degar a e>ie fin. 
la ccmponian los señores; Juan l''ranci>co CjM'o. 
como I*resi(K'nle : Juan Miguel Martínez. Conta- 
■.!or : Kamón Arlagaveytía. Tesorero; y \'Íce-nL 
\"áz(pH 7. S^":reiar!o 

Como se V-', eran todas pi-rsoiialiclaíle^ Ki- que 
acogieron con entusiasmo !a idea de ctnistruir 
un eolis^'o y los (|ue din sus nond)res conienza- 
1 on a pre^tigia^ tan noble ]iropósilo. 

¡■',e lífes'.igio se acrecentó al nombrar^e al dia 
siguiente de la feciía indicada, la Comi-ión :pu 
debía formar !a sociedad por !a cual se llevaría 
a la ¡tráctica la idea de construir un teatro. 

Componían esa Comisión los señores: Antonio 
kius. \'iccnte \'áz(¡uez, Luis Tamas. Juan Ilenitu 
Pdanco, Kamón Artagaveytia. Manuel ilerrera y 
í)i)L>. Juan Miguel Martínez, l'rancisco iñuTÍo! 
\ i-'lorenti'io Caslellanos. 



I 




l'-sta Comisión tuvo a >u cargo todo lo relativo 
.. la organizacií'm de la nueva sociedad y el ló 
de Jidio del mismo año se noinbró la prinuTa 
(."omisión Directiva, elegida con arreglo a los Ts- 
'.atulos redactados y en la <|ue formaron UíS se- 
ñores: l.ms Lamas. Juan Miguel Martínez, Juan 
Ilenilo Illanco, l'rancisco S. Antuña. Juan I-". Giró. 
iíamón Artagaveytia y \'icente X'ázquez. 

Cnainb) se contó con el capital necesario ])ara 
iniciar los trabajos de construcción del teatro, se 
encargaran los planos. Kl arquitecto señor Fran- 
cisco Javier Garmendia presentó unos, los que 
fueron apnibados el 10 de Agosto de 1841, co- 
menzándose tle inmediato los tral)ajos. 

Sin embargo la obra quedó paralizada durante 
la Guerra Grande — vale decir, durante nueve 
años -- reanudándose en el año 1852. 

l-'.l -'5 de .Agosto de 1856 se inau.gnró solcmne- 
'i;ente e! nuevo coliseo., realizándose una funci(')n 




El barítono José Cima 

que actuó en el «^Hernaní» cantando en la noche 
de la inauguración del teatro 



Ana Lagrange, 

que actuó en 1859. Fue también una artista 
excepcional 

de gala a la qm,' a-isiieron los Tmleres l'ubiici's 
\ Idda !a más distinguida sociedad de la época. 

L'na conqi:iñia lírica ]mso en t.scena esa noche 
n.einorable la ó]iera "llernam". eslau'io el re- 
liarlo hecho en esta fi-rina: 

Primera dama aiisoluta, señtu-a Sofia \'era I^o- 
rini : primer tener absoluU). señor Juan Comoli ; 
¡■rinier barílonn. >eñor José Cima; segunda dama. 
señera Josefina l'ati ; bajo profundo, señor l'"e 
lipe i-"ati; bajo ])rofundo, señor Sardón; segumUj 
i.nor. señor J. Chiodini ; director de onpiesta. se- 
ñMr Pretty. 

¡■.M e^a noclie se rejiartieron en el lealri • unas 
lioias sueltas conteniendo unos \i'rsos i.pie e! poeta 
hranci-co Xavier de Aclia dedicaba a la Comisión 
i|ue habia llevado a cabo, tesoneramente y sin 
desmayo- la construcción del (pie <k'bía ser pri- 
mer teatro del iKiis. y uno de los importantes de 
Snd - América. 

b.sos versos los insertamos a cemtinuación. Mu\ 
])ocos conocen esas estrofas, las que constituyeron 
un galano saludo y amable felicitación a los ciu- 
dadanos que habían contribuido tan eficazmente a 
una obra de cultura nacional. 



— SELECTA — 



líe aiiní L<i>i vcr-íos: 

A I. A IXAL'OL'KAC'IOX 

ti:atrü soi.is 

Tributo de veneración 



Utl )'r. .;;r!,-sn las artos y la industria 
* )¡u- -m:í (leí sijílf» la inmortal Cíiroiía 
f:in:a mi voz la <;loria (|uo hoy ]>rt'i;onti 
Tcril.. un pueblo L'u ilidiosa animación. 
^ íic L-ntusiasmo el alma arrebatada, 
in-jiirailo por altti patriotismo. 
C>r] 1:1 vi-ta elevada hasta Dios mismo 
ivind.. un cult.. a Solis de admiración! 



A^in. bajo >u bóveda e>]drn!Knte 

f. .n b.s colores de la patria oriuula. 

b.'-unic" yo tijii la mirada 

^ al iíL-ní'- y al trabají) envió - >alnd ! 

Salud a la concpiista i)orleuto>a 

(Jue e! arte iiob'e en L'ruyuay alcanza! 

Keaniniese <kd puelílo la esperanza 

De! proiíre-^o al brillar la excelsa luz. 



I'renda salvada del naufra.üio liurrih'e. 
I*adr<'.n de .y'oria entre la ruina alzado. 
Te o-*tentas lii. Solis en.i;alanado 
K.<<\} el priuur bla-ón monumental. 
N el pueblo ipie te admira all)or!)zado. 
C""nIuro acierta a pre-^untarse apcna> 
>i en nudio de >ns horas inserenas 
1- ne i:i!-ible e>te ti-n!¡)!u levantar I 





£1 teatro Solis en la época de su inauguración. 

Como se vé en la (otografia 

los cuerpos laterales no existían 




Don Juan Míg'uel Martínez, 

el alma mater> de todos los trabajos realizados 

para poder llegar a ver erigido nuestro 

primer coliseo 



Dile que sí. Solis! dile que admiro 
De la Cüiistaiicia y el trabajo el fruto; 
Dile que mire en tí el bello tributo 
Del esi)íritu audaz de asociación ! 
Dile (pie te contemple y te lamente 
Las horas ¡ ay ! de su infeliz pasado; 
Dile {pie si a éd la guerra lo ha postrado 
Tú debes a la in'l'T^tria tu erección! 

Gloria a la industria y a las artes ¡gloria! 
Gloria al trabaio que ennoblece a! mundo 
Glorias al jíenio. creador, fecundo. 
(Jue boy res])landeCL' en Uruguay h\-!iz ! 
Glorias al juieblo <pie sus palmas bate 
Celebrando dignísima victoria ! 
Para más señalada hacer su historia 

1 'ii ('í:i inmnrfal n('r('>;it('i SdIÍ-; ' 



inmortal, necesitó Solí; 

También tu nombre es inmorUil S;ili> 
V rememora el del audaz piloto 
Oue el primero burlándose del Xoto 
ICn miestras playas enclavó la cruz. 
l,a cruz (pie es signo de progreso y viila, 
Kn cuyo nombre al porvenir marchamos 
^ templos y santuarios elevaní»»-; 
.-\ las artes, al genio, a !a virtud! 

tiioria lambié;;. iionc)r y lauro etvrnn 
A los hiios del pueblo ipie esforzado-- 
lúi (.."i):nisión nuKlelo congregarlos 
Dieron cima a esta obra co!<.)s.i'. ! 
Gloria a la abnegación, al patriotismo 
Que los señala como honroso ejemplo: 
Sus nombres inscribir en este templo 
Debes tú en galarclón. ))ueb!o Orienta!! 

.\rrebatada de entusiasmo el alma 
Deja mudo mi labio al ciintemi)!arte ; 
Gloria monun;enta\ ¡)uedes mo>lrarle 
Siendo el orgullo de la ¡lalria. si! 
.Xdmiración de propios y de extraño> 
Galardón nos darás y nombradía. 
Como gloria y remtmbre nos dió el día 
l*.;i (pie or^ttiita su gaia el Gran S;.)tis! 

raniaso' X. de .íflui. 
.\1 >nle\ ideo. Ago>to ^^ de !H5(). 



Don Pedro Etchegaray, 

Presidente 



lA ACTUAL COMISIÓN 

pelTeatro5olís 




Don Román Freiré, 
Vícc-prcsídcntc 




Dr. Alfredo Etchegaray 

Secretario 



Luís Ollívíer Montero 
Contador 



Juan Lorenzo Etcheverry 
Vocal 



Juan Benbow 
Gerente Administrador 



— SELECTA — 



==t 



Ví^^^'5^'5^-,^ 



" 




Arturo Durante Barbot 



Martha Deluchí Turenne 



— SELECTA — 



-Wj OXOR a la hermana transandina! ¡Honor 
^ 1 a sus virtudes cívicas en el mes de su 
¿ M efeméride más gloriosa! Rindiendo cul- 
to a nuestro americanismo sin vacilaciones, hoy 
saludamos a Chile. la República de la estre- 
lla rutilante, que detrás de los bastiones andi- 
i:<»s iíuanla celosa la inlejíridad contím-ntal trente 
a la inmensidad del Pacifico. 

I*:ira t-lla. para . la hermana que enaltece ciui 
■'U pniiiTe-c raiestra América ubre, el salndn tra- 
urnal del L'ruK"3y- 

\ para comp.etar esta nota nunca mejor (pie 
]inl>Iica!id«> estas páiíinas notables del ilustre es- 
criii.r chileno don Marcial Martínez. 

■"Xinjíuno de los tactores de la llamada im- 
propiamente revolución de iSio. fué considerad,» 
inilivi(hia!nieme. iiombre extranrdinario ; pero, 
contemplados todos, en cimjnnto. en el líran- 
dittso cuadro de la epopeya sudamericana, mere- 
cen, a muy ju--to titulo, el nombre (pie el mundo 
les reconoce de * ' F'adres de la Patria' y de 
PnWeres de la Indepemleiicia americana. 

\o hay (pn'en ii^nore cuál era e! sistema colo- 
nial de la i%spaña en esta parte del nnmdo : y. 
Conociéndolo, no es de extrañar ((ue lo> c; don os 
indijíenas aspirasen a la libertad y. .; >nio medio 
dr adipiiriria. ai gobierno proi)io. 

Por más difícil tpte era. en aípiel entonces, la 
imroducción de libros, principalmente de los í|ue 
lio<lian excitar las aspiraciones a la independen- 
cia, no dejaban de circular, entre algunos hom- 
bre^, nacidos casi todos en el país, pero de san- 
•.,:re española, cierras obras de las más apropiadas 
para exaltar el .sentimiento innato de la dií^nidad 
l.nmaita y íle la lüiertad en el manejo de los ne- 
■;<icios públicos, (pie se denomina política. l*".s 
hecho perfectamente averii^uailo que circulaban al- 



-C!-11I£; 

£N-EL ANÍIVER/ARIQ 
DE JV INDEPENDEWCIA 



jiañoles han calificado de ,mierra de la indepen- 
dencia, en la cual lueen como estrellas de primera 
nia.yin'tnd el 2 de Mayo de iSnS. fecha del i)rimer 
si.i,'no de resistencia al ínwasor y ia eapilulaci<'>n 
de P.ailén, de Junio di- ese misino año, firmada 
por el iíeiieral francés Duponl. en manos del ,ne- 
neral español C'astaños. h'.se desastre produjo 
honda tristeza, iiarecida a la desepcración. en 
el ánimo de Xapolec'm. (piien, al recibir la noti- 
cia, exclamó: — "'¡Cuánta razón tuvo Corneilie 
al ajírej^ar a su famoso "(Jií'i! innunií .' ' ', <■! 
otro verso que le han criticado: " (hi iju'uii hcmi 
(h'scst'oir alors le srcouruf f ". 

l'.s abrumadora la serie de iira\isinios acon- 
tecimientos que forman la historia de la con- 
ipiista de i^si>aña. Cien libr(»s han visto la Inz 
publica sobre esa. para b'spaña. heroica .yuerra : 
pero, si alsíuien de<e:ise conocer la última ]>alai)r;i 
(pie se puede oir en la materia, me atrevo a re- 
comendar (le paso la obra (pie acaba de publicar 
M. Geoffroy de Granthnaison. titulada " f,a Ivs- 
paña y XapoU-iMi ". con más la corres])ondeneia 



cidad, porque no hay medio de medir con fijeza, 
ni el talento ni la ilustración, y porque al lado de 
esos personajes figuraron otros que han dejado 
rastros de superioridad intelectual, como <lon 
Juan K<íaña. don José Gregorio Argomedo. don 
Juan Martínez de Rozas, don Camilo Henriípiez. 
don José Miguel Infante y algunos otros. I. o <pie 
jjuede decirse, a la par, de todos ellos, es (pie 
fueron hombres probos, de carácter entero, enér- 
iíicos, leales y patriotas, de Ci>stumbres ccure^nas 
y de sentimientos elevados. 

I, a liistoria universal registra infinidad de ex- 
presiones, de conceptos, de sentencias, de fórmu- 
las, emanados de escritores, de oradores, de man- 
ílataríos. de lu)ml)res más o menos representati- 
vos de la época en (pie lian vivido, ípie por si 
so'os retratan una situacitín o dan la clave de 
un ]>roI>!ema social, o revelan la psicología de 
un iinel)!o i». en ocasiones, la de un i)ersonaje so- 
bresaliente o bien sirven de programa a graves 
acontecimientos fnturos : una de esas expresio- 
nes es la mny conocida, (pie Na])oIe(>n ninrmurai)a 
desde iHo8 y que no se cansaba de repetir du- 
rante su cautiverio: "l,a guerra de i-España ha 
sido una verdadera Haga y la cansa jtrimera de 
las desgracias de ia bVancia. I'Ula es la que me 
ha perdido". I. os pueblos s^m siempre eminente- 
mente egoístas. Los americanos hemos dicho mn- 
chas veces (pie. deplorando muy sinceramente las 
desgracias que acarreó a la í'Vaneia la guerra 
de ivspaña. agradecemos vivamente a Xa])ole<'in 
(pie cometiera la más fenomenal de las fallas. 
al emprender la conípiista de sn vecino, ])or(pie 
anticipó, f|nizá en medio siglo, l:i independencia 
de esta parte del mundo. 

A{|uí. en este país, y como prolegónu-níi de la 
guerra contra l'ls]>aña, se pr(nnincii') también una 




D. Bernardo O'Híggins D. Manuel de Salas 



Lord Tomás A. Cochrane 

Conde de Dundonald 



Don José M. Infante D. Juan M. de Rozas D. Manuel Blanco Encalada 



gimas obras de Raynal. de dHolbach. de Con- 
dorcet. de \'o'lney. de X'oltaire y de otros filóso- 
fos del sigJo 18. Los nombres de los oradores y 
jiensadores. que demolían las viejas preocupacio- 
nes de lo-^ siglos anteriores, eran familiares a 
muchos chilenos: y es natural admitir que esíis 
hombres de alta talla, en el mundo de las ideas, 
habrían liecho escuela en esta remota C(donia es- 
I tañóla. 

I.a historia de la revolución francesa, que trajo 
al suelo el edificio carcomido de las instituciones 
y crtrencias medioevales, era. si no perfectament j. 
bastante conitcida de 40 o 50 chilenos de los más 
tíhicados. y había muchos otros que tenían tin- 
turas de ese colosal trastorno social y politic(í 
europeo. 

.A ese antecedente, de suyo muy poderoso, se 
unió la emancipación de la Nueva Inglaterra y la 
consiguiente formación de la nación denominada 
l-'.-iados Cuidos de Xorte América. Hse ejemplo 
no podía menos (pie ser contagioso para la Amé- 
rica española, cuya condición colonial era nota- 
blemente peor ([ne la de a(piel ])uel>'o de tirigen 
inglés. 

Por fin. ocurrió la invasií'm de J'^spaña por el 
conquistador Xapoleón. Xada seria para mi más 
interesante que detenerme en referir algunos, 
sino todos. los incidentes del colosa! drama que 
se representó en la i)enínsula española, de 1801 a 
l8oy: pero esa obra me absorbería todo el espa- 
cio de (pie dispongo. .Xpcnas me será dado de 
dicar unas cuantas pinceladas a ese ejiisodio de la 
tragedia napoleónica. 

La Corte española, bajo CarU)S ]\\ estaba ago 
nizante : la familia real se encontraba anarqui 
zada por el odio que dividía al i)ríncipe de .Asín 
rías Fernando, y el favorito Manuel Godoy. Xa 
peleón se ajirovechó de ese deplorable estadc 
de cpsas, para engañar al viejo Rey, pidiéndole 
}>ermiso para atravesar la Kspaña con un ejército, 
falsamente dirigido contra el Portugal, cuando 
en realidad tenía por misión avasallar la penín- 
sula. De aquí la guerra legendaria que los cs- 



del conde de la Korest, i**mi)ajador francés en la 
transitoria Corle de don José Napoleón. 

i^a abdicación del anciano Carlos IV, en favor 
de sn hijo I'ernando : la revocación de ese acto; 
la humillaciiSn de hernando \'1I en ir a pedir a 
Xapoieón. (lue se eiiconlraba en Bayona, el re- 
conocimiento de su carácter real; la nueva abdi- 
cación (pie el César francés Í!ni)nso a Carlos IV' 
y a su hijo; la detención de estos en 1-" rancia ; 
la formación de la Junta Xacional de Defensa 
en Sevilla y del Consejo de Regencia en Cádiz; la 
guerra a muerte, (pne decretó la Junta de Sevilla; 
el levantamiento (le toda I{spaña contra el usur- 
pador; los numerosos encuentros con las parti- 
das de guerrilleros y con los ejércitos me(liana- 
mente organizados de los ])atriotas españoles; el 
fcrvct Dpíis general en todo el territorio ; la 
ayuda prestada a los peninsulares jx^r la Ingla- 
terra, representada por nn ejército a las órdenes 
de Sir Arihur Wellesley, más tarde duque de 
Welliugton; éstos y cien otros incidentes for- 
maron la gloriosa guerra española contra el as- 
tuto, valiente y genial conquistador francés. 

I\sos acontecimientos tuvieron su contragolpe 
en América; y de ahí el levantamiento de la colo- 
nia chilena en contra de su inetrói)oli. 

La lectura que he hecho de las diversas histo- 
rias que sobre este particular han venido a mis 
manos, me ha producido el convencimiento de 
(pie no todos los que se pusieron en acción en 
1810 tuvieron ia firme voluntad de llegar a la in- 
dependencia ; pero (pie. una vez colocados en el 
I>lano inclinado de la revuelta, entraron de lleno 
en el objetivo de la emancipación y fueron tan 
entusiastas como el tpie más. 

Se ha repetido con mucha generalidad (pie los 
hombres de más ilustración (pie eiieal)ezar(ín el 
m(iví miento emancipador fueron don Bernardo 
O'Higgins. don Manuel Salas y don José Antonio 
Rojas. No niego que estos tres caballeros fueron 
personas de talento y de notable ilustración para 
su época. Pero, no podría yo asentir a que fue- 
ren Ins superiores en esos dos órdenes de capa- 



expresión, que. no por salir de boca de personas 
relativamente humildes, dejó de ser una fórmula 
preciosa" y enérgicra del movimiento liberatorio. 
l'^I prior del Hospital de San Juan de Dios de 
Chillan, fray Rosauro Acuña, y el Regidor don 
Pedro Ramón Arriagada. de la misma ciudad. 
l»ropusieron y sostuvieron a principios de i8oíj. 
desembozadamente. el tema de (pie *'así como es- 
to-í pueblos se habían sometido al Gobierno es- 
pañol, también tenían pleno derecho para sepa- 
rarse de él y vivir libres de tantas pensiones y 
j)echos ' '. l-lsos héroes en ciernes fueron traídos 
a Santiago y procesados como reos de traición. 

Kn cuatro de las repúblicas americanas se ha 
fíretendido que cada una de ellas fué la primera 
en donde prendió la idea de la lil>ertad ; pero, 
esa controversia quedará tan obscura como el lu- 
gar en donde nació Homero o como el genuiíui 
autor -de las obras que llevan el nombre de Sha- 
kesi>eare. Por lo que a mi toca, dudo que haya 
alguien proclamado en alta voz el principio de 
derecho público de la independencia y del Sclf 
Ciovcruciucnt antes (pie los chillanejos Acuña y 
Arriagada. 

Pero, sea de esto lo (pie fuere, no i)nede du- 
darse que la aspiración a tener una patria pro- 
]tia bullía en el alma de muchos americanos; y 
(¡ue la guerra fué el glorioso estallido de ese no- 
ble sentimiento. 

Contemplando, al través de un sig'.o, el gran- 
dioso drama, vé el historiador destacarse tres 
caracteres predominantes de esa memorable gue- 
rra: que ella fué provocada por el elemento 
civil; f[ue la iniciaron los hombres que forma- 
lían la más alta capa social, por la posición, la 
inteligencia, la instrucción y la fortuna; y que 
a pesar de la extremada ])obreza del país, no se 
apeló al presente griego del papel moneda, que 
era un recurso entonces bien conocido, sino que 
se pidió a la misma miseria lo que ella pudo 
obrar en aras de la i>atria naciente. La obra de 
los proceres de la independenc'a fué, en la ex- 
tensión de la palabra, milagrosa."' 



SELECTA 




l^P(9ChÜ 








QL']'", "sabe intfrprt-tar ol alma (k-1 ]ii-csionamc. St- elevan en la diafanidad de 
paisaje" dice nn apimle i)eri()dis- los cields seneralniente serenos, anii)liiis, Ín- 
tico (|Ue tenso ante mí. finitos, de ;m azul de poeira. como expre- 

"\' asi es efectivamente. siones hiei'áticas de im estado de alma, de 

ICrne.sto Laroche no es un paisajista a la i'-na insondable melancolia. inmovilidad v,- 
mancra de tantos jiaisajistas (|Ue andan por 1 lesiva y contemplativa, 
ahi. .\ la atilda i)enetración de su mirada. 1'"^ i-'i-ii" si Xatnra se contcm])lara a -i 

a la fuerza e.xjiresiva de su ima.ifinación. la misma y de esa contemplación extrayvra 
naturaleza coijra una fisono ria es])ecial. 
vive. adi|uiere una modaliilad. diriase que 
evidencia un pensamiento, nn estado de es- 
piritu. 

^' e.- i|ue l.arocbe desenlraña de la cam- 
piña un sentimiento tan bondo. tan ex.aclo. j 
tan admirablemente exjiresivo. (¡iie ;liri.ise • 
surge de sus cuadros tnia '" psico')<i"ía " del 
Jiaisaie. ];()ri|Ue es eso lo (|Ue sugieren sus 
telas. 

.Xiinca mejor (|Ue en los lienzos de ba- 
roclie .-e ])iiede co:nprob,ir la influeneia i|Ue 
en toda nanifestación de arte ])nede ejercer 
el temperamento (|;ie las crea. 

l.os pai.sajes del notable i>intor compa- ' 
trióla tienen, al ])ropio tiempo (|ue una e.x- ) 
traonlinaria luminosidad, que una a.midiiiKl » __, 
asombrosa tle espacio. <|ue una lejanía in- Paisaje Otoñal" galería particular 

mensa de borizontc. una profinida melan- 
'^■'^'ba. i;ii caudal enorme de serenidad, de paz. de 

l.os arboles adquieren iiiajestuosida:! im- armonía silenciosa v aleccionadora. 





! r 




j 



" La Canción del Silencio " Museo Nacional de Bellas Artes 



^1 una oijra o.' arle uo es mas (pie la na.- 
tnralexa visla a través de nn leiiperamemo. 
e- iuilu lali'e (pie lo^ cuadro.^ de l.;¡r(jciie. 
-(^u lu'a ac.ab ida. una her.rosisira mate- 
ri.niz.ici('in de e.-ie axiora. (|Ue tiene gran 
¡Ci-e d.' exacliiuil v ba servido iiara !:i orieii- 
t:ici(')ii de ((¡(los lo.- ru idios !¡lerarÉO>. ¡i:c- 
'.('iri^ds \- e-euUi'irícos iniciados en nuestra 
época. 

Xo v(iv a .señalar coi-o alto mérito del 
]iiiitor. >ii dorinio grande del (lib\ij(]. su 
lécuica impecable eii la (li>tribncí(V.i de 1.a- 
limas. -',1 cuidadosa exactitud en la wrdad 
de las lona.lidades. sus grande- conociuien- 
tcs de |:ers¡)ecli\a. i'or -obre lodo eso. (pie 
es irucbo. muchisi ro. 1((S cuadros de l,ar(j- 
cbe tienen lo (pie antes digo: una taz seii- 
límcmal. un aspecto i;oetico. algo (pie no 
está ni en li.is temas, ni en l(js matices _\ esta 
•■n ellos \- en todo el conjinuo: tor:na la 
esencia preciada. la más preciada de la com- 
posición, da carácter a la ]iintiira \ suliMiga 
no S('ilo ,1 la mirada sino también a la inia- 
ginacií'in. 

Sleiiqire deinr(] de una admirable sereni- 
dad de exi)rcsi<')n. en una cabn.i irajcstatica. 
los cuadros de nuestro eslimado com])alriota 
tienen v.ariedad de '■ seiiti;inent(( " (y lier- 
UMlasemc- el uxi de e.-te \-()Calilo (pie (pii/.a 
]>arezca iuajiropia^lo a -primera \a-ta). 

b".n " l.,a canción del silencio", por ejem- . 
|)lo (id cuadro se li.alla en el .Museo de He- 
lias .\rtesi. esos arbole- (|iie -e ele\an ree- 
U)s. ci;rt:iiit.-s, co.i'o ma-lile-. (pierieiido uló- 
])icaiiieii'.e llegar b.-i-ia la abura azu!. diá- 
fan;i. infinila d.- la lj('reed,-i del cielo a mi 
me lian cau-aiUj una i:i'¡Ji-e-i('in (|Ue dirino 
,-isi : la -oberb'ia se encarna en esos arbole.-, 
(piiereii llevarse a la- nube- y ante la i ':p' - 
nenie grandiosidad del e.-p.-icio, (p.iedan 
,i:i'arr,-|d.-. is por -n- raices .'il suelo carceie'o. 
xtremecidos, diriase. de tenor, cnand i la 
l-bil brisa los bace o.-cilar su.-ive uer.te. b'.l 
andiieiilv- en il cual esos e.rboles se ele\an 
es un trozo del infinilo llevado a la tel'i. 

]',u el lierniosisiro lienzo lindado: "Los 
buenos amigos del rincón del busijuc " el 



— SELECTA — 





" La Picada ', galería particular. 



011 las ¡irincipak'S f^ak-rias v ci)k-L'i.'i()iics |iar- 
ticularcs del ¡)ais. .Miiclius de sus cuaihos 
han si(li) (ÜÍuuiÜiIds ])i)r el iír;il)a(l(j \- la 
cstani])a. 

Xiicslid Musccj lie Helias Arles e'iiiserva 
(li)S (le sus irejiires óleds : " Ka eaiieióii ilel 
silencio " y " Cumbre del CeiTd Ariscn ". 
]{1 Museo lie Helias Artes de la Asuiieióu 
del l'arajíuay, un óleo liluladcj " Tierra uru- 
jjuaya ". La Uiblioti'ea l'úhliea de l'orio 
Ale<¡;re un óleo ijue lleva el lilulo de: " l'',l 
cerro de las ánimas " y cuadros suyos exis- 
ten laudiicn en las ])riuci¡iales ,i;alerias de 
Buenos Aires. 

]'',s niieudiro honorario ilel Circulo Imj- 
menlo de líellas Artes de .Montevideo; so- 
cio correspondiente de varias ajjrnpacioiies 
aríislicas v desde 1911 desempeña el cari^d 
de Secretario del Museo Nacional de Helias 
Arles. 

Acluaimente. por resolución del Ciobie!'- 
no. ha pasado al Archivo y .Museo Histó- 
rico .\aci(.>nal. a fin de cooperar en la orga- 
nización definitiva de la sección .Museo de 
dicha institución. 

Simón (Ir Mantua. 



]iintor <la a los dos cor]inlentos v viejos ár- 
boles una encantadora e.\])resión de amistad, 
de coni])añerisnM) secular en medio a la so- 
ledad embriasíadora de a(|uel rincón del bos- ¡ 
que. <ionde la huella humana no profana la 
calma, donde las aves armonizan con sus 
trinos. (|tiebrando el silencio imponente. Kn 
este cuadro son los árboles tan sólo los (|ue 
dan fuerza expresiva a la obra, b'l cielo, 
las lejanías. ])a.san a una figuración secun- 
daria V son los copudos y fuertes "amigos " 
los (|ue encierran todo el pensamiento ([ue 
<lió origen a la co:ii])osic¡ón. 

l'",n otros cuadros I.aroche i^one toda la 
ri(|ueza de su paleta, toda la brillantez de lui 
colorido magnifico, llenando (esta es la ])a- 
labra, llenando de sol todo el i)erimetro de 
la tela encerrado en el marco. Tal ocurre 
en un lienzo de gran tamaño, donde unas 
parvas reflejan, en el oro de las esi)igas, la 
intensa luz solar. 

Sentimental, hondamente emotivo, con 
una irrefrenable intuición ])oética. Líiroche 
tiene una firme personalidad a cuva influen- 
cia sus cuadros evidencian un extraordina- 
rio persíjnalismo. 

-\ mi juicio, es el primer [¡aisajista de 
Sud - .\mérica. 



E 






Segiin unos datos biográficos que tengo 
a mano, la labor de lírnesto Laroche es miiv 
vasta, estando representado con sus obras 




La más reciente obra de Laroche 



SELECTA — 




Prendedor perteneciente a 
Doña Mariana Cibíls de Gómez 




Pulsera que usó 

Doña Dolores Buxareo 

de Percira 



()^.\S liistóric'is y algunas de inapi"ecial)le 
valor, son las que exornan esta ])ápna. 
De valor ])or su antisíüe<la<l v por los ele- 
mentos preciosos ipie en su coni])osición entran v 
lie valor también ])or su tradición h¡s!órii'-i. 

Se destaca del conjtniio. con verdadero realce de 
mérito, el liermosisitno ¡¡retal de oro v plata, l'.eclio 
i'n la é])oca de ¡a lnde])eiidencia y usado por uno 
de a(|nelli)s caudillos que llenan con su valen- v su 
arrogancia muchas páginas de nuestra historia. 

I'",s un magnifico trabajo, en el (|ue el cincel ha 
iraz.ailo dibujos de una delicadeza extrema, orna- 
mentaciiui admirable. 

b'.ste i)retal. ([ue reúne tantos méritos, figura en 
ia coleccic'in del doctor .Martin Suárez. 

l'".l mate, de gran tamaño, fué usa<lo por el do- 
bernador del I'araguay, -Mariscal v'-íolano López. 

Ivs una .soberbia pieza de plata en la (jue aparecen 
engarzadas grandes y legítimas esmeraldas. 

]'A cincelado en este mate presenta también ca- 
racteres verdaderamente notables, lis un trabajo de 
gran mérito que adorna admirablemente la colección 
de la distinguida señora Sofia Hlixen de Su.árez. 

Colla 




Mate que usó el gobernador del Paraguay 
Solano López 

)e esta misma colección hemos obtenido l.'i fo- 
tografía de un es])léndido collar de ¡ierlas, amatistas 
y diamantes i|Ue ))ertenecieron a la matrona doñ.a 
.Maria Claret de ülixeu. lis esta un;i jo\a de iuesli- 
mable \'alor. herirosisima ptn" el conjunto de ])ie- 
(Iras ipH- la componen \- ¡lor la originali'd.ad de los 
engarces. 

Ivl ])reniledi)r y aros (pie tand)¡en adornan esla 
])ágina tienen un gran carácter. Son bien representa- 
tivos de una éjwca y [Jor eso y ])or su riipieza intrin- 
sec;i figuran entre las de más mérito en la colecciém 
de la distinguida señora doña Mariana ('i('i:uez Ci- 
bils de Pena. Fueron u.sados el preniUdor v los .iros 
¡)or doña .Mariana Cibils de (lóniez. 

La pulsera que también pertenece a la coleccii'm 
de la señora Cibils de (iónez fué usada ])i)r doña 
Dolores Buxareo de l'ereira y es asimi-uio una pieza 
original y de mérito. 

Como se ve esta ¡¡á.gina queda complenientada con 
objetos (le simia importancia histórica y artística 
y al publicarla llenamos, altamente salisfeclios. una 
de l-'.s cláusulas de nuestro ])rograma. 



que adornó el cuello de la matrona 
Doña Maria Claret de Blixen 



Valioso cretal de olata v nrn míe oert^necíó a uno d« 1n« stT^t•4•#ri^o /4« 1^ T«4.*A««/4.>M.-f.i 



— SELECTA — 



I A actii;i]ii!ail no n^v oxisix- ya 
nada. N" en verdad que esa 
-í señora e> muy absolutista y 
muy antipática. Gusta de un eclec- 
ticismo que desba'-ata todas las con- 
vicciones, que anula la voluntad, re* 
clama con imiierio irritante una ra- 
piíU'z de cniícepció;: tpte destroza 
Inflas las tiKri;ia.> y a la postre ntt 
da más que precarias -alisfacciones, 
nno que otrn aplausu ciue se apai^a 
lan pruiuo cu-uo -t- arroja el diario. 
\:i inserviliV". 

|-".seri!iir " ionr au jnur" es di- 
fieil y es fácil. Diíicil poripie el jui- 
cio y la redacción del juicio deben 
l:acer-e con una rapidez de vérti.yo. 
í-'áeil ponpte esa mi>nia precipita- 
ción disculja. no solamente errores 
<\v concepto y de ai)reciación sino 
(¡iK- también i-rrores de juicio, nada 
i-xt ranos si se considera que ante 
la sii'.a representación de una obra. 
dci)en medir-^e los méritos de la mis- 
ma y pesarlos para Ke^ar a la con- 
clusióu de si esos méritos son ma- 
yores <pie los (U'fectos. 

Si- escribe ¡ ya lo creo !. pero al 
b-iT t'riamente lo escrito cuátUas ve- 
ce-, a solas con la conciencia, se 
avi-ruiienza uno de lo e-crito. 

lie a(|ui una de las fases más im- 
I ortantes del periodismo moderno. 
^' pensando cu estf), puede conside- 
rarsL' cuá! puede ser. en muchos ca- 
(is. '.II consistencia de una propa- 
Lcanda. la exactitud de una o))Ínióu. 
máxime si de cuestiones de arte >e 
refiere. 

í*"n ca:nbio. escribir para una re- 
vista y si esa revista es como Sk- 
i.i.CTA. cuya Dirección me honra a' 
encomendarme esta página, entonces 
la tarea cambia ratlicalniente de as- 
pecto y al hacerse amable se tor- 
na más ecuánime, más serena, uia^ 
digna. 

-l'na impresión ile arte, si de in- 
mediato se traslada al papel, l'eva 
consigo una inevitable ofuscación. 
l-'.n cambio si esa impresión tiene el 
suficiente tiempo cíuuo para ser ma- 
durada; si con esa impresión se 
consu'ta varias noches con la al- 
mohada (declaro (pie soy un fér- 
vidti creyente de los consejos de la 
almohada), entípuces i)uede llegarse 
a estanijiarla en el papel con nuiclm 
menos riesgo <le Cíinieler una ton- 
leria. 

L'na larga experiencia abona e-las 
reflexiones. Por eso las formn'o. ^ 
que de ellas saque el lector el jirov,-- 
clio i[ue pueila o quiera. 

Diclio esto, a manera de sinfo- 
nía, hablemos de los teatros. 



Los bailes ruso.-, apasionaron a 
loijo el Montevideo que tiene incli- 
naciones a los temas artísticos. Se 
amtnciaron como a'go casi extrale- 
rreno. como lo más (|nintaesenciado 
(|ne la mente humana hahria creado 
hasta ahora para llevarlo al teatro. 

t'on verdadera unción, con un te- 
mor casi .supersticioso, tal que si 
fuera a presenciar un milagro, asi 
llegue a Solís la noche del primer 
esi)ectácu!o coreivgráfico. 

V vi,,. Me encantó,., Pero no 
me a-ombró. Es indudable que en 
la comiiosición de estos bailes co- 
laboran artistas de gran fama. Para 
llevar, a escena un esnectáculo de 
esa índole, aunan sus esfuerzos, el 
escenógrafo, el director de las dan- 
zas, el músico, el sastre, el electri- 
cista, etc. V con tantos elementos, 
todos de primera fila, se i)resentan 
al púl)lico cuadros muy hermosos. 

Pero, si desglosamos todos esos 
métitus. si examinamos la urdimbre 
de esas combinaciones de eleinentos 
diversos, nos encontramos con un 
espectáculo que no sólo no es lo 
más extraordinario que se ha visto, 
sino (|ue todo ello se reduce a la mo- 
desta proporción de mías danzas 







bordadas en el i)atrón de un argu- 
mento más o meno-; interesante v 
l)ara el cual la mú-ica subraya un 
comentario amab'e y alrayente. 

.\'o s." necesita llegar a sutiliza- 
ciones casi jeroglíficas para seguir 
el dcsarrol'o de las patomimas dan- 
zantes, í|ue eso son en sustancia los 
bailes rusos. 

Alrededor de un argumento, gene- 
ra mente sensual las bailarinas y los 
l)ailarines realizan una serie de habi- 
lidades coreográficas, 'as (pie. indu- 
dablemente, pueden calificarse de 
estupendas. Kntiéndase tpie me re- 
fiero a la parte mecánica del baile. 

Kl argumento tiene variantes, al- 
gunas constituyendo verdaderas no- 
tas de arte y demostrando en el di- 
rector de la troupe un gusto muy 
elevado: {¡ero ese argumento gira, 
invariablemente, sobre un mismo 
tema fundamental y ¡lor este lado, 
hay (pie reconocerlo, no e- esa ma- 
nifestación de arte co-a tan supe- 
rior, lan asombrosa, tan indigna de 
ser contemplada y juzgada por atpie- 
llos que no nos consideramos ungi- 
dos por las más refinadas exípiisi- 
teces. 

De todos moiU>s, el *' snobismo" 
ambiente tuvo amplia oportunidad 
|)ara poner en juego todos sus en- 
cantadores asombros, todos sus cua- 
si misteriosos, cal»a.isticos conciliá- 
bulos, en lus cuales no estábamos 
admitidos los profanos, y como todtt 
esto es perfectamente inocente, los 
bailes rusos pasaron, se esfumaron y 
el mundo ccnitento. . .. el empresario 
más. y yo con el emi)resario. (pie al 
fin y al cabo las bases de la b.-lleza 
son inconmovibles y no ha de ser 
la agradable pirueta de un liailarln. 
ni la deliciosa y evocadora actitml de 
una bailarina gentil, las fuerzas (jue 
];odrán solventar la estabilidad de lo 
(|ue constituye el ]>rincijiio fiinda- 
nuiítal del arte. 



r,I estreno de ' " I.a Sulamita". 
obra teatral del poeta argentino se- 
ñor Capdevilla y a la que puso ''aco- 
taciones' musicales, el señor César 
Cortinas, fué la nota (pie despertó 
mayor interés en nuestro ambiente 
intelectual durante el mes (|ue ha 
fenecido. 

De esta labor del joven composi- 
tor uruguayo se ha escrito en una 
forma harto irregular. Unos (la ma- 
yoría), han censurado acerbamente 
y otros han elogiado empleando para 
ello una conocida serie de frases 
hechas, que no pueden considerarse 
como expresión de verdaderos jui- 
cios críticos. 

Para que nos guiara, para que 
ofreciera la pauta, para í[ue fuera 
algo asi como un diapasón al que 
debiera someterse toda la crítica na- 
cional, fué traído de Bue^.os Aires 
un crítico. 

Ksíe honor, el de importar por 



unas lloras a un critico para juzgar 
una obra crióla, no se le había di-- 
pensado aún a ninguna manifesia- 
cii')n artística de autor compatriota. 
N' el juez (pie mandó uno de los 
más import antes diarios argentinos 
falló no muy favorablemente i>ara el 
señor Cortinas. Sin i mhargo. yo \í:j 
j)ermito estar en cliscrepancia con la 
opinión del distinguido crítico ex- 
traniero, y sin meterme a urgar en 
las "apoyaturas de segunda", para 
encontrarlas más o menos espantosa- 
mente audaces, diré pura y simi»le- 
meiite (pie en estos comentarivis mu 
sicales. Cortinas evidencia un inmen- 
so progreso si esta labor musical se 
compara con la expuesta en " I,a úl- 
tima gavota ' " 

Los lemas quizá no estén des- 
arrollados con la amplitud que fue- 
ra menester, pero lo indudable es 
(pie los sonidos or(piestales subra- 
yan acertadamente los niomeníos psi- 
coií'igicos (le los personajes del poe- 
ma dramático, y a mi sentir eso 
hasta y sobra en una obra de esta 
naturaleza. . 

Podrá el joven Cortinas ado'ecer 
de irregularidades técnicas en la rea- 
lizaci(>n de sus inspiraciones, y esas 
irregularidades i)odrán acentuarse 
cuando los temas fundamentales ])a- 
saron a la distribución orípiestal. 
pero todos los i)r(d'anos. todos los 
que vamos al teatro o a un salón 
(le conciertos para gustar de una 
emoción de arte, sin escrutar en la 
trabazón intima de la obra, pode- 
mos decir (pie algunos de los comen- 
tarios musicales del señor Cortinas 
nos hicieron gustar una Intnda sen- 
sación de belleza. 

Pero los profanos, (pie siuuos lo< 
más, al pensar esto y a! aplaudir con 
arreglo a la emoción sentida. (|uizá 
no signifi(|uemos nada ante la oiii- 
nión de alguien, portpie no somos 
ilómines y sobre todo porcpie no fui- 
mos importados, 

C(Hi todo esto (piiero decir (pie a 
mi me ba gustado la música del se- 
ñor Cortinas, que ella pone en evi- 
dencia progresos muy sensibles y 
(|ue es ya indudable en él la pre- 
sencia de un comi)ositor que reali- 
zará brillante carrera. 

Y no terminaré estas lineas sin 
reprocharle lo que a mi juicio ha 
sido el error fundamental : la elec- 
ción de la obra dramática. 

Pese a la opinión del maestro Lu- 
gones. a mí me ha parecido * ' l,a 
Sulamita"' del señor Cai)devila, una 
pretensiosa ingenuidad teatral, don- 
de si el vocablo tiene a veces belle- 
zas, en cambio e! desarrollo escénico 
es siemjire pesado, iU'jgico. lan vul- 
gar en los procedimientos, que las 
grandes figuras, magnificadas por 
la tradición de siglos en una perpe- 
tuación de infinitas formas de ma- 
nifestaciones artísticas, quedan em- 
pequeñecidas, sin redieve. tan sim- 
ples como i>udieran serlo los más co- 
munes mortales. 

Msa lucha amorosa del gran Sa- 
lomón con un pastor, es de lo más 
infantil que pueda concebirse, y e>a 
figura de la dulce, de la divinal 
Suiamita a quien el rey - poeta exul- 
tó pretendiendo ser para ella "como 
una sello sobre su corazón" y por 



íiuien proclamó al amor "'fuerte 
como la muerte", (pieda reducida 
a una ingenua de comedia románti- 
ca, con todas las nerviosidades, las 
indecisiones y los atolon<lramientos 
(le una chica (|ue haya leído niucbo a 
\'argas A'ila. 

Comentar musicalmente una o!u-a 
así. sgnifica 'anzarse en un terreno 
inseguro, y en la amalgama de la 
obra escénica >■ !a obra musical, -e 
corre el riesgo" de ipu- el público u,* 
baga en su juicio separación de 
esfuerzos y al aburrirse con lo ha- 
blado no liare mientes en b' (pie 
el músico ha hecho de efectivamente 
bui'no. 

í'ji este desequilibrio de realizacio- 
nes fueron arrastrados también los 
intérpretes, los jóvenes artistas diri- 
gidos por SupiJaro. y para tpiienes se 
proceíiió con ligereza injusta al no 
reconocerles toda la suma de con- 
diciones sobresalientes y de buena 
voluntad (pie pusieron sin reati» al 
servicio de una obra que se des- 
membraba, (pie no ofrecía a la in- 
terpretación ningún i)nnto de ajioyo. 
(lue no píidía ser dicha con la gran- 
(lilocuencia (pie exige el teatro grie- 
go (pt)r ejeuq)Ío). dada la pe(pieñez 
de los momentos i)asiünales y las pa- 
siones mismas puestas en juego; y 
tami)oco pudo ser hablada en la for- 
ma intensa que puede serlo una 
obra de alia psicología, porípie en 
ella no se -abe (pie cuidar más: si 
la simplicidad pastoril de un Salo- 
món de calcomanía o la ier(|ucdad 
varonil de un ])astor (]ue es digno 
casi de llamarse Salomón. 

Que le sirva de experiencia esto 
al joven com])ositor uruguayo, y 
tenga muy presente en el futuro ipie 
no es i>osible edificar castillos sobre 
médano-. 



La Asociación Lírica del Uruguay 
(pie dirige con indisculii>le compe- 
tencia el maestre) Mruesto Kniz. dio 
una re¡)resentacíón de la ópera de 
Puccini : " P(dieme " 

Na en otra oportunidail he dado 
mi opÍni(Sn favorable respecto <Ie 
esta sociedad de cultura musical y 
de la bímdad de los espectácub'S 
(pie jieriódicamcnte ofrece. ocui>án- 
dome iirccisamente de la primera re- 
l)resentación de "Róbeme" en el es- 
cenario de Solís. 

Tendría (pie repetir boy aípullos 
elogios puesto (pie casi todos los in- 
térpretes de ahora fueron los (|ue 
entonces tomaron parte. 

Sólo una figura nueva se señaló 
en el elenco. Me refiero a la seño 
rita Judith C. Acosta y Lara. (pie 
interj>retó con bastante corrección el 
rol de Musetta. 

Merece una frase de caluroso es- 
tímulo el maL'stro Ruiz. (piien en 
una obra tan ártUia pone la contri- 
bución de sus conocimiento- y de 
su entusiasmo. 



A esta altura de mis apuntes, noto 
(pie ya me he extralimitado. Kn con- 
secuencia lo (pie debo decir aún lo 
haré cu forma le'egráfica. 

Para el número próximo prometo 
ocuparme de la compañía Kossich- 
Ballerini. (pie con gran éxito actú:i 
en el Po'iteama. 

Se trata de una compañía dramá- 
tica argentina con manifestaciones 
fie toda índole. 

Se anuncia para estos días el debut 
en Solís (te la compañía del Lara de 
Madrid y en la que figuran la no- 
table actriz María Palau y el actor 
Emilio Tbuiller. 

Tendremos una temporada de ex- 
quisito teatro español. 

Ls un buen final de temporada. 



n,>ii .1/, ■.'■/.;,/. 



SELECTA — 



5CARABEIL0 




Pl"", arlf foliigráficd suelen dcsiifnar- 
so las ili\'c'rsas (i])craciunes cunsis- 
U'iitfs fii fijar una imagen en la su- 
];erf¡cie sensibl.' (|Ul' f(jr;na la enuilsión de 
nitrato de ])lala y a la re!)r(HhK'ciún en pa- 
peles albnniiiKisdS o brcinnu-adus de la ima- 
gen (ihtenida. 

l'ero aun cuando generalizada está esa 
designaeióu, en la n'av<iria de \i>> casos el 
arte no se ve por ningt'in lado, y verdad.eros 
adelesios son los (|ue presentan muchos que 
andan p.or alii, con el usnr])ado titulo <le 
íul<'igral'(is. 

Ivsia reldexicV; i|Ue parecerá imrporluna. 
]jero i|Ue no lo i'S, se nos ocurre no bien 
nos disponemos a escribir alguiujs párrafos 
refereiUes a un vcrdailero artista (éste si 
i|iie lo i'S V a sólida basel. que pudiendo 
brillar e im])onerse con los S(;los recursos de 
su lápiz, l'.a ])edido a la fotografía una co- 
operciou suple:renlaria. habiendo llegado a 
culminar en im proceili riento i|Ue el llana 
foto -óleo. \ (|ue es una verdadera u^ara- 
villa. 

l'',l artista a (jU^' nos referimos es Scara- 
ln'lio. altamente conocido en nuestra más 
aristocrática sociedad y justau'enle celebra- 
do por la critica, a raiz de las exposicioir.-s 
lUH' ha realiz.ado en nuestra ca])ilal. 

Scaraliello lia llevado el arle del retrato, 
utilizando en ])riiicipio el recur.so de la foto- 
,L;rafia. a una ])erfeeción ipie es imposible 
superar. 

I".s una forma personalisima ile tratar los 
pa])eles sensibilizados \ aim más ])ersonali- 
siu'a \' más ailmirable el buen gustíj v e.K- 
i|iiisitez i|Ue e\ideiicia en la pose de las per- 
sonas ])or él fotografiadas. 

Ivvidentemente. v^carabello ames de llcNar 
a una dama o un caballero frente al objetivo. 
realiza un verdadero estudio. 

l'ara él. la personalida<l miu'al y el tí- 
sico son dos lineas. (|ue. ¡lartienilo de ])un- 
tos distintos van a reunirse en uno, (|Ue es 
el retrato. De esta suerte sus trabajos ir-i 
so:i tan sólo de una estitpeiida exactitud fi- 
süuómica, sino (¡ue para cumplenieiilar esa 




^iS 



exactitn I tienen siem|)re im.a caraclerisliea dar al absoliUo resultado de sus trab.ajos. 

(|ue dest.aea la idiosincrasia del modelo: en .\cf.ial rente este celebrado artista ]ire- 

ima j.al.abra. en sus lotogralias hay vida. para mía nueva exposición, a realizarse en 

\iila intensa, coro pudiera haberla en el lo de Moretti. Catelli. l'",n ella han de figu- 

i'ileo más notable. rar retratos ile las dani.as y caballeros ([Ue 

l'.stas sobresalientes condiciones son las más ])restigios tienen en nuestra sociedad, 

iiue <lan a los tr.ibajos el gran mérito (pie como asimi.smo las ¡lersonalidades más cs- 

t(jdos. miánimemeute. le han utorgadu y (|Ue ]ieclables en el n lindo político e intelectual. 

los er ticos han reconocido sin discrepancia lista nota referente a un artista de tanto 

alguna. mérito, es justa y i'itil. iioniue Scarabello ha 

Scarabello ha obteimlo. graniles éxitos en llevado su n;aestria hasta un e.xtre no (¡ue 

Italia, en Taris y en la .\rgenliiia. nadie ha su]ierado ai'in. no sólo en el pais 

I lablando con este artista sobre nuestro sino en el extranjero. 
.Montevaleo. nos dijo que aqui le encantaba 'rr.ansformar la frialdad inherente al ])ro- 
el cliiina. la pureza del cielo, la brillantez del ct'dimiento fotográfico, en la palpitante ver- 
sol y la her.iiosura y la elegancia de las d,id (|Ue tienen todos sus retratos, es obra 
ivujeres. casi mágica, y de ahi el triunfo alcanzado 

Con ello Scarabello demuestra i|ue. lie- ])(jr este joven artista, cuva incorporación 

vado (le su arte, ha hecho un estudio gene- a nuestro medio delx' ser saludada con al- 

ral de todos los factores que deben concor- bricias. 




»SH55S252i-HSESZSaSHSSS2SHSHSSSasa52SaSHSÍ5HS2SHSES2SHSHSaS! 



¿irlou'^a 



jtjt 



UN poccj más V vt'rciiios l-ii 
fl tcatru L n|iiiza a hi más 
faii'osa bailarina rusa con- 
k'm])oráiK-a : Anua l'avluwa. 

Dará una serie rcilnciila de es- 
])ectáciKüS a los cuales, sin iluda al- 
Síuna. nuestra sociedad le [¡restará 
su invalurable concurso. 

La l'avlowa ocuirá el más alto 
ranino en el teatro I ii])erial de Pe- 
t rostrado y fué la primera ijue con- 
siguió autorización (k' los Zares 
para salir al extranjero: Suecia ha 
sido el |)ais (|ue ella visitó prime- 
ramente. Ues|)ués bailó en Dina-' 
marca, en Herlin y en \'iena. 

Cuantío en lyil Dia.arliilew for- 
u'ó su ballet ruso. (|ue nunca actuó 
cu Rusia, la l'avlowa era con Fo- 
kin. la fi.síura (lescollante (|ue asom- 
bró a l'aris. 

l'ero ella estaba en desacuerdo 
con las ideas <le arte ile Diaghilew. 
y fué e.sa disparidad de ideales ar- 
tísticos i[ne decidieron a la l'avlo- 
wa a fundar en Londres mía escue- 
la de baile y formarse su ¡¡ropia 
troupe ([ue desde hace seis años 
recorre el nnmdo cu una .ífira triun- 
tal. Ivstán a la cabeza con la l'av- 
lowa. X'ülinine. ])ri:ner bailarín del 
teatro Iniperial de .Moscou e Iván 
Chistine. maestro de baile del mis- 
mo teatro y de la ()])era de París. 




en 




'oiitcridco 



jtjt 



ieSHSHSHSHSESH525HSHSH5H5ESHS2SESHSHS2S5SHS12SHSESHS25H5ÍSaS« 

Anna Pavlowa 



y es el director de or(|uesla el señor 
Smallen, de la Hoston ()])era. 

lüi lyi I. bailó la Pavlowa en Lon- 
dres en ca.sa de J<a(ly Landsbroujíh 
(|ne daba un festival en honor de 
Ivduardo \'ll ; desde entonces elli 
se ha convertido en el ídolo del 
público de Londres. 

VA Kaiser, en un gran festival 
con motivo de! bautizo del ¡irimer 
hijo de su hija predilecta, (|ue re- 
unió cuarent.'i princi])es con sus 
fastuosas cortes, hizo invitar a la 
l'avlowa, que lomaba parte en el 
festival, por su .Ministro de la 
Corte y delante de todos los ¡Vd¡í- 
iiates le presentó sus plácemes, Iia- 
blándole de los ,i:;randcs ballets (pie 
lialiia visto en Rusia, en la fantás- 
tica residencia de los Zares en l'e- 
heroff. 

La Pavlowa conoció a los revés 
de Ivsjíaña en el Palace Tlieatre 
de Londres ; pasó con ellos lary;o 
rato en su palco y .Mfonso XI 11 la 
comprometió a que fuera ;i l'.spa- 
ña ; sólo alli. le dijo, sabría ella lo 
(jue es éxito. 

^' son sus grandes admiradores 
Saint Saens. Richard Strauss. Xi- 
kish. Sarali Hcrnhard y otros, ])rín- 
cipes de! genio, ipie se inclinan res- 
l>etuosos ante esta reina de la 
danza. 





■ 

^'*3 V - . 


,.:W..s; »^.'* ^-: ... 


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El instrumento predilecto de los más célebres artistas del mundo 

Es cosa natural que en el arte lírico haya cantantes y concertistas que estén considerados como los primeros en la 
profesión a que se dedican. Estas notabilidades han logrado la posición envidiable que ocupan debido a su prodigioso 
talento y portentosas facultades artísticas, y por lo tanto, no puede conceptuarse como mera coincidencia el hecho 
de que todos ellos hayan escogido la Víctor y la Victrola como las únicas máquinas parlantes capaces de 
reproducir, con absoluta exactitud y naturalidad, el encanto sublime de las soberbias y mágicas ^ 

notas que brotan de sus gargantas privilegiadas, y las dulces melodías arrancadas de los más .'^-f'. 
delicados instrumentos al ser pulsados con arte divino por los más eminentes viriuosos. , i.'íT 

La \'ictor y la Victrola son los más perfectos de todos los instrumentos de 
música, poniendo a su alcance inmediato las sublimes creaciones de los colosos 
del arte lírico. Sus admirables cualidades y el favor universal que les dispensan 
millones de amantes de la buena música, constituyen los motivos que han inducido 
a estas celebridades a escoger la Víctor y la Victrola para perpetuar el arte que 
tantos triunfos les ha valido en los grandts teatros del mundo. 

Todo comerciante en el ramo \'ictor tendrá la mayor satisfacción en enseñarle 
los varios modelos de la Víctor y la \'ictrola, así como en hacerle oír cualquier 
disco del gran catálogo \'íctor. 

Escríbanos hoy mismo solicitando los últimos catálogos Victor ilustrados, los cuales 
remitimos gratis y franco de porte. Estos catálogos contienen grabados de los dieciseis 
modelos de la Víctor y la Victrola, una lista completa de los Discos Victor, y los retratos 
de los artistas más renombrados del mundo que impresionan discos exclusivamente para la 
Victor y la Victrola. 

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firme garantia Ue la superioridad de nuestro producto, y la misma aparece 

estampada en todos los instrumentos 

Victor, Victrola y Discos Victor 

legitimos. Para evitar imitaciones, 

exíjase siempre esta marca de 

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y Sarandí, 614. 



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de k Cía. VÍCTOR 

y de los PianOS "Ho"Ward*' New York 

y Collard y Collard de Londres. 




Ó/r-,. jV GOULU. U-di.üo c-n isn. 



Doña moría Rntonio ñgell áe Hocquoró 



íc) 




I H E aquí una matrona, cuyos prestigios aún se imponen hoy a la 
' ' consideración óe nuestra sociedad, en razón de haber queóodo 
su nombre uinculaóo a las organizaciones carifotiuas más impor- 
tantes del país. - Fue fundadora de la Sociedad de Damas de Bene- 
ficencia Pública, institución que realizó tan inmensos beneficios; y 
falleció tan distinguida señora siendo presidenta de esc institución.— 
multiplicando sus tareas benéficas, fundó el Bsilo de Huérfanos y 
Expósitos, cosa de refugio para todo&los inocentes seres que el ego- 
ísmo y la peruersión óe¡an abandonados a su destino, sin afectos y 
sin ternuras. — De refinodo distinción e ilustración excepcional, no 
siendo aún casado, la señorita de Rgell realizó con sus tios : don 
Lucas Obes y doiiO Ignacio Blanco, un uia|e a Rio 'Janeiro, donde 
la corte de Pedro I. estaba en su apogeo. En reuniones de palacio 
y en saraos aristocráticos, nuestra compatrioto brilló por su ele- 




lVíhíi 'TliM'iíi Hnl'jnio Hqt'ü d'C Hc:i.\iul;:"Cj 



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N 



GLOTEMHo 



Más de una vez, indiferente lector, habrás pasado ante el altar mayor existente en la Iglesia de San 
Antonio (Capuchinos) y al inclinar con reverencia la frente no habrás pensado, sin duda, que estabas ¡unto 
a una admirable obra, de edad cinco veces secular Posiblemente no te habrán llamado la atención, iniimi- 
dado pof el ambiente austero y sagrado, las maravillas que en el alabastro y en e! marmol ha hecho un 
cincel, con seguridad y exquisitez admirables. 

Dala esa obra del siglo XV y en consecuencia es ya varias veces secular. 

i Como es que ha llegado a Montevideo ? — Pues de una manera curiosa. 

Estaba primitivamente ese altar en la Iglesia de San Sebastián en Genova 
lo dedicaban a Santa Teresa de Jesús. 

Por una resolución municipal, según la Cual se resolvía abrir una calle denominada 
sia fué condenada a la demolición. — Y fue demolida. 

El maravilloso altar se quitó de su sitio, y adquirido por los Padres Capuchinos de nuestra ciudad, 
fué traído a la tisrra americana, hospitalaria y ansiosa de cosas bellas, para engalanar, para dar mayor be- 
lleza a la nave principal de la Iglesia de San Antomo. Hl mármol y el alabastro están tratados con una 
extraordinaria delicadeza. Las columnas laterales que forman marco a una tela (también antiquísima) de San 
Antonio son de una riqueza y de una hermosura extraordinarias. 

Ha la parte superior del altar, el mármol forma verdaderas filigranas. 

Puede considerarse este altar como la obra de arte más antigua que existe en el país. 



En aquel tiempo el altar 
Roma", la iglc- 



— SELECTA — 

Conferencia 
Literaria 

La robusta mentalidad y la 
g:rande ilustración del Doc- 
tor José Pedro Segundo, tuvie- 
ron ocasión de exteriorizarse 
afnplíamente en la conferencia 
que bajo el patrocinio de 
"Entre Nous" se realizó días 
pasados. 

El talentoso disertante habló 
a la selectísima concurrencia 
que asintió al acto, de la g'enial 
personalidad de Chateubriand, 
el gran literato francés, expre- 
sión la más alta de una genera- 
ción de escritores que dejaron 
tan honda huella en el espíritu 
humano, que aún hoy, a tra- 
vés de los años hay mucho 
que admirar en sus obras, mu- 
chas orientaciones dignas de 
seguirse en su escuela y mucha 
expresión de sentimientos en la 
urdimbre de sus trabajos, senti- 
miento educador y suavizador 
de las malas pasiones, forma la 
más bella y la más noble de 
elevarse en el nivel mA-al. 

El doctor Segundo desarolló 
el tema tan amplío y tan suges- 
tivo como el que ofrece induda- 
blemente la personalidad del 
gran escritor francés, en una for- 
ma interesantísima y original. 



No fué una conferencia en 
tono grandilocuente. Fué una 
delicada y oportunista diserta- 
ción fa la que la palabra galana, 
el concepto firme y la exactitud 
del juicio que caracterizan al 
doctor Segundo, tuvieron am- 
plia expan son y pudieron ser 
apreciados en toda su brillantez. 

La distinguida concurrencia 
que llenó el local donde se efec- 
tuó la disertación aplaudió ca- 
lurosamente al disertante, pre- 
miando así su labor meritisima. 

Fué, pues, una agrad.ibilisima 
é ilustrativa causeríe, como Iís 
que hicieron famosas en París 
los más t.i'entoscs intcicciuales 
franceses. 

Disertaciones plcnis de gala- 
nura, en las que el absoluto co- 
nocimiento de una personalidad 
hace que la vida y las obras de 
la mentalidad en estudio, al pa- 
sar por el tamiz de un juicio se- 
reno y por la exquisitez de una 
fraseología galana, llegue al 
oyente con todos los caricteres 
de una preciada esencia de arte, 
para ser gustada por los verda- 
deramente refinados. 

Lamentamos muy de veras 
no poder ofrecer una síntesis de 
la magnifica conferencia del 
doctor Segundo, pero, en cam- 
bio ofrecemos a continuación 
unos bellísimos versos del que 
ocupa tan elevado rango en la 
^j5H5ESHSE5HSHSESHSHS2SH52SE525HSa5HSESHSHS2SHSESH5HSH5HSSSESE5a5HS?K literatura uruguaya. 

Doctor JOSÉ PEDRO SEGUNDO 




Querellas Rosmánticas 

L 

LA MANSIÓN FAMILIAR 

Hoy he vuelto a la vieja posesión olvidada, 
Después de tantos años de ausencia y abandono, 

Y el albergue de aquellos señores de otro tono 
Ya no guarda una huella de su vida pasada. 

Yo no la reconozco, tras los árboles fuertes 
Que plantó un jardinero cuando el dueño vivía ; 
Que eran leves y frágiles como la infancia mía 
No tocada a esas horas del dolor de otras muertes. 

Pero el tiempo inclemente la pared agrietó 

Y el paisaje se ha vuelto ora tosco y antiguo ; 

El contomo ha cobrado no sé que aspecto ambiguo 
De algo que no se sabe si el propio Dios creó ; 

Y en las ramas frondosas ya no están los violines ; 
La arboleda ha vestido de rugosa corteza ; 

La casa agreste yace sepulta en la maleza 
Que ha borrado la senda de los viejos jardines 

Por donde en otro tiempo paseé en compañía, 
Bajo el amor de un cielo azul y tutelar: 
Yo, entonces, no sabía aún lo que era amar 

Y no había enfermado de esta melancolía ! . . . 



Hoy que, he hallado de pronto todo el ámbito esbelto 

Y la casa arruinada que el invierno deslustra, — 
Sin poder remediarlo, — vuestro encanto se frustra 

Y yo hubiera querido esta vez no haber vuelto. 

Arboles victoriosos, vieja casa querida, 
Porque junto al sendero y en la planta sin nombre. 
Recordando el pasado, aquel niño, hecho hombre. 
Ha llorado su infancia con la dicha perdida! 



II. 

ODA LIGERA 

Si yo he mirado 

Alguna vez 

Fueron tus ojos de Anadiomena ; 

Si yo he mirado 

Algunos ojos. 

Fueron los tuyos ; 

Porque ellos solos valen la pena ! 

Si he contemplado 

Figura humana. 

Fué la divina forma del talle 

Tuyo, ¡ inhumana 

Flor prodigiosa ! 

Por la elegancia de su detalle. 

Si yo he soñado, 

Para mi cumbre. 

Con la corona de tus cabellos, - - 

Es porque ha tiempo 

Busco la lumbre. 

Toda la lumbre que he visto en ellos! 

m. 

CONTRAPOSICIÓN 

Yo envidiaba a los niños — cuando era pequeño 
Que no tienen hogar y que están en la calle : 
Precisaba la holgura desenvuelta del valle. 
Aun violando la férrea prohibición de mi dueño. 

Yo necesitaba del sol, el campo abierto. 

La amistad de los hombres y el espacio tendido ; 

Mi corazón saltaba en un inmenso latido 

De total desvinculación, mal encubierto. . . . 

Y hoy que seres y cosas los encuentro cambiados. 
Como en una inversión radical de los polos. 
La libertad que alcanzan los altivos y solos 
Es precaria y nos cuesta demasiados cuidados ! 

José Pedro Segando. 



— SELECTA — 





Qju Ám- 



EL encanto que se desprende de la fotografía hermosisítra 
que exorna esta página nos eximiría de agregar una sola 
linea de comentario, si impulsados por el encanto mismo no 
fluyeran a los puntos de nuestra pluma palabras galantes, que 
lamentamos, de veras, no poderlas transformar en madrigal. — 
Todos los dones de belleza, de elegancia y de distinción se 
hallan reunidos en esta dama, que impone en todas las mani- 
festaciones de nuestra sociabilidad su gentileza y su cultura. — 
Como una encantadora floración surge junto a la señora Usher 
de Heber, su hermosa hija; complemento, se diría, de tanta 
gracia y de tanta perfección femenina. 



— SELECTA — 




Dh entre la ])létora de artistas que hon- 
ran a miestro país con sus obras y 
con su perseverancia en la creación 
lU- la belleza, se <le>taca. con méritos indis- 
cutibles, el escultor José L. Belloni. 

Brillante en todo sentido ha sido la ca- 
rrera de este cultor talentoso de la esta- 
tuaria. 

-Nació en Montevideo el u de S'iitieni- 
bre de 1S7J y muy joven aiin fué becado, 
con beca extraordinaria, ¡«ara estudiar en 
Lugano I Suiza), en el taller del escultor 
I.iiis \asselli. 

lín e.sta primera eta¡)a de su vida. Belloni 
ya se distinguió por su gran amor al tra- 



bajo, su entusiasmo iior el arte que concen- 
traliít todos stis afanes y su es])iritu vivaz. 
da<lo a la originalidad y a la lógica en las 
obras <|ue abocetaba. 

\"olvió a nuestro pais unos años des])ués 
y en 1899 obtiene i)or concurso otra beca, 
trasladándose entonces a .Mtuiich (Alema- 
nia), en cuya .\cademia ingresó para per- 
feccionar sus conocimientos. 

En esta época su ansia creadora produjo 
n'uchas obras. Pjivió trabajos a las exposi- 
ciones que se realizaron en .Mimich, en 
Roma, en Budai)est. en Laussane. en Xeu- 
chatel. etc. 

Kn el concurso de interpretación celebrado 
en la Real Academia de Bellas .\rtes de la 
ciudad donde se habia radicado, obtuvo una 
n-ención por su boceto titulado "Hl Pecado". 



obra esta (|ue se conserva en nuestro Mu- 
seo de Bellas .\rtes. 

Comj)artiendo sus estudios. siem])re apa- 
sionados y constantes, con el trabajo, ocupó 
la cátedra de Dibujo Profesional en Tesino 
(Suiza), donde fué siempre sumamente 
apreciado por los demás profesores y es- 
pecialmente ])or sus discípulos. 

Terminada la beca, regresó a Montevi- 
deo, siendo designado, no bien se instaló en 
su ciudad natal, Catedrático de Dibujo Or- 
namental en el Círculo Fomento de Bellas 
.\rtes. 

Este cargo que con general beneplácito 
desempeñó hasta 1914. lo dejó tan sólo cuan- 
do, por el lamentado fallecimiento del i)in- 
tor Carlos M. Herrera, fué nombrado Di- 
rector del mencionado Circulo. 



Belloni ha producido con intensidad y con 
verdadera maestría. Muchas de sus obras 
han obtenido e! calificativo de notables y 
otras tienen ai'in el más elevado mérito de 
.ser consideradas como definitivas para la 
valorización de la brillantísima mentalidad 
del escultor comijatriota. 

Su es])iritu creador prefiere siem])re los 
temas arrancados a la realidad, temas enér- 
gicos, fuertes, como sus figuras, en las (pie 
el estudio anatc')mico está magnificado por 
la exacta .sensación de vida que le da el cin- 
cel habilísimo. 

De sus obras más celebradas, puede se- 
ñalarse a la admiración piiblica. el busto de 
.Artigas, ejecutado en mármol por encargo 
del Ministerio de Relaciones E-xteriores y 
destinado al gran salón de recepciones en 
el Palacio de las Repiiblicas Sudamericanas 
existente en los Estados l'nidos. 

En su carrera triunfal, cada manifesta- 
ción de su talento marca un jalón ascen- 
dente. 

I".n la Ivxposición Internacional celebrada 
en Buenos .\ires con motivo del Centena- 
rio de Mayo. Belloni obtuvo medalla de 
l)lata. distinción bien alta y que habla mu- 
cho en favor del escultor uruguayo, desde 
el momento (|ue en e.se certamen figuraron 
obras de los ¡irincipales artistas del mundo. 

Xo hace ai!in dos meses. Belloni realizó 
en el salón de Moretti Catelli una e.xi)osi- 
ción de sus obras más recientes. 

Fué esa exhibición un gran éxito, no sólo 
considerado artísticamente sino (|ue también 
por su magnifico resultado económico. 

En esa exposición Belloni afirmó defi- 
nitivamente su personalidad artística. V 
ante esas obras no cabía otra exclamación 
que esta : " Es un gran escultor ! ". 

Lo más notable que ex])uso fué, sin 
duda alffima, el bronce titulado : " El espí- 
ritu de la raza ". En esta obra la vigorosi- 
dad, (|ue es la característica de Belloni. tuvo 
am])lio motivo como para manifestarse. K\ 
tipo aborigen fué interpretado admirable- 
mente, con todos sus rasgos de energía, de 
fiereza, de altivez, de rebeldía y de valor. 

La consagración de Belloni como uno 
de los primeros escultores del contincníc 
es indiscutible. 

El porvenir le reserva grandes triunfos 
])ara nueva gloria del arte nacional, (|ue 
cerebros robustos como el de Belloni. lo 
iiii])onen a la admiración del mtmdo. 

Simón de Mántiici. 















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PROYECTO DE MONUMENTO A ARTIGAS 



— SELECTA 




En la exteriorízación de su cultura, la 
señora de Ríet Correa evidencia una 
alta distinción. Eleg-ante, su paso es siem- 
pre saludado con la más rendida admi- 
ración. En su lujosa residencia, las fiestas 
que se realizan, tienen el sello de una 
exquisita sociabilidad. Su bondad paga 
ejemplar tributo a los sentimientos cari- 
tativos, y son sus prendas morales las 
que realzan más aún sus prendas físicas. 



SELECTA — 



Del pasado 



tX t'sla ])ágina. que (leclicanius a 
la exhumación de objetos anti- 
ííuos. valiosos en grado siiperla- 
ti\"'>, incluimos hoy, cuatro magnifi- 
cas comprobaciones de lo que en otro 
tiempo produjo el ingenio humano, y 
que son hoy verdaderas maravillas en 
las colecciones valiosísimas (iiie exis- 
ten en el !>ais. 

En primer lugar hemos de dedicarle 
unas lineas a las dos miniaturas <ine 
figuran en esta nota. Como todos los 
trabajos de esa índole, asombra en ellas, 
el vigor del coloridtt. la frescura que 
ccinservan las tintas sobre el marfil, 
la habilidad siiina en el dibujo, cir- 
cunstancias todas estas que peinen de 
manifiesto la exquisitez y preparación 





Magnífico cofre de boís de fer 

perteneciente a la señora 

Camila Estrázulas de Berro 



einpleados en él. síik) también por su 
procedencia, que data de cientos de 
años. 

Pertenece a la ])rimitiva manufac- 
tura de Sevres. y por esta circunstan- 
cia ya puede colegirse cuánto es su mé- 
rito. Luego, perteneció al l-jupcrador 
Luis Feiii>e de Francia, y el mono- 
grama que acredita su histórica fi.gnra- 
ción en la vajilla del citado stiberanu. 
es de oro. 

Se halla esta verdadera joya y la 
miiiiatm"a de la señora Latorre de Du- 
plessis en la magnifica colección per- 
teneciente a la señora Julia Duplessis 
de Bouvet. 

KI cofre es no solamente luui \erda- 
dera obra de arte, sino también un ob- 
jeto histórico. 




Miniatura de la Señora 
Carmen Sartori de Dellazoppa 



de los artistas que a esos trabajos se 
dedicaban. 

Keproditceu las dos miniaturas a las 
distinguidas señoras, doña Catalina La- 
tour de Duplessis y doña Carmen Sar- 
tori de Dellazoppa. ambas de brillante 
figuración en los salones de antaño. 

Posiblemente al ver la reproducción 
fotográfica de esas miniaturas no se 
tiene por cierto la sensación de sn to- 
tal belleza. 

La señora Latonr de Dui)lessis apa- 
rece caracterizada con el traje de Dia- 
na Cazadora, imitando artísticamente 
las más famosas pinturas <iue reprodu- 
cen a la diosa mitológica. 

El de Ja señora Sartori de DelIazopi)a 
tiene toda la majestad de las damas 
(pie figuraron en las épocas de la co- 
lonización y la independencia. 

Esta última miniatura se hal'.a ac- 
tualmente en poder del señor Enrique 
Dellazoppa. 

El plato que figura en esta informa- 
ción es toda una gran pieza de museo. 
No sólo vale mucho por los materiales 




Plato que perteneció al Rey Luis Felipe 



Miniatura de la Señora 
Catalina Latour de Duplessis 



Dala del siglo XIV _\' perteneció al 
Conde .Alberto de Lucerna de Campi- 
glioui. 

Figuró siempre en el magnifico .Mu- 
seo (pie puede admirarse en el Cas- 
tillo de Moiufleury. cuya majestatl se 
eleva en las deliciosas cercanías de 
Xiza. 

La Condesa de Lucerna, nuestra com- 
patriota, la señora Ventura Estrázu- 
las. regaló este hermoso objeto a su 
sobriiui la señ(»ra Camila l'.slrázu as 
de fierro. 

l'.I cofre está conslruidt) en bois de 
fer >■ tiene hermosos bajorrelieves de 
marfil. 

Todas las disliiUas i)iezas de mar- 
fil \- (le labrado, asi conu> la linea 
i^eneral del mismo, no solamente de- 
notan un de'.icado gusto artístico, sino 
que tienen un gran carácter de época. 

Cofres semejantes a éste, que es una 
nota admirable en la colección más va- 
licjsa. existen tan sólo tres, los cua- 
les se guardan en el Museo de Cluny 
(París). 




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— SELECTA — 




El pintor urugfuayo Joan Peluffo en su estudio 



HE aquí un artista cuya proverbial 
modestia lo mantiene alejado de 
ese medio ruidoso y muchas veces 
falso, en que se forman las reputaciones 
¡jopulares y suelen también brillar los 
que no tienen méritos para ello. 

No es, desde luego, a base de bullan- 
gueria callejera que se fundamentan los 
verdaderos, los sólidos valimientos in- 
telectuales. Artistas hay que tienen pa- 
siini por estas manifestaciones de baladí 
renombre; pero en cambio (y quizá los 
de más ilustración), rechazan estas con- 
sagraciones im])resionistas, algunas de ellas 
con mucho carácter de teatralidad. 

Peluffo es enemigo declarado de estas 
exteriorizaciones en las que tan sólo la 
vanidad es la que encuentra satisfacción. 
En el silencio de su taller, trabaja el ar- 
tista infatigal)lemente, buscando sin des- 
mayo la creaciini de la belleza, coi)iando 
a Natura la infinita variedad de sus for- 
mas, de sus matices y de sus colores. 

De cuando en cuando realiza una ex- 
posición y en ella pone de manifiesto la 
lalx)r de algunos meses, en el recogi- 
miento de su hermosa residencia de la 
calle Larrañaga. 

La critica, o la pseudo crítica de arte, 
no es sieiTipre justa con este pintor com- 
patriota. Como en su ]jaleta no hay ca- 



]5richos raros, ni ridicidas invenciones 
efectistas, ni absurdas combinaciones de to- 
nos, ni ]3retendidos estudios de luces ar- 
tificiales, la crítica lo califica de ])intor 
anticuado, sin parar mientes en los gran- 
des méritos del diljujo correctísimo, ni 
en el dominio extraordinario ciue tiene 
Peluffo para la coloración de sus telas, 
donde el i)rocediniiento racional, el que se 
ajusta a la verdad y al sentido connin. 
no da entrada a ninguna ridicula teoría 
modernista. 

Tiene Peluffo admirable justeza ¡lara el 
retrato. Es antes que nada im gran retra- 
tista. .Algunos de los trabajos de esta ín- 
dole i)udiera firmarlos Islanes, el viejo, 
¡mes la escuela y la ])erfecci('in del dibujo 
así lo acreditan. 

En todos los procedimientos la técnica 
no tiene secretos jjara este artista, de mé- 
ritos indiscutibles, obtenidos a base de es- 
tudio perseverante y de sana orientaci('in. 
No es sólo el óleo el que le ofrece am- 
plio campo para fijar las seguridades de 
su pincel. La acuarela y el pastel tam- 
liién tienen en Peluffo un cidtor distingui- 
dísimo. 

Consciente de su valer y de la bondad 
indiscutible de su escuela, no ha intentado 
este ])intor un cambio. (|ue siem])rc tiene 
que ser perjudicial. Las estrepitosas y 



fugaces imposiciones de escuelas nuevas 
no consiguieron nunca arrancarlo de su 
modalidad y de ahí que, dejando jM.sar ])or 
su lado la vorágine de ciertos caprichos 
voceados por la moda, ha continuado i)ro- 
duciendo obras de gran mérito v que lo 
])onen en ])rimera fila entre los ])int<)res 
nacionales. 

En estos i'iltimos tiemixis, Peluff(j ha 
dedicado algunas horas a la ejecucii'm de 
esculturas. La escuela verista y lógica 
que guía sus jiinceles, se manifiesta tam- 
bién en sus ensayos escidtóricos, felices 
ensayos (|ue han llamado justamente la 
atencicni en la última exposiciiui que rea- 
lizara en los salones de Maveroff. 

En la visita que hemos realizado al ta- 
ller del señor Peluffo pudimos constatar 
con verdadera satisfacción todos los gran- 
des méritos de este artista uruguayo, cu- 
yas condiciones de trabajador y de estu- 
dioso son ¡¡roverbiales. 

Peluffo es un ejemijlo |)ara los jc'ivenes 
artistas cpie em])iezan su carrera y que 
equivocadamente pierden el tiempo 'bus- 
cando modalidades nuevas, sin realizar 
más (pie obras inconclusas, y eso cuando 
las realizan. 

El arte es belleza y la belleza es la 
sencillez. .Si no se olvidara esto, no se ma- 
lograrían nniclias liuenas iledicaciones. 



— SELECTA — 




SELECTA 



La CjMdbá Cddn 



/.)/ ci>¡ii,''tisi('>u . t'iifi\'iilt' al tnforíiíiúd. 
(■.V fli'r l'rivih'iiiaciíi de las almas (fcn- 
liles. 

--/,(/ niaiiit que se I ¡ende a los hi:- 
inildes reenje. al lavaiilarlos. litnlo de 
nablcza. 

— .S"('/íí st'ii f^erfitmadas los laureles, 
eiiaudn se afreee anipayü al derraiado. 

— I.a l^rotiedad que dignifiea al ero 
es la de mitiíjar el llanto ajeuu. 

Dr. El. ¡as Kkgii.ks. 

llf .•i(|ui otra (le las institiK-iones <le 
iiL-fifí-ncia, (¡Uf r;-aliza, v-n un vastu 
rculo (If accii'm, una ;>lira altanuMite nu-- 
;oria. 

Dice el artii'ulii prinu-ru lU- sus ostatu- 
s: "La Sciciedail Filantri'i])¡ca Cristóbal 
>li^n, tiene i)or (ibjetu ]iro])en(ler, jjor 
t(i(is los medios a su alcance, al soco- 
o lie los ])ol)res virtuosos, sin distinción 
■ nacionalidad, raza, creencia rclig-iosa 

ojiiniíui iiolitica. Xunca se ])odrá in- 
stig-ar niní^una de estas circunstancias, 
:ndo la única condici(')n jirecisa, la cons- 
tacii'm de la indirrencia y de la buena 
iuducta." 

lie aqui en breves lineas es])ecificados 
s fines nobilísimos de esta institucii'm 
i}(] arraiffo es ya inmenso, v cuva obra 
L-ne actualmente iiropcjrciones vastisi- 
as. 

I),' la .Memoria corres|.'ondiente al añc 
timo s,-icamos estas lincas: 
"La distribuci/in de los socorros C|Ue 
s Estatutos y Resjlamentos establecen 
se acuerdan a los solicitantes que han 
■reditado en fornia su estado d? i)ü- 
eza. se han continuadla efectuando en 
s mismas Cíjndiciones de tiempo atrás 
tablecidas. es ilecir. diariamente en ve- 
no V cada dos dias en invierno, benefi- 
andose asi en lo ])osible a los meneste- 
isos. evitándoles, en la épcjca en que no 
;'st ■ el temor <\í- cpie ])roduzca altera- 
i'in 1,1 carne, las molestias de una concu- 
eneia diaria .•il local. 

^ las cilras de esos donativcjs scjn mu\' 
■andes. Demuestra ello en ))rimer lu.yar 

nobilisimo sentimiento ile un i>uel)lo. 
lestro jiueblo, cpie no olvida en ninjíún 
omento ;i los desliered.ados ile la ior- 
n;i : y lucido los prestigios de la Crisló- 
i\ Coli'in, <|ne concentr.i en si a un vasto 
icleo de benefactores, cuvo i'ibolo está 
empre ]ironto ])ara contribuir al soccj- 
o. al alivio de miseri.as \- de ilolores. 

L.i Cristi'bal C'oli'm no se concreta tan 
do al re]iarto de comestibles. .\ esta ac- 
ón eficacisim.a se unen otras conqde- 
ent.'irias y no nn'iios eficaces. 

1 ie ;u|ui una : 

Las cincuenta má(|uinas donadas ]>uv el 
■ñor Francisco l'iria, se entreg;an. ])revia 
scalizaci('in e informe de una Subcomi- 
i'in especial, en préstamo i)or tiem])ü de- 
rminadü a las familias que las solicitan 



p;ira usufrnctuarl.is y (|ue ])or ese medio 
atienden a su subsistencia. 

.Actualmente se h.dlan en ])réslaniü todas 
esas niá(|uinas v vencido el i)lazo de con- 
cesic'in se les |)rorro!.;a si la necesidad ])er- 
sisle v cuidan convenientemente el útil. 

Tiene t.ambién la Cristi')bal Coh'm mi 
servicio de médicos. Cientos y cientos de 
visitas ffratuitas cuenta el cueri)ü de fa- 
cultativos en su honroso haber caritativo. 

Las recetas son despachadas i)or la 
.Asistencia Pública. 

Componen este cuerpo médico, que tan 
benéfico v desinteresado concurso ¡¡restan 
a los lunnanitarios fines de la institución, 
los doctores: Juan Francisco Canessa. 
Ivlias Regules. José .Martircné. .\tilio -Xa- 




Doctor ELÍAS REGULES, 
Presidente de la Sociedad Cristóbal Colón 

rancio. Luis Demicheri. .\lberto .Marroelie. 
1",. l'ernández l",s|iir(], Joa(|uin Canabal, 
|(jsé l\odrii;iU'Z .\nido. Iviriipie .Méndez, 
luán C. Demaria, .\ntonio l'runés, M. I'..- 
cerro de üeng'oa, Joa([UÍn de Salterain. 
.\n!íel (".amin.ara. Jíjsé Re)>peto, .\ndrés L 
Tuxiil, José lnf:intozzi, l'austo \';'ij;-,i. I'e- 
lix .\nyel ()livera, líiluardo Ilir.abén. .\1- 
berto .\nselmi, .M.artin M:irtinez l'uet.i, 
l'raneisco K. Uuvertoni, .Xsoeiacii'm d- 
Practicantes, Doniinsicj d. Santos, l)i-n- 
tista: .Xbelardo F'iol. Ojitica : Cámlido 
.Mass.', llors. 

Otro de los beneficios t|Ue la Sociedad 
])resta es el de tener establecido en la 
sede |)rincipal una oficina también i^ríi- 
tuita lie trabajo. 



lie ;i(pi¡ los (l.atos eslailistici >s de esta 
dependencia ilurante el año .anterior: 

Pedidos de Cíjlocacii'in, L04(i. Colocados, 
(I7S. 

^' en resumen, la may-nitiiil de los ser- 
vicios benéficos f|u;' prest.a esta Sociedad 
])uede medirse ]i(]r la simple estadística 
de los artículos donados en un mes, un 
mes elegido al azar en las pái.;inas de 
una Memoria. 

lie aqui \u entre,t;,ido :i los meneste- 
rosos en .\bril del año p:is:id(i: las lei;um- 
bres se ciicnlan \>ov miles de kilos v luego 
véase im,-i lista de ro])as v demás efectos: 

1.4SII piezas de ropa. -{Sd metros de gé- 
nero, ISO trazadas, 54 trajecitijs de niño. 
'i'2 colchones, '42 almohadas, •~)4ll ])ares de 
calzado, .'¡(I camas de hierro. 

-Ndemás im.a gran cintidail de sábanas, 
finidas, toallas, sombreros, gorros, trico- 
tas, menaje doméstico, etc., etc. 

Se ha atendido especialmente el sumi- 
nistro de calzado a los niños en edad de 
Cíjiiciirrir a la escuela. 

Las familias a cpiienes se ha concedido 
esos subsidios forman un conjunto de 
•5.241) C(jn l.~).S:)S ])ersonas. de l.as (pie 
i>.-i'.)'¿ son mavores \ 11.4 !■(> menores. 

lie .aqui. a gi'aniles r.asgos, la labor tan 
noble \ tan elicaz (pie realiza la Cristóbal 
C(jl('in. |»jr lo (|U,' en muchos años de em- 
peño tiene va coiKpiistadas las sim])atias 
de todo el ])ais. 

El 12 de este mes ceUdjn'i l;i C(jlépn sus 
bodas de plata, y con ese motivo se rea- 
liz.'i un re]>;irt(j extraordinario. 

.Xctualmente componen la .autoridad di- 
rectiv.a de l.a instituciim .altamente bené- 
fica, los señ(jres : 

Presidente, doctor b'.li.as Regules: \'ic - 
presidente, doctor Carlos .\ns"lmi : Con- 
t.ador, doctor Domingo liarbeito; 'I eso- 
rero, doctor l.:iuro .Méndez: Secretario, 
don Pi'dro C". l\o Irígtiez : Secr.'tario. doc- 
t(ir .\lfreilo 1. P.-rnin: X'ocales: d.oct(ir 
l'.duardi) R;iv.-mi:i. .\rtur(] Puig. S;iiili;igo 
l'.arabino. Ingeniero Peilro II. M.aguon. 
Ingeniero Pablo l'erranib]. doctijr J. .\me- 
r!C(] Peisso, don b'r.incisco l'iria, don Ju.an 
l'i. Morix e. don Luis M. I.aurito. don M.i- 
ti.as l'.:inzá. don Tei'ifilo .M. Oxirio. (Ujii 
Antonio C.alíetti. don Mati:is .\. I'..auzá, 
don l\a:i'(')n .M. Miiiños. Conisiiin l"isc:il : 
señores Juan .Xicardi y Justo KodrigU'-z. 

Cnent:i :ideniás la Crist(')h:Ll Col('in con un 
her'i'oso V ani]>lio local, ubicadii en l;i calle 
.Magallanes entre L'rnguay y Mercedes, y 
la Siibcomisi(')n del Paso del .Molino ]n'(]- 
vecta también la creación de otríj edificio 
en a(|uelhi localidad. 

La C"rist(')bal Colón tiene bien C(in(|uis- 
lada el titulo de benemérita. 



ir 



1 



i 



— SELECTA — 



La tumi 



ie L; 



AjAXUü (le Macüii por el camiiiu que bor- 
dea el curso ondulante del Saoua. no lejos 
de las ruinas del castillo de aquel conde de 
Montrevel, decapitado durante la época del terror 
y que en 1789, !a vísi)era de la revolución, poseía 
Cooooü libras de renta, una cuadra de cien caba- 
llos de caza, un teatro donde las damiselas del 
contorno representaban tragedias de Racine. y 
una orquesta a sueldo que rivalizaba con la or- 
questa de los Conde en Chantilly ; siguiendo el 
sendero que entre las viñas más famosas del 
Franco - Condado, las viñas de Beaujolais, con- 
duce directamente a la primer estribación de los 
Alpes francos; en el fondo de un valle verdine- 
ííro que se espejea en los 

anchos remansos del rio. *——*"-——■■■—■*■*• 
se alza la aldea de Saint- 
Point. la aldea humildísi- 
ma que ennobleció el genio 
(le un poeta. 

Alfonso-María - Luis de 
Prat de Lamartine yace 
allí, en un panteón labra- 
do en el rincón de un par- 
que sombrío plantado de 
jiinos, alerces y cedros del 
Líbano, sobre cuyo fron- 
tispicio bizantino se lee en 
letras góticas una divisa de 
supremo anhelo : 

Spci'üz'il a II i ni a nica. 

Kstc hombre, que estuvo 
a punto de ser el dueño de 
Francia, que hizo una re- 
volución, que soñó con 
eclip.sar la tiranía de Ro- 
bespierre, que se vio en- 
cumbrado jjor la fuerza de 
una popularidad enorme, 
avasalladora, y que luego 
sucumbió miserablemente 
a su debilidad de poeta, 
vencido por las intrigas de 
un ambicioso sin talento 
jíero más osado (jue él, re- 
])osa en una tierra que 
cantó con los acentos más 
nobles de su lira y de la 
cual apenas pudieron nun- 
ca separarle los aconteci- 
mientos de una vida aza- 
rosa y desgraciada. 

Antes de 1848, Lamarti- 
ne era el prestigio más 
grande de su país, el ar- 
bitro de los destinos fran- 
ceses. Su gloria literaria y 
su gloria política resplan- 
decían como una doble es- 
trella, irradiando en el cé- 
nit de uiia vida. Diez años t4 
liastaron para que el impla- 
cable Rochefort, comen- 
tando los apuros económicos del autor de la 
Historia de los Girondinos, pudiera escribir es- 
tas palabras crueles: " V.\ poeta no os pide glo- 
ria. Al tender su mano hacia vosotros, ¡ oh in- 
mortales ! parece deciros : — ; Dadme mi parte 
en dinero!"" Xo fueron los de Rochefort, el fu- 
turo commiinard de 1871, los peores insultos que 
amargaron la vejez de este recio campeón del ro- 
manticismo literario. Otros, al recibir sus últimos 
libros, escritos bajo la presión de los editores 
que explotaban su miseria, le flagelaron acusán- 
dole de convertir en monedas los recuerdos ín- 
timos de su alma. 

Tal vez esta acusación no estuvo desprovista de 
fundamento. Un poeta que parecía haber agotado 
los sonidos de su lira; un historiador cuya pluma 
había recorrido el ciclo entero de la humanidad, 
desde los clasicismos heroicos hasta las tragedias 
(le su época; un viajero infatigable que había de- 
rrochado una fortuna en visitar, con la pompa 
de un nabab, los Santos Lugares de la Pales- 
tina, no supo contener su pluma cuando ésta 
había dado ya a la literatura francesa un es- 
])léndido lote de obras maestras, y no vaciló en 
sobrevivirsc, entregando a la maledicencia de una 
generación que ya no era suya, los tesoros pre- 
ciosos de sus recuerdos y sensaciones más ín- 
timos. Ni siquiera logró con ello salir de sus tris- 
tes apuros de dinero. Fué preciso que sus ene- 



había derrocado su re- 
concediera una limosna 



migos, el gobierno que 
pública aristocrática, le 
de 500000 francos. 

Xo era mucho para un hombre que. atnio .\1- 
fonsu Lamartine, había derribado el trono (|ne 
se oponía a las reivindicaciones de los b(ma))ar- 
tistas triunfantes. 

1^1 pueblecillo de vSaint - P^int >e compone de 
unas cuarenta casas agrupadas en torno de una 
iglesia romántica; una de estas vetustas iglesias 
francesas, de puntiaguch^' campanario, enmohe- 
cidas por el orín de los siglos. .■\! extremo norte 
del i)ueblo. en los ejidos, está el castillo de La- 




La primera duda 



Acuarela de O. Baroffío 



martine, un poco más suntuoso pero bastante más 
pequeño que aquel de Milly. cerca de Hacon. donde 
nació el poeta y donde escribió sus primeros 
versos. 

El castillo y su parque dan frente a las monta- 
ñas del Jura, blanco por la nieve. 

El poeta ha trazado en el capitulo ])rimero de 
su novela U¡ Picapedrero de Saint - Point. el pa- 
norama que a través de los vidrios de la ventana 
de su cuarto contemplaron tantas veces sus ojos... 
"Tras la ribera y los prados, la mirada empieza 
a ascender por escalones, los flancos hinchados y 
robustos de la alta cadena de colinas que separa 
el valle de Saint - Point del horizonte del Ma- 
connais, de la Bresse. del Jura y de los Alpes. 
En primer término, las grandes y profundas tie- 
rras rojizas opulentas de vegetación'"... 

Este cuarto de Lamartine que parece el sencillo 
despacho de un rentista rural, conserva el as- 
pecto que tenía cuaiido su dueño pasaba, como 
otro Don Quijote, las noches en claro y los días 
en turbio, afanándose por satisfacer las demandas 
apremiantes de sus editores. Sobre aquella mesa 
sencilla de roble, con aquella insignificante escri- 
banía de peltre dorado, sobre aquellas cuartillas 
azuladas de papel del Marais, se escribieron Ra- 
fael y las Confidencias: la Historia de la Re- 
volución de Febrero, Tres meses cu el poder. 
Toussaitif Louveríure, Genoveva y los pobres li- 



bros de la vejez del poeta, entre ellos aquel Pica- 
pedrero que conserva todo el perfume de las es- 
tancias que visitamos con la curiosidad banal, un 
poco avarienta, del viajero que quiere sacar todo 
t-'l jugo i)ü5Íb!e a! dinero gastado en su viaje. 

HeuTis entrado en el castillo un poco antes de 
mediodía, jtor el soberbio jxírche gótico que re- 
tuerce sus columnas de piedra estriada sobre la 
yedra (|ue tapiza el muro y entre dos espesas ba- 
rreras de rosales y madreselvas. Delante del por- 
che, una nube de pajaritos picotea descaradamente 
entre la grava de la explanada. 

Son aquellos mismos pájaros tan amados del 
poeta, que escribió en su eUjgio estos poéticos ren- 
glones : "Les oiseaux sont 
•—*—' —— '"""*"— ~~ * la poesie des chants. l'hím- 
ne de Lair. Si on les tue. 
qui done chantera dans la 
creation ? " '. 

En el fondo del ])orche 
se abre la vidriera que da 
acceso al vestíbulo, de don- 
de arranca la escalera. 
Toda la casa es un mu- 
seo laniartinesco- Los ami- 
gos del poeta, los mismos 
(|ue trajeron su cuerpo des- 
de Passy. doiide le tenía 
recluido la caridad de la 
villa de París, han hecho 
del viejo castillo un sagra- 
rio de amor hacia el poeta. 
Allí está, en el eslrechü 
dormitorio, la cama en que 
murió, alta como un cata- 
falco, traída con los demás 
muebles del chalet de Pas- 
sy. Allí el armario de luna 
que guarda, junto a los res- 
tos de la vajilla que usó 
el poeta, dos de sus viejos 
sombreros, su bastón, su 
tai)abocas, sus chanclos... 
En un lugar del .salón 
está su retrato: una vieja 
y amarillenta litografía de 
1850. Sobre la mesita de 
lectura sn libro favorito: 
Childe Harohi. Los dos 
poetas, el inglés y el fran- 
cés habían pactado la en- 
tente cordial e mucho an- 
tes de que llegara a ser 
Ministro Monsieur Del- 
cassé. 

La chimenea del salón 
está encuadrada por un 
alegre festón de tela, so- 
bre el cual las manos pri- 
morosas de Madama La- 
martine, aquella hermosa 
inglesa que se llamó Elisa 
Birch antes de unir su 
suerte a la del poeta. \ñ\\- 
taron delicados medallo- 
nes con retratos de hombres famosos. Desde la 
galería se <livisa el parque, la campiña y la cor- 
dillera. En un rincón del jardín un viejo es- 
carba la tierra de los rosales. Diriase que era el 
propio papá Liiaud, acechando la llegada de Clau- 
dio el de las Chozas, aquel extraño picapedr-ero 
(|ue encomendaba a Dios la redacción <Íe sus 
facturas. 

Todo el paisaje recuerda fuertemente la poe- 
sía de ¡os cuadros trazados en las Confidencias : 
' ' Allí están los nombres familiares al oído, de 
estos encantadores j)ueblos que bordean el curso 
del Saona, mi rio natal ; las islas cubiertas <le 
bosques de sauces y de mimbreras; los grandes 
rebaños de vacas que las abordan a nado, para 
pacer sus altas hierbas, y dejan flotar sobre el 
agua sus hocicos blancos y sus cuernos negros ; 
las bellas montañas del Beaujolais y del Macon- 
nais. que se tornan azules, como las olas, a los 
rayos del sol poniente, y parecen flotar como \\n 
mar cuyos confines oculta el vaivén de las ondas; 
a la derecha, estas inmensas praderas verdes de 
la Bresse. sembradas aquí y allá de ¡luntos blan- 
cos que son los rebaños de vacas, y que anegan 
sus confines en una bruma que las hace parecerse 
a los paisajes de Holanda o a los horizontes de 
la China, sin otros limites que el ]íensamiento 
eterno *". . . 

F. Marliiicc YayUes. 







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— SELECTA — 



La Estampa Japonesa 

Es de origen relativamente moderno v 
dimana de los libros ilustrados. Los 
más antiguos que se conocen, datan 
del siglo XVI ; ])ero la estamjja no comienza 
hasta las iiostrinierias del XV'II. Torii Ki- 
yonobu ( 1664 - 1729). fundador de la rama 
de los Tori - i. fué el jirimero (¡ue hizo el 
tipo artístico de la estampa, que no era otra 
cosa en el fondo más que una ¡xigina suelta 
de un libro ilustrado, policromando a pincel 
los grabados. Fué hacia la mitad del siglo 
XV'II r cuando aparecieron los ])rimeros tra- 
bajos que pueden calificarse, con toda pro- 
])iedad. de estampas coloridas, si bien su 
unión a un texto literario perduró durante 
la Oiikiyo - ve o escuela po]n)lar. de la que 
hablaremos más adelante. 

La verdadera estampa jajjonesa es un gra- 
bado xilográfico en colores. El artista hace 
un dibujo sobre i)a])el tran.siíarente, pegado 
sobre ■ una plancha de madera de cerezo : 
luego se hace el grabado en forma muy pa- 
recida a la occidental, tallando la madera 
en el .sentido de sus vetas. Esa talla se rea- 
liza después de haber calcado el dibujo so- 
bre la plancha en forma de incisión, me- 
diante un cuchillo. Este trabajo se repite 
tantas veces como tonos cromáticos ha de 
tener la estampa, al modo como hoy se 
procede en Occidente ])ara los tirajes cin- 
cográficos. mediante la rejietición de tantas 
planchas como colores haya de tener la es- 
tamiia o ilustración del libro. 

Grabadas las piezas de madera de cerezo 
(comijnniente de Sakura), se extiende el 
color en seco sobre cada ])lancha. y luego 
se ])one una ligera caoa de engrudo de 
arroz. La hoja de papel (muy esponjoso) 
se áulica sobre el grabado en niadera y con 
un disco se hace la impresión. El procedi- 
miento es de una gran sencillez mecánica; 
[¡ero exige nnicha habilidad v un senti- 
miento artístico muy delicado. Por eso las 
estampas iajjonesas no tienen la semiedad 
n^ecánica de que adolecen las de Occidente. 

Con frecuencia, cada artista tenia su gra- 
bador predilecto : ])ero el tiraje cronático se 
hacia baio la dirección del autor de la es- 
tamjia. El dibuio original (luedaba destruido 
después de hechos los grabados de las )ilan- 
chas de cerezo. 



.*. 



A 1-1 Oiikiyo - ye se debe el maravilloso 
arte de la estampa japonesa. Esta constituvó 
una derivación regeneradora de la pintura 
nipona, llabia ésta decaído en mi insii)ido 
academisnio en los sucesores de la escuela 
de Kano. La rama de los Korin ( fundada 
por el gran ¡lintor de lacas) i)udo salvarse 
de esa decadencia, pero confinándose su 
arte a la decoración de lacas v cerámica con 
flores y pájaros, arte muv diferente al li- 
terario y tradicional de los continuadores 
de Tosa y Kano. Pero en n^odo alguno la 
tendencia de los Korin hubiera salvado la 
])intura japonesa de una decadencia mor- 
tal, si un grupo fie artistas no htd)iese bus- 
cado una orientación nueva, acudiendo di- 
rectamente a la vida jajíonesa. a los hechos 
sencillos y corrientes : pero con un espíritu 
de observación ] ¡sicológica (|ue lo apartó de 
todo realismo vulgar. -\ pe.sar de ello, e.sos 
artistas y su tendencia fueron ai^ellidados 
de vulgares. i)or el piiblico artístico del 
Jaiíón ; y esta fué la Oukixo - ve. en o¡)Osi- 
ción a las escuelas aristocráticas. 

La Oiikiyo - ye se toma como sinónimo 
de escuela vulgar o popular ; esto no es 
exacto; su significación es más amplía. Ed- 




nnmdo de (roncourt dio a conocer en Occi- 
dente su verdadero significado. Oitki, quiere 
decir lo que flota o está en movimiento ; 
yo, mundo : ye. dibujo ; así. puede tradu- 
cirse por expresión gráfica de todo lo (|ue 
vive o existe en el Mundo. Y este es líreci- 
samente el contenido de la inmensa labor 
de los artistas de la Oitkiyo - ye. Para ellos. 
nada fué improjjío del arte ; todos los he- 
chos, todos los seres y todas las cosas son 
susce])tibles de convertirse en tenas grá- 
ficos o pictóricos. 



Fueron las obras y los artistas de la Oii- 
kiyo - ye. los ((ue abrieron en el mundo oc- 
cidental la verdadera admiración ])or el 
arte japonés ; y cosa rara, a los europeos 
y americanos, y no a los jaijoneses. se debe 
la exaltación artística de los grandes méri- 
tos de esa escuela y de sus maestros. Con 
tal entusiasmo se tomaron sus obras. (|ue 
durante nnichos años se llegó a creer one el 
gran arte nijión y su desarrollo esplendo- 
roso estaba sólo en esta escuela. Concepto 
éste, muy falso, y que el conociniento de 
los trabajos antiguos puso de manifiesto, 
])ues con ser de tm gran valor las obras de 
mi L'tamaro, un Hokusai. Tovokuní. Kuni- 
yosi. Hiroshighc. etc.. las obras antiguas 
son de una belleza insuperable. 

Edmundo Goncourt. Gonse. Bing. Duret. 
.\ry Renán y Barbouteau. en Francia: Os- 
ear Münsterbere. Hans Sporrv. entre los 
germanos ; y W. -\nderson. Fenollosa v 
Strange, entre los anglosajones ; son los (|ue 
han dado a conocer el admirable arte nipón 
en los i^aises de Occidente. Las colecciones 
de Goncourt. Hayashi. Gillot. Burtv. Du- 
ret. Guimet y .-\nvers. un buen número de 
exposiciones (hace pocos ailos una en Lon- 
dres y otra en París), y últimamente las 
publicaciones estupendas del Nipp'm Sliimbi 
Kvokaicai. SJiinihi Sliiiin. y Koka. en To- 
kio, han ido ]50])ularizando entre los euro- 
peos el arte maravilloso de la estampa v de 
la ]Mntura japonesa. 

L'n estudio un tanto deteJiido de la i)r¡- 
n'era. no cabe aquí. ]3ues su extensión seria 
excesiva i)ara los límites prudenciales que 
ha de tener todo trabajo de esta Revista. 



Rafael Domencch. 



El Encaje de Bruselas 

H\\ a])ren(lido esta labor en la misma 
ciudad de Bruselas. Fui con el deci- 
dido pro])ósito de trabajar en alguna 
de las imjiortautes fábricas allí estableci- 
das, para ¡lerfeccionar este arte v conse- 
guir que mis dibujos resultaran ejecutables. 
Pero en nniy poco estuvo (|ue mi viaje fuese 
inútil, ])orque las trabas (|ue en las esferas 
oficiales jjonen. son insu])erables. v las po- 
bres obreras belgas, con \\n patriotis'iio 
digno de la ma\or admiración, se resisten 
a enseñar su arte a los extranjeros, sa- 
biendo (|ue él constituye una de ¡as indus- 
trias más im])ortantes v florecientes de su 
país. 

Gracias al valioso a])Ovo del Ministro de 
b'siiaña. señor Merry del \'al. <|ue con todo 
interés me facilitó los medios nece.sarios, 
procurándome una jjersona que me ense- 
ñara, ])uedo ahora, también cx])lícar a mis 
lectoras la manera de hacer ese artístico en- 
caje, disjiuesta a desvanecer toda duda v 
aclarar cualquier concepto. 

Lo primero (|ue hay oue procurar ]>ara 
hacer bien el encaje de Brti.selas. es que el 
dibujo se tmeda dividir en pequeñas par- 
tes, de modo que al unirlas luego, se disi- 
n^ule la unión ; por ejemido : en un tallo, en 
el perfil de una flor o en el de un adorno. 
Esto es suma'T'ente necesario, siendo como 
es una labor larga : pues de otro modo, ade- 
más de ser muy incóniodo liara trabaiar, se 
arruga v desluce por mucho cuidado (|Ue se 
tenga. '^' hecha esta advertencia ]5revia- 
mente, ])aso a explicar la eiecución de las 
labores, torando ])or modelo un provecto 
de abanico. 

Dividido en trozos el dibujo inicial, se 
toma la jiarte que .se c|uiera confeccionar \- 
se observan en su ejecución las siguientes 
instrucciones : 

L'na vez terminados estos trozos, sin ha- 
cerles el festón del contorno, se deshilva- 
nan V en un dibujo comi)leto del abanico. 
también hecho en jiapel neero. se van colo- 
cando, cuidando de poner bien el encaje so- 
bre el dibujo, sujetándolo a él con ijuntadi- 
tas muv pequeñas co'no las oue se emplearon 
para colocar las mechitas en los perfiles de 
los trozos. Este dibuio final ha de estar ta-n- 
bién puesto sobre las dos franelas. Se lle- 
nan del iiunto que les corresponda los hue- 
cos (|uc ouedan. se festonean los perfiles v. 
últimamente, se termina haciendo el festón 
del contorno total del abanico, que jjodrá 
ser un ])oco más grueso que el de los per- 
files interiores. 

Hav riue recomendar con insistencia el 
planchado antes de cpiitar el trabajo del jia- 
pel. lo niismo en los trozos peipieños (|ue 
cuando está terminado por co'iipleto. Para 
hacer el sombreado de las alas se empiezan 
a trabajar ¡lor el sitio f|ue figura estar en 
sonibra, con puntos claros c|uc .se irán espe- 
sando a medida que se llega al borde. l".l 
dibuio se i)ica con un alfiler fino sobre lui 
papel negro satinado y flexible. Este papel 
se coloca hilvanado encima de dos telas <\? 
franela de algodón fina, v hecho esto, con 
una mechita de cuatro hilos se perfila el 
dibujo, sujetando esta nH'chita por medio 
de )5untos oue se irán metiendo por el ]ii- 
cado del dibujo. En seguida se llena de 
punto de tul más o menos tupido, a gusto 
de cada ejecutante. ]iara (|ue el dibujo tenga 
claroscuro y medias tintas ; luego se festo- 
nean los ])erfiles y se ¡ilancha por el revés 
antes de quitarlo del papel. Esta operación 
se hace muy fácilmente, separando con 
fuerza, pero con ciu'dado. las dos franelas. 

Aurora Gutiérrez Larrava. 



,»iS2S2S2S2SílS2SasaSHSasa55SHS2SHS252S2S2SHS2SHS2SE5HSHS5S2SH52S2SHSHSHS2SHS"e» 




El Círculo c 



fiUiisiastas. (lan!a« v caballeros (listinguidisiinos. ¡lUe. eli- 
LMt'iido la primera Comisión Directiva, nombraron Pre- 
sidente al señor Real de Azúa. 

l'"n el segundo ])eriodo jiresidencial. ocupó ese alto cargo 
el caballero Rodolfo Sarda, y actualmente lo desem])eña 
con ¡¡ericia suma y absoluto benejdácito el señor Joaquín 
Serratosa. a c|uien acompañan en el cargo de \'ice])re- 



«£5H525íSHSHSHSHSHSíSHSaSHSHSHSHSHSHSiSHSHSH5HSHSBSHSE5aSESZSHSESaSZSZSZ5HSíSHSE52£ 




El g'ran árbol que adorna la entrada 

K aqiii una entidad (|ue, aun siendo de reciente 
fundación, tiene ya todos los prestigios más sa- 
neados y <iue i>udiera exhibirlos la sociedad más re])re- 
sentativa. 

Ks un núcleo seU-ctisiuio. donde figuran niñas de alta 
figuración social y caballeros de arraigo en los más sa- 
neados circuios iinuulanos. 

N'o.sotros no conoci.amos el magnifico local (|Ue el 
C'ircido de Tennis iiosee en los l'ocitos. e invitados geii- 
tibrente ¡¡ara visitarlo, concurri ros y nos be;iios quedado 
maravillados. 

üe abi esta nota, interi-s.-nuísim.-i. i\\\c engalana dos de 
nuestras ])áginas. 

Coincidió nuestra \isila cou la realización de un gran 
torneo en el (jue tomaron p.irte tod(js los más bábiles 
jugadores perl;-necientes al Círculo. 

Llegamos. l'"I ¡lortalón de entrada se abre sobre la calle 
l'ereira. en los l'ocitos. Tbicación inmejorable, en l;i 
amplitud delicio.sa de la benro.sa barriada balnearia. 

\'imos maravillas. .\llí no se reúnen ya aficionailos : .son 
maestros los que evidencian pericia siuna en el manejo 
de la raf|Uela. I. os encuentros son interesantísimos, no 
sólo para el amateur, sino taudiiéii jiara el sím])le ]iro- 
fano. l'U aristocrático deporte se impone allí en toda su 
gallardía. 

¿Cóiiio surgió este selecto centro de tennis? 

I'ues a im])nlsos del entusiasmo no acallado en ningún 
nmmcnto de sus fundadores, que lo fueron : el caballero 
l*,nric|ue Real de .\zúa y su cs])0sa. la señora María An- 
toniet.a Platero. 

Surgió la idea inicial de la constitución del Círcido y 
de inuH-diato se obtuvo !,i colaboración cb' un grupo de 





«aSE5aSSSíS25HSH5HSH525H5HSBSH5a52S2SHS2S2SH5asaSE5HS25HSa5ES25HSSSH5HSHS55'i¿ 



5í-¿5HSHSH52SH5ESE5HS2SESH5ESESH5SSESE5E5ESE5HSESESHS2SHSHSESESSS55ÍL5HSHSHSH52S25ESES 



COMPONENTES DEL TORNEO DE PRIMAVERA Jt Señoras : Sara Fuentes d 
Señoritas : Margarita Heber Uriarte, María Inés de Arteaga, Estber Sufferi 
Nebcl Panelo> Julieta Puig Spangemberg, Dora, Fulvia y María Antonia Will 
Morales. Señores: Alberto Castells Caraií, Quinto Bonomi (hijo), Joaquín Serrat 
Castellanos, Alien O. Crocker, Alberto de Armas, Carlos Gar^ao Márquez, Sidí 
Segundo, Julio Arteaga, Gerardo Zorrilla de San Martín, C. Dawson, Horacio 



sidente el doctcn- José Pedro Segundo, en el de Secretario 
el señor Rodolfo Sarda, en el de Tesorero el ingeniero Juan 
José de .\rteaga v como Vocales los señores: .Alien (I. 
Crocker, Julio .\rteaga y (Juinto Honomi. 

A la Comisión Directiva aco;ii])aña y jjresta aún más 
brillo una Comisión de Honor cominiesta por las dis- 
tinguidas señoras: Sofía Stajano de .Serratosa, ,Sara Fuen- 
tes de Sarda, Celia Crosa de Peixoto. Plácid;\ Cibils de 
Pérez Butler, María Ingouville de Davie, María A. \'i- 
llegas de Pérez Butler y señoritas: Pulvia WíUinian. Ma- 
ría Trií^c /Ip Arf-faorp IVÍaroraritQ Tlplipr TTrinrtp v \1:irflT.n 




I óe Tennis 



^JH5SSaSc5ESHSH5HS?SBSZ5HSBSZSZSESBS25H52S2S25SSB5E5?SH5HSESHSZSHSHS?.TESZ5í« 



.\nuibleim-nlL' f^uiadcjs rccurriiuds Imlo d Miiiplisiiiio 
(.■,imi)o (le dcpoi'tfs ocupado por c\ Circulo. I'",u esc sran 
pcrinu-tro de terreno se han hecho cinco canchas, dola- 
das (le todos los requisitos necesarios co ro para <|Uí' en 
ollas las gentil i simas justadoras v los expertos jugadores 
¡luedan lucir ani])liauiente sus habilidades. 

Desde (iue se entra en el local ya se experi;ueiUa un;i 









El gran salón de te 

lüi la iirjfanización del " Circulo de 'l'ennis " se esta- 
blece en forma rigurosa (|Ue el inrnero de socios no jiuede 
exceder de J^o. 1.a aibnisión de los mismos está librada, 
sin a])elación. a la Co:uisión Directiva. (|uien decide hi 
-oücitud por sorteo. 

De esta suerte la selección i'S llevada a extremos riyir 
rosos. ^ ])or ello ad'uira la armonía (|Ue alli i:n])era. la 
distinción v cultura (|ue son las características de tíKlas 
las reuuiíiues. \' el cuidado (|iie ¡lor la dignidad del Círculo 
pone cada asoriadi). solidarizando la pro])ia estimación 
con la estimación i|Ue merece 1 i i-ntidad ante los extraño^ 
a ella. 

Xo vacilamos en atinrar. en cou.-.i'Cuencia. i|ue el 
Círctilo (le 'l'ennis es uno de los CL'Ulro^ más ciillos de l;i 
Re])úblic:i ; ejeii])l() de sociabilidad. e!e;;"aiUemente en- 
tendida, al ])ar (|iie elevada \ el'icaz realidad ])resti.y"iosa 
de ttna sana tendencia a la cultura l'isica. cuya ímpcjsicioii 
es necesaria en todas l:is esferas de la sociedad. 

Ivl ambiente es en absoluto encantador. ( )ra ju.^aiKlo al 
tennis, ora en amable caitsserie. o tomando mía laza de 
te. las damas \ caballeros (|ue iircstif^ian este Circulo, afir- 
man día a (lia v hora ])or hora la inii)orlaucia cultural de 
uria asociación (|ue nada tiene (|ue eiividi.ar a las niej(jr 
crsíanizadas del extranjero. 

May enuilación y reciprocidad enlre los asociados. 1*"1 
ansia de realizar obra útil desoierta el estímulo y todos 
])or ])rop¡a v valedera estimación buscan el res])eto ajeno 
para la institución de (|ue forman parle. 

1""1 Circulo de Tennis tiene la aureola más brillante que 
IMidiera desear el centro más aristocrático v culto v su 
imposición en nuestro ambÍLUite es va abíolutan^enle de- 
finitiva. 

iS5HSESESHSHSESSSHS2SE5HSHS2SHS2SHEanS?5E5BS^S25ES2525¿SZSZ£:2SÍSt iSZSÍL52S?« 



/ 



¡BSSS25SSE5H5HSHSÍ5HSHSESZSZSESHSH5HSE5ESH5H5E5HSE5E5E5ZSHSHSHSE5S5H5ZSHSH5íi'a5ÍS5!« 



a Fuentes de Sarda, Mana Antoníeta Platero de Real de Aztia, Señora de Crocker, 
Iher Suffern, Florentina y Blanca Butler, María M. Villegas Márquez, María 
tttonia \7illiman, Sofía Suareí Blizen, Raquel Dufort y Alvarez, María M. González 
iquín Serratosa Cibiis, A. Beherens Hoffman, Gildo Parada Taranco, Carlos Stewart 
arquez, Sidney R. Buck, Enrique Real de Azúa, Alberto Heber Uri%rte, Jos¿ Pedro 
n, Horacio González Capurro, Arturo Williman, Enrique Lasala Alvarcz. 



amable impresión. L'n frondoso, un Mia,i;nífico " ,U("i- 
vern " os saluda y os atrae con una invilacióii a re]]osai 
bajo su follaje, en sombra amable. 

.\ la derecha del árbol se eleva el kiosUo de.>tinado a 
loilet de señoras v a la iz(|uierda una sala de espera. 

Cuando habíaiiKjs va visitado esas dependenci.as y nos 
había encantado el confort (|iie en ellas reina, nos (|ue- 
daba todavía la sorjíresa del gran .sakSn de te. alhajado 
con refinado buen gusto, am¡)lio. confortable, y donde 
con galantería exquisita se nos sirvió una taza de te, más 
sabroso y más preciado puesto que nos lo alcanzaron unas 





itaS2SHSH5cSHSH5cSHSHSdSHS2SBS?SBSH5HS2SH55S2S25HSHSHS5SH55SESHSa52S2SHS2idSi< 

£1 salón de espera 



— SELECTA — 



Un brasileño ilustre 



Hl{ aqui otro amcricaiu) iUistri'. üiierrero. 
político, |)ensad()r, el ¡{t'iieral Manuel Luis 
O.sorio llena con su extraordinaria ¡jerso- 
nali lad toda una larga época de la historia del 
Brasil. 

I'\ié uro (le aquellos varones ^in tacha, que 
C"niril)uyeri)n con todo lo más puro, lo mp.s no- 
ble, lo más elevadf» de sus individualidades a 
formar el carácter americano, a darnos una fi- 
sonomía jtropia. desentrañando elementos de ]jro- 
líreso \ (íe ci\ilización del estado caótico en que 
«luecló el continente después tlel añti 1810. 

líl general Osorio "sustancia el alma riogran- 
dense y la ct)Ticiencia poi>ular y militar (le su 
liemiio" — dice con mucha ]>ropiedad uno de 
sus biógrafos. 

Perteneció a la aiiti.gua y gloriosa generación 
brasileña. 

l-'.l 10 de Mayo de 180S nació el (pie fué des- 
pués una de las primeras personalidades del 
Brasil, en Concepción de los .-\rroyos. villa de 
\\\.> Grande del Sur. siendo su padre el teniente 
ccironel Manuel Luiz y su madre doña .\na 
loa(piina Osorio, descendiente de la antigua no- 
bleza española de los Osorios. 

"1.a familia de los Osorios — dice el vizconde 
Sánchez de Baena — es una de las más antiguas 
e ilustres de ICspaña. Tiene su origen en el 
Conde don Gutierre Osorio. del tiempo del Rev 
de Oviedo Maure.gato. cuyo hijo el Conde LJ. 
Osorio. fué a residir en Portugal y se supone 
(|ue sus descendientes dejaron esc apellido por 
otro, como se observa en el Conde D, Pedro 
hermano del Conde Gutierre." 

I-"l autor Antonio de \'illas - Boas e Sampayo 
a.iírega ; 

"Proceden los Osorios. del Conde ü. Osorio 
de Campos en el reinado de Alfonso VI. Kn el 
escudo figuran (los lobos de color púri)ura en 
campf» (le 1 tro. 

I,a vida del .general O^irio es de esas (pie no 
pueden sintetizarse sin verdadera extorsión para 
el deseo y el entusiasmo del (pie escribe. 

Sólo con fechas. ])ara él gloriosas, se llena- 
ría un vfdnmen De modo (pie no tenemos más 
remedio (pie ir directamente a los puntos calílla- 
les de esa e.xistencia. 

10 .general O-orio tomó parte en las campa- 
ña~ militares de la Independencia del Brasil, en 




61 ecmralin. cosorio 



Mariscal Manuel Luis Osorio 

Márquez de Herval 




Vd Cisplatiiia, en la (k* Kio GraiHlo del Sj.ir en 
lH^^ hasta el 4S. ditiule se le otorgó la eonde- 
coración de del Cruzeiro, en la Provincias Uni- 
das del Plata contra Rosas en 1852, en la de 
nuestro país en 1864 y finalmente en la del Pa- 
raguay contra Lói)ez. 

l'ji todas estas campañas tan llenas de jor- 
nadas gloriosas con(|uistó el general Osorio gran- 
des merecimientos y honores, condecoraciones y 
ascensos, jior su bravura, por su pericia pur su 
heroísmo. 

I{n la gran campaña del Paragua\- tomó i>arti- 
(.-•pación activísima como general en jefe del Ejér- 
cito Hrasileño. al cual organizó, dio una completa 
di^ciidina y condujo a la victoria. 

hji Julio de 1865 fué elevado por su admirable 
cimducta a \íariscal de Campo, y a Teniente Oe- 
neral el 1." de Julio de 1867. 



\ sin embargo, el guerrero indoiuable, el hom- 
bre que crecía en la acción, que se agigantaba 
a impulsos de su arrojo, dijo en cierta memo- 
rable ocasión, que su "mayor disgusto era ver 
a su patria en lucha, y encontrarse en el cam]¡o 
(le batalla, y que sería su más feliz jornada a(|uc- 
11a en (|ne le dieran la noticia de tjue los ]>uebl(»s 
— por lo menos los civilizados — festejaban >u 
confraternidad, quemando sus arsenales. 

¡ Admirables (¡alabras de concordia, de juicio 
\ de humanidad en un hombre (|ue se había 
batido como un león en cien combates ! 

Todos los grandes americanos de su tiempo 
tuvieron admiración y lionda estima ])or el gene- 
ral Osorio. 

Kl general Mitre tiene estas frases concluyen- 
tes para elogiar su actuación en la guerra del 
Paraguay : 

"La figura del general Osorio en la campaña 
del Paraguay, es una de las más grandes y más 
simpáticas de los tres Ejércitos Aliados; y poi 
in que a mí respecta, debo declarar que tuve en 
él, al mejor compañero de trabajos, y al más 
eficaz cooperador, desde que atravesó el Uru- 
guay en el Juqueri. hasta que se retiró por en- 
fermedad, y entregó el mando del Ejército Bra- 
silero al general Polidoro. 

"La comi-ort ación del general Osorio en el 
Paso del Paraná, fué heroica y hábil. cum])lien(lo 
las instrucciones act>rdadas por mí en la Junta 
de Guerra que lo precedió, a la cabeza de diez 
mil soldados del Imperio, diciéudole al tíemi)o 
de embarcarse con sus tropas, (|ue le coufial)a 
la más importante y decisiva operación de la 
campaña, en la seguridad íle (|ue la desemjjeña- 
ria con la audacia y la prudencia (pie caracterí- 
::aban su genio militar. 

"'I'ji las batallas del 2 y del 24 de Mayo, su 
comportación como general y como soldado, fué 
brillante, especialmente en la segunda, donde 
acreditó dotes de mando en el momento de la 
acción, con verdaderas inspiraciones de! nio- 
mento. reparando con admirable presencia de 
es))íritu, los contrastes ([ue sufrieron los de la 
primera linea, y completando la victoria del ilía. 
con un golpe decisivo, en que él valerosamente 
pagó con su persona, infundiendo en los solda- 
dos su ardor, que desde entonces lo constituyó 
en ídolo de ellos. 

"Desde ese día, el general Osorio. fué un ver- 
dadero numen guerrero para los soldados hrasi- 




En los campos de 
batalla, en «I Para- 
guay se abrió una 
suscripción, al con- 
cluirse la (guerra, con 
objeto de comprar 
una csoada de honor 
al general Osorio. La 
colecta se h;zo en su 
totalidad en monedas 
de oro y el encarga- 
do de esa tarea y de 
hacer confeccionar la 
espada, ordenó que 
esas monedas fuesen 
fundidas y con ellas 
s< hiciese la empu- 
ñadura, aplicaciones 
de la banda, hebilla 
del cinturór., etc. La 
espada es una verda- 
dera obra de arte rea- 
lizada por el reputa- 
do artífice Manuel 
Joaquín Valentín. 

Fué avaluada, en 
el momento de ser 
terminada, en veinte 
contos. El pomo tie- 
ne en un extremo una 



cabeza de león; en 
«1 centro, (trabajo de 
esmalte) la siguiente 
leyenda "El ejercito 
al bravo Osorio". En 
la cruz que está cua- 
jada de brillanteii tie- 
ne un dragón. En 
una placa de esmalte 
puesta en la empu- 
ñadura parece el hé- 
roe dirigiendo una 
batalla, en el otro la- 
do otra placa con esta 
inscripción: ''Campa- 
ña del Paraguay" 
La vaina, que es una 
gran obra de cince- 
lado, está llena de 
ornamentos y figu- 
ras, y nombres de las 
batallas donde actuó 
el ilustre general. 



— SELECTA — 



Icros, cuya sola vista les infundía entusiasmo 
y confianza: y esta gloriosa aureola de popu- 
laridad militar, lo acompañó hasta que fué he- 
rido en Avahy. donde decidió igualmente la 
victoria, por una hábil maniobra, concebida por él. 

"'A estas grandes dotes militares, el general 
Osorio unía un nobilísimo y franco carácter que 
lo hacia amar de sus compañeros de armas, tanto 
cuanto era querido de sus soldados. 

"'El Imperio no ha tenido jamás un general 
que haya sabido inspirar a sus trüi)as un espí- 
ritu más heroico. Con él a su cabeza los soldados 
eran invencibles. 

''Era un verdadero héroe en toda la extensión 
de la palabra, y poseía, además, cualidades de 
mando en jefe que lo colocan en ])rimera linea 
entre sus contemporáneos. 

"Poseía, además, otra cualidad simpática, y 
era la modestia. \'o se enorgullecía con sus triun- 
fos, y más bien, eclipsal)a en ella su proi>io mé- 
rito, para hacer resaltar el de sus compañeros 
de glorias y fatigas." 

En el combate de Avahy el general Osorio 
fué Jierido de iiala en la cara. Por su arrojo, ])ür 
su bravura pagó este cruel tributo de sangre. Por 
un tiempo abandonó ei ejército, para curarse, pero 
reclamados sus servicios en el campo de acción. 
el Emperador le pidió que fuera — aún sufriente 
— a ponerse al frente de las tropas. Era el ídolo 
del ejército brasileño y sin él parecía que faltaba 
el espíritu de las valerosas legiones. 

Volvió al Paraguay por via del Plata y en 
Buenos Aires se le rindieron entonces imponentes 
lionienajes. En un gran banquete que la colonia 
brasileña le ofreció, asistieron todos los miem- 
bros de! Gobierno y elevados jefes y oficiales del 
ICjército Aliado. 1^1 pueblo participó en el gran- 
dioso homenaje ovacionando al general O.-orio. 

Después que habló el Ministro del Brasil, se- 
ñor Paranhos, habló el Presidente argentino Sar- 
miento. V dijo : 

' ' Señores : Os agradezco el alto honor que me 
habéis hecho. El general Osorio, el valiente ofi- 
cial que está a mi lado, no es un desconocido en 
esta República: su nombre figura en algunas de 
las más memorables batallas libradas en pro de 
la libertad de este país; él luchó con nosotros 
por echar abajo la tiranía que por tan largo 
tiempo afligió esta Xación, y con él fuimos vic- 
toriosos. Si reyes y emperadores pueden conde- 
corar a este héroe con títulos y distinciones, yo, 
como el representante del pueblo argentino, le 
doy el único título que está a nuestra disposición, 
!a única señal de distinción que la Xación puede 
conferir: le ofrezco la ciudadanía de la Rejiú- 
blica Argentina : ' ' 

Estas ])alabras de Sarmiento snn una venladera 
consagración. 

En otro gran banquete que en aquella oportu- 
nidad le ofrecieron los generales Mitre y Gelly 
y Obes. el jefe de los Ejércitos Aliados pronun- 
ció estas palabras: 

Señores ; En el aniversario de la grande v 



memorable batalla de la 
guerra del Paraguay, en 
que el ejército del enemi- 
go fué vencido, colocando 
los Aliados, sobre sus ca- 
bezas, la tripla corona de 
ia victoria, unos cuantos 
amigos. intérj)retes de los 
-•sentimientos de todo ar- 
gentino, i)ensaron ofrecer 
ai general Osorio un tri- 
buto de ai)rec¡o y lo hacen 
en el momento en que este 
valiente soldado, nuestro 
ilustre huésped de esta no- 
clie. vuelve con sus heri- 
das todavía sin sanar, al 
campo de sus glorías ante- 
riores, en busca de nuevas 
fatigas y peligros, dando 
asi una prueba fehaciente 
de ]>atrÍolismo, abnegación 
y fuerza de ánimo. Estoy 
seguro que ustedes profe- 
san los mismos sentimien- 
tos que yo, y que se ad- 
hieren a esta manifesta- 
ción todos los argentinos a 
quienes su nombre es po- 
pular en todos los vastos 
territorios de nuestra Re- 
pública. Todos sus comiia- 
triotas aquí ])resentes se 
adhieren desde el fondo de 
su alma, representando, co- 
mo lo hacen al pueblo bra- 
silero que tanto quiere y 
tanto admira el nombre de 
Osorio. Sus compañeros 
de armas de la campaña 
paraguaya, presentes aquí, 
harán lo mismo, pues ha- 
biendo sido testigos de sus 
acciones y de su constan- 
cia en medio del peligro 
V de las dificultades, pue- 
den juzgar mejor que na- 
die sus méritos trascen- 
dentales y estimarlos do- 
blemente hoy. cuando lo 
ven levantar en sus manos 
embebidas en la sangre que 
todavía sale de sus heridas, las ])almas inmortales 
de la victoria. Invito a cada uno de los presentes 
a beber a la salud en primer lugar del comandante 
Osorio. del noble y generoso amigo de los argen- 
tinos que ahora están por retribuirle su hospita- 
lidad: a beber a la salud del coronel Osorio. del 
valiente jinete de Monte Caseros, que. a la jiar 
de los argentinos, ayudó a romper con su espada 
las cadenas de veinte años de tiranía, y entró 
triunfante por las calles de Buenos Aires como 
un libertador y como un hermano; a brindar i>or 




Estatua ecue 




Placa puesta al pie de la estatua del general por una delegación del gobierno de nuestro país 



stre del Mariscal Osario, en Río Janeiro 

el general O.sorio, el general del tratado que 
sello con su sangre generosa esos documentos en 
los campos de batalla, consolidantl-o la amistad de 
tres pueblos y la hermandad dt- tre> ejércitos y 
finalmente a brindar por nuestro ilustre huésped, 
nuestro amigo y compañero que está por empren- 
der, con sus heridas todavía abiertas, con su he- 
roica espada en la mano, su ke[)í coronado con 
laureles imperecederos y con su corazón magná- 
nimo que bate como un tambor contra su pecho, 
"o forte peiífí ' ", " siii ])avor ". como dice el in- 
mortal poeta lusitano. ¡Salud al gran Osorio!". 

Ea actuación del general Osorio en la campaña 
contra Rosas, que terminó con la victoria de Ca- 
seros para el ejército del general Urquiza. fué 
tan lucida, tan generosa, tan admirable como 
todas las que antes y después cumpliera. 

Xada mejor a este respecto que transcribir una 
comunicación del ilustre general argentino La 
Madrid, que dice: 

"Cábeme asimismo la satisfacción de haber en 
!a última carga que di con la División o Regi- 
miento Brasileiro del Teniente Coronel Osorio 
sobre los últimos restos de la infantería del ti- 
rano, haberles obligado al abandono de dos obu- 
ses y tres o cuatro cañones, con que .se dirigían 
haciéndonos fuego más allá de Morón, etc., etc. 

En fin, la divisa del general Osorio era exac- 
tamente la misma que usara el famoso general 
Hoche. de la Revolución Erancesa : ' ' Acta non 
verba"'. Hechos y no palabras. 

Su fuerza de voluntad, sus actividades múlti- 
ples han dejado rasgos memorables, tanto en 
la carrera civil como en la militar. 

La vida de este ilustre general, guerrero in- 
trépido y sin desmayos, pohtico. estadista y ciu- 
dadano integérrimo es una inmensa sucesión de 
episodios brillantes, de jornadas épicas. 

A una edad avanzada, el 4 de Octubre de 1879 
siendo Ministro de la Guerra el mariscal Oso- 
rio falleció en Rio de Janeiro, causando su muerte 
un duelo general. 

Grandes homenajes fueron tributados a! ex- 
tinto. 

La señora doña Manuela Osorio Mascarenhas. 
hija del general, es hoy la depositaría de las re- 
liquias del héroe: y a la gentileza del caballero 
señor C. Osorio Mascarenhas de!>emos la publi- 
cación de estas páginas de gran valor histórico, 
en momentos en que Sud - America se entrega a 
los más francos y más hermosos actos de con- 
fraternidad. 



— SELECTA - 

La Señora que no tenía perro 
y llevaba perro . . . 

Hace unos días un hecho semejante 
al que se relata a continuación* ocurrió 
en la calle Sarandí, siendo la prota- 
gonista una distinguida dama. 

UXA mañana de sol, a las doce, y 
cuando está en todo su esplendor el 
l)aseo que los elegantes han organi- 
za<lo durante el invierno por la Castellana, 
descendió de su lujoso automóvil una dama 
ilistinguiíiisima. y el lacayo, después de ce- 
rrar la portezuela y de llevarse la mano 
hasta el ala del so.r^brero de copa, en uno 
de esos .saludos iniciados y no concluidos 
en f)ue son maestros los lacayos, echó a 
.indar tras de la señora y a respetuosa dis- 
tancia. 

La señora, (jue representaba tener unos 
sesenta años, aun traslucía los restos de una 
.¡,ran belleza, y su figura esbelta y airosa 
llamaba la atención. Era una de esas mu- 
leres (jue. vistas de espalda, hacen a los 
¡lumbres apresurar el ])aso ])ara verla de 
frente... y luego lo hacen ajjresurar más 
inda vía para alejarse. 

Iba tocada con im gorrito de nutria \' 
iodo su cuer|)0 se cenia en un gran abrigo, 
lie nutria también. (|ue le llegaba hasta ios. 
pies. .M pasar ])or su lado, los hombres 
ad.riraban su figura y las mujeres le envi- 
diaban e! abrigo, pero ella seguia su paso 
indiferente, con la mirada en lo lejano, se- 
gi'in costumbre de todas las señoras (pie van 
>()las. (|iie (|uieren ir solas y que. ademas, 
-e .-¡aben acomi)añar ])or (|uien les evitará 
cual(|uier menuda im])ertinencia. aunque ese 
quien sea de tan ínfima condición co.iio im 
lacayo. 

C laro es (pie ese desprecio ])or los laca- 
\cis. jóvenes v buenos n;ozos, tiene sus 
exce])CÍones. . . pero atpií hablamos de la 
regla general. 

^ dichas estas palabras, a guisa de ante- 
cedente, vayamos ya a la verídica historia 
(|ue me ])ropongo referir, y que no es me- 
nos trascenilental (|ue las dos columnas del 
periódico con la lista de los regalos y la 
descri])ción de la canastilla de I'ejiita .Me- 
rrivolis. (pie se va a casar con el joven .\n- 
dresito N'olismeri. hijo segundo del mar- 
qués de l'atatier. y aprovechado alumno del 
preparatori(j de Derecho. . . y en la cual 
lista aparecen no sé cuántos encajes de 
Chantilly y unas cuantas cajas de marrons 
V otras dulcísimas menudencias por el es- 
tilo, todas igualmente dignas de ser refcri- 
(la> con ])rolijo detalle. 

Coniii decíamos, iba la distinguida dama 
|>aseando por la Castellana, a las doce de 
un (lia de sol en invierno, cuando tuvo (pie 
detenerse un instante para dejar que atrave- 
saran unos coches (pie bajaban de las boca- 
calles laterales hacía el centro del jiaseo. 

.\(piel momento de ¡¡arada fué fatal para 
l;i (lama. ]>ues lo aprovechó incorrectamente 
un i)errito callejero, (pie ya hacía rato ve- 
nia fascinado por el magnifico abrigo de 
nutria, para alzar la patita y con toda la 
indelicadeza posible dejar en el borde del 
abrigo señales ine(piívocas del objeto e in- 
tención con (pie el susodicho |)erro había 
alzado la susodicha pata. . . 

Como el des:rán se realizó a espaldas de 
la dama, no jpudo ella enterarse y continuó 
impertérrita su camino, con la natural nia- 
jt^tad ipie su arrogante figura le ])restaba. 
I*"l lacavo vio el lance com|>leto. i)ero te- 
meroso de (pie le rejiredieran por no haber 
acudido a tiempo para evitarlo, optó por ca- 
llarse, dejando al tiempo y al aire (pie disi- 
]>aran las pruebas de la canina felonía. 
Buena idea era . . . pero, desgraciadamente. 
l>or el paseo andaban otros canes, y pronto 
íes llegaron a sus finas narices los efluvios 



^ Cuenfos propios ^ 
ajenos 




de aquella emanación, ajena a la nutria \>y\- 
mitiva, pero (pie la nutria actual exhalaba 
persistentemente. . . 

lis lev fisiolt)gíca e imperativa, a cada ob- 
jeto que les llama la atención, que el gato 
saque las uñas, (pie la liebre aguce las ore- 
jas y que el ¡)erro vaya a olerlo. Cumpliendo, 
pues, su ley de naturaleza, los canes del 
paseo em|)ezaron la ronda en torno de aquel 
abrigo (pie indudablei'ente llevaba un ])erro 
dentro. . . 

.Mientras se trataba de enterarse i)erruna- 
mente. es decir, de oler nada más, no iba 
iral el asunto. . . Pero los perros tienen la 
cortesía ... — supongo yo (pie será corte- 
sía. . . — (le alzar la patita en donde otro 
coiH])añero la alzó también con anteriori- 
dad... V con fruto. ^' jicrsiguiendo su no- 
ble fin de realizar el acostumbrado home- 
naje, los |)erros. . . — tres nada más. . . — 
rodeaban insistentemente a la buena señora, 
¡pie. al principio, se conformaba con decir- 
les: ¡Marcha, chucho!, ¡¡ero con voz tan 
baja y ade.ranes tan quedos (pie el chucho 
no se enteraba de la orden, y al fin ya, mo- 
lestada por la insistencia, se paró en firme 
y llamó con una seña al lacayo. 

Los ¡¡crros. al verla ¡¡arada, creyeron (pie 
era una amabilidad de la señora paia (juc 
realizaran cómodamente sus ¡¡ro¡)ósitos. y ;i 
ello .se ¡ire¡¡araron alzando a la vez sus 
tres patitas resjjectivas. Pero la señora, ho- 
.rrorizada. dio entonces unos cuantos chilli- 
Idos de verdad. . . de verismo, como se dice 
ahora, y los perros se ajiartaron un ¡i. co. 

— ¡ Kche usted a esos perros. To;;iás!... 

Pero cuando Tomás corría tras de uno. 
los otros dos se a¡¡roxÍ!iiabaii. La gente ¡la- 
rábase ])ara contem¡)Iar la escena y la se- 
ñora, avergonzada del es¡)ectáciilo, decidió 
refugiarse y huir en el automóvil. Defen- 
dida ]ior el lacayo, ¡¡udo ¡lor fin librarse 
del asedio ¡¡crruno. 

Subió el lacavo al auto v dio la orden 
(le dirección al mecánico. 

Los ¡lerros com¡-)ren(lieron rpie se (pu-'a- 
ban ya sin realizar su cortesía en donde 
deseaban : ¡lero ¡¡ara que no se malograra 
todo, ¡lor tácito acuerdo levantaron sus tres 
¡latitas res¡5ectivas sobre un neumático. . . 

Lo (|ue dice el refrán : del lobo un ¡¡elo. . . 

O sea. del automóvil un neumático. 

Kl lacayo, al contarlo en la cocina, ladraba 
de risa v de gozo. . . 

Manuel IJiiarcs Rii'cí. 



Mis pascuas 



"\ JO estaba sol(¡, soñando. Sie npre sueño. 
Y Mi vida es hecha de (¡uimeras. Un 
rayo de luna traz('¡ un ¡¡uente brillante, 
entre mi cuarto y el cielo, l'or ese ¡¡tiente 
de luz viniste tú a hacerme la visita de No- 
che Buena. Vo alfombré de flores el cuarto 
y se llenó de aromas ca¡¡itosos. Pulsé la lira 
y mis versos, des¡¡legando sus alas armo- 
niosas, ¡¡oblaron el es¡iacio de mtisicas di- 
vinas. 

Rl ángel de mi guarda .se alejó al verte. 
Dios le reprendió, porque asi descuida a sus 
elegidos. Y el ángel le repu.so : 



suaves ¡¡or mi frente 



el corazón enrojecido 



— Señor, si yo le he abandonado, otro 
ángel de amor le acom¡)aña. 

Cuando tus pies hollaron mis rosas, no 
su¡¡e distinguir los unos de las otras. Tan 
iguales eran. 

— Aquí estoy. 

— Te esperaba. 

— ¿ Dormías ? 

— Pen.saba en tí. 

— Poeta. . . 

— ¿Qué me traes? 

— Ilusiones. 

Y pasastes tus mano 
ardorosa. 

— .\mores. 
^' nx' enseñastes 

de ¡¡asiones. 

— (^dorias. 

Y me ¡¡rometistes el laurel simbólico que 
convierte en héroes a los hombres. 

— Placeres. 

"S' me envolviste en tu juventud. 

— Deseos. 

^ me ofrecistes tus labios lujuriosos. 

— ¡ La vida, mi ¡"¡oeta ! 

— ¡Oh! sí; dame la vida, esa vida (pie 
¡¡rodigan tus manos, que ¡5al¡¡ita en tu co- 
razéüi, (¡ue hierve en tus venas, que es- 
¡¡leiide en tu juventud y estalla en tus besos ! 
¡ (^h ! sí, muda, reina y mujer, (¡ue es de- 
cirlo todo, por(¡ue en tí está la ¡¡oesía, la 
gloria y la vida ! 

h'.ntonces nuestras bocas se encontraron 
y Dios quitó el ¡¡líente de luz lunar, ¡¡ara 
(¡ue n(¡ volviera el ángel de mi guarda v 
til ¡lasaras conmigo la Xoche Buena. 
* * * 

L.\ muñeca me esperaba. Lo comprendí 
en la incontenida alegría (¡ue decoró 
su carita de rosa y azucena. ¡ yué 
iiermosa es mi muñeca cuando .sonríe! Pa- 
rece que en el cielo de sus ¡5u¡5Ílas brillaran 
todas las estrellas del ensueño y en la grana 
de su boi¡uita florecieran todos los clave- 
les del deseo. Xo sé qué ¡ponderar más : si 
la fulgencia misteriosa de sus ojos o la 
¡)ur¡¡iirea eclosión de sus labios. Una y otra 
me cautivan. Ella lo sabe, pero finge des- 
conocerlo ¡¡ara obligarme a re¡¡etírselo. Y 
yo lo callo, como un secreto, ¡¡ara (|iie son- 
ría cada vez (¡ue la miro. 

— Estoy .sola. 

— Lo sé. 

— ¿ Cómo ? 

— Porque, al igual que al caer una piedra 
sobre las tranquilas aguas de un lago, he 
turbado la serenidad de tu alma con mi 
¡¡resencia. 

— ¿Quién te lo ha dicho? 

— \',\ rubor de tus mejillas y la vibración 
(le tu cuerpo. 

— Estaba triste. 

— Lo he leído en tus miradas. 

— ¿Eres brujo? 

— Soy un enamorado. 

— Mechicero del corazón, ¡¡a.sa, que la 
iáni¡¡ara del amor no fué encendida en mi 
alcoba. Ven ; consuela a esta desdichada 
muñeca que llora su libertad y muere en 
la ¡¡risión de un hogar sin ilusiones. Dime : 
¿qué hay en la cima de a([uella montaña 
azul, que ire obsesiona y me atrae? 

— ¿ No lo sabes ? 

— Mi señor, a quien le he ¡¡reguntado, lo 
ignora. 

— Xo te coni¡¡ren(le tu señor. 

— - Dices bien. 

. — .Mlí vive la Felicidad. Hacía ella voy 
y llegaré, porque tu recuerdo me acom¡iaña. 

— ¡Oh! llévame contigo. Hazme cono- 
cer la felicidad y me devuelves la vida. 

La tomé en mis brazos y en alas de un 
beso escalamos la montaña azul que la atraía. 

Pnustiiw M. Tcyscra. 



— SELECTA 



Hl'', aquí lina institución (|uc honra al 
pai.s y (le cuyos beneficios se ha tenido 
anii)lisinia prueba en algttnos años de 
finicionamiento. 

líl Circulo de Bellas Artes suri^ió coiuo 
una cristalización casi inesperada de entti- 
siasnios nobiüsinios y de ansias culturales, 
extrañas entonces en nuestro ambiente, aun 
hoy fuera de las inclinaciones generales. 
])ero, cojí tesón y buena voluntad los (|ue lo 
iniciaron lo han mantenido, los que llegaron 
desiniés sumaron esfuerzos ])ara engrande- 
cerlo y hoy, teniendo cariz oficial, es nues- 
tra i)riuiera institución artística, 

."^e instituyeron clases nocturnas, se llamó 
al seno de l;i flamante academia de pintura, 

de escultura y de dibujo, a todos los (|Ue 
descar.an dar a sus mentalidades sana orien- 
tación y asi pudo funcionar en sus comien- 
zos el Circulo. 

Carlos Maria Herrera, com])letó la obra 
u.o sólo con el inatacable ])restigio artístico 
de su nombre, sino también con su sereno 
y consciente amor al .\rte y luchó desinte- 
resadamente y con entusiasmo ])atriótico 
hasta hacer del Círculo una institución se- 
ria, sana y e iiínentc, 

l*ué dura y larga la lucha jiero por fin 
la victori;i merecida coronó tantos inteligen- 
les afanes. 






rincón délos recuerdos, donde se hallan dos bustos, uno de Carlos M.[Herrcra y otro de Juan Ferrari 

Kl C.obierno fijó su vista ])aternal en esta 
meritoria y ])atriótica labor, y decidió acor- 
dar al Círculo una subvención que le da 
base inconmovible. 

Hoy el Circulo es el centro luás alto de la 
educación artística con (|ue cuenta la Re- 
pública y son grandes v nniv valiosos los 
resultados (|Ue con él se han obtenido. 

.\ su frente se halla la mentalidad ro- 
busta y la firmeza <le carácter del escultor 
José Helloní. un maestro de gran con])elen- 
cia y un artist.a cuyo noubre \a se impone 
más allá de las fronteras. 

lín el magnífico local (|ue ocu])a esta ins- 
titución en la .Xvem'da iS de lulío. funcio- 
nan las diversas clases: dibujo, dibujo or- 
namental, modelado. ])intura \' escullm-a con 
modelos vivientes, etc. 

L'na de las clases n\ás numerosas es la 
de señoritas. L'n m'icleo ])romisor de futu- 
ras artistas com])leta allí sus conocimientos 
y se pre])ara inteligente. vente ])ara las lu- 
chas ])or el arte. 

Todas las tardes v todas las noches se 
suceden en el Circulo las clases en los <li- 
versos cur.sos \- si el tesón de l(is maestros 
es ejemi)lar no lo es menos el de los dis- 
cípulos. 

l'.n la I'resíilencia de La CciuisiiHi Direc- 
tiva del Círculo de Helias .\rtes han figu- 
rado hombres de ])osilíva valía intelectual, 
tales como: doctor .\ugusto 'l'urenne. don 
-Martín La.sala. an|UÍlecto lüigcnio Harof- 
fio. ingeniero .Mfredo K. Campos y doc- 
tor José M. Fernández Saldaña. 

F,s acltial rente ¡'residente <lel Circulo el 
señor José M. X'idal Helo. 

I'tiedc atírniarse C(jn el regocijo consi- 
guiente. (|ue hoy el Circido de Belkis .\r- 
tes está asentado sobre bases inconmovi- 
bles y de él ya se han obtenido muv buenos 
resultados y se obtendrán aijn uicjorcs en 
plazo más o menos breve. 



El Director del Circulo: escultor Belloni 
y el Secretario señor Orestes Baroffio 



La CÍAfíe tempninA Ap tíihtíin v níntííra pn un mnmpnin Áff ríf^srancn 



— SELECTA — 



ATRIBUTOS PE REALEZA 



LA i.-cisUiiii1)r(.- ik- ceñir la cabeza, la 
parte más noble del cueriio humano, 
con un distintivo de dignidad o su- 
(ireracia. es anti(|uisinia en la humanidad. 
]'"n el curso de los sisólos, la corona ha te- 
ni<!o n'últipk'S siíínificados y variadas for- 
mas. Los faraones de I'",<;il)to tenian dos 
clases de coronas : ima blanca en f or:na de 
mitra o casco. (Hie era la insignia de su 
dominación en el Mediodía; y otra roja, 
algo acam])anada y abierta por arriba, in- 
signia de la <lominación en el Xorte : a 
esta corona suel:' acompañar en los nionii- 
u'cntos figurados, el simbólico bastón (|ue 
acaba en voluta llamado lituo : ambas in- 
signias soban i>oncrse a la vez. resultando 
la corona l)Ianca. (|ue era más alta, dentro 
(le la roja i)ero sobresaliendo. Ksta doble 
corona constituía el pos(|uet. y los elemen- 
tos (|iie la componían simbolizaban los atri- 
butos solares inherentes a la prerrogativa 
real. Ksta razón ex])lica que en los monu- 
u'entos figurados aiiarezcan algunas divi- 
niil.'ides. como Osiris. con tma de estas dos 
coronas o con la doble corona. i)ucs viene 
;i ser en estas imágenes un signo de sobe- 
r;ini;i. Fuera de esto, los egijicios acostum- 
braban a ceñir las cabezas a los difuntos 
con coronas de paja, de las cuales se han 
recogido algunas en las tumbas: estas co- 
ron.-is fi'inebros eran una investidura del 
.itributo divino, llamado verdad de la ])a- 
labra. iiue conferia a los difuntos el ca])i- 
(ulo W'IH <lel libro de los Muertos. 

Con respecto del Oriente antiguo, los 
n'onn:i'enlos figtirados (me nos dan a cono- 
cer la indumentaria de los asirlos muestran 
que los revés llevaban como distintivo una 
ii'itra, o. niás bien, tiara bastante alta, (iuc 
debia ser <le metal con adornos, ¡irobable- 
mente de i)edreria. ¡jero ignoramos (|ue esta 
insignia tuviera i'U Oriente un valor sim- 
bólico como en lígijito. Kn Grecia y Roma 
la corona tuvo mayor importancia que en 
los demás pueblos de l;i antigüedad, y se 
.■rnplii) con muv diversas significaciones. 
I. os griegos escribieron libros especiales re- 
ferentes a las coronas, de las cuales cono- 
cieron gran variedad, pues las tenian ])ara 
usos religiosos, ¡irofanos. públicos v pri- 
vados. Los autores de dichos libros fueron 
(.'alim.ico. .Mnesites. .\])olo Codoro y -Aelio 
.Xselejiiades. b".n Roni.i Claums. y, aparte 
de esto, son unichas las memorias (|ne se 
encuentran en varios te.xtos antiguos refe- 
rentes al asunto que nos ocu])a : por todo 
lo cn.al se viene en conocimiento (le (|ue la 
corona, fuese símbolo o reconpensa. mere- 
ci(') de los antiguos especial consi(leraci(')U. 
Tandiién hubo coronas de hojas artifi- 
ciales, (|ne se fabricaban con ¡ledazos de 
cueniíjs hechos virutas, teñidos de diversos 
colores, v con iiedacitos de seda. Pero más 
])reciosas eran las coronas hechas de metal. 
aun cuando i'-ste tuviese poco valor y estu- 
viese cid)ierto de una sim|>le liojila de oro 
o de ])Iata. Los romanos llamaban a estas 
coronas " inanratas " o " inargentatas ". Kn 
(irecia fui; nniv conún el uso de las coro- 
nas (le oro; en los inventarios de los obje- 
tos consagrados en el P.artenón de .\tenas 
se hace mención de nuichas. y de más de 
ciento en los del templo de Delfos. Xo sólo 
(le oro. sino de piedras preciosas, se ador- 
narf)n las coronas, imitándose en ellas el 
follaje. V las coronas llamadas "estófanos" 
estaban exornadas con relieves, perlas o 
pedrería. 




Corona de San Fduardo. I-a primitiva corona fué 
destruida en el Commonwcalth habiéndose hecho 
una nueva para la coronación de Carlos II. 




La Corona Imperial usada por la Reina Victoria. 
La piedra grande del centro es el famoso rubí 
llamado Blachprince. Se ]e hicieron algunas mo- 
dificaciones cuando la coronación de Eduardo VII, 
habiérdo.se sustituido el brillante Cultivan por 
un záfiro. 



-*■ 




La Corona de la Reina Alejandra, con el famosí- 
simo y valiosísimo brillante "Koh-i-Noor". 




.Xdeinás se decoraban la'i!bii.'U con figu- 
ras de bulto redondo, bji el .\ti(|ii;iriuin de 
.Munich se conserva una ])rc-ciosa corona 
de oro. h.allada en una tumba de la Italia 
meridional, (|ue tiene entre el follaje, en la 
parte ;dta. una figura en pie. 

Domiciano ¡iresidia los jue,gos c;q)itolin(is 
teniendo puesta una corona adornada con 
las figuras de jiiiiiler. Juno y .Minerva; 
detrás de ¿\ se ])onían el flamen dialis. y 
el .gran sacerdote de la familia de los b'la- 
vios con coronas (|ue ostentaban la imagen 
del KmiJerador. Las treinta v tres coro- 
nas de ]ierlas llevadas en el triunfo de l'om- 
I)eyo muestran hasta dónde ¡¡redominó en 
el mundo clásico el lujo asiático. Los ro- 
manos usaron muchas de cintas o vendas 
bordadas de iicdrería y at'in de hoj-is de 
oro estampadas, cuyos extremos flotaban 
sobre el cuello y los hombros v (|ne vino 
a ser un atributo im]K'rial a ¡xirtir de Cons- 
tantino. l>*n cuanto al uso de las coronas v 
su antigüedad, diremos (|ue la edad heroica 
de la Grecia no i)arece haber conocido la 
corona, con una simple rama se ofrendaba 
a los dioses, y muchas veces se ceñía la ca- 
beza, sujetándola con una cinta o venda 
ro;ro lo demuestran l;is iiinturas de los va- 
sos. Xo es posible fijar con exactitud la 
('•poca en i|ue comenzaron los griegos a 
llevar coronas en los sacrificios v otras 
ccren'onias del culto, pero esta costmnbre 
era muy antigua y en los monumentos del 
siglo sexto como en vasos pintados de es- 
tilo asiático, se ven ya coronas de r:'])re- 
sentaciones de sacrificios. Las coronas con 
inie se adornaban en un ])rincii)io las esta- 
tuas de los dioses, debieron ser de hojas v 
frutos naturales. (|ue variaban según el ca- 
rácter de la ceremonia y el de la divinidad. 
Kn todas las fiestas de los dioses, tanto 
los adoradores co;no los sacerdotes v sa- 
cerdotisas, se ])resental)an coronados. Los 
ma.gistrados de algunas repúblicas grie.gas 
llevaban coronas. 

Las coronas de los sacerdotes parece (|ue 
estaban adornadas con in\á,genes de los dio- 
ses ; las victimas de los sacrificios se con- 
ducian al altar coronadas de flores, v lo 
mismo los va.sos y cestas. TambicMi se co- 
ronaba el edificio en (|iie tenían efecto las 
ceremonias. Tor igual modo fué costumbre 
])oner coronas a las naves cuando tomaban 
parte en alguna cerenioni;i religiosa, como, 
por ejemi)lo. la galera salaminiana (|ue 
anualmente llevaba a Délos la ])rocesión en 
recuerdo de Teseo y el barco (|ue llevó a 
Roma el ídolo de Cibeles obtenido del rey 
-\tt;da. l'or la relación (|ue e.xistiii entre el 
culto de los dioses y el misterio (|Ue rodeaba 
los nniertos, se hizo mucho uso de las co- 
ronas en los funerales. Kn Grecia, coino en 
b'gipto. se coronaba a los difuntos, costum- 
bre (|ue. según Clemente de .Mejandría, te- 
nía ori,gen fabuloso, Luciano dice, jior otra 
])arte, (|ue se coron.aba a los difuntos para 
amortiguar el mal olor, pero la corona fú- 
nebre era a la vez un di.stintivo honroso y 
un símbolo religioso, ¡mes (|ue estaba con- 
siderada como atributo divino y a los muer- 
tos se les divinizaba, .Xdeinás, la costumbre 
de depositar coronas en las tumbas viene de 
la antigüedad, pues cuando .\u.gusto visitó 
el mausoleo de .\lejandro deiiositó allí una 
corona de oro. K,n las exe(|uias del rey la- 
tino Xuma figuraron coronas, y la ley de 
las Doce Tablas autorizó las coronas fune- 
rarias. Kn las pompas fúnebres de Sila se 



— SELECTA — 



llevaron dos mil coronas de oro. Las coronas 
funerarias eran generalmente de mirto, y 
también se enijileó la rosa, el jacinto. l:i 
violeta, etc. Las coronas que se depositaban 
en las tmnbas no eran sólo ofrendas a los 
n-anes de! muerto, sino ta'iibién las (|ne 
éste babia recibido en vida como reconi])en- 
sas. Rn los ban(|netcs fúnebres s:- corona- 
ban las jiiezas de la vajilla, y lo mismo se ba- 
cia en los l)aiii|iietes con qne se solemniza- 
ban faustos aconteci- 
uMentos. 

La corona del b:'be- 
(lor tuvo niucbi i n])or- 
lancia en la antií^ücdad. 
y se ceiTla a cada con- 
vidado cuando se iba a 
bacer el segundo s^'r- 
vicio de la comida ; sin 
duda ])or esto la coro- 
na estuvo mirada en 
cierta época co:iio un 
signo de inteui])erancia. 
l'na misma ¡¡ersona so- 
lía reunir basta tres de 
estas coronas ; una ro- 
derula al cuello a fin de 
(|ue el perftime de las 
flores fuera más ])er- 
ceptible. y las otras dos 
en la cabeza, lista cos- 
tumbre fué común a 
griegos, etruscos y ro- 
manos. La costtimbre 
de ceñirse coronas en 
los banquetes se gene- 
ralizó, y decían los an- 
tiguos (|ue la corona 
puesta en la cabeza ])re- 
servaba de la embria- 
guez. i)or la acción re- 
frescante o astringente 
de sus perfumes, bji 
otras ceremonias priva- 
das o i)úblicas se ein- 
])learon las coronas co- 
iro simbolo de regoci- 
jo : una de olivo jiuesta 
sobre la ¡nierta (le una 
casa, indicaba que allí 
babia nacido un bijo 
varón. En las jjínturas 
[le los vasos se ve a los 
amantes ofreciendo co- 
ronas a sus jirometidas. 
como símbolo de hinie- 
iieo. La personificación 
de éste llevaba una co- 
rona en la cabeza y otra 
en la iiiano. y en las 
bodas no sólo ceñían co- 
rona las cabezas de los 
des])Osados, sino las de 
todos los asistentes a la 
ceremonia. La que en 
Ko'.va llevaba la es])osa 
era de flores y hierbas 
cogidas ])or ella jiiisma. 
La corona nu])cial fué, 
tanto en (irecia como 
en Roma, un símbolo 
religioso. «— — — — — — »— 

Los romanos no se 
ponían coronas fuera de los dias en que la 
religión los autorizaba, esiiecialmente en las 
fiestas de divinidades que presidian la fe- 
ctindidad. Como signo de regocijo se ci- 
ñeron coronas los antiguos en varias cir- 
cunstancias, siempre que la celebración tu- 
viera carácter religioso. Los es])artanos se 
ciñeron coronas cuando vencieron a los ate- 
nienses en Egos Potamos. Por último, todo 
mensajero de buenas nuevas, con ocasión de 
los sacrificios ofrecidos a los dioses, ceñían 
una corona. Las coronas como recom])ensas 



se concedieron desde remota antigüedad, en 
un ])eriodo cuyo coinienzo se fija en el año 
582 antes de J. C, a los vencedores de los 
grandes juegos de Olimpia, y en los concur- 
sos de Delfos. de Xe nea y de Lstmo. .\ntes 
de la fecha .sólo se <laban objetos como ])rc- 
mio. Dichas coronas eran de follaje : de en- 
cina es la (|tie ciñe la cabeza de lui atleta 
que se cuenta entre las esculturas arcaicas 
atenienses. Las coronas que se daban a los 




Manto real usado por Eduardo VII el día de su coronación 



vencedores de las ¡¡anateneas y de los jue- 
gos olim])icos ])rocedian del olivar sagrado 
(le la .\crói)olis de .-Vtenas. Como la religión 
estaba asociada a la poesía dramática y a la 
lírica, el coro teatral llevaba coronas, (jue en 
tiemjio de Demóstenes no eran siempre de 
si.nples follajes, sino de oro; los músicos 
recibían también coronas en los concursos, 
y en Roma las hubo también para los ven- 
cedores de los juegos gímnicos y agonísti- 
cos; en cuanto a los juegos del Circo, en 
Roma no se concedieron coronas a los ven- 



cedores hasta la é])Oca im])crial. y lo mismo 
a los nnisicos. ])oetas v oradores, lín los jue- 
gos cai)itolinos se daban coronas de encina 
en número de cinco, que sin duda corres- 
pondían a las cinco divisiones del concurso: 
.Música. Drama. Poesía latina. Poesía griega. 
Canto e instrumentos, listos juegos fueron 
los favoritos de Xerón, quien desjjués de 
haber recogido mil ochocientas coronas du- 
rante el viaje a Crecía, entró triunfalmentc 
en la capit.-d con la 
frente ceñida por la co- 
rona de ( )lim])ia v lle- 
vando en la irano la co- 
rona pítica. 

I'or la transmutación 
de ideas ipie los prime- 
ros cristianos hicieron 
con respecto ;i la socie- 
dad ])agan;i. la corona 
aii.'irece citada por los 
escritores sagrados de 
¡irimeros siglos, y. 
re])ro(lucida en los an- 
tiguos monumentos 
cristianos, es un e:uble- 
ma de victori;i y de re- 
com])ens;i. 

En la ICdad Media, la 
corona fué un adorno o 
una insignia (|ue nada 
tuvo <|ue ver con la re- 
igión. lista es la <liíe- 
rencia esencial entre la 
corona de la antigüe- 
dad y la de esta é])oca. 
Es creencia general 
(|ue el rey <le Francia, 
brancisco 1. fué quien 
])r¡meramcnte se ¡)Uso 
la corona cerrad.a. con 
el fin de demostrar ;i 
Carlos \'. (|ue ac"d)aba 
de ser elegido empera- 
dor, es decir, (pie el era 
.soberano de mi reino 
del cual .séilo ¡¡odia re- 
evarle Dios. 

He aquí ahora la des- 
criix-ión de las coronas 
de la casa de Inglate- 
rra, motivo de esta cu- 
riosa y bella informa- 
ción y cuya rejiroduc- 
ción fotográfica ofre- 
cemos. 

La Corona Real fué 
labrada ])or orden de 
la Reina \ictoria v está 
enrí(|uecida con las ]nc- 
dras sacadas de otras 
coronas. La diadema 
lleva delante un grue- 
so záfiro, y en su cir- 
cunferencia .gran nú- 
tnero de gemas v es- 
maltes. En el lado an- 
terior y en medio la 
diadema está surmonta- 
da de la cruz de Mal- 
ta, hecha t(3da de dia- 
""""""" " ------ mantés y con un gran 

rubí en el centro. ( )tras 
tres cruces de Malta alternadas con ador- 
nos (le flores de Lys están colocadas sobre 
el círculo frontal. 

Coni])leta la información el manto real 
usado por Eduardo \'1I el día de su coro- 
nación. Es una admirable pieza de ])año de 
seda, color cardenal con bordado de oro. 
Su valor artístico y su valor de jova es mnv 
alto. 

La corona del Principe de Cales es seme- 
jante en sus puntos esenciales con l;i co- 
rona real. 



— SELECTA 



Porcelana 



y Plai 




Juego Japonés de porcelana, propiedad de la Sra. Blanca Usher de Heber Uríarte. 



'T^^ODOS los objetos de porcelana, ari- 

I tigiios y modernos tienen, además 

del mérito de sn fabricación (Sevres. 

persas, indias, italianas, españolas, etc.). 

ese encanto que presta siempre la leyenda. 

Y es la leyenda, precisamente, la que 
preside la invención de la ]X)rcelana. la que 
luego la acom])aña a través de los siglos y 
le presta hoy ese encanto, esa atríictibilidad 
(|ue todos exi)erimentamos ante uii objeto 
construido de esa materia. 

I'.l juego de te, cuya reproducción foto- 
gráfica damos en esta página, es de porce- 
lana japonesa, la qué más prestigios secu- 
lares tiene y alrededor de la cual tanto se 
ha escrito y tanto ha urdido la fantasía. 

Es opinión general que las porcelanas chi" 
ñas sondas más antiguas. Los comienzos de 
su fabricación se cree que fueron por los 
años 185 antes y 87 después de Jesucristo. 
Kl mercader árabe Solimán, en 851, escribía : 
" Se halla en China una arcilla excesiva- 
mente fina con la que se confeccionan vasos 
(pie tienen la transparencia del vidrio : puede 
verse el agua a través del vaso. (|ue es de 
arcilla. La fabricación de la porcelana, como 
industria fué llevada del Celeste Im])erio al 
Jai)ón el año T] antes de Jesucristo. No 
hay diferencia ajireciable en la bondad, fi- 
nura y valor, eiitre la porcelana china y la 
jajjonesa. 

Dicese que un alfarero japonés llamado 
(lOrodajú Shonsin fué el que llevó de la 
China al Japón hacia 1520 los princii)ios de 
la fabricación de la porcelana. En torno 
de su primer horno se levantó una ciudad 
llamada Arita. Pero las porcelanas fabri- 
cadas por ese alfarero, que no debió hacer 
otra cosa que imitar los productos chinos en 
pequeñas dimensiones y en azul y blanco, 
no son las primeras porcelanas japonesas 
(|ue proceden de la provincia de Ibizen, don- 
de se encuentran grandes depósitos de cao- 
lín, sobre todo en los alrededores de la mon- 
taña de Karatzú, c|ue ha dado su nombre 
a la cerámica primitiva de a(|uella provin- 



cia. Las piezas de Karatzú datan del siglo 
XIII y del XIV. 

El tijjo decorativo más común en las pie- 
zas de porcelana japonesa es el compuesto 
de crisantemos y peonías de colores azul, 
rojo y oro. 

Las piezas llamadas de Kakujemon fue- 
ron siempre las preferidas por la aristocra- 
cia japonesa. 

El jtiego de te, cuya re]>roducción ofrece- 
mos en esta jjágina. |)crteneció a la distin- 




Candelabro antiguo 

de plata cincelada propiedad del señor 

Alberto Heber Uriarte. 



guida señora doña Sofía Usher de Sollos.so 
y fué un obsequio que le hiciera el gobierno 
imperial en un viaje que realizó dicha dama 
en compañía de su esposo cd almirante So- 
llosso. 

Hoy esa verdadera joya, de cuyo valor 
es obvio hacer mención, se halla en poder 
de la señora Blanca L'sher de Heber Uriarte. 

Completa la parte gráfica de esta ])ágina 
un candelabro de plata maciza, que perte- 
neció a la matrona Clara Errastpiin de Jack- 
son y es hoy ])ropieda(l del señor Alberto 
Heber Uriarte. 

Es una magnífica pieza de é])oca. donde 
no se sabe (|ué admirar más. si la finura del 
cincelado o la elegancia majestuosa del con- 
junto. 

Ante ima de estas maravillas de .Museo 
vuelve uno la imaginación al ])asado y 
contempla aquellas regias estancias de 
antaño en las (|ue esos candelabros daban 
majestad a una consola o a una mesa. 

A la luz de esos candelabros las siluetas 
de los gentiles pasaron e imiiusieron su 
¡gallardía. \ 

Las vestimentas brillantes \- los ros- 
tros plenos de gracia, la desenvoltura ele- 
gante de los movimientos, el oro y la 
plata que exornaban los trajes femeninos, 
todo fulgía a la luz de las bugías y diríase 
que eran los objetos que (¡restaban luz a 
las luces, al contrario de lo que suele pa- 
sar hoy, en que las luces eléctricas pres- 
tan brillo a muchas cosas. 

Las mesas de antaño tenían en los can- 
delabros, un complemento de majestuosi- 
dad que por cierto no tienen en la actua- 
lidad. 

Y tan es así. tan es asi comi)rendido, 
que hov vuelve la moda de los candela- 
Ijros, y en los mesas bien alhajadas son 
ellos los que presiden, dando, indudable- 
mente, un caché especial al ambiente. 

El "ritorniamo all antico" se cumple 
una vez más y por cierto en beneficio casi 
sicm])rc del buen gusto. !. 



— SELECTA — 




María Mercedes Ponce de León 



Delia Hita 



— SELECTA — 












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V 
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Es realmente asombroso lo que obscuros, pero 
no por eso menos geniales artífices, reali- 
zan en las joyas, en cuya pequenez punen 
un candan (le buen gusto, de profundo buen gusto, 
de originalidad extraordinaria. 

Kn la limitación de un engarce, en los psUi- 
l)ones de una cadena, en la combinación de un 
pcndantif. los artífices del oro, de la plata, del 
platino y de las piedras preciosas, acumulan una 
extraordinaria fuerza de creación. Se dijera que 
el frió metal cobra, a veces, palpitaciones de vida 
y que una maravillosa flor de pedrería, tiene per- 
fume, tiene color y puede marchitarse. 

El don de la delicadeza mueve las manos de 
estos artistas desconocidos que continuamente 
lanzan al mercado del mundo sus jiequeñas gran- 
des obras. 



JOYAS 

Xada más oportunas (¡ue estas reflexiones al 
contemplar las maj^níficas joyas, que. formando 
un juego de un valor muy alto, posee la distin- 
guida señora Julia Duplessis de Bouvet, cuya 
gentileza nos permite dar en esta página una not-i 
de sumo interés. 

Componen el juego, un collar de oro admira- 
blemente cincelado, con co'gante de malaquita, 
orlado de diamantes. Se impone en seguida a 
nuestra admiración un gran prendedor de plata, 
que adquiere la forma de una gran flor, una 



flor de ensueño oriental, donde una mano prin- 
cipesca ha dejado caer hermosos brillantes, que 
diríase son gotas de un fantástico rocío. 

Los pendientes de una belleza indiscutible com- 
pletan este juego de emperatriz. 

Ante estas maravillas el cronista se acuerda in- 
voluntariamente de la famosa '*aria de las jo- 
yas " ' de " Fausto ' " y piensa que debieron ser 
como éstas, las que Mefistófeles puso en mano> 
de Margarita, para enloquecerla, para rendirla, 
para despertar sus más íntimas vanidades de 
mujer. 

Tienen las joyas, cuya reproducción fotográ- 
fica disminuye enormemente su esplendor, una 
irresistible atracción, por su delicadeza de cin- 
celado, por lo artístico del engarce y por el va- 
lor grande que entrañan. 



— SELECTA — 



A la linda raena 



íBorríquito manso de la Virgen María ! 
M^nno borriquito que llevó a Jesiis 
Con su santa madre, que al Egipto huta 
Una noche negra sin jstros ni luzí 

i Lindo borriquito de luciente lomo ! 
Hasta el niño mío te venera ya 

Y di'-e, mirando tu imagen en cromo: 

— ¿Es el de la Virgen que hacia Egipto va ? 

i Dulce borriquito, todo mansedumbre ! 
i Nunca a tus pupilas asomó el vislumbre! 
Más fugaz y leve del orgullo atroz ! 

Y eso qu2 una noche sin luna ni estrellas. 
Por largos caminos dejaste tus huellas. 
Llevando la carga sagrada de un dios. 



JEANETTE DE IBAR. 





Y te amo más cuando te enmusteces 
al Ileg-ar el Otoño, 
porque noto que entonces, 
mucho a mí te pareces. 



Amo tus bancos, 
amo tus sendas, 
amo tus flores. 



María Gorízía Salavcrry 



Al triste son de los minuetes 
cantan ms deseos secretos 

y estoy llorando 
de oír el temblor de erta. i:ia.na 
Toz de otro tiempo. l>nz lejana.. 

que está llorando 

FERNAND GREGH. 

jardín de ensueño 

Te amo jardín, 
amo el aroma de tu iuzmin, 
la leve sombra de tos aromos, 
que tienen jovialidad de gnomos: 
amo tus verdes bancos, 
que son el deseo cuotidiano 
de uno que otro anciano 
silencioso y de cabellos canos. 

Te amo jardín: 
amo tu larga senda enarenada, 
por donde tantas veces 
paseé con mi amada : 
amo a la buena hada Flora, 
porque adorna tu césped 
y aroma tu fronda. 




Te amo jardín, ■ 
porque por tí pasaron 
tantos que amaron!...; 
porque tu acallas 
los besuqt/tfos; 
porque fiel guardas 
los discreteos 
y galanteos 
de los marqueses, 
a las marquesas, 
porque tu ofreces 
reconditeces, 

para beber dulces promesas 
de las boquitas 
de labios rojos, 
rojos, inuy rojos, 
(de un rojo fresa), 
de las marquesas. 



Te amo jardín, 
porque en tus toscos bancos, 
y en tus pálidas sendas 
tantas veces, 
tantas veces ! . . 
divagué yo mí esplín 



En fin, 
te amo jirdín; 
te amo, porque yo, 
también soy un jardín, 
un algo enmustecído, 
y ya muy desflorado 
por este cruel Otoño de mi vida, 
que todo ha desgajado . . ! 



¡Te amo jardín . . ! 



Pt^lo Suero. 



Montevideo — año XVT. 




SELECTA — 



SIEMPRE he experimentado un 
halago inmenso al ocuparme de 
manifestaciones artísticas o de 
artistas que tengan vinculaciones 
con el país, y mejor aún si son uru- 
ííuayos. 

V el halago reside en dos funda- 
mentos : en que tenemos en el te- 
rreno del arte muchas cosas de que 
estar satisfechos y en que es obra 
patriótica enaltecer a lo que en el 
país se presenta con méritos ver- 
daderos. 

En arte no hay chauvinismo. 

Todos los pueblos que tienen per- 
fectamente desarrollando el senti- 
miento del propio valer, practican 
un verdadero culto al arte y a los 
artistas nacionales. 

Recordemos a Francia, centro de 
la intelectualidad universal. No só'.o 
el pueblo francés, por un bien en- 
tendido acuerdo tácito para enalte- 
cer a lo nativo antes que a lo ex- 
traño, disimula defectos y encuen- 
tra admirable lo que en rigor debie- 
ra ser tan sólo excelente, sino que 
lo extranjero que se radica o pro- 
duce en Francia, merece de la masa, 
especial dedicación, para que de 
esta suerte, con el tiempo, se acos- 
tumbre el mundo a considerar fran- 
cés al artista o al hombre de cien- 
cia que no siendo francés tiene su 
residencia en Francia. 

Sin necesidad de cruzar el Atlán- 
tico, tenemos muy cerca nuestro un 
ejemplo semejante: ¡a Argentina. — 
Arraigado en el pais hermano, el 
exacto y lógico sentimiento de la 
nacionalidad, sabe el pueblo cuál es 
su deber ante lo que .sea una mani- 
festación de la intelectualidad ar- 
gentina. 

Enaltece a sus artistas y cuando 
se trata de rendir homenaje al arte 
extranjero, acepta inteligentemente 
lo bueno que de allende las fronte- 
ras venga; pero exigiendo que, junto 
a eso bueno que de fuera llega, se 
coloque lo propio, que es bueno tam- 
bién y merece en consecuencia pri- 
mer puesto. 

Citaré en apoyo de esto lo que 
ocurre en las temporadas oficiales 
del Teatro Colón. La Municipalidad 
obliga a las empresas a estrenar du- 
rante la "saisson" varias óperas 
de autores argentinos. 

Pues bien: ¿qué hacemos nosotros 
en un sentido semejante? 

Casi nada. 

Xo sólo guardamos para las mani- 
festaciones de arte propio una gran 
indiferencia, sino que, llevados de 
un absurdo afán de extranjerismo, 
tenemos gestos de desprecio, que a! 
ser injustos, no prueban en último 
caso, otra cosa que ignorancia. 

No se completa la fisonomía de 
un pueblo hasta no poder ostentar 
un firme rasgo intelectual. Y si 
nosotros no tenemos aún persona- 
idad en ese sentido, es porque no 
hemos querido tenerla. 

Más aún : nuestros artistas y nues- 
tros literatos han triunfado más fá- 
cilmente en el extranjero que en la 
tierra nativa. ¿ Qué reproche más 
duro y más justo puede hacérsele 
a nuestro patriotismo, que el enros- 
trarle 5>u falta de cariño a los artis- 
tas que tienen su hogar dentro del 
solar de la patria? 

No se practica el culto del patrio- 
tismo, glorificando solamente al pa- 
sado ; también se rinde pleitesía a 
ese culto enalteciendo al presente, 
que es tan grande o más que el 
pasado, puesto que si ayer se luchó 
para obtener una conformación po- 
lítica independiente, hoy se lucha 
para llegar a la conformación inte- 
lectual. No es la Revolución en sí 
lo que ha dado a Francia su preemi- 
nencia ; es la actividad intelectual 
que pudo tener libre expansión des- 
pués de abolidas las trabas feudales. 
.*. 

Por todo lo que ligeramente he 
expuesto, nunca experimento más 
honda satisfacción que cuando es- 
cribo ocupándome de artistas nues- 
tros o de extranjeros radicados en 
el pais. 

Tengo para esta reseña dos notas 
muy simpáticas. I.a constituye una 



Arte y Artistas 








La talentosa concertista y profesora, Sra. María V. de Müller 



WSM'^ 




la distinguida personalidad de la se- 
ñora María V. de Müller, notable 
concertista que brilla en nuestro 
ambiente por sus condiciones de 
cantante y profesora. La otra nota 
se refiere a la primera Compañía 
Dramática Uruguaya que con buen 
éxito actuó en el teatro i8 de Julio. 

Ya ven ustedes: son dos manifes- 
taciones de arte nuestro, de arte na- 
cional, y yo deseo que no por ello 
deje e! lector de concederles su aten- 
ción en mérito a lo que antes he 
dicho referente a este asunto. 

La señora María V. de Müller es 
una delicadísima intérprete de los 



autores modernos. Su voz suave, cá- 
lida, de una potencialidad que le 
permite vencer todas las dificultades 
que los músicos modernos buscan 
para el cantante, obedece a una es- 
cuela correctísima. 

No solamente es una cantante dis- 
tinguida en la verdadera acepción 
de la palabra, sino que de su mo- 
dalidad surgen las frases con un 
encanto subyugante. Oyéndola en 
unas romanzas de Dupard todas sus 
dotes artísticas se imponen a la 
admiración del que puede gustar de 
las delicadezas de expresión, de la 
dulzura de los acentos apasionados, 



embellecidos siempre al surgir mag- 
nificados por una voz que no sola- 
mente llega a todos los extremos 
del registro sino que tiene una fuer- 
za impositiva y una seguridad ejem- 
plar. 

Es una verdadera concertista. Su 
ilustración, su cultura, su amor in- 
variable al arte (pie cultiva dan a 
sus interpretaciones un sello es- 
pecialisimo de alta intelectualidad. 

Aun cuando es española de naci- 
miento, la señora María V. de Mü- 
ller es uruguaya por adaptación, por 
similitud de gustos con nuestros 
gustos y con nuestras inclinaciones 
y preferencias. 

Inició sus estudios de canto v 
llegó al fin de ellos, bajo la direc- 
ción de la notable profesora Matil- 
de Marchessi. Desde sus comienzos 
se propuso dedicarse al ]>rofeSürado 
y nunca pensó ingresar en la escena 
lírica. Por cierto que el arte lírico 
teatral tlebe lamentar esta resolu- 
ción. 

En su carrera triunfal y siempre 
afirmativa, esta concertista cantó 
con Battistini, con Tedeschi, con 
el gran cantante polaco Kastner, etc. 

El ilustre Massenet le llamaba fra- 
ternalmente "mi calandria''; y en 
verdad que la frase del maestro 
concentra el más exacto y delicado 
juicio sobre las condiciones artís- 
ticas de esta cantante. 

Siguiendo sus inclinaciones inva- 
riables y firmes la señora de Mü- 
ller se dedica a la enseñanza. Y si 
como concertista es notable, no lo 
es menos como profesora. Tuve 
oportunidad de oír a dos de sus dis- 
cípulas, la señorita Socorrito Mora- 
les y la señora Antonia MetaKo de 
Maza y en verdad que no sólo en- 
contré dos voces soberbias sino que 
la afirmación de una escuela co- 
rrectísima que ha de desarrollar bri- 
llantemente ias condiciones natura- 
les que sin duda alguna tienen am- 
bas educandas. 

La señora María V. de Müller. 
incorporada a nuestro ambiente ar- 
tístico, será una fuerza indiscuti- 
ble de cultura y de elevada orienta- 
ción musical. 



La Compañía Dramática Urugua- 
ya, que ha actuado en el teatro i8 
de Julio, ha evidenciado plenamente 
lo que fué el propósito fundamen- 
tal en la realización de esta tempe- 
r.-ida de ensayo, vale decir : que te- 
nemos un conjunto de artisas lo 
suficientemente correctos e inteli- 
gentes como para llevar a la prác- 
tica lo que tantas veces se ha re- 
clamado; el funcionamiento de una 
compañía estable, formada con ele- 
mentos propios y dedicada a dar a 
conocer las obras de nuestros auto- 
rrc, en primer lugar y luego la de 
los autores extranjeros, que sean ex- 
ponentes de modalidades artísticas 
más o menos elevadas. 

En la compañía uruguaya hay ele- 
mentos sobresalientes : Rosita Arrie- 
ta, Gloria F'errandiz, Carlos Brus- 
sa, Domingo Sapelli y Santiago 
Arrieta; y luego hay elementos bue- 
nos, que forman un conjunto ho- 
■ mogéneo y capaz de interpretar las 
obras con toda corrección. 

He notado en estos artistas, cuya 
labor merece el mayor elogio, una 
condición que reputo primordial y 
que poco se encuentra en los ele- 
mentos que actúan en los escenarios 
rioplatenses : sentido común y ver- 
dadero amor a la carrera. Agre- 
gúese a esto la posesión de condi- 
ciones indiscutibles para la labor 
interpretativa y no es absurdo es- 
perar mucho y bueno de estos ac- 
tores y actrices que están empeñados 
en una obra tan patriótica y tan 
simpática. 

El público ha respondido a la tem- 
porada de prueba y eso alienta, prue- 
ba que el anhelo de los autores tie- 
ne eco en la colectividad y que el 
año próximo será el año feliz de la 
inauguración de una temporada de 
arte teatral con elementos pura- 
mente nacionales. 

Don Melilóii. 



— SELECTA 



OPIO 
GAUCHO 




ADENTRO el frío era intensísimo. 
Afuera rebramaba el pampero. A sn 
recio em]nije los árboles más corpu- 
lentos se doblaban como juncos. Sólo o 
onibú permanecía enhiesto y desafiador. Los 
animales temblando 3' con las cabezas ga- 
chas, daban el anca a las furiosas arreme- 
tidas del viento. Rechinaban las maderaj 
del rancho viejo. Hul)o n:onientos en que 
[larecía (|ue éste iba a ser arrancado de 
cuajo, líl cam])o era una desolación. 

Los dos ])obres viejos habían quedado 
contrariados, silenciosos, abstraídos, tri.-;- 
tes. abatidos. Ni el uno ni la otra se atrevían 
a levantar los ojos del suelo, líl. maquinal- 
niente. daba vueltas y más vueltas a la carta 
(|ue acallaba de leer. No sabia qué pensar 
ni qué decir. Los ojos, sin enbargo. empe- 
zaban a llenársele de lágrimas, lilla no su- 
fría menos. Ahogaba los sollozos que le 
subían a la garganta. A cada momento lle- 
vaba el ])añuelo a los ojos. Lloraba en s'- 
lenciü. No (|uería aumentar la pena de su 
viejo cümi)añero. 

— ^' de ái ¿qué hacemos, Liberata? -- 
musitó _el viejo sin levantar la vista. 

— Lo que vos dis])ongás, Felipe — con- 
testó ella sin hacer el menor movimiento. 

Se ])rodujo un nuevo silencio. 

Doña Liberata se sonó ruidosamente l:is 
narices y dijo, haciendo |iucheros : 

— Jué tnia injusticia, un crimen su juida. 
.\üs jugó sucio. No resi^etó nuestras ca- 
nas, la indina. 

— Lra la niiro.sa. Nos e.siiejábamos en 
ella. Tuvo tuito lo (|ue (|uiso. Pa'ella lo me- 
jor que vían sus ojos. Las golosinas. Los 
nniebles. Los vestidos. Las ¡irendas. ¡ In- 
grata ! Nos engañaba como a chi(|uilines. 

— Sí : nos engañaba. Tenes razón. Felipe ; 
pero ansina son los hijos. Y parece bruje- 
ría... .\(|nellos ([ue más queremos son los 
])iores y los ])rimeritos que nos dan la pa- 
lada . . . 

— i Los hijos ! — intcrruni])ió don Felipe, 
("lüeno. Será lav de la vida. ¡Qné le vamos 
a'cer ! Cuando el hijo viene al nnmdo . . . 
¡ Oh, qué bonito ! — gritan tuitos. ¡ Cuánto 
barullo en la casa ! — Tuitos contentos. Y 
nosotros, — cayéndosenos la baba de puro 




gozo. — decimos : La es¡)eranza'e la vejez. 
La calandria qu'endnlzará con .sus cantos 
nuestra vida. Pero dispués qu'el hijo es 
grande, se retoba y jiega'los padres siem- 
pre, siempre. . . Y en tuitas jiartes lo mes- 
mo. Los hijos quieren ser más que los pa- 
dres. Y los tienen en menos. Y los desjjre- 
sean sin recordar, canejo, tuito lo c|ue pu' 
ellos hemos hecho y sufrido. 

— Es ansina. mesmito, viejo : pero, como 
vos lu has dicho ¿qué vamos a'cer? Al fin 
son carne'e nuestra carne, y güeso'e nues- 
nuestros güesos ... Y es al cuete : no lo po- 
dencos negar, aun que nos pique... 

—Si. ])ues : y aura como le dijuntearon a 
5u hombre, ricién se acuerda la cachafaza 
:)ue tiene ])adre y madre. Y (|uiere volver 
íl nido. ¡Pucha, digo! Me tiene tan indinao 
que ni en l'aura'e la muerte la perdono. 
Lo juro ])u'tsta. . . 

Y don Felijie levantó la mano derecha 
V cruzando el pulgar sobre el índice los 
be.só. 

La vieja, asustada, volvió rápidamente ia 
cabeza, diciendo : 

— No prenuncies más e.sas ])ala])ras. Fe- 
lipe, ])or Dios bendito. Pen.sá en que la dis- 
gracia tamién n-erece respeto. Pu'el nieto 
sit|uiera. Casimira nu era tan mala. Si no 
hubiera sido ])u'ese vandalio (|ue le tras- 
tornó el celebro. . . Y ¡mal haiga sea l'aura 
en (|ue .se atravesó en su camino!. . . ¡ Mala 
cría! ¡ Casta'e baralidos ! 

— Mala cabeza tamién ella. .Al ñudo jne- 
ron los consejos y riflexiones. No hizo caso 
a naides. Y salió nomás con la suya. Y nos 
dejó plantaos. Y di.sonró a tuita la familia 
L"na vergüenza, canejo. 

Juan — el peón de la estancia. — sacán- 
dole humildemente el sombrero — entró 
medio receloso a la habitación donde esta- 



ban los viejos, y. casi por entre las i)icrnas 
de a(|uél. salió, cual buscapiés, im gurí 
cambado y gordinflón (¡ne empezó a gritar: 

— ¡ .\güelito. agüelito ! 

Don Felijie. algo desconfiado, pregmiió 
al peón. 

— ¿Es tu hijo? 

— No, patrón. 
— ¿Y'e quién, pues? 

— lí Casimira, patrón. 

— ¡ Hijo'e mi alma ! — exclamó la anciana 
V. .saltando con increíble agilidad del asiento, 
tomó en sus brazos al botija, estrechándolo 
contra su ¡lecho. 

Y desijués. entre risas y gimoteos, doña 
Liberata empezó a besar ganosa, efusiva- 
mente al indiecillo. 

— (lüeno ¡basta ! — dijo don Felipe. — ¿O 
te crees (jue vos sola sos agüela ? Vos siem- 
pre la mesilla : extremosa i)a todo. Vaya. 
pues. Déjame ver la cara'el renacuajo. Y 
ta gordazo el chino. . . ¿eh? 

Y volviéndose, interrogó a Juan: 
— ¿Quién, lo trujo? 

\'.\ ])eón. dando vueltas al sombrero, con- 
testó tímidamente : 

— Casimira. Ta en la cocina muerta'e 
frió. Da lástima verla. ])atrón. \"ino a pie 
de! pueblo. 

Los ojos de don Felipe llamearon. Sn 
rostro (|ueíló jiálido. exangüe. Del fondo 
de su alma brotó una im])recación que es- 
¡)iró en los labios temblorosos. Hizo des- 
])ués un gran esfuerzo ])ara serenarse y di- 
rigiéndo.se a Juan, le dijo suave, pausada- 
mente : 

— Y de ái ¿por <|ué no dentra? Desde 
nomás que pa los hijos, los jiadres no tie- 
nen cerrada nunca la puerta'e sn casa. 

, Solano A. Ricstra. 



— SELECTA — 

1j^íS2SH5H52S25H5HS2S2SHSH5HS2SB5HSH52SHSZSH5H5E5H5HSH5HS25HSc1HH5H5H5ZSZSHS2SBSH5HS?SZSHS25H5H525ESHS2S25'£SSSES?SHS^ 



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Bouache de Santana 



Por Castilla y por León 
Hueuo munóo halló Colón 






Nuestros departamentos 

de 




PRIMAVERA 4 sederías y Tejidos 




TIENDA MCLESA 

Amy Sí Henderson 

Calles: Juan G. Gómez, Í3J4 
Bartolomé Mitre, Í3J7 




han iniciado la nueva 
estación, con un selecto surtido de 

Novedades 

de última creación 

jt jt j* 

Tejidos de última moda 

Ycrscy 

Garbardine, Tricotine, 

Croisé 

Fayetine, Etamine, 

Voilé empire, Voilé imprimé, 

Voilc unic en fil, 

Fantasie, 

Grand ct petit carrau, etc. 

Sedas de gran novedad 

Satín imprimé, 

Satín Victoíre, 

Charmeuse, Serge Flamandc, 

Surahline 

Crepé satín, Crepé Georgette, 

Crepé Marinette, 

VoíIe Doris, Chantung uníe, 

Chantung nattine, etc. 




La iniciación de uaá nueva estación 
se traduce en nuestra casa, en una ver- 
dadera fiesta de la moda, elegancia y 
distinción. 

Así pueden titularse nuestras colec- 
ciones de novedades, que al par de 
significar la última expresión de la mo- 
da, representa el exponente más eleva- 
do del buen gusto. 



(^ 








378 Facultativos Nacionales 
lo recomiendan 



Mlllllllllllllllllllllllllllllllllllllliilllll^^^^^^^^^^^ 




Como el mejor alimento tónico y reconstituyente para personas débiles, para 
fortificar a los niños, para las madres que crían. Es indispensable para alimentar 

a los enfermos y a los convalecientes. 
ES LA BEBIDA-ALIMENTO IDEAL, AGRADABLE Y MUY NUTRITIVA 

Se vende en todas partes cervecería montevideana 



^1^ 



^ 



WÉM 



Doña íTlaría Puig óe Cibiis 





Doma de virtudes eiemplares, que, habiendo brillado en 
los salones de lo rancla nobleza española, tuuo en 
sus descendientes ~ Incorporados a nuestro medio más 
culta y distinguido — respetuosos continuadores de sus tpa- 
dlciones de hidalguía y de todos los prestigios de su casa. 
En la alta sociedad española, doña (Tlaria Puig de Clbils 
ocupó puestos de preeminencia y has^a estas regiones de 
Rmérica se extendió la influencia de su espíritu selecto y lo 
enseñanza de sus bondades sin limite. Digno representante 
de una gensr.ación brillante, su recuerdo es blasón preciado 
para quienes pueden hoy ostentar sus apellidos, conser. 
uanóo lo limpidez de un Ilnale secular. 






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Como el mejor alimento tónico y reconstituyente para personas débiles, para 
tortiticar a los niños, para las madres que crian. Hs indispensable paia alin.ientai- 

a los enfermos y a los convalecientes. 
ES LA BEBIDA-ALIMENTO IDEAL, AGRADABLE Y MUY NUTRITIVA 

SOCIFDAD ANÓNIMA 

cervecería montevideana 



Se vende en todas partes 



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Dono (Daría Puig óc Tibí 



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MAPLE 

DE LONDRES 






Sucursales: Montevideo, Parfs, Buenos Aires 



Surtido selecto de muebles antiguos, modernos, ingleses y franceses 
Ha recibido un gran stock de adornos chinos, persas e ingleses 

SAN JOSÉ 882, MONTEVIDEO 




ANO I - NOM. 7 

MONTEVIDEO, NOVIEMBRE DE I9J7 

DIRECTOR: JUAN CARLOS GARZÓN 




No es prurito de reclame. Es simplemenie una constata- 
ción de progresos, que nos satisfacen ampliamente, porque 
en ellos no sólo está nuestra colaboración, sino que la ayu- 
da generosa de nuestra sociedad y la eficiente cooperación 
del comercio, que tiene para esta revista tan decididas sim- 
patías. — He aht, en esas tres fotografías ía casa de "Selecta". 



En la primera aparece el despacho del Director señor Juan 
Carlos Garzón; en la intermediaria la administración, con los 
empleados Ricardo Corrége, Raúl Beraldo y Lrcopoldo Otero; 
en la tercera fotografía aparece la Redacción, y trabajando en 
ella los señores Enrique Crosa y Carloi M. Santana. Esa es la 
casa de "Selecta". — Allí se concentran todos nuestros 



esfuerzos y líU procuramos responder alfavor de todos, pre- 
sentando una revista que enaltezca al intelecto y a las artes 
gráficas de la República. — Nuestra obra está cimentada, y 
al dejar constancia de ello nos complacemos en decir publi- 
camente a todos los que nos han favorecido t ¡ Muchas 
gracias! 



SELECTA — 



Flor 



Pe 



Nieve 




Llamó . . . 

Los candores corrieron a abrirle. 
{Quien eres? la dije. 

— Soy alg:uien que pasa 
con miedo en la noche. Llamé en esta casa 
porque bien pudiera dar flor en tu vida ; 
que un alto en la ruta, a veces, enlaza 
a la indiferente con la prometida ... - 

— Ve que sólo guardo para tu acogida 
vino de recuerdos, lirismo y hogaza . . . 

— No importa, yo tengo alma de torcaza 
que en los espinosos ramajes anida! 

— - Entonces, viajera, sé la bienvenida . . . 
Entra . . . Mi ternura deshará tu escarcha, 
en mi hogar entibia tu frente aterida. 

Y porque mañana al romper la marcha 
una flor de nieve vaya en tu memoria 
y algo de mi sueño tu sueño se lleve, 
esta noche quiero contarte una historia 
de niños y brujas x la de Blanca Nieve . . . 



II 



Y a pesar de todo fué una historia breve 

aunque la acotamos con extrañas citas 

que su autor, sin duda no ha dejado escritas, 

de besos robados que hallaron lugar 

para en cada frase dejarse robar ... 

Mas tarde, pensando le conquistaría 

la llevó a Golconda y a Ceilán mí prosa 

cuando abrí los cofres de la fantasía ... 

Prometí adornarla con piedras preciosas 

su caperucita . . . Pero la viajera 

no era impresionable, ni era codiciosa ! 

Despreció la magia de mí pedrería 

y al saber que el lobo no la asaltaría, 

pues los lobos duermen cuando sale el sol, 





ya no tuvo miedo ni melancolía 
y se fué cantando como van de día 
todas las muñecas que pinta Perrault. 

Se fué . . . Los candores corrieron tras ella. 
Ahora se —la dije — quién pudiste ser... 
fuiste una muñeca demasiado suave, 
demasiado blanca, demasiado bella 
y por ser tan bella te debí perder . . . 
Pespunteó el camino su zapato breve. 
Después otros hielos borraron su huella ; 
y desde aquel día cada atardecer, 
pienso unos instantes en el alma aquella 
que en mi pobre huerto creyó florecer . . . 



Y ahora cuando llaman ... — Perdona viajera ! j 
dice la ternura - habrás de seguir ... 

Y aunque sopla el viento, y aunque se que llueve, 
y aunque tu aterido rostro me conmueve, 
perdona viajera, habrás de partir ... ' ; 
Me quemo las manos una flor de nieve 

y a pesar de todo ... no te puedo abrir ! | 

Yamandú Ifodrigae/., i 






— SÜLECTA — 

. . ■ ■t.i.i.J t g g^etes^a — : _. , - 




(^sS^^S^SSES^s 







T LEGA a la ancíanícíad aureolada con 
^-^ todos los respetos a que le dan amplio 
derecho los timbres de su apellido, sus vir- 
tudes ejemplares, y la bondad infinita de 
su carácter. Matrona dignamente represen- 
tativa de las épocas de la independencia, su 
hogfar es un refugfio de nobilísimas tradiciones. 



— SELECTA 



Una dlstingaida escritora francesa, que e» 
además "nna femine de monde" muy califj- 
1*1 da. nos tnvía, con gentileza que nos hon- 
ra, un estudio grarológico de los señore» 
Pellegrini. Roca y Garzón. 

La escritora en cuestión — a quien mucho 
agradecemos su precioso envío, invoca snte 
nuestro Director un parentesco con D. Eu- 
genio Garzón, para llegar hasta esta casa, 
qne, como buena casa )>atricia está abierta 
de par en par a ia ilustre hn< sped. 

Nunca fuimos mejor honrados. 

Nuestros lectores leerán el estudio y de- 
jando de lado los detalles no exactts que 
contiene, adivinará In ijue de acertado en- 
cierra casi todo el conjunto, acierto realmente 
admirable, si se tiene en cuenta que la dama 
en cuestión no conoce a los personajes que 
examina. 

L'ne intelligence remar(|uable, de l'ordre 
ilans le.s idees, de la darte, une niéthode par- 
faite, un travail minutieux consciencicux 




PELLEGRINI 

ju.-^q'a ia redicrche dii niien.x. une dédnc- 
tion réflédiie. 

Sen.s dii comniandement inalgré une vo- 
lonté intennittente faite de doute. D'une 
honté raisoiinée. Tres juste mais sévére 
dans ses jugeiiients. lín .soinnie. un ccrveau 
qui puise sa résistance dans un grand or- 
gueil du moi. 

Ou sent (ju'il est nc et qu'il a vécu — 
en subissant l'henrenre influence, — dans 
un milieu cultivé, (jiand^' facilité d'elocu- 
tion. C'est un hom:re du gout, qui appre- 
oié les dioses d'.^rt, mais en cela comme en 
tont sans se soncier de la Modc. marque 
une grande indé])endance. basée sur des 
idees a'luí, toujours intéressants et curieuses. 

Egoiste? Non. 11 est d'une générosite qui 
part d'un coeur inquiet, ombrageux,. tour- 
nienté. susceptible, jaloux, renfermé, soii- 
vent irritable, quelquefois grincheux. Un 
état nerveux qui marque une dépression, de 
une profonde tristesse. 

Physiqíiement il doit étie grand, maigre. 
tcint jaune. 

Uuelle polie harmonie l'écriture de cei 
honinie dont les deux états moral et phy- 
sique se complétent si parfaiteinent. 

Indolent, souffrant. voire méme malade, 
il a une douceur, une bonté bienveillante 
i|ui vient tout droit du coeur, avec un be- 
soin intense d'affection, de tendresse : c'est 
un sensitif. 

Toutes les qualités du rayonnant : servia- 
ble dévoné juq'a l'oubli de soi - méme. dé- 




sintéressé, d'une admiration prompte, sin- 
cere, enthousia.st» <levant touts les inani- 
festations du Beau, un coeur dont tous les 
élans sont spontanés et purj;. üuelle belle 
générosite d'áme surtout ! 

Fait le bien ])our sa satisfaction propre, 
constate sans amertume mais non .sans souf- 
france l'ingratitude humaine et ])ardonne. 

C'est (|ue ce cccur exce])tionnel est in.s|)iré. 
guidé par la plus belle, la plus noble partic 
de cet étre : le ccrvcan dont l'activité inten- 
se prédon^iinc le tempérament ; et l'étude 
de ce cervean apnorte la décou verte de:' 
ornements les ])lus rares. 11 idéalise tont ce 
que son e.siirit effleure. L'ne vic intérieure 
profonde, grave, une inspiration allant jus- 




(ju'au sublime avec des cólés de mysticisme, 
de religión élevée. 

Tous ses sentiments, avant de se maté- 
rialiser, subissent les controles successifs du 
cerveau qui raisonne et épure, du coeur (|ui 
éprouve et humanise. du geste qui ex])rime 
et rayonne. (i) C'est ainsi que l'ou décou- 
vre en lui un courageux d'ame, non jjoint 
un orgueilleux, mais un fier, d'une haute 
probité niorale, auquel le mensonge fait lio- 
rreur. Jusste assez de volonté pour mar- 
quer .sa personnalité sans dureté ni vio- 
lence. 

11 est studieu.x et attentif. 

Contrairement á la généralité il gagne a' 
étre connu ; d'une grande .séduction. il at- 

(1) — II est « coní^tater que íi ccMÍ* de la gi^nérosItO la 
plus large, il k du petits mesqulneries. C'est un travers. 
Don dejaut, die it la mol>lliic' des sensations. 



tirí la svmj)athie avec une iiuance de res- 
pect, de vénération qui .-¡e dégagent de toute 
sa ])er.sonne. et heureu.x ceux qui .sont ad- 
mis dans sa Pensée intime: les étres d'elec- 
tion ne se plaisent qu'entre cux. 

Oui. c'est bien la plus ])arfaite harmonio 
qui se ijuissi' concevoir, le cerveau et le 
coeur collaborant intimément á la synthcsé 
d'un esprit supérieur. 



\'oilá une écriture essentiellement inte- 
llectuelle, toute pleine de qualités apparte- 
nant á un rayonnant. 

II est armé pour la lutte : Sans orgueil 
banal, démesuré, il a conscience de sa su- 
périorité — d'ailleurs inconte.stable — et cela 
lui donne l'assurance qui lui aide dans 
l'accomplissement de sa tache. Car il vil 
avec un Ideal dont il vent la réalisation. 
Et il la veut cette réalisation avec une vo- 
lonté tres nette. tres prononcée, parfois auto- 
ritaire. II arrive que. dans la di.scussion il 
devient agressif — non par méchanceté — 
n-'ais emporté par l'idée qu'il défend. Deux 
choses lui font toujours — méme au plus 
fort de la polémique — garder la mcsiirr 
i.° il est adroit 2." il a de la race. II ne 
s'abaisse jamáis ; ses sentiments out tou- 
jours une -source puré. Et puis quel beau 
courage. quel désintéressement, quelle ab- 
négation ! 

11 a une juste fierté de son altruisme. 

Sans dedaigner les avantages dn confort 
et les douceurs de la vie matériélle (2). Le 
luxe ne l'étourne, ni ne l'eblouit : encoré un 
signe de race. 

Quelle bflle intelligence claire precise, 
scduisantc, artistique. 

C'est un joli esprit curieux, cultivé, doné 
d'une imagination coloree, enthousiaste 
exaltée. 

Grand chevaucheur de chiméres ! Parfois 
un peu d'amertume. de défiance traverse 
son réve et le raméne a la réalité de la vie. 
Mais la bourrasque passe vite : son cerveau 
f ollement acti f se remet en campagne : le 
rayonant reprend courageusement sa tache. 




GARZÓN 



(2) — 11 ne donne a ees choses d'ordre pecondaire 
qu'iine place secondaire. ' 



SELECTA — 




^TU inapreciable y sincera modestia, con- 
^^ dición tanto más preciosa cuanto es de 
rara, no ha sido obstáculo para que por su 
distinción, por su cultura, por su bondad sin 
limites, la señora Carmen Martínez de 'Wi- 
Iliman ocupe las más altas posiciones so- 
ciales. — Todas las noblezas que guarda su 
espíritu, joyero envidiable, las pone esta da- 
ma al servicio de múltiples obras de caridad, 
y son infinitos los que bendicen su nombre. 
Pasa por los salones gentilísima y admirada, 
que si bellas son sus dotes morales, es tan 
exquisitamente bella su elegancia y su belleza. 



SELECTA 




NO sf extrañe el "melange". Ojeando 
un álbum valioso hemos sacado al 
azar unas cuantas fotografías, cuya 
sola vista nos ha sugerido una serie de 
evocaciones, de re:uerdos y d^ sentimien- 
tos. 

Cinco ¡jtrsonalidades. cinco nombres que 
han quedado en los anales históricos ; unos 
con aureolas de res]>eto y admiración, los 
otros con un estigma de tragedia. 

Las vidas humanas tienen — se diria — 
una trayectoria inmutable, como la de los 
astros. Es el destino, fuerza (|ue no ha 
llegado a establecer ningún fisico ; poten- 
cia que escapa a la percejxrión humildisima 
de los matemáticos : voluntad (¡ue puede 
más que la voluntad de todo lo creado. 

\'anas son las voces de la soberbia cuan- 
<lo proclaman la nulidad o la no evidencia 
de esas fuerzas ciegas (|ue regulan la vidj 
y la existencia de las cosas todas, no im- 
I)ortando a su poder que el débil muñeco 
humano quiera escapar a los hilos miste- 
riosos que lo guían y le dan impulso... 

Esto pensábamos ante esas antiguas fo- 
tografías, recordando el paso por el mundo 
de quienes esas amarillentas efigies repro- 
ducen. 

El retrato de Alejandro Dumas (padre) 
es altamente característico. Llama la aten- 
ción ese rostro de rasgos tan delicados, a 
los cuales presta más singular atractivo la 
indiuiientaría que luce el gran novelista. 




De un álbum 
valioso 



Kl original de ese retrato fué regalado 
por Dumas al general Melchor Pacheco y 
Obes, según consta en una carta que el 
doctor Mariano Ferreira envió en 1908 a 
D . Eugenio (larzón y que expresa : "Que- 
rido amigo : Tengo el gusto de acompa- 
ñarte la copia fotográfica que te ofrecí, del 
retrato de Alejandro Dumas jjadre, re- 
galado i)or éste al general Melchor Pa- 
che:o y Obes. Ministro del Uruguay en 
Francia el año 1850, cuyo origina! obra en 
mi poder en Montevideo". 

¡Dumas!... Ante su retrato ¡cuántas 
emociones de juventud se vuelven a expe- 
rimentar ! . . . Sus novelas ; cuántas páginas 
guardan con una impresión honda, con un 
ensueño nuestro ! 

Junto a esta figura tan simpática y crea- 



■ ■-•T^tó». 




LÓPEZ 



DUMAS (Padre) 

dora, surge otra que no imaginó aventuras 
sino que las vivió intensamente. Es el Ma- 
riscal Solano López, el que fué dueño y 
señor feudal de la nación paraguaya, y 
uno de los actores principales, sino el prin- 
cipal, en la tragedia que se llama guerra de 
la Triple Alianza. 

El Mariscal López dejó una estela som- 
bría y hoy el mismo pueblo que é'. con;i- 
guió fanatizar y llevar al más cruento sa- 
crificio, ya no tiene para su memoria más 
que indiferencia cuando no execración... 

Volvemos las páginas del álbum y nos 
encontramos con ima gran figura ameri- 
cana: Mitre. Es un retrato obtenido en la 
época de su presidencia. Admirable repu- 
blicano, colaborador principalísimo en l'i 
definitiva organización y engrandecimiento 
de la República Argentina, su patricial fi- 
gura es hoy un símbolo de civismo y de 
honorabilidad, no sólo en el país hermano, 
sino también en toda América. 

La actividad de este hombre notable se 
bifurca en una serie de obras trascenden- 




GOTTSCHALK 



tales para el progreso de su patria y del 
continente. 

¡ Gottschalk ! . . . ¿(juién n(j recuerda con 
afecto este nombre, asociándolo a las sen- 
saciones que ex])erimentáramos oyendo su 
famosa "Tarantela"? Gottschalk fué no 
sólo un pianista distinguidísin'.o sino que 
sus composiciones, enteramente originales 
y exentas de las frivolidades (jue exigió y 
exige aún la moda, han desafiado a los 
años y hoy son verdaderos modelos y pie- 
dras de toque i)ara ])robar la virtuosidad 
de los que a las ejecuciones ])ianisticas se 
dedican. El retrato, cuya rei)roducción pu- 
blicamos, fué dedicado por el famoso mú- 
sico norteamericano a la señora Mariana 
Cibils de Gómez. Gottschalk fué un gran 
modesto, al revés de otros (|ue andan hoy 
por esos mundos reventando de egolatría. 

Y terminamos esta nota con unas lineas 
dedicadas al doctor Julio Jurkowcki. de 
brillantísima actuación en nuest: o país, uno 
de los galenos que dieron prestigios reales 
a la nobilísima carrera en épocas en (|ue 
todo ])asaba ])or un periodo de formación. 

El doctor Jurkowcki fué uno de los fun- 
dadores de la Facultad de Medicina de 
-Montevideo y su nombre es recordado hoy 
con alto respeto por los (|ue fueron sus cu- 
legas y discípulos. 

Y he aqtti como se obtiene una página 
interesante hojeando simplemente mi ál- 
bum de fotografías. 
■■■■■«■■■■■■■■■■■■■■■■■■■■■■■■■■■■■■■■■■■■■■■ 




SELECTA 




I-i L pincel de Zutoaga ha trasladado a la teta 
'-^ con sugestividad profundamente artística, la 
elegancia, el chic, la exquisitez mundana de la señora 
Santamarina, dama de la aristocracia porteña que 
radicada desde hace algunos años en París, ha 
conquistado para sus salones loda la atención y 
afecto de la sociedad parisiense. £1 famoso artista 
español ha puesto en la mirada de su aristocrático 
modelo, un brillo tal, que nunca como en este caso 
pueden compararse esas pupilas con dos soles, capa* 
ees de enceguecer a quien se atreva a mirarlos. 



' «:7&-«LrfL^%^ ■ í-^ 



La ciudad tenia el encanto arcaico, im 
poco convencional, de esos grabados que se 
encuentran entre las páginas de los libros 
del siglo XVIII. viejas plazas o jardines 
trazados por Lenótre, que atraviesa pom- 
posa carroza arrastrada por seis briosos ca- 
ballos empenachados de plumas y enjaezados 
de terciopelo recamado de oro. Había un 
jardín Heno de parterres y de umbrías, que 
v;ran Pafos y Citeréas, en cuyas áureas ver- 
jas campaban en escudos azules, rematados 
por cerradas coronas, las regias lises dora- 
das de los Borbones ; había una plaza pla- 
neada por Mansard, ([ue con sus columnas 
neoclásicas y sus frisos y montantes, llenos 
de vagas alegorías, recordaba la armónica 
severidad dé la plaza Vendóme de París ; 
había calles que tenían nombres llenos d¿ 
candorosa poesía — calle de la Blanca Flor, 
del Bello Doncel, de las Dos Palomas y del 
Buen .Amigo ; — había . . . 

Pero lo que me encantaba sobre las viejas 
calles, llenas de arcaico aro.na y los borbo- 
nescos jardines, era la plaza en que se al 
zaba el palacio de los Rohan. Más que plaza 
era a su vez un jardín lleno de paganas es- 
tatuas y de grandes jarrones testoneados 
de manvóreas guirnaldas de flores y fru- 
tas, cerrado ])or alta verja de hierro car- 
gada de frivolos emblemas, flanqueado por 
dos amazacotados edificios — caballerizas 
o dependencias en otros tiempos — y te- 
niendo por telón de fondo la suprema ele- 
gancia del palacio cardenalicio. En la fa- 
chada de lo que fué residencia del galante 
Prelado, ostentábanse las armas ¡irincipes- 
cas, bajo el romano capelo y la cerrada co- 
rona. Nobles coIu;nnas daban severidad y 
armonía al conjunto, en que era una notí 
frivola el alto relieve, donde Diosas y Amo- 
res se entregaban a sus juegos. 

Retenido en la ciudad por la guerra, que 
no me había permitido proseguir mí viaje 
hacia el Sanatorio suizo, donde mis ner- 
vios, sacudidos ¡jor la neurastenia habían de 
encontrar reposo, jierenne enamorado de ¡a 
noche, gustaba, como siempre, de vagar por 
callejuelas laberínticas, soñar en los olvida- 
dos jardines y detenerme en las plazas de- 
siertas a contemplar la luna. Convertido el 
palacio. ])or obra y gracia de la República 
en -Musco de la Revolución, donde se guar- 
daban trajes, muebles, armas y hasta uní 
guillotina, ])rofanado durante el día por el 
ir y venir de turistas y empleados, cobraba 
a las altas horas de la noche un prestigio 
de evocación. 

i El |)alacio del Cardenal Príncipe de 
Rohan ! El solo nombre me hacía evocar Irt 
corte ideal, que en un paso de minué, res- 
baló hasta la guillotina. Pero no vista con 
la rígida frialdad de la Historia, sino bu- 
ceando en las almas, buscando el misterioso 
l^or (¡lié de las cosas. Y siempre la corte ga- 
lante del gran jiatinadero de Versalles, de 
las artificiosas praderas del Trianón, llenas 
de corderinos lazados de rosa y de pastoras 
con chapines de raso, de la Galería de los 
Espejos y del Juego del Rey ; la corte de las 
obscuras intrigas ; la del Collar de la Reina 
y los artificios de Juana de la Motte Va- 
■ois. la de la cubeta de Mesmer y los sospe- 
chosos experimentos de Cagliostro, reapa- 
recía ante mí. 

** 
* 

Vagaba yo una noche, como de costum- 
bre, en busca de lo imprevisto, cuando mis 
pasos, sin saber cómo, me llevaron ants el 
palacio. La noche era clara, serena ; en el 
cielo azul, muy obscuro, temblaban las es- 
trellas y brillaba la luna con su magia de 
plata. En el prestigio de la claridad lunar, 
el palacio y el jardín tenían la vaga belleza 
de una evocación. Sobre los sombríos parte- 
rres, las estatuas erguíanse en pasos inve- 
rosímiles, con el pagano impudor de sus des 



í\wh mot 




lutdcces de mármol, y las fontanas imitaban 
el susurrar de las voces que en los boscajes 
del Trianón suspiraron endechas de amor. 
Sentí vehementísimamente la tentación de 
entrar en el jardín y aspirar el malsano en 
canto que, con el aroma, conservaba el v."- 
neno del pasado. Busqué, inútil rente, un 
hueco por donde entrar, y no lo hallé : pero 
en mis ex])loraciones vi algo (|Ue en |)leno 
día había pasado inadvertido para mí. Era 
un a modo de callejón o ])asadizo. que se 
abría entre el edificio que formaba el ala de- 
recha y unos viejos caserones, indudable- 
niente del tiempo del palacio. No había en 
él farol ni luz ninguna, y como la luna no 
podía filtrarse entre los altos muros, forma- 
ba un boquete sombrío, lleno de intranquiü- 
zador misterio. Sentíme atraído por él. y sin 
encoirendarme a Dios ni al diablo, intér- 
neme resueltamente. 

Debía aquello haber sido en otro tiempo 
entrada para uso de la servidumbre, pues 
iba estrechándose i)ara abocar a cierta puer- 
tecilla de cristales. Contemplábalo yo cu- 
riosamente, cuando vi brillar una lucecita 
uiortecina tras la puerta de cuarterones. 

Sugestionado jior el misterio do aquelLi 
claridad, n'e aproximé y miré dentro. Es- 
tuve a punto de lanzar un grito, e instinti- 
vamente retrocedí un paso. Al través de los 
espesos vidrios emplomados, un espectáculo 
extraño se ofrecía a mis ojos. En reducida 
estancia, con honores de antesala, habia una 
mujer. El fondo era inquietante: techo abo- 
vedado, paredes ennegrecidas por la hume- 
dad, y en torno a ellas viejas banquetas de 
laca blanca, con almohadones de terciopelo 
azul porcelana. La luz de un velón, pen- 
diente del techo, hacía aún más temeroso 
el ambiente. Pero si el fondo era raro, la 
figura que sobre él se destacaba, superá- 
balo con creces. 

¡ .\quella mujer ! Prolongación caricatu- 
resca de una vida de frivolidad, figura de 
un viejo museo de feria, rico en muñecos 
de cera, .sangriento sarcasmo de la belleza 
y la elegancia, macabra irrisión. Lamballe 
de pesadilla... ¡La Princesa de Lamballe! 
¡ Justamente ! La figura alucinante y ri- 
dicula que tenía ante mí era la Princesa 
Lamballe, la amiga de Marie Antoinette, !a 
que jugó con ella a Filis y Amarilis en las 
praderas del Trianón, la que lloró en la gui- 
llotina. 

* 
-Alucinado, hipnotizado por el horror y li 
curiosidad, volví a mirar. -\lta, esquelética, 
envuelta en galas del siglo XVTH, unas ga- 



las de museo, marchitas y desvahidas, el 
busto encorvado, muy estrecho de hombros, 
envuelto en un chai de tejido de plata, 
aún más viejo y desvahido que el resto, 
destacábase la cabeza con todo el espanto 
de esos trofeos que pasearon los saiis - cii- 
lottc en la punta de sus ])icas. Demacrado, 
cadavérico, la piel como viejo ])ergamino se 
arrugaba en torno de la boca sin dientes y 
de los ojos hundidos, negros y relucientes 
como carbunclos, mientras la nariz gan- 
chuda ])arodiaba el ])ico de un ave de ra- 
])iña en el rostro atroz. Y sobro aquella 
cara de vieja muerta, los labios jiintador, do 
bermellón y dos cínicos ro.íetones, ponían 
ima máscara irónica de coqueta casquivana. 
Completaba la figura altísima iieluca blan- 
ca, coronada de marchitas rosas de trapo. 

Petrificado, nieciéndome entre la razón 
y la locura, me ¡ireguntaba yo si vivía real- 
n^ente o si vagaba por los terrenos de la 
¡¡esadilla, cuando la figura alucinante vol- 
vióse hacia mí, y después de un movimiento 
de temor, esquivó un gesto de enamorada 
que ve al fin llegar el objeto de .su deseo. 
Entonces n^e alejé a grandes pasos, y no 
])aré de correr ha.sta el hotel. 

*** ,, ' ■ 

Y sin embargo, volví. Todos mis propó- 
sitos del día. todo el acopio de serenidad y 
buen sentido, hecho a plena luz, evaporán- 
dose apenas llegaron las tinieblas nochar- 
niegas. Inútil (|ue me repitiese ima y otra 
vez que con aquellas correrías no hacía sino 
exacerbar mi neurastenia, inútil que lo acha- 
case todo a fantasmagorías de mis nervios 
sobreexcitados, ima fuerza más poderosa 
que mi menguada voluntad me arra.strabn 
hacia el vieio jialacio, donde vivía aquel 
misterio. -M fin. la atracción ¡lUílo más <|Uc 
yo. y al filo de la media noche, me enca- 
miné a la antigua residencia de los Rohan. 
Como la anterior, la lima, madre de la he- 
chicería y de la locura, paseaba su traje de 
brumas y su corona de ópalos por el fir- 
mamento espolvoreado de oro : como la an- 
terior ta-i^bién los dioses de mármol dor- 
mían en el recato de las frondas v las fonta- 
nas salmodiaban brujerías. .Al extremo del 
callejón brillaba la lucecita. y decidido a 
todo, avancé resueltamente. 

Ahora la figura alucinante asomaba su 
carátula, de burlesca tragedia, ))or los acuo- 
■sos vidrios, y apenas me divisó, la mano 
■sarmento.sa. cargada de viejas .sortijas de 
ensaladilla, cnminotada de seda, con los ¡Mi- 
nos prisioneros en brazaletes de negro ter- 
ciopelo, enriquecidos con miniaturas, hizo 
un gesto de llamamiento, agitando un ])a- 
ñuelo de encajes. 

La puerta, como en los ensueños del 
opio, abrióse sin ruido; sentí que una mano 
glacial, huesuda y áspera, cogía mi mano 
y .tiraba de mí, y hálleme en un rincón hú- 
medo y frío, en que reinaba violento olor 
de humedad. 

— Señora. . . — balbuceé. 

Pero la incógnita se inclinó a mi oído, y 
mientras llevándose un dedo a los labios 
iniciaba una imperación de silencio, mur- 
muró con voz cascada : 

— ¡ Cuidado ! La Reina está hablando con 
el Cardenal - Príncipe. 

No pude contener un gesto de asombro, 
y entonces ella, bajando aún el tono y ha- 
blando siem])re con la voz rota, burbujeante, 
explicó : 

— Hace mal ¿verdad? Pero qué queréis... 
el asunto del collar. . . 

Y co.r.o creyese leer en mí cierto desen- 
canto, animó: 

— i Bah ! -Acabará pronto. Todo son intri- 
gas de esa infame de Juana de la Motte Va- 
lois : pero el Cardenal no la intere.sa ... — 
y añadió con una sonrisa de preciosa, en 
que mostraba las desmanteladas encias : -- 



— SELECTA — 



Si fuese el caballero de Férsen... — \' .•; 
otro gesto niio. (|iie ella interpretó como de 
re])rübración. insistió: — Si. hace mal; pero 
es joven, y el Rey no se ocupa más que de 
sus relojes. . . Claro (|ue ayer el caballero 
de Charny, hoy el conde de Férsen... Se 
compromete... — V frivola: — Mejor es 
ser como yo. que me basta con mi ball.'za. 

Y soltando mi mano y apartándose un 
jjaso de mi. esquivó una reverencia <|ue era 
casi un paso de minué. Después, abriendo 
una puerta y llamándome, metióse en el 
salón contiguo. 

Habia en él vestidos del reinado de Luis 
XVI, armas, muebles y un trineo rej)ro- 
(lucción del ciue se guarda en Versalles. 
Junto a él se detuvo mi guia. 

— Hoy — ex])licó — hemos ¡latinado en 
el estaque grande. La Reina ha ido en tri- 
neo, que empujaba el caballero de Taber- 
nay. Iba vestida de terciopelo azul, con pie- 
les de armiño, y parecía contenta ; ])ero ha 
flirteado demasiado, y la Corte tendrá mur- 
nniración para unos días. Yo patino muy 
bien. . . Verá. . . 

Y la figura de a(iuelarre comenzó a desli- 
zarse con gestos de una monería |)ueril. El 
])onii)oso traje de tejido argentado con gran- 
des ramos de rosas pálidas y desvanecidas, 
se hinchaba en exagerada campana ; los 
bucles iban de un lado ])ara otro, \- la alta 
] ¡chica, coronada de rosas, se bamboleaba. 

Pasó al cuarto siguiente, y maquinalmen- 
te la segui. 

Era mayor que el anterior y contenia li- 
bros — viejos manuscritos miniados, obras 
impresas en gruesos caracteres con graba- 
dos en madera, autógrafos — mapas, esfe- 
ras, estatuas, a^iaratos de fisica, retortas y 
alambicjues para uso de alquimistas en busca 
de la piedra filosofal. La dama se acercó a 
mi. y con temeroso secreto murmuró a mi 
oido: 

— ¡Estamos en la cubeta de Mesmer! 

Confieso (|ue sentí un escalofrío recorrer- 
me las espaldas. ¡ La cubeta de Mesmer ! 
líl extraño recinto en que por rara fatali- 
dad se reijresentaron las primeras escenas 
de la Revolución ; el cubil donde la Reina 
frivola y orguUosa fué. en no sé qué envi- 
lecedoras promiscuidades, a interrogar n! 
Destino. 

l'ero mi extraña compañera ])arecía presa 
de un paroxismo de horror. Con grarfües 
as])a vientos de espanto daba vueltas en tomo 
del hondo recipiente de metal instalado en 
el centro de la estancia. De pronto me 
llamó : 

— i Aquí ! ¡ .\(|ui ! ¡ .\y. Dios mió ! ¡ Qué 
es])anto ! ; Oué espanto ! ¡ ¡ La cabeza de la 
Reina ! ! 

Sin poderlo reuiediar me aproximé, y 
mis cabellos se erizaron, mientras se hela- 
ban mis espaldas y mis piernas temblaban. 
¡.\lli, en el fondo de la redoma, se veía la 
tnuicada cabeza de Marie .\ntoinette! 



Desde aquel momento jierdí ya la noción 
de la realidad )■ viví unas horas en plena 
pesadilla. Llevado por mi esotérica compa- 
ñera de sala en sala, viví con ella los epi- 
.sodios todos de la Revolución. Las crude- 
zas de aquel atroz invierno ; las grandes ne- 
vadas : el pueblo hambriento que iba a Ver- 
salles ])ara ])edir pan ; el terror de la Corte 
sor])rendida en los frivolos pasatiempos del 
juego del Rey. en las obscuras peripecias 
del asunto del collar y en las amorosas in- 
trigas de ¡Monseñor el Conde de Artois ; la 
apertura del Parlamento ; las turbas famé- 
licas : la huida ; la prisión ; toda la espan- 
tosa odisea del Terror. 

^li coviiañera lloraba, gemía, se retor- 
cía las manos, imploraba y amenazaba al- 
ternativamente pasando, como si en vez de 
estar en las salas de un Museo viviésemos 




en los días trágicos, del orgullo a la cobar- 
día. Súbitamente se detuvo: ¡Estábamos 
ante la guillotina ! Ahora la caricatúrese.! 
Princesa imploraba misericordia, se humi- 
llaba, se hacía pequeña y miserable : pero 
todo era iniitil : la mano inexorable de su 
verdugo la obligaba a tenderse sobre el te- 
meroso artefacto. 

Y se ofreció a mis ojos grotesca, es])an- 
tosa y alucinante en el claro - obscuro de la 
inn-ensa estancia. Las sayas pomposas, mar- 
chitas y descoloridas se desbordaban del 
a|jarato de muerte ; las manos sarHientosas 
se crispaban de horror mientras, sostenida 
por im cuello rugoso y descarnado, la ca- 
beza, coronada ]>or inmensa jjeluca. oscilaba 
sobre el cesto. 

Maquinalmente tendida mano y aiireté el 
resorte. Brilló un relám])ago azulado, res- 
baló silbalido la cuchilla, y la cabeza cayó 

tronchada. 

** 

Cuando desperté a la mañana siguiente 
era muy tarde, y el sol entraba a raudales 
por las ventanas abiertas de par en ]iar. A 
mi lado estaba la bandeja con el desayuno 
v los periódicos. Renimcié el café frío, por 
la larga espera, y cogiendo los diarios me 
puse a leer las últimas noticias de la guerra. 
Cansado, soñoliento aún, con esa sensación 
de inquietud que dejan las pesadillas, obse- 
sionado por las horas vividas en el miste- 
rioso mundo del pasado, no encontraba fuer- 
zas para concentrar ini atención en las peri- 
pecias de la campaña, y mis ojos comenza- 
ron a vagar distraídamente por el impreso, 
leyendo retazos de sucesos, cuando de pron- 
to me detuve, interesado vivamente, ante 
un rótulo : " Tragedia misteriosa". 



Leí : " Lna vulgar tragedia, uno de esos 
dramas que tienen, sin embargo, todo el es- 
panto de una narración de Poe, ha tenido lu- 
gar anoche en el antiguo palacio del famoso 
Cardenal de Rohan. 

Sabido es que por acuerdo del Municipio 
el soberbio edificio se ha convertido en Mu- 
seo de la Revolución. Encargado de su cus- 
todia y vigilancia hallábase un portero, per- 
sona honradísima, funcionario modelo. Con 
él habitaba su anciana madre, señora de más 
de ochenta años, que padecía ataques de 
enajenación mental. El carácter leve de és- 
tos hacia que la dejasen en completa li- 
bertad. 

Y llegamos al drama : habiendo tenido 
que ausentarse el portero ])or cuarenta y 
ocho horas, quedó sola la anciana. La prí ■ 
mera noche nada de anormal se dio. y tan 
sólo los empleados que hacen la liinjjíeza en- 
contraron un ligero desorden en el vestua- 
rio antiguo que guarda el Museo ; pero hoy, 
al entrar, hallaron todas las puertas abier- 
tas de par en par. y al llegar alarmados al 
salón de la guillotina, un cuadro espantoso 
se ofreció a sus ojos. Tendida sobre el te- 
rrible aparato, vestida de fantásticas ga 
las, ajadas y jiolvorientas. yacía la anciana 
i ¡ decapitada ! ! L'n hilo de sangre "... 

No ])ude leer más. De un salto me puse 
en pie. Los cabellos erizados, los ojos fuera 
de las órbitas, miré a todas ])artes buscando 
la solución del horrendo enigma. Súbita- 
mente me tambaleé, y tuve que cogerme a 
un mueble para no caer. 

¡ i Sobre uno de los puños de mi camisa, 
tirada en una silla, brillaba como un rubí 
maldito una gota de sangre ! ! 

Burdeos. Agosto 1914. ' v . 

"-■ • ' " 



SELECTA - 




.^' 



)OOOJOouooCn'OUOOOOOO(JO 



\ 



CasuUa del Papa Pió V (Siglo XV) 
En Santa María Maggiotc, Roma 

HE anuí lina página intere- 
sante. En ella se reprodu- 
cen cuatro casullas histó- 
ricas, notables )>or su riqueza )• 
por los prelados que las lleva- 
ron. 

En los siglos siguientes a la.; 
persecuciones de los cristianos 
empezó a adornarse la casulla 
con oro, ])Iata y jícdreria : con 
las imágenes de Jesús, de la 
\'irgen y de los Santos ; con 
flores y animales simbólicos. 

Los documentos de los siglos 
XI y XI 1 nos ofrecen las ca- 
sullas guarnecidas con fajas bor- 
dadas por el cuello y por el bajo. 

La casulla de Santo Tomás de 
Hecket es de seda color mora- 
do ; está decorada por delante 
con bordados de oro hechos a 
mano, rqjresentando dos serafi- 
nes sobre la i>arte del pecho y 
rolcos hasta la altura de las cla- 
viculas. 

En el tesoro de la iglesia de 
San Fermin. en Francia, se con- 
serva una casulla que se supone 
perteneció a San Dominico, pero 
que es de fecha más reciente, 
siglo XII. Es de seda de color 
purpúreo, está adornada, con ro- 
leos de color |>úrpura y ¡lavos 
reales, pelícanos de oro, etc. 

Ivas casullas de los siglos X 1 II 
y XIV .son de telas más finas. 
<|Ue se ])leg;d)an mejor y de im 
modo más delicado. 

-Antes de ser ornamento sa- 
grado, la casulla fué vestidura 
profana. Luego fué común a lo.í 
laicos, a los eclesiá.sticos y aún 
a las mujeres. 

En los frescos de las catacinn- 
bas la visten un sinnitmcro de 
figuras orantes. Según Juan el 
Diácono, eran entonces un ves- 
tido vulgar. Después la casulla, 
como vestidura destinada a los 
celebrantes, se hizo más amplia 
y elegante de hechura y de ma- 
teria más rica. 

Durante algunos siglos su uso 
fué común a todas las órdenes 



CASULLAS 
HISTÓRICAS 



V, 



y 






."OOCooooooO" 





Casulla ofrecida por San £st¿fano de Hungría (997-1038) 

y su esposa Gisela. Usada como manto en la 

ceremonia de la coronación húngara. 




Parte posterior de una casulla de damasco rojo bordada en relieve 
(Siglo XVI) Del Museo Victoria y Alberto, Londres 



Casulla del Papa Calixto III (Siglo XV) 
Se encuentra en Valencia 



eclesiásticas, hasta (|Ue Roma 
prescribió (jue el acólito, cuando 
fuese ordenado, recibiera la ca- 
sulla y el orarium. 

La casulla no fué incluida en- 
tre las vestiduras sagradas ha.s- 
ta después que lo fuera la es- 
tola, el alba, el colobium. o tú- 
nica ])reciosa, y la dalmática. 

En el lenguaje uústico de la 
Iglesia, la casulla representa el 
yugo de Jesucristo, por medio 
de la figura de la cruz que lleva 
Ijordada. 

Muchos concilios han prohi- 
bido que se empleen para hacer 
casullas, telas que hayan servido 
para usos profanos; sin embar- 
go se ha tolerado que así so 
haga cuando se trata de iglesias 
pobres. 

líl color de la casulla varía se- 
gún la índole de las fiestas para 
que debe em])Iearse, y se en- 
tiende ])or color de la casulla, 
el del fondo, no el de la cruz 
([ue la adorna. 

La casulla en España ofrece 
cada uno de sus paños divididos 
verticalmente en tres espacios 
])or u'edio de dos galones que 
desde el cuello bajan hrísta el 
borde. 

líl asunto más común <le es- 
tos bordados consiste en figu- 
ras de santos, dentro de tem])le- 
tes o baldaq. linos sujierpuestos. 
listos bordados suelen ser de 
gran valor artístico y material, 
pues el oro campea en ellos, a 
veces más que las sedas de di- 
versos y bellos colores. 

También se em¡)lean costosas 
telas de brocado ])ara las ca- 
sullas. 

La pedrería y aun el esmalte 
.se han empleado asimismo para 
adornarlos. 

Por la reproducción de las ca- 
sullas históricas, que ofrecemos 
en esta página, verá el lector 
lo estupendo de esos trabajos y 
tendrá una idea de las riquezas 
<le las mismas. > i 



— SELECTA — 







■ —SELECTA— j-.; ,; 

rajgü^LaasaoaaaDoaooaDoaDaoooaDOoaoaaoaDOaaaaoDaaoQoaaaaooDooaaoooQaaDaaooaQoaoaaaooooaaaaooooaoooaoaooooDaoooooaooooODoaaaoaaaoaoaoDooao^X'^^ 




Shn EN EL PARQUE HOTEL - BAILE EN HONOR DEL ALMIRANTE CAPERTON 

^^\^aoooaaaaaaooocaaaoaaooaDaoaaaaaoaoaDoaoaoDoooaQDOoaaooaDaDcaaooaaoQaoDooDaooaDODaocaoaoDoaDaaaoDaaDaDDOaaaQooaaaaaaaoaaooooaooaaao^7<S^ 

Señoras: Esther Boffií de Lasata, Nelty Packard, Señorita Alda Brum, Señores: Almirante Caperton, Teniente Harry Lebenten, Francisco Lasala Alvarez y Carlos Belínzon 



ALGUNOS acontecimientos mundanos de ver- 
dadera trascendencia ha registrado mi car- 
net en el mes que fenece. Ha sido un casi 
final de "saisson" brillante y muy digno de ser 
loado como se merece. 

En primer lugar recordaré, con el placer con 
que se recuerdan siempre las cosas amables, el 
baile que el Excelentísimo señor Ministro de Re- 
laciones Exteriores, doctor Baltasar Brum. ofre- 
ció al Almirante Caperton. 

Kl señor Ministro, en el deseo de que la fiesta 
resultara suntuosa y que a ella concurriera nue.';- 
tro gran mundo, para evidenciar una vez más 
ante el ilustre marino norteamericano la cultura 
y la distinción de nuestra sociedad, confió la 
organización de la fiesta a la gentilísima señora 
doña Dolores Estrázulas de Piñeyrúa, cuyos altos 
merecimientos y reconocidos prestigios en nues- 
tro muiido elegante, debían ser como una divisa 
que diera a la reunión la elevada significación 
que para ella se reclamaba. 

De tal suerte, el baile tuvo una magnífica rea- 
lización y a él dio todo su lucimiento una concu- 
rrencia de ' * élite ' ', selecta y brillante. 

El salón de honor resplandecía. Las luces se 
quebraban y diríase que se enloquecían al chocar 
y ser reflejadas en las joyas, en los oros de los 
uniformes y en los espejos. Un ambiente de fan- 
asmagoria. 

Arriba, en los palcos, una como guirnalda de 
flores de admirable jardín, semejaban los ros- 
tros de las damas y señoritas que desde allí pre- 
senciaban el desarrollo de la fiesta. 

Regio el recinto y regia la concurrencia. 

Se bailó con verdadero entusiasmo. 

El Almirante Caperton, su oficialidad y nues- 
tros "lions". dieron la nota entusiasta al ren- 
dir culto absoluto y fervoroso a la diosa de la 
danza. 

V en el raudo girar del vals o en el ondulante 
paseo de los bailes americanos de moda, la es- 
pléndida belleza de nuestras niñas, sus toiletes, 
sus gentilezas todas, daban al cuadro un encanto 
íinico, arroba<ior, encanto de ensueño. 

Y mi ansia de bordar para cada belleza un 
madrigal, harto pobres, lo se, en razón de lo que 
ellas merecen, anoté en mi cartera algunas fu- 
gaces impresiones. Por eso llega de nuevo a mi 
memoria la señora Dolores Estrázulas de Piñey- 
rúa, prodigando a su alrededor y con exquisita 
generosidad, el encanto de su "yo"' ejemplar, 



ociei 



acreditando aún más todas las seducciones que 
integran su pei-sonalidad respetabilísima. 

La señora Plácida Cibils de Pérez Butler fué 
centro de las admiraciones al desfilar por el 
salón con la gallardía de su silueta admirable : 
radiante de belleza y con la esplendidez de una 
toilete deslumbradora. 

Un rasgo genial, soberbio en sus lincamientos 
y perturbador en su colorido, de esos rasgos ad- 
mirados de Zuloaga, se me ocurrió que seme- 
jaba la señora Margarita Fonseca de Capurro. 

Como si entre los celajes de ini cielo de An- 
dalucía surgiera, así surgió ante mí, en su to- 
cado sutilísimo, la señora Esther Boffil de La- 
sala. De un gracioso y personalísimo encanto, 
pasa entre la concurrencia como una dulce domi- 
nadora. Hay que dejarla pasar arrojando a sus 
pies todas las flores de la galantería. 

La señora María Angélica Villegas de Pérez 
Butler lucía una toilete que realzaba más aún 
su gentilísima silueta; una silueta que armoni- 
zara perfectamente en un conjunto versallesco, en 
la amplitud de un salón de majestades y en la 
gracia no superada de un minué. 

Como una extraña y subyugante flor de en- 
sueño, flor rara <le seducción, surge en la ra- 
diante amplitud del cuadro, la señora María Car- 
men Basáñez de García. 

Un triunfo de elegancia; una auroral imposi- 
ción de lirios, de oros y de azules — el rostro, 
el cabello y los ojos — una esplendente silueta 
nórdica, es la señora Magdalena Marexiano de 
Estrázulas. Llenó el salón con el encanto de su 
trato, de su gracia y de su belleza. Admirada, y 
con todos los rendimientos admirativos a sus 
plantas, dejó en mi retina un deslumbramiento. 

Junto a las señoras, como floración maravi- 
llosa de un jardín ideal, con la frescura acari- 
ciante de sus juventudes en gloria de alegría y 
de gracia, las más distinguidas niñas dieron al 
ambiente una seducción imposible de traducir con 
mi pluma precaria. 

Dos maravillas en contraste fueron Esther Al- 
varez Mouliá y Magdalena Villegas Márquez. 
Luz la una, majestad noctámbula la otra. Una 



aurora bulliciosa, y una divina noche serena. 
Blonda, nivea es la una: sultana, de cabello de 
ébano, exquisita es la otra. Mi admiración fué 
para ellas. 

\' en fin, Paz Stewart Vargas surge en mi 
recuerdo con la majestad alígera de una vestal. 
Hermosa, con hermosura tranquila y suave, como 
nos parecen hermosas las frondas, las fuentes y 
la tardes en calma. Una belleza helénica, esta- 
tuaria. Ante ella se experimenta la necesidad 
de inclinarnos en adoración . . . 

Mi carnet no tiene más apuntes y de verdad 
que lo lamento porque todo en esta fiesta me- 
reció una nota especialísima. 
»«• 

Una boda es una fiesta de completa felicidad. 
Se rinde homenaje a dos almas que llegan a la 
culminación de un anhelo; se asiste al comienzo 
de una ruta nueva por la que dos seres han de 
emprender largo camino, que en los augurios sin- 
ceros de todos, se desea ardientemente que siem- 
pre e.sté alfombrado de flores. 

He asi.stido a la boda de la distinguida .seño- 
rita María Antonieta Caprile con el caballero 
doctor Alfredo Pérsico y guardo de la ceremo- 
nia y de la recepción a que ésta dio motivo un 
amabilísimo recuerdo. 

En la mansión de la respetable matrona doña 
Dolores Picardi de Caprile se realizó !a consa- 
gración del matrimonio. La desposada apareció 
ante los invitados con todas las galas de su ele- 
gancia y de su distinción. Lleva nombre de reina 
y en verdad que la exquisitez <\e su espíritu, su 
bondad, las prendas de su alma, son tesoro real, 
inapreciable y magnífico. 

Y nunca pudo una niña tan gentil y tan vir- 
tuosa, unir mejor sus destinos, que a un caba- 
llero de la talla moral e intelectual del doctor 
Pérsico, cuyos prestigios sociales son tan bri- 
llantes, como brillante fué su actuación en las 
aulas universitarias. 

Y he aqui un nuevo hogar que se forma bajo 
la égida de la dicha y del cariño ; un hogar que 
será modelo y centro de una distinción ejemplar, 
prolongación de los hogares que han formado 
los caracteres de los jóvenes esposos y que tie- 
nen todos los respetos sociales por su intachable 
integridad de principios. 

Terminada la consagración religiosa de la gen- 
tilísima pareja, la muy distinguida concurrencia 
que asistió al acto, se diseminó por todos los 
.hermosísimos ámbitos del palacio de la señora 



— StLECTA — 



(Je Caprile, y una orquesta comenzó a ejecutar 
las más selectas piezas de baile hoy en boga. Y 
fueron muchas las parejas que supieron aprove- 
char con entusiasmo la amable invitación a la 
danza. 

En el hall, la fiesta tomó una brillantez ca- 
racterística. AHÍ se bailó con verdadera cagan- 
cia y en el rápido pasar de las parejas pude 
anotar los nombres siguientes: señoritas Marieta 
Morquio Márquez, Margarita Heber Uriarte, Ma- 
ría Inés de Arteaga, Sara Caprile. Esther Alva- 
rez Mouliá, Margarita Idiarte Borda Platero, 
María Antonia Pareja Guaní, Margarita Lus- 
sich Siri, Dominga Carvalho Alvarez ; y caba- 
lleros Rodolfo Muñoz Oribe, Juan José de Ar- 
teaga, José Pedro Segundo, Alfonso Ballin, re- 
presentante de la casa de España; Carlos F. 
Muñoz, Miguel Becerro de Bengoa, Rafael Schiaf- 
fino, Alfredo Arocena Capurro, Carlos Terra 
Urioste, José Luis Ximénez, Juan B. Habiaga, 
Héctor Etcheverry, Guillermo Wilson (hijo) y 
Juan Carlos Figari Castro. 

Fué un verdadero torneo de gentileza y de 
gracia. Ellas lucían todo el sugestíonador' encanto 
de sus bellezas, de su chic; ellos la apostura de 
su distinción caballeresca. 

Marco suntuoso, soberbio, fué el que la concu- 
rrencia de señoras formó al delicadísimo grupo 
juvenil. 

Y a tanta delicadeza y exquisitez tanta, sobre- 
pasaron aún las atenciones que para sus invitados 
tuvo la señora Dolores Picardi de Caprile. a 
quien acompañaron su señorita hija Sara y las 
señoras Lola Caprile de CasaraviUa Sieiira y 
Amalia Zumarán de Caprile. 

Todos los que tuvieron la dicha de asistir a 
la suntuosa fiesta no olvidarán nunca los agasa- 
jos de que fueron objeto, con una esplendidez al- 
tamente señoril. 

*** 

Don Martín Lasala, caballero sin tacha, que une 
a sus prestigios personales, una brillantísima 
ascendencia, que se remonta a las épocas del 
Virreynato, algunos de cuyos antepasados ocu- 
paron dignamente los sillones del Cabildo de 
Montevideo ; y su distinguidísima esposa doña 
Consuelo Alvarez, que une a su abolengo todos 
los dones de la cultura y de la exquisitez social 
— tuvieron ol placer de ser visitados en una no- 
che de sus recibos semanales, por el Almirante 
Caperton y parte de los oficiales de su Estado 
Mayor. 

Una residencia genuinamente española es la de 
los esposos Lasala - Alvarez, residencia de hi- 
dalgos, casa amplia y de grandes patios, esce- 
nario ahora de una hermosísima fiesta, agra- 
dable, y de la que participaron elementos repre- 
sentativos de nuestra sociedad, íntimos de la casa. 

A las diez llegó el Almirante Caperton y sus 
acompañantes. El señor Lasala, su esposa y sus 
hijos recibieron al ilustre huésped con la sencilla 
simpatía que es sello de verdadera distinción. La 
concurrencia saludó al Almirante con sincero 
afecto. 

Entre los concurrentes se hallaba el señor Mi- 
nistro de Hacienda, don Federico Vidiella, quien 
departió unos instantes con el Almirante norte- 
americano. Desde un ángulo del salón observé 
el grupo : el simpático y estimado Ministro de 
Hacienda formaba evidente contraste con el se- 
ñor Almirante. El' uno voluminoso, el otro delga- 
dísimo. Pero uno y otro personaje concentraban 
la atención, desbordante de simpatía, de toda la 
concurrencia. Y en fuerza de buscar nuevos mo- 
tivos de contraste, anoté este otro : el señor Vi- 
diella no baila, el Almirante baile infatigable- 
mente.. . 

Y por cierto que el Almirante tiene ratón en 
entregarse entusiastamente a la danza. ¿ Cómo 
no hacerlo cuando la atracción irresistible de las 
damas ejerce en el espíritu tan subyugante in- 
fluencia? 

; Cómo no hacerlo cuando la concurrencia fe- 
menina fué selectísima? 

Vi en aquellas salas a las distinguidas seño- 
ras Esther Vidal de Etcheverry, Celia Crosa de 
Peixoto, María Elena Requena de Rodríguez La- 
rreta, Carmen Lasala de Peixoto, Esther Boffil 
de Lasala, Cristina Méndez de Pietracaprina, Vio- 
leta Superviene de Lasala y María .\urelia Bru- 
saferry de Pastori. 

Grupo tan brillante, tan verdaderamente en- 
cantador prestó a las salas un encanto único, 
encanto que dio a la fiesta un carácter de ex- 
cepción. 

Vuelvo los ojos a mis apuntes y me encuentro 
con el nombre de la señorita Malvina Vidiella. 
Y con el nombre surge en mi imaginación la si- 
lueta de la distinguidísima niña, hermosa, ele- 
gante, evocación, diríase, asombrosa en su exac- 
titud, de aquella majestuosa dama, que tuvo todos 
los homenajes de la admiración y que se llamó 
Malvina Horne de Vidiella. La joven que hoy 
cruza arrogante por nuestros salones, tiene como 
su noble madre, toda la admiración y el respeto 
de nuestra sociedad. 

Pasa Ida Lefevre, la hija del ilustrado repre- 
.sentante de Francia, bella y altiva, con un porte 




Parte de los asistentes a la Boda Capríle-Pérsico. — Señoras: Celia Alvarez de Amézaga, Enriqueta Williams de Arteaga, 
Señoritas: Elena Alvarez Mouliá, María Inés Arteaga, Marta Antonia Pareja Guani, Dominga y Pascuala Carvalho 
Alvarez, Esther Alvarez Mouliá, Margarita Benzano, Señorea; dolfo de Arteaga» Américo Calamet, Juan José Arteaga 
Herrera, Carlos F. Muñoz. 



de reina, y al danzar con los marino.^ ameri- 
canos su majestad se impone aún más, majesta<l 
que rinde. 

Como una figulina delicadísima de Sevres sur- 
gió ante mis ojos María Luisa Díaz Fournier. 

Una flor de suavidades supremas. Dominga 
Carvalho Alvarez, flor de pureza, flor exquisita. 

Espléndida, sugestionante, cruzó Zulema Giuf- 
fra Simoes. 

Y asi, como en una feerie oriental, los ros- 
tros de las damas, sus siluetas admirables y sus 
elegancias supremas, convirtieron la fiesta en una 
dulce ensoñación. 

Los caballeros se dignificaron a si mismos 
mostrándose gentiles y en los salones todu fué 
una sucesión de encantos versallescos. 

**' . . 

Verdadero y sonado acontecimiento social fué 

la velada realizada en el Club Católico. El viejo 

y prestigiosísimo centro reabrió sus puertas para 

que en su amplio y glorioso salón, se reanudaran 

las soírées de arte que fueron famosas. 

Al sólo anuncio de las personas que completa- 
rían el magnifico programa, ya se tuvo la sen- 
sación de la importancia artística y social que 
adquiriría la fiesta. 

Los nombres de la señora Elvira Micoud de 
Boix y de las señoritas Aurora Camp, María 
Magdalena Villegas Márquez y Ofelia Berro Calo, 
fueron más que poderoso atractivo para que en 
nuestros centros más aristocráticos se aguardara 
con verdadero afán esa velada. 

Y fué una soberbia fiesta, cuyos recuerdos 
permanecerán imborrables en la mente de los 
que tuvimos la dicha de asistir a ella. 




\'oy a evocar tantas amables emociones, para 
volverlas a experimentar. 

Y de esa suerte oigo de nuevo, embelesado, a 
la señora Micoud de Boix, cantando en una forma 
admirable el aria de "Alceste"' "Fatal divi- 
nitá''. .Arte, escuela correctísima, dicción diá- 
fana e interpretación perfecta: he aquí la sín- 
tesis de mi impresión y de la impresión de todos. 

Por eso, ese trozo, lleno de energía, de expre- 
sión, de apasionamiento, alcanzó al ser cantado 
por la distinguida señora Micoud de Boix, una 
brillantez suma. 

En una romanza de " Samson y Dalila" la se- 
ñorita .\urora Camp, puso en evidencia su voz 
excepcional. Y digo voz excepcional, conside- 
rando apenas justo el elogio, pues en verdad, la 
notable diletanti, es la felicísima poseedora de la 
voz de contralto más estupenda que yo he oído. 

Con razón produjo su interpretación del bello 
trozo de la ópera de Saint Saens un hondo efecto 
de asombro en todo el auditorio. Se le escuchó 
con una inmensa atención y al finalizar se le 
ovacionó calurosamente. Son extraordinarias las 
dotes vocales de esta distinguida niña, a quien 
auguro un pasaje triunfal por todos nuestros 
principales salones. Para llegar a una regular- 
mente justa comparación tengo que remontarme al 
recuerdo de las más grandes cantantes, admi- 
radas por las características de sus voces y por 
su arte. 

Otro momento estupendo fué el que le co- 
rrespondió a la señorita María Magdalena Vi- 
llegas Márquez. Al descorrerse la cortina que 
cierra el estrado, apareció la gentilísima niña 
y para todos fué una encantadora visión de 
Wateau. Elegantísima, con toda la distinción ca- 
racterística de su raza, dominadora al mirar con 
sus ojos moriscos, bella y graciosa, recitó en 
una forma magistral los versos de Copee "La 
Petite Marchande des Fleurs". 

Posiblemente el ilustre escritor francés no pensó 
jamás que su poesía pudiera alcanzar una tan in- 
tensa expresión y que toda la dulzura de sus 
versos llegara a ser traducida por las modula- 
ciones de una voz aterciopelada, dulcísima, como 
un arrullo. 

Una elevada espiritualidad dominó en todo el 
recitado de la distinguida señorita y el público, 
subyugado, vencido por el sentimiento más intimo, 
tributó a la notable intérprete una prolongada 
salva de aplausos. 

Y en fin otra de las niñas que triunfó amplia- 
mente fué la muy gentil Ofelia Calo Berro, que 
puso en evidencia su talento de poetisa y su 
sentimentalismo al recitar una de sus más bellas 
composiciones. 

La concurrencia pudo apreciar ampliamente una 
y otra sobresalientes cualidades, y al in.íistir en- 
tusiasmada en el aplauso, obligó a la señorita de 
Calo Berro a bisar su precioso recitado. 

Declamaciones brillantísimas fueron las que 
tuvieron a su cargo los jóvenes Zorrilla de San 
Martín y Horacio Terra Arocena; y los coros, 
compuestos por muy hermosas y distinguidas se- 
ñoritas, fueron otros de los números sobresa- 
lientes del festival. 

La orquesta fué dirigida con elevada ])ericia 
por César Cortinas, que una vez más dejó sentada 
su competencia musical y su exquisito buen gusto. 

Y con esta nota de alto interés social y artís- 
tico, termino mi reseña del mes social, deseando 
muy vivamente que en el próximo pueda con- 
versar tan agradablemente con mis lectoras. 

Cvrano. 



Los esposos Caprile-Pérsico instantes despue's de la ceremonia 



S"'oV°S 



ooflooooocooooaoooooco' 



loooooouuaJOOoúcoODooooocc^oooocooooouooocoooocoooaoaoooOOO^Osaocoea 

e la tíalería d 



o ^-'CSOOOO o OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO 3000000000000000 DOOOOOOOOOOO o ooO^Ooooooooc 




Doña Sara Castellanos de Sosa Díaz 



"^oooooooooooooooo^ooooooooooo 
coooooooooosooooooooooo 



**SELECTR'* honra r.us pagine 
ducción de unas fotograffaf^ que han 
mente la atención de nuestra aocfedaí 
rácter de ellas: son un recuerdo brilli 
euidencla de una distinción que se co 
y es representatlua de la cultura mon 

Damas que concentran en sus peí 
atributos de la distinción* de la eleger 
de la nobleza de sentimientos, de la i 

De todos los dones de Natura hat 
expresión. 

En los grabados que engalanan 
que constituyen una de las notas r 
que hemos publicado, aparecen las gen 
en la época en que aún no hablan cor 

Hoy cada una de ellas ha constlt 
son en uerdad hogares modelos, res; 
los que se practica culto severo a lai 
más nobiliarias costumbres. 

Brillan tod'as en nuestros salones 
más característicos de stJ^- exqulsitei 
troclón. ^ 

De su ualer da exacta medida la el 
deración que paro ellos se guarda en t 
más seleccionados, y de sus ulrtud 
alto los obras de beneficent la, de soco 
a las que han uinculado SU3 nombres 

Esta reulsta rinde a las distlnguldi 
sus máe sinceros homenajes. 



'°°oooonoonnr 



fTí^^OOOOí 



DOOO'o^í'OCoeodoosocaoooc.oooooi 




nu5 páginas dando la repro- 
3f, que han de llamar iusta- 
itra sociedad por el doble ca- 
:cuerdo brillantísimo y son lo 
n que se conserua incólume, 
cultura monteuldeana. 
1 en sus personas todos los 
de la elegencla, de la uirtud, 
ntos, de la Inteligencia. 
! Natura han tenido ellas alta 

engalanan estas páginas y 
las notos más Interesantes 
ecen las gentilísimas señoras 
3 habían contraído enlace. 

ha constituido un hogar; y 
lodeloe, respetabilísimos, en 
seuero a las más sencillas y 

rijs salones con los rasgos 

■^•exquisiteces y de su IIus- 

í 

medida la eleuadísima consl- 
; guarda en todos los círculos 

sus ulrtudes, hablan bien 
itla. de socorro y de caridad, 
u3 nombres sin tacha. 
s distinguidas damas todos 
lies. 



^SnOOOOOOOOOOOooo»"' 



Doña Manuela Alvarez de Acevedo 



Doña Isolína Eastman de Vial Bello 



— SELECTA — 




En el Jardíi^ de Kros 

(Cuento ingenuo para niños grandes) 

"La. Soledad moral es horrible" 

(Biografía de Gorky por Ruiz y Contreras 

Va -se había perdido el recuerdo de su 
ubicación, cuan(io en aquella tarde, llena 
del perfume de otra edad, la anciana abuela, 
yendo a («so lento jíor entre las ruinas del 
Acrópolis, entretenía la atención de sus 
dos nietos con una dulce leyenda referente 
a aquel jardín. Leyenda que había hecho las 
delicias de su adolescencia y que, al refres- 
carla en su memoria se hacían radiosos sus 
ojos, ya casi apagados por los años, y su 
voz, al repetirla, tomaba ese acento cari- 
ñoso y doliente con que relatan los ancianos, 
en los días de tristes nostalgias, las cosas 
felices que fueron. Su aspecto digno y ama- 
ble, su esbeltez aun no i)erdida, los rasgos 
típicos de su raza, aun no borrados por el 
tiempo, hacían ])ensar en las esculturas im- 
])ecables, en la túnica, la diadema, los co- 
llares, las flores, los juegos, las danzas, las 
fiestas y los sacrificios, cosas todas ya 
muertas en Atenas, pero a las (jue se empe- 
ñaba ella, a jjesar de sus años y de su no 
distancia del reinado de Átropos, en ren- 
dirles en íntima remembranza, el culto fer- 
viente que les había dedicado cuando aún 
hacía ofrendas floridas a Hebe. 

Los niños de ambos sexos que la acompa- 
ñaban, eran de extraordinaria belleza y en 
sus ojos dulces y misteriosos se agravaban 
en la expresión jjropia de la atención con 
(|ue escuchaban el relato de su abuela. 

— Hijos míos, jamás se vio maravilla ma- 
}or, ella les decía. Las flores de todos los 
climas ostentaban allí su más lozana fres- 
cura, y la fragancia había reservado lo más 
exquisito de sus pebeteros para exhalarlo en 
aquel ambiente. Reinaba entonces una tibia 
])rimavera ; el primer rayo de sol era para 
l)esar las copas de los arbustos de aquel 
jardín ; la aurora era allí la apoteosis de la 
Naturaleza. Me contaban, cuando yo era 
niña como vosotros, que las nubes no pasa- 
ban jamás sobre su cielo para no intercep- 
tar los rayos dorados y fecundantes que el 
sol jjrodigaba a aquella región. Un arroyo 
límpido, de una limpidez hialina lo circun- 
daba y con el serpenteo de sus ramificacio- 
nes mantenía aquella tierra, perpetuamente 
])ropicía al florecimiento de las lozanas 
matas. 

El plenilunio y los luceros derramaban allí 
luz singular y cuando no había luna, el arro- 
yo se tornaba luminoso y de las flores sur- 
gía una dulce claridad, que inundando todo 
el ambienta, hacía tornar al jardín un as- 



])ectü de transparencia que lo presentaba 
COTO incorpóreo. 

Solía de noche levantarse una suave brisa 
(|ue al glisar entre el ramaje producía soni- 
dos nuisicales de aiyo conjunto surgían 
suaves armonías. Los únicos habitantes áí: 
aquella región predilecta, eran pájaros. 

Kn los nidos no se revolvían sólo suaves 
l)lumones sino ([ue se agitaban temblorosas 
alas tentando el primer vuelo. 

En un (lia en (|ue las noveles gargantas 
daban su primer concierto, .se vio un resplan- 
dor muy grande e inusitado y en medio a 
ese resjjlandor ajjarecer un niño alado, pro- 
visto de arco y con el carcax repleto de 
flechas de oro. El niño descendió al medio 
del jardín, y entonces todos los pájaros ce- 
.'iaron en sus cantos. El niño alado les habló 
así : 

" ¡ Vosotros, los iniciados de la vida ! Es- 
cuchad : He sentido vuestros gorgeos que 
significan el triunfo de vuestras existen- 
cias y que han sido para mí un llamado al 
<|ue acudo .solícito. Yo soy el dueño de este 
jardín, estáis en mi reino. Vivid en él que 
nadie os podrá arrojar fuera si tenéis mi 
consentimiento para habitarlo. Sólo os im- 
])ongo (|ue os améis, pon|ue el amor es hi 
única ley que rige en mis dominios. En su 
cumplimiento seréis eternamente felices, 
])ero tened en cuenta que aquel ¡(Ue des- 
precie mi ley o (|ue la traicione será ven- 
gado con la muerte. 

" Mi entreteni:riento exclusivo es el arco, 
UMs flechas se hacen invisibles al ser lanza- 
das, y a los (iue con ellas hiero no mato sino 
que les doy vida. Vuestros corazones me 
servirán de blanco y es mi proeza atravesar 
dos de ellos de un sólo gol])e para refundir 
su sangre y .sus latidos en una sola sangre y 
en un sólo latido. .\máos. no dejéis de ama- 
ros, os lo rei)ito. Sed felices!". 

Para las aves nuevas fué aquella alocu- 
ción una caricia hasta entonces ignorada, 
sintieron como si en sus vírgenes pechos hu- 
biera (|ue<lado preso algo del resplandor de 
que iba nimbado a(|uel ángel. Una alegría 
impulsora los agitaba. Volaron de rama en 
rama, juguetones, traviesos, parlanchines. 
Los trinos fueron frases galantes, los ga- 
lanteos se hicieron dúos, los dúos fueron 
íntimos y las intimidades engendraron el 
idilio. Se dijeron lo que hasta entonces ig- 
noraban c|Ue sabían, y como consecuencia 
de esto, fué que una mañana se vio cruzar 
por todos los ámbitos del jardín de a dos 
avecillas rimando sus graciosos vuelos al 
im])ulso de un mismo afán. 
** 

Cuando las primeras hojas mustias des- 
])rendiéndose de las altas copas fueron he- 
raldos del próxi'vo invierno, en cada rama 
se mecía un nido al imjjulso de una bri.sa aca- 
riciadora y al compás de amantes himnos. 
Sólo en un rincón del jardín, donde por ven- 
tajas de la espesura duraban aún las galas 
festivales de la ])riniavera, un ¡¡ájaro en- 
tonaba endechas an'orosas a las coquetas 
avecillas tiue vagando i)or el jardín no ha- 
bían aún formado su nido. 

Cuando cerca de allí pasó un ruiseñor con 
trazas de abuelo, se detuvo. ])ara, en su mu- 
sical lenguaje, aconsejarle ([ue abandonara 
aquella práctica amorosa y que se a])resu- 
rara a buscar compañera i)ara construir su 
nido. Pero él saludó con un trino burlesco 
el con.sejo del experimentado ruiseñor. No 
obstante, éste, en bien moduladas frases, 
insistió en hacerle ver que el invierno venía 
pronto, y que. a no estar defendido por el 
calor de un nido, moriría helado. El rebelde 
])ajarillo rejilicó que siempre había tiempo 
para consagrar sus cantos y su vida a un 
exclusivo cariño y continuó en graciosos vo- 



lidos y cantos apasionados, su reclamo de 
amor, su galanteo favorito. 

Varias incautas avecillas cayeron bajo el 
poder de sus mentidas frases amantes, y 
cuando las apasionadas víctimas de su en- 
gaño iban a morir de pena bajo la mata 
que había cobijado sus sueños, él prego- 
naba el himno de triunfo que apenas oían 
sus compañeros, empeñados en dar los úl- 
timos toques al habitáculo que protegerúi 
sus vidas y en el que perpetuarían la es- 
])ecie. 

** 

El invierno llegó y ante su presencia ca- 
yeron las últimas hojas rebeldes al soplo 
otoñal, los últimos doseles que habían ser- 
vido hasta entonces de abrigo a las aves 
nó rades. Con el invierno llegó naturalmente 
el séquito de lluvias, fríos y nevadas. El 
galante ipajarillo sintió los dardos de todo 
esto, miró en su torno y vio que estaba 
solo. Buscó a su alrededor un refugio y no 
lo encontró. Quiso llamar entonces con un 
canto de amor a la primera avecilla que 
cruzara el ambiente y no pudo cantar, ya 
su voz se apagaba junto con el calor de su 
corazón. Intentó volar para buscar un al- 
bergue, pero la nieve le había (|uemado el 
])lumaje de sus alas. Solo, aterido, impo- 
tente, haciendo un esfuerzo inaudito saltó 
de rama en rama hasta llegar a un nido. 
-\llí imoloró como limosna un refugio y 
una caricia de amor. Bpro su dueño, qu.; 
no era otro aue el viejo ruiseñor, lo rechazó 
diciéndole: "¡Insensato! ¿Ahora mendi- 
gas lo que despreciaste en otrora ? ¡ -apár- 
tate ! En el reino de Eros no se hacen limos- 
nas, se ejerce el heroísmo, el sacrificio, pero 
nunca la Caridad I". 

Una ráfaga ruda hizo tremar las desnu- 
das ramas y el pájaro mendigo rodó hasta 
el suelo. .\llí se encontró con una piante 
avecilla que lloraba su misma suerte y su- 
fría las tristes consecuencias de su mismo 
pecado. Creyó, al encontrarla, encontrada 
la salvación y la invitó a formar nido, 
pero ella lo rechazó diciéndole en trinos an- 
gustiosos que ya se habían consumido sus 
energías para emjjrender tal obra, que tam- 
poco ya no había flores para tejerlo — pues 
que con flores era con lo que allí se te- 
nían que tejer los nidos — y luego añadió : 
" Si llegáramos a construirlo la más leve 
brisa lo destniiria o envolviéndolo la nieve 
liereceríamos igualmente en él, pues como 
lo alentaríamos con nuestro egoísmo y no 
con nuestro amor, no tendría ni la nece- 
saria fortaleza para resistir el vendaval, ni 
el suficiente fuego para desafiar la nieve del 
invierno. 

Una nueva ráfaga lo separó de su inter- 
locutora y lo arrastró a merced de su ca- 
pricho. Lo arrastró hasta un solitario rin- 
cón del jardín donde espiró el galante pá- 
jaro sin que un suspiro canoro oficiara en 
su muerte, sin i|ue ima lágrima amorosa 
])oematizara el dolor de su separación. Su 
cuerpo yerto siguió siendo juguete del cierzo 
sin que una ])upila doliente siguiera su 
rumbo. Entre tanto, en las altas ramas de 
los desnudos árboles, vibraba el arrullo amo- 
roso de los nidos y el himno de los férvido.s 
besos pregonando el triunfo del amor sobre 
el intenso frío del invierno. 

Con estas palabras enmudecieron los la- 
bios de la anciana, y fijando sus ojos en 
sus queridos niños, les vio silenciosos, cotí 
la mirada perdida entre las brumas del 
crepúsculo de Atenas. 

;, Soñaban ? . . . ¿ Meditaban ? . . . 

La matrona griega comprendió en un 
hondo suspiro todo el cúmulo de recuerdos 
y de pensamientos que le despertaba el con- 
templar aquellos niños que eran el vivido 
rayo de sol en el invierno de su vida. 

/. /. Illa Moreno. 



.&.„' ..i.'^i-,' 



SELECTA — 



EN Valladolid, próximas al Hos- 
pital que fué de la Resurrec- 
ción, donde Cervantes inmor- 
talizó el célebre coloquio de Cipión 
y Berganza ; en el Campillo de San 
Andrés, fronteras a un puentecillo 
sobre el Esgueva y en el fondo del 
Rastro, existían en 1605, y hoy se 
perpetúan, las casas nuevas que la- 
bró Juan de las Navas en los co- 
mienzos del siglo XVII. A una no- 
bilísima colaboración de la Socie- 
dad Hispánica de Nueva York }■ al 
grande amor a España de su presi- 
dente, el Excmo. señor Archer M. 
Huntington, se deberá en gran parte 
que la modestísima morada en que 
vivió Miguel de Cervantes Saave- 
dra llegue a ser una institución ejem- 
plarísima. Minuciosas investigacio- 
nes de ilustres académicos de la 
Lengua y de literatos que secunda- 
ron ha más de cincuenta años los 
acuerdos del Ayuntamiento de Va- 
lladolid, para depurar los antece- 
dentes que testificaran la existencia 
de la casa en donde vivieron Cer- 
vantes y su familia, en el Rastro, 
certifican este importantísimo he- 
cho, no de tanta trascendencia cul- 
tural, con ser mucha, como la de- 
mostración con que hoy afirma Es- 
paña un símbolo representativo, un 
homenaje al autor del Quijote y un 
acto de alta idealidad en honor suyo 
y del habla castellana, que al tra- 
vés de los mares y en remotos con- 
tinentes, a pesar de las vicisitudes 
y los siglos, enaltece y glorifica el 
nombre de España. 

Al conocer el Rey don .\Ifonso 
XIII que la Casa de Cervantes en 
plazo más o menos remoto pudiera 
borrarse y desaparecer, se dignó or- 
denarme en las postrimerías de 1912 
que practicase las más activas ges- 
tiones para evitar la demolición o 
ruina inevitable en plazo no lejano. 

Siguiendo sus instrucciones ad- 
quirí, en nombre de S. M., y de su 
I)ropio peculio, la Casa que el Ayun- 
tamiento de Valladolid, después de 
minuciosa investigación y en so- 
lemne acta de 23 de Junio del año 
186Ó, designó como aquélla en que 
había vivido Cervantes. Preferente- 
mente el Rey de España deseaba te- 
ner el honor de ser el que la adqui- 
riese. De acuerdo con el señor Hun- 
tington, y en su representación, ad- 
quirí también las dos colindantes, 
números 12 y 16. para dar el des- 
arrollo que quizá algún día requi- 
riera esta cultísima institución his- 
pano - americana. Hizose desde luego 
el reconocimieTito para saber exac- 
tamente el estado de descomposición 
de sus fábricas y armaduras que no 
habían sido objeto de seria repa- 
ración desde que fueron labradas 
por Juan de las Navas. 

Los arquitectos señores Larcdo y 
Traver han realizado cumplidamente 
la consolidación de la finca, a pesar 
del peligroso estado de inminente 
ruina, principalmente por lo des- 
atado y ruinoso de sus cubiertas, 
entramados y escaleras. Tan hon- 
roso como arduo era el problema 
de habilitar estas modestísimas man- 
siones, con la dignidad, decoro y 
respeto con que deben contemplar- 
se por las muchedumbres que por 
ellas desfilen, para rendir un ho- 
menaje a Cervantes, al habla cas- 
tellana y a España, en fin. En Se- 
villa y en Toledo y en cuantas edifi- 
caciones de arte he intervenido, muy 
fácil ha sido la tarea de e.xhibír 
o habilitar para Museos, y someter 
a la atención de los amantes del 
arte, obras como la Casa y el Mu- 
seo del Greco, la Sinagoga del Trán- 
sito, la Portada de Marchena, los 
Jardines de la Reina del Alcázar de 
Sevilla y las edificaciones del ba- 
rrio de Santa Cruz, etc. ; pero dado 
mi decidido propósito de evitar res- 
tauraciones y disfraces que borran 
generalmente el carácter de nuestros 
■más preciados monumentos, y con la 
arraigada creencia y religioso res- 
peto con que consideraba las mo- 
destas viviendas, ¿qué orientación, 
ni qué otro procedimiento debía y 
podía guiarme, sino el de una ab- 
soluta austeridad? 



OODaaODDDDDaOOODOODOODDOQODOOaDDOaDOOOaDODQOOnODDOODaoODaDDaoOODOaOOQ 

La Casa de Cervantes 

¿iOODOOOOaODOOODDOaOODpODOOOOOOODOOOaDOOODODOOOQODOa 



Para cumplir mi misión, he con- 
siderado más intensa la exhibición 
de aquella pobreza, donde renacerá 
una vida espiritual y de cultura que 
considero el mejor homenaje y el 
más suntuoso monumento conme- 
morativo, dejando a los privilegiados 
que sepan sentirla la más dramá- 



tica de las emociones al conternplar 
las desnudas paredes y disposición 
primitiva de aquellos sagrados apo- 
sentos : pero si rodeándolos de ele- 
mentos que deben perdurar y dar 
vida a aquel homenaje: una Biblio- 
teca, un Salón de lectura, una Im- 
prenta V, a ser posible, una Escuela. 




É«. 



Doña üoaquina Carranza de Piccardi 

Es una de las pocas snbreDioienles de un pasado que crece 
en olraeeiones, en ejemplos y en brillo, cuanto más se aleja. 
Un pasado en el que el heroísmo se une a la generosidad y la ele- 
vación de miras a un desinterés magnárlmo en la ejecución de las 
doctrinas sustentados. 

La señora Garrama de Piccardi cuenta hoy 95 años de edad y si 
ella es como una representación palpitante de aquellos días de inde- 
pendencia : su ascendencia se remonta aún a los piimeros tiempos 
del coloniaje. 

nació esta venerable anciana el 12 de Octubre de 1823 y fueron 
sus padres: el Ooronel don Sosé Ñmbrosio Garrama y Doña Waría 
de Uavia, ambos de abolengo hidalgo. 

5u padrino de pila lo fue el vencedor del Gerrito, el ilustre gene- 
ral Don Sosé Rondeau. 

U hoy, a pesar de su edad avanzadísima, la señora Garrama de 
Piccardi conserva toda la lucidez de su intelecto, recuerda los he- 
chos memorables ocurridos en su juventud, habla de las muchas 
personalidades ilustres con familiaridad anecdótica y es una verda- 
dera reliquia en las sociedades rioplatenses. 

Sus relatos de los lejanos tiempos de la Independencia tienen un 
color admirable de realidad: son evocaciones que asombran por 
su exactilud. 

Por eso es que a través de sus interesanlisimas conversaciones 
surgen con lineamientos perfectos, las personalidades de Lamas, 
Lavalleja, Garzón, Pacheco y Obes, Suárez, etc. 

Denerablc por sus años, por su distinción y por su cuna, esto 
dama guarda en sí todo el prestigio de aquellos dios gloriosos. 

En la boda de su nieta la señorita Hlaria Rntonieta Gaprile actuó 
demadrlna, y durante la recepción bríllanlisima a que dio lugar la ce- 
remonia, conversó animadamente con toda la distinguida concurren- 
cia que llenaba los salones, obteniendo de todos el más respetuoso 
y el más merecido de los homenajes. 






En la líibiioteca ]>odrán atesorarse, 
con el tiempo, los mejores y los más 
raros ejemplares de la obra cer- 
vantina, así como de la literaria an- 
terior a Cervantes y la de toda la 
décimaséptima centuria hasta el pre- 
sente. 

En la casa número 16 se instalará 
una prensa y modesta imprenta, que 
sin pretensiones de reproducir todas 
Jas obras de Cervantes, .se limite a 
una acción lo más intensa y fre- 
cuente posible de divulgación y pro- 
paganda. Y contando con el celo y 
entusiasmo de los maestros contem- 
poráneos de las Letras patrias, aquí 
se pueden iniciar campañas dirigidas 
a países y provincias donde deba 
mantenerse y depurarse el habla cas- 
tellana, corrigiendo la algarabía y 
los dialectos emancipadores del sa- 
grado vinculo con que están unidos 
a la madre Patria. 

La única pequeña alteración que 
lie permitido en aposentos de la 
planta baja, ha sido para habilitar 
una sala de regulares proporciones, 
donde puedan congregarse más de 
un centenar de devotos visitantes. En 
este grande aposento, diariamente 
podrá y deberá darse lectura de 
un trozo cervantino ya sea por el 
profesor de la Universidad destinado 
a esta in.stitución, o por aquellas per- 
sonas que i)or su alta representación 
o amor a nuestras letras deseen con- 
tribuir a este piadoso rito. 

En cuanto a la Casa de Cervantes, 
ni galas, ni mármoles, ni primores 
ornamentales deben perturbar la 
emoción que ha de sentirse en aque- 
lla austera y pobre vivienda. En la 
alcoba donde debió reposar, sufrir 
y cavilar, sólo caben las fechas v 
nombre del cautiverio y desventuras 
de Argel, una gloriosa reliquia de 
l.epar.to y un libro ante el cual la 
Humanidad acuda con su admira- 
ción y su homenaje. 

A ser posible, como contraste con 
tanta pobreza, tal vez pudieran col- 
garse en aquellas paredes los retra- 
tos de Lope, de Góngora y de otros 
conternporáneos, que nos han legado 
los más gloriosos maestros de nues- 
tra pintura en el siglo XVII. Estas 
intensas y excepcionales obras de 
arte deberán ser los únicos adornos 
que con gran sobriedad acompañen 
la memoria de Cervantes y de su 
obra. En cuanto a su propio retrato, 
sobre todos Jos que se encuentren 
y puedan encontrarse, creemos más 
elocuente y representativo un autó- 
grafo que difunda el espíritu de su 
alto pensamiento y la huella de su 
mano... 

Cuando comenzaron las obras, me" 
otorgó el -ayuntamiento de Vallado- 
lid los más amplios ofrecimientos 
para su complemento y desarrollo. 
por lo que se refiere a las inmedia- 
ciones de dichas casas, pues éstas 
corrían el peligro de quedar escon- 
didas y sepultadas entre las moder- 
nas edificaciones de una nueva vía. 
En crítico momento accedieron uná- 
nimemente y con gran entusiasmo 
los nobles Regidores Castellanos a 
la proposición de su Presidente, y 
mi ruego de que en las próximas 
parcelas no se edificara fué gene- 
rosamente atendido, lo que me per- 
mitió construir un muro de mam- 
postería y la escalinata que directa- 
mente, y con toda dignidad y hol- 
gura, conduce a la Casa de Cervan- 
tes desde luia de las más concu- 
rridas y urbanizadas vías de Va- 
lladolid. En estas parcelas, a más 
de una balaustrada, terrado o com- 
pás, desrle donde se contempla la 
institución Cervantina, florecerá un 
jardín de carácter absolutamente es- 
pañol con sus bojes y sus mirtos: 
como cerramento, una columnata con 
sus pilastras y leones y castillos, y 
como único monumento escultórico, 
una fuente de líneas clásicas y. a ser 
posible, de la época, fuente simbólica 
en donde el agua brote y caiga y 
vuelva a brotar de inagotable ma- 
nantial, como inagotables y eternas 
son las puras y vivificadoras co- 
rrientes que el habla Castellana lleva 
a todas las regiones que deben su 
cultura a España. 

Marqués de ta l'rga lncUi:i. 



SELECTA — 



J 



ESTAS jojas, cuya reproducción 
en tamaño natural ofrecemos 
hoy, fueron usadas por las 
ascendientes de la distinguida seño- 
ra doña Paula Suárez de Langdon 
Urtubey. N'o hay más que ver las 
reproducciones para darse cuenta de 
la magnificencia de estas joyas, las 
que forman un soberbio juego, com- 
puesto por dos pares de carabanas, 
un prendedor y un anillo. 

Están formadas por diamantes de 
tallado antiguo, incrustados en cha- 
pas de plata. Fueron joyas de gran 





El "Lied" 



<%> 



a<^Mi 



Lied en alemán quiere decir, tex- 
tualmente, canción. Pero al unlver- 
salizarse el vocablo germánico su 
significación ha adquirido otro va- 
lor. Con esta palabra Hed se designa 
un género especial de música para 
canto. 

Cuando en Francia e Italia la pro- 
ducción de música vocal de cámara 
apenas nada significaba, y aun la 
música en general, se encontraba en 
arabos países en un período semideca- 
dente, florecían en Alemania gran- 
des músicos. Schubert y Schumann 
escribían entonces sus copiosas se- 
ries de admirables Heder. Más tarde, 
al divulgarse estas canciones y ele- 
varse el nivel de la música similar 
en otros países, por ejemplo, en 
gran parte, de aquéllas, se impuso 
la denominación alemana. Asi, se 
adoptó la palabra lied. 

Se han escrito Heder para una o 
más voces, solas o acompañadas ins- 
trumentalmente. Muchas composicio- 
nes corales son simplemente Heder. 
Modernamente se han escrito Heder 
para una sola voz, pero con acom- 
pañamiento orquestal. También se, 
han transcrito para orquesta acom- 
pañamientos pianísticos de Heder. 
F.sto es muy peligroso. La reducida 
sonoridad que supone un acompaña- 
miento pianístico ideado para la in- 
terpretación en un local de no gran- 
des proporciones, música de cámara. 
al ser llevada a la gran orquesta 
puede perder en íntimo matiz y en 
sutilidad lo que aparentemente gane 
en color. Además, el primordial efec- 
to vocal, en desequilibrio con la so- 
noridad acompañante, cambia de sen- 
tido. Y además el canto interpreta- 
tivo no será idéntico al producirse 
en una pequeña sala que en un gran 
teatro. O por lo menos se modifica- 
ría, desgraciadamente, la intensidad 
expresiva. Y la fidelidad al pensa- 
miento original menguaría. 

Por extensión, diversas piezas ins- 
trumentales han sido calificadas de 
Heder. Ejemplo: Lieder ohne worte, 
romanzas sin palabras, de Mendels- 
sohn. 




. ♦ t 



^l- < 










\ias 




Pero el Hed es, preferentemente, la 
interpretación o el comentario mu- 
sical de una poesía, que una voz 
sola cantará acompañada casi siem- 
pre por el piano. Convendrá esta mú- 
sica para audiciones íntimas, y asi 
ocupa un selecto lugar en el género 
de música de cámara. 

Antes de Schubert y Schumann, 
creadores del moderno Hed, escribie- 
ron música de esta especie los gran- 
des clásicos alemanes Bach, Mozart. 
Beethoven. Pero su obra más im- 
portante y definitiva es otra. 

Los gloriosos compositores sete- 
centistas de Italia produjeron bellí- 
sima música vocal de cámara. En- 
tonces aparecieron la mayor parte de 
las denominaciones : Aria, Cavatina, 
Romanza, Canzone, etc. Luego es- 
tas palabras adquirieron significado.^ 
particulares. Llegó el período de 
Schubert y Schumann. La música vo- 
cal, de cámara, de ambos composi- 
tores aparecía con una nueva forma, 
y, sobre todo, con un sin igual ex- 
presivismo. Su producción de Heder 
es importantísima por cantidad y 
calidad. Escogieron para sus inven- 
ciones musicales textos selectísimos. 
Goethe. Schiller, Uhland. Heine. etc.. 



son casi siempre los poetas preferi- 
dos. Y la poesía no es modificada, 
alterada. La música comenta justa- 
mente el texto poético y lo eleva a 
una categoría expresiva. El acompa- 
ñamiento pianístico completa el co- 
mentario con un extraordinario in- 
terés musical. 

De esta colaboración han nacido 
obras maravillosas, tales como La 
bella inoHnera o el Viaje de invier- 
no, de Schubert, o el Amor de ¡'oc- 
la y la Vida amorosa de una mujer, 
de Schumann. y tantas obras más en 
serie de canciones como las anterio- 
res o únicas. 

Al divulgarse la obra de Schubert 
y principalmente, más tarde, la ds 
Schumann, se inició la nueva y ac- 
tual tendencia en la música vocal de 
cámara : el Hed. 

En Italia triunfaba la rontaii::a de 
salón. Bizet y Gounod escribían en 
Francia obras de más valor en un 
estilo que luego cultivó Massenet. 

El ejemplo de Schumann fué fe- 
cundo. 

En Alemania han sido y son ilus- 
tres compositores de Heder Wágner. 
Humperdinck, Weintgarner, Strauss, 
Reger, Brahms. 



moda en las épocas del Virreynato 
y de la Revolución, joyas que real- 
zaron la elegancia de los trajes usa- 
dos en aquellos días por nuestras 
damas, y que tenian una majestad 
indiscutible. 

Las joyas en cuestión tienen un 
sello de realeza y demuestran muy 
buen gusto dentro de su sencillez. 

Actualmente se hallan en poder de 
la señora Suárez de Langdon. for- 
mando parte de una notable colec- 
ción de objetos preciosos. 




^=^^ 



Particularmente hay que mencio- 
nar al desdichado Hugo Wolff. que 
acentuó aún más la forma expresiva 
del Hed, orientándolo en un sentido 
paralelo al drama lírico wagneriano. 
Es decir : cultivando la declamación 
lírica y amplificando y concediendo 
absoluta y esencial importancia a la 
parte instrumental acompañante. 

En Francia se significan moder- 
namente como compositores de He- 
der Henry Duparc, prematuramenti- 
inutilizado para la actividad musi- 
cal por causa de una terrible enfer- 
medad mental; Chausson, D'Indy, 
cuya producción en el género, aun- 
que escasa, ofrece obras de tan ex- 
traordinario valor como el román- 
tico e intenso Lied maritime; Debus- 
sy, que ha innovado en el Hed con 
el estilo general de su música, cul- 
tivando un raro impresionismo y un 
maravilloso preciosismo. 

Pero el compositor francé.í que 
ha adquirido una extraordinaria 
personalidad escribiendo Heder es 
Fauré. Su obra es bellísima lo mis- 
mo en la invención melódica que en 
la escritura armónica. 

Ha escrito muchos Heder. Recor- 
demos sus comentarios a La bonne 
chanson verleniana y a las Fctes ga- 
lantes. El encanto sutil y de ensue- 
ño de la poesía ha sido profunda- 
mente sentido por Fauré. 

Rimsky- Korsakoff, Mussorgskyy 
otros músicos rusos han producido 
lieder muy bellos y originales ; a ve- 
ces de extraordinaria novedad y ca- 
rácter por emplear giros melódicos 
y ritmos típicos del arte popular 
moscovita. 

El noruego Grieg ha compuesto 
muchos y hermosos Heder. 

La producción nmsical española es 
difícil de conocer. Por motivos que 
ahora no hemos de exponer, se 
mantiene muchas veces inédita e ig- 
norada. Conocemos, sin embargo, 
por haberse publicado, una serie <le 
lieder de Morera, otra de Lamote de 
Grignon, Vióleles, textos de Apeles 
Mestres, en donde hay bellas com- 
posiciones. Falla ha escrito, publicán- 
dose en Paris, tres canciones sobre 
poesías de Gautier, Les colombes, 
Chinoiserie y La veritable manóla. 
Enrique Gnmá. 



— SELECTA 




■ ■: 



UNA - ■ ■ 
EXPOSICIÓN 

PE ArÍE ■ 



CARLOS F. SAEZ 




Cabeza, de Estadio 




Retrato del Sr. J. C. M. 



SU Ijreve actuación descolló con 
un empuje tal. (|ue a su alre- 
dedor ya se había formado la 
aureola brillante de los triunfa- 
dores, de los que llegan al pi- 
náculo, de los ([ue concentra-.i 
la admiración de muchas gene- 
raciones. 

Y la exi)OS¡ción fué una elo 
cuente forma de recordar al ar- 
tista muerto. ])ues las múltiples 
obras que se llevaron a la ad- 
iriración del jniblico, pusieron 
bien de manifiesto la persona- 
lidad extraordinaria de Saez. 
como colorista y como dibu- 
jante. 

Verdaderas riquezas de arte 



COX la exposición de cua- 
dros realizada en el Sa- 
lón Caviglia, cedido con 
gentileza y des])rendimiento que 
enaltecen a quien tal acto lleva 
a cabo una y otra vez. se rindió 
])óstumo y elocuente homenaje 
a! u'alogrado pintor uruguayo 
Carlos F. Saez. 

A'l acto de la inauguración se 
le dio la trascendencia (|ue en 
justicia debia obtener y se cum- 
plió con todo brillo. 

El Presidente de la Comisión 
Organizadora de esta exposi- 
ción, el ilustre compatriota doc- 
tor Juan Zorrilla de San Martin, 
pronimció en ese acto un her- 
moso y como todos los de é!, 
elocuente discurso. 

El doctor Zorrilla de San 
Martin hizo la apología mereci- 
dísinia del ])intor (|ue brilló un 
instante para luego caer arreba- 
tado ])or el cruel destino. 

Juicio exacto y justiciero dil 
joven pleno de talento, que en 




"II primo romanzo' 



allí se ex])Usieron y no podría- 
mos hacer una selección por(|Ue 
todos los trabajos, aun los sim- 
l)les dibujos, ])onen de manifies- 
to el talento y la seguridad del 
artista, una verdadera gloria de! 
arte americano. 

Al acto (le la inaguración a.sis- 
tió una nniy distinguida concu- 
rrencia y el éxito de la exj)osi- 
cíón fué completo. 

De esta manera se ha glorifi- 
cado una vez más al malogrado 
artista, glorificación postuma, 
tanto más elocuente, cuanto que 
el juicio, a través de los años, 
es ampliamente sereno y libre de 
influencias extrañas. 

Carlos F. Saez fué uno de 
los pintores uruguayos que más 
amplia visión de su arte tuvo 
en el período muy breve que 
dedicó a ella todas las poten- 
cias de su imaginación. 

En la concepción brillante de 
sus telas, en la seguridad del 
colorido, en la técnica extraor- 
dinaria que evidencian sus cua- 
dros, queda i)atentizado en for 
ma elocuente el talento admi- 
rable de este artista que hubie- 
ra llegado a las más altas cum- 
bres. 

Las telas que se exhiben tie- 
nen todas una fuerza estupenda 
de evocación, en ellas hay una 
honda palpitación de vida y -ie 
verdad. Ba.staría con examinar 
las rejjroduccíones que adornan 
esta página jiara darse cuenta 
de esto que afirmamos. 

El éxito de la exposición fué. 
desde que ella se inició, absolu- 
to y de ello cabe felicitarse, pues 
se tiene asi la constatación de 
que no se olvidan tan fácil- 
Miente a los compatriotas ilus- 
tres. 



SEI.HCTA — 



I^a Casa 



— ¡ \ t'iinc centesimos!... ¡Veinte! — 
ijritaba el rematador encaramado en la si- 
lla. — ¡ \einte centesimos el metro ! . . . 

Pedro, el cerrajero, sentía que el cora- 
zón le ])alpitaba con fuerza, estaba real- 
mente emocionado, l'ero de pronto se re- 
.solvió y levantando la cabeza dijo tíniida- 
nieiite. 

— X'einricinco. 

— i Veinticinco ! . . . ¡ Veinticinco ! — re- 
l>iti(S el rematador, y casi en seguida bajó 
el n;artillo. dándose im golpe en la palma 
de la mano. 

Llamaron a Pedro. (|ue atravesó por en- 
tre la multitud que presenciaba el remate, 
y cuando estuvo delante de un jovencito 
c|UO escribía en una libreta, dijo su nom- 
bre y abonó la primera mensualidad d' 
cinco |)esos. El pequeño solar era suyo 
desde aquel mon-ento. 

Pedro se marchó en seguida. Estaba un 
l><K-o aturdido por las emociones esperi 
mentadas durante el remate. Y nu'entras 
caminaba a prisa por las calles llenas de 
sol de un hermoso dia domingo, iba pen- 
sando en la impresión que causaría en su 
nuijer y en sus hijos la noticia de que 
había comprado un terreno. Cuando lle^ó 
a su casa no encontró a nadie. Las dos 
nii.seras habitaciones del conventillo esta- 
ban .solitarias y Pedro las miró con un 
piKTO de desprecio. ])ensando en l:i futura 
casita (jue él haría construir en el solar ad- 
(|uírído. 

Cuando ya de noche, llegó su mujer con 
los tres hijos. Pedro estaba muy contento 
y cogiendo al menor, un chicuelo de tres 
años, io sentó en sus rodillas v lo hizo bai- 
lar y reír mucho. Claudia, la hija mayor, 
de diez y nueve años, ordenó sobre la mes ; 
'a pobre vajilla y todos se sentaro-i a co- 
n-er. Cuando se sirvió la sona Pedro ha- 
bló iM)r fin : no ))o;lía callar ni im segundo 
más su secreto. 

— Tengo una gran ncticia — dijo, le- 
vantando en alto la cuchara. 

Todos lo miraron sorprendido . hubo 
im instante de siletrno. y en seguida Pe- 
<lro contó lo (|ue había pasado en el re- 
mate. 

Su mujer, una i)obre niujtr de obrero. 
flaca, amarilla, de ¡lelo rojo, casi lloraba 
de alegría; Claudia ¡¡almoteaba y derramó 
im vaso (le agua y los dos i)e(|ueños. sin 
comprender nada, chillaban también al ver 
la alegría de sus padres. 

Pero de pronto la madre se ))Uso seria. 
y con nuicha in(|uíetud preguntó: 

— l'ero... ¿podremos pagar todo? 

— Si — respondió Pedro ; y ex' licó sus 
cálctdos. sus ahorros, juntando si jornal y 
el de Claudia. (|Ue trabajaba en una fá- 
brica de fósforos. 

V alegres, completamente dichosos, se 
olvidaban de la sopa que se enfriaba en 
los platos, y con los codos sobre la mesa 
oían a Pedro que hablaba y hablaba ince- 
santemente, detallando proyectos v ha- 
ciendo cueitas con ayuda de los ded s. 
Cuando fueron a dormir, aún conversaban 
y todavía en la cama cambiaron ideas 
mientras los dos ])equeños dormían ))láci- 
damente en su camita, soñando qizá con 
los árboles de la ¡ilaya donde habían ido a 
pasear aquel dia. 

V ])asaron los días y los meses, y al 
cabo de dos años de ansias y de privacio 
nes el -.-errajero y su familia tuvieron otra 
alegría : fueron tcdos a ver colocar la pri- 
nx-ra piedra del cimiento <le las dos ha- 



bitaciones (|Ue habían nuuulailo construir. 

Cuando llegaron al .solar, vieron a los 
dos albañíles (|ue se disponían a trabajar, 
l'edro los saludó, ccn versaron un instante 
])orque eran amigos, y después empezaron 
la obra. 

El cerrajero, su mujer y Claudia los con- 
tem]laban en silencio, mientras los dos 
chicos saltaban y se revolcaban en un 
montón de arena, 

Al regresar al conventillo todos estaban 
silenciosos. Pedro era el que estaba más 
])ensativo. Por su imaginación pasaron los 
dos años de esfuerzos continuos empleados 
en ahorrar el dinero necesario ])ara pagar 
el terreno y construir la pequeña casa. Dos 
años de privaciones, de sobresaltos, de an- 
sias, de fatigas, de extraordinaria constan- 
cia en el trabajo del taller, Pero los tres : 
él. su mujer y Claudia, no se habían quejado 
nunca. "Es ])ara la casa" decían, y se con- 
formaban comiendo un pedazo de pun duro 
y bebiendo siempre agua. Claudia no se 
había hecho un solo vestido en los dos 
años. Con los pocos trapitos que tenía ha- 
bía ido pasando, remendándo'.os cuando se 
rompían y no fregándolos mucho cuando 
los lavaba y ])lanchaba por temor de gas- 
tarlos demasiado. Y la pobre madre, aquc- 



lia se mudó. I'"ué cu un dia de invierno, 
gris y lluviusü. Kl frío hacia lagrimear los 
ojos, una tormenta terrible se ¡¡rejiaraba. 
Muy aprisa fueron llevados en un carrito 
los i)ocos muebles y Peilro, su mujer y sus 
hijos quedaron instalados en la nueva casa, 
Claudia se afanó i)or colocar los muebles 
con toda coquetería y hubo discusiones 
cuando se trató de clavar un clavo para 
colgar un cuadro. Pedro no quería, porque 
decía que se estropeaba la pared. 

Cuando llegó la noche la tormenta que 
amenazó durante el día se desencadenó 
con gran violencia. Pedro, en la cama, es- 
cuchaba el estrépito del viento y del agua 
muy inquieto. Las puertas se sacudían con 
rudez y llegó un momento en que el cerra- 
jero no pudo estarse quieto y se levantó. 
Cuando encendió un fósforo vio que el 
agua invadía el cuarto. Muy sobresaltado 
exclamó : 

— El caño del patio no da salida al 



agua 




Ha nuijer rubia y flaca, desijués de li;up¡ar 
la casa y cuidar a los dos ])equeños toda- 
vía encontraba tiempo y fuerzas para la- 
var la ro])a de una familia muy rica que 
vivía en la vecindad. Eran días de priva- 
ciones sin cuento, de cálculos continuos, de 
temores incesantes. La casa, la casa, siem- 
pre estaba la sombra de aquella casa en 
|)royecto. interponiéndose entre ellos y las 
más insignifi.-antes satisfacciones de s'.i 
vida miserable. 

Y aquel dia por fin respiraban, y pen- 
sando en todo lo que habían tenido (|iie lu- 
char para construirse aquel hogar propio, 
donde el casero no vendría a exigirles el 
odioso alquiler, y donde podrían hacer 
todo lo que quisieran porque era de ellos. 
todo de ellos, únicamente de ellos, marcha- 
ban en silencio, abatidos por el inmenso 
esfuerzo realizado. 

Durante el almuerzo Pedro tuvo iinri 
idea. Se levantó antes de terminar la co- 
mida y salió diciendo : 

— Vengo en seguida. 

Cuando volvió traía una botella con vino 
y echando en los vasos, exclamó alegre- 
mente : 

— Hay que festejar, que diablo. — Bis- 
lante hemos deseado esto durante dos años 
— y todos bebieron riendo. 

Pasaron aún algunos meses, al cabo de 
los cuales estuvo concluida la casa. Las 
dos piezas y la cocina se elevaban en el 
centro del solar, blancas, m'iv blanas, hú- 
"■edas todavía por el agua de la argamasa. 
El dia que el carpintero la enfeeó con to 
das sus ])uertas nuevecitas, Pedro fué a 
recibir la llave. Dos d'as después la fami 



Y mientras su mujer y Claudia se levan- 
taban, él se puso rápidamente los botines 
y salió al patio. Un minuto bastó ])ara que 
se mojara com])letamente. Destapó el des- 
agüe y cuando entró de nuevo c i el dor 
mitorio temblaba como una hoja. Se cam- 
bió de ro])a. su mujer lo arropó, i)ero el 
frió no se le quitaba, .-VI dia siguiente ar- 
día de fiebre. Se 1! mó al médico y cuando 
lo examinó declaró que tenia pulmonía, 
.\quel organismo de obrero robusto estaba 
minado, tronchado como un roble por la 
polilla. Pasaron algunos días crueles : en 
la casita nueva se lloraba mucho. Hasta 
¡os ])et|Ueños estaban silenciosos en un rin- 
cón. Pedro, hundido en la cama, miraba 
tristemente las paredes blancas y casi no 
hablaba. Un dia vino el médi>'o y no re- 
cetó nada más que reposo. Y pasaron 
veinte dias. Pedro tosía mucho y mancha- 
ba los pañuelos de sangre ; cuando escupía 
la saliva era roja. 

L'na mañana el sol ])enetró en la ludii- 
tación ])or la puerta entreabierta. Era u" 
rayito amarillo y templado. (|ue hicía bai- 
lar los átomos de polvo con rápidos mo- 
virientos. Pedro se sentía algo mejor y 
se incorporó en la cama. Su mujer estabí 
sentada a su lado, más pálida y más flaca, 
con el pelo rpjo recogido -:on desaliño. 
Claudia había ido a la fábrica. El silencio 
era comjíleto. De pronto un i)ajarillo se 
])osó en el alero del tejado, sobre la ¡nierta. 
y cantó alegremente. Pedro levantó los 
ojos. Su mujer (|ue lo observaba dijo : 

— ■ Están haciendo un nido. 

Pedro quedó pensativo un instante. Toda 
su vida de trabajos pasó ante sus ojos, 
toda su vida de obrero, tronchada tan 
despiadadamente cuando se ])re])araba a 
ser un poco feliz. Contemplaba aipiella ca- 
sita (|ue era suya y (|ue había adquirido a 
costa de grandes fatio;as de heroicas ))ri- 

va';íores, y una tristeza infinita, una tris- 
teza de muerte, le empujaba un sollozo a 
la garganta. Después, siguiendo el curso 
de sus ideas, murmuró levemente : 

— .\ los ])ájaros no les cuesta casi nada 
una casa !. . . 

Y pocos ironientos <ies])ués. mientras se- 
guía ])ensando en su desgracia, murió sin 
violencia alguna, sin convulsiones, dulce- 
mente, sin apercibirse (|ue abandonaba l:i 
vida. 

-VI día siguiente, cuando sacaron el ca 
dáver. el sol alegraba la casita nueva, eme 
parecía más blanca y más risueña. Y Pe- 
dro se iba, se iba i)ara siempre, ])ara siem- 
pre ! . . . 

, . Hiiriqíie Crasa. 



bULUCI A — 



de Ntirses ^ 




LA asistencia de los enfermos no se 
coni])rende hoy como se concebía 
hace veinte años. Todo evohiciona en 
el mimdo. 

Cuidado de acjiíellos que no signen el 
movimiento que em])uja a los hombres ha- 
cia el lejano ideal ! 




Las Nurses rodeando a la Directora Interna 




Doctor Carlos Nety, en su despacito 

l'ara nuestros ])adres la enfermedad er.i 
una desgracia individual ; el enfermo les 
parecía un ser digno de compasión a (juien 
había que socorrer ])or caridad. 

Cuidar a los enfermos era obra ])iadosa 
y las personas que se consagraban a su 
cuidado estaban sostenidas en su vocación 
por el espíritu religioso y por la esperanza 
de una recompensa futura. 

Hoy ])ensamos (¡ue la enfermedad de im 
miembro de la sociedad es una desgracia 
para la sociedad entera. La gran familia 
social está herida en la ])ersona del enfer- 
mo. Ella le debe asistencia en interés de to- 
dos. La idea de caridad se ha completado 
con la idea de .solidaridad que eleva a la 
vez a aquel que presta los servicios y a aquel 



t|ue los recibe. Por eso aquellos que han te- 
nido la noción clara de esta evolución al 
fundar entre nosotros en 1913 la Escueli 
lie Nurses de la .\sistencia Púbüca han he- 
cho una obra nacional de fecimdo porvenir. 



Dar a la joven la co:iii)rensión de sus 
miiltii)!es deberes hacia el enfermo. Ense- 
ñarle no .sólo a calmar el dolor, suavizar U 
miseria física sino tan.bién desenvolver el 
carácter moral de la mujer en una jjrof esión 
hecha toda de amor, abnegación, de pacien- 
cia, de alegría coniimicativa ; encorazonar 
en ellas el instinto femenino del buen gusto 
y del orden. Esta es en síntesis la misión 
de la Escuela - Hospital de Nurses. 

El " Home " de las alumnas es el fruto 
bien per.sonal de la emoción femenina. 

Es el temp'.o sagrado, libres de arreglarlo 
a su modo, de adornarlo a su gusto. Cuan- 
to más aman ellas a sus enfermos, ellas <|ue 
encuentran en el dulce hogar ds la Escuela 
la sociabilidad y estimulo de la vida comi'ui 
y de familia, el descanso en las horas de re- 
cogimiento, tan necesarios al desenvolvi- 
UMento de la conciencia individual ! 

Todo en la mujer la señala y predestina 
a llenar las funciones de preciosa auxiliar 
del médico en el tratamiento de los enfer- 
u-.os. Es ella quien ])or el dolor y la ternura 
])erpetúa las generaciones humanas, es a 
ella a quien la naturaleza, por una admi- 
rable ])revisión. ha reservado tesoros de 
amor y de piedad ; que a estas virtudes se 
agregue un severo entrenamiento de pre- 
))aración física, intelectual y moral y ella 
sentirá j^rofundainente la conciencia de sus 

deberes y realizará su espléndida misión en 
la sociedad. 

Cuando amo considera ese rico tesoro dr 
jóvenes y ardientes energías que se encierra 
estéril en nuestras escuelas y universidades 
se sorprende de su inercia ajeno al dominio 
de las actividades sociales ! ¡ Cuántas ener- 
gías que encauzadas y cultivadas mejora- 
rían su jjropia condición y reforzarían vi- 
gorosamente el organismo social ! 

El ejem¡)lo de las fuertes y entusiastas 
energías femeninas que nos llega hoy de la 
Europa en sangre, debe servirnos de lec- 
ción y estímulo ¡jara organizar nuestras 
propias fuerzas aplicándolas al mejoramien- 
to en la obra de organización y regeneración 
de las casas de la Asistencia Pública. 



-\quel ejemplo viviente ])rueba cuan gran- 
de es el tributo auxiliar (|ue pueden a])ortar 
en luia obra tan vasta y tan compleja las 
energías entusiastas y disciplinadas de aque- 
llos que han sufrido menos porque menos 
han vivido y sólo guardan en el corazón el 
entusiasmo juvenil de la Esperanza ! 

En la formación del carácter reside el 
])rinci])al factor de una educación fuerte, 
ya sea en la mujer como en el hombre. Este 
carácter no se obtiene sino con ima com- 
¡irensión exacta de la vida ca])az de mos- 
trar todo su valor y su fin. 

.^hora bien, ¿dónde encontrar mejor fuer- 
za educativa que en aquella que pone i 
los jóvenes inmediatamente en marcha per- 
siguiendo el ideal que no ,se encierra en ei 
yo estrecho sino que aujilia v generosa- 




Señoríta Magdalena Veig-a, 
Directora Interna, en su despacho 



— SELECTA — 




Realizando la curación de una de las asiladas 



mente abre sus brazos a la gran familia 
humana que vive, sufre, trabaja y espera? 

Tiempo es en que las escuelas y universi- 
dades, demasiado absorbidas en los estudios 
literarios abstractos, donde las palabras do- 
lor y muerte no son sino fuente de goces 
estéticos, la juventud que penetra incierta 
en la edad de las energías viriles, aprenda, 
fuera de la pobre rutina profesional, a sen- 
tirse parte integrante de un organismo so- 
cial. Que aprendan a sentir los lazos de so- 
lidaridad social que si a veces son fuente de 
amargas decepciones lo son también de los 
más puros goces y de los más humanos. 

Que estas jóvenes sientan que forman 
liarte indisoluble de esta actividad vasta e 
infatigable, por cuyo medio la Humanidad 
aspira sin cesar a un destino mejor, más 
feliz, más elevado. 

Cuando hayamos aprendido a oir la vo.z 
inmensa de la miseria y del dolor que so 
eleva suplicante entre nosotros y a com- 
prender el vastísimo horizonte de la ac- 
ción útil y fecunda que se abre a todos, 
sólo entonces conoceremos todo el valor v 
.significado de la Vida. 

Ante obligaciones tan graves y apremian- 
tes ensenemos que la indiferencia es un 
absurdo y una deserción, el descorazona- 



miento es una falta con nuestros semejan- 
tes y para nosotros misiios. 

Cada día que pasa es el día solemne que 
no volverá jamás: el día de los grandes 
deberes (|ue cumi)lir valientemente! 



* 



La doctrina es hermosa y sugestiva. Por 
ella y para ella ])ueden darse con entereza 
entusiasmos y nobles sentimientos. De modo 
que si bello es entregarse a la obra cuando 
la obra está en marcha, extraordinario y 
digno de admiración es el esfuerzo inicial, 
que en el caso -de "La Escuela de Nurses " 
pertenece al doctor Carlos Nery, un hom- 
bre de ciencia, que siente el amor intensí- 
simo de la profesión, y con talento elevadí- 
simo y preparación excepcional arriba a 
culminar en un propósito que hoy tiene los 
caracteres de una obra trascendental. 

La Escuela de Nurses tal como está ins- 
talada es un modelo. Ubicada en la calle 3 
de Octubre y en un marco delicioso de jar- 
dín, allí se realiza el propósito de educar 
científicamente para curar y cuidar enfer- 
mos, con una amplitud digna de admiración. 

Como decimos antes todo es allí obra de! 
doctor Nery. Durante su larga per.nanen- 



cia en Londres, observó los establecimien- 
tos análogos al que ya funciona brillante- 
mente en nuestra capital, y con un caudal 
valiosísimo de experiencia desarrolló aquí 
un plan que merece la admiración y la gra- 
titud de todos. 

Desde la gran capital inglesa trajo el doc- 
tor Nery los elementos preciosos que le se- 
cundaron inteligentemente en su iniciativa, 
y hoy el establecimiento a su cargo tiene 
ya elementos de primera fila formados en 
él y a él vinculados con los hondos afectos 
que son de imaginar. 

Tan es así (|ue el conjunto de nurses 
está dirigido por la inteligente .señorita Mag- 
dalena Veiga, tina compatriota que honra al 
pais dedicando a ima labor tan inmensa- 
mente simpática los dones de su claro inte- 
lecto y de su bondad. Ocupa, con singular 
competencia, el cargo de Directora interna 
de la Escuela y en ella el doctor Nery tiene 
un elemento precioso de colaboración. 

Después de visitar este establecimiento 
modelo no caben más tiue homenajes al 
doctor Nery. fundador de la Escuela e in- 
cansable sostenedor de la misma. 

Es im nobilisiiro apostolado que Uev.t 
a cabo el distinguido facultativo con una 
abnegación admirable. 

Las nurses realizan con los enfermos que 
allí se asilan una práctica altamente cientí- 
fica y fuera del establecimiento se dedican 
a ejercer su profesión particularmente, cons- 
tituyéndose entonces en elementos insusti- 
tuibles dentro de un hogar donde se halla 
un enfermo. 

Junto a la Escuela de Nurses el doctor 
Nery tiene su con.sultorio. 

Verdaderamente asombrados asistimos a 
una consulta, a la que concurren los enfer- 
mos por muchas decenas. 

El caballeresco y distinguido médico 
atiende a sus enfermos, todos humildes y 
necesitados, con tal renunciamiento de todo 
otro propósito que el de darse por entero a 
su apostolado, que no iiodemos renunciar 
a tributarle aquí público y alto homenaje, 
aim cuando sepamos de antemano que con 
ello herimos la irreducitible modestia de 
quien se ha hecho acreedor al homenaje 
general, por sus altas virtudes galénicas y 
])or el talento y preparación. que en su obra 
nobilísima pone de manifiesto. 




Asistencia g'eneral de los enfermos. Una de las salas de la Escuela Hospital durante la tarea 



SRLECTA 




EL Cuiuitó (le Damas 
t|ue integra !a Comi- 
sión (le Honor de la 
Liga L'rngiiaya contra la 
Tuberculosis organizó una 
hermosa fiesta en el l'ar(|ue 
Hotel, a beneficio de la co- 
lecta (|ue se realiza anual- 
mente en ])ro de esta bene- 
mérita e ini])ortante institu- 
ción, cnyos fines nu pueden 
ser más altruistas y cuya ac- 
ción se Irice sentir poderosa- 
mente en la salud de nuestro 
pueblo. 

La Coinisión de Damas 
(]ue con tanta inteligencia, 
(dedicación y noble entusias- 
mo, preside la respetable ma- 
trona úoñii Bernardina !Mn- 
ñoz de De María, coiubinó 
]);Lra este festival ini progra- 
ma de sumo interés, en el 
cual figuraban niuiieros in- 
teresantísimos a cargo de be- 
IHsimas niñas, las cuales en- 
cantaron a la concurrencia 
con sus dantas y los cuadros 
jjlásticüs. 

-\ntes de comenzar la eje- 
cución del variadísimo pro 
grau'a. en el salón comedor 
se sirvió un té. al cual dio 
un alto prestigio social la 
distirguidísima corcurrencia 
(|ue alli bizo acto de presen 
cia. 

Luego se i¡asó al salón de 
fiestas y al'i se dio cnmnli- 
UMento al programa del fes- 
tival. Fué. como decimos an- 
tes, una serie de números a 
cual más hermoso y a los 
(jue la gran concurrencia 
prodigó verdaderas ovacio- 
nes. 

Se destacaron de entre es 
tos luímercs. algunos cua- 
dros ])lá.sti'"os. muy bermo- 
saiuente coirbinados v hábil- 
mente interpretados por el 
gentilisimo grupo de niñas 
(jue tuvo a su cargo taii in- 
teresantes números. 

El cuadro que fué de ho- 
menaje a la Liga mereció 
una prolongada ovación. 

Terminado que fué el pro- 
grama, cnmijlido en t(jdas 
sus partes, la orquesta eje- 
cutó algunas piezas de baile, 
las que ftieron aprovechadas 



^sTÍ^- 



%f^^ 








Señoras : Dolores Estrázulas de Piñeyrúa, Berta De María de Prat, 
y Oficíales del Estado Mayor de la Escuadra Caperton 




Señoritas: Stewart Vargas y Lossich Siri 




Cuadro alegórico de homenaje a la Liga Uruguaya contra la Tuberculosis 



]>UT el elementu juvenil que 
se entregó con entusiasmo a 
las dulzuras de Ter])sícore. 

El éxito de este festival 
como el de todos los (jue es- 
ta institución ba realizado y 
realiza, pru.'bau acabada- 
mente los prestigios (|ue la 
Liga tien: bien conquistado 
en nuestra sociedad y la im- 
posición (|Ue en el esuiritu 
público ha conquistado su 
vastísima obra de |)rofilaxis 
y de socorro. 

Las colectas anuales han 
obtenido siempre muy buen 
resultado y debieran en es- 
tos últimos años liab.'rlos te- 
nido mejor, si la situacio 
económica del ])aís fuera 
más desahogada. 

De todos modos, la labor 
de la Liga prosigue triunfal - 
mente y son algunos cientos 
los que forman en la legión 
de los reconocidos al socorro 
y al desvelo de esta insti u 
tión que honra a miestro 
jiaís. iK>T el cientifismo dv 
su acción. ])or la vastedad de 
la acción misna y ])i)r los be- 
llos resultado."- (jue de esa la- 
bor se obtienen. 

Por el éxito del festival 
(|ue da motivo a esta nota 
y por toda la gestión profi- 
cua que llevan realiz.-'da. fe- 
licitamos a la distiugnida C(j- 
misión de Damas, cuyos sa- 
i?eados jirestigios son base 
inconmovible ])ara el bu^n 
resultado de los esfuerzos 
(|ue se llevan a cabo y a los 
cua'es aportan las uobilisi- 
mas señoras todo el tesón di- 
que es bien niereTcdora la 
causa de los sufrientes y de 
los humildes. 

Creemos que es un deber 
que iin]¡one la constatación 
de hechos. es])ecializar esta 
nuestra felicitación a la dig- 
nísima ])residenta de !a Liga. 
^eñora Bernardina Muñoz de 
De María, quien por segun- 
da vez ocupa ese elevado 
cargo rodeada de todos los 
])restigios y desde el cual ha 
podido aplicar en Ijeneficio 
(le la Liga las dotes precio- 
sas de su inteligencia, de su 
distincii'ni v de su bondad. 



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EL LEÓN CIEGO 



( La edición cine acaba de ponerse a la 
venta, hecha por suscripción popular, de 
las obras escénicas de nuestro nialojírado 
dramaturgo, da oportunidad al siguiente 
juicio, aparecido el 17 de Agosto de 1911, 
dos dias después de estrenada aquella pieza, 
publicado en !a cróni:a teatral de uno de 
los diarios de Montevideo, bajo jiseudó- 
ninio. por nuestro colaborador, el doctor 
losé Pedro Segundo.) 



Ignoro que nadie hasta hoy. al menos de 
entre nuestros autores dramáticos, se haya 
aventurado a tratar el escabroso tema des- 
arrollado por Ernesto Herrera en la obra 
estrenada estas noches por la compañía del 
"Cibüs" ; puesto que si él rebosa de no sé 
qué suerte de bizarra grandeza, las difi- 
cultades de su ex]iosic!Ón. para nuestro pú- 
blico azotado jx)r las mismas pasiones de! 
drama, podría suscitar al autor, a poco 
que recargase las tintas de un bando, la 
animadversión de la sala. Con ser tan ])al- 
pitantes. desgarradores y trágicos los mil 
y im e))isodios de la guerra civil en nues- 
tro medio, sólo aquel serio obstáculo, en 
cierto sentido insuperable, ha ¡jodido ser 
el motivo por el cual no ha llegado a la 
escena el más fugaz reflejo de nuestras 
contiendas civiles, dejando de lado injus- 
tificadamente toda ima modalidad tan pe- 
culiarísima e inconfundible de nuestra so- 
ciabilidad que pudo tenérsela por única en 
un nioniento dado. El primer eloeio que 
debe tributarse al autor es la decisión va- 
lerosa ron que afronta en sii pieza tema 



tan arriesgado y la habilidad meticulosa con 
que, sin parcialidad por uno u otro bando, 
sigue su drama hasta donde ha debido 
llegar, sin mortificación para nadie, y so- 
bre todo sin abdicar de la rigurosa vera- 
cidad que es su mérito. 

Porque es necesario decir que de aque- 
llos tres actos tan interesantes y animados, 
es una impresión de verdad sobre'-ogedora 
la que surge irresistiblemente y de inme- 
diato. Con una parquedad de recursos que 
aparece a ocasiones como demasiado extre- 
mada. i)ero que se halla perfectamente 
concorde con la rusticidad del medio y de 
los tipos, ííerrera ha evocado eficazmente 
el ambiente campesino y pintoresco en su 
primitiva rudeza y azotado por el venda- 
bal revolucionario. Una gran sombra de 
fatalidad irremisible pasa, oscureciéndolos, 
sobre todos los destinos del cuadro ; y aun- 
que se diga en la obra que aquella raza 
l)redestinada se va, se la ve rea])arecer en 
los hijos que sueñan de instinto con aven- 
turas guerreras en el projiio momento en 
que la catá.strofe cierra, desgarrándonos, 
las alternativas del drama. Junto a tantos 
incidentes casi todos sin variación, pero 
(|ue no resultan monótonos, la pasión esta- 
lla y pulula con un tal fervor inocente que 
no es posible contener nuestras lágrimas. 
Porque efectivamente, "El león ciego" 
hace llorar y pensar: y es ésta quizá (a lo 
menos, en un cierto sentido) la más alta 
ponderación que ]nieda hacerse a una obra 
dramática. 

Tan npreciablcs episodios han consti- 



tuido en conjunto un éxito justificadisinio 
de la pieza de Ernesto Herrera ; pero ya 
que ha llegado tan airosamente hasta ahí, 
yo hubiera deseado verlo alcanzar hasta lo 
último. Jí-xiste cuanto pueda desearse de 
recomendable en la obra : argumento, no- 
vedad, interés ; ])ero si yo no vacilo en de- 
cir que "El león ciego" es un drama exce- 
lente, no diré que sea un gran drama." Es 
una lástima comprobar que el autor haya 
troi>ezado por honestidad artística, con el 
tipo destinado a exaltar los momentos 
dramáticos de su obra, puesto que si el 
l)rotagonista resulta verdaderamente hu- 
mano por la ceguera y el reinidio. ha per- 
dido también cuanto tenía de culminante 
y dominadora grandeza jjor ese apoca- 
miento fatal .Comprendo que Ouniersindo. 
especialmente en el último acto, sea para 
el autor el personaje imprescindible puesto 
que es por su boca i|ue habla : ])ero bien 
|)udo sustituirlo ])or otro, como por ejem- 
¡)lo, la vieja, que no es necesario c|ue muera. 
De esta conformidad y sin perjuicio para 
las reflexiones que el autor ilebe hacer al 
remate de su obra, pudo aquél vivir en su 
ley (lo que sería hermosamente dramá- 
tico), en vez de ajjarecérsenos tan desme- 
drado y caduco, que ya no es más (|ue un 
"estorbo" en la casa. Aquella resurrección 
de sus instintos guerreros, al ver pasar a 
lo lejos una división gubeniista, tiene un 
extraordinario interés y magnitud, espe- 
cialmente cuando reclama del niño (lue le 
traiga el "os:uro" con que quiere reunirse 
a sus fieles. Si para la economía del drama 
tal como lo ha planteado el autor, es cierto 
que el coronel debe quedar en la casa, 
¡ cuánta mayor grandeza trágica, ¡¡ero irre- 
sistible por lo verdadera y tremenda, no 
hubiera alcanzado el autor haciéndole sa- 
lir a la lucha, olvidado en un minuto de 
exaltación, de achaques, resentimientos y 
diatribas ! El final hubiera cambiado en 
detalle, pero no en lo esencial ; y el autor 
habría sacado ([uizá más ])artido abatiendo 
el desastre sobre las mujeres inculpadas. 

Fuera de esto y acaso sin pretenderlo el 
autor, la obra resulta un convincente ale- 
gato en pro de la sinceridad campesina. 
Es una justicia que era necesario tributar 
al paisano que hace nuestra grandeza y se 
desangra por el cintillo. El no tiene la 
culpa de haber nacido indomable, aventu- 
rero y belicoso, máxime cuando no repara 
en morir y padece sin queja la maldición 
del destino. Este aspecto del ])roblema está 
planteado por el autor con ima verdad sim- 
pática y simple : y ])uede servirnos de ejem- 
plo para probar que el arte sincero no ne- 
cesita denigrar a hombre alguno, .\parte 
alguna repetición (a la exposición de las 
ideas) y el lenguaje, alguna vez un poco 
suelto, la obra se escucha con marcado in- 
terés y el estilo es siempre apropiado y 
veraz como corresponde a los personajes 
del drama. 

No conozco ninguna otra obra teatral de 
Ernesto Herrera : pero esta es suficiente 
para informarnos favorablemente sobre 
sus aptitudes dramáticas. Tiene intención, 
evoca verazmente los ti])Os. parece como 
que adivina inconscientemente la escena ; a 
todo esto, le sobra una juventud bien tem- 
prana. Si no descuida esos excencionale> 
medios, es casi sesruro que la madurez na- 
tu.ral de sus dotes ha de darnos, nara el 
tiempo propicio, el autor que "El león 
cieeo" nos ha dejado entrever brusca- 
mente. 

José Pedro Segundo. 



— SELECTA — 



i^os o¡o@ úe 
Lady Rebeca 



— ¡ liah ! Creyentes o escépticos, tem- 
blando ante cualquiera de los rumores ([ue 
pueblan la noche o caminando con fanfa- 
rroneria de matasiete en las tinieblas, nin- 
sjuno de nosotros escapa una vez en su vida 
lie la visita del misterio... 

— Hombre, eso de que ninguno... — 
ol)jetó Carlos Quiñones. 

— Ninguno — aseguró con ])rof undo con- 
vencimiento Jesús Valsera. 

Estaban en una sala del Club, im salon- 
cito muy frivolo, sin carácter, decorado a 
la moda del siglo XVJll, con esa banali- 
dad amable (|ue acaba por convertirse en 
uniformidad. Por esa misteriosa atracción 
que ejerce sobre nosotros lo sobrenatural, 
sobre todo a altas horas de la noche, la 
conversación había ido a parar a esos ra- 
ros acontecimientos en (|ue el misterio pa- 
rece asomarse un momento a la prosa ano- 
dina de nuestra vida, y Jesús Valsera 
contaba .s"» casn. 

— No sé si ustedes, menos enamorados 
de Cosmópolis (|ue yo, habrán conocido a 
Lady Rebeca Wintergay. 

— Tengo una idea confu.sa — insinuó 
Carlos. — Creo (|ue pasó una " season " en 
Biarritz, pero yo nunca la encontré la be- 
lleza ad.nirable que decían. A mí me pare- 
ció siempre una muñeca bien vestida, pin- 
tada, enjoyada ; pero siempre eso. una cosa 
artificio.sa. falsa, es la palabra exacta; una 
muñeca. 

Con aires do confidencial misterio ase- 
guró Jesiis : 

— Es cierto ; tenia algo de muñeca, algo 
de la Eva futura de Barbey d'.^urevilly y, 
sin embargo, sus ojos. . 

— Si. me iiareció (jue tenia una mirada 
interesante. . . — asintió Carlos. 

— No, no — interrumpió Valsera con 
más vehemencia de la precisa ; — una mi- 
rada, no, unos ojos. — Y jirosiguió expli- 
cando su idea. La mirada es una cosa y los 
ojos otra. Hay ])ersonas c|ue nos atraen, des- 
])iertan súbitamente en nosotros una gran 
simpatía, nos conquistan y hasta llegan a do- 
minarnos por su mirada, y si vamos a es- 
tudiar, sus ojos son vulgares, insignifican- 
tes y, alguna vez, hasta feos. En cambio 
hay ojos admirables, pero fríos, inexpresi- 
vos, muertos como los ojos de las estatuas. 
I^os ojos de Lady Rebeca — prosiguió el 
narrador — eran de éstos. Dos esmeraldas 
o dos záfiros (eran cambiantes como las 
aguas del mar) de cabala ; dos geminas por- 
tentosas incrustadas en un trozo de ja.spe de 
un extraño blanco azulado ; dos peridotas 
robadas en el sumergido palacio de la hija 
del Rey de Is. Porque la única comparación 
que aquellas divinas pupilas sugerían era 
la de las piedras preciosas. Como ellas, te- 
nían brillo y, sin embargo, estaban muer- 
tas ; detrás de ellas no lucia esa misteriosa 
luz de inteligencia que es amor, odio, am- 
bición, entusiasmo o tristeza, no había nada, 
nada más que el vacío. 

A las últimas palabras sucedió una pausa 
silenciosa. Los otros dos. interesados por la 
historia, le escuchaban sin interrumpirle ya ; 
él continuó: 

— Nada más fácil en la vida frivola de 
Biarritz que acercarse a ella. Su lujo, su 
chic, aquella perpetua ostentación de joyas 
fabulosas y de trenes atrabiliarios me atra- 
jeron primero ; sus ¡lupilas me clavaron des- 
])ués. ¡ Y me enamoré perdidamente de ella ! 
l^ady Wintergay, como todas las damas de 
la loca caravana emigrada al través del 
mundo, era una gran flirteadora. Persona 
acostumbrada a tales homenajes acogiólos 



con amabilidad ; mundana esperta seguía el 
devaneo sin falsos .sobresaltos de pudor, 
pero también sin peligro.sos desfallecimien- 
tos. Y aquí e.stábairos. de la novela, cuando 
una noche . . . 

— ¿Una noche?. . . 

— Una noche de luna, una de esas ma- 
ravillosas noches de Biarritz. en que mar y 
cielo son como un prodigioso jjalacio de ojía- 
los en la lechosa claridad del satélite, hablá- 
bamos Lady Rebeca y yo acodados al ba- 
randal de Villa Sans Soucci. Había habido 
una fiesta de trajes, y Rabeca. vestida de 
Schezereda. toda envuelta en tules y gasas 
recamadas de j)lata y ])erlas, cuello 3' brazos 
cubiertos de perlas enormes, de portentoso 
oriente, estaba bellísima. La magia de la 
noche, la hermosura de la dama, el can- 
.sancio morboso del fin de fiesta, y tal vez 
¿por qué no? el champagne envolviendo mi 
espíritu en auras de melancolía, pusieron 
acentos de tristeza en mi voz, bañaron mis 
palabras de contenida pasión y vertieron 




en ellas, como un ungüento maravilloso, la 
amargura de los grandes dolores sin es- 
])eranza. Lady Wintergay parecía escu- 
charme con un anhelo hasta entonces des- 
conocido jiara mi, vencida mal de su grado 
por una súbita ráfaga de pasión. Las ma- 
nos destiozaban involuntariainente una flor ; 
el pecho palpitaba y en las pupilas muertas, 
en las misteriosas gemas de embrujamiento, 
brillaba una mirada húmeda y apasionada. 
Súbitamente habló. Su voz era suave y mu- 
sical, llena de inflexiones, de amor y de 
tristeza; ¡Jesús, por misericordia, por ca- 
ridad, por compasión, no me hable usted 
así! ¡-'\h!, ¡Jesús! ¡Jesús! ¡Si supiera el 
horror, el misterioso espanto de mi trage- 
dia ! Estoy condenada a ser así siempre, a 
ser una estatua de mármol, algo admirable, 
bellísimo, divino, pero que sólo puede con- 
templarse en la desolada glaciedad de las 
salas de un museo ! Mis ojos para que vivan 
es preciso que sean siempre eso, dos pie- 
dras preciosas que nunca, oye usted, nunca, 
pueden reflejar lo que siente el espíritu. El 
día — continuó trágica y fatal — en que 
mis ojos se alumbren con la llama divina 
de la pasión, ese día la llama misma los 
consumirá. 

Calló Jesús para encender un cigarro, sin 
que sus amigos, cautivos en el interés de la 
peregrina historia, osaran interrumpirle, v 
al fin reanudó : 



— .\sunlos de gnuí interés |>ara mi. ale- 
járonme a! día siguiente de la ]>laya fran- 
cesa y perdí de vista a la interesante cria- 
tura (jue por un momento estuvo a punto 
de turbar mi serenidad es))iritua!. Pa.só 
tiempo: de tarde en tarde tenia vagas no- 
ticias de su vivir andariego y. por fin. un 
día supe (|uc Lady Rcl)eca \N'intergay. abro- 
c|uelada en una gran ])asió:i. se había deci- 
dido a desafiar la terrible fatalidad (|ue se- 
gún ella ])esaba como un conjuro sobre su 
existencia. 

— i Bah ! — rió Carlos, irónico. — ¡ Que 
tú no le gustabas. . . y se acabó! 

Cuando sus interlocutores e.s))eraban una 
explo.sión de amor projíio. oyéronle decir 
con voz timbrada de tristeza : 

— ¡Ojalá! .\si por lo menos no hubie.se 
dejado una huella iml)orrable en mi re- 
cuerdo. — Des])ués continuó ; — Fui pa- 
sando el tiempo, reanudé mis correrías ])or 
líuropa y, im día. al entrar en el ::omedor 
de Montreux - Palace, me detuve yerto. 
; Sentada a una mesa frente a mí, aconipa- 
ñada de un caballero de aire discreto, comía 
Lady Rebeca Wintergay ! En la suntuosi- 
dad fastuosa del diniíig - room. en la reber- 
veración de las luces, en la escenografía de 
las plantas tro])icales. entre las mujeres cu- 
biertas de sedas, de ))Iumas. de pieles y de 
encajes, destacábase como una leina de le- 
yenda, la inglesa. Toda vestida de Chan- 
tillyes blancos sobre los que temblaban los 
fulgores de los diamantes y las esmeraldas. 
))ermanecia serena, estática como un icono. 
Estaba bella, infinitamente bella. ])ero con 
la belleza muerta que me inquietara en otros 
tiem])os. Sus pupilas maravillosas tenían aún 
menos vida que antaño y ])ermanecían in- 
móviles, fijas en un jnmto imaginario. Inú- 
til que me inclinase cortésmente. inútil que 
en todo el transcurso d; la comida no apar- 
tase mis miradas de ella. Lady Rebeca ])a- 
recía ausente, lejana. 

— Acabada la comida corrí al Burean del 
Hotel y i>edi los libros de viajeros. Allí es- 
taba Lady Rebeca Wintergay. Y tras su 
nombre otro no;nbre que puso en mi espí- 
ritu una inquietud irrazonada ; el doctor 
Nanetti. 

Hízose otra vez el silencio. Carlos y 
Montería escuchaban con esa inquietud con 
(|ue oímos las historias de aparecidos. Je- 
.sús parecía ])resa de gran excitación. Siguió 
la historia ; 

— Durante unos cuantos días viví pen- 
diente de aquella rara mujer. \'eíala en el 
comedor, en el concierto, en el auto, siem- 
¡jre en compañía del misterioso doctor, siem- 
pre inmóvil, con los ojos fijos en un punto 
imaginario siempre. Inútil que buscase una 
ocasión de hablarla a solas, inútil que ace- 
chara la .salida del médico, jamás, jainás 
])arecía dejarla. Al fin un día. . . 

Los cabellos de Jesús se erizaban, y he- 
lado sudor corríale por la frente. 

— .\1 fin, un día al atravesar una gale- 
ría, vi la puerta de su cuarto abierta de 
par en par. Miré dentro y... ¡Lady Re- 
Ijeca ! Estaba sola y vuelta hacia el balcón, 
líarecia abismarse en la contemplación del 
lago. Resueltamente entré. ¡ Más me valiera 
haber huido ! .W sentir el ruido que hice. 
Ladv Wintergay lanzó im débil chillido \ 
volvióse hacia mí tendiendo las manos como 
hacen los ciegos que temen desplomarse en 
un abismo. 

— Retrocedí mudo de horror. ¡ En el ros- 
tro de belleza estatuaria, en el nácar rosado 
d€ la piel en que la boca era co-iio una flor 
de pasión, los ojos habían desaparecido, y 
dos negros agujeros ponían el horrendo 
sarcasmo de la muerte, la atroz ironía de 
las calaveras ! ¡ Sobre una mesilla, como dos 
gemas de alucinación, brillaban los ojos 
azules! ,í. //. f. 



StLtCI A — 



EL 



5nob 





POR 

JOSÉ PE 
LASERNA 




fSnuh.' 

Y eso ¿ con qué se come ? 

Con lo que ustedes quieran y en su pro- 
pio jugo. 

El siioh no es un tipo de ayer por la ma- 
ñana. 

Niliil iKn'iim . . . 

-Aquí lo representa nuestro clásico y tra- 
dicional ¡Ícente. 

¿ Dónde va N'icente ? 
Donde va la gente. 

Kn tiempo de Panurgo ya hahia snobs 
en figura de carneros. 

Vean los modernistas cómo no han in- 
ventado ni eso. 

El panurynismo de ayer ncS es más que 
el snobismo de hoy, y el snobismo de hoy 
no e.s más que la selección, el refinamiento 
del i'iccntismo histórico entre nosotros. Mn- 
tatis mntandi . . . 

El snob es el Vicente chic, pcliiit, be- 
carre, smart, sícell. C|ue de todas estas ma- 
neras y otras más lo .sabemos decir cuando 
nos ponemos a snobear, vicentcar y panur- 
yuear. 

La corbata de moda, la iglesia elegante, 
el santo de última novedad . . . 

Este es el ideal de los snobs de ambi 
sc.xi; todo lo C|ue es moda, todo lo que es 
elegante, todo lo ([ue es bien, como dicen 
ellos. 

Y lo mismo en lo humano que en lo di- 
vino. 

Há poco — por ejemplo — se llevaba 
r. ucho el niño milagroso que tenía en su 
tienda un encuadernador de la calle de la 
X. X. 

Cayó el niño. 

Shoking. 

Luego, le dcrnicr cri de la devoción ele- 
gante fué San Expedito. 

¿Por qué cambian de santo igual que d? 
corbata ? 



lor eso. 

I'orque es. . . vcry sclect. 

Si fuese bien tirarse de cabeza i)or un 
Viaducto, quizá se tiraran, como se tira- 
ron al mar, uno tras otro, siguiendo el 
ejemplo del ¡¡rimero, sus antecesores los va 
.susodichos carneros. 

Las modas filosóficas, las m.odas litera- 
rias, las modas artísticas, tienen también 
sus correspondientes snobs. 

Especialmente el teatro es el caldo más 
apropiado para el cultivo y florecimiento de 
la especie. 

El snob teatral no ijasla nada de su jiro 
pió país, y se perece ]jor las novedades ex- 
tranjeras. 

Lo que fuera de aquí es indecente. a(|ui 
resulta hasta moral. 

Lo que aburrido en el París soñado, ale- 
gre e interesante del mar para acá. 

L'n cabotin de la foirc de pain d'epice 
se transforma con el viaje en un Máiquez 
o un Romea. 

Cualquier grote.sco. ])ornográfico y dis- 
paratado sainetón, encanto de dcbauchcs. 
rastaqourcs y dcmi - viercies, es el colmo de 
la suprema distinción y de la creme. 

Claro está que aquí y en todas parte.s 
hay muchos que distinguen de comedias, 
como de corbatas y de .santos, y saben poner 
ios santos y las corbatas y las comedias en 
sn punto. 

Hablo del snob - tipo, de esa calamidad 
simiesca, entusiasta inconsciente de lo nue- 
vo, jjor nuevo y no por bueno, que se crea 
un estimulo y es una remora, que se tiene 
por un Brummel y es un Isidro. 

Mi primo Tonito — ya murió el pobre - ■ 
era mío de éstos. 

Xo iba al teatro en todo el año — si se 
exceptúan los días de moda, soirécs fasliio- 
iiables V demás solemnidades, " a v?r quién 
había" ; — pero en cuanto se anunciaba una 
novedad extranjera, ya e.staba él allí de los 
primeritos. 

.\ntes le faltaría a Tonito el monocle — 



(|ue como no lo necesitaba, lo era de nece- 
sidad im])rescindible — que su abono a la 
comiiañía francesa, o portuguesa, o italian.t 
o lo c|ue fuera. 

Xaturalmente. no sabia italiano, ni fran- 
cés, ni ])ortugués — ni castellano, por su- 
l)uesto, — y se enteraba de lo que sucedí i 
en la escena con^'o el negro del sermón. 

Pero había imaginado, a pesar de ser 
tonto, una ingenio.sa martingala para hacer 
buen pa])el — segím decía el ])ro])io inter- 
fecto. 

Como estaba tan bien relacionado en ,',; 
litUite. se acomi)añaba al teatro de un agre 
gado a la Embajada del país de que ¡iroce- 
dían los cómicos, y se admiraba o se reía 
cuando se reía o se admiraba el otro. Va- 
naos, (|ue veía la comedia como los có- 
micos las hacen, con apuntador. 

L'na noche me jjresentó a su cicerone. 

— ¿lis usted -- le dije — el agregado do 
lurno que trae hoy mi primo? 

— Xo, .señor — u'e replicó afablemente 
el joven diplomático. — El agregado siem- 
l)re es él. 

Otra clase de snobs más nocivos y mo- 
lestos son los (|ue conocen las obras y en- 
tienden el idioma. Estos van siempre de- 
lante de los cómicos y del ])úblico, explican 
lo que va a ocurrir, traducen y comentan 
lo que ha ocurrido, madrugan y se ríen 
del chiste antes del chiste, y no dejan ver, 
ni oir, ni entender, ni vivir al de la butaca 
de al lado. 

¡ Si al menos fuesen tan eruditos en lo 
nuestro !. . . 

Pero... 

Ya Iriarte lo dijo: [ 

Español (|ue tal vez recitaría 
(|UÍentos ver.sos de Boileau y el Tasso. 
es jíosible que ignore todavía 
en qué lengua los hizo Garcilaso. 

OilMiJM de SíaiitnnA. 



'V- 



— SELECTA — 






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María del Carmen, 
Juan Andrés y Enrique Carril Urta 



Era el 16 de Enero de 1317, en Mendoza. 
U de gloriosas tradiciones. 

Un calor sofocante invitaba a la tradicio- 
nal siesta, que daba a la capital el aspecto 
de ciudad dormida. 

El G'ncra] San Martín estaba terminando 
las últimas dísDosiciones de su gigantesca 
cruzada libertadora, casi fantástica, y las 
grandes fatigas de su vida de actividad im- 
ponderable, habían alterado seriamente su 
salud y padecía de un tenaz insomnio, según 
consta en la historia del procer, escrita por 
el General Mitre : « San Martin no dormía 
pensando en los inmensos y escarpados mon- 
tes que tenía que atravesar su ejército». 

El General, que había velado toda la no- 
che última finalizando hasta los más peque- 
ños detalles concernientes a su próxima cam- 
pana, estaba descansando con un sueño lige- 
ro que el máv leve ruido interrumpía. 

Remedios acar ciaba dulcemente la rizada 
cabellera de su hijita, quien de vez en cuan- 
do fa besaba en silencio, convencida de que 
debía respetar la consigna de velar el sueño 
de su padre, evitando cuanto pudiera moles- 
tarlo. 

De pronto se oyó el trote de un caballo 
que se detenía en la puerta de calle, siem- 
pre abierta, y luego un dialogo que fué 
tomando visos de altercado, entre el asisten- 
te que hacía la guardia con orden de no de- 
jar entar a nadie. 

Despertado el General, apareció en la 
puerta del dormitorio preguntando lo que 
ocurría. Ella fué a inquirir el incidente y 
regresó diciéndole con su dulce sonrisa; 

— Es una viejzcita que vino í caballo y 
trae un gran envoltorio que quiere entregarte 
personalmente. 

— Que entre, — dijo él, mientras tomaba 
en sus brazos a la nena. 

Un momento después, Remedios introdu- 
cía a una vieja, pobremente vestida, trayen- 
do con fatiga, sudorosa y sofocada el atado 





María Lilia Etchevest Zuviría 



cedes... Sí me dan permiso pa besarles las 
manos a los dos, me víé contentasa ! 

Ambos extendieron sus manos, y la pobre 
paisana, después de limpiarse la boca con el 
rebozo, las besó con unción, como algo sa- 
grado, y se retiró. 

La niñita, que había contemplado en silen- 
cio la escena, dijo: 

— Papasito, yo quiero que me bese a mí 
también la mano la viejecita, y darle dos na- 
ranjas para ella y su hija. 

— Anda, hijita, y realiza tu buen deseo. 
La nena presentó sus manitas a la paisana 

quien se las besó, ron lágrimas en los ojos, 
y esperó-.-. Volvió Ja niña y entregó sus 
naranjas, encargándole que no se comiese las 
dos, pues una era para Juanita 

Al salir la mujer, volviéndose hacia el Ge- 
neral le dijo, con voz profunda, profética : 

— Vea señor, esa frazada íe trairá suerte 
porque está todita llena de bendiciones de 
una vieja que rogará toditos los días a la 
Santísima Señora del Carmel, por su mercé 
y sus soldados. 

— Así lo espero, y hasta la vuelta— con- 
testó el jefe. 

Remedios, saliendo detrás de ella, la hizo 
aceptar y«rba y azúcar para que tomaran 
mate en su nombre. 

Y San Martip, ai envolverse los pies en la 
gruesa manta, pensando en su esposa y su 
hijita, recordaba, emocionado y agradecido, 
el amor y la abnegación de aquellos habitan- 
tes que no habían omitido sacrificio alguno 
para ayudarle en los preparativos de la mag- 
na campaña que su mente genial había con- 
cebido y que su férrea voluntad realizó en 
pro de ia libertad de las naciones hermanas. 



Catíta Góme2 



que depositó a los píes del militar, al que sa- 
ludó con la clásica frase de : 

— Dios lo guarde a su mcrcé, señor Gene- 
ral, por muchos años. Es el caso, que dendc 
que se corrió la noticia d'esta gixerrA que 
parece una pesadilla, pero lindoza al mesmo 
tiempo, yo, con m'faija. qu'es muda la po- 
brecita, nos pusimos de tarea a tejer esta 
frazada pa que se engúelva los pieses su 
mercé en la pasada e la Cordillera, »nde 
hace tantísimo frió que al fínao mí viejo se 
le chamuscaron las puntas de los déos en una 
ocasión. Porque sí se le infrcan a su mercé 
los pieses, le puede dar la punA. que es ma- 
la enfermedá, u cualquier otro ira] pior 
(que Dios no permita); pero estando bien 
abrigao no hay ci:idao nenguno, y la patro- 
na puede estar sigura de que su mcrcé y los 
soldaos pasarán sobre las lomas de la mon- 
taña lo mesmo que las águilas- Gücno, ano- 
che nos himos amanecido yo y la Juanita 
cardando la frazada que ha salió gruesa y 
peluda que da calor de sólo mirarla, mas 
que no ha quedao muy bonito el píntao de 
la guarda, por el apurón con que la himos 
tejió, y como somos lerdazas y el telar está 
más viejo que yo, ^u mcrcé dispensará los 
defectos, mirando sólo la giiena inteocióo. . . 

San Martín y Remedios miraban alternati- 
vamente el donativo y la donante, verdade- 
ramente emocionados. 

— Mil gracias, cxc¿lcnte paisana; acepto su 
generoso regalo, y dé. en nuestro nomWe. 
las gracias a su hija; — y sacando de su bol- 
sillo dos monedas de plata, tal vez las úni- 
cas que poseía, se las alargó, diciéndole: — 
Acepte estas moneditas para que tomen mate 
en mi nombre. 

La vieja se negó a recibirlas, diciéndole: 

— Yo le aprecio la volunta a su mercé, 
pero me daría pena pensar que se ha mez- 
clao plata al regalito que le traiba y que ha 
sio hecho pensando todito el día en sus mcr- 



R. Puebla de Godov. 



Luis Alberto Muño* Casterés 




Carlos Pérez Gomar 



— SELECTA^ 



^Y- 



EL que sufre el reglaje, goza 
el viaje. Hsto. que debiera 
ser una máxima en todo 
aeródromo, por la sencilla a la 
vez que poderosa razón de que 
a mi me conviene, la puso en 
práctica el Infante don .■\lfonso. 
y Dios se lo pague. 

Le había acompañado en dos 
pruebas de reglaje, y yo os ase- 
guro que el ejercicio de temple 
espiritual que se hace yendo con 
él a estos ensayos, es muy sano. 

Encabritamiento. picado, saca- 
corchos, todo continuadito y en 
su .^"-ado máximo. Hay que te- 
ner estómago de marino inglés. 
y aun asi hacen los ojos chíri- 
vitas y llega un momento en que 
parece que tragamos una nuez 
entera. Y en tanto él. cuando el 
aparato está casi perpendicular 
al suelo, y vemos el surquito fjue 
nos ha de recoger en su seguro, 
se vuelve sonriente, y señalando 
con el brazo extendido el ex- 
tremo del ala (|ue gira ?obre 
nuestras cabezas, dice: 

— \'ea. vea. ya no vibra más 
(pie a((uel tensor. 

Yo asiento con la cabeza y me 
(juedo con deseos de contestarle : 
— Señor, yo también vibro una 
miajita. 

Pero una vez pasadas estas 
pruebas, ya puede asegurarse que 
el aparato está como un diaman- 
te, que dicen los hebreos. 

Y a la mañana siguiente, pre- 
via cesión del puesto por el te- 
niente Olarte — ; colmado sea de 
bendiciones!. — nos vamos al 
éter, orgulloso él de su aparato 
y yo aún más por acompañar al 
augu.^to piloto. 

La tierra está tentadora, brdla 
la nieve en el Guadarrama, el 
motor ronca poderoso, ya no vi- 
bra ni el alambrito de la vispera : 
me señala la dirección de El 
Escorial : debo poner una cara 
de júbilo que le hace sonreír y 
enfila decidido la montaña. ;Qué 
dicha volar en un dia tranquilo, 
en un buen aeroplano y con un 
gran piloto! 

.\bajo van pasando : Retama- 
res: a la izquierda queda Villa- 
viciosa, que tantas veces he vi- 
sitado ; el monte de Boadilla, que 
salpica la tierra de puntos ver- 
des, tierras de labor. Hacia Ma- 
drid y en toda la cuenca del Man- 
zanares, una gasa blanca cubre 
la tierra. Viajamos a goo metros, 
flemasiaclo bajos: los puebleci- 
llos muestran sus sencillas pla- 
zas y producen sensación de églo- 
ga. Como en aero la conversación 
es algo difícil por el ruido del 
motor, hablamos i)oco y me de- 
dico al monólogo. 

Iba ensimismado, a la vez que 
gozaba de la visión del paisaje, 
sin preocuparme de otra cosa 
sino de que aquella nubecilla cir- 
cular que forma la hélice si- 



Una excti&rsión al Erscorial 




en Aeropl 
. el Infante 



con 
n Alfonso 




TEAM JOCKEY CLUB 

Ricardo Gómez — Beníamín Capurro — Carlos Rtviere — Carlos Zumarin 

Ricardo Zumarán Gualberto Rodríguez Larreta — Carlos Rodríguez Larreta 

Jorge Maschwitz — Arturo Alvarez Mouliá ~ Fernando de la Sierra — Jorge Barbat 



o ooaaoaaoaDaoooDQODaaaoaooaDDoaaai 



icáJÉ^áfeoí 



DDOoooaooaooaoooaooooDoooaaaoooa ° 



¡ UN PARTIDO FAMOSO § 

o a 

a oaoooaaoaaaoaaooaaaooaacaooooaaoooocooooaaaaooaciooaDaaoaooocoQaaaaooaDaa o 

a o 

° Fué un partido " formidable ". Algo que dejará recueriíos imperece- g 

g deros. g 

g Los dos teams se portaron heroicamente. g 

g Se luchó con bravura, con arrojo, sin miedos y sin tachas. Todos g 

^ Caballeros Bayardos. g 

g Un grupo selectísimo de concurrentes, en el que predominó el elemento g 

g femenino, fué un entusiasta coreador de las proezas realizadas por los g 

g jugadores. g 

g No puede decirse que alguno de los jugadores estuvo flojo. g 

g i Para qué ? g 

g Todos estuvieron colosales y el entusiasmo del público estuvo a punto g 

g de desbordarse en diferentes ocasiones. g 

g Dio el Kik el Ministro de Instrucción Pública Doctor Don Rodolfo g 

g Mezzera. g 

g Y a los 18 minutos de iniciado el partido Barbat hizo el primer g 

g goaL g 

g Hubo incidencias de todo calibre y el triunfo correspondió, al. team g 

g del Jockey Club. g 

D Q 

O QooooaaoaoaooaaoooooaaaaaaaooaQQQ^^A^r^^iDaooaooaaoaaooaaoQOQOooaQoooaaoa o 



■JlJWiil- 



a í 




o TEAM CÍRCULO D2 TENNIS g 

a o 

a Rodolfo Sarda— Enrique Real de Azua — Eduardo Castro — Joaquín Serratosa o 

O Mario Pascual — Alien Crocker — Sidncy Buck Enrique Lasala — Doroteo Williman g 

O Juan José Arteaga — Juan Carlos Da Silva a 

° <? 
^ooo O DaDOOoooaDoaaüOQaooooooQoaooaooooaooDoaoaoooooo 00000000000000000000^ 



guiera redondita y transparente, 
cuando una sacudida algo vio- 
lenta distrajo mis pen,samientos. 

Llegábamos a la Sierra ; el rio 
Guadarrama corre por unos ba- 
rrancos profundos y el terreno 
comienza a ponerse hosco. Pienso 
que un aterrizaje allí sería a 
pro])ósito para dedicarse después 
a la venta de astillas, y vuelvo 
a mis banales pensamientos ; pero 
un meneo más fuerte me indig- 
na un poco. 

— i Bah ! serán los gnomos del 
Escorial; ¿pero qué importan los 
íinomos llevando un Mercedes? 
— digo jugando puniblemente el 
vocablo. 

El Escorial está a nuestra vista. 
Los montes de Siete Picos, La 
Maliciosa, reverberan al sol. El 
espectáculo es soberbio. 

Un tercer meneóte más fuerte 
hace casi patine a S. A. el vo- 
lante que antes llevaba confia- 
flamente con una mano. 

.\ partir de allí el camino se 
hace insoportable: los meneos se 
suceden rápidos y bruscos ; cada 
vez más intensos. Las corrientes 
encontradas de la Sierra nos za- 
randean como a un papelito. Tan 
pronto sentimos levantarnos de 
golpe como descendemos, de proa, 
a veces de un costado, otras del 
otro. 

Su Alteza, que no corrige nun- 
ca, sino que deja que por si solo 
el aparato se restablezca, mueve 
el volante y los pies. Yo le (liria 
de muy buena gana. ¡ Rumbo a 
casa! pero cotiozco el temple de 
su alma y confio en él. 

El Escorial está muy cerca. 
Unos minutos más y estaremos 
sobre él. ¡¡ero ; qué minutos ! 

Ya distinguía perfectamente los 
detalles del Monasterio, disparé 
mi máquina, y rapidisimamente 
hube de agarrarme al cinturón 
de Su Alteza con una mano, 
mientras con la otra oprimía con- 
tra el pecho mi cámara, porque 
me vi fuera del aparato. El me- 
neóte fué bruta!. S. \. volvió el 
rostro indicándome que aquello 
estaba imposible, y vi gozoso que 
viraba. 

Proa a Cuatro Vientos ya. su- 
frimos como si nos dieran dos 
puntapiés para echarnos de El 
Escorial, y a los tres minutos la 
calma se restablecía completa- 
mente. 

; Qué felicidad volar en medio 
de ella! ^ 

.\ la hora tomábamos tierra en 
el Aeródromo, y por todo co- 
mentario S. \. me dice al des- 
montarnos : 

— ; Hemos tenido un viaje un 
poco duro ! 

Y yo, que aunque me esté mal 
el decirlo, estoy algo acostum- 
brado a las fatiguillas aéreas, me 
quedo estupefacto repitiendo la 
frase de Cuchares : 

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Doña Tuana Silua de Uióal 





ñctuante en la época más esplendente de \a Inflepen- 
dencia y Óe la organización nacional, fué una de 
las matronas que descolló con moa acenlucóos prestigios 
en la sociedad de entonces. R su entusiasmo, que no tuuo 
¡amds desfallecimientos, a su bondad ilimitada, se debe 
en gran parte la fundación de la Sociedad de Qamas de 
Beneficencia Pública, institución que fué la saluaguarda 
de todos los hogares humildes. En los solones brilló con 
toda la magestad de sus prendes físicas y morales. Uin- 
culada su uida a la del esclarecido facuItatiuD don Rntonino 







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LA 



NUEVA SIRENA 




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Ha recibióo las 
últimas noueóaóes para 




Pnmauera y Uerano 



moóelos exclusíúos 

Traies 

y Sombreros 





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nrioóelüs exclusiuos 
en 

TrajeB 

y Sombreros 




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C. Pfeiff & Cía. 

Bartolomé ÍDitre y Saranóí 



mOHTEUlüEO 



ANO I - NÚM. 8 

MONTEVIDEO, DICIEMBRE DE J9J7. 

Oficinas; CIUDADELA, 1387. 




DIRECTOR: JUAN CARLOS GARZÓN 




HLVespués 

ac la 
Tliíisaclcdjuífo 



Ipa ]\ Lavídad de nuestras abuel 



vLopía tic un (|icib(iclo tic fti época. 



— JítLtCIA 



LA BANPERA 



PEL 



PRECURSOR 



Discureo pronunciado en el 

"■ Teatro Solis ", 

en el primer centenario 

de la Bandera de Artigas 

(Año 1915) 

Señoras ; señores : ' 

Permita el cielo que mi voz vibre esta roche 
con sonoridades de bronce; que escale alto el 
l)eiisamiento y el corazón se agite estremecido 
]-or la grandeza de este día meridiano ; que haya 
una armonía perfecta entre mi palabra interpre- 
tativa y el sentimiento que adivino en el suges- 
tivo fulgor de vuestros ojos : necesito esa ins- 
piración purísima para hablaros de la bandera de 
Artigas en la hora de su primer centenario, por- 
que esa bandera es la Igualdad, la Democracia, 
la República,, el Derecho, pero por encima de 
todo, más alto que todo, esa bandera es la pa- 
tria misma: la patria sin guerra civil, hermana- 
dos todos los orientales en la misma aspiración 
de vida soberana : la patria donde se guardan 
cenizas de muertos queridos y se mecen las cu- 
nas que anuncian la aurora de una vida nueva. . . 
la patria donde el cielo es más azul, el aire más 
puro, los prados más verdes, más cristalinas las 
aguas, la raza más altiva, las doncellas más be- 
llas, las esposas más puras, las madres que saben 
preílicar con más altura la suprema religión del 
sacrificio. 

.•\ la manera como los padres sienten predi- 
lección y centuplican su ternura para el hijo que 
más ha experimentado la adversidad y el con- 
traste, los pueblos colocan en la preferencia de 
sus grandes amores todos aquellos símbolos que 
encarnan altos ".deales y que recuerdan a la vez, 
lágrimas y sacrificios, infortunios y dolores. Sar- 
miento, en su bella oración a la bandera — la 
nota más alta de elocuencia del genial escritor 
— nos describe el espectáculo que presenció en 
Norte - .\mérica. donde desfilan doscientos mil 
soldados, en "un torrente de hombres, hierro, 
acero y bronce". Cada regimiento lleva su ban- 
dera y toda vez que la multitud advierte el sím- 
bolo nacional, aplaude frenética : mas de pronto, 
custodiada por treinta y seis soldados — resto 
de todo un regimiento — aparece ' ' una percha, 
una vara llena de sablazos, con la moharra me- 
llada y rota, pero gloriosa como ninguna" y 
ante esa asta que tiene un girón de bandera, des- 
colorido por la lluvia y el sol, manchado por el 
humo de la pólvora, salpicado de sangre, des- 
pedazado en el combate, el pueblo entero pro- 
rrumpe en llanto, recordando el campo de Gues- 
burg, donde cuarenta mil americanos han dado 
su vida por la patria. 

Hoy, al ver a Montevideo embanderado con 
el pabellón de .artigas, más de un patriota habrá 
sentido taníbién. como el pueblo de Washington 
en la ocasión referida por Sarmiento, los ojos 
nublados por alguna lágrima pronta a rodar. 
Ksa bandera que la .América entera debe venerar 
como la única bandera del republicanismo puro. 
es la gran calumniada de la historia : primera 
en la gloría, pero también, primera en el infor- 
tunio. Hay blanco y azul de cielo en sus fran- 
jas, que sólo la grandeza de un firmamento que 
no tiene fin puede simbolizar la ilimitada gran- 
deza de esa enseña... hay. en esa roja diagonal, 
sangre de martirio sudada por Artigas: ese mar- 
tirio con que la humanidad flagela a sus gran- 
des benefactores, llámense Galileo, condenado a 
ceguera por su iiiirar profundo en el espacio, 
o la cicuta de Sócrates o los grillos que opri- 
men a Colón, o el puñal que ultima a Lincoln 
y jHjr encima de todo, el madero que atormenta 
a Jesús; martirio que convierte la vida de Arti- 
gas en un eterno calvario, en los dolores del 
éxodo, en los cuatro años 'de la invasión por- 
tuguesa, donde de sesenta mil habitantes entre 
hombres y mujeres y niños que componen la po- 
blación de nuestra patria, diez mil muertos, diez 
mil anónimos, que han quedado en las hondo- 
nadas y valles, en la calvicie de los cerros, os- 
curos, ignorados, sin cruces ni plegarias, sin 
tumba ni féretros, "sin tañido ni recuerdo'... 




martirio que se acrecienta a todos los instantes, 
cuando se le (laclara fuera de la ley. a precio su 
cabeza, aquella cabeza genial, caucásica, de óvalo 
perfecto, de ojos azules llenos de ternura y de 
relámpagos, nariz de águila, enérgico el mentón, 
recio el perfil, las comisuras de la boca contraídas 
en un recogimiento meditativo, frente alta como 
si de ella fuera a brotar un mundo ; martirio que 
lo acentúa la traición, luego la calumnia a través 
de la historia y esos treinta años enterrado vivo 
en aquel sepulcro del Paraguay donde Gaspar 
Francia como una limosna, le da amparo, sin 
pensar que en el correr del tiempo, como dijera 
un poeta aludiendo a un exilado gigante. Arti- 
gas le otorgaría al dictador la suprema limosna 
de hacerlo inmortal por haber dado asilo a su 
gloriosa grandeza sin mancilla. 

Cuenta una leyenda sentimental cantada por 
la musa inspirada de Heine, cómo en cierta co- 
marca de la tierra surgió la vida ante el magno 
sacrificio y el canto dominador de un ruiseñor. 
El cielo estaba muy azul, poblado de nubes blan- 
cas, inmóviles y tersas. El ave, en un supremo 
anhelo de sacrificio, con el pico se abrió he- 
rida, extensa y penetrante, en medio del pecho. 
A la manera como brota el agua de potente sur- 
tidor, la sangre de la herida corrió abundante. 
Manchó de rojo la tierra, pero se vio, al breve 
tiempo, en la mancha roía, transformarse la 
sangre en un rosal. A\ venir la aurora del nuevo 
día. la planta apareció cubierta de ro,sas, de ro- 
sas encarnadas como llamaradas de incendio. La 
voz del ave de la leyenda hendió el espacio y ante 
sus trinos, vinieron pájaros de todos los contor- 
nos, porque esa voz era un mensaje de abnega- 
ción, de concordia y de amor, al mismo tiempo 
que brotaban lirios azules, violas y alelíes, oli- 
vos y castaños, almendros en flor : pero los trinos 
del ave deberían vibrar en todos los instantes, 
bajo el sol radiante como en la noche inquieta y 
misteriosa, porque si esa voz se apagara y tornase 
el silencio, doquiera reinaría la muerte : las flo- 
res, marchitadas, perderían su fragancia, el nido 
su calor, el césped su verde y los árboles roda- 
rían por tierra como encina fulminada por el 
rayo. 

Como en la leyenda podría decirse que Arti- 



gas se hizo una herida profunda en pleno co- 
razón al abandonar para siempre el suelo nativo, 
en un renunciamiento que no conoce precedente 
en la historia; como en la leyenda era menester 
la voz del ave en todos los instantes para que 
reinara la vida, así también aquí, necesitamos 
(jue la voz de la tradición artiguista vibre en 
todos los momentos, porque el día que esa tra- 
dición, que a todos nos une. de tenaz resistencia 
al invasor y de porfiada defensa de nuestros 
fueros, se borrase del corazón de los orientales, 
^podríamos estar seguros que en nuestra patria 
reinaría la noche, la noche sin aurora de los 
pueblos que pierden su indei)endencia para con- 
vertirse en vasallos o esclavos de extrañas so- 
beranías. 

Vosotros conocéis, señores, el sueño genial de 
Bolívar : renovando la vieja fórmula de los 
griegos que tuvieron sus anfictionías en Del- 
fos, creyó que del golfo de Méjico a los ma- 
res que protege la cruz del Sur, el continente 
todo podría congregarse en una gran confe- 
deración americana, -^caso no hay que desespe- 
rar del sueño gigantesco del Libertador. No 
sabemos ante esta formidable catástrofe enro- 
I)ea, si estamos frente a la tumba de un mundo 
(|ue se va. frente a la cuna de un mundo que 
nace, pero no será difícil que al correr de los 
Uistros venideros, en suprema armonía de fra- 
ternidad y de amor, se convierta en realidad la 
noble quimera de Bolívar : entonces, señores, la 
confederación izará como enseña de .América la 
bandera de .«Krtigas : la única en el Continente 
(pie simboliza la Repíiblica, que no juró adhe- 
sión a Fernando VIL ni pensó con Belgrano 
y San Martín en la testa de coronado príncipe, 
ni habló con el lenguaje de Bolívar del consula<lo 
vitalicio : enseña de los altivos, de los oprimidos, 
de los libres, ante la cual la Democracia ame- 
ricana ha de descubrirse diciendo en hora de 
reparación histórica que pronto llegará: ¡Salud, 
bandera de .'artigas ! ¡ Salud, inmaculada bandera 
de República ! ¡ Salud, señora de los inmortales 
destinos ! . . 

He dicho. | 

í('ííj/ii'»í//w» Bcllrán. 




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por sos virtudes, por su clara inteli- 
^ gencia, por la autoridad social que 
inviste, Doña Enriqueta Latorre de 
Costa ha impuesto en su respetabilí- 
simo hogar todas las exquisiteces y 
todas las noblezas que constituyen su 
más preciado blasór, y que sus hi- 
jos han recogido y conservado como 
invalorable herencia. Matrona de altos 
prestigios, ejemplo de bondad, fué la 
compañera del gran estadista Dr. Án- 
gel Floro Costa, y es boy una figura 
altamente representativa de nuestia 
más culta cocied<d. 



— SELECTA — 




En el comedor del palacio, bebiendo una copa de champagne por los dueños de casa y el éxiio de la fiesta. — Señoras de Henderscn 
Back, Lamme, Norton, señoritas Alvarez Mouliá y Hunié, Ministros Baltasar Brun y A. Mitcheil Innes y señores Henderson, Hughes y Garzón. 



FUE una fiesta de tan novedosa bri- 
llantez, que ella ha de quedar en el re- 
cuerdo de todos los que tuvieron la 
dicha de asistir y será evocada siempre como 
uno de los más soberbios esfuerzos indivi- 
duales en pro de una idea altamente bené- 
fica. 

La distinguida señora doña Beatriz de 
Henderson merece los más calurosos plá- 
cemes. Fué su propósito organizar una fiesta 
excepcional y en verdad que lo consiguió 
plenamente. 

En su magnífico parque ubicado en la 
calle Lucas Obes el festival se desarrolló 
con un derroche de buen giisto. La decora- 
ción no pudo ser elegida con más acierto : 



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parque 




el parque es una verdadera maravilla ; el 
boscaje algo encantador y las flores en abun- 
dancia que se diria ilimitada, impregnaban 
el ambiente de todos los más delicados 
f)erfumes. 




Momento en que el Exmo. Sr. Ministro de Inglaterra abrió el acto con un breve discurso, que fu¿ entu- 
tUitsmente aplaudido. Podean al Sr. Mitcheil Innet, nuestro Canciller 7 miembros del Comité de Honor. 



¿Cómo no resultar una fiesta estupenda, 
la que en tan encantador escenario se rea- 
lizara ? 

La señora de Henderson y la Co;riisión 
de Damas que tuvo a su cargo la completa 
organización de la Kermese al aire libre, no 
se dio punto de reposo en su labor y así 
el más resonante triunfo coronó todos sus 
afanes nobilísimos. 

Lo producido por esa magnífica fiesta se 
destinó, demostrando con ello un ecuánime 
criterio y un noble deseo de hacer el bien sin 
limitaciones, a la Sociedad Cristóbal Colón, 
a la Sociedad San Vicente de Paul, a los 
pobres de Villa Muñoz y a la Cruz Roja 
Británica. 

La Comisión de Honor y la Comisión Eje- 
cutiva estaban compuestas por un núcleo de 
distinguidísimas damas, que con sus pres- 
tigios sociales. aseguraron a la Kermese el 
más resonante éxito. Todas esas damas tie- 
nen en su haber honroso muchas y muy im- 
portantes obras de caridad, pero esta Ker- 
mese pone en sus merecimientos un verda- 
dero galardón. 

Jamás en Montevideo se ha visto una 
afluencia tal de concurrencia, en una re- 
sidencia particular. Desde la dama más al- 
tamente colocada en sociedad, hasta la más 
humilde. En una simpática afirmación de- 
mocrática, todos (los potentados como los 
modestos), contribuyeron a la obra benéfica 
con una generosidad admirable. 

La Kermesse se prolongó por varios días 
y siempre con una concurrencia que sobre- 
pasó los cálculos más optimistas. 

En la magnifica residencia se habían ins- 
talado diversos kioscos, un tinglado bella- 
mente decorado y diversidad de entreteni- 
mientos. 

Y fué realmente encantadora la vista de 
aquellos kioscos, donde núcleos de bellas y 
distinguidas señoritas, vistiendo trajes ca- 
racterísticos, vendían con una gracia atra- 
yente y una exquisita amabilidad, los obje- 
tos de arte y fantasía que se habían rece- 



— SELECTA^ 




Uno de los kioscos de venta — Señoras: Platero de Wilson, Mané de Hughes, Pereíra de Pietracaprina, Boffil de Lasala, Back de Cooper, 
y señoritas : Margarita Benzano, Celina Costa, Esther Alvarez Mouliá, Marieta Morquio. 



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lectado con ese objeto, superando las dona- 
ciones, todas las más risueñas esperanzas. 

El Excmo. señor Ministro de Inglaterra, 
Mr. Mitchell Innes, al iniciarse la fiesta 
dirigió, desde el escenario construido en 
medio de la fronda, unas elocuentes palabras 
a la concurrencia. Fué el discurso de aper- 
tura. Las frases del señor Ministro, de justo 
elogio a la labor realizada por las Conisio- 
nes de Damas, y de admiración por la be- 
lleza de la fiesta, fueron recibidas con gran- 
des aplausos por la concurrencia. 

En el momento que el diplomático britá- 
nico dirigió la palabra a los presentes, es- 
taba acompañado en el palco, por el Excmo. 
señor Ministro de Relaciones Exteriores, 
doctor Baltasar Brum y por la Comisión 
de Honor. 

Inmediatamente de inaugurada la fiesta 
en forma tan solemne, la concurrencia se 
dispersó por el soberbio parque, agolpán- 
dose en los kioscos, donde las hermosas 
vendedoras comenzaron su tarea. La venta 
adquirió proporciones inusitadas, aunque nu 
fué eso de extrañar, pues se llevaron a la 
subasta objetos de gran valor y muchos de 
in-])ortancia artística. 

Pocos momentos después de iniciadas y 
cuando las dos mil personas asistentes a 
la Kermesse se entregaban al placer de la 
])ermanencia en el her¡roso parque, el co- 
aredor de la regia mansión de la señora 
Henderson se abrió para dar entrada a un 
reducido número de invitados, los cuales 
fueron gentilmente obsequiados con una 
copa de champagne. Estaban presentes en 
ese instante el señor Ministro de Inglaterra, 
el señor Ministro de Relaciones Exteriores, 
los señores de Henderson y algunas damas 
y caballeros. 

Y mientras en el salón - comedor se fe- 
licitaba calurosamente a la dueña de la es- 
pléndida residencia por la soberbia fiesta 
organizada y ofrecida a nuestra sociedad, en 
el parque la concurrencia realizaba la más 
eficiente obra de caridad contribuyendo con 



su óbolo al reclamo de las distinguidas se- 
ñoras que constituían la Comisión Organi- 
zadora. 

Las damas, gentilísimas, lucían sus toi- 
lettes de colores claros, llenando los jardi- 
nes con la elegancia y coquetería que las 
hace tan seductoras. 

Y todos, agradecidos a los deleites que 
¡jroporcionó la interesantísima fiesta, única 
en los fastos sociales de estos últimos tiem- 
])os, permanecieron en el amable ambiente 
hasta muy entrada la noche. 

Durante los días en que funcionó la Ker- 
messe, la afluencia de público fué siempre 



nniy grande, exce])CÍonal, y de esa suerte 
el resultado obtenido, y que se entregó a 
las instituciones de beneficencia antes nom- 
bradas, fué muy importante y muy hala- 
gador. 

Nosotros unimos a ¡as fecilitaciones calu- 
rosas y elocuentes que los señores de Hen- 
derson recibieron, por su nobilísimo y es- 
pléndido gesto caritativo al ceder su gran 
])arque para la realización del festival, 
nuestras felicitaciones más sinceras, con- 
vencidos de que nada es más justo que este 
homenaje tributado a personas de tan ele- 
vados sentimientos. 











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El público frente ai tinglado oyendo los cantos y presenciando los bailes 
que constituyeron el atrayente programa. 



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Ú] En el comedor del palacio, bebiendo una copa de champagne per los dueños de casa y el éxito de la fiesta. Señoras de Henderscn 

'J¿ BacU. Lamme, Norton, señoritas Ah'are: Mouliá y Hunie, Ministros Baltasar Brun v' A. Mítchell Innes y señores H^nderson, Hughes y Garcón. 



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Kn -a na-niía-.. ¡.an|::.- a^K■a■.^l m la i...->-a ir ai^. . rnranla.i..i- \ la- í;..rr- ni ai.an- linalaricaír-. a la Si.rir.la.i (.'ri-l.'.lial Col.'.ii. 
..aür i. ara- 'i!m- ,-1 íi--:-\a: -r il,--arr. lil.". .laiuaa .|ar -r .liria iliaiila.la. iai] ivr^nalian ;, ¡;, Sorir.ia.l San \ irruir .ir l'anl. a 1"- 
.-.iii Mil .lrri-..,-lir .ir liarii Lia-l'.. I .a .lia-i!-a- ri anil.irnir .!.■ i.i.l..- i..- nía- .iiaira.l. .- ]..il,rr- .ir \ illa Mnñn/ \ a ia Crn/ Iviia 



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raii\a r-lalian cnaipiir-ia- |"a- nii iiurlm .i-- 
.ii-linyni.ii-iina- .i.ania-. .|a ■ ron -a- \»\-~ 
1;l:i.>- -i;aialr- a-r^araiaat a la l\rraa--r ri 
nía- rr-.aianlr r\iln. Tu.ia- r-a- .iaaia- lir- 
nni I n -a lialirr iiunru-i, inariía- \ niiu i.ii- 
laiUr- liia-a- .1.- rari.la.i. |.ia-.. r-la Kn-- 
na-r ]riiir rii -II- iiK rrriaiiriiin- iiii \[aaia 
'iría, i^al.ai'.ic ill. 

Jaira- ni Miinlr\aiirn -r lia \i-in una 
ailaniria lal .|r ciniriiia'nuaa, tii ana rr 
-i.iniria ].aniriilar. i )r-.ir la .lama nía- al- 
lamniir riil.,ra.la ni -..rir.ia.i. iia-!a la ma- 
im 1 iiiir. ÍMi ana -impaln'a alirmaram -i' 
iia.rralira. ti..i..- i!.,- | » .u nla.ii i- r.ann l.r- 
m. 1 lr-1..- I . r. lima' lia \ na .11 a la ..lira li lu-íira • 
r. iii mía L^riirr. i-:.iai| a.iaiiraiilr. 

i .a l\rnilr--r -r | irnli ill^.'i |i.ir Miriii- .iia- 

\ -¡rai|irr r.iii ¡Illa rniuairrnuaa .|ar -..lnr- 
jia-ii i'i- ralriili.- ma- n¡iii iii-ia-, 

l-'ai ia iiiaL;iii íii'.a rr-i.iniria - ■ iiaiiian iii-- 
ilain .lurr-.i- Ivi.i-rn-. mi liii;;"'a.ii i iirila 
a riilr .Irmrai.i \ .ln n-i.ia.i .j.' nilrrlnii 
niiria. 1-. 

^ liir rralairiiir (airanlaiiiira la \i-la .i ■ 
a.|arii..- Ivi..-r.i-. .ii.ii.ir nnrlr.i- ,ir iirlia- \ 
.li-liiiL;iii'ia- -rñiiriri-, \a-lirn.i.i Irajr- ra 
riK'li la-lir. .-. \rii.iiaii r.iii una ui'.'naa aira 
Momento en que el Exmo. Sr. ¡Vimistro de Inglaterra abrió el acto con un breve discurso, que tuí cntu- >nilr \ ana r\.|m-ila ainalini.i.a. I, m- nlijr- 
siastamente .aplaudido. Podean al Sr. Mitchell Inncf, nuestro Canciller y miembros del Comité de Honor, I"- 'la IH'I ' ^ lail'a-ia i|ai- -r lialii.ail laaai 




SI^LÍICI A 




Uno de los kioscos de venta Señoras: Platero de W'ilson, Mané de Hughes, Pcreira de Pietracaprina, Boffil de Lasala. Back de Coopcr. ;i) 
y señoritas : Margarita Benzano, Celina Costa, Éstlier Alvarec Mouliá, Marieta Morquio. 5 



'lOial'i i'i 1:1 1- ■ oiiii i! I. ~:!]icri:iil.i la- ^lniia- -;i .■l.iiln al n\-¡a:ii'i 'K- la~ .li-l!!i;^aMa- -■ ■i-!\ L;i'a;iMi-. i\ia¡i.->.aa:. . 'i'- i -a -■¡, V; 

i-ara--. Ii:.la- la- 1IKÍ- la-a.-ña- r-|. aMU/a-. ñ'ira- ¡¡-.u- Oip!i-;ÍKiiaii la l.'.iaii-!. . a 1 Ir^aiil ■•■'. rr-aaa-l.. m],i.ii:1i. \ .¡-v. -:■ r-':v.-L;" 

l-'.l |-'.\.-aai. -rñ.ir Miiii-lia, ^K- Inulalrrra. /alura. la- i-a-:-ra>-:.iar- i ■ li.airí;.-. ii.-a aa' ■- ii. .ni 
Mr. Marlull Inac-. al iiiiciar-r la íi.-i.. I, a- laa-a-, i;,:ii!:i-'a'a-. laiaaii -i- I"' a'a^la-, f:r :ra> iai] ..riai;;,- \ ai;, lia'a 

.liri-Í!'. Ji—K- r] r-i-aiavi.i lain-lianli . ;ai aau- \c c>>]:ir.-- claia.^, lliaaii'b ■ 1. ■- i:,r 1- -a^.r. 

111, 1¡,, ,|r la íroa^la. ana- rl.Hau-nU-- i.alalira- in- >a.a la, .■!; uraiuaa > ,-■' <:\rUv:\ .pr la- /,..-..; r, ,- aiii i:^ .- a la - f, ■,■■;■• i. a ,a^-- -.;! ■ 

a la ruih-urnau ;a. I'ur rl .li-ciir-i. ^U- a|Ha-- liaar laa -.■.ru-l..ra-. r'i-a- \ , iM.-anii,-- a-'r l.i- ~,íí.,v,- la II,- 

, 1, a _,.,-,, ,r Mlawir.i ,l,-ia-i, ^ l.l..-. a !■ i'a i lia-MM- a In- iKlir.a- I!.- lii'-í.i' laa-'naaa,::. •■ ¡r -a a. ilr':-: '■. 1 \ ,.- 



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\ .ai.li'l..ra- a. 'iiira/ai'i.ti -a I.irra. I.:i \aaila 
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-alia-la ..¡lirl..- .Ir '^y.íw \al.>r \ niaalia- .h- 
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I'. .a..- na .111. MI. .- .l.-piir- .Ir ini.aa.l.a- \ 
anan.l.í la- .1..- mil par-mía- a-;-;anir- a 
1.1 l\.taiir--r -r rn i iaa;al 1.1 11 al plaa. i" .U- i.a 
pnaraia laa.a rii rl li. lai..-.. |.ai"i|aia rl .a. 
ar.|..r ilr la layia niaii-i.'in .1- la -.i'inra 
Mrn.lrr-..n -r alna.'. ].ara .lar rnira.la a nn 
rr.lnri.l.i nnaaa-.i .|r iiualail.i-. 1..- rnalr- 
i'nrr.iii m lunniiaiu- . .li-r.|iiia.i..- a. ai 1111:1 
aii].a .|r v-lian:| ¡ai^iua l-'.-lal)an |.r.--'aiiir- ,11 
r-r in-laiiU- rl -la'iMr .\lini-ir.. .Ir ln;_;lalrrra. 
rl -ii'ii.r .\lnii-ir., .ir Krlaai. .nr- i-'.\lariarr-. 
1.1- -rñ.ir- .Ir i l( ii.lrr-..a > aluaaa- .i.aaia- 
\ .'alíala m-. 

^ iiiirnlra- rn rl -al.m a.i.iir.li.r -r ir- 
laalaiía ralani-.ana ni a a la .Inrña .Ir la r-- 
|.lrn.ii.la rr-álmaia |".r la -..lua-Iiia lu--la 
nryaiii/a.i.a \ oi'rrai.la a iiaa-lra -. .ai.-.la.l. n 

.1 ¡jai"'|iir la a. .lU'arrriuaa laali/alia la n:a- El publico frente al tinglado oyendo los cantos y presenciando los baile 

.a"i,-a.iii,> ..lirrt .!.■ . -ala. la. I .a Hit ril 111 \ . ai. I. ■ .aiii que constituyeron el atravente croerama. 



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— SELECTA — 




Señoras : PrUto de Martínez, Marquesa Maestri Molinarí, Madame Ketcls, Señora Estrada de Estrada, Señora Lcrena de Yéreguy, Señora Pringles de Abente Hacdo. 

Señoritas de Vidrella y Azevedo. Señores ; Marcial Martínez de Ferrari, Ministro de Relaciones Exteriores Dr. Baltasar Brum, Plenipotenciario de la Argentina íeñor Caries de Estrada, 

Plenipotenciario del Brasil Señar Cyro de Az!/¡Ío. Pl;nt33tcn:iario d; Sioiñi Señor Siívio Fernández Vallin y Alonso, Plenipotenciario de Inglaterra Señor Alfredo Mitchell Inés, 

Plenipo enciario d- Italia Marques Maestri Molinari, Encargado de Negocios de Cuba Señor José María Solano, Hncargado de Negocios de Bélgica Señor Lnnque Ketcls, 

ETCargado de Negocios del Paraguay Señcr Luís Abente Haedo, Ministro dzl Interior Dr. Pablo Varzi, Ministro de Hacienda Don Federico Vidielta, Ministro de Instrucción Pública 

Dr. Rodolfo Mczzera, Introductor de Diplomáticos D. Fermín Carlnsde Yíreguy, Secretario de la Presidencia de la República D. Arturo Brizuela, Doctores Juan Antonio Buero, Enrique Buero. 

Edmundo del Cas¡tlIo, Matías Alonso Criado y Señor Pablo Minelli (hijo). 



NUESTRA sociedad testimonió su afecto in- 
tenso y su galantería exquisita al ofrecer a! 
señor Marcial Martínez, ex Ministro de 
Chile en nuestro país y a su distinguida esposa, 
doña Carmela Prieto, una serie de suntuosos ho- 
menajes, aprovechando su hreve pataje de despe- 
dida por nnestra cap.'tal. 

La gentilísima señora Celia Alvarez de Amé- 
zaga presidió la Comisión dé Damas que tuvo 
a su cargo la organización del te danzante que 
se ofreció a los esposos Martínez - Prieto en los 
salones del Club Uruguay. 

Fué la fiesta deliciosa, una brillante exteriori- 
zación de las hondas simpatías que conquistaron 
los homenaieados en nuestra sociedad, en los 
años que el caballero don Marcial Martínez re- 
])resentó en el Uruguay a la gloriosa República 
de Chile. Al reunirse todo nuestro gran mundo 
en los salones del Club Uruguay, donde la fiesta 
alcanzó un brillo singular, no hizo otra cosa que 
retribuir, en forma galana, todas las atenciones, 
delicadezas y afectos que los esposos Ferrari - 
Prieto tuvieron para con la sociedad montevideana 
en su larga estadía entre nosotros. 

De esta suerte, no pudo extrañar a nadie, que 
a tnn ilustres huespedes, se les ofrecieron en plei- 
tesía, comidas, tes, saraos, etc.. y como corona- 
miento admirable a esas atenciones delicadísimas, 
la reunión en el Club Uruguay, cuyo éxito fué 
de tal magnitud que ha de ser recordado en mu- 
cho tiempo con verdadera admiración. 

Kl tlía de la recepción, a las 5 y 30 los homena- 
jeados hacían su entrada en el srran salón del 
Club. La señora Alvarez de .A.mézaga, en compa- 
ñía de su e-^po-so. el doctor Juan José de ,\mé- 
zaga, aguardaba a los esposos Martínez - Prieto, 
en el hall de nuestra aristocrática institución, 
para rendirles afectuosa acogida. Rodeados por 
un selecto número de sus íntimos los obsequiados 
hicieron su entrada al Club. 



enafe a los 
esposos .^ 




Iniciada asi la recepción, las horas transcurrie- 
ron velozmente en aquel ambiente de refinada 
elegancia y de verdadera distinción. 

Una orquesta ejecutó las piezas de baile más 
en boga y los entusiastas por la danza aprovecha- 
ron la atrayente circunstancia entregánílose a los 
amables y elegantes giros, con veríladera jiasió i. 

A las 7 se pasó al gran salón - comedor, donde 
un soberbio lunch fué servido. Allí pudimos admi- 
rar en toda su brillantez soberana a la concurren- 
cia que dio a esa reunión tan alta importancia 
social. 

Desfilan atrayendo las miradas todas, sub\u- 
gandü con la esbeltez de sus siluetas i:n|)ecabíes, 
extasiando con la riqueza y buen gusto de sus 
toilettes las señoras y señoritas que dan extra- 
ordinario relieve mundano a la recepción. 

\" asi veo pasar ante mi, y obligándome a ren- 
dir en admiración todos mis sentimientos : a la 
señora Margarita Uriarte de Herrera, sencilla, 
aristocrática, con la serenidad majestuosa de una 
soberana; a la señora Celia .Alvarez de .■\meraira, 
que ofreció el admirable contraste de su toilette 
Legra, ue su sombrero negio, uc su ecnarpe üei 
mismo color, con la blancura de su rostro, mar- 




Banquete ofrecido por el Excmo, Señor Ministro de Relaciones Exteriores a los esposos Hartiner- Prieto 



fil maravilloso, donde se reúnen todas las deli- 
cadezas de la línea ; a la señora María Merce- 
des Cíbils de Castellanos, reina entre tantas rei- 
nas de belleza y de elegancia, dominadora como 
una sultana, en cuyos i'asgados ojos negros re- 
posan todas las expresiones tempestuosas del 
afecto. Encerraba el ébano de sus cabellos un 
sombrero de plumas blancas y conservamos en la 
retina el encanto de su imagen sorprendida mien- 
tras que con admirable elegancia saludaba a unas 
personas de su relación y sonreía mostrando dos 
hilos de perlas tras de sus labios ; a la señora 
K'isa Rodríguez Larreta de Estrázulas de una 
elegancia modernísima, parisina, selecta ; a la se- 
ñora Rosina Pérez Butler de Blanco Acevedo, 
que envuelta en un traje color rosa, era la en- 
carnación de un símbolo de poeta ; a la señora 
Margarita Brunel de Barreiro. cu\'a suprema ele- 
gancia destacaba aun más la distinción impecable 
de su silueta : a la «eñora María Angélica Pla- 
tero de W'ilson, de gallarda arrogancia, domina- 
dora, espléndida con su toilette correctísima, 
adornado su corsage con varios hilos de perlas, 
altamente chic. 

V haciendo nn esfuerzo y poniendo a prueba el 
poder de mi impresionabilidad, recuerelo aún a 
las .señoritas: Plácida N'illegas Suárez, Margarita 
Idiarte Borda Platero, María Magdalena V'illegas 
Márquez, Margarita Cat Alvarez. Amelia Már- 
LU.'z Vatza, Mece es Aroeena Folie, Martha I).le- 
.•^ias Castellanos, Ernestina Muñoz Oribe, María 
Elena Wilson, Margarita Saavedra, Marieta 
Morquio, María Luisa Díaz Eournier, Isabel ü" 
Brien, Esther Altamirano Villarnovo. Corina Seré 
Rücker, Sara Torres Cabrera, Orfilia Solari, Es- 
peranza Basáñez, Paulina .\lgorta Cantuso, Ame- 
lia Burme;-tcr, Julieta Spangemberg, Virginia Mi- 
-helerena, Elvira Zorrilla de San Martín, Silvia 
X'ictorica, Laura Wilson Castellanos, María Te- 
resa Piaggio Garzón, Zulema Giuffra, Blanca 
Gorlero, Mercedes Castells Carafí, Silvia Ace- 
vedo Braga, Erna Figari Castro, .\delina Pérez 
Montero y María -angélica Montero Buítamante. 
¿Habéis alguna vez imaginado un jardín maravi- 
lloso, jardín de hadas, de ensueño, jardín versi- 
llesco. jardín donde las flores tuvieran rostros 
de belleza divinal, de tersura alabastrina, de to- 
nalidades semejantes a los arreboles más deli- 
cados y más tenues en un tramonto excepcional ? 
¿Habéis imaginado, repito, un jardín de leyenda 
oriental, que no soñara Semiramís, ni Príncipe 
moro, ni Kedive suntuoso, ni Raiah fantástico? 
Pues un jardín así, parecióme ese grupo de ni- 
ñas distinguidísimas, cuyos nombres mi memoria 
ha guardado como un tesoro. La coloración ad- 
mirable de los rostros de unas, el perfume es- 
piritual de otras, la elegancia impecable de todas, 
la gracia encantadora de éstas, la coquetería, el 
donaire de aquéllas, las hacía, ;oh!. sí, flores 
de maravillosa belleza, que adornaron iíis salo- 
nes del Club Uruguay como pocas veces lo he 
visto, y fueí'on la más estupenda guirnalda que 
pudo idearse para el homenaje a los ilustres 
huéspedes : el diplomático chileno y su esposa, 
cuyo recuerdo ha de perdura; en nuestra socie- 
dad con toda la intensidad de la cortesía, cultura 
y bondad que originaron tan señalada ofrenda. 
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Pío- ir"to>-.OT,f:<. Jol Er,i>-.! Sofi .- Cv> ■ -io -\ : ■. ■ i ., --" --i • ■ n i i ■ -i ■ r£ - ..i . Son -r ^I ^ ■ > Ko ti n-io " \' ni n \ A .m- n Pioin;- .to.i nii-iM io lni:;.i'ori.i Nvunf Al-io.ín M-( hoü 'no 

Pion.l-.. on nrn. i inic M.n^io- M n --•i , M .|nn,. n En .-o.iÍm ,1o N.^n ,n^ do C.in íom.r l.<0 M..1..1 ,Sn:.i".i. l., i,,.ji,, Jo Noí.nm- Jo fco ."-.n-i l-,n. ^,, K.-.~. 

El. ir.nil- J.- N.,". ..- >.! F,i-..o-(,v S,n-, Ln. Al.l.o HuJi. Mnt..ro J-i ln!Cr,.-r Dr. I'..!-:.. V.iv.:.. M.n.-.m J. Hi onj, U.,n Ko Join . n V ■. J . o ! 'n Min,,'... .¡o In m , n.„ i',,!: 
1>,.. KnJ.nl., Mo,- :o ... I..t.nl;, n.r Jo Ii,;-:nin..., n. \>. Hornnn il inl . ■ Jo Yo, o.n.y. So.TOI.irio. Jo l.i IV0-. 'onon. j. ;.i i-'o-,,! !, , 1> A.nn-., Emnolj. Do -..,0 I.n.n Ann n .. i;,,,,. . Knn^,,. 1 

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— 5»tLtCIA 




EL TIMÓN 



Pensador solitario el timón es instinto 

Y es meditación sobre el gran laberinto 
De los solemnes mares. Es el mago-piloto 
Que da luz a las sombras y razón a lo ignoto. 
Es el genio latente; es la suprema ley, 

Dócil como un pastor y altivo como un Rey ! 
Su ciencia ilimitada abarca los destinos 
De todas las edades y de todos los sinos, 
Al enigma descifra y descubre el arcano 
Del misterio infinito que guarda el océano. 
Tiene alma y voluntad; debe de ser intensa 

Y ruda su mirada cuando en la noche piensa. 
Cuando a solas medita en hondas soledades 
Contra el embate recio de sordas tempestades. 
Gozoso de trazar en su obscuro aislamiento 
El cauce que destruye la voluntad del viento. 
¿Dónde escondes tu clave geroglifico mudo? 

I Quién ha templado el nervio de tu valiente escudo ? 
¿El hombre? ¡No ! Mentira. El hombre te ha forjado 
Rudamente en el molde, pero tú has hallado 
En el crisol la idea y tus fibras vibrantes 
Engarzan de los astros sus prismas de diamantes 

Y tus luces que irradian del ocaso al oriente 
Sobre el caos lanzaron, este reto: ¡Detente! 



por 



Luz que se interna a solas y las noches sorprende 

En su meditación; luz que se enciende 

Con más intensidad sobre la mar inmensa 

Como diciendo al brazo que le gobierna: Piensa! 

Arado palpitante que en las grandes mareas 

Vas dejando en el surco un semillar de ideas. 

Noble alma de acero, farola del Destino 

Que con tu lumbre de oro te labras el camino 

De la posteridad. íQué fuera del valor 

Si tú no le prestabas al gran Conquistador 

El tesón admirable de tu porfiada ciencia? 

^ Qué fuera de la audacia y de la inteligencia 

Si tu ayuda negabas al genio alucinado 

De Colón que veía este mundo ignorado ? 

I Qué fuera de la raza, de su saber profundo 

Si de tu ley se apartan, Padre del Nuevo Mundo? 

Nada de nada. Señor! 

Tú eres de nuestras patrias el grande Redentor. 

Tú eres el texto sacro que todo lo compendia. 

El corazón vigía, la clara luz que incendia 

Todos los horizontes con su extraño arrebol. 

Tú eres el pensamiento, tú eres el crisol 

Que funde los espacios, trenes nervio de sol ! 



— SELECTA — 



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/'^omo una admirable encarnación de todas las per- 
fecciones de la raza, surge ante nuestros ojos, 
esta dama tan distinguida, tan culta, tan gentil y 
tan virtuosa. De una belleza esplendente. Doña 
María Mercedes Cibils de Castellanos es compa- 
rable a un astro que irradia en nuestros salones: 
orgullo de una sociabilidad que tiene su definitiva 
imposición ante el propio y el ajeno concepto: 
y alirmación de un espíritu elevado y exquisito. 



— SELECTA — 



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"-^ ecos DEL ULTimO rñmPEOHRTO DE TEHHI5 , ^^^ 

_ Qamaa y caballeros que tomaron parte en el Campeonato de Tennis, reallzai^o en el Circulo de Pocitos. 

Señoras: Platero de Real de Flzúa, Fuentes de Sardo, Garabelll de Platero, Coop^r de Buct;. — SenDritas: Diga Setieres Hoffman, Blanca Butler. 
Concepción ñmézago, Blanca Broue, Raquel Dupont y niuarez, Florentina Bútier. Señores: Sarda, Croctier, Platero Fyn, Rodé, Figari, Legrand y De Firmas 



^OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOI 
iCOOOOOOOOOOOOOOODOOOOOOOOÓOOOOOOQOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOi 



ERA bajo las frondas de Araiijuez, en los 
bordes del Tajo y a la luz de la luna. Ver- 
bena de la Corte española distraída de los 
negocios públicos y acogida al recuerdo de otras 
cortes famosas por el amor y la galantería. Mii- 
sicas enervantes ponían en el espíritu un amar- 
gor de melancolía en pugna con el holgorio de 
las discretas damas, regocijadas por el ambiente 
picaro que las envolvía, con el rumor creciente 
de la intriga amorosa y la esperanza del escándalo. 

Decíase que la Reina... 

El gemido de los violines aún no era bastante 
para empañar la comezón criticona de los caba- 
lleros, más puestos al platicar que al bizarro juego 
de las armas. 

Hablábase sin rebozo de un caballero militar 
que merecía singulares afectos de una mujer in- 
signe por su cuna y alabada por su hermosura 
como por su discurso ameno. En los labios de 
los parlachines no hallaban sino finezas y loas los 
dos amantes, sin reparar en que el incienso, que 
era para el militar riquísimo perfume de Oriente, 
irritaba los lagrimales de un marido, que andaba 
por medio, tan coronado por su pueblo como por 
las liviandades de su egregia esposa. 

En el corro de la Duquesa de los Arrayanes 
(que con algún mote andaluz hemos de conocer 
a aquella dama andalucísima), jactábanse los con- 
tertulios de la amistad con que les honraba el 
afortunado amante, y no daban reposo a la len- 
gua ideando proyectos que le fueran gratos para 
merecer su confianza y su cariño en el próximo 
día de la exaltación. Y cuando las profecías eran 
más halagüeñas para la suerte del presunto ti- 
rano de España (porque tiranía y privanza son 
viMrablos gemelos), tomó la palabra el abate emi- 
grado del país de los Luises por santo horror a 
perecer a manos plebeyas, y, pidiendo la venía 
l)ara impugnar la premisa que hasta entonces es- 
cuchó, dijo de esta manera; 

— Extráñame, señoras y señores míos, que, en- 
juiciando sobre el porvenir de tan grande señor, 
os mostréis unánimes. No me parecería ligereza 
si en la frente de algunos de los reunidos no di- 
bujara el tiempo la huella de su curso. Pero no 
hemos de engañarnos con la ilusión de la juven- 
tud, y mirémonos en un deleitoso espejo que 
corre entre la arboleda en demanda del ancho 
mar. 

El abate, que gozaba fama de discreto, no se 
libró de las iras mentales de la Duquesa y sus 
contertulios, mal avenidos con la leyenda de la 
Hutnanidad. que se hace vieja antes que la vo- 
luntad lo pida. Tampoco en ¡os oídos de los ca- 
balleros petulantes cayó bien el consejo de mon- 
señor, y optaron por el disimulo, invitándole a 
seguir el discurso tan enojosamente comenzado. 
V advirtiéndolo el abate en el fruncido gesto <le 
los oyentes, cortó como pudo el exordio, sentando, 
como arranque de su relación, que está bien adu- 
lar al que se encumbra cuando tenemos la sos- 



-Ifi 



isloi'ía Ipjemplai' 



© © © 



pecha de vivir poco, advirtiendo a la gente jo- 
ven que es mejor esperar, como dicen los árabes, 
para ver el cortejo fúnebre del enemigo. Así 
que hubo terminado con este sermón, poniendo la 
moraleja antes que la fábula, anunció que contaría 
una historia para demostrar su teoría. Los del 
corro asintieron con gusto, huyendo de nuevas 
filosofías, y dispusieron la atención en bene- 
ficio del interés del relato. 
Y este es el cuento que el eclesiástico narraba : 

En aquellas edades felices en que la poesía im- 
peraba en el mundo, como preciado regalo de los 
Dioses — tiempos de paganía, según habréis com- 
prendido — llegó a los umbrales de un castillo 
famoso un gallardo juglar, repitiendo los cantos 
que compusieron los nobles trovadores. 

Era su voz prodigio de la Naturaleza, encanto 
de doncellas adolecidas, regocijo de rodrigones 
burlescos y entretenimiento de castellanas aburri- 
das. Llegó al castillo en tan buena hora, que los 
histriones de cámara causaban fastidio a los se- 
ñores y eran befa de los sirvientes, cansados de la 
cotidiana farsa anodina. 

Presto advirtieron los moradores del castillo 
que la fortuna cobijaba en sus alas impalpables al 
andariego mozo, y dedicáronse a la alabanza de 
su voz, a la adulacióíi indecorosa de sus prendas 
personales y a la murmuración y menosprecio 
de sus predecesores : que ninguna adulación es 
más fácil que el desmerecimiento del ausente. 

Era de ver el juicio favorable con que se re- 
cibía cualquier juego de la imaginación, si en los 
labios del juglar nacía: la posibilitud en compla- 
cer esos anhelos; la sonrisa para el saludo, la 
reverencia, la genuflexión... Bien se advertía 
que los siervos del conde buscaban el favor del 
juglar para el día venturoso y próximo que sus 
preclaras dotes, adivinadas antes que -manifiestas, 
le hicieran dueño del mando del castillo. 

¿Qué aconteció con esto? Que el conde, y más 
bien la condesa, si por iitipulso de su voluntad 
no hubieran estimado al advenedizo, en fuerza 
de oir de él alabanzas sin cuento, inclinaron su 
ánimo insensiblemente hacia el juglar errante. 
Llamáronle a su cámara en consulta de graves 
negocios, pidiéronle consejos al resolver cues- 
tiones íntimas, hiciéronle depositario de sus re- 
cónditas afecciones y eleváronle, en fin a la pri- 
vanza. 

Pero en el punto y hora que le vieron tan alto, 
comenzaron las intrigas y murmuraciones, los ca- 
bildeos de conspiración en los apartados aposen- 



tos del castillo, las calinnnias ante el mayordomo 
por si a este buen servidor le daba la gana de 
elevar el cieno hasta la alcurnia de los amos, 
.aquellas galantes dueñas que brindaron al mozo 
su tercería para punibles amores con la señora. 
Juinca llegados a granación — dicho sea en elogio 
de su virtud — ahora se entretenían en fingir 
aventuras pecadoras en las que aparecía como 
culpable el desdichado favorito. Los ballesteros, 
que quisieran en otros días proclamarle jefe en 
reconocimiento de su valor, hoy le daban como el 
más encogido guerrero que salió por los campos 
de la frontera. 

Las doncellas le tendían celadas con ánimo de 
que la señora !e viera entretenido con plebeyas 
mozas. Y hasta los marmitones y reposteros idea- 
ron i)]anes culinarios que dieran al traste con la 
argcntir.a voz del privado, tan famoso ahora 
como antes en su arte de iuglar. 

Tantos aires adversos para la buena fortuna 
del favorito, concluyeron por enlazar en sus apre- 
tadas redes la voluntad de entrambos señores, y 
una noche de luna, como é.sta esplendorosa que 
nos cobija, apareció el juglar de mi cuento col- 
gado en una torre almenada, balanceando su 
cuerpecillo juvenil a impulsos del viento. . 

*** 
— Bien está la fábula — argüyó la duquesa, en 

concluyendo monseñor su historia; — pero no 

adivinamos el parecido con el caso presente. 

— Señora mía — reparó el abate. — restábame 
añadir que. a la postre. la misma suerte que el 
juglar ahorcado, merecieron sus buenos amibos, 
que le acompañaron felizmente en las horas ad- 
versas. Eran dos solamente, y doscientos que hu- 
bieran sido alcanzarían la misma sanción. \' ahora 
os digo, en son de saludable advertimiento, que 
no hagáis amistad sincera con el encumbrado por 
artes irregulares, porque aún quedan almenas en 
los castillos reales donde ofrecer al viento y a las 
aves rapaces, juguete y pasto... 

Iban a replicar los contertulios ; pero repa- 
rando en un gallardo guardia que discurría por 
entre la arboleda, como movidos por un resorte 
mágico se alzaron de sus asientos y presurosos 
fueron a su encuentro. 

— i Don Manuel ! . . . ; Don Manuel ! . . . — cla- 
maban. 

Y en torno del recién llegado todo fueron za- 
lemas y adulaciones, reverencias y juego del es- 
pinazo, como si hubiera aparecido expropio liber- 
tador de los espíritus, hasta que el grupo se 
perdió en las sombras de un túnel de tilos. 

Solos quedaron el abate y un jovenzuelo de la 
Corte que se llegó a su vera con gesto malicioso : 

— Ya veis, monseñor. Le harán el hombre más 
eminente del país. Le quieren bien. 

— Si, sí. Pero no os engañe la vista. No se le 
acercan por llevarlo a la cumbre, sino por verle 
caer. Vos lo veréis. Sois joven. 

/;/ Caballero .luda::. 



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Un abanico en manos óe una mujer bonita es como una bello flor en un ¡aróln pleno 
de encantos. El céfiro mece la corola con suauidaúes de caricia, y la mano que agita 
el abanico imprime una irresistible seducción al aire que impulsa. En el aire de un 
abanico queúan aprisionadas muchas uoluntades y muchos afectos. La flor al mecer- 
se, esparce en el ambiente sus delicados perfumes; el abanico cuando se agita con 
pausado y magestuoso uaiuén, esparce también en derredor el perfume seductor de 
su dueña. En esa leue aura olorosa se han mareado los hombres de cabeza más 
firme que ha tenido la Humanidad- Un abanico es un arma de conquista que aún no 
han sabido superar los hombres con sus nefastas máquinas de guerra. Cuando la 
polícroma y plegadiza tela sírue de marco a un rostro diuinal se repudian como In- 
suficientes todas los más famosas obras de arte. Cuando tras el sutil enuarillado 



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aparecen como dos soles unos ojos rasgados, áe mirada fulgurante, díríase que asi 
deben ser las uentonas enrejadas del Paraíso. El alma femenina se materializa en 
el abanico: frágil, amable, seductora, llena de colares y de perfumes como una pri- 
mauera florida, sutil, acariciadora. Unas manos rudas no pueden manejar un abani- 
co sin quebrarlo; un alma de mujer se quiebra igualmente al choque de una aspereza, 
de un desenga o. . . mujer y abanica, complemento del mayor encanto que nos ha 
puesto la Suprema Bondad al alcance de nuestros sentidos. . , 

Los ejemplares que ofrecemos en estas páginas son incuestionablemenle sober- 
bios, ñ la gentileza de sus propietarias, debemos la belleza insuperable de esta nota. 
Forman esos abanicos, de una gran riqueza, en las colecciones más notables quz 
existen en el país. 



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— SELECTA — 



HE aquí una fotografía que rememora 
un suceso trascendental en la histo- 
ria política de nuestro país. Suceso 
de carácter sombrío y que aun hoy, a través 
del tiempo, reviste caracteres tales de anor- 
malidad, que casi parece imposible haya 
ocurrido. 

Quince ilustres ciudadanos fueron depor- 
tados a la Habana en la bodega destarta- 
lada inmunda y estrecha de una barca que 
por n-ilagro ])udo llegar a su destino. Fué 
un viaje terrible por las condiciones en que 
los deportados lo realizaron. Triste viaje 
en el que se jugaron la vida algunos uru- 
guayos de indiscutibles virtudes ciudadanas 
y de altos méritos intelectuales. 

En la fotografía, que damos en esta pá- 
gina, para salvarla d ela destructora acción 
del tiempo, aparecen algunos de los exila- 
dos. Sentados : doctor Juan José de Herrera, 
doctor José Pedro Ramírez, don Juan Ra- 
món Gómez, don Agustín de Vedia y Osval- 
do Rodríguez. De pie : doctor Julio Herre- 
ra y Obes, don Cándido Robido, don Octa- 
vio Ramírez, doctor .Aureliano R. Larreta y 
don Carlos Gurméndez. 

Cuatro largos meses 
duró el tremendo via- 
je, y después de mil 
peripecias, los depor- 
tados pudieron sentirse 
libres y en salvo en el 
puerto norteamericano 
de Charleston. 

De un impeesionan- 
te relato del viaje, he- 
cho por el ilustre don 
Agustín de Vedia, re- 
lato casi tesconocido. 
tomamos los párrafos 
(|ue van a continuación 
y que reflejan de una 
manera elocuente las 
impresiones que en su 
ánimo causó la inmen- 
sidad del océano. 

" El cielo y el mar, 
esas dos inmensidades 
que se han desarrolla- 
do a nuestros